Disclaimer: Disney tiene todos los derechos de la película.


Justicia divina

-Tonta coneja con sus tontas ideas de coneja... ¡Ese limpiador es horrible! Yo solía venderlo con Finn, ¡ah! pero ¿ella escucha? No, por supuesto que no.

Nick caminaba por las calles de la ciudad, que a casi la media noche, ya estaban solitarias. Sería por ser policía o porque había vivido en esas calles por años, pero no les temía, la conocía como a la palma de su pata. Una pequeña lata que se cruzó en su camino pagó las consecuencias de su mal humor, siendo pateada con fuerza.

-Yo solo quería ayudar a la "señorita necedad", ser un buen compañero y apoyarla... pero no... me dijo "cretino-sabelotodo", ¡por supuesto que lo sé todo! Soy mayor que esa chiquilla granjera y conozco los trucos de la ciudad, pero si ella quiere creer en tonterías, bien, excelente por ella. Que haga lo que a ella mejor le funcione porque yo...

De pronto, del bolsillo del zorro cayó un llavero tejido, su compañera se lo había hecho cuando partió a la academia. Decía: "Nunca dejes de creer, que yo creo en ti".

- Maldita seas Zanahorias... controlándome a distancia...

Suspiró resignado. No sabía cómo, pero la coneja había logrado convencerlo, sin estar presente, de torcer el brazo por ella, otra vez.

Una ofrenda de paz era lo que necesitaba, una bandera blanca en forma de pastel de zanahoria con un té de flores era lo que iba a ofrecer. Por suerte para él, la cafetería que los vendía se encontraba abierta hasta la 1 am, cosa totalmente anormal en un negocio de ese estilo, pero era tan popular en la ciudad, que no terminaban hasta entonces. Muchos buscaban ir y cenar ahí, y dado el tumulto de mamíferos, era la hora en que podían terminar. Los dueños realmente no se quejaban.

El zorro corrió a toda prisa y consiguió llevarse la última rebanada de dicho pastel. Se puso en camino de vuelta a su departamento, listo para disculparse, aunque, para el registro, él seguía teniendo la razón.

Subió al décimo piso por el elevador, suspiró y abrió la puerta, preparado para perder una buena parte de su dignidad y orgullo con su pequeña compañera. Se asomó por el lugar, y vio que ella no estaba a la vista. Escuchó el agua caer en el baño y decidió que iría a la sala a esperarla, hasta que una pequeña voz le llamó.

- Nick... ¿eres tú? - Se escuchó desde el baño.

- Eh... sí Zanahorias, soy yo desde la última vez que revise... sé que dije que no volvería, pero sabes, eh... hacía frío allá afuera...

- Ya veo, Nick...

- No, espera, déjame continuar. - Iba a ser más fácil expresarse si no la veía a la cara. - Lamento todo lo que pasó hace rato, sé que tienes tus ideas y tus maneras de hacer las cosas, que tengo que aprender a escuchar y ser más flexible.

- De acuerdo pero...

- Por favor, déjame continuar. Fui un mal anfitrión y tú has hecho mucho por mí, debí ser más amable y saber escuchar, entonces, yo... te traje un regalo, es uno de esos pasteles horribles con pasas que te gustan... ¿qué dices? ¿perdonas a este viejo y necio zorro?

- Es muy lindo y todo Nick, claro que te perdono, pero...

- ¡No esperaba menos de ti Pelusa! Prometo dejar esas cosas que compraste y...

- Nick... espera...

- ¿Qué pasa?

- Creo que tenías un poco de razón después de todo...

- ¿Qué quieres decir?

- Que ese limpiador que traje sí es horrible... yo eh... me caí, no puedo moverme... ¿podrías levantarme?

- ¡Dulces galletas con queso, Zanahorias! ¡Ya voy!

El zorro nunca se sintió tan mal de tener la razón.