"A veces, no entendemos el valor de la persona hasta que ya no está a nuestro lado, cuando a veces ya es muy tarde."

Candy sintió como el calor de la luz del sol besaba suavemente su rostro, se removió en la cama complacida con lo suave de las sábanas que arropaban su cuerpo.

Trató de abrir de forma perezosa los ojos, no obstante, los volvió a cerrar de inmediato. Le pesaban los párpados como si fueran de plomo y la luz que entraba por los ventanales todavía le molestaba.

«Qué rico se sentía dormir más tiempo», pensó mientras trataba de recordar la última vez, que por causa de su embarazo, durmió más de 5 horas.

Había dormido como nunca en las pasadas semanas, estaba relajada, tranquila, entonces notó el peso de unos brazos en su cintura, el calor de un cuerpo junto al de ella.

Era diferente al suyo.

Y entonces todas sus alarmas se activaron como aquel nefasto día en Las Vegas.

«Que no sea Terry, por favor», rogó en sus pensamientos aún con los ojos cerrados.

No podía ser el. No.

Esto debía ser una pesadilla. «Que no sea el.», volvió a suplicar.

La idea de revivir aquella escena de Las Vegas le asustaba. Su respiración cambió a un tono agitado; no quería abrir los ojos.

Estaba cansada de todo y lo último que deseaba era volver a pasar por aquella humillación.

Sentirse tratada como una cualquiera, cuando solo con él había compartido un momento tan íntimo. Su deseo de que su primera experiencia fuese un sueño, se convirtió en pesadilla.

Las duras palabras de Terry aún hacían eco en sus mente:

—Es lo más infantil con lo que me han querido atrapar.

—No eres la primera que trata comprometerme, pero esto es lo más tonto con lo que habían hecho jamás.

—Si tu intención era comprometerme para que me sintiera atrapado con la brillante excusa de ser el primero, te informo que no estamos en la secundaria y que esto no tiene ningún valor en la actualidad y menos para mí.

—¿Si lo que buscabas era dinero? Esto es todo lo que obtendrás de mí. Cuando vuelva no quiero verte aquí.

El recuerdo de la cama llena de dinero le dolía, jamás pensó que alguien le pusiera precio.

Apretó aún más fuerte sus ojos para evitar llorar; y peor aún abrirlos y encontrarse con la dura mirada del castaño. No quería repetir aquel suceso tan horrible.

¿Por qué nuevamente tenía que vivir esta escena en su vida? ¿Acaso no estaba pagando ya el error de una noche para volver a repetirlo?

Entonces sintió como una mano acariciaba su brazo suavemente, brindándole calor, y tranquilidad.

¿No podía ser Terry? ¿Entonces quién estaba junto a ella? Abrió los ojos de golpe para encontrarse con los del hombre que una vez más dormía junto a ella.

Él vio la sombra de la angustia en su mirada y entendió que su mujer se hallaba reviviendo aquel momento en el hotel. No era un tonto y sabía que lo hecho estuvo muy mal.

La muchacha que ahora compartía su cama no había utilizado ninguna treta para engatusarlo, el recuerdo de él tomando la bebida y pasándosela a ella le aseguró que no fue la joven y el hecho de que la rubia siempre permaneció a su lado.

No hubo momento en que no estuviesen juntos. Era casi imposible que Candy pusiera algo en su bebida, cuando el tenía todo el tiempo su mano entre la suya.

—Tranquila, pecosa. —susurró suavemente sin dejar de tocarla— Debiste haber tenido una pesadilla.

Tragó saliva a espera de que esté le gritara o le dijera un montón de cosas humillante, sin embargo, en su lugar se encontró con unos ojos tan azules como el mar que la miraban de forma dulce.

Su rostro mostraba placidez mientras dejaba de acariciar su brazo para tomar un riso rebelde que se posaba en su cara y lo colocaba detrás de su oreja.

Se sentía sofocada, la cercanía con Terry, de esta forma tan íntima, le provocaba sensaciones difíciles de explicar.

Lo último que recordaba era el haberse sentado en el sofá y más nada. Sabía que estaba muy cansada, pero no al extremo de dormirse y no despertar hasta la mañana.

¿La había llevado Terry a la cama? Sí, tenía que haber sido él.

Alzó un poco las sábanas y echó un vistazo debajo de ellas. Estaba en ropa interior. Sus mejillas se llenaron de un tono rosa mientras volvía su mirada al hombre junto a ella.

—¿Por qué...?

—Pensé que dormirías mejor así —la interrumpió— que con toda esa ropa tan incómoda que cargabas. —confesó al darse cuenta de lo que Candy iba a preguntar, había tenido una de las mejores noches en muchos meses y para su suerte fue junto a su esposa.

De hecho, hacía bastante tiempo que no dormía tan bien.

— No te preocupes, te vi, pero no te miré.

—Eres un descarado —su voz salió en un tono defensivo mientras apretaba la sábana junto a su cuerpo. Había sonado más chillona de lo que hubiese deseado, pero los nervios le ganaron.

Él sonrió de medio lado al notar a actitud de su esposa y la atrajo con su fuerte brazo a ella. Entonces fue el momento de darse cuenta la joven de la dureza del pecho desnudo hombre junto a sus manos.

—No te iba a dejar dormir en un sofá tan incómodo y menos en tu estado —pronunció el y ella le contempló a detalle por primera vez desde que sus ojos se abrieron.

Su pelo castaño estaba despeinado.

«Sin importar como estuviese, es hermoso... No. Estar hormonas deben tranquilizarse», pensó mientras deslizaba su vista por el rostro del hombre junto a ella.

Detalló la breve barba que le estaba naciendo, nunca se había fijado en su cuello y en especial nunca había tenido una vista tan exquisita de su pecho.

«¡Deja de mirarlo, ¡pareces hambrienta!», se reprendió a sí misma volteando a otro lado de la habitación.

—No debiste traerme a tu cama —dijo Candy en un tono molesto mientras trataba de alejarse del joven.

—Tranquila mujer, sé que disfrutaste el dormir conmigo —declaró en un tono jovial que logro molestarla aún más.

Candy abrió sus grandes ojos indignados por como el daba a entender que ella había pasado una excelente noche, lo cual era verdad, no obstante, jamás lo diría.

Terry la miró fijamente, su cabeza se encontraba llena de pensamientos confusos, sabía que debían hablar. La observó con sumo detalle mientras aún la acorralaba en la cárcel de sus brazos.

«Mi mujer», pensó al analizarla con brevedad.

—Candy, tenemos que hablar. —apuntó al fin.

—Tú ya has hablado suficiente antes, creo que lo mejor es que cada uno este en su espacio mientras determinamos que va a pasar con este matrimonio y organizamos el futuro de mi hijo. —le dijo en un tono seco, pero decisivo.

—Nuestro hijo —corrigió mientras la soltaba y se levantaba para salir de la cama. La joven le estaba poniendo difícil el llegar a un punto medio.

—No tienes que sentirte obligado a nada con él, yo puedo criarlo sola. —arremetió la joven. Él frunció el ceño y entonces apretó los labios en una línea recta notando el enojo que tenía en este momento.

—Déjame aclararte algo —dijo en un tono que hizo que los cabellos de detrás de la nuca de la joven se levantaran— Es mío y ni tú, ni nadie me va a alejar de él, más que mi responsabilidad, es mi deber como padre y desde ahora deseo que entiendas que voy a estar quieras o no.

El hombre se dirigió al baño dejándola aún más confundida que antes.

¿Realmente acepta al bebé? Terry estaba acogiendo al niño como suyo y no había negado o pedido prueba de paternidad.

Una pequeña sonrisa brotó en su cara y tocó su plano vientre.

—Tu papi te quiere mi amor —le dijo al con el tono más dulce que jamás pensó tener. Su mayor miedo es que su hijo fuese rechazado y humillado por el, no obstante, estaba decidido a estar ahí para su bebé.

Un toque en la puerta le informaba que alguien deseaba verlo, el le dio paso y se encontró con la mirada de Richard, el hombre que había tomado el lugar de su padre y a quien quería y admiraba.

—Buenos días, hijo —saludó mientras cerraba la puerta detrás de él— ¿Tienes un momento disponible? Me gustaría hablaramos un rato

—Por supuesto padre, buenos días. —respondió para luego ambos dirigirse a la pequeña sala junto al enorme ventanal.

A diferencia de la habitación de Terry, la de Anthony era de colores muy alegres. El azul cielo era el rey de aquel lugar junto a una enorme cama y fotografías familiares y de los sitios que había visitado en sus tantos viajes por el mundo.

Richard lo observó mientras recordaba al rubio de chico como corría a el cada vez que llegaba de trabajar. Era la alegría del hogar y quien había transformado a su hijo con el amor de hermanos que hubo crecido entre ellos.

«Siempre ha sido un niño de luz y muy dulce. Desde el primer día que te conocí, comencé a quererte como si fueses mío», pensó el mayor de los hombres.

—¿Qué sucede? —preguntó Anthony preocupado por la temprana visita de su padre.

—Quiero hablemos de tu hermano, su esposa y tú — dijo de forma seca— ¿Qué sientes por ella? —Inquirió directamente al rubio, sin rodeos o preámbulos. El joven abrió los ojos ante la pregunta y por unos segundos se detuvo a prensar en la respuesta correcta.

—No sé como explicarlo, padre —confesó el joven.

—¿Te gusta? ¿Te sientes atraído por la mujer de tu hermano? —dijo esto haciendo hincapié en la palabra «hermano», quería que cualquier cosa que pasará ellos siempre recordaran que eran hermanos, quizás no de sangre, pero lo eran.

—No me gusta de la forma en que estás pensando.

—Ilumíname —pidió el mayor.

—Siento por ella algo que no puedo explicar. —Tomó aire y comenzó a moverse por todo el lugar— Desde la universidad, he sentido este deseo de estar cerca de ella. No obstante, reconozco que mis sentimientos no son del ámbito apasionado, como imagino que son los de Terry. —informó dejando salir el aire que aprisionaba en su peco.

—Tengo la necesidad de protegerla de todos y lo voy a hacer. —dijo de forma decisiva.

—Creo entenderte —confesó el hombre. El mismo reconocía que desde el momento que la vio en el aeropuerto sintió igual que el rubio. Quizás fue el saber que ella llevaba a su nieto en su vientre o esos ojos que juraba haber visto antes.

—Voy a cuidarla de todos, padre. —arremetió mirándolo a la cara— Aunque me cueste tener a Terry molesto conmigo.

—No creo debas llegar a tanto —interrumpió— tu hermano y tú siempre han hablado todo y esta vez no será la excepción.

—Padre...

—Nada —pronunció en un tono molesto le dirás esto mismo que me has contado a Terry.

El hombre se puso de pie y caminó a la salida de la recámara. Se detuvo unos segundos frente a la puerta y volvió la mirada al rubio.

—Espero el mensaje de que hablaste con Terrence antes del almuerzo. —Y diciendo esto salió del lugar cerrando detrás de el.

Gotas de sudor bajaban por su frente, estaba angustiada y suplicaba porque el hombre saliera pronto del baño.

—Por favor, sal de ahí. —rogó apretando más la mano que tenía colocada en su boca, tratando de evitar que sucediera un desastre en aquella cama.

Era lo normal, al despertarse, sus náuseas llegaban y hacían que devolviera todo lo que hubo comido el día anterior.

Terry salió luciendo un elegante traje gris, su pelo mojado y pulcramente peinado, cuál modelo de revista.

Ella tomó la sábana que cubría su cuerpo desnudo y salió corriendo, pasando de forma brusca junto al hombre que le miraba confundido.

Al ver la taza del baño no hizo más que tirarse al piso y hacer aquello que desde varios meses atrás se había convertido en costumbre. Él se acercó a Candy, tomó su pelo para evitar se ensuciará y acarició su espalda de forma suave mientras ella terminaba aquella horrible tarea.

Terry le ayudó a levantarse, ya que no tenía las fuerzas para hacerlo por sí misma.

—Qué vergüenza... —murmuró en el momento que bajó su cabeza para lavar su cara y boca. Era lo peor que podría haberle pasado, que el la viese devolviendo hasta el alma.

—No lo es —dijo en un tono consolador— ¿Esto sucede todos los días? —inquirió con curiosidad y preocupación en su voz.

—Sí, desde que abro los ojos. —Terry la miró comprendiendo lo que ella estuo pasando mientras el estuvo en el baño

—¿Por qué no entraste?

—No quería molestarte —respondió mientras se secaba la cara con la toalla que el le había pasado.

—Candy, tú no molestas. —dijo tomando el mentón de la joven para que ella le viese directo a los ojos — Tu salud y la de mi hijo es primero que cualquier cosa, de ahora en adelante me levantaré media hora antes para cuando despiertes tengas el baño solo para ti.

—Gracias —fue todo lo que pudo responder, ya que tenerlo tan cerca, mirándola a los ojos la llenaba de un calor que no le hacía sudar, pero le daba de escalofríos. Su corazón palpitaba como nunca antes en toda su vida.

«¿Qué estaba pasando?», pensó mientras veía como el castaño sonreía de medio lado y luego se marchaba dejándola en el baño.

oOoO

Hola bellezas, disculpas por la tardanza, alguien muy importante para mí pasó a los brazos del Señor y se me hizo casi imposible concentrarme para escribir.

Gracias a todas las que me han enviado motivación, sigan con la ardua tarea, mis musas se lo agradecen.

PD 1: Acosen a Palas para las fotos exclusivas que tiene

PD2: ¿Creen que Candy persone a Terry fácilmente?

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