One-shot XV: Soulmate.
Era un día como cualquier otro en la casa Wilkerson, Malcolm estaba sentado en la mesa de la cocina, su mente perdida en un mar de ecuaciones y problemas de matemáticas. El caos habitual de su familia se desenvolvía a su alrededor: Dewey tratando de convencer a su madre de que un pato de juguete era una mascota adecuada, mientras que Lois intentaba mantener el orden gritando desde la sala. En ese momento, Reese entró a la cocina con un trozo de pizza en la mano y una sonrisa pícara en el rostro.
-¿Sigues con esas cosas aburridas?-preguntó, inclinándose sobre la mesa y mirando las hojas llenas de ejercicios de matemáticas-deberías intentar relajarte un poco-
Malcolm elevó la vista, sintiendo que su corazón se aceleraba al ver a su hermano.
-No puedo, tengo que estudiar. Este examen es muy importante. Pero gracias por tu apoyo-respondió con una sonrisa irónica. Reese se acercó un poco más, casi como si el espacio entre ellos se encogiera, lo que incomodó a Malcolm por unos segundos, aunque, claro, no lo iba a demostrar.
-Vamos, solo por un momento. ¿Qué tal si hacemos algo divertido?
Malcolm dudó, su mente enfrentándose a la lógica de los números y a lo que le estaba proponiendo Reese, sumando el hecho de la atracción poco sana que había estado desarrollando en su hermano desde hacía ya un par de meses.
-¿Qué tienes en mente?-preguntó Malcolm, la curiosidad pudo más que su resistencia.
-Un reto-dijo Reese, inclinándose más-el primero en comer este trozo de pizza gana. El perdedor hace las tareas del otro por una semana-
Malcolm se rió, no importaba como, Reese siempre encontraba la forma de alegrar su día.
-Está bien, acepto.
Ambos se enfrentaron a un duelo de pizza, la improvisada competencia se llenó de risas y empujones. Cuando finalmente terminaron, Malcolm había perdido. Se recargó en la silla de la cocina, respirando pesadamente mientras Reese lo miraba, triunfante.
-¡Gané! -exclamó Reese levantando su trozo de pizza como si fuera un trofeo.
-No puedo creer que me hayas ganado-protestó Malcolm-¿cómo es que siempre comes más rápido que yo?-
-Es un don, hermano-respondió el de ojos verdes sonriendo con picardía-pero bueno, un trato es un trato. ¿Cuándo empiezas a hacer mis tareas?-
Malcolm hizo una mueca.
-Mañana, no tengo tiempo hoy. Tengo que repasar para el examen.
Reese se acercó, apoyando la mano en la mesa.
-Vamos, no seas aguafiestas. Un descanso no te vendría mal. Además, podríamos hacer algo más divertido... como, no sé, ver una película.
La propuesta hizo que el corazón de Malcolm diera un pequeño vuelco. Pasar tiempo con Reese era algo que extrañaba, aunque la mezcla de sentimientos lo confundía.
-¿Una película?-pronunció Malcolm confundido por lo que le proponía su hermano-en vez de eso ¿no deberías estar jugando videojuegos?-
-¿Y perderme la oportunidad de ver cómo luchas contra el aburrimiento?-dijo Reese, bromeando, aunque había un brillo genuino en sus ojos.
Malcolm pensó en la montaña de tareas que lo esperaba, pero la idea de pasar tiempo con Reese lo tentaba demasiado.
-Está bien, una película-accedió el menor haciendo énfasis en aquella palabra-pero tú traes las palomitas-
Reese sonrió ampliamente.
-Trato hecho-al rato los hermanos se dirigieron a la sala, donde los gritos de Lois y Dewey continuaban resonando. Malcolm se sentó en el sofá, sintiéndose un poco más ligero al dejar atrás los deberes escolares por un rato. Reese se acomodó a su lado, lo que hizo que un escalofrío recorriera su espalda. La película comenzó, pero su mente estaba más enfocada en la cercanía de Reese que en la trama. Cuando un momento tenso en la pantalla hizo que Malcolm saltara, Reese se rió y lo empujó juguetonamente-¡qué miedoso! no puedo creer que te asustaras con eso-
-¡Cállate!-respondió Malcolm, haciendo un pequeño puchero mientras sentía cómo su rostro se calentaba.
A medida que la película avanzaba, la atmósfera se tornó más tranquila. En cierto punto de la película, Reese se inclinó hacia él, su hombro rozó el de Malcolm. Un silencio cómodo se estableció entre ellos, y Malcolm sintió que su corazón latía con más fuerza.
Al terminar la película, Reese se volteó hacia él, con una expresión seria en su rostro.
-Oye, Malcolm. ¿Alguna vez has pensado en... tú sabes, en lo que significa tener un alma gemela?
Aquella pregunta lo tomó por sorpresa. Malcolm frunció el ceño, sus pensamientos desbordándose de matemáticas y un cúmulo de emociones que era incapaz de describir.
-¿Un alma gemela? ¿p-por qué lo preguntas?
Reese simplemente se encogió de hombros, un poco nervioso.
-No lo sé-respondió-a veces siento que hay más entre nosotros que solo ser hermanos-
Malcolm sintió que el aire se le escapaba. Esa idea había estado flotando en su mente desde hacía tiempo, pero nunca había tenido el valor de abordarla.
-Yo también... lo he pensado.
El silencio se volvió denso, y en ese momento, el caos en el resto de la casa parecía desvanecerse. Malcolm miró a Reese, notando la intensidad en sus ojos verdes. Todo el caos familiar y las preocupaciones de la vida cotidiana parecieron esfumarse, quedando solo ellos dos allí en su propia burbuja.
-¿Y qué haremos con eso?-preguntó Malcolm, su voz era apenas un susurro.
Reese sonrió, dejando ver una mezcla de confianza y vulnerabilidad.
-No lo sé, pero me gustaría averiguarlo contigo.
Malcolm sintió que un nuevo mundo se abría ante él. En un instante, la suma de sus sentimientos se convirtió en una ecuación sencilla: un corazón que anhelaba ser sincero. Y en ese momento, supo que todo el caos valía la pena si podía enfrentarlo junto a Reese.
