Los engañaron y terminó odiandola: Boda en Las Vegas Cap 16 Audio Libro Novelas Románticas
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El sol aún no brillaba con la majestad que día a día lo hacía; como cada mañana, la mujer caminó por los pasillos del aquella gigantesca casa para encontrar a quien amaba como si fuese su propia hija.

Por años había sido la ayuda y compañera de los secretos más ocultos de Rosmery. Estuvo con los momentos más felices de su vida y en esos, cuyas heridas seguían en carne viva.

Todas las noches levantaba un clamor para que su niña sanara y fuese feliz.

—¿Sigues aún en el pasado, hija? —preguntó la mujer mayor mientras se acercaba a la rubia y tomaba de su mano el marco con la foto de aquellos que amaba más que a nada.

—Es imposible no recordarlos. —respondió sin dejar de mirar uno de sus más grandes tesoros— En pocos días es el cumpleaños de Anthony —un suspiro de dolor brotó de sus labios— y Antonella cumpliría también.

—Lo sé —comentó en un tono afligido, desde aquel día la vida de su niña cambió, de forma tan radical que aún podía ver la sombra de la muerte en sus luceros.

Sin importar que tanto tratase de ocultarlo al resto del mundo, Pony, sabía que ella no era completamente feliz.

—Duele mucho, nana. —Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas, tan familiares como aquellas en el que perdió a quienes amaba— Por mucho tiempo, Arthur y yo, intentamos tener hijos. Pero no pudimos, hasta que decidimos dejar de tratar y fue entonces cuando nos dieron la noticia de que nuestro más anhelado sueño se haría realidad y para mayor felicidad, gemelos.

— Una niña y un varoncito. —dijo sonriendo nana Ponny, recordando aquel día cuando por fin, luego de varios años de casados, el matrimonio Brower, por fin serían padre.

— Mis tesoros —susurró mientras las lágrimas continuaban surcando sus mejillas— Yo no debí obligar a Arthur a asistir a esa sección fotografía.

—No fue tu culpa hija —interrumpió la mujer mientras se acercaba a la rubia. No quería que Rosmery siguiese cargando por tantos años esa culpa. Era muy doloroso ver el sufrimiento y angustia que aún se plasmaba en sus luceros.

—Yo insistí, nana —gritó con un nudo ahogando su garganta— Él no quería ir, me dijo que deseaba estar todo el día en casa.

—No te hagas más daño Rosmery, por favor, no fuiste la culpable.

—Él no quería nana —arremetió una vez, sintiendo como la culpa corrompía su corazón— Lo obligué a salir.

—No te martirices más —la oyó decirle, sin embargo, no le prestó atención, su dolor era mayor que cualquier palabra de consuelo que le dieran.

— Ese día era el segundo cumpleaños de Anthony y Antonella —comenzó su relato mirando a un punto en la nada— Mis bebés estaban creciendo tan hermosos y saludables, eran los más bellos.

Sus recuerdos parecían brotar desde lo más profundo del corazón, donde los guardabas como tesoros de un pasado que jamás volvería.

—Arthur y yo éramos los padres más orgullos del mundo —continuó relatando su historia como si fuese la primera vez que nana Ponny escuchaba— La mañana fue perfecta; tuvimos un desayuno lleno de risas, juegos y besos.

—Aún me acuerdo hija —interrumpió la nana, volviendo en el tiempo a esos momentos en que su niña fue completamente feliz.

— Antonella estaba jugando alegre y le tiró todo el bizcocho a Anthony —comentó junto a una sonrisa en sus labios—, mi pobre niño, siempre tan bueno, comenzó a llorar —recordó sonriendo, mientras revivía aquel momento— Antonella fue una niña muy especial, no tenía miedo a nada y siempre sonreía.

—Todavía recuerdo la cara de Tony mientras ella le daba un beso para que dejara de llorar —una sonrisa se aproximó al rostro de la mujer— En ese momento hubiese querido tener uno de estos nuevos aparatos y tomarle una foto y guardarlo para siempre.

—Mi hija, nana, nunca imaginé que esa sería la última vez que la vería y ni siquiera pude despedirme de ella.

—No sabías que la tragedia llegaría ese día —interrumpió— no eres adivina hija, para conocer todo lo que depara el futuro.

—Arthur no quería salir, debí aceptar quedarnos en casa —dijo más para ella que a su interlocutora— Ese camión nos arrastró y tiró al río, no tuvimos tiempo de nada. —Habló con la respiración entrecortada— Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en el interior del agua.

El recuerdo del momento más trágico de su vida volvió a su mente, verse dentro del auto luchando por liberarlo de la cárcel que el automóvil se hubo convertido y la de sus seres queridos, recordó a su marido rompiendo la ventana para sacarlos y su cara llena de sangre por el impacto que recibieron.

—Mi esposo con todo y lo lastimado que se encontraba, nos ayudó a salir a Anthony y a mí, pero en el momento que trató de sacar a Antonella, fue muy tarde, el agua comenzó a hundir el auto —el dolor en su relato era palpable aún con el tiempo que había pasado, sus lágrimas llenaron su rostro— mi hija y mi esposo perdieron su vida.

—Por favor detente, esto te hace daño —le cortó deseando que parara y detuviera el martirio que era recordar ese momento.

—No te imaginas las veces que me he condenado por obligarlo a salir ese día—confesó con dolor— perdí a los dos, no pude despedirme, expresarles el amor que les tengo, que eran mi todo, no tuve tiempo de abrazarlos por última vez. —continuó con sollozos tan profundos como aquellos en que la vida le quitó tanto en minutos.

— No tengo una tumba para llorarles, llevarles flores o ir a contarle a mi niña que su hermano ha crecido y que no ha cambiado.

Enterró la cabeza entre sus manos para tratar de apaciguar el llanto que no le permitía hablar, por segundos sintió que volvía a aquel momento en que las aguas del río la asfixiaban.

—Se fueron sin poder decirles adiós —una mueca de dolor se presentó en su rostro mojado— No pude hacer nada, ya no están junto a mí para decirles cuanto los amo.

—No sigas, está lastimándote demasiado.

—No más que el que yo hice cuando no acepté quedarme en casa, fui irracional, voluntariosa y presumida —confesó— yo solo quería una foto de los 4 para mostrar al mundo entero la hermosa familia que tenía y los perdí.

—Debes pensar que están bien dondequiera que estén.

—Pero no estás aquí, junto a mí, como tenía que ser... Por mi culpa —arremetió con dolor y con toda la ira que llevaba dentro de sí por haber obligado a su esposo a que fueran a ese lugar— Si yo no hubiese insistido, ahora Arthur y Antonella estarían vivos.

—No hay nada que puedas hacer, ellos partieron y tú debes dejar de culparte por lo sucedido —dijo nana Ponny con los ojos llenos de lágrimas al ver el dolor de su niña.
—Hay momentos en la vida en que el hubiese no es parte de la realidad, debemos cerrar las heridas, mirar al frente y continuar nuestro camino a espera de lo que pasará a la vuelta de la esquina. —La mujer mayor la abrazó y acarició la espalda mientras la rubia lloraba sin parar.

Era una realidad injusta que la vida continuase sin ellos, sin embargo, debía resignarse, aceptar que jamás volvería a verlos y seguir caminando con las huellas del dolor a su espalda.

—Deja que descansen en paz hija, no vas a lograr que eso suceda, mientras no te perdones.

—No es tan fácil como lo dices, mi mente quiere salir de este laberinto oscuro, sin embargo, mi corazón sigue encadenado en el dolor y culpa que me agobia. —se separó de Nana y caminó al gran ventanal que daba al jardín— Nada es igual después de ese día, y aunque rio, estoy muriendo por dentro.

—Piensa en Richard, Anthony y Terry que tanto te aman —le recordó tratando de sacarla del lugar en que se encontraban.

—¿Crees que no lo sé? —susurró— estoy aquí luchando es por ellos, porque quiero que sean felices y no lleven este dolor y vacío como yo. Deseo que no me juzguen por lo que hice.

— Nadie lo hace, todo te amamos y sabemos que no fue tu culpa—insistió en un tono desesperado al ver el estado de Rosmery.

— No están ya, jamás los veré —

—Hija...

—Dejemos esto nana, —interrumpió— nada de lo que me digas cambiará el hecho de que no están y que soy culpable de ello. —Apretó sus ojos para calmar el llanto que continuaba sin cesar— Si solo hubiese una pequeña esperanza.

Pony se acercó a ella la tomó por los hombros y la abrazó fuertemente tratando con ello minimizar el dolor que llevaba la mujer en su interior.

Había salido casi corriendo del baño. Las sensaciones que experimentó cuando tocó su piel de su esposa le trajeron recuerdos que le hicieron despertar hasta el átomo más pequeño de su cuerpo.

Trató de calmar su respiración mientras se dirigía al comedor por las escaleras; con cada paso un nuevo recuerdo de esa noche venía a su mente.

Fash Back

—Tienes la sonrisa más bella que jamás he visto —dijo el castaño a la chica en su oído mientras bailaban en la pista.

Ella sonrió tímidamente y se dejó guiar por los pasos que el marcaba, era un ritmo diferente a lo habitual que bailaba.

—¿Te gusta la canción? —le interrogó el al darse cuenta de que ella está muy pendiente de escuchar mientras el la movía de un lado a otro como si fuese una pluma. Le gustó que ella se dejara guiar y llevar tan fácil, parecían que habían entrenado antes de este momento.

Él la observaba atento a cada movimiento de la muchacha, a brillo de su pelo cuando las luces le acariciaban y esa sonrisa que parecía iluminar todo el lugar.

—Está en español, no entiendo —le confesó un poco apenada por tener que acercarse a su oreja, susúrrale tan de cerca y oler su perfume. El joven sonrió ante la honestidad con la que ella hablaba. Le gustaba más con cada segundo que pasaba.

—Es una salsa —comentó acercándola aún más el. Candy tomó nota mental con el propósito de buscarla luego y guardarla como la canción que siempre le recordaría a Terry.

—¿Sabes español?

—Sí —respondió tocando levemente con sus labios su oreja— Es una lengua muy romántica y hermosa— ¿Quieres te traduzca lo que dice la canción? —la chica movió la cabeza de forma afirmativa mientras el miraba la profundidad de sus ojos verdes y lo expectante que se encontraban a sus palabras.

—Es una canción romántica, sobre el amor de un hombre a una mujer —comentó acercándola y prestando atención a las letras— Se llama Tu Me Vuelves Loco. —dijo el y ella se quedó por unos segundos analizando el título de la misma.

—¿Cómo puede ser romántica si trata de que lo está volviendo loco? —inquirió ella.

—Él no deja de mirarla, de buscarla y la mujer le ignora, el sufre porque la quiere y no tiene ninguna posibilidad. —hizo una pausa para escuchar nueva vez— Es un sentimiento imposible de alcanzar —tomó la mano de la chica y le dio una vuelta que la hizo caer en sus brazos— Es una súplica al amor no correspondido.

Ella sonrió, mientras le escuchaba a el cantar la última estrofa de la canción y la atraía a su cuerpo. Era como un sueño, ese del que no quería despertar.

La música cambió a una más moderna y el la tomó de la mano y la guio a la mesa que compartían con los chicos. La ayudó a sentarse, él y agarró las bebidas para hacerle llegar la de la muchacha.

El calor era el rey de la noche luego de haber bailado varias piezas seguidas y sin pensarlo dos veces ingirió aquel líquido de una, puso el vaso en la mesa y le hizo señas a ella para que hiciera lo mismo.

En segundos algo cambió y tomó la muchacha, la acercó a el y la besó de forma desenfrenada, com si su vida dependiera de la rubia. Por minutos, horas, no sabía.

Su único deseo era Candy y nada más. Al principio sintió que la chica no se dejaba llevar por el fuego que le estaba consumiendo, pero luego de unos segundos, ella también arropó lo que aquellas sensaciones que les envolvían.

—Vamos a otro lugar— musitó sin separarse de sus labios.

—No —dijo Candy, luego de unos segundos.

Él se alejó de su boca; sin embargo, no dejaba de acariciarla, debía que tenerla.

Cueste lo que cueste.

—¿No? —inquirió mirando sus ojos verdes. Nadie jamás le había dicho que no tan fácil.

Ella fue quien ahora de forma frenética tomo del elixir de sus labios. Era un beso lleno de necesidad, de hambre, de pasión. Él se dejó llevar, colocándola sobre su regazo sin separarse un milímetro de ella.

—¿Dime que tengo que hacer para que seas mía? —rogo entre beso y beso

—Me prometí esperar hasta casarme —le susurró sin dejar de acariciar sus labios con los suyos.

—Eso no es problema —dijo mientras colocaba su mano la cabeza de ella y la atraía más a sí— Cásate conmigo —habló como quien da una orden — Sé mi esposa —volvió a espetarle a la chica la cual seguía besándolo sin parar.

La quería suya y de nadie más.

Si el precio era casarse, entonces nada detendría que lo hicieran.

—Cásate conmigo —insistió nueva vez. —¿Dime que serás mi esposa? —preguntó mientras hundía sus dedos en el cabello de la mujer.

—Sí, quiero.

Él la tomó de la mano y saliendo de aquel hotel se prometieron a una capilla ambulante donde se juraría amor eterno y firmaría un acta de matrimonio dando paso a una boda en Las Vegas que no recordarían hasta muchos días después.

Ahora el hombre con disfraz de Elvy Presley era un ministro.

Salieron de aquel lugar con destino a la habitación del magnate donde convertirían en una realidad sus votos matrimoniales. Ella ahora era su mujer, suya como tanto deseaba.

Apretó su mano mientras subían y la trajo para volver a besarla.

Lo que pasó después lo dejo a la creatividad de ustedes.

Continuará...

oOoOoO

Hola belleza, disculpen la tardanza, me ha tomado mucho tiempo encontrar mis musas y que trabajen. Estos días han sido muy difíciles, pero ya estoy de vuelta.

Espero les guste este capítulo. Quejas con Palas...

Entonces Terry fue quien quiso... Una boda en Las Vegas.

¿Qué creen que pase ahora que el ha recordado todo?

Todos tenemos un momento en nuestro pasado que nos ha cambiado la vida, aveces hay que aprender de el y simplemente seguir caminando.