DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero todo lo demás es mío.

Grupo de Facebook con imágenes del capítulo: Feeling the Reading: Bella Bradshaw.

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Estoy rodeada por dos brazos fuertes y mi cara está hundida en un pecho que huele a colonia masculina, crema de sol y madera. Huele a hogar.

Mis brazos rodean su torso apretándole fuerte contra mí.

Subo mi cabeza hacia arriba, me bajo la mascarilla y apoyo mis labios sobre su cuello dándole un beso suave.

-Por fin- le escucho decir sobre mi pelo.

Me separo de él lo suficiente como para mirarle a los ojos.

Sus preciosos ojos verdes.

-Te he echado tanto de menos-

-Y yo a ti, ni te imaginas. Ven Aquí- me dice antes de agarrar mi barbilla y besarme.

Y eso es todo, todo lo que necesito.

Mi cuerpo se relaja.

Mis ojos se aguan un poco pese a estar cerrados.

Mi lengua se introduce en su boca y su mano empuja mi lumbar contra su cadera.

Gemimos mientras nos besamos con ardor, con fuerza y anhelo.

Una garganta nos frena.

Junto mi frente a la suya recuperando la respiración antes de girarme al taxista que ya tiene mis maletas fuera del maletero.

-Perdón- le sonrío cogiendo ambas maletas.

Edward me quita una maleta de las manos y nos despedimos del taxista.

-Vamos a casa- me dice pasando un brazo por detrás de mis hombros e inclinándome sobre su costado.

-Sí, a casa- sonrío.

Nuestra villa escondida tiene tres pisos y curiosamente la entrada principal está en el piso dos. Pasamos por el jardín y dejamos de lado la piscina para subir por las escaleras que dan a la puerta de entrada. Un salón con sofás color crema y dos grandes ventanales nos dan la bienvenida. Un poco más arriba se encuentra el comedor con capacidad para una docena de personas. Tenemos que subir más escaleras hasta llegar a nuestro dormitorio.

-¿Cama con dosel?- pregunto riéndome mientras entro y me siento en la cama.

-Sé que te gusta- me guiña el ojo mientras se sienta a mi lado.

Pongo una mano sobre su pierna y me giro sonriéndole.

-Aún no me creo que del todo que esté aquí contigo.

Me besa suavemente poniendo su mano en mi mejilla.

-¿Esto lo hace más real?- pregunta contra mis labios.

-No estoy segura, a ver…- me río antes de volver a besarle.

Paso mis manos por detrás de su cuello acercándole más a mí.

Gime contra mis labios y el sonido va directo a mi vagina.

Rompo el beso para subirme encima de él pasando ambas piernas por cada uno de sus costados.

Sus manos me aprietan contra él y noto un bulto debajo de mí.

Restriego mi cadera contra la suya buscando la mayor fricción posible pero ambos hemos decidido esta mañana ponernos pantalones vaqueros y eso complica todo.

-Dame tregua nena por favor-

-¿El qué?- digo aún moviendo mis caderas.

-Voy a correrme en los pantalones si sigues así.

Me río de él y le beso.

-Quiero estar contigo- le susurro.

-Y yo- me besa- pero vamos lento. Quiero sentirte.

Gimo contra sus labios antes de volver a besarle.

E intento ir lento pero es la primera persona que toco en meses.

Mi piel pica por tener su contacto.

-Así- dice desabrochándome el sujetador cuando las camisetas de ambos ya están en el suelo- quiero tenerte así de cerca siempre- continúa antes de juntar nuestros pechos y abrazarme.

Mis manos se cuelan entre los dos acariciando su abdomen. Trazo las letras de su tatuaje y le desabrocho el pantalón para llevarme una sorpresa.

-¿No llevas ropa interior?

Edward se ríe antes de besarme.

-Hoy no-

Me río devolviéndole el beso antes de pasar el dedo por su punta ganándome un siseo.

Sus manos desabrochan mi pantalón y una de ellas se cuela bajo mis bragas.

-No recordaba esta suavidad- me susurra acariciando mis labios vaginales con la yema de sus dedos.

Nos miramos a los ojos mientras siento como un dedo separa los labios y se introduce un poco, tan solo hasta la primera falange.

Gimo.

-He echado de menos ese sonido- me dice refiriéndose al sonido de mi humedad chocando contra su mano.

Me río antes de besarle y agarrar su pene con mi mano.

Nos masturbamos mutuamente sin dejar de besarnos.

-Tan estrecha- dice moviendo el dedo dentro de mí.

No tiene ni punto de comparación la sensación de mi novio haciéndome un dedo respecto a cuando me lo he hecho yo, que es lo único que he tenido estos últimos meses.

Si me dejo podría correrme así.

-Desnúdame- le pido.

Nos separamos lo justo y necesario para que su mano abandone mi interior.

No perdemos el contacto visual mientras se introduce en la boca el dedo que antes estaba en mi interior.

-También he echado de menos tu sabor.

Gimo antes de besarle de nuevo y nuestros labios no se separan mientras mis pantalones desaparecen de la cama.

-Ven aquí- me pide tumbándose en la cama.

Sus pantalones aún siguen medio bajados en sus caderas y su polla descansa dura contra su abdomen. Es probablemente la imagen más erótica que he visto en los últimos meses.

Me subo a su cadera juntando su pene contra mis labios vaginales.

Gemimos ambos ante el primer contacto de nuestras zonas más sensibles.

-Siento tu calor- le digo masturbándole contra mis labios y mojando su tronco.

-Aún no- me dice tirando de mí.

-Quiero que me hagas el amor- le pido.

-Quiero que no te duela. Han pasado muchos meses desde que estuve ahí dentro. Ven- me indica tirando de nuevo de mí y haciendo que suba por su cuerpo hasta tener las piernas abiertas sobre su cara.

El primer contacto de su lengua contra mi clítoris me vuelve loca.

-Oh-

Mi cuerpo se ha desacostumbrado a este contacto.

Los recuerdos no eran fieles.

Su lengua me hace el amor y mis caderas se balancean contra su cara buscando mayor placer.

Siento como me derrito por dentro y las ganas de sentirle dentro de mí se hacen insoportables.

-Por favor- le pido- fóllame.

-¿Estás lista?

-Estoy más que lista.

Edward me pide que le deje levantarse para quitarse el pantalón y dejar libre su polla que está completamente dura y erguida.

Me tumba boca arriba y separa mis piernas para colocarse entre ellas.

Siento su punta jugar con mi entrada y mi interior palpita por tenerle dentro de mí.

-Cariño…

-Shh voy a ir poco a poco- me avisa.

Asiento.

Ahora sí.

Su punta separa mis labios y se introduce poco a poco en mí mientras nuestras miradas no nos abandonan el uno al otro.

Cuando finalmente está completamente dentro yo estoy lista para correrme.

Gimo.

-Déjame disfrutar de esta sensación un poco más- le pido subiendo mis piernas a su cadera aprisionándole contra mí.

-Eres perfecta y te amo- me confiesa antes de besarme.

Mis caderas se mueven un poco.

-Yo también te amo y he extrañado esto tanto, tanto…- le digo besando su hombro, su clavícula, su barbilla, sus labios.

-Nunca más vamos a separarnos. Prométemelo- me pide mirándome a los ojos.

-Te lo prometo-

-Necesito estar así contigo. Siempre- me confiesa comenzando a moverse.

Su cadera se mueve con suavidad y lentitud.

Lo que en otras ocasiones me habría puesto nerviosa y habría pedido acelerar ahora lo disfruto.

Disfruto de sentirle dentro de mí, la conexión, la intimidad, el amor.

Su pelvis choca una y otra vez contra mi clítoris.

Le beso y me besa.

Y cuando me corro noto su sonrisa contra mis labios.

Y cuando él se corre en mi interior siento sus dientes contra mi clavícula haciéndome una marca pero no puede importarme menos.

Nuestros cuerpos son como de gelatina, toda nuestra piel está hipersensible. Noto cada centímetro de su cuerpo contra el mío y siento también su pene comenzando a desinflamarse en mi interior.

-¿Podemos quedarnos así?

-No pienso salir de ti nunca- me besa.

-Sí por favor- le pido volviendo a subir mis piernas a su cintura y haciendo que él caiga sobre mí.

Aun unidos nos besamos y nos acariciamos reconectando.

-¿Ha sido bueno para ti?- me pregunta.

-Ha sido espectacular- sonrío

Su cara hace un gesto raro y frunzo el ceño.

-¿Qué pasa?- le digo.

-No sabía cómo íbamos a estar en el terreno sexual cuando nos viéramos.

Me río.

-¿Bien?- pregunto medio afirmándolo.

Edward me mira serio.

-Las últimas semanas no has querido hacerlo.

Ahora todo encaja.

-Ya- suspiro- porque dejó de gustarme lo de tocarme a mí misma delante de una pantalla. Además me hacía sentirme mucho más… sola. Desde hace un tiempo el sexo ya no es solo sexo, no es por el placer del momento.

-Es por la conexión- Añade él por mí.

-Sí y no siento conexión a través de una pantalla. Pero estaba deseando estar contigo de verdad, bueno ya lo has podido comprobar- me río besándole.

-Tienes que decirme esas cosas. No te calles- me regaña serio.

Le miro a los ojos y veo dudas en ellos.

Como si no me creyera al cien por cien.

-Vale, te lo prometo. No te dije nada porque tampoco había ninguna solución. Estábamos separados por decenas de miles de kilómetros.

Edward suspira.

-No me lo recuerdes- dice saliendo de mi interior y tumbándose a mi lado.

-Pero ahora estamos juntos y pienso estar pegada a ti todo el día- le digo poniendo mi cabeza sobre su pecho.

Él se ríe mientras su mano acaricia mi pelo.

Nos quedamos en silencio disfrutando del momento. Reconectando.

-Ha habido días realmente malos- confiesa- sobre todo desde hace un mes. Ha sido muy duro mucho tiempo.

-Ha sido igual para mí.

-Estas últimas semanas he estado con más gente. Con Garret, con Giselle, con James y Helen. Quitando el hecho de llevar mascarilla, guardar una distancia prudencial y quedar en sitios al aire libre todo parecía normal. Todo el mundo estaba feliz de poder recuperar la normalidad pero yo estaba de mal humor porque tenía de vuelta muchas cosas otra vez pero me faltaba mi chica y ellos no lo entendían porque han pasado todo este tiempo con sus parejas- me confiesa.

Le miro y le beso pero sus palabras me han tocado más de lo que pensaba y las lágrimas vuelven a mis ojos al recordar cuanto tiempo hemos perdido.

-Eh- dice notando una lágrima que cae por mi nariz al estar acostada de lado.

-Estoy bien.

-No, no pasa nada Bella. Puedes llorar, han pasado muchas cosas en estos meses.

Asiento derramando alguna lágrima más.

-Prométeme que vamos a estar juntos todo el tiempo que podamos- le pido poniéndole una mano en la mejilla.

-Todo lo que quiero es estar contigo. Solos- me promete besándome.

Remoloneamos más en la cama.

Hablamos.

Nos besamos.

Nos tocamos.

Reímos.

Edward besa mi cuerpo al completo.

Me vuelve a hacer el amor y luego me folla.

O tal vez se lo hago yo a él. No sé.

La cama es un lío.

Mi cuerpo tiene marcas.

El suyo también.

-Tengo hambre- confieso tumbada encima de él sobre su espalda.

-¡Mierda!- dice levantándose abruptamente.

-¿Qué pasa?- le digo riendo.

-Estaba preparando el desayuno cuando has llegado. No recuerdo haber apagado el horno- dice saliendo de la cama corriendo completamente desnudo.

Me río levantándome y caminando detrás de él.

Por el pasillo voy observando el resto de habitaciones de la casa que aún no he visto.

Me paro delante de una habitación que contrasta con el resto de la decoración de la casa.

Es una habitación para un bebé.

Me meto en el interior apreciando la cuna, el mueble cambiador y el papel pintado de la pared.

-Sí que estaba apagado- dice parándose en la puerta de la habitación.

Le sonrío y toco el móvil situado sobre la cuna para entretener al bebé.

-¿Qué es esta habitación? ¿Tienes un hijo secreto?- le digo en broma.

-Salvo que tú hayas dado a luz y no me lo hayas contado no, no tengo hijos secretos- se ríe.

-¿Es para Garret?

-No, Garret no va a venir aquí.

-¿Entonces?

Se encoge de hombros.

-Venía con la villa. La empresa con la que hemos alquilado esta vez es una empresa enfocada al turismo familiar así que todas las villas tienen habitaciones infantiles. Tenía pensado usarla solo como almacén.

Asiento.

-¿Tenías hambre no?- dice dándome la mano.

-Inmenso, un hambre inmenso- le respondo siguiéndole a la cocina.

Todo lo que veo a mi paso de la villa me fascina.

Sí es cierto que dista mucho del diseño y funcionalidad que han tenido otras villas donde nos hemos quedado. Esta se nota que está diseñada para una gran familia con hijos.

Una vez llegamos a la cocina veo que Edward ha montado todo un desayuno en la encimera.

-Vaya. Aquí hay comida para tres días. ¿Has hecho tú los huevos?

-Sí. Domino el arte de hacer huevos revueltos- se ríe repartiendo café.

-Debería ir a vestirme- digo siendo muy consciente de mi desnudez.

-¿Qué más da? Te voy a desnudar otra vez en cuanto acabemos.

Me río y me siento negando con la cabeza.

-¿Qué tenías en el horno?- pregunto dando un sorbo al café.

-Un bizcocho.

-Vaya vaya… ¿has aprendido a cocinar Üll?

-Un poco- confiesa- solo lo básico y al parecer en pandemia hacer bizcochos era un must.

Me río recordando la fiebre por la levadura para hacer bizcochos.

-¿Qué tal está Helen?- pregunto.

-Gorda.

-¡Edward!- le regaño.

Se ríe él solo de su chiste.

-No, en serio, ha ganado mucho peso.

-Está embarazada de gemelos así que asumo que es normal. Lleva dos personas dentro.

En pleno confinamiento Helen se hizo una ecografía y vieron que no venía un solo Cullen si no dos. La noticia nos había pillado por sorpresa pero ahora todo era alegría respecto a la llegada de los bebés.

-Creen que nacerán a finales de octubre.

-Vas a ser tío- le sonrío.

-Algo así. Sabes que realmente no lo soy.

-Pero así lo sientes. Serás el tío Ed.

-Y tú la tía Bella- me guiña.

-Sí, yo seré la tía Bella- repito dándome cuenta por primera vez que esos niños serán mis sobrinos de alguna manera -¿Y Giselle?

-Eso sí que es gracioso porque Giselle está como si tal cosa pero Garret ha mutado en padre sobreprotector pesado y tiene harta a su mujer- se ríe.

-¿Por qué?

-Porque no para de decir qué es bueno para el bebé y que no. No tomes café, come pescado blanco… bla bla bla. Giselle le manda a la mierda varias veces al día.

Me río imaginando la conversación.

-Pero no quiero hablar más de ellos, quiero hablar de nosotros- me dice serio acabándose el café.

-Dime.

-La conversación que hemos aplazado desde hace meses Bella. La discusión que tuvimos antes de separarnos- explica.

Mi estómago se cierra y dejo el resto del trozo de bizcocho en el plato.

-¿Tenemos que hablar de eso ya?

-No quiero que ese aspecto vuelva a separarnos. He tenido mucho tiempo para pensar y…

-Y yo también- le interrumpo- si algo he sacado en claro en estos meses es que habría dado lo que fuera para estar contigo tan solo unas horas. Que prefiero tenerte de vez en cuando que no tenerte nunca. Esa opción simplemente no es viable para mí- niego.

Es curioso como este tiempo ha cambiado mi perspectiva y me ha hecho apreciar los pequeños momentos y cada mísera oportunidad de estar juntos.

-Para mí tampoco pero…

Le callo levantándome del taburete y besándole.

-Vamos a estar juntos- le confirmo- siempre. Eso es lo único importante, el cómo lo lograremos ya lo veremos. Sé que tenemos que terminar esa conversación pero por favor dame unos días, solo unos días para estar contigo disfrutando solo del presente. No quiero pensar en volver al mundo real. Por favor- le pido apoyando mi mano en el pecho.

-Está bien. Unos días- acepta no muy conforme.

Se me revuelve el estómago solo de pensar en volver al ritmo vertiginoso de vida que llevábamos antes de la pandemia. Los días encerrada en la oficina, las tardes estudiando, los mensajes de whatsapp que tardaban horas en llegar a Edward porque estaba volando, las videollamadas rápidas, las semanas sin vernos, los kilómetros, la distancia…

Ahora hemos estado meses separados pero nuestra comunicación ha sido más fluida que nunca porque no había horarios ni otras prioridades. Éramos nosotros y nada más.

Nunca ha sido así antes porque ambos teníamos trabajos y otras obligaciones que limitaban el tiempo que dedicábamos al otro por teléfono.

Me he acostumbrado a esta accesibilidad que tengo ahora con él y en el último mes en lo único que he pensado es en este momento, en estar juntos todo el tiempo. Sé que el mundo real volverá alguna vez pero no tiene por qué ser ahora y me produce cierta ansiedad pensar en volver ahí fuera.

-Gracias- le sonrío sentándome de nuevo frente a él.

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El resto de la mañana la pasamos nadando juntos en la piscina, tomando el sol, preparando la comida…

Por la tarde logré convencer a Edward para salir de casa e ir a la playa.

La más cercana a nuestra villa era cala Boix.

Me sorprendí muchísimo cuando tras aparcar el coche en el parking sin asfaltar y bajar las empinadas escaleras que dan acceso a la playa vi que la arena era de color negro grisáceo y no arena dorada como estaba acostumbrada a ver.

-¿Tiramos la toalla por ahí?- me indica Edward señalando la zona más alejada del puesto de hamacas y sombrillas de alquiler.

-Sí, vamos- digo cogiéndole la mano y caminando por la arena que abrasaba nuestros pies descalzos.

Hace algo de viento lo que dificulta poner la sombrilla a la primera sin que salga volando y también provoca que Edward pierda la paciencia y yo me ría de él.

Finalmente con la sombrilla clavada en la arena nos quitamos la ropa y nos quedamos en bañador.

Miro a la gente que está en la playa. No hay demasiadas personas, algo raro en Ibiza en verano. Hay algunas familias, gente sola, gente jugando a las palas… nadie lleva mascarilla y aunque debería sentirme asustada y tener ganas de salir corriendo, me siento bien, todo parece casi normal.

-¿Te ayudo con la crema?- me dice mi novio trayéndome de vuelta a la realidad.

-Sí, por favor- le digo quitándome la camiseta.

Oigo cuando abre el bote y cuando la crema cae sobre sus manos.

Luego siento el líquido en mi espalda y sus cálidas manos repartiéndola mientras me sujeto el pelo con una mano.

Dedica demasiado tiempo a ponerme la crema y cuando las yemas de sus dedos rozan el lateral de mis pechos sé que hace tiempo que estoy protegida por el sol.

Me río y me aparto de su toque.

-No hagas eso- le regaño de broma.

-No he podido evitarlo- se ríe- tres meses sin tocarte y ahora estás delante de mí solo con un tanga de bikini.

-Lo sé- le miro con deseo- pero no quiero que nos vuelvan a casi detener por follar en la playa- le recuerdo el episodio que vivimos con la policía esa primera noche que estuvimos juntos en Ibiza por el cierre de las discotecas.

Él se ríe recordando como nos sorprendió la guardia civil medio desnudos metidos en la playa de madrugada.

-¿Vamos al agua?- propone.

Asiento y caminamos hasta el mar dados de la mano.

Es emocionante sentir el agua en mis pies, el sol en mi piel y la mano de Edward junto a la mía.

Casi me emociono.

Contrario a mi costumbre de zambullirme de lleno, me quedo unos minutos apreciando el color del agua, azul turquesa, que contrasta con el dorado del sol y el sonido de la gente riendo y disfrutando.

-Nena-

-Estoy disfrutando de la libertad. De estar aquí después de todo- le sonrío- estoy feliz.

Él me devuelve la sonrisa y nos besamos al tiempo que una ola choca contra nosotros.

Saltamos algo sorprendidos y completamente empapados nos sumergimos bajo el agua.

Nadamos mar adentro y luego nos relajamos abrazándonos bajo el agua.

Nos besamos mientras mis piernas están enroscadas en su cadera.

Edward me aprieta contra su torso al tiempo que yo también aumento la fuerza de mis piernas sobre su cadera diciendo con nuestros cuerpos cuanto nos hemos echado de menos.

Salimos finalmente del mar para tumbarnos al sol en la toalla y secarnos.

Con el sonido de las olas y de la gente de fondo me quedo dormida.

Me despierto en mi cama, en mi casa de Barcelona. Es muy temprano por la mañana, el cielo está gris y está lloviendo. Hace frío.

Las calles siguen desiertas.

Oigo ruido fuera de mi casa, en el portal.

Me asomo por la mirilla de la puerta y veo a gente vestida con trajes blancos que les cubren por completo. Tan solo una pequeña porción de plástico transparente nos permite verlos la cara.

Hay tres personas saliendo del piso de enfrente.

Luego veo la espalda de un cuarto integrante vestido de igual forma. Lleva una especie de transportador con ruedas y cuando sale al pasillo y se gira veo que lleva un ataúd.

Grito del susto pero nadie parece oírme porque llevo una mascarilla y estoy sola.

Vuelvo a gritar e intento abrir la puerta pero no puedo.

Estoy atrapada en mi propia casa hasta que siento que ya no puedo gritar. Necesito avisar a alguien de que mis vecinos han muerto y de que estoy sola y no quiero estarlo. No puedo gritar, lo intento pero mi voz no sale. Es una sensación tan angustiante.

Vuelvo a intentar abrir la puerta y sigue cerrada.

Tampoco puedo golpear, me encuentro muy cansada.

Algo tira de mi brazo y me saca de mi pesadilla.

-Eh Bella, ¿qué pasa?- me pregunta Edward sobre mí.

Su cara muestra sorpresa y preocupación pero mi mente sigue metida en el sueño. Me encuentro desorientada.

Estoy en la playa, en Ibiza, con Edward.

El sol está más bajo que antes, sigue habiendo niños jugando en la orilla y mi piel huele a sal.

Pero mi interior se siente aun en mi piso de Barcelona, asustado por ver un ataúd saliendo del piso de enfrente donde nunca ha vivido nadie y queriendo huir de la prisión en la que se ha convertido mi casa en el confinamiento.

Siento los dedos de Edward en mis mejillas limpiándome y cuando alzo la mano noto lágrimas.

-Me he asustado- le confieso sentándome en la toalla.

-Cuéntamelo.

-Ha sido un sueño horrible- le confieso mirándole.

-Has tenido una pesadilla. Estabas hablando en sueños y moviéndote, luego empezaste a llorar aún dormida y es cuando te he despertado. Tranquila- me dice abrazándome y besándome el pelo- ¿Quieres contármelo?

Niego con la cabeza no queriendo revivir ese sueño. Aun no me he quitado esa sensación del cuerpo.

-Ven aquí- le pido girándome para abrazarle completamente.

Le beso suavemente y rompo el beso dándole picos suaves sobre sus labios.

Para el final de la jornada de playa el sueño ya ha pasado a solo ser un mal recuerdo.

Pasamos por el pueblo más cercano a nuestra villa, San Carlos, a comprar algunas cosas que necesito y que no he podido traer en el avión.

Edward también aprovecha y compra algunas cosas que hacen falta en casa.

De vuelta en nuestra villa nos duchamos y cenamos en el sofá frente al televisor apagado.

Me sorprende cuando al final de la cena propone meternos de nuevo a la piscina y saca un champán junto a dos copas.

-¿Por qué esto?- pregunto.

-Porque estamos juntos de nuevo-

Sonrío y acerco ambas copas para que las llene con el líquido dorado burbujeante.

-Por nosotros- digo pasándole la copa para brindar- por estar aquí de nuevo juntos.

Los cristales chocan, bebemos el líquido y luego nuestros labios vuelven a encontrarse.

-Te necesito otra vez- le digo tocándole el culo sin ningún impedimento porque nuestra ropa está tirada al borde de la piscina.

-Yo te necesito todo el puto tiempo- me responde separando mis piernas y colocándose entre ellas.

Hacemos el amor en la piscina y luego nos adormecemos abrazados en la cama balinesa que está en el jardín.

Es casi media noche cuando nos metemos dentro de casa y subimos a nuestra habitación dispuestos a compartir juntos la primera noche tras esta obligada separación.

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¡Por fin el reencuentro! ¿Qué os ha parecido?

Tenéis un vídeo de la villa donde se quedan este verano en el grupo de Facebook.

Como veis también Edward lo ha pasado mal durante el confinamiento y Bella sufre un poco de estrés post traumático, de ahí la pesadilla que ha tenido en la playa. A ver qué los depara el verano…

Próxima actualización la semana que viene ;)