Es habitual que muchas personas pasen por nuestras vidas mientras recorremos el camino hacia nuestra realización personal. Algunas permanecen más tiempo que otras, pero siempre dejando recuerdos y aprendizajes que ayudan en la forja de nuestro destino. De entre todas esas personas, nuestros padres son quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de ser nuestros primeros compañeros en la vida. Sin duda, los míos han sido los mejores que pudiera haber deseado, y pido ser como ellos con mi propia hija.

Sin el apoyo de ellos no habría llegado a donde estoy ahora: siendo guitarrista en una de las bandas más reconocidas del país, con una sólida carrera solista también. Aunque mi carrera musical se mueve entre el pop y el rock y no en el jazz, género en el que ellos me formaron, su apoyo no hizo sino aumentar, al punto de que mi padre ha sido guitarrista de gira en mi proyecto solista.

Ver a mi lado a aquel hombre que me enseñó a tocar la guitarra, tocando mis composiciones con una sonrisa de orgullo, me dio seguridad para afrontar aquellos primeros conciertos sin Houkago Tea Time, superar mis nervios, vencer el temor a equivocarme y dar lo mejor de mí para enorgullecerlo aún más.

Los ensayos se sentían algo surrealistas, habiendo momentos en que yo le explicaba a mi padre cómo tocar alguna parte que se le dificultaba. Por supuesto, él entendía rápido, pero se seguía sintiendo extraño que yo le enseñase algo a quien me enseñó a mí en primer lugar.

Después de cada concierto que compartimos juntos, él me abraza y me felicita por las cosas que salieron bien. Luego, ya en un ambiente más privado, señala los errores que pude haber cometido. Nunca su tono de voz suena a regaño, sino a una mezcla entre consejo paternal y la complicidad de hablarle a un colega. Al principio era inevitable sentirme amedrentada por ello, pero dicha complicidad me ha permitido hablarle a la par, llegando incluso a también hacer notar sus propios errores. Él también es humano y, por tanto, propenso a equivocarse.

Por su parte, mi madre ha dado su apoyo en otras facetas de mi vida. Ella fue una reconocida cantante en su juventud, aunque se retiró tras casarse con mi padre. Ella siempre dice que no se arrepiente de esa decisión, que no tenía nada más que lograr y que ya había cumplido todas sus metas para entonces. Nunca he notado más que nostalgia cuando habla de aquellas épocas, así que confío en que no mienta al respecto.

Si bien tanto ella como mi padre no han dudado en apoyarme desde que "salí del closet", era innegable cierta desilusión que tenía respecto a la idea de no ser abuela, así que imaginarán lo feliz que se puso cuando le conté que Yui y yo habíamos decidido ser madres.

Son incontables las veces que ella se ha ofrecido para cuidar a Kumiko, incluso cuando no lo necesitamos realmente. También es frecuente que venga a visitarnos aprovechando cualquier situación que lo permita. Por supuesto, mi niña es feliz conviviendo con sus abuelos (mis padres y los de Yui), y ellos no son demasiado intrusivos en cuanto a nuestra forma de criarla, así que no me molesta en absoluto tenerlos en casa. Después de todo, ellos no son eternos, así que quiero que pasemos el mayor tiempo posible juntos.