Se dice que el bosque maldito se extendía entre los dos reinos rivales como una grieta oscura y peligrosa. Se decía que antes eran una sola nación, hasta que la reina de antaño tuvo la desgracia de se enamorarse de un hechicero maligno. Desde entonces, el reino había caído en desgracia. En su desesperación, los ciudadanos la asesinaron mientras intentaba escapar, y el hechicero, consumido por el dolor y la ira, lanzó una maldición. El bosque creció, separando la región en dos, y los descendientes de los dos reinos no habían conocido la paz desde entonces. Solo el río ancho, a veces seco, y un puente olvidado servían de paso. Cuando el agua escaseaba, ambos ejércitos aprovechaban para cruzar, y el odio estallaba en cada nueva batalla, como si fuera una costumbre olvidada.

Aquella noche, mientras todos festejaban el anual festival de mitad de año, los habitantes de ambos reinos se embriagaban. Se creía que esa festividad nació por la muerte de la antigua reina, otros decían que era para dar gracias a los dioses, aún no se sabía la razón, pero era el momento perfecto para que una niña de cabellera azul escapara de sus sirvientes. "Duran, Duran, ¿dónde estás?", gritaba con desesperación, con el rostro manchado de lágrimas. La voz de la niña se entrecortaba por el llanto y el miedo. "¡Duran!", llamó una vez más, sin respuesta.

Su fiel lobo había escapado hacia el bosque maldito, y aunque sus padres y sirvientes le habían prohibido acercarse a ese lugar, ella no podía dejarlo allí. Con una semana de ausencia, Duran debía estar aterrado… igual que ella lo estaba ahora. Tropezaba con las ramas espinosas, su vestido estaba rasgado, y el corazón le palpitaba en el pecho, pero no se detuvo. La oscuridad del bosque parecía devorar la luz de la luna, y las historias de demonios y bestias salvajes resonaban en su mente, alimentando sus temores.

Finalmente, después de atravesar ramas y esquivar sombras, la niña llegó a un claro bañado por la luz de la luna. Allí, junto al tronco de un árbol caído, vio una figura familiar. Con su pelaje blanco y su postura alerta, el lobo la observaba con ojos que brillaban como dos piedras preciosas en la penumbra. Ella suspiro de alivio y corrió hacia él, arrodillándose a su lado mientras lo abrazaba con fuerza.

"Duran, casi pierdo la esperanza", murmuró, secándose las lágrimas.

Pero en ese mismo instante, un crujido en las sombras hizo que la ojiverde mirara hacia arriba. Frente a ella apareció una niña de cabellos castaños y mirada curiosa, la hija del otro reino. Era la primera vez que se encontraban, pero ambas sabían quién era la otra. El corazón de Natsuki latía con fuerza, y observó los alrededores con cautela, buscando cualquier señal de una emboscada. Sin embargo, no vio nada y no sintió ninguna presencia maligna. Se levantó de rodillas y se presentó de manera firme.

"Hola, soy la princesa Natsuki Kuga, del Reino Esmeralda. Gracias por haber encontrado a Duran", dijo, dejando que su voz sonara como un susurro al final.

La princesa de mirada escarlata la observó fijamente, sin responder de inmediato. También inspeccionó los alrededores mientras acariciaba la coronilla de Duran, que parecía relajarse en su presencia.

"Hola, soy la princesa Shizuru Fujino, del Reino Amatista. No tienes por qué agradecer, él estaba perdido. Vengo aquí a entrenar, así que fue fácil dar con él", respondió, su tono revelaba un aire de confianza y desafío.

"Pero no deberías estar aquí sin un arma. Hay monstruos y algunos demonios que podrían comerte en un segundo", dijo con un tono superior.

"Traía una ballesta conmigo, pero quedó atrás hace un par de horas. Me topé con un monstruo horrible", admitió Natsuki, su voz temblando un poco.

"¿Fuiste tú entonces quien gritaba?" rió irónicamente Shizuru.

La chica de cabellera azul oscuro y mirada verde se sonrojó, sintiéndose expuesta.

"Ara, ara, qué bonita eres cuando te sonrojas", bromeó Shizuru, disfrutando del momento.

Natsuki se mordió el labio, tragándose el trago amargo de la vergüenza.

"En mi defensa, son pocas las veces en las que me dedico a protegerme. ¡Deja de avergonzarme!"

"Disculpa, es que ustedes, los esmeraldeños, son bastante bufones", replicó Shizuru, con una sonrisa traviesa.

Natsuki frunció el ceño, sintiendo cómo una línea de ira comenzaba a asomar en su frente.

"¿Qué has dicho? ¡Te atreves a insultar a mi nación delante de su próxima reina!"

"Ara, ara, también te ves muy hermosa cuando estás enojada", sonrió ladinamente Shizuru.

"No permitiré que insultes a mi pueblo", gritó Natsuki, lanzando un puñetazo que falló estrepitosamente, ya que la chica de cabellera castaña era muy rápida.

Natsuki terminó de bruces en el suelo.

"Oye, te puedes hacer daño si no controlas tu fuerza. No quiero que te lastimes", le advirtió Shizuru, extendiendo una mano para ayudarla a levantarse.

Natsuki se incorporó, más enojada, y se arrojó a los golpes contra la joven de ojos carmesí.

"¡Deja de subestimarme! ¡Tu pueblo siempre se ha creído superior a nosotros y eso no lo permitiré!"

"Ara, ara, enojada no podrás golpearme", replicó Shizuru, esquivando los golpes con gracia mientras le daba consejos.

Después de unos minutos intentando alcanzar a Shizuru, la niña de cabellera azul oscuro decidió rendirse.

"Tu ganas", dijo, extendiendo la mano.

Shizuru sonrió y caminó sin preocuparse, recibiendo la mano de Natsuki. La calidez de su toque hizo estremecer el cuerpo de ambas. El viento sopló fuerte y sus corazones latieron desenfrenados.

Natsuki, que pensaba jugarle una mala pasada, tuvo que ceder ante lo que había sucedido.

"¿Por qué ustedes son tan arrogantes?"

"Nosotros no somos arrogantes, solo sabemos que somos mejores", respondió Shizuru, riendo ante esa última frase.

"Ash, no se puede contigo", dijo Natsuki, alejándose de ella.

"Espera, espera, solo bromeo. Tenemos enseñanzas diferentes", dijo Shizuru.

"Mis ancestros han perdido innumerables batallas contra tu gente, y aún no se explican por qué, a pesar de que nos entrenamos desde pequeños. Algo siempre hace que la balanza se incline a su favor. Aunque hemos quedado empatados en las batallas, nosotros peleamos para quedar vencedores, no para quedarnos a la mitad", respondió la niña de ojos bermellón, haciendo una pausa para tomar aire. "La garra de tu pueblo hace que, a pesar de no estar equipados y de que no todos sepan defenderse, su testarudez nos complica la situación."

"Nuestro pueblo es un gran guerrero. Lamentablemente, hemos sido estafados muchas veces. Mi padre es muy confiado y cree en las personas. La última vez, el hierro era de mala calidad, las armaduras se caían y sufrimos muchas bajas. Aun así, nuestra gente luchó con esmero", defendió la niña de cabellera azul oscuro.

"No sabía eso. Disculpa por dejarme guiar por las palabras que se dicen en las barracas", indicó Shizuru.

"Lo sé, yo también me he dejado llevar por lo que han dicho los adultos, de su pomposidad y su derroche", respondió la otra.

"Ara, ara, Natsuki, me enamoran tus palabras."

"Deja de avergonzarme."

"¿Puedo conocer tu reino?" preguntó la chica de pelo castaño.

"¿Pero no te buscarán?" pensó Natsuki de manera extraña.

"No, para nada. Saben que cuando vengo al bosque puedo durar semanas."

"¿Por qué entrenas aquí?" inquirió la de ojos verdes.

"Seré la futura reina y si no puedo dominar los cuatro elementos, seré una hazme reír," respondió la de ojos carmesí.

"Ah, la prueba. Yo perdí a Duran por eso. Estaba en la cascada entrenando cuando salió un monstruo y él salió disparado cuando comenzó a arrojar agua."

"Me imagino, debió asustarse." Hizo una pausa y luego preguntó: "¿Quieres que entrenemos juntas?"

"Pero si nos ven, pueden hacerte daño," respondió Natsuki con preocupación.

"No te apures, no podrían tocarme, aunque quisieran," dijo la de ojos carmesí con firmeza.

"Entonces entrenemos."

"¿Y si me llevaras a tu reino?" insistió la de cabellera castaña.

"Claro, ¿quieres conocerlo ahora?" sonrió la de ojos verdes.

"Sí, me encantaría," respondió, arrojándose al brazo de la niña más pequeña.

Las estrellas eran testigos de aquella amistad que comenzaba en medio de aquel festival.

Continuara…

Holaaa, esto no es avatar, pero me gusta que sean fuertes las guerreras.