— Candy White —gritó el menor de los hombres— pero, ¿Qué haces aquí? —inquirió el rubio mientras se acercaba a la joven que le miraba asombrada y recibía un beso en la mejilla.
Joder.
Sacudió la cabeza la chica. ¿No podía haber aparecido en otro momento?, se lamentó. Un problema más.
Lo que menos se imaginaría en toda su vida: volver a ver el molesto rubio que la acosaba en las materias que tomaron en la universidad. Era un grano en el trasero, tener que liderar con la insistencia de que salieran o cuando parecía un chicle en el cabello, siempre pegado.
Era como si tuviese un imán y la encontraba en cualquier lugar que ella se escondía.
Terrence se puso de pie y miró aquella escena; curioso y molesto por lo que esto podría significar: «Ella era una vividora que había tratado de conseguir algo con mi hermano», pensó sin dejar de verla.
— ¿Anthony? ¿Tú? —sentía confusión la pecosa.
— El mismo que viste y calza, sin embargo, desvestido, me veo mejor —dijo el joven, guardándose las manos en los bolsillos del pantalón. ¿Había un deje de diversión, o tal vez de burla, en su voz?
— ¡Anthony! —intervino Richard, esto no pintaba bien, para nada
— Dime ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por fin te diste cuenta qué soy el mejor partido para ti? —le preguntó el rubio, sin dejar a un lado la burla.
Esto era el colmo.
— Estás hablando con mi esposa —Terry gruñó las palabras, mirando fijo a la rubia que no encontraba donde poner sus ojos, ya que, todos aguardaban a una aclaración. El castaño odiaba cuando su hermano, menor que el, se portaba como un tarado frente a las mujeres, logrando muchas de las veces que estas cayeran directo a sus pies.
En el fondo temía que Candy fuese una de las tantas chicas con las que su hermano tuvo aventuras durante sus años en la universidad.
— Explica Richard, ¿qué hace ella aquí? —nuevamente preguntó la mujer del magnate mientras apretaba sus puños. Desde el momento en que la vio junto a su esposo, su corazón latió sin frenos. Era un leve dolor, uno de esos que sentía cuando los recuerdos llenaban su mente y solo deseaba salir corriendo y olvidar.
Todos esperaban que el hombre hablase, sin embargo, otro fue quien tomó la palabra.
— Se acuerdan de la chica que estuve tres años detrás y no conseguí ni una cita —recordó su basta insistencia y los tantos no de ella— pues, aquí la tienen. —confesó Anthony— Y ahora resulta que es mi cuñada.
Terrence por fin pudo respirar, lo peor que podía suceder es que ella hubiese sido de su hermano y él se la quitara, el rubio era primero ante que cualquier relación amorosa.
Incluso si se trataba de su recien adquirida esposa.
— Ahora sí, ¿Me vas a decir por qué nunca me diste una oportunidad? —se acercó ella de forma sigilosa y sin quitar los ojos de los de rubia. La muchacha lo miró detenidamente, era demasiado vanidoso para su gusto y no sentía más que una posible amistad por el chico.
— No estaba para juegos —por fin dijo sin miramientos— mis estudios eran primero y tú solo buscabas diversión. —respondió comenzando a molestarse por las preguntas sin razón que le hacía.
— Te lo perdiste. —dolido por la respuesta, caminó devuelta al lado de su madre, —Soy el mejor partio de la universidad— dijo aquello con toda la naturalidad del mundo
— Sigues siendo el mismo vanidoso de siempre. —comentó en un susurro Candy,
—Tal vez lo soy —admitió— Y ahora, eres la mujer de mi hermano ¡Qué vueltas tiene la vida!
El silencio se hizo presente en aquel estudio mientras se procesaban las palabras recien dichas por ambos. Un músculo en la línea de la mandíbula de Terry se movió al pensar que si Candy hubiese aceptado salir con Anthony, las cosas fueran aún peor.
— ¿Richard? —exigió sin más que mencionar el nombre de su esposo, la mujer que seguía contemplando la joven frente a ella.
— Desde que me enteré de todo esto del matrimonio de Terry, decidí investigar a Candy y contraté un equipo especial que la seguía de día y noche —habló con toda la naturalidad del mundo, mientras las piezas del rompecabezas de la joven se colocaban en su lugar. Miró a su hijo y le sonrió de medio lado.
Ahora más que nunca se encontraba convencido de que había sido una excelente idea, aunque en un principio sonara descabellada.
Terrence se metió las manos en los bolsillos del pantalón, como si no sucediera nada, como si Richard no estuviera compartiendo datos de suma importancia.
El rey vuelve a hacer una jugada maestra.
«Como siempre, un paso adelante de todos, padre», reflexionó el castaño, sin saber si reír por la astucia de su progenitor o molestarse, al darse cuenta de que no pensó en ello.
— No tenía claro el tipo de mujer con la que tendría que tratar y era mejor saberlo de ante mano. —confesó de forma tranquila— Así que cuando hoy me llamaron que Candy se dirigía al aeropuerto con equipaje —volvió la mirada a la joven quien seguía fija observándole— No dudé en involucrarme.
— ¿Cómo sabía...?
— ¿Del bebé? —cortó a la rubia para responder la pregunta— Lo sé desde el momento que saliste de la farmacia y mis hombres se aseguraron de recolectar las pruebas que te hiciste. —ahí estaba, todo el tiempo vigilada y no se dio cuenta.
¡Ingenua! Eso había sido.
Se sintió tonta al pensar que gente como esta la dejaría irse y tener una vida tranquila junto a su bebé.
Este hombre era más poderoso de lo que imaginaba.
— ¿Por qué no me dijiste antes? —inquirió Terry lleno de dudas. Su padre sabía de su hijo y el ni idea.
— Esperaba que Candy te dijera, pero ella ya me ha contado y el porqué no lo hizo. —miró fijo a su hijo y procedió— Y no la culpo.
— ¿Qué estás diciendo papá? —gritó molesto— ¿Estás de acuerdo con que ella no me dijera nada acerca de mi hijo, tu nieto? Es lo último que esperaba escuchar de ti.
— ¿A caso tú te has sentado a hablar con Candy sobre todo lo que pasó sin juzgarla? —contestó con otra pregunta— No, no lo has hecho. Te has encerrado en tu mundo y no has dado pie a nada más que a lo que tú sientes.
Era verdad. Sus heridas se habían abierto y no la dejó hablar. Además, le molestó que aquella chica lo hubiera rechazado. Porque sí, ella se portó con el como si le hastiara el que estuviesen unidos.
— ¿Acaso esperabas otra reacción? —le preguntó a Richard en un tono irritante.
— Probablemente, sí —le respondió con franqueza— Te he enseñado para ser mejor que esto.
— Ven lo que esta mujer ha logrado.—habló Rosmery consiguiendo que todos volvieran la vista a la rubia— No la quiero en mi casa. —añadió incómoda.
— Créame, señora, que yo tampoco deseo estar aquí —habló por primera vez la más joven de las rubias. No se dejaría pisotear por ellos, quizás no tenía el dinero que gozaba esta familia, no obstante, poseía su orgullo y dignidad.
— Eres una insolente —dijo la mayor. ¿Quién se creía para contestarle de esa forma?
— Candy se queda y punto. —le cortó el mayor de los Granchester
Era la primera vez que su padre le hablaba a su madre de esta forma, nunca se le imponía y todo lo que decía Rosmery en aquella casa era ley.
Ella era la reina y ahora una muchachita le quitaba su puesto.
— No voy a dejar que la madre de mi nieto ande deambúlate sin un techo fijo. —comentó al notar su incomodidad. Tuvo la sensación de que este sería un tema espinoso con su mujer— Decirle que se vaya a un hotel no es lo recomendable en su estado y necesita los cuidados que solo nosotros podemos darle.
El hombre caminó hasta llegar frente a su mujer, tomó su mano y con la otra acarició su mejilla derecha. Sabía del buen corazón de ella y cuánto amaba a su hijo y por ello quería apelar a esos sentimientos.
— Es nuestro nieto. —dijo en espera que aceptara, la mujer volteó a otro lado, sí que su marido la conocía y sabía tocarle su punto débil— Me preocupa lo que le podría suceder a ambos sin nuestros cuidados.
— No quiero más discusiones entre ustedes. —Exigió la mujer dejando a entender que la aceptaba, no obstante, con sus reglas.
— Te aseguro que todos —dijo mirando a sus hijos y luego a la chica, quien dudosa observaba como la mujer controlaba a aquel hombre que a simple vista daba miedo— Haremos lo mejor por llevar la fiesta en paz. —le sonrió y el abrazó su esposa para luego pedirle al mayordomo que recien llegaba subiera el equipaje de la muchacha a una de las habitaciones de huéspedes.
— No —interrumpió Terry, logrando que todos voltearan a verle— Coloca las cosas de mi esposa en mi recámara.
Candy iba a refutar, sin embargo, la mirada de Richard hizo que desistiera. Entendiendo que hay batallas que deben no pelearse y simplemente dejar pasar. El ambiente en la casa no era el mejor para discutir con Terry.
Ya tendrían tiempo.
—Candy descansa. Has tenido un día muy largo. Seguro que mañana ves las cosas diferentes y más tranquila. —sugirió el mayor de los hombres— Nana, por favor llévala a la habitación y que le suban algo de comer. La mujer asintió y sonrió a la chica.
— Gracias —solo respondió mientras comenzaba su caminar junto a Ponny, quien había tomado su mano y la guiaba.
—Un comienzo prometedor —se burló muy Anthony.
— Este no es momento de tus chistes.
— Madre, acaso no ves que ella parece un animalito asustado. —dijo visiblemente enfadado. Sentía algo hacia la chica que no podía descifrar y hoy nuevamente volvió a tener ese deseo de estar junto a ella.
De cuidarla.
— Ella debería estar feliz de ser aceptada en esta familia —comentó la rubia en un tono que no le gustó al muchacho— Ahora tendrá lo que deseaba: salir de la miseria en que vivía.
— Creo que ustedes no han entendido —habló molesto por las palabras de su madre— Si esa muchacha hubiese querido dinero, ella estuviera ahora mismo conmigo y no pasando todos estos problemas contigo, Terry —apuntó a su hermano.
— ¡Anthony¡
— No madre. —cortó molesto— Esa mujer que estás tratando como poca cosa, ella es alguien que merece toda mi admiración y respetos —continuó en un tono enfadado; porque a diferencia de nosotros, ella ha tenido que luchar sola y nunca tomó el camino fácil.
— Tú no comprendes lo que ha pasado —arremetió molesto el castaño al ver como su hermano defendía a su ahora mujer.
— El que no entiendes eres tú. —dijo enfadado— Voy a descubrir todo y cuando suceda te aseguro que no tendré el mínimo problema de criar a tu hijo como mío. —le gritó al castaño— Te la voy a quitar y lamentarás todo esto que le estás haciendo pasar.
Terry se levantó molesto, camino a romperle la cara, no obstante la figura de su padre le impidió seguir. Esto era lo peor que podía existir, sus dos hijos, discutiendo por una misma mujer.
— Anthony es mejor que te retires. —exigió Richard. Debía bajar las aguas que sofocaban la habitación en ese momento. Recién hubo logrado que su esposa aceptará a la muchacha en la casa y ahora esto.
— Me voy, pero ten por seguro que no dejaré que nadie, ni siquiera tu madre, la traten de forma inadecuada.
El rubio dio media vuelta y salió de aquel lugar directo a su habitación, mientras se juraba a sí mismo el defenderla de todos y si tenía que robársela, lo haría.
oOoOoO
Hola bellezas...
Uy llegó un defensor para la rubia y este es de armas tomadas.
¿Creen que Anthony se la robe?
