¡Hola, aventureros de la lectura! ¡Su apoyo significa el mundo para mí! Espero que disfruten este capítulo tanto como yo disfruto escribiendo para ustedes.
Aquí les dejo otra dosis de puro drama. ^0^
Capítulo 4
¿Cómo fue que te empecé a amar?... Podría jurar que te odiaba.
Debí suponer que en su mente malvada algo se estaba gestando. Que dos días de sospechosa calma debían haberme preocupado. Así que bajé la guardia, y ella me tomó desprevenida.
—¿Los has traído contigo? —resisto el impulso de irme contra ella y agarrarla por los cabellos.
—No era una opción dejarlos en Camelot —su voz suena cada vez más dura.
La mujer frente a mí está molestando, y yo no estoy dispuesta a tener una batalla. Salgo de la habitación, caminando con paso firme por el extenso pasillo. Hago lo imposible por escabullirme, pero sigo dando vueltas por el mismo camino. Sé que ella viene tras de mí por el repiqueteo de sus botas a mis espaldas. Durante largos segundos camino sin rumbo fijo. Llevo tanto tiempo escapando que ya no sé verdaderamente de quién estoy huyendo.
—¡Para ti!
Lo malo es que mi cuerpo reacciona a su voz como un zombi a la carne. Reviento de rabia porque no entiendo cómo hace para hacerme ceder. Pero esta vez no.
—¿Crees que todo es tan fácil? ¿En algún momento has pensado que no estoy preparado para verlos? —grito sin detener mi marcha. Estoy realmente enfurecida, respiro con fuerza, y escucharla venir tras de mí incrementa la migraña que amenaza con hacer explotar mi cabeza. No sé exactamente hacia dónde me dirijo; Este maldito castillo parece no tener fin. Gruño cabreada, solo quiero escapar, y parece que estoy en un jodido laberinto sin salida.
Las emociones me sobrepasan; No estoy preparado para verlos. Ante mis ojos se presentan innumerables escenas de nuestro encuentro, y ninguna me deja un agradable sabor de boca. No es solo por mi apariencia: el cabello plateado, mis ojos oscuros y mi piel perlada; Esos son simples detalles. Al menos no tengo una piel escamosa o, en el peor de los casos, verde. Ni siquiera eso me importa. La incertidumbre y el miedo vienen de lo que llevo dentro, la oscuridad que se ha ido devorando poco a poco a la hija, a una madre, a su salvadora. Realmente no tengo idea de quién soy, y eso es lo que me aterra. Llevo el miedo enredado en la piel.
Tan acojonada estoy que hasta he olvidado que con un chasquido podría haber escapado de toda esta tortura; pero repito que, en esos instantes, con ella tras de mí, déjé de pensar claramente. Casi siento que el corazón se desprende de mi pecho de lo asustada que estoy.
—Swan, distensión allí.
Inesperadamente me vuelvo, chocamos de frente, su pecho contra el mío. Su cercanía no aplaca mi rabia, aunque sus labios llaman mi mirada.
—Dame un respiro, maldita sea —ya no puedo aguantarla.
—¿Para qué? Al final vas a querer escapar nuevamente.
Dudo por un momento si debo contener todo lo que me gustaría decirle, pero estoy furiosa; es imposible llamar. Nuestras miradas colisionan, y el repentino cosquilleo en mi estómago aparece, haciendo que mis nervios griten desaforados.
— ¿Cómo pretende que me presente ante mi hijo siendo un monstruo? —le digo, pasándome la mano por el rostro—. Oh cielos, esto es una equivocación.
Aquí estamos, como dos desconocidas con ansias de saltar una contra la otra para destruirnos más de lo que ya estamos.
—Emma, escúchame.
—¡No, escúchame tú! —réplica furiosa—. No puedo mirarlo a los ojos después de haber destrozado a una mujer —dejo caer las palabras contra su rostro. Ella no se aparta; Está de lo más calmada, enfrentándome con una de sus duras miradas.
Mujer insoportable.
—Adelante... escapa nuevamente —murmura, saboreando cada frase—. Pero tienes que saber que voy a ir tras de ti. Y te encontraré, sabes que lo haré, y pagarás por cada lágrima de nuestro hijo.
Esa oscuridad que va cubriendo sus ojos es el anuncio de que su dosis de calma se agota y de que una gran catástrofe se aproxima.
—Tengo fe de que sabrás consolarlo —sonrío con crueldad, sin apartar mis ojos de los suyos.
La rabia explota como fuegos artificiales en sus pupilas, mientras su mano derecha impacta contra mi pecho, haciéndome retroceder un par de pasos. Mi sonrisa se agranda; Años sin poder romper su corazón, qué regocijo es poderla deshacer. Para tratarse de la mismísima reina, verla perder el control me satisface, inclusive el tono rojizo en sus mejillas por la furia es algo para gozar.
— ¿Cómo te atreves a burlarte del sufrimiento de mi hijo? —su tono ronco y amenazador me eriza la piel.
Pero la furia no le dura demasiado. Sus labios tiemblan, y toda la fachada de mujer dura se desmorona, al igual que mi rabia, que rápidamente se desinfla. Por alguna razón, la sonrisa abandona mis labios. ¿Qué demonios le están pasando? Me desconcierta verla mostrar sus emociones; esta no es la mujer fría y reservada a la que estoy acostumbrada a irritar. No logro entender qué le está sucediendo. Lo peor de todo es que me siento culpable cada vez que sus ojos se empañan con algo parecido a la tristeza.
—Lo sé...
—¡Regina! —la voz masculina corta mi disculpa y altera todos mis sentidos. El tirón que siento en la boca del estómago me provoca vértigo—. ¿Cariño, qué sucede? —pronuncia las palabras, y mi torrente sanguíneo se congela.
La rodea entre sus brazos, y ella se deja hacer. No hay manera de que pueda resistirlo cuando la maldita imagen deja huellas ensangrentadas en mis pupilas. Soy excesivamente consciente de que la presencia de este hombre, su novio, me altera. Con él quisiera ser despiadada sin contenerme. He aprendido a tolerarlo; en días anteriores pude dar tregua al instinto destructivo que activa. Entonces, llega este preciso momento donde el propósito firmado es barrido por los celos.
Regina se refugia en su pecho. Los celos crecen en mí a un ritmo más rápido de lo normal; me esfuerzo en reprimir una mueca de dolor, porque es eso lo que me provoca. Quizás no sé manejar sus muestras de afecto o cuán vulnerable se ve entre sus brazos; puede que hasta mi control esté por tomarse la tarde libre si continúa mirándolos.
Él debió quedarse en Camelot, o quizás olvidado en el bosque y que algún animal hambriento se hizo cargo de su molesta presencia.
Pero me guardo mis pensamientos y aprieto los dientes hasta que rechinan. La rabia y la impaciencia contenidas no me permiten hablar; Incluso si lo hiciera, estoy segura de que lanzaría fuego. Por dignidad, aparte la vista. Cuento hasta veinte, no funciona; aumenta la cuenta. Esto es una mierda.
" Debería desaparecerlo" , anuncia una voz en mi cabeza. Me aprieto el puente de la nariz, como si eso bastara para no escucharla más, pero cuanto más furiosa me siento, la parte de mí que pretende ocultar va tomando fuerza. Me inquieta demasiado no poder contenerla. ¡Calla! Aguanta, no digas nada, grito internamente, convencida de que contemplarlos abrazados no me hará perder la cabeza.
— ¿Qué le has hecho? —da un par de pasos hacia mí, pero Regina lo detiene.
—Robin, no —la forma en que mi reina le suplica me irrita.
—Estoy cansado de que te haga sentir mal; no lo aguanto más —distingo resentimiento en sus palabras.
Qué suerte que las miradas no matan, estaría muerta si así fuera. Él me odia, y juro que me causa mucha gracia el coraje que aparenta ante su amada. Es como un payaso sin gracia. No puedo contenerme y soltar una risotada al ver cómo Regina lo frena.
¿Acaso el teatro que está montando es real?. Si tiene la descabellada idea de que ella lo hace para que no me haga daño, es más idiota de lo que creía. En realidad, a quien intenta proteger es a él. Inútil de mierda.
—Deja el drama, hombrecito —río.
—Hemos sacrificado demasiado por ti —escupe, rabioso.
"Ya basta" , resuena una voz interna con fuerza. "No puedes ir escuchando sus estupideces sin que haya consecuencias". Hay un diminuto espacio entre la rabia y la calma; la distancia entre ambas es escalofriante y pobre. Debo aclarar que permanecer entre las dos en una situación como esta es sofocante. Me pierdo por momentos y es entonces que la oscuridad actúa.
—No me hables de sacrificio. Ni siquiera fuiste capaz de dar un solo paso para salvar a la mujer que amas —la magia oscura aprieta mis entrañas. Experimento unas intensas ganas de arrancarle el corazón, unas ansias tan grandes y oscuras. La pérdida de control con él no me asusta, al contrario, me incentiva a querer más, y así, tener la excusa para arrancar su linda sonrisa—. No me vengas con tus palabritas de héroe; Todos sabemos que eres un cobarde. Solo eres el bufón de la reina; esa es la única verdad.
Quiero que venga, y tal como lo había previsto, lo hace. Se zafa con demasiada brusquedad para lanzarse contra mí. Me relamo satisfecha esperándolo. Pero, sorpresivamente, no es a él a quien tenga unos escasos centímetros del rostro. Los ojos de Regina me envían una profunda advertencia, mientras sus manos, una en mi pecho y otra en el de su amado, marcan la distancia.
—Ya basta, los dos —clavó los ojos en los míos—. Por favor, no más —no sé si es verdad lo que veo, pero hay demasiada tristeza tatuada en sus ojos.
—Siempre la defiendes a ella —el inútil aparta la delicada mano de su novia de un manotazo. Regina tiene una mueca de dolor. Maldito estúpido, romperle los dedos ha escalado mi lista de prioridades.
—Robin... Robin, agradécele a tu reina que no tiene miedo de lanzarse para salvar tu pelejo —noto cómo él se mueve se rabioso tras la espalda de su salvadora—. Todos tenemos muy claro quién es el caballero y la princesita en su relación.
Sé que no soy yo; Es la maldad en mí la que revela mis pensamientos y no me permite llamar.
—Emma, para ya —susurra ella, y cuando estoy por soltar otro insulto, unos pasos a mi espalda nos sobresaltan. Aunque el silencio se instala entre nosotras y la conmoción es obvia, me aferro a su expresión suplicante.
—No puede ser —casi no me sale la voz.
—Puedes hacer esto, por favor, quédate —me suplica.
Vacilo por unos segundos, porque sé que no estoy preparado para lo que se avecina. Regina me lanza una de esas miradas que suelen traspasarme. La ignoraro olímpicamente; Mi único propósito es escapar, pero permanezco clavada en mi lugar, aterrorizada.
—Por favor, no me hagas esto —mis nervios ponen recta mi espalda como una tabla.
Los dedos de mi reina aprisionan mi chaqueta justo a la altura de mi pecho, donde mi corazón salta como un potro descontrolado.
—Recuerda que no estás sola —me regala una cálida sonrisa.
-¡Mamá! —la voz juvenil retumba en el pasillo. Escucho cómo se acerca, sus pasos toman carrera. Me quito con delicadeza la mano de Regina, nuestros dedos se rozan más de la cuenta, y la simple caricia me da fuerzas—. ¡Mamá! —se aprieta a mi espalda, entretanto un nudo tan grande y pesado como una roca se instala en mi garganta.
Me vuelvo. Henry me aprieta contra él como si temiera que me escapara. Hunde el rostro en mi cuello y noto cómo sus lágrimas mojan mi piel. Contengo el aliento cuando nuestros ojos se cruzan; al momento, los aparto, con miedo de que pueda ver a través de ellos todo lo que soy capaz de hacer.
—Tienes que prometer que no te irás... que no me dejarás nunca más.
Continuará…
¡Eso es todo por hoy! Gracias por acompañarme en esta aventura. No olvides seguirme para no perderte las actualizaciones. ¡Espero leer tus comentarios pronto!
Nos leemos en el próximo capítulo chau…chau 😘
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Imágenes y música creadas especialmente para el Fic.
Hevy_lara
