Resumen: La arrogancia del león no se define sólo por aquellos que manda, también reside en su pelo. Acostumbrado a dar órdenes, y que le obedezcan, no puede creer cuando un peluquero con tentadoras curvas corta un trozo de su preciosa melena. Pero su mayor error es huir de él. Corre lo más rápido que puedas, ratoncito, porque a este gato le encanta perseguir.
Descargo de responsabilidad: Los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer. La historia no me pertenece, esto es una adaptación.
Capítulo 18
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Fuga frustrada.
Unos fuertes brazos la atraparon.
—Déjame ir.
—No.
Un agarre implacable la arrojó sobre un hombro musculoso. Y ni una persona trató de detenerlo. Por el contrario, la mayoría mostraban expresiones divertidas o directamente se reían.
— Bájame.
—No.
— ¡Edward!
Ella prácticamente gruñó su nombre.
— ¿He mencionado lo mucho que me gusta cuando dices mi nombre así? Y me refiero a que realmente me gusta. — Su entonación ronroneada no dejó ninguna duda en cuanto a lo qué se refería.
Ella intentó otra táctica, apelando a las mujeres con las que acababa de conectar por medio de cosas del pelo.
— ¿Van a quedarse ahí y dejar que me secuestre de nuevo? — Ella capto la atención de Jessica y le dio una mirada suplicante. Pero su nueva amiga, con sus elegantes plumas y capas hechas, simplemente se encogió de hombros.
— Él es el alfa. — Con lo cual Jessica parecía pensar que eso lo explicaba todo, pero eso solo confundió más a Bella. ¿Qué había en Edward para que todas estas mujeres parecieran intimidadas por él? O, peor aún, ¿estaban ellas bajo su yugo?
Apenas él la dejo en el suelo en la cabina del ascensor ella puso sus manos en sus caderas y le hostigo.
—¿Qué demonios, tipo grande? No puedes cargarme por ahí como si fuera un saco de patatas.
—¿Porque no?
—Debido a que no se hace. Insisto que me dejes ir en este instante.
—Me prometiste que no te irías.
—¿Qué más se puede esperar que diga una vez que dejaste claro que tu plan era mantenerme prisionera?
—Prisionera implica una celda y trabajo duro. Difícilmente se puede llamar a mi ático eso.
—No, pero el hecho de que no pueda irme lo hace. Una jaula de oro sigue siendo una jaula.
—Es por tu seguridad. Tu ex no se ha rendido.
Ante su declaración, ella se congeló.
—¿Qué quieres decir?
—Trató de acercarse a tu apartamento. Y más recientemente, hizo una llamada a la peluquería buscándote.
—Mi familia…
—Están seguros. Tengo hombres custodiándolos, a todos ellos. Este tipo, James, no podrá acercarse a ellos o hacerles daño. Pero esto sólo sirve para demostrar que no es seguro para ti estar por ahí.
Tal vez no, pero ella no estaba del todo convencida de que fuera seguro estar aquí con él tampoco. Había algo extraño acerca de esta situación. Desde la forma en que seguía insistiendo en que ella le pertenecía hasta la manera extraña en que todas las mujeres que había conocido en la planta baja parecían conscientes de ello y no se sorprendían por sus acciones.
¿En qué se había metido? ¿Había inadvertidamente tropezado con un culto, con Edward como su líder? Eso explicaría mucho y la llevó a decir.
—No voy a formar parte de tu harén.
Apoyado contra la pared del ascensor, Edward la estudió atentamente, sus ojos ámbar se iluminaron con regocijo.
—¿Mi harén?
—Ya sabes, esas mujeres de allí abajo parecen pensar que eres una especie de Dios que debe ser obedecido. Sus labios temblaban.
—Ojala obedecieran. En su mayor parte, les gusta sacarme un poco de quicio.
—¿Así que no niegas que eres su líder?
—¿Por qué negar la verdad? Ellos responden ante mí. Todo el orgullo(1) lo hace.
Ahí estaba esa palabra otra vez. Orgullo. Pero de alguna manera ella no creía que se refiriera al tipo de sensación de éxito. La forma en que la utilizó era más como en jerga de león. Una palabra imaginativa en vez de llamarse como lo que eran, un grupo o secta.
—Bueno, lo que vosotros seáis, o lo que sea que adoréis, no quiero ser parte de ello. No estoy en harenes sexuales raros o en cosas religiosas extrañas. Así que, si no te importa, aunque aprecio lo que estás tratando de hacer por mí, yo prefiero irme.
Brazos musculosos cruzaron su pecho.
—No.
—Estoy empezando a comprender cómo algunas personas sensatas son conducidas al asesinato. —Ella lo miró.
El sonrió. El imbécil.
Ella luchó contra el impulso de devolverle la sonrisa. Le dijo a sus rodillas que no temblaran o si no. O si no qué, no lo sabía, sólo que necesitaba permanecer fuerte ante su encanto.
—Oh, Bella. Hay tantas cosas que no entiendes.
—Entonces explícamelas porque te aseguro estoy cansada de sentirme como si me estuviera perdiendo algo. — Un rompecabezas gigante donde tenía todas las piezas pero le faltaba la pieza clave, la pieza que daría sentido a todo lo demás.
El ascensor se detuvo en el piso del ático, y las puertas se abrieron. Como no había ningún lugar para correr, Bella siguió a Edward de regreso a su casa, pero ella mantuvo las distancias, prefiriendo pasearse frente a un gran grupo de ventanas. La impresionante vista no pudo mantener su atención, no con él en la habitación.
El se tomó un momento para despojarse de su chaqueta y aflojarse la corbata antes de dejarse caer en el sofá, disimulando que la observaba.
Tiempo para algunas respuestas.
—Entonces, —dijo mientras ponía las manos en sus caderas, —¿vas a explicarme qué demonios está pasando realmente?
—Eres tan deliciosa, ratón, cuando te pones furiosa.
—No empieces a coquetear conmigo. Quiero respuestas.
—Y yo te quiero a ti. —La intensidad latente en sus ojos fue acorde con la sonrisa sensual que él le dirigió.
Siguió intentando permanecer enojada con él, para mantener su mente alerta, y luego él dijo algo adorablemente posesivo y se veía tan condenadamente delicioso. ¿Cómo se supone que una chica luche contra su encanto? Tal vez defendiéndose con la supuesta sensualidad a la que él no se podía resistir.
—¿Sabes qué? Yo también te quiero, excepto que es difícil para mí aceptar a un hombre que me está tratando como a una idiota frágil que no puede manejar la verdad.
—Más como una muñeca frágil.
—No te atrevas a compararme con un juguete sexual de plástico que puede desnudarse y es anatómicamente correcto. A diferencia de una muñeca hinchable, voy a preguntar porque soy real.
Su risa surgió, fuerte y audaz.
—Dios mío, ratón. Dices las cosas más extrañas.
Y la encontraba divertida. No todo el mundo comprendía, muchas veces, su sarcástico y muy puntiagudo humor. Él se burlaba de ella, pero no se enojaba cuando ella le devolvía la burla. Otra razón para que le gustara. El imbécil.
—Sí, nunca sé lo que va a hacer mi boca. — Tan pronto como ella dijo las palabras, vio su sonrisa. Su guiño. Y debió de esperarse su respuesta,
—Yo sé lo que me gustaría que hiciera, —pero anticiparlo no detuvo su rubor.
Cerró su mente contra la fantasía visual de sí misma de rodillas, la mano alrededor de su…
Fuera ese pensamiento, tu sucia, sucia mente. Ella tiro de sus pensamientos en otra dirección.
—¿Por qué estás tan decidido a meterte en mis pantalones? ¿Por qué yo? Estoy segura de que puedes conseguir a cualquier chica para acostarse contigo. No entiendo por qué te quieres acostar conmigo.
—Porque eres mía.
Como si esa fuese toda la respuesta que necesitaba.
—Lo siento, pero eso no es suficiente. ¿Por qué crees que soy tuya? —¿Qué es lo que veía en ella?
Aunque a Bella no le faltaba autoestima o le importaba lo que otros dijeran, había una parte femenina de ella que quería saber cómo se sentía él. Para verse a sí misma desde su punto de vista. ¿Qué le atrajo?
—¿Tiene sentido si digo que te amo y odio tu naturaleza argumentativa?
—Lo siento, señor. ¿Quieres que me ponga de rodillas y bese tus pies pidiendo perdón?
—¿Lo harías?
Ella resopló.
—No.
Una risa retumbó.
—No lo creo. Otra razón por la que me gustas. Tú sabes cómo ponerte de pie por ti misma.
—Excepto con James. —Por qué ella admitió esa debilidad, no podía decirlo. Tal vez para demostrarle que su imagen de ella era defectuosa.
—Háblame de él. ¿Por qué te asusta tanto? Porque tengo la impresión de que no hay mucho que lo haga. —Él se movió hacia la izquierda en el sofá y le dio unas palmaditas al espacio que dejo libre.
Sintiéndose incómoda de pie frente a él, se sentó en el cómodo cuero. Suave. Muy agradable. Ella pasó su mano por el material, su atención en ello en vez de en él. Sólo pulgadas la separaban de Edward, un hecho del que ella era muy consciente. Ella debía alejarse. Sin embargo, alejarse, aunque sólo fueran unas pocas pulgadas, o ponerse de pie, significaba admitir que él la afectaba. El hombre ya era bastante arrogante. No necesitaba estimularlo.
Ella lo miró fijamente y se dio cuenta que estaba esperando a que ella respondiera. Hablar acerca James. ¿Qué había que decir?
—Salimos un par de veces. Se puso muy intenso muy rápido. Parecido a alguien que conozco, —se quejó afiladamente mirando fijamente en su dirección.
Completamente descarado, él sonrió, lo suficientemente grande como para que apareciera su hoyuelo.
James también tenía un hoyuelo, y no sólo aparecía cuando sonreía. También cuando se enojaba.
—No soy como ese perro. —Tanto desprecio por un hombre al que nunca había conocido.
—No, no lo eres. Por un lado, me metiste en la cama, y rápido también. —Una vida sexual saludable no significaba que ella brincara de cama en cama. En el pasado, hizo que el chico con el que salía esperara al menos un mes. Varias salidas y conversaciones le ayudaron a eliminar aquellos interesados en una sola noche y a los chicos que la irritaban. Ella siempre había seguido esta regla de un mes, hasta Edward.
Y lo peor era que ella lo haría de nuevo. Algo sobre Edward la hacía explotar, la ponía caliente, y aunque la molestaba, no podía evitarlo.
Independientemente de lo que dijera, se escabullo unas pulgadas más. Él lo notó pero no lo mencionó, demasiado satisfecho consigo mismo por su admisión de que él la había seducido en un tiempo récord.
—Es porque tú y yo estamos destinados a estar juntos.
—Bueno, James lo pensó también. Pero yo sabía desde el principio que no era el hombre para mí. Pero porque era guapo, e insistente, seguí saliendo con él.
—Nunca salgo. Yo tomo.
—Sí, lo sé, Capitán Cavernícola. Y, en un momento, James quería un pedazo también. Pero yo dije no. —Respuesta equivocada, al parecer.
—Voy a suponer que él no tomó muy bien la negativa.
—Al principio, lo hizo. Dijo que mostraba que tenía buenos modales. Que yo era una verdadera dama.
—No, en la cama no lo eres. —Las palabras traviesas dibujaron otro rubor.
El hombre tenía un don para calentar varias partes de ella. Ella no le hizo caso y continuó con su relato.
—Empecé a evitar sus llamadas. Le pedí que me dejara en paz. Le dije que no estaba interesada en él más. Él se enojó. Empezó a gritar y me llamaba con algunos nombres desagradables. — Uno que Edward había visto pintado en su puerta. —La primera vez que sucedió, al día siguiente se presentó con flores, una disculpa y una promesa de no volver a hacerlo. Acepté sus disculpas, pero no saldría con él de nuevo.
—¿Es cuando comenzaron las amenazas reales?
Ella asintió con la cabeza.
—Los mensajes dejados en mi parabrisas, las notas fijadas a mi puerta. Él me quería de vuelta. Él me odiaba. Yo era la mejor cosa en la tierra. Yo era la reina demonio que destruiría el mundo. — Los altibajos de los discursos enfáticos de James todavía le daban escalofríos.
—El gilipollas te acosaba.
—Sí. Y la policía no podía hacer mucho al respecto. Podían advertirle todo lo que quisieran. Ninguna orden de restricción lo mantenía alejado. Solo hizo su acoso más discreto y no dejó evidencia de que era él.
—Toda clase de pequeñas cosas hasta llegar a la grande. El fuego.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
—Te hice investigar. — Por lo menos él no mintió. No significaba que a ella le gustara. Enderezando la espalda, ella lo miró a los ojos.
—¿Tú hiciste qué?
—Hice que te investigaran. Cuando vi ese mensaje en la puerta, pude sentir tu miedo. No me gustó, y ya que tengo ciertas conexiones, decidí averiguar lo que pudiera sobre el imbécil que te acosaba. El fuego en tu peluquería fue uno de los hechos que apareció.
—¿Qué más has averiguado?
—Que tienes una hermana que vive con tus padres en tu casa de la infancia. Te graduaste con C`s y B`s.
No exactamente una estudiante modelo.
— Odiaba la escuela. Déjame adivinar, ¿eras una estrella en el cuadro de honor?
—Las mejores escuelas preparatorias que podía pagar.
—Explica muchas cosas.
—¿Quieres saber qué más descubrí? ¿Te acuerdas de una cierta luna llena a la edad de diecinueve años?
Casi gimió. Encantador, él había leído sobre el tiempo en que la policía encontró a su mejor amiga y a ella bañándose desnudas, por culpa de unos hongos alucinógenos, riéndose tontamente de que eran sirenas. En su defensa, nadaron bastante bien y pudieron contener la respiración durante un máximo de un minuto. Se mantuvo lejos de hongos después del incidente.
—Este estudio que has hecho de mí y mi vida da un poco de miedo, tipo grande.
—Solo porque no me conoces lo suficiente, así que vamos a corregir eso. Yo soy un ávido jugador de lacross. Amo el color gris. Soy un fanático de los batidos. Vas a tener que probar algunos sabores creados por mí. Me gusta ver deportes. Sigo el mercado de valores. Y no puedo esperar a hacer el amor contigo de nuevo.
Pestañeo. Él lanzó esas palabras con indiferencia. Pero a ella se le hacía más difícil fingir que no la afectaba.
—Las cosas se están moviendo muy rápido. — Demasiado rápido. Él seguía afirmando que se pertenecían, y tan loco como era, ella sufría de la misma creencia también. ¿Se habrán infectado con algún virus o alguna extraña droga que los hizo anhelarse el uno al otro? —No entiendo lo que me está pasando. ¿Por qué me siento tan fuertemente atraída por ti? No es natural.
—Esa es a menudo la forma en que sucede cuando los verdaderos compañeros se encuentran.
—Ahí vuelves con esa cosa sobre compañeros de nuevo. No puedes simplemente reclamarme, tipo grande. Esto requiere algo así como el permiso.
—O el destino. Y eso es lo que somos, ratón. Predestinados. Los verdaderos compañeros, destinados a estar juntos hasta el final de nuestro tiempo. Somos el equivalente humano de almas gemelas.
Ella lo miró por un momento, tratando de digerir lo que dijo, pero aún la desconcertaba. Edward era un hombre de negocios maduro, no dado a sueños de fantasía. Él realmente no iba a tratar ese tipo chorradas con ella, ¿verdad?
—Oh, vamos, no puede ser que tu esperes que me trague el hecho de que crees en las almas gemelas, o el amor a primera vista.
—Por extraño que pueda parecer, sí.
—¿Predestinados? ¿En serio? — Ella se echó a reír. —Por favor, no me digas que el harén de allá abajo cayó por esa estúpida línea. — La ironía de que ella casi lo hizo no se le escapaba. Él había soltado varias cosas posesivas y coqueteos, y ella había caído derechita en su trampa y en sus brazos.
En su defensa, el hombre era muy caliente, y ella realmente no se arrepentía del sexo. En realidad, a pesar de que estaba completamente loco, ella lo haría de nuevo. Algo así como su adicción a las patatas fritas con salsa, el hombre resultó irresistible.
—En primer lugar, esas mujeres no son mis amantes o parte de un harén. Eso sería muy impropio dado que todas están más o menos relacionadas conmigo, de alguna manera, o modo.
—¿Son de la familia? — Ella no pudo ocultar su sorpresa. Por otra parte, ¿no pensó ella que los ojos eran escalofriantemente parecidos a los de Edward? Sabiendo que eran familia también daba un nuevo giro a los acontecimientos. No la evaluaban como competencia por el afecto de Edward. Ellas la estaban evaluando para ver si era lo suficientemente buena para él.
Pobre tipo. Ella sabía cómo podían ser los primos.
—Me habría gustado que alguien me lo explicara antes. Sin embargo, el hecho de que no tengas un harén no cambia mi opinión. Creo que me estás inculcando esa línea sobre toda la cosa de las almas gemelas, lo cual debes detener. Si quieres tener sexo otra vez, sólo dilo. — Él podía sacudir su mundo en cualquier momento.
—Esto no es una estafa para llevarte a la cama. Los dos sabemos que todo lo que tengo que hacer es besarte y... — Su sensual sonrisa lo decía todo.
—Tu simplemente no puedes ayudarte a ti mismo, ¿verdad? — Ella negó con la cabeza ante su arrogancia. Un macho alfa en su forma más extrema. Frustrante y sin embargo inexplicablemente sexy.
Ella realmente debía buscar ayuda profesional.
—Tienes razón. No puedo ayudarme a mí mismo. Yo había oído hablar de la atracción cuando un hombre encuentra a su compañera, pero nunca me espere que golpeara tan duro y rápido. Eres mía, ratón. La leona, aun humana, para mi león.
—¿Leona? Y las cosas van a peor, donde está la cámara oculta.
—Soy un león. Por lo tanto, es de esperar que mi esposa sea mi leona. — Bella se quedó sin aliento cuando la verdad la golpeó.
—Oh diablos, ¿no me digas que eres uno de esos tipos que le gusta vestirse con esos grandes trajes de osito de peluche? ¿Tienes algún traje de Leo el León que te gusta usar y luego montártelo? Mejor que no sea así, porque desde ahora te digo, no iré por ese camino.
Edward se rió entre dientes mientras estiraba los brazos sobre el respaldo del sofá, el movimiento estirando su camisa apretada y delineando la perfección de su cuerpo que recordaba bien. Su sangre se calentó y la humedad se acumulaba entre sus muslos. Ella cruzó las piernas.
¿Por qué tiene que estar tan loco? ¿Por qué su maldición con los hombres tenía que atacar con él?
—Debo admitir, ratón, que tu mente trabaja de maneras realmente maravillosas. Pero permíteme aclarártelo. Cuando digo que soy un león, me refiero a un león real. Que me vuelvo peludo, tengo grandes dientes, de la clase que ruge.
Él lo dijo con absoluta seriedad. Él realmente creía que era un león. Lo que significaba que él tenía algunos tornillos sueltos, lo cual, a su vez, significaba que podía ser peligroso.
Se estremeció.
Tan pronto como el miedo trató de insinuarse, se disipó. No, no importa cual fuera el fetiche de Edward, ella tenía la impresión de que no era un hombre violento. Sin embargo, esta creencia en realidad no contuvo el histerismo nervioso de su risa tonta.
—Se terminó la broma. Muy buena. Ja. Ja. ¿Podemos ponernos serios y hablar de nuestra situación?
—Pero de eso se trata. Nosotros lo somos. Hay mucho sobre este mundo que no entiendes, Bella. Misterios que ni siquiera puedes empezar a imaginar y verdades que tendré que revelarte. El primero es mi lado felino. Sin embargo, esto no significa que tengas que temerme. Como mi compañera, nunca voy a hacerte daño o permitir que otros logren hacerte daño. Yo seré tu más firme defensor. Otra promesa que hago es que voy a serte fiel. De ahora en adelante, serás la única en sentir mi tacto. Y a cambio, no tocarás a nadie más. Tengo problemas de celos.
—Problemas de celos. Problemas de dictador. Enloqueciendo a una chica con estos problemas. —Bella se retorcía las manos, una parte dudando de cada palabra que dijo, alejándose de él. Sin embargo, otra parte de ella, la chica que solía creer en el romance y el concepto de amor a primera vista, quería confiar. ¿Quién no quiere vivir y disfrutar de la clase de amor que Edward propuso?
Pero ¿qué pasaba con la libertad?
—No me puedo quedar con un chico que me mantiene encerrada.
—Oh, sí, sigues insistiendo en que te estoy reteniendo en contra de tu voluntad.
—Bueno, lo estas.
—No me hagas besarte y probar que estas equivocada. En realidad, pensándolo bien, por favor hazlo. Ha pasado demasiado tiempo desde que te sostuve desnuda en mis brazos.
¿Había una respuesta para ese tipo de desafío descarado? No una de tipo verbal de todos modos. ¿Su cuerpo, por otro lado? Se estremeció, se despertó, y todos sus sentidos cobraron vida, esperando hacer o decir algo que le obligaría a actuar según su palabra.
Ella utilizó los hechos para fortalecer su resolución.
—La atracción hacia ti todavía no explica por qué me has encerrado en tu apartamento.
—¿Qué tal la falta de tiempo para introducirte en el sistema de seguridad del piso? Un asunto que rectifiqué entre reuniones, en realidad. Mira, yo confiaba en que permanecerías en el interior. Creí en tu palabra. — Ella se movió incómoda.
—¿Cómo sé que estás diciendo la verdad? ¿Tal vez sólo lo dices para hacerme sentir mal?
—¿No me crees? Entonces pulsa sobre cualquiera de las pantallas. A ver lo que pasa.
—Estás tratando de engañarme. No hay manera de que funcione, porque nunca tomaste una huella de la mano o huella digital o lo que demonios sea que se utilice para hacer que esa estúpida cosa funcione.
—Tu firma fue capturada cuando intentaste utilizar las pantallas mientras yo no estaba. Así que sí, lo tengo, y como he dicho, programé mi sistema para aceptar su toque.
Esta vez ella no lo dudó. Se trasladó de inmediato a la pantalla de la puerta principal. Dándole una mirada, ella esperaba encontrárselo observándola, listo para detenerla.
Equivocada. No sólo no se movió, ni siquiera la miró.
Él está mintiendo. Él no…
—Acceso concedido. ¿Cómo puedo servirte, Bella?
La insinuación del sistema de la casa estaba clara, pero eso no fue lo que hizo que su boca formara una O de sorpresa.
—¿La has programado para que me hable con tu voz? — No podía evitar una nota de incredulidad.
—¿Te gusta? — Se dio la vuelta en el sofá para enfrentarla.
—Es extraño. — Todo lo que había sucedido desde que lo conoció era un extraño País de las maravillas.
—Sí, y hay muchas más cosas extrañas por venir. Tales como la primera vez que te muestre mi bestia.
No eso de nuevo. ¿Qué pasaba con esta insistencia de que era un león?
—Si eres un león, pruébalo. Vamos. Muéstramelo.
—Yo no creo que sea una buena idea. Ahora no.
—¿Por qué no? Sigues diciendo que eres una gran, grande, bestia peluda, así que déjame verla. Quieres que te crea, y estoy dispuesta, con alguna prueba.
—No sabes lo que pides, ratón, pero si insistes. — Se puso de pie, quitándose la corbata aflojada. Se desabrochó los puños, a continuación, los botones que iban por el centro. Todo el tiempo mientras se quitaba la camisa, siguió mirándola. Ojos que ardían con fuego dorado. Ojos que eran diferentes de otros ojos que había visto. Ojos humanos, por lo menos. Pero había algo en la pupila que era diferente. Se hizo aún más diferente mientras miraba.
Bueno, pronto me tendrá también creyendo que es un león. Sólo porque tiene ojos únicos y sorprendentes no lo hacen parte felino.
Su voz era más profunda, más gruñón cuando habló.
—Debo advertirte que esto puede ser perturbador de ver.
Perturbador para su libido mientras seguía quitándose la ropa. La camisa golpeó el sofá, dejando al descubierto su musculoso torso superior, la carne tan suave y tonificada como recordaba. Recuerdo pasando mis manos sobre la piel, la ondulación de sus músculos cuando flexionaba, su cuerpo moviéndose encima de mí.
Tragó saliva.
—Tal vez no deberíamos hacer esto.
—No, vamos a terminar con esto.
Su mano fue a la hebilla de su cinturón. Se fue volando, una hebra sinuosa de cuero. Sus dedos desabrocharon el botón. Sus pantalones colgaban en sus estrechas caderas, la uve de músculos conduciendo…
Bang. Bang. Bang.
Alguien llamó a la puerta y gritó:
—Edward, soy yo.
Frustración contorsionó las facciones de Edward, y él gritó. —¿Nadie sabe utilizar un maldito teléfono por aquí?
—Lo dejaste en la sala de juntas.
—A propósito, — murmuro Edward, casi demasiado bajo para que ella lo oyera.
—Jacob llamó. Ellos piensan que lo han acorralado, lo que significa que traigas tu culo aquí si vas a venir.
¿Él como James?
Volviéndose para enfrentarla, Edward lo confirmó.
—Me tengo que ir. Parece que podríamos haber localizado a tu ex. ¿Te quedarás aquí hasta que yo regrese, o debería decirle al sistema que te encierre?
—Me quedaré. — No era una completa mentira. Una parte de ella quería quedarse. Otra parte resopló, infiernos no.
—Cuando regrese, vamos a terminar nuestra conversación, y te mostraré mi león.
Espera un segundo, tal vez por león quería decir su... Su mirada bajó, sólo para ver la suavidad de su pecho a pocas pulgadas.
Cruzó la habitación demasiado rápido para que ella reaccionara. Sus brazos la rodearon, atrayéndola hacia él, mientras su boca se inclinaba sobre ella en un beso abrasador.
Un toque. Eso fue todo lo que tomo. Estaba en lo cierto. Ella no pudo resistir. Ni siquiera pensar en protestar, se derretía con sus caricias, abrazándolo de vuelta con un hambre feroz que no tenía sentido, pero se sentía tan bien.
Se sintió bien hasta que él rompió el beso, el idiota llamando a la puerta de nuevo y gritando.
—Me voy
—Ya voy, — respondió Edward antes de soltarla.
Mientras él agarraba su camisa, Bella frotó sus hinchados labios, la sensación de hormigueo haciéndole difícil de olvidar la abrasadora pasión que había provocado.
—¿Qué vas a hacer con James?
En el proceso de ponerse los zapatos, Edward se detuvo y la miró, una sonrisa casi salvaje inclinando sus labios.
—Me aseguraré de que nunca se acerque a ti de nuevo.
Bueno, eso sonaba violentamente desagradable para James. Ella debería protestar, pero teniendo en cuenta lo que había hecho, ella más bien deseaba poderlo ver. Tal vez darle una patada o dos, en venganza por lo que James le había hecho a ella.
Con un gruñido, —Confío en ti, — Edward se fue.
Y ella también antes de que pudiera revocar su acceso.
Apretó la oreja contra la puerta para escuchar y oír el murmullo de voces. Ellas fueron cortadas bruscamente, probablemente porque la puerta del ascensor se cerró. Contó hasta sesenta antes de que dejara caer la mano en pantalla táctil y una mueca de culpabilidad cuando su voz aterciopelada, dijo.
—Acceso concedido. — La puerta se abrió. Ella se fue, sólo para detenerse abruptamente frente al ascensor. Sólo había una cabina en este nivel y se dirigía hacia abajo con Edward, o eso supuso mientras observaba los números ir lentamente hacia atrás.
¿Qué pasaba con las escaleras? Ella vetó esta idea antes de considerarla seriamente. Veinte tramos de escaleras y su culo perezoso no estaban por la labor. Dando golpecitos con el pie, esperaba que el ascensor llegara a la planta baja. Se quedó allí, desalojando a sus ocupantes. Entonces comenzó a subir. Esperó a que se detuviera, se moviera, y luego se detuviera de nuevo antes de llamarlo.
Ella espero a que parara y continuase significando que se habían bajado todos los pasajeros. Si no, podría correr hacia otra emboscada por su familia.
Por último, el ascensor llegó hasta ella, la puerta se abrió, y Bella no mantuvo su gemido de consternación.
—Tu otra vez no.
—¿Todavía estás aquí? —Preguntó la arpía conocida como madre de Edward. —Había pensado que habrías agarrado todos los cubiertos y huido. O ¿Estabas esperando por una mejor oportunidad de obtener más dinero?
Que alguien creyera que Bella no era lo suficientemente buena para su hijo, fue lo que la enfureció. Le gusto a Edward, y mucho. El conocimiento la hizo atrevida.
—¡Dios mío!, ¿eres de esas personas que tiene problemas para cortar el cordón? ¿Alguien tiene un fetiche Norma Bates(2) por su hijo? — La sonrisa de Bella fue probablemente responsable de algunas de las manchas en la cara de la otra mujer.
Ella balbuceó.
—Tú eres la más impertinente jovenzuela que he tenido el disgusto de conocer.
—Y tú eres la más pegajosa, oxigenada, pelo de paja arpía que me he encontrado. ¿Qué te parece si me marcho y fingimos que nunca nos conocimos? —Por alguna razón, eso hizo que la madre de Edward cerrara su mandíbula con un chasquido.
—Quieres salir.
—Bueno duh. No estaba sólo de pie en el pasillo por la vista.
—¿Edward lo sabe?
—No, no lo sabe, y realmente no me importa si le gusta o no. No creo estar lista para el tipo de compromiso que él está pidiendo. — Por no hablar de que ella no estaba segura de poder manejar un tipo que piensa que era un león.
—¿Lo estas rechazando? —La mujer se veía indignada.
—Piensa en ello más como que acaba de admitir que no estamos realmente buscando la misma cosa ahora. ¿Y por qué te importa? Tú debes estar feliz de que me vaya.
La mujer se sacudió y se enderezó.
—Tienes razón. Estoy feliz. Edward necesita establecerse con alguien que se adapte a su estilo de vida.
—Snob. — murmuro Bella al entrar en el ascensor y golpear la pantalla. Para su sorpresa, funcionó. Una parte de ella no creía que lo haría, segura de que Edward de alguna manera había bloqueado su capacidad para salir.
¿Seguramente ella no estaba decepcionada de que no lo hizo?
Con el fin de evitar la multitud de la planta principal, Bella se bajó en el siguiente nivel. Ella salió a un pasillo que corría a izquierda y derecha. Cada lado con puertas numeradas, pero allí, en el otro extremo, una puerta con una barra de empuje y las letras rojas brillantes que decían Salida.
Veinte pisos estaban fuera de cuestión, ¿pero uno? Uno de ellos, lo podía manejar. Sobre todo, porque, si recordaba correctamente, la puerta se abría detrás de algunas plantas en macetas directamente junto a la puerta principal del edificio. Ella lo notó antes mientras jugaba con el pelo de las mujeres.
Al final, se detuvo y respiró hondo. Apretó la oreja a la puerta y escuchó. Nada. Puro silencio. Seguramente eso no estaba bien.
El lugar había estado abarrotado antes con mujeres. Por otra parte, era tarde, la hora de cenar para muchos. O al menos su estómago rugió. Llevaba mucho tiempo sin comer. La hizo desear haber tomado algo del carro antes.
Pero no regresaría por una merienda.
Escuchó durante más de treinta segundos, contados en silencio en su cabeza.
Todavía absolutamente tranquilo.
Abriéndola lentamente, Bella utilizo la puerta como un escudo para mirar alrededor. A través de las hojas de palma de las plantas en macetas, se dio cuenta de las muchas sillas vacías.
De hecho, toda la planta principal parecía estar ausente de vida a excepción de la mesa de registro de entrada, donde un guardia varón de sesenta años estaba sentado jugando con su teléfono inteligente, y fuera, el hombre de la puerta de la parte frontal que salió de su puesto para sostener el mango de un taxi amarillo que se detuvo.
Viendo su oportunidad, Bella dejó la escalera y rápido caminó hacia la puerta. Le pareció oír un —Hey, ¿a dónde vas? — del tipo de la mesa de registro, pero ella lo ignoró y salió.
Ya en la acera, ella no paró, ni miró al portero para nada. Rápidamente ella se alejó, moviéndose rápido, más rápido, probablemente por los murmullos de voces alteradas detrás de ella.
Pronto ella estaba corriendo. Ella llegó a la esquina del edificio. No era un lugar muy ajetreado, y los autos circulando a esta hora eran pocos, el área era residencial.
Salió pitando, sus pies golpeando el pavimento, y, para cubrir su rastro de posibles perseguidores, se metió en el primer callejón que vio.
Se escapó. Lo logró. Mientras se acercaba al final del callejón, que daba a una calle bien concurrida, no dejaba de pensar que había sido muy fácil.
En cualquier momento, esperaba que Edward la atrapara de nuevo y le preguntara con ese enronquecido murmullo de él, "¿Hacia dónde estás corriendo, ratón?"
Excepto cuando los brazos que la atraparon, no eran los gentiles que ella esperaba. Y la voz era una enojosa lección de porque ella debió escuchar a Edward y quedarse a salvo en su edificio.
—Hey, perra, ya era hora de que mostraras tu tramposa cara.
1. En el original la palabra es Pride que significa orgullo o manada, de ahí el juego de palabras.
2. Protagonista de ficción de la serie Bates Motel que tiene un apego enfermizo por su hijo Norman (asesino de la película Psicosis)
Oh oh! James tiene a Bella, espero que les guste el capi!
Tratare de actualizar nuevamente en la semana.
Besos
