Agradecimiento a Saphi- por sugerirme la idea para este one-shot, porque de ser así, ni siquiera lo hubiera escrito ya que no sabía qué hacer.
One-shot XIV: Comb the hair.
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de un suave tono naranja, en el interior de la casa Wilkerson, Lois y Reese estaban en la cocina, este último sentado en una de las sillas mientras su madre le acomodaba el cabello con un peine.
-Sólo quita un cuarto de pulgada en los lados. Deja la parte de arriba y aclara solo la parte de atrás-le explicó Reese a Lois.
-Reese, ya he hecho esto un millón de veces-lo tranquilizo Lois.
Dewey entró a la casa con su camisa rota y el bolsillo estropeado con el fin de provocar a Lois para que le haga un mal corte de cabello a su hermano.
-Mamá, mira-dijo Dewey acercándose a ella. Lois detuvo su labor de cortarle el cabello a Reese para ver al niño-acabo de rasgar mi nueva y flamante camisa escabulléndome en el depósito, ese lugar al que claramente me ordenaste que nunca entrara-Lois no respondió sino que sólo lo miró boquiabierta-no sé por qué hago estas cosas que tanto te enfurecen, pero lo gracioso es que ni siquiera me importa-
-Maldita sea, Dewey, ¡vete a tu habitación!-exclamó Lois enfurecida-ya me encargaré de ti más tarde-
Dewey se aleja, acto seguido Lois sujeta a Reese y comienza a cortarle el cabello, a pesar de sus súplicas de que se calme primero y rogándole que cuente hasta diez, Dewey escucha a Reese gritar de dolor y se divierte con ello.
-¡Mamá, detente! ¡Eso duele!-gritó Reese contorsionándose en la silla mientras Lois seguía recortando con precisión, intentando ignorar sus quejas.
-No te quejes, es solo un poco de cabello-respondió Lois con una mezcla de exasperación y cariño, ajustando su agarre en el cabello de Reese-si me dejaras hacer mi trabajo en paz, terminaría mucho más rápido-
Asomado desde la puerta de la cocina, Dewey no pudo evitar reír al ver a su hermano en problemas.
-Deberías saber que los gritos no van a ayudar, Reese. Solo te hará ver más ridículo cuando termines-bromeó, sabiendo que su madre no tardaría en darle un buen regaño.
-Dewey, ¡ya cállate y vete a tu habitación si no quieres que prolongue más tu castigo!-le ordenó Lois con más furia que antes. Dewey no dijo nada pero enseguida dio la vuelta y se dirigió a la habitación que compartía con sus hermanos, dejando a su madre continuar con su ahora difícil tarea de cortarle el cabello a Reese.
Reese respiró hondo, tratando de calmarse mientras su madre seguía con el corte.
-Solo un poco más-pensó, aunque el tirón en su cuero cabelludo no hacía más que aumentar su ansiedad.
-Mamá, ¿podrías ser un poco más suave?-pidió Reese con un tono más conciliador-no quiero salir de aquí con un desastre en la cabeza-
Lois soltó una risita, pero no se detuvo.
-Si no te movieras tanto, no tendría que jalar tan fuerte. Además, a veces creo que tú y tu hermano hacen travesuras a propósito para que me enoje-justo en ese momento, el sonido de un fuerte golpe resonó desde la habitación de los chicos. Lois se detuvo un instante, mirando hacia el corredor-¿qué fue eso?-preguntó con desconfianza.
-NADA-gritó Dewey desde dentro-solo... estaba buscando algo en la cajonera junto a mi cama-
Reese aprovechó la distracción para girarse un poco en la silla.
-¿Qué crees que estabas buscando? ¿otra manera de molestarme? ¿eh?
-¡Cállate, Reese!-respondió Dewey con tono burlón-no soy yo el que tiene a mamá intentando cortarte el cabello como si fueras un arbusto descuidado-
Lois, visiblemente irritada por la interrupción, volvió su atención a Reese con un gesto decidido.
-A ver, si no te mueves, puedo terminar con esto de una vez. Solo quiero que te veas presentable para la cena de Acción de Gracias.
Reese frunció el ceño.
-¿Presentable? ¿para qué?-preguntó Reese frunciendo el ceño molesto-¿para que Dewey me diga que parezco un loco?-
-Para que no parezcas un loco-corrigió Lois con un tono más firme-no quiero que todos piensen que no cuido de ti-finalmente, después de unos minutos más de tensión y jalones, Lois soltó el peine y dio un paso atrás, sin mirar bien el resultado-listo, terminado. ¿Qué tal?-preguntó acercando un espejo de mano para que su hijo evaluara el resultado. Reese se miró en el espejo y su rostro se descompuso. La parte de atrás estaba claramente despareja, y un lado era más corto que el otro.
-Mamá, esto está... ¡horrible!
Lois, al darse cuenta del desastre, frunció el ceño.
-Oh, por el amor de Dios. Creí que... bueno, al menos nadie te mirará de espaldas durante la cena.
Reese se sintió frustrado.
-¡Genial! ahora seré el hazmerreír de la familia en Acción de Gracias.
Lois, sintiendo la presión de la situación, intentó calmarlo.
-Lo arreglaré más tarde, lo prometo-dijo Lois sintiendo la presión de la situación intentando calmarlo-ahora ve a bañarte y a hacer la tarea que dentro de un rato estará lista la cena. Y si Dewey dice algo, simplemente ignóralo. Al menos tú no te verás tan mal como él-
Reese estaba sentado en el borde de la cama, su mente aún atrapada en las tensiones de aquel día. Luego de pasar un desastroso Acción de Gracias en donde Malcolm acabó llegando ebrio y vomitando encima de la comida que con gran esfuerzo había preparado, la presión de los exámenes de fin de semestre, junto con las burlas de sus compañeros por su extraño corte de cabello se habían convertido en un peso que le resultaba difícil soportar.
Miró hacia la ventana, sintiendo cómo la luz se desvanecía lentamente. Por suerte, no todo en ese día había salido tan mal, logró darle su merecido a uno de sus compañeros de la preparatoria por haberse burlado de su extraño corte de cabello, aunque eso le valió dos horas de castigo al terminar las clases y una llamada de la dirección a sus padres por el escándalo, pero sin dudas, había valido la pena.
En eso, Malcolm entró en la habitación con una sonrisa, una tijera en mano y un peine en la otra.
-¿Listo para una sesión de peluquería?-preguntó, acercándose a su hermano mayor. Reese arqueó una ceja, divertido e incrédulo, pero algo en la mirada del menor le decía que había algo más detrás de esa propuesta.
-¿En serio? ¿vas a cortar mi cabello? ¿tú?-respondió Reese con dejes de desconfianza.
-La verdad, no. Tal vez solo vaya a peinarlo un poco. Pero si quieres, puedo hacer un gran cambio-le dijo Malcolm acercándose a él con un destello travieso en sus ojos azules.
Reese observó a su hermano con una mezcla de curiosidad y desconfianza. La última vez que Malcolm había tenido la idea de hacerle algo a su cabello, había terminado con un estilo que claramente no era el más adecuado. Sin embargo, el brillo travieso en los ojos de Malcolm le hizo dudar.
-¿"Un gran cambio"?-repitió Reese, intentando sonar más escéptico que interesado-y ¿qué tipo de cambio tienes en mente?-
Malcolm se encogió de hombros, como si no tuviera un plan definido.
-Nada extremo, solo un poco de... creatividad. No te preocupes, no tengo intenciones de dejarte calvo-bromeó, guiñándole un ojo.
Reese se cruzó de brazos, tratando de mantener su postura desafiante, pero una pequeña parte de él se sentía intrigado. Después de todo, ¿qué podría salir mal? ya tenía un corte de cabello desastroso ¿qué más podía arruinarse?
-Está bien, pero si me dejas más raro de lo que ya estoy, te lo voy a cobrar-advirtió, tratando de mantener la seriedad. Malcolm sonrió, emocionado por la oportunidad.
-Trato hecho. Solo relájate.
Con eso, Malcolm comenzó a peinarlo, haciendo un par de movimientos exagerados. Reese no pudo evitar soltar una risa.
-No sé si esto es una peluquería o un circo-dijo Reese disfrutando de la broma.
Malcolm rió mientras continuaba su trabajo.
-Un poco de ambos. Además, con tu cabello, ¡necesitamos un espectáculo!-exclamó el menor.
Mientras su hermano le hacía el "peinado", Reese se permitió olvidar por un momento el estrés de los exámenes y las burlas de sus compañeros. Quizás, al final del día, lo que realmente importaba era poder reírse de las pequeñas cosas, incluso si eso significaba arriesgarse a un corte de cabello aún más extraño.
-¿Sabes qué?-dijo Reese teniendo finalmente una realización-¡al diablo con los demás! si ellos se ríen, es porque no pueden manejar la genialidad de este look-
Malcolm se detuvo un momento, mirándolo con seriedad.
-Esa es la actitud, hermano. La vida es demasiado corta para preocuparse por lo que piensan los demás.
Reese sonrió, sintiéndose un poco más ligero mientras su hermano continuaba peinándolo. Quizás, después de todo, había algo de normalidad en el caos de su vida familiar.
