Día 2
Navidad
Luan acababa de regresar a casa con las manos cargadas de las compras que hizo junto a Luna. Estaba casi tan estresada como su hermana, pues a pesar de que con tiempo habían ido por los regalos que en un par de semanas repartirían de su parte a la familia cuando fuese navidad, ya les había tocado una aglomeración de personas en el centro comercial que habían ido con el mismo propósito.
—No pensé que fuésemos a toparnos con tanta gente.
—Ya sé, Luna. Estoy tan agotada que no puedo ni hacer una broma de eso.
Luna saludó a Lincoln con un asentimiento de cabeza antes de subir por la escalera con las cosas, pero éste apenas y le prestó atención por estar hablando con gran ánimo en el teléfono de la sala.
—Es una pena, Stella. Tal vez puedan visitar a tu abuela en su cumpleaños. ¿No es en enero? Te diré algo, si tu mamá no tiene inconveniente, pueden venir a desayunar con nosotros el día de navidad. ¿Qué te parece? Clyde y sus papás también nos acompañarán… No es ninguna molestia, tú avisale a tu mamá y… ¡Oh! Está ahí… claro, te espero.
En lo que Lincoln parecía aguardar la respuesta de su amiga, el muchacho no pareció darse cuenta que detrás de él, y sin importarle el peso de las bolsas, Luan muy atenta lo estaba escuchando.
—¡Perfecto! —con ánimo Lincoln exclamó pasado un par de minutos—. Entonces las veremos ese día. Aquí las esperamos.
Tras colgar, Lincoln se dio la vuelta con la curiosa sensación de estar siendo espiado, pero debieron de haber sido imaginaciones suyas, pues no había nadie al pie de las escaleras, si acaso las gemelas que salían de la cocina llevando de la mano a Lily explicándole una vez más con emoción el concepto de Santa Claus.
Arriba, Luna en la habitación que compartía con Luan, estaba extendiendo el papel decorado navideño en su cama para comenzar a envolver los regalos, cuando su hermana con una amplia sonrisa abrió la puerta para entrar.
—¡Cierra pronto, Luan! No quiero que las niñas vean con demasiada anticipación lo que "Santa" les traerá. ¿Y qué es lo que tienes? Ya no pareces tan cansada como hace un momento.
—Es porque mi cerebro una vez más se puso en marcha y se me está ocurriendo una buena broma para Navidad.
Luna negó con un gesto.
—Y por eso Santa Claus no te traerá nada.
—¿Por qué no lo haría? La broma que se me está ocurriendo sería por una buena causa. ¿Sabes quién va a acompañarnos en Navidad además de Clyde y sus papás?
—Pues los abuelos. ¡Oh! También Sam y su hermano. Ya te había contado que le pedí permiso a mamá y a papá para que dejaran que vinieran un momento.
—Bueno, sí. Pero también hay unos invitados de último momento que creo que ninguno de los dos ponga objeciones en que vengan. Una es una señora y te doy una pista de quién es su hija. Es una niña que cuando llegó al pueblo, Lincoln trató de impresionarla, y que aunque quedaron como amigos, sospecho que Linky se quedó con las ganas de que fueran algo más.
Aunque normalmente prefería no involucrarse en las travesuras de su hermana, Luna muy a su pesar tuvo que posponer la envoltura de los regalos para prestarle atención.
—¿Me repites de nuevo cómo será esto?
Aunque Lori entendió muy bien lo que Luan le había explicado por teléfono, sólo quería cerciorarse de no haberse perdido de ningún detalle.
—Sin excepción todas besaremos a Linky, obvio en la mejilla, y por lo que te conté que haré estará más que justificado. El pobre quedará tan abochornado que será divertido avergonzarlo delante de sus amigos, en especial de Stella. Con mi cámara estaré grabando todo para molestarlo algún tiempo con eso. ¿Qué dices? Que Lincoln está pegando el estirón demasiado rápido. Será un bonito y adorable recuerdo de lo que le queda de niño antes de que comience a actuar más raro por eso de la adolescencia y esas cosas.
Aunque era algo sencillo e inofensivo en esencia, Lori consideró que el detalle además de divertido, sería algo bonito de atesorar en los años venideros al verlo en video, además de que tal vez con su ayuda podría…
—Muy bien. Me apunto. Entonces en eso quedamos. Nos vemos en Navidad, Luan.
—¡Muchas gracias, Lori! Ahora deja de terminar de convencer a las otras.
Una vez que Lori colgó su teléfono, se apresuró, sintiéndose tan traviesa como su hermana, a marcarle a alguien más.
—Hola Lori, ¿qué pasa? ¿No encuentras a Bobby?
—De hecho te buscaba a tí, Ronnie. Sabes, quería pedirte un favor muy, pero muy grande.
—¿De qué se trata?
—Primero. ¿Sigue en pie lo de Navidad?
—Por supuesto. Dices que tus papás y mi familia ya se puso de acuerdo en que los visitemos de sorpresa desde en la mañana, y descuida, no le he contando nada a Lincoln para que sea una sorpresa.
—Perfecto, seguro que le hará mucho bien el verte. Me han contado que últimamente lo han notado muy decaído y por eso quería pedirte que… nos ayudaras con una pequeña broma que queremos hacerle.
Una vez que le contó el plan de su hermana Luan, Ronnie estaba conflictuada. Sería sin duda una buena broma y un modo de levantarle el ánimo a su amigo, pero no estaba del todo segura.
—¿Y tengo que besarlo justo en los labios?
—Es la tradición. Además, no es como si fuese la primera vez que ustedes dos se besaran.
—Pues… ¡Bueno! Está bien. Lo haré. Cuenta conmigo.
—¡Perfecto! Te lo agradezco mucho, Ronnie.
Tras colgar, Lori pensó que tal vez y con suerte, eso reavivara algo entre esos dos para que fuesen quizá algo más, tal y como ella siempre quiso al igual que Bobby. Sería un bello recuerdo. ¿Qué podría salir mal?
—¿En los labios? —Stella sonó incómoda—. No estoy segura.
—¿Tan desagradable te parecería? —Con cierta acusación Luan le increpó al otro lado de la línea.
—¡No es eso.! Digo, no es que no hubiera pensado algo así antes —seguro hubiese sido un deleite para Luan el haber podido ver el sonrojo y la sonrisa en el rostro de la amiga de su hermano en ese momento—. Pero Clyde estará ahí y no quiero generar malentendidos.
—Estará justificado por lo que te conté. No dejaré nada de eso al alcance de Clyde para que te sientas segura de que él no intente lo mismo contigo si eso quieres. Además, Lincoln…
—...Que está decaído y eso, pero no me lo creo, hace poco lo vi y supongo que eso sólo me lo estas diciendo para convencerme.
Preocupada, Luan le preguntó.
—¿Y lo estoy consiguiendo?
Stella suspiró.
—Está bien. Tú ganas. Tal vez… sea divertido.
—¡Excelente! No se vale retractarse.
Y esperaba que el detalle de la cámara que no le había contado no la hiciera desistir. Con suerte y cuando el desayuno terminara, ambos terminarían siendo pareja y todo sería gracias a ella. Ignoraba que del otro lado de la línea, un tanto nerviosa, pero entusiasta, Stella pensaba lo mismo.
—¡Uy! ¿Puedo jugar yo también, Luna? Sería divertido avergonzar a tu hermano dándole un besito en la mejilla, más si después haces lo mismo con el mío.
—Dalo por hecho, Sam.
Luna estaba completamente entregada al plan que había trazado con Luan.
Cuando le explicaron de manera sencilla a Lily que tendría que darle un beso en la mejilla a Lincoln, la pequeña de dos años no pareció tener inconvenientes. Para ella eso sería sólo era un bonito y cotidiano gesto cariñoso, mientras que las gemelas…
—¡No quiero que me graben besando a mi hermano!
—Ya te dije que será algo rápido en la mejilla, Lola! —Luan le insistió.
Lana le pasó una mano sobre el hombro divertida.
—Vamos, Lola. A mí me da lo mismo, además que será por una buena causa. Tal vez por esto Stella y Linc se vuelvan novios.
La niña suspiró. Sería divertido ver eso. Quizá no sería muy diferente a ver una telenovela en vivo.
—De acuerdo, lo haré. ¿Y qué hay de ti, Lisa?
La pequeña científica que todo lo que deseaba era que salieran de su habitación para trazar aquellos cálculos que hacía en su libreta sobre el escritorio, apenas y elevó la mirada para contestarle.
—No tengo inconvenientes por hacer un pequeño refuerzo en mi cariño fraternal hacia mi unidad masculina mayor —se permitió una discreta sonrisa—. Además, que también quiero ver qué es lo que ocurrirá entre él y su amiga de ascendencia filipina.
—¡Excelente! Con ustedes ya están todas. Además de Lori, Luna y obviamente yo, Leni también está de acuerdo y está entusiasmada.
—¿Qué hay de Lucy y Lynn? —Lola le preguntó con escepticismo.
Luan pareció sudar nerviosa. Ya se imaginaba que sería más complicado convencer precisamente a esas dos de unirse al plan. Lo mejor sería que le pidiera a Luna que las convenciera a ellas.
—Así que más vale que no te burles cuando… —Ronnie Anne se sonrojó— lo haga.
Sid dio unos saltitos alegre como si le hubiesen dado un regalo de Navidad por anticipado.
—Me pides mucho. Pero está bien. Haré el intento. Por cierto, gracias por invitarme de nuevo.
—¿Segura que tu familia está de acuerdo?
—Mis papás lo ven como una oportunidad de tener una cita romántica sólo para los dos, por lo que les viene bien, pero quieren que tanto Adelaide como yo estemos a tiempo para la cena.
La adolescente latina se encogió de hombros.
—Seguro, sin problema. No creo que esto se extienda tanto.
—Oye… ¿y también podría jugar a lo del beso?
Aunque incómoda por la petición, su amiga pareció tardarse en responderle un tanto dudosa.
—Supongo… si tú quieres. Está bien.
—¡Gracias! —a Ronnie Anne no terminaba de gustarle el entusiasmo que su amiga le mostraba al respecto—. Entonces, el beso hay que dárselo en la boca, ¿cierto?
—¡Tú no p#nd3ja!
—*Suspiro*. Mira, Luna, por mucho que me agraden las situaciones oscuras y siniestras, hasta yo tengo un límite que no cruzaría, incluso si esto sea para ejecutar algo tan insulso como una broma, por lo que prefiero reservarle mi primer beso a Edwin cuando me una a él en la santa y profana oscuridad de la noche.
Luna levantó una ceja.
—Bien. Primero, Lucy, hermana, por favor entiende que Edwin es un personaje de ficción, y el actor que lo interpreta por lo menos te saca veinte años. Segundo, el beso se lo darías a Lincoln en la mejilla, eso es todo, además que nadie le dará importancia a eso o al beso que nosotras le demos, el importante será el que Stella le dé en los labios y nada más.
Bueno, eso a Lucy le parecía menos difícil de concretar si el beso que le pedían que le diera a su hermano sea en la mejilla, pero aún así tenía sus reservas.
—*Suspiro*. Bien. Lo besaré. Pero después editarán el video para suprimir esa parte.
—¡Muy bien! Gracias, Lucy. Y… ah… ¿podrías pasar la voz y pedirle a Lynn que ella lo haga también?
—¿Qué?
—¡Muchas gracias! Hasta luego, hermana.
Luna con prisa cerró la puerta de la habitación de sus hermanas menores antes de que Lucy le objetara algo, y era una suerte porque en ese momento Lynn subía por las escaleras bebiendo de la botella una bebida energética.
—Qué hay, hermana.
—Qué hay de nuevo, Luna.
Lynn le regresó el saludo con naturalidad, aunque Luna parecía muy nerviosa, lo que la hizo recelar. Como Luan, Luna ya intuía que pedirle algo tan "cursi" a la más marimacha de la familia, no sería cosa fácil, que incluso podría molestarse mucho por tratar de convencerla de hacer algo así.
—Pues… ¿de nuevo, dices?
—Ya dime, ¿sucede algo?
—¡Lucy te lo contará!
Enseguida la rockera se apresuró a encerrarse en su habitación dejando perpleja a la deportista, la cual con recelo entró a su habitación pasando de largo a Lucy quien pareció asustarse al verla llegar.
—Habla ya, Lucy. ¿Qué ocurre?
En automático, Lucy le contó de manera apresurada lo básico.
—¡La mañana de Navidad, Luan le hará una broma a Lincoln en la que todas tendremos que besarlo, y eso te incluye a ti!
Lynn se encogió de hombros. Se tiró en su cama y le respondió antes de darle un sorbo a su bebida, a la vez que se alcanzaba una revista deportiva para distraerse.
—Sí, está bien.
Lucy dejó escapar el aire que había estado conteniendo, agradecida porque el tema así de rápido quedara zanjado.
—Eso fue fácil.
Lincoln había dormido tan profundamente, que no se había dado cuenta del momento en que Luan había entrado a su habitación, aunque no le costaría trabajo comprender que lo hizo, cuando lo primero que hizo al despertar, fue rascarse la frente debido a la comezón que sentía ahí y detrás de su cabeza.
—¿Qué rayos es esto?
Sentía que llevaba una especie de diadema rodeándole la parte superior de la cabeza. Trató de quitársela, pero al jalar de ella gimió de dolor. Esa cosa estaba bien adherida a él con algo. ¿Qué era esa cosa que vio flotando y agitarse por encima cuando él se movió con brusquedad? Lo mejor sería ir de prisa al baño para averiguarlo.
Al salir de la habitación, se encontró con Leni.
—¡Buenos días, Linky! ¡Feliz Navidad!
—Feliz Navidad, Leni. ¿No sabes qué es lo que tengo…?
Se interrumpió pues su hermana se habían inclinado hacia él para darle un beso en la mejilla. Inevitablemente se sonrojó, pero el gesto le gustó. Sin duda su hermana había despertado con el espíritu navideño muy en alto.
—¡Oh! Gracias, Leni.
—Por nada, Linky. Voy a bajar a ayudar a mamá.
Lincoln fue hacia el baño, pero tuvo que esperar su turno, pues delante de él estaban las gemelas aguardando también.
—¡Feliz Navidad, Linc!
—Feliz Navidad, Lana. ¿No podrían Lola y tú por un minuto dejarme primero entrar para…!
De un salto la niña se arrojó contra él. Lincoln pudo atraparla al vuelo, y antes que pudiera preguntarle qué era lo que le ocurría, ella felizmente le plantó un beso ensalivado en la mejilla que lo conmocionó.
—¡Lana! ¿Qué te ocurre?
Ella entre risas se bajó orgullosa de su proeza. Lola le hizo a su hermano una seña para que se inclinara.
—Yo te puedo decir lo que le ocurre, pero primero acércate que es un secreto.
Dejando de lado a Lana, Lincoln se inclinó acercando su oído hacia Lola, sólo para ser sorprendido por un beso más limpio, aunque mucho más ruidoso, en su mejilla contrario.
—Feliz Navidad, Linky.
—Ah… Feliz Navidad, Lola.
Lisa salió del baño en ese momento, al ver a Lincoln, se ajustó los lentes.
—Saludos, figura fraternal masculina.
—Hola, Lisa.
Bastante avergonzada y con el rostro encendido, la niña se plantó enfrente de él.
—¿Lisa? ¿Pasa algo?
Sin poder mirarlo de frente, con la mirada agachada Lisa le extendió las manos en señal para que la cargara, lo que hizo a las gemelas reírse. Creyendo comprender lo que deseaba, el chico suspiró, aunque sintiéndose enternecido. Una vez que la levantó por las axilas está dejarla a su altura, Lincoln tomó la iniciativa de darle un beso en la mejilla, pero Lisa se mantuvo inmóvil.
—¡Ya bésalo de una buena vez!
Lisa se rindió ante la exigencia de Lola. Aunque le había parecido sencillo el aceptar la propuesta restándole importancia, en la práctica descubrió que besar así como si nada a su hermano en la mejilla era algo complicado, aunque admitió que le gustó el beso que él le dió, como ella el correspondérselo con otro sin ser tan ruidosa o sucia como sus hermanas mayores inmediatas.
—Feliz Navidad, Lisa.
—Ya puedes bajarme.
Ya de regreso en el suelo, Lisa se fue corriendo hasta desaparecer dentro de su habitación bajo las burlas de las gemelas.
—Feliz Navidad, Lincoln.
En el momento en que el chico se dio la vuelta, sin soltar su cámara Luan le plantó un beso en la mejilla.
—Feliz Navidad, Luan. Vaya que todas amanecieron muy cariñosas hoy. ¿Qué es lo que estás haciendo?
—Obviamente seguir la tradición, ¿entiendes?
Lincoln se rascó la cabeza confundido, aunque sintiendo una vez más aquella cosa.
—No lo entiendo.
—Pues no tardarás en hacerlo —palpó su cámara—. Y gracias por los gratos recuerdos familiares.
Entre risas esperó su turno detrás de las gemelas que le cedieron su lugar a Lincoln, bajo la promesa de este de no tardarse mucho. El chico comprendió que Luan había grabado los besos que Leni, las gemelas y Lisa le habían dado.
Y sí, cuando lo primero que hizo en el baño tras entrar fue verse en el espejo, entendió el chiste.
La diadema que llevaba pegada en la cabeza, por la parte de atrás levantaba una delgada, pero rígida varilla verde de plástico en alto, en cuya punta había un pequeño ramillete de muérdago igualmente de plástico proyectado hacia el frente. A pesar de darle algunos tirones, Lincoln no pudo quitárselo. Indignado, salió y encaró a Luan.
—¿Tú hiciste esto?
Divertida y orgullosa de su proeza, ella sonriente le respondió.
—¿Te gusta? Con esto no te salvarás de recibir unos pequeños regalitos adicionales de todas. ¿Entiendes? Y mejor no pierdas tu tiempo tratando de quitártelo. El material que Lisa me dio para hacerlo es muy resistente, así como el pegamento que sólo se puede quitar con un disolvente especial que te daré al final del día.
El peliblanco suspiró. Pensó que no podría ser tan malo, hasta que entonces recordó que Stella con su madre llegarían dentro de poco, y que ambas lo vieran con esa cosa le daba más pena a que Clyde y sus padres lo hicieran.
—Te lo advierto, Luan, mañana me las cobraré de alguna manera.
La comediante dudaba que eso pasara, pues se imaginó que para mañana su hermano tendría una novia, por lo que, al contrario, terminaría por agradecerle la broma que le jugó.
Tras bajar a desayunar ya ha cambiado, su madre cargando a Lily fue la primera que lo recibió, al igual que sus hermanas, con un beso en la mejilla.
—Feliz Navidad, cariño.
—Feliz Navidad, mamá.
Lily se movió entre los brazos de su madre para acercarse a su hermano.
—Felizh Navida, Lincon.
—Feliz Navidad, Lily.
Se acercó a la bebé para facilitarle el que le diera un beso en la mejilla, uno igual de baboso como el de Lana, pero ruidoso como el de Lola. De pronto su padre apareció llevando su delantal y se aproximó a aproximó
—¡Feliz Navidad, campeón! —con brusquedad lo tomó de los cachetes y le plantó un exagerado beso en la frente—. ¡Mua!
—¡Papá!
—¿Qué? Es la tradición, pequeño bribón.
Con la mano le agitó el muérdago. Detrás de él, alguien asintió.
—Eso es verdad, esa es la tradición, pequeño bribón.
Con gran felicidad, Lincoln los saludó.
—¡Pop-Pop, Myrtle!
Con mucha vergüenza tuvo que aceptar los besos de sus abuelos. Todos se sobresaltaron cuando Lucy de pronto los saludó tras aparecer de… algún lado. Ninguno la había notado hasta ese momento.
—Feliz nacimiento de Cristo rey, querido hermano.
Y a pesar de tener las mejillas encendidas por la vergüenza, la joven gótica no hizo tanto drama como Lisa para ir a abrazar a Lincoln y besarle una mejilla.
—Feliz Navidad, Lucy.
Alguien tocó a la puerta y Luna feliz fue a abrir, no sin antes darle un beso en la mejilla a Lincoln sin pena alguna.
—¡Feliz Navidad, hermano! —y tras abrir la puerta, su sonrisa se amplió y no precisamente porque Luan estuviese grabando todo aún por ahí—. ¡Sam, Simon! ¡Bienvenidos, pasen! ¡Feliz Navidad!
Cariñosamente las dos chicas se dieron un corto beso en los labios, lo que pareció incomodar al chico rubio que parecía tener la edad de Lincoln.
—Feliz Navidad, Luna —de pronto detrás de su novia, Sam vio al chico peliblanco apenado porque ella tuviera que verlo con esa cosa en la cabeza, más al notarlo, sonriendo traviesamente se dirigió hacia él—. Y tú no te celes que también para tí hay.
Luna le levantó a su hermano el pulgar hacia arriba cuando su novia le plantó a él un rápido beso justo en el cuello, lo que provocó que Lincoln tiritara.
—¡Ven, hay algo que quiero mostrarte! —Luna apuró a su novia a seguirla.
Lincoln miró incómodo por lo sucedido a Simon. El chico rubio de gruesa complexión se sentía frustrado por no haber recibido ningún beso por parte de Luna, más cuando notó a Lincoln mirarlo con esa cosa sobre su cabeza, frunció el ceño y alarmado retrocedió un paso alejándose de él.
—Ni siquiera lo pienses, viejo.
—Te juro que no estaba pensando en nada. —Le respondió sintiéndose de pronto tan incómodo como ridículo.
Temió que los señores McBride no mejoraran precisamente su situación, cuando a continuación hicieron acto de presencia tras llegar en ese instante
—¡Feliz Navidad, Louds!
Con mucho mimo ambos adultos saludaron a cada miembro de la familia. Lincoln, a pesar de que no quería ser prejuicioso por vez primera con los dos hombres, con temor se acercó a saludarlos cuando fue su turno de hacerlo. Para su alivio, ambos, respetuosos de su espacio, solamente le estrecharon la mano y le dieron un corto abrazo, provocando que el peliblanco se sintiese culpable por haber pensado mal de ellos.
—Feliz Navidad, señor y señor McBride.
—Feliz Navidad, Lincoln. Te deseamos lo mejor.
Clyde llevando un regalo en las manos, se le acercó para abrazarlo.
—Feliz Navidad, Lincoln. Mira, te traje algo.
—Feliz Navidad, amigo. Yo también te tengo algo y… —frunció el ceño. Una vez que su amigo se separó de él, prosiguió olvidando lo que le iba a decir originalmente— y el beso estaba de más, Clyde.
—¿Qué no es la tradición del muérdago?
Lincoln no estaba seguro qué tan grosero se vería si se frotara la mejilla enseguida para limpiársela. Luan no dejaba de carcajearse sintiéndose agradecida por haber conseguido aquella toma.
—Y esto da un sentido más especial a su amado Clyncoln McCloud. ¿Entienden?
Una vez más tocaron a la puerta, siendo Rita quien fue a abrir mientras que su hijo intercambiaba regalos con su amigo dedicándole al mismo tiempo una mirada hosca a Luan.
—¡Buenos días señora Zhau, Stella! Pasen por favor. ¡Feliz Navidad!
Las mejillas de Lincoln se encendieron por lo que escuchó. Desesperado se dirigió a su amigo.
—¡Clyde! Ya sabes dónde tengo mis útiles escolares. ¡Por favor ve rápido a mi habitación por mis tijeras o mi navaja y ven a cortarme esta ridícula cosa!
Sin cuestionarle nada, el muchacho se echó a correr, deteniéndose en la entrada hacia el pasillo, donde Luan apuntándole a la cara con la cámara a como si se tratara de un arma, le bloqueó el paso amenazante.
—Si Lincoln pierde el adorable regalo que le di, y descubro que tú eres en parte responsable de ello, tienes mi promesa que el siguiente bromaggeddón lo extenderé con toda mi creatividad hacia ti también.
¿Era idea de Lincoln, o de pronto la oscura piel de su mejor amigo acababa de aclararse bastante? Este se volvió hacia él.
—Lo lamento, amigo. Sabes que de ser necesario te donaría un riñón, pero esto ya se sale de mi límite.
Lincoln no pudo culparlo. Luan lo apuró.
—Vamos, Lincoln. Se un buen anfitrión y ve a recibir a tu "amiga".
Sus hermanas presentes hicieron animadas ruiditos insidiosos.
—¡Ni crean que dejaré que Stella me vea con esta porquerí…!
—Hola, Lincoln.
Al volverse, tan nervioso como el primer día que la conoció cuando entonces se había sentido muy atraído hacia ella, se encontró con Stella, con las manos en la espalda y meciéndose de atrás hacia adelante con las piernas juntas. Algo nerviosa, pero divertida, lo miraba alternando su vista de su cara, al muérdago que colgaba sobre su cabeza.
—Ah… Stella —y justo, pensó el muchacho, tenía que ser que lo viera con aquella cosa—, cómo… fe… feliz…
—Feliz Navidad, Lincoln.
Detrás de ella la señora Zhau frunció el ceño refunfuñando por lo bajo, pero sin hacer ni siquiera un ademán de intervenir cuando su hija, algo cohibida, se inclinó un poco para darle un corto beso en los labios a uno de sus amigos, específicamente a aquél del que más recelaba de todos los que Stella tenía, esto porque presentía que el tal Lincoln Loud parecía ser el que tenía más posibilidades de convertirse en algo más que un amigo para su hija.
Lincoln, tan rojo como un tomate, se frotó la nuca tan avergonzado como Stella. Las chicas estallaron en chillidos como los abuelos y los señores McBride en risas. Por lo bajo Clyde refunfuñó, aunque resignándose a lo ocurrido del mismo modo que la señora Zhau, a quien la señora Loud trataba de animar para que no se lo tomara tan a mal.
—Gracias, Stella. Feliz Navidad.
El cruce de miradas que intercambiaron los dos chicos, apenas y se vio interrumpido por el nuevo toquido en la puerta principal.
—¡Sorpresa!
El grito de Lori se vio opacado por el coro que la siguió conformado por los Casagrandes y los Santiago. El señor Loud retrocedió sorprendido, pero cuando se recompuso, casi al borde del llanto estrechó entre sus brazos a su hija.
—¡Lori! ¡Mi hermosa bebé!
Bobby, al lado de su novia, no pudo evitar reírse.
—¡Je! Justo como yo le digo.
Carlotta le dió un sape para que se callara y no echara a perder el momento entre su novia y su familia, quienes felices animadamente fueron todos a saludarla, para después hacerlo enseguida con sus acompañantes.
Hubo llanto y alegría por tenerla de regreso para ese día, al final Lincoln que se había olvidado por un momento de lo del muérdago, consiguió abrirse paso entre todos para llegar hasta ella.
—¡Es fantástico tenerlos a todos aquí, Lori! ¡En especial a ti!
Conmovida, no dudó en plantarle un sonoro y durarero beso en la mejilla.
—A mí también me alegra verte, Lincoln. ¿Y ya notaste a quién traje conmigo?
Lori se hizo a un lado, donde corriendo hasta llegar con él, atrapándolo entre sus brazos y casi colgándosele encima, deseándole a grito un "¡Feliz Navidad", aquella chiquilla acercó su rostro al de Lincoln con el propósito de darle un beso justo en la boca, para la sorpresa y consternación de este cuando… de pronto ella se detuvo ante el furioso llamado de su mejor amiga, que había llegado hasta ella sujetándola por la parte de atrás del cuello de su blusa para detener lo que estuvo a punto de hacer.
—¡En qué quedamos, Sid!
La jovencita de rasgos asiáticos con picardía le sonrió a un abochornado Lincoln, quien sorpresivamente recibió de ella un beso en la frente. Enseguida ella se apartó, dejándole el campo libre a una exaltada Ronnie Anne.
—Todo tuyo. Que sus labios siguen intactos para ti, Ronnie.
—¡¿Disculpa?!
Con preocupación la señora Zhau miró a su hija por la reacción que tuvo. No sólo ella, sino preocupadas también lo hicieron las hermanas de ese muchacho, salvo Lori que parecía confundida, pero tan pronto Leni se le acercó y rápidamente le susurró al oído lo que había sucedido antes de que llegaran, se mostró muy preocupada.
—¡Oh, rayos!
Nervioso, Lincoln alternó la mirada entre sus amigas preguntándose por qué y a pesar de no tener novia, sentía que lo acaban de descubrir en una infidelidad que ni siquiera se buscó.
—Ah… Ronnie Anne, te presento a Stella. Stella, te presento a Ronnie Anne… y a Sid —miró a una niña parecida a ella, pero mucho más pequeña, con dos chonguitos en el cabello que divertida miraba todo el espectáculo desde su sitio—, y a la hermana de Sid, ¿Te llamas Adelaide?
—Sí. Encantada. Sid dice que eres el novio secreto de Ronnie Anne de Royal Woods, el que está muchísimo mejor que el nerd pelirrojo con el que sale en la escuela, y que eres rico.
Ronnie Anne saltó indignada.
—¡Ya les dije que no estoy saliendo con Laird!
Lincoln algo ofuscado por todo lo que escuchó, se limitó a corregirle esto último a la infante.
—Ah… gracias… creo. Pero yo no soy rico.
—Pues mi hermana dice que eres rico.
Sid negó con un gesto.
—No, Adelaide. Yo nunca te dije que Lincoln era rico, lo que dije fue que Lincoln está ri… —un breve vistazo a su amiga le hizo comprender que no sería buena idea terminar correctamente aquella oración— risible.
—¡Muérdago!
Tras señalar entusiasmada el pequeño ramillete sobre la cabeza del chico, Adelaide dió un saltito consiguiendo darle un beso en la mejilla.
Todos comenzaron a reírse y la tensión comenzó a disiparse, aunque no del todo en sus amigas… y en Carl que tras lo de Adelaide, extrañamente parecía mirar a Lincoln con rabia.
—Pues… como les decía. Ese de allá es Bobby, el novio de Lori; y ese es…
Lincoln continuó presentándole a las Zhau, a los McBride, a Sam y a sus abuelos, a quienes quizá a futuro serían la familia política de Lori.
Todo marchaba relativamente bien, por lo menos hasta que Stella volvió a recelar por los besos que Lincoln estaba recibiendo, y el problema no fueron los que le dio la abuela, la madre o la tía de Ronnie Anne, sino por los de la muy ancha y atractiva chica latina tan mayor como Lori o Leni, que conseguió abochornar al chico otra vez cuando lo abrazó además de besarlo en ambas mejillas.
—Feliz Navidad, Lincoln.
—Gra… gracias, Carlotta.
El señor Loud, complacido por ver su casa repleta de gente tan apreciada acompañándolos en Navidad, anunció.
—Muy bien, gente. Tengo tres pavos navideños a nada de estar listos. Si no falta nada, vamos a comer y después abriremos los regalos.
Todos se mostraron de acuerdo, cuando de pronto Ronnie Anne, que no había dejado de mirar con más recelo a Stella que a su propia amiga, exclamó.
—Un momento, que sólo me falta algo por hacer.
Tras sonreírle a la chica con engreimiento, tomó de la mano a Lincoln, lo jaló hacia ella y le plantó un corto beso en los labios. Luan consiguió con tiempo actuar rápido y grabarlo todo, pensado que tenía oro entre sus manos.
A pesar de la brevedad del momento, Lincoln sintió que volvió a perder el aliento.
—Entonces… —Ronnie Anne se dirigió a Stella— supongo que ya le habías dado su beso en la mejilla a Lincoln como la buena amiga que eres.
—En realidad —Lana le soltó como si el asunto careciera de importancia— también Stella se lo había dado en los labios. ¿No es genial?
Al mismo tiempo que la sonrisa de Ronnie Anne se esfumó, la de Stella se ensanchó. La señora Zhau se estaba arrepintiendo de haberla traído pensando que desde el principio siempre tuvo la razón, ese muchacho sólo servía para causar problemas.
—¿Y eso qué? Eres sólo su amiga.
—¿No se supone que tú también sólo eres eso? Al menos yo no se lo di solamente por compromiso.
Lincoln estaba perplejo por la declaración de su amiga. Ronnie Anne rechinó los dientes.
—Pues no es el primero que nos damos.
—Sí, ya me habían contado. ¿Y qué? Es mejor calidad sobre cantidad.
—¡Y por tanto el mío fue mejor!
En medio de ambas chicas el peliblanco no se atrevía a decir ni pío. Afortunadamente y buscando ir al rescate de su hijo, el señor Loud intervino, dándose cuenta que a pesar de sus dificultades, estaba envidiándolo por una suerte que a él le hubiese gustado tener con las chicas cuando tenía doce años.
—¡Oigan todos! Lo mejor es que nos calmemos, y aprovechando que ya estamos todos reunidos, pasemos a la sala a comer. ¿Está bien?
Al menos por el momento la paz había regresado. Por lo bajo, la madre de Stella le preguntó a su hija si quería que se fueran.
—No. Está bien, mamá. Lo tengo controlado.
El señor Loud suspiró.
—Bien. Vamos a ver cómo le hacemos para caber todos. Junior, ayúdame a llevar la mesa del comedor a la sala y luego… —miró a su alrededor confundido—. ¿Junior? ¿Lynn? ¿Dónde está esa niña?
Lucy se sobresaltó. Por culpa del relajo que se había armado, se le olvidó avisarle a sus padres.
—Lynn me dijo que iría de último momento a comprar un regalo de Navidad que se le olvidó. Ya debería de estar aquí. Me dijo que sería algo rápido.
Esto parecía causarle malestar a las chicas. Luan estaba por apagar la cámara cuando por última vez tocaron a la puerta ese día. Cuando Luna fue a abrir se encontró al señor Grouse llegando junto a Lynn.
—Feliz Navidad, Louds. La niña me invitó a pasar la Navidad con ustedes dado que no pude ir con mi familia este año. ¿Está bien?
—Ah… —Luna se giró para mirar a su padre, quien le levantó el pulgar en señal de aprobación—. Sí, está bien, pase señor Grouse. ¡Y tú dónde te habías metido, chica!
Lynn con fastidio entró.
—Me ocupé buscando un regalo.
—¿Y dónde está el dichoso regalo?
—Todo estaba cerrado, por lo que al final no conseguí nada —entonces nota a todos los presentes, destacando a alguien en particular—. ¡Oh! Hola, Lori. ¿Me perdí de algo? ¿Ya comieron o abrieron los regalos?
Su madre le respondió.
—Los abriremos después de comer, que es lo que íbamos a hacer en este momento.
Lynn también distinguió entre la multitud a su hermano con el accesorio del muérdago que Luan le había pegado en la cabeza, lo que la hizo reír.
—¡Te ves ridículo con esa cosa! ¿Por lo menos te sirvió y alguien ya te dio un beso?
Lincoln se abochornó y miró una vez más a Ronnie Anne y a Stella. La primera se adelantó a responderle antes que él.
—Sí, todas ya lo hicieron. Lamentablemente llegaste tarde para ver el mejor beso que recibió hasta el momento.
Stella le sonrió con burla.
—Sí. Lamento que tú también te lo perdieras, Ronnie Anne.
Parecía que la latina estaba por responderle con algo hiriente, cuando Rita rápidamente intervino contestándole a Junior.
—Sí, cariño. La broma de Luan terminó. Incluso todas tus hermanas también besaron a Lincoln.
—Vaya. Bueno, vamos a comer. Me muero de hambre.
Su padre estaba por indicarle que fuera por la mesa, cuando Luan intervino con la cámara lista.
—¡Espera! La única que falta por darle su beso eres tú. Hasta las señoras Santiago y Casagrandes lo hicieron, también Carlotta. Todas las mujeres presentes ya le dieron uno, también papá y el abuelo… y Clyde por alguna sospechosa razón.
El susodicho se avergonzó golpeándose la frente con la palma de la mano. Stella se mostró pensativa.
—En realidad mi mamá tampoco besó a Lincoln.
—¡A mí no me metas en esto, Stella!
Luna divertida también intervino.
—Sí, hermana. Dale un besito a Lincoln para que todas estemos parejas.
—Sí —Lola la secundó con burla—. De esta no te salvas. ¡Besalo tú también!
"¡Que lo bese, que lo bese!" —varios comenzaron a corear, no solo las chicas Loud junto a sus abuelos, sino también la familia de Ronnie Anne, Sam, los McBride y hasta el señor Grouse se unió.
Algo fastidiada, la matriarca de la familia apuró a su hija.
—Junior, sólo ve y besa a tu hermano para que podamos comenzar a comer y que todo regrese a como estaba antes.
Como si no fuese nada del otro mundo, Lynn se encogió de hombros y se acercó a Lincoln hasta quedar frente a él. Luan retomó la grabación pensando en cómo a futuro podría molestar a su hermana con esta.
—Lamento no haber podido conseguirte un regalo, apestoso.
—Está bien, Lynn. Lo que me alegra es que pudieras llegar a tiempo para acompañarnos.
—Bueno, pues… Feliz Navidad.
Lynn con sus manos al igual que Sid lo hiciera, lo tomó por ambas mejillas y le plantó un besó…
…justo en la boca.
Todos, con excepción de Sid, jadearon con horror ante el impacto de la sorpresa.
—Y eso que dijo que no le tenía ningún regalo.
Ni siquiera Luan se había reído del chascarrillo que soltó la amiga de Ronnie Anne.
El beso de Lynn se profundizaba tanto, que inconscientemente estaba inclinando a Lincoln hacia atrás, quien para no resbalar y caerse la abrazó. Sid comenzó a sentirse incómoda.
—A… Ronnie Anne, creo que me equivoqué. ¿Esa no se supone que también es una de las hermanas de tu novio?
Ella no le contestó, asustada por la manera en que notaba como las bocas abiertas de esos dos continuaban moviéndose rítmicamente sin despegarse ni un instante.
Carl hizo una mueca.
—¡No mam#s! Que asco.
Tal vez su madre o su abuela lo hubieran reprendido por la grosería que soltó en español, si no fuera porque desconcertadas, tampoco ellas podían despegar la mirada de la manera en que esa chica parecía tener la intención de asfixiar a su hermano al meterle la lengua hasta la garganta. Sid se apresuró con sus manos a acercar a su contrariada hermanita contra ella para taparle los ojos, del mismo modo que Leni lo hizo con Lisa y Rita con Lily.
Sam, que a diferencia de su novia le había tocado vivir con más prejuicios por sus preferencias durante su niñez y juventud, se sintió sucia por lo que se le escapó de los labios
—Esto es tan aberrante…
Su hermano, que la aceptaba y la quería, el cual y gracias a ella terminó por involucrarse a favor de movimientos de comunidades con preferencias alternativas susurró.
—...Tan anormal.
Hasta los señores McBride, siempre tan abiertos y comprensivos ante todo, parecían tan repugnados como el señor Grouse.
Luan, sin soltar la cámara le susurró a Lucy.
—Oye… ¿sí le aclaraste que el beso debía de dárselo en una mejilla?
Lucy, que se había recorrido el flequillo de los ojos para ver mejor el modo en que ya no sólo las manos de Lynn le acariciaban el cabello a Lincoln mientras el beso continuaba profundizándose, sino que Lincoln también hacía lo propio con la coleta de Lynn, murmuró sintiéndose por vez primera muy escandalizada.
—No… no me acuerdo.
Albert y Myrtle, que a pesar de sus profesiones de las que se habían jubilado tras años de servicio, habían visto cosas hasta peores, tampoco es que la estuvieran pasando bien al ver a dos de sus nietos haciendo eso. Con todo y que no se trataban en realidad de sus nietos biológicos, a Myrtle la escena le perturbó tanto como a su esposo.
Stella, que había quedado paralizada por completo, casi grita cuando su madre la hizo reaccionar al tomarla por el hombro con brusquedad.
—¡Suficiente! ¡Tú y yo ya nos vamos!
Debido al espectáculo que Lincoln y Lynn seguían ofreciendo, nadie prestó atención cuando ambas invitadas, madre e hija, abandonaron la casa.
Bobby carraspeó dirigiéndose a Lori.
—Bebé. Ah… ¿No debería alguien de… separarlos, o por lo menos… echarles agua o algo?
Ante la observación de Bobby acerca de lo más que obvio que alguien debió de haber hecho por lo menos hace cinco minutos, los señores Loud y la misma Lori dieron un paso al frente al unísono cuando…
…Lynn separó su boca de la de su hermano, que quedó con la lengua colgando. Ofuscada, ella lo soltó y Lincoln cayó al suelo.
—Bien. Eso fue divertido. Oye, apestoso. Luego me cuentas quién fue la que te dio el mejor beso, si Ronnie Anne o Stella.
Lincoln bastante atontado se limpió la boca con el antebrazo. Tenía la mente casi en blanco. Su sonrisa era muy amplia y apenas y recordaba los besos de sus amigas, que para esos momentos creyó que habían sido tan castos como los que el resto de sus hermanas le habían dado.
—Ajà. Ah… vamos a comer.
Ronnie Anne creyó que no podría comer nada debido a que sentía el estómago revuelto. Pensó que tal vez había sido muy injusta con Laird. Lincoln podría irse al diablo, o Stella podía quedárselo si aún lo quería, ignorando que de camino a su casa, esta no parecía estar poniendo tantas objeciones a las advertencias de su madre de que no quería que volviera a juntarse con ese muchacho.
Lincoln todavía atontado se dirigió a la sala para buscar dónde poder sentarse. Pasó junto a Luan a quién le dijo.
—Sabes… creo que esta fue la mejor broma que se te pudo llegar a ocurrir. Gracias.
Entonces todos miraron de mala manera a la comediante, como si la responsabilizaran por lo que ocurrió, algo que ella sintió muy injusto, después de todo… aparentemente fue a Lucy quien se le olvidó especificarle a Lynn que debió de besar a Lincoln en la mejilla, por lo que ella…
—Bueno… vayamos ya a comer. —Anunció el padre de familia sumamente consternado.
Ese año la comida de Navidad fue demasiado silenciosa e incómoda. Una vez que terminaron, los invitados se marcharon al instante, las hermanas y Lincoln abrieron sus obsequios, y nadie que no fuese Lincoln o Lynn, fueron capaces mantenerse felices u optimistas.
Nadie volvió a hablar del tema ni ese día ni después. Tras quemar la cinta de lo que aquel día se grabó, Luan se reformó y no volvió a hacer ninguna broma que involucrara a su hermano o a Lynn en toda su vida…
…Aunque muchos, pero muchos años después y sólo por desquite, considero seriamente ensañarse con una seguidilla de bromas a su sobrina Lacy.
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Cerca de 7000 palabras en un sólo día. Estoy muy cansado, pero… condenadamente satisfecho. Los veo mañana. ;-)
