Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Hoodfabulous, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Hoodfabulous. I'm only translating with her permission.


Capítulo 29

Primeras citas y segundas oportunidades

Parte II

BPOV

El restaurante frente al mar no tenía nada de especial, aunque posiblemente fuera el mejor restaurante del pequeño pueblo de Birchwood. Paneles baratos cubrían las paredes. Los pisos de linóleo beige descolorido estaban ondulados por el tiempo y la humedad, llenos de marcas de bandejas caídas y rayados por imperfecciones. El olor a camarones fritos y filetes a la parrilla llenaba el aire cálido del verano.

Edward y yo divisamos a los demás sentados en una mesa en el rincón más alejado del salón. Me jaló hacia él, con un brazo alrededor de mi cintura, mientras cruzábamos la habitación.

La gente miraba boquiabierta. No era solo mi imaginación. Sentí sus ojos centrados en mí como hormigas haciendo túneles en el suelo. Los miré por el rabillo de mi ojo: hombres mayores, hombres jóvenes, chicas adolescentes. Todos nos miraban y susurraban mientras cruzábamos la habitación juntos.

—Esto es tan raro —murmuré.

Edward frunció el ceño y miró alrededor del salón. Intensificó su agarre alrededor de mi cintura mientras sacaba una silla de debajo de la mesa.

—Ignóralos —dijo, haciendo un gesto hacia la silla—. Esto es lo más emocionante que este pueblo ha visto en una década.

Me senté en la silla, mirando a través de las grandes ventanas de piso a techo detrás de mí. Una barcaza solitaria se abría paso a través de las aguas negras, las luces parpadeantes se reflejaban en la superficie del río. La voz de Rose apartó mi atención lejos del río sucio.

Una camarera baja y regordeta estaba de pie cerca, lista para tomar nuestros pedidos de bebidas.

—¿Ya saben lo que van a comer o necesitan un momento? —preguntó la mujer en un tono aburrido, obviamente inconsciente o indiferente de quiénes éramos.

—Solo quiero una ensalada —murmuró Rose con tristeza, doblando el menú y dejándolo sobre la mesa.

Emmett la miró fijamente durante un largo momento antes de sacudir la cabeza y dirigirse a nuestra camarera.

—Me gustaría un ojo de bife de 250 gramos para la señorita. A punto —le dijo Emmett a la camarera, ignorando las objeciones de Rose—. Con mantequilla y crema agria sobre su papa al horno, por favor. Para mí, una chuleta a punto y una ración de papas fritas.

—¡Emmett! —resopló Rose—. Soy perfectamente capaz de pedir mi propia comida.

—¿De verdad quieres una ensalada? —preguntó Emmett, alzando una ceja—. ¿Quieres comer comida de conejo en nuestra primera cita?

—Bueno, no... —respondió Rose, evadiendo.

—Yo quiero una hamburguesa doble con queso y papas fritas —dijo Kate, interrumpiendo el debate de Rose y Emmett—. Pueden pasarse con la mayonesa también. Ah, y trae algunos palitos de queso mientras esperamos.

—Diablos, nena —canturreó Garrett, deslizando su asiento más cerca de mi prima—. ¿Dónde lo pones todo? Espera... no importa. Veo dónde lo pones todo.

Las cejas de Garrett se movían de arriba abajo mientras miraba el pecho de Kate. La mesa estalló en risas y carcajadas mientras Kate lo azotaba con su caja de bombones vacía en forma de corazón.

—¡Oye! No rompas esa caja —protestó Garrett, cubriéndose la cabeza mientras Kate continuaba golpeándolo con la brillante caja roja—. ¿No quieres guardarla como recuerdo de nuestra cita? Pensé que las chicas coleccionaban cosas así.

—¿Guardarla para qué? ¿Para recordarme lo idiota que soy por salir contigo? —resopló ella, arrojando la caja rota sobre la mesa.

Marci, la camarera, nos miró como si hubiéramos perdido la maldita cabeza antes de irse.

El humor de quienes me rodeaban era un feliz alivio del drama que plagaba mi vida a diario. Sin embargo, había un tono sombrío que acechaba justo debajo de la superficie. Estaba hirviendo bajo las risitas de Rose y las fuertes carcajadas de Emmett, amenazando con colarse entre las grietas de las sugerencias susurradas de Garrett a Kate, quien constantemente ponía los ojos en blanco ante sus cursis insinuaciones. Era el triste tono de los niños que estaban fingiendo; niños que fingían ser felices y libres, aunque sintieran todo lo contrario.

La ausencia de Alice y Jasper eran fantasmas persistentes que susurraban a través del sofocante aire de verano. No quería nada más que decirle a mi familia que Alice estaba viva y bien, en algún lugar del oeste con Jasper, disfrutando de ser joven y libre, no atada por apellidos lúgubres que no significaban nada... que significaban tanto, pero tan poco.

En cambio, permanecí en silencio, eligiendo poner una sonrisa falsa en mi rostro, una sonrisa con la que Edward indudablemente no se dejaba engañar. Fue por él que me quedé callada, debido a una conversación después del incendio en el hospital, una conversación en la que me pidió que guardara silencio sobre Alice. Era para mejor, había dicho. Nunca explicó por qué era para mejor, aunque supuse que era porque un sureño guardaba un secreto con la misma probabilidad que atrapar lluvia en un dedal.

Hubo un silencio eventual en el aire, un cambio en la conversación. Garrett susurraba suavemente en el oído de Kate mientras ella sonreía con una sonrisa rara y agradable. Rose luchaba por no moverse nerviosamente en su asiento mientras miraba furtivamente de vez en cuando a su cita. Edward tenía su brazo colgando de la parte trasera de la cabina, deslizando meticulosamente sus largos dedos arriba y abajo por la piel desnuda de mi brazo. Emmett estaba destrozando una servilleta en tiras largas y delgadas, mirando pensativamente sus dedos al realizar su perezosa tarea.

—Hablé con Makenna sobre lo que me dijeron todos —admitió Emmett en voz baja, levantando la vista para encontrarse con cada una de nuestras miradas después de echar un vistazo a su alrededor en busca de posibles entrometidos—. Me dijo que estaba trabajando en la oficina de Aro cuando escuchó a Aro, Felix, Alec... y a mi padre hablando sobre trabajar con Liam y James Cullen todos estos años. Me dijo que mataron al tío Charlie. Cree que puede haber alguna información en la oficina de Aro que podría ayudar a encerrarlo.

»—Quiero que todos sepan que estoy dentro. Llámenme traidor al ir contra mi padre. No me importa una mierda. Siempre he dicho, hecho y creído todo lo que me han dicho, pero eso se termina ahora. Me dijeron que la familia Cullen era el enemigo, pero han estado trabajando con dos Cullen todos estos años. Alice... Alice era como una hermana para mí. ¿Cómo pudieron? ¿Cómo pudo nuestra propia sangre hacer algo así? Contrataron a alguien para asesinarla.

Mi boca se abrió tercamente por su propia voluntad, lista para compartir la verdad de la existencia de Alice con mi primo, pero los dedos de Edward hundiéndose en mi brazo me hicieron detenerme. Cerré la boca, evitando la mirada ocasional de Edward.

Odiaba ver a Emmett mudo por la emoción, parpadeando para contener la fragilidad inusual que se acumulaba en sus ojos en forma de lágrimas. Murmuró algo ininteligible en voz baja antes de empujar la silla hacia atrás y alejarse. Su enorme figura desapareció por el costado de un enrejado divisor que dividía el restaurante en dos grandes salas.

—Probablemente vaya al baño —le dije a Rose, cuya mirada preocupada se quedó en algún lugar del abarrotado restaurante.

Rose asintió distraídamente, apartando la mirada del desaparecido cuerpo de Emmett para mirar tristemente la mesa.

—¿Por qué no vas a ver cómo está Em? —le susurré a Edward.

—Eh, no —Edward resopló, levantando una ceja ante mi sugerencia—. Los chicos no pasan el rato en el baño de hombres creando vínculos y esas mierdas.

Suspiré, apartando mi silla de la cabina.

—Iré a esperarlo afuera del baño —dije—. Probablemente esté avergonzado por emocionarse. No es propio de Em desmoronarse de esa manera.

—Iré contigo —se ofreció Kate, apartando de un manotazo las manos de Garrett con el ceño fruncido.

Sentí los ojos de Edward sobre mí todo el tiempo que cruzamos la sala, hasta que desaparecimos por el mismo divisor que Em.

—Pobre Em —murmuró Kate. —Dejando que su vagina se vea en la primera cita. Bien podríamos llamarlo Britney Spears por la forma en que sigue mostrando su coño para que todos lo vean. Voy a decirle que use ropa interior y una falda más larga la próxima vez que salga con Rose, si es que hay una próxima vez.

—Déjalo en paz —lo regañé, justo cuando llegábamos cerca de las puertas del baño de hombres y mujeres—. No todos son tan duros de corazón como tú.

—No soy dura de corazón —Resopló Kate, inclinando la cabeza hacia atrás obstinadamente—. Reprimo esa mierda. Guardo mis lágrimas para la almohada. Él necesita actuar como un hombre. Hacerse hombre o callarse. Frotarse un poco de tierra en las heridas.

—Eres una perra —suspiré.

—Sí —Se encogió de hombros.

Sacudí la cabeza con decepción y diversión, frunciendo los labios y mirando alrededor de la sala, encontrándome con un par de ojos oscuros que pertenecían a un tipo de mi edad. Me estudió cuidadosamente, sus labios se estiraron en una media sonrisa antes de susurrarle algo a un chico rubio que estaba sentado a su lado. El rubio se giró y me miró abiertamente, sus ojos vagando por mi cuerpo antes de aterrizar en el de Kate. Alcé una ceja y les puse mi mejor cara de perra antes de volverme hacia Kate, que no se había dado cuenta del breve y silencioso intercambio.

—Me pregunto si Em se siente con ganas de hablar sobre entrar en la oficina de Aro —comentó Kate—. Tenemos que entrar, conseguir la información y salir. Makenna es Suiza. Es territorio neutral. Tal vez... ¡Tal vez pueda conseguir las llaves de la oficina! Nunca sospecharán de ella. Está tan drogada todo el tiempo...

La voz de Kate se apagó de repente. Sus ojos se fijaron en algo cercano. Los chicos, los dos que nos habían estado observando segundos antes, se acercaban a nosotros a solo unos pocos pasos de distancia.

—Señoritas —saludó el rubio, lanzándole una sonrisa a Kate.

—Hola —dijo Kate con una voz suave y aburrida.

—¿Cómo están esta noche? —preguntó el chico de ojos oscuros, dirigiéndose a mí mientras sus ojos revoloteaban en su rostro.

—Bien —respondí con vacilación, sin querer ser grosera con el extraño, un extraño que posiblemente era amigo de mi novio.

—Parece que te está yendo bien —respondió sugestivamente, lamiéndose los labios—. Soy Bryce y él es Kayden.

—No nos importa —murmuró Kate.

—No seas así, hermosa —murmuró el rubio, acercándose a Kate.

—Solo queremos saber sus nombres —insistió el chico de ojos oscuros, acercándose incómodamente a mí también.

—Ella es "No es tu puto asunto" —dijo una voz.

Garrett estaba de pie junto a nosotras, su figura larguirucha se cernía sobre la flexible figura de Kate. Señaló con el pulgar en su dirección mientras presentaba a su novia a los dos chicos, repentinamente intimidados.

—Y ella es su prima —dijo otra voz—. Se hace llamar Bella, yo la llamo Encanto, pero para ti es "Vete a la mierda de aquí antes de que te rompa las dos piernas".

Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando un par de manos cálidas me agarró por la cintura. Lo sentí presionarse contra mi espalda. Su cuerpo irradiaba ira. La furia emanaba de él en oleadas ardientes y tórridas. Los dos chicos retrocedieron de inmediato, con los ojos muy abiertos, tropezando con sus propios pies.

—Edward... Garrett —tartamudeó el chico de ojos oscuros—. No sabíamos...

—Ahora lo saben —gruñó Edward, sus dedos hundiéndose en mi cintura—. Si los vemos hablando con nuestras chicas de nuevo, los haremos mierda.

—Idiota posesivo —refunfuñé, sintiendo cosquillas cuando sus dedos se hundieron aún más firmemente en mi piel.

—Por supuesto que soy un idiota posesivo —susurró, su aliento caliente cosquilleando mi oreja—. ¿Tienes un problema con eso?

—No —susurré, derritiéndome, jodidamente derritiéndome ante el tono dominante de su voz.

—Qué lástima —murmuró, presionando su polla dura en la parte baja de mi espalda—. Que te resistas un poco podría haber sido divertido.

—¿Por qué no la arrojas sobre una mesa y te la follas delante de todos? —espetó Kate, cruzando los brazos y estremeciéndose visiblemente—. ¿O meas en su pierna? Tú también, idiota. Marca tu territorio, ¿por qué no?

—¿Quieres que te orine encima, nena? —preguntó Garrett, alzando las cejas—. Pensé que las esposas de anoche eran pervertidas, pero lluvias doradas... eso es un poco demasiado...

—Cállate, idiota —siseó Kate, dándole un codazo y señalando con la cabeza en dirección al baño de hombres—. Ve a ver cómo está Em. Ha estado ahí demasiado tiempo. Tal vez se cayó y se ahogó.

—Está bien —se quejó Garrett, metiéndose en el baño de hombres.

Regresó solo unos segundos después, con el ceño fruncido por la confusión.

—No está ahí —Se encogió de hombros—. No hay nadie ahí.

—Ve a ver afuera —le dijo Edward, su boca todavía lo suficientemente cerca de mi oído como para provocarme escalofríos por todo el cuerpo cuando habló—. Me aseguraré de que las chicas regresen a la mesa.

Regresamos a la mesa para encontrarla cubierta con nuestros pedidos de comida. Una preocupada Rose estaba sentada sola, tamborileando sus largas uñas sobre la superficie descascarada de la mesa manchada de agua.

—Es una larga historia —le expliqué, agitando la mano con desdén mientras me sentaba en mi silla.

Ella asintió, miró al otro lado de la sala y se animó un poco. Levanté la vista a tiempo para ver cómo Garrett y Emmett regresaban a la mesa. Emmett parecía un poco menos taciturno, pero honestamente no podía prestarle mucha atención.

La mano de Edward descansaba sobre mi muslo, acercándose lentamente hasta mi entrepierna.

—¿Estás...? —dijo con evasivas, e inmediatamente supe lo que estaba preguntando.

—Estoy bien —susurré, mis mejillas ardían mientras los últimos días incómodos pasaban por mi mente.

—Gracias a Dios —murmuró, exhalando un profundo suspiro.

Ataqué mi comida, mi estómago estaba hecho un nudo nervioso y excitado mientras Edward comía su comida con indiferencia, sin soltar nunca mi muslo de su mano. Sus dedos se acercaban poco a poco a mi coño durante toda la comida, haciéndome retorcerme miserablemente mientras me torturaba al privarme de donde más necesitaba que me tocara.

También me atormentaba de otras maneras, susurrando cosas como «¿Estás mojada para mí, encanto?» y «Quiero saborearte tanto. Quiero enterrar mi cara entre tus piernas y lamerte de adelante hacia atrás». A mitad de la comida estaba hecha un manojo de nervios, jodidamente cachonda y desesperada por la fricción que solo él podía darme.

Escuché a Emmett y Garrett hablar de entrar en la oficina de Aro con Edward, quien mantuvo una conversación informal con ellos durante toda la comida, como si no estuviera sentado a mi lado prendiendo fuego a mis bragas mojadas mientras sus dedos se abrían paso lentamente hacia la costura interior de mis jeans. Separé mis piernas debajo de la mesa mientras él se acercaba más, mordiéndome el labio para sofocar el gemido que amenazaba con escapar de mi boca cuando finalmente deslizó su mano entre mis piernas. Presionó su dedo medio ligeramente contra la costura interior de mis jeans, acariciando suavemente mi clítoris palpitante, que se hinchaba con avidez debajo de la mezclilla desgastada.

—¿Te parece bien, Bella? —preguntó Kate, arqueando una ceja mientras me veía retorcerme en mi asiento—. ¿Estás bien? Te ves un poco pálida.

—Estoy fantástica —prácticamente grité, empujando la mano de Edward por debajo de la mesa mientras todos me miraban con preocupación—. ¿De qué estábamos hablando otra vez?

—Hacer que Makenna haga copias de las llaves —respondió Kate, observándome con atención—. Em dice que trabajará en la oficina mañana. Le pediré que haga copias de todas las llaves. Luego decidiremos un buen momento para entrar.

—Suena bien —respondí, mareada y miserable—. ¿Terminamos aquí? ¿Todavía iremos al cine? Me siento un poco cansada.

—De ninguna manera, no nos vas a dejar plantados —argumentó Kate, frunciendo el ceño—. Vamos al autocine de Oak Bluff. Fin de la discusión.

—¿Oak Bluff? —cuestioné, tomando aire mientras la mano de Edward volvía a posarse sobre mi muslo—. ¿De verdad es una buena idea?

—Es una idea perfecta —dijo Edward, con una sonrisa maliciosa en los labios mientras sus ojos verde musgo me miraban peligrosamente—. Em, ¿crees que podemos tomar prestada tu camioneta cuando lleguemos? A Bella le gusta mirar las estrellas.

—Claro —Em aceptó fácilmente—. ¿Están listos?

—Oh, estoy listo —respondió Edward, luego bajó la voz lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo—. Estoy listo para mostrarte lo que he extrañado estos días.

—¿Qué es eso? —murmuré, sabiendo la respuesta pero ansiando las palabras.

—Sentirme enterrado dentro de ti.


EPOV

Me reí entre dientes sombríamente ante la desesperación de Bella mientras conducía la camioneta de Emmett a través de la noche oscura. Ella se ubicó a mi lado mientras yo conducía. Agarré el volante firmemente entre mis dedos cuando ella colocó su pequeña mano sobre mi polla, susurrando en mi oído.

—Te deseo tanto, Cash —dijo provocativamente, deslizando sus dedos más abajo, tomando mis bolas en sus manos y moviéndolas de un lado a otro—. Me volviste loca en el restaurante. Ahora es momento de venganza.

—Vas a provocar un desastre —gruñí mientras la sangre se precipitaba a la cabeza de mi polla, que se endureció hasta el punto del dolor.

Habían pasado días desde que había estado enterrado entre las piernas de Bella, y estaba decidido a terminar con nuestra racha de sequía esa noche.

—Quiero que me destroces —susurró, acariciando mi polla sobre mis jeans—. Quiero que me destroces el coño.

—Diablos, encanto —gemí, moviéndome en mi asiento por la forma desconocida en que me hablaba.

—¿Es eso lo que quieres? —susurró, enterrando su cara en mi cuello, lamiendo desde la base hasta mi mandíbula—. ¿Quieres destrozar mi coño? Estoy tan caliente, cariño. No sé cuánto tiempo más puedo esperar. Mis bragas están tan mojadas.

—Bella —gemí, desviándome ligeramente al sentir el tirón cuando desabrochó mis jeans—. ¿Qué estás haciendo, encanto?

—Te haré sentir bien —ronroneó mientras levantaba mi trasero del asiento de cuero, lo que le permitió bajar mis jeans un poco más allá de mis caderas.

—Mierda —gruñí, desviándome nuevamente mientras sacaba mi polla de mi bóxer, frotándola lentamente.

—Extrañé esto —dijo provocativamente, pasando su lengua caliente contra el lóbulo de mi oreja.

Luego se agachó, lamiendo mi polla desde la base hasta la cabeza antes de llevarme a su boca lo más profundo que pudo.

Gemí cuando ella empezó a succionar, envolviendo su mano alrededor de la base de mi polla y bombeando lo que no podía meter en su boca caliente. Gimió a mi alrededor, las vibraciones provocando escalofríos hasta la boca de mi estómago. Mis caderas comenzaron a empujar hacia arriba, follando su boca mientras ella chupaba y acariciaba. Sus dientes rozaron suavemente mi piel sensible y siseé, obligándome a no correrme en su boca.

—Bella —advertí, apretando mis dientes mientras ella succionaba y se balanceaba—. Va a haber un gran problema si no paras.

Succionó más fuerte, liberando mi polla de sus labios con un chasquido.

—No me importa —susurró, mirándome con esos ojos marrones grandes y sexys—. Córrete en mi boca.

—Mierda —gemí ante sus palabras, mi estómago se tensó cuando me tomó en su boca una vez más.

Mi visión se volvió borrosa y tuve problemas para concentrarme mientras ella gemía y chupaba, moviendo la cabeza arriba y abajo y acariciando mi polla con su lengua. Pasé mis dedos por su cabello, tirando y jalando de los mechones a un ritmo constante con cada embestida de mis caderas. Dejé escapar una advertencia ahogada cuando el nudo tenso en mi vientre estalló, liberándome en su boca mientras jadeaba y se atragantaba alrededor de mi polla.

—¿Estás bien, encanto? —pregunté, luchando por mantener la camioneta de Emmett en la carretera mientras entrábamos en Oak Bluff.

—Estoy bien —dijo sonriendo, ayudándome a ponerme los jeans—. ¿Y tú?

—Listo para la segunda ronda —respondí honestamente, lanzándole una sonrisa.

Bella tarareó en respuesta mientras nos metíamos en un camino de grava, pasando un cartel que anunciaba el autocine de Oak Bluff. Bajé la ventanilla, busqué en mi billetera y le pasé al chico de la puerta un billete de cinco dólares gastado. Este me sonrió, haciendo un gesto para que me detuviera y diciéndome qué estación debía sintonizar. Después de algunas maniobras sigilosas, pude ubicarnos en un lugar con la parte trasera de la camioneta frente a la gran pantalla de cine, que en realidad era solo un enorme cartel blanco.

—Vamos a ver la película en la parte trasera de la camioneta —le expliqué, estacionando la camioneta—. Pero no sé cuánto de la película veremos en realidad.

—Oh, Dios —gimió, el sonido hizo que mi polla se endureciera dentro de mis jeans una vez más.

—Ten paciencia, encanto —murmuré—. Abre la ventana trasera para que podamos escuchar la película, o al menos fingir que estamos escuchando la película.

Ella se rió y se inclinó hacia el asiento trasero. Gemí al ver su trasero tan cerca de mi cara. Incapaz de evitarlo, le di un apretón con mis manos y luego le di una buena y fuerte nalgada.

—Mierda —gimió, moviendo su trasero contra mis manos—. ¿Alguien puede vernos?

Miré a través de las ventanas oscuras, observando el campo oscuro y fangoso en el que estábamos ubicados, lleno de surcos y baches.

—No lo sé, encanto —confesé—. Las ventanas están polarizadas, pero siempre existe esa posibilidad.

Le di otra nalgada, más fuerte la segunda vez, sonriendo cuando ella gimió por el dolor.

—Bella, no puedes quedarte colgando entre los asientos toda la noche —Me reí entre dientes.

Se sentó a regañadientes en el asiento delantero, murmurando en voz baja en todo momento. Me reí, abrí la puerta y le ordené que no se moviera hasta que también le abriera la suya.

Bella me siguió hasta mi coche cerca del borde del estacionamiento, observando mientras sacaba una manta del baúl. La había metido allí temprano esa mañana, mi mente llena de imágenes de las cosas que había planeado hacerle a mi chica en la manta esa noche.

La ayudé a subir a la parte trasera de la camioneta, extendiendo la manta y apoyándome contra la caja de herramientas. La atraje hacia mis brazos, entre mis piernas, hundiendo mi rostro en el hueco de su cuello mientras ella suspiraba suavemente.

—Esto es agradable —murmuró mientras la película comenzaba a reproducirse.

—Lo es —dije, mi voz ahogada por el chisporroteo de la radio mientras los avances comenzaban a reproducirse.

Mis dedos se deslizaron por debajo del borde de su blusa, buscando la suave piel de mi chica. Su respiración se quedó atascada en su garganta cuando mis dedos rozaron su vientre, hundiéndose justo debajo de la cintura de sus jeans.

—Malditos jeans ajustados —siseé, mordisqueando su cuello, lamiendo su piel entre mis dientes, marcándola para que todos lo vieran—. Provocándome toda la noche con ese pequeño trasero redondo. Volviéndome jodidamente loco cuando esos imbéciles se te insinuaron en el restaurante.

—Actuaste como un idiota posesivo —gimió mientras mis dedos dejaban su piel, desabrochando sus jeans y bajando lentamente la cremallera.

—Eso es porque soy un idiota posesivo —le advertí, bajándole los jeans mientras ella levantaba las caderas, observando sus ojos chocolate que se movían ansiosos por el estacionamiento oscuro.

—¿Qué pasa, encanto? —bromeé, mordiéndome el interior de la boca mientras mis dedos encontraban la tela sedosa de sus bragas—. ¿Tienes miedo? ¿Miedo de que alguien me vea complaciendo ese coño?

—Edward —gruñó miserablemente.

Me reí sombríamente, deslizando mis dedos dentro de sus bragas, encontrándola muy mojada. Su clítoris palpitaba contra mis dedos mientras jugaba con él, frotándolo en círculos suaves y perezosos. Se recostó contra mí, levantando sus caderas al ritmo de cada caricia de mis dedos, gimiendo mientras se mordía el carnoso labio inferior.

—Cualquiera podría vernos —le dije, soltando unas risitas mientras ella se mojaba más con mis palabras.

—Cualquiera podría pasar por aquí de camino a comprar unas palomitas en el puesto de comida. Tal vez nos están mirando a través del cristal trasero de sus coches.

Tomé una teta con mi mano libre y la encontré sin sujetador, como siempre, con el pezón duro. Lo giré entre mis dedos, tirando y jalando, frotándome contra su culo mientras ella movía lentamente sus caderas contra mis dedos.

—¿Me quieres dentro de ti, Bella? —pregunté, riéndome mientras ella gemía y suplicaba—. ¿Quieres que te folle en este campo donde cualquiera puede vernos? ¿En la parte trasera de la camioneta de Emmett? ¿Es eso lo que quieres?

—Sí —gimió, agarrando mi mano y obligándola a bajar.

—No, encanto —le dije con firmeza—. No voy a follarte con mis dedos. Voy a quitarte los jeans y tú vas a montar mi polla.

—Oh, Dios —gimoteó.

Le bajé los jeans y luego las bragas mojadas, sacándolas de su cuerpo. Sus ojos seguían recorriendo el estacionamiento con nerviosismo. No había nadie. Todos estaban instalados en sus vehículos, absortos en la película que se proyectaba frente a nosotros.

—Ven aquí, encanto —le ordené, señalando mis pantalones—. Sácamela.

Bella asintió con la cabeza, extendiendo las manos a la bragueta y bajando la cremallera. Estaba duro y listo para ella cuando encontró mi polla, la sacó de mis bóxers y la acarició con la mano.

Ella lo quería. Quería que la follara en ese estacionamiento lleno de gente. Podía ver más allá del nerviosismo en sus ojos. Había un brillo allí. Era un destello de emoción ante la posibilidad de que nos atraparan y por las consecuencias de lo que sucedería si alguien me encontrara enterrado profundamente en su coño.

—Vamos —le dije, metiendo mi mano entre sus piernas y pasando mis dedos entre sus labios húmedos—. Súbete a esta polla.

Con el labio inferior entre los dientes, se sentó lentamente a horcajadas sobre mí, agarrando mi polla con su mano y guiándola contra su entrada. Gemí cuando ella se hundió, mi polla deslizándose entre sus paredes resbaladizas y apretadas. Ella giraba sus caderas cada vez que se hundía, moviendo su cuerpo caliente y húmedo contra el mío mientras yo embestía hacia arriba, agarrando su trasero con mis manos y bajándola cada vez más fuerte.

—Levántate la blusa —gruñí, sintiendo su humedad filtrarse, deslizándose por mi piel en un camino caliente.

Obedientemente, se subió la blusa, justo sobre sus pequeñas tetas. Chupé un pezón duro codiciosamente en mi boca, tirando de él entre mis dientes y soltándolo con un chasquido antes de pasar al otro.

—Frótate el clítoris, Bella —murmuré contra su otra teta, antes de succionar su pezón en mi boca.

Deslizó su mano entre sus piernas, trabajando su clítoris entre sus dedos, gimiendo y aumentando la velocidad, impactando su cuerpo mojado contra el mío. Mis dedos se enterraron en la suave piel de su trasero mientras rebotaba más rápido contra mí, echando la cabeza hacia atrás y gimiendo mientras pasaba mi lengua contra un pezón, luego el otro.

—Edward —gimió, agarrando mi cabello entre sus dedos, arqueándose hacia atrás mientras se corría una y otra vez.

Enterré mis dedos en su piel, dejando huellas de manos rojas y furiosas mientras me corría, liberándome dentro de su coño. La humedad se derramó entre nuestros cuerpos calientes, goteando por mi polla.

Bella cayó sobre mí exhausta, o tal vez por timidez repentina. Me reí entre dientes, tirando de su blusa hacia abajo para ocultar sus tetas, luego hundí mi rostro en su cabello, inhalando su dulce aroma.


Posiblemente haya actualización diaria esta semana :)

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