CAPÍTULO 34

Al despertar lo primero en captar su atención fueron los cabellos platinados sobre su pecho. No creía que pudiera acostumbrarse a ver a Satoru entre sus brazos cada día de visita.

Estaba durmiendo, lo cual era de por sí raro, no se había despertado cuando ella se movió un poco para poder apreciarlo mejor; un hilo de baba corría desde la comisura de su labio hasta su pijama, lucía tan adorable que le costaba creer que la noche anterior le había hecho cosas que no se atrevería a contar.

Acarició el brazo que estaba sobre ella, aprisionándola para que sus cuerpos estuvieran juntos. Sobre el hombro notó una marca morada, otra que añadiría su colección de "Gojo Satoru me pertenece": debería tener otra bajo el ombligo y una más en la entrepierna muy cerca de su hombría.

Había llegado el sábado ya tarde, probablemente había ido a buscarla en cuanto terminó el trabajo, volvieron juntos a casa de Utahime desde la escuela de hechicería, pasaron la noche amándose hasta muy tarde.

El reloj marcaba las ocho de la mañana. Estaba cansada, quería levantarse para ir al baño, pero sintió lástima en tener que despertar a Satoru para hacerlo. Podía contar con una mano cuántas veces lo había visto dormir para descansar de forma adecuada, incluida esta. Prefirió no moverse y le permitió dormir hasta que él decidiera que era suficiente.

Una hora después, Gojo recién comenzó a dar señales de querer salir del mundo de los sueños. Nadie sabía, pero tenía el sueño pesado cuando decidía que necesitaba un verdadero descanso. Los demás momentos, aunque "dormía" siempre estaba alerta, como un delfín: la mitad del cerebro apagado y la otra mitad despierta.

—¿Qué hora es? —alcanzó a decir antes de bostezar con toda la boca abierta.

—Casi son las nueve —respondió Utahime. Se había quedado viendo cosas en el celular en lo que esperaba a que Gojo despertara.

—Que tarde, no me di cuenta cuando me quedé dormido.

Volvió a bostezar y tomó asiento en la cama, rascándose la cabeza. Su cabello apuntaba en todas direcciones.

—Me alegra que descanses como una persona normal, es bueno para ti.

—Debió ser que drenaste toda mi energía anoche —Gojo estiró sus brazos al techo—... Fuiste bastante intensa.

Utahime se ruborizó ante el comentario y escondió su rostro valiéndose del celular.

—Es tu culpa —farfulló.

—Necesitas comprar una cama más grande.

Gojo quiso bajar de la cama, tenía el cuerpo entumido. Medía poco más de uno noventa, obvio una cama estándar no sería suficiente para él. Pasó por encima de Uta y aprovechó para darle un beso pequeño en los labios.

—Como la de mi departamento.

—Tú cama mide lo mismo que mi habitación… —renegó Uta.

—Entonces alquila otro departamento —propuso como si fuera tan sencillo.

—Me gusta este lugar.

—Pero no hay espacio para mí.

—No pasarás tanto tiempo aquí como para que amerite mudarme.

Utahime dejó el celular en la mesita de noche y miró a Satoru, solo llevaba el bóxer encima. Ambos ya se habían dado cuenta que Utahime era de usar pijamas y Gojo prefería dormir en ropa interior. Efectivamente, la marca en su vientre estaba ahí, ella sonrió orgullosa de su cometido.

—Sí quieres que te visite más seguido solo dilo, no tienes por qué poner esas excusas.

—No son excusas.

—Entonces compraré una casa en Kioto.

—¡No vas a comprar nada!

—Que quisquillosa eres… Nada te gusta —renegó poniendo mala cara.

—Más adelante, tal vez, considere mudarme.

—¿En dónde dejaste mi ropa limpia? Quiero bañarme.

—Está en el último cajón del ropero.

—¿No podrías haberme dado el primero?

—Sigue renegando y tendrás tu ropa en una bolsa para basura.

Utahime le aventó con la almohada, Gojo la esquivó perfectamente para después reírse de ella antes de salir a bañarse. La pelinegra se quejó más cuando se dio cuenta que no había ido a orinar y ahora Gojo estaba ocupando el baño.

Media hora más tarde Utahime preparaba el desayuno, Gojo estaba metido bajo el cobertor del Kotatsu, viendo la televisión. Iori pensó que sería una maravilla si ambos pudieran vivir de esa manera tan despreocupada para siempre.

Sirvió pancakes para el peliblanco y una taza de chocolate caliente. Preparó omurice para ella, además de café.

—¿Qué quieres hacer hoy? ¿Quieres salir a algún sitio? —preguntó Gojo.

—Estoy un poco cansada para salir, también tengo trabajo, preferiría quedarme en casa. Si tú quieres hacer algo, adelante.

—Pero vine hasta acá para estar contigo ¿por qué me iría solo?

—No lo sé, te gusta visitar lugares.

—¿Quieres deshacerte de mí? ¿Tan aburrido te parezco? —comentó indignado.

—Dijiste que no te veías en una vida cotidiana, así que solo estoy sugiriendo algo para que no te aburras.

—Eso es cierto, pero al menos dame el beneficio de intentarlo.

—Está bien —sonrió feliz. Gojo realmente se estaba esforzando en ser un buen novio, podía notarlo.

Terminado el desayuno, Iori llevó unos cuantos papeles a la mesa, Satoru seguía viendo la televisión, pero sintió curiosidad por lo que hacía ella.

Utahime sujetó su cabello en una cola alta, remangó su suéter hasta los codos y con un lápiz color rojo comenzó a garabatear sobre las hojas de exámenes de sus alumnos. Gojo la vio entretenido, adorando también su lado como profesora. No era de las que le gustaba llevar trabajo a casa, pero intuía que lo había hecho para poder estar con él y no tener que volver a la escuela.

—¿No eres muy estricta con los chicos? Son preguntas duras —dijo Satoru, quien había tomado una hoja para revisar de que iba el examen.

—Me parece que tienen el nivel apropiado para un chico de preparatoria —respondió sin despegar la vista de su tarea.

—Si yo respondiera este examen sacaría un cien.

—¿Qué opinas de esta respuesta? ¿Te parece suficiente?

Utahime le mostró la prueba que bastaba revisando. Todas sus preguntas eran abiertas, así que debía leer bastante en algunas e interpretar las respuestas de los alumnos. Gojo leyó y se quedó pensando unos momentos antes de emitir su juicio.

—Kokinwakashū es todo un clásico, me gustan más los poemas de invierno…

"Que, siendo invierno,

del cielo flores

vengan derramando,

¿será que tras las nubes

están en primavera?".

Recitó de memoria, Gojo.

—La respuesta es vaga, pero está bien —concluyó.

—No eres para nada estricto —suspiró Utahime.

—Estos niños no van a pelear usando poemas en formato waka.

—No, pero la cultura general es importante. Tendrán una vida, además de ser hechiceros.

—En eso tienes razón —Gojo hizo una mueca.

—Por eso tú sabes tantos datos inútiles…

—¡No son inútiles! Son para conversar —renegó al instante.

—¿Por qué no das también clases de historia? Te vendría bien hacer algo más relajado.

—No, soy más bien alguien práctico.

—Por eso los alumnos de Kioto siempre tienen mejores notas.

—Un número no representa nada.

Hubo un par de minutos de silencio, Uta enfocada en su trabajo, Satoru observando cada movimiento que ella hacía.

—Cuando termine iremos a comprar lo que falta para la comida.

—¿No quieres pedir algo? Dijiste que estabas cansada.

—No, quiero preparar algo saludable.

—Eres toda una señora… —cantó de forma burlesca.

—¿Algún problema? —renegó con molestia, partiendo la punta del lápiz sobre el papel.

—En lo absoluto.

Gojo la vio trabajar en silencio, quería conocer ese lado de Utahime del cual no tenía idea. La conocía muy bien como colega, como amiga y recientemente como amante, pero no conocía a la Utahime del día a día, sus hábitos al despertar, que le gustaba preparar en el desayuno, donde colocaba las toallas, cuanto tiempo se tomaba en preparar su rostro para dormir, si prefería llevar el cabello suelto o recogido en casa, cuánto demoraba lavando los platos, si cantaba en la ducha, que clase de cosas veía en la televisión, ¿doblaba su ropa o prefería colgarla?, ¿Dormía en el sofá por las tardes?

Había mucho que no sabía de ella y estaba decidido en averiguar cada detalle. Pensaba que sería feliz estando con Utahime, pero la verdad, la palabra "felicidad" comenzaba a quedarse corta. La amaba, más que en ningún otro momento.

Y era ese mismo amor el que hacía sus temores aún mayores. Él era feliz, sí ¿y ella? ¿Era suficiente con lo que Gojo traía a la mesa para ofrecer? Utahime siendo el tipo de mujer que era, merecía a alguien que pudiera cumplir todas sus expectativas. Todas.

—Llévate esto también.

—¿Uh?

Gojo tomó la revista de la Jump que Utahime le entregó. Habían ido al supermercado a completar la despensa.

—Así no te aburrirás estando en casa.

—¿Puedo llevar dulces también? —le pidió con su cara inocente.

—No muchos. Tienes que empezar a cuidar mejor tu salud.

—¿Por eso vas a cocinar para mí? —dijo super contento, sus ojos brillaron aún más bajo las gafas.

—De pronto siento que estoy cuidando a un niño —suspiró cansada.

—Shoko siempre dice que soy un niño grande, así que, no veo por qué no…

—No es para sentirse orgulloso, tonto.

Volvieron a casa con patatas dulces para el yakiimo, y los ingredientes para preparar Kaki Nabe, Utahime sabía que a Gojo le gustaba usar el kotatsu, así que quería complacerlo.

Satoru quiso ayudar en los preparativos, pero ella no se lo permitió, le dijo que estuviera cómodo leyendo sus mangas, eso sí, lo amenazó advirtiendo que no comiera demasiados dulces antes de la comida.

Las papas dulces al horno estuvieron primero, Gojo las comió felizmente mientras seguía hojeando la revista. Desde la cocina Utahime podía verlo sonreír, sorprenderse o enojarse dependiendo de que estuviera leyendo. Esa era la imagen que quería conservar de Gojo Satoru: con las piernas metidas debajo de la cobija, los codos sobre la mesa, el semblante relajado y disfrutando de la comodidad de una vida común y corriente.

Miró el reloj, solo le quedaban cuatro horas más para que volviera a ser el hechicero de siempre.

El Kaki Nabe quedó delicioso, comieron hasta reventar. Ella comentó que no era una extraordinaria cocinera, pero que podía defenderse bastante bien, Satoru estuvo de acuerdo.

Gojo se encargó de la limpieza, Utahime se acomodó en el sillón y siguieron hablando, la mayor parte del tiempo sobre cosas de la escuela. Lo regañó diciéndole que debería incentivar más a los chicos para estudiar en lugar de jugar videojuegos con ellos, por supuesto que él defendió las ventajas de la juventud, una vez que fueran adultos, la vida sería otra cosa.

—Necesito que hablemos de algo importante —dijo Gojo una vez que hubo terminado en la cocina. Tomó asiento nuevamente en el kotatsu y miró con un poco de duda a Utahime.

Shoko ya se lo había pedido desde el día uno, que pusiera en orden el tema de su familia, como hasta ahora habían sido medianamente discretos con su relación, las cosas seguían tranquilas, pero sí o sí debía hablar con ella del tema.

Tenía miedo de la respuesta que pudiera darle. Esa era una de las tantas razones por las cuales había postergado tanto el hablar de sus sentimientos por ella.

—Sé que ya estás enterada de alguna manera, como todos los demás —dijo con fastidio—, pero estaría bien si lo oyes de mí.

—Te escucho —respondió tranquila. Ya sabía de qué iría la plática.

—Está este asunto en el que mi familia ha estado metiendo sus narices durante cierto tiempo.

—Sobre tu sucesor…

—Y, por ende, ya que un niño no se hace solo, una mujer para ello…

—Eso es lo que ellos quieren, ¿qué hay de ti?

Guardó silencio unos instantes y miró a Utahime, al frente suyo sobre el sillón. Ya habían tocado brevemente el tema en Tokio y por lo que pudo detectar de ella, el tema le incomodaba. No era para menos, sin embargo, ahora que estaban juntos las cosas eran muy diferentes. Él lo había meditado nuevamente antes de exponerlo ante Utahime y su conclusión podría no ser lo que ella estaba esperando.

—No estoy rotundamente negado a tener un hijo, pero… hay mucho que debo considerar para saber si vale la pena o no.

—Es normal no sentirse preparado para los hijos, no te agobies por ello.

—No estoy listo —le confesó honestamente—. Ni para tenerlos, ni para considerar que quiera que sigan mis pasos.

—Ya veo...

—Yo sé que eso es algo que tú sí estás consciente de querer en tu vida…

Uta se encogió más en su asiento. Con mucha dificultad habían logrado convertirse en pareja, hablar seriamente sobre tener familia juntos era algo importante, en primer lugar, porque debían estar de acuerdo ya sea para quererlos o no. Y en segunda, de quererlos, el clan Gojo estaba bastante interesado en ello y eso podría no ser tan bueno.

Utahime no pudo sostenerle la vista, había pensado mucho en ello el último mes. En todas las posibles candidatas que tenía y que su familia aprobaba como "dignas" del clan Gojo.

—En cuanto al tema del matrimonio… Quiero dar un paso a la vez. Acostumbrarme poco a poco a este estilo de vida que empezamos a tener.

—Lo lógico es aprender a caminar antes de correr. Casarte con alguien por compromiso debe ser horrible. Para las dos partes.

—No aceptaré casarme por la presión de mi familia, aunque se trate de ti. Quiero avanzar a nuestro propio ritmo y si las cosas funcionan, estoy dispuesto a dar ese paso contigo. Quiero hacerlo bajo nuestros términos, no los de ellos.

—Es diferente convivir como amigos, aunque fuéramos cercanos, a hacerlo como pareja. Si… decidiéramos que queremos casarnos—Uta apretó los labios, ofuscada por usar el término—, será cuando lo decidamos entre los dos.

—Sé que esa decisión dependerá mucho sobre lo que decida respecto a los hijos…, ¿podrías esperar un poco hasta que aclare mi mente? —preguntó Satoru con bastante cuidado.

—Dices que no es algo que quieras ahora, así que dependerá de cuánto tiempo te dure tu indecisión…

—Lo siento. Necesito ser honesto contigo.

—Lo sé. Sé que clase de hombre eres.

—Te lo digo también porque en cuanto sepan que esto que tenemos es algo serio, vendrán por ti para presionarte.

—Sí, casi puedo verlo—dijo con decepción—, lo mucho que van a enojarse.

—No eras su primera opción.

Gojo debía aprender cuando ser ASÍ de honesto no era apropiado.

—Ya lo creo —respondió rechinando los dientes—. Miembro de un clan que consideran poca cosa, profesora de escuela de hechicería, siendo mayor que tú…, casi es como si me hubieras elegido solo para molestarlos.

—Sabes que no es así…

—Lo sé, lo decía a juego.

—Aún con lo que acabo decir ¿te parece bien seguir a mi lado? Entendería si dijeras que prefieres buscar a alguien que te dé más garantías y menos problemas.

¿Esto era a lo que Gakuganji se refería? ¿Gojo de verdad representaría su infelicidad?

Utahime sabía exactamente cómo quería que su vida continuara. Por eso nunca se cerró al amor de otro hombre, ni por Hijikata, ni por Gojo. Había estado saliendo con alguien hasta hace poco más de un año, no obviamente para casarse de inmediato, pero sí resultaba ser una relación fructífera, no se hubiera negado.

Lo que Gojo ponía en la mesa era un futuro incierto a corto plazo, pero había sido honesto, porque no pretendía hacerla perder el tiempo si no estaba dispuesta a esperarlo.

El matrimonio y los hijos eran dos cosas que no eran negociables para Utahime y Gojo estaba consciente de eso.

La pelinegra escondió su rostro con su antebrazo, mientras miraba la hermosa mirada de Gojo, que daba señales claras de estar impaciente por su respuesta.

—Dos años —murmuró seriamente—. Estaré contigo dos años sin cuestionarte, sin reclamos, ni presionar. Sin embargo, si después de ese tiempo aún no sabes que quieres hacer, terminaremos esto —le advirtió con la misma franqueza—. No voy a esperarte por siempre. Te amo, de verdad lo hago, pero también sé que es lo que quiero y no puedo vivir el resto de mi vida pensando que estar contigo de esta manera es suficiente para hacerme plenamente feliz.

Apenas y las comisuras de sus labios se levantaron simulando una sonrisa. Gojo sintió un alivio enorme, alivio de que pudiera comprender su postura y alivio de que no lo mandara al carajo de inmediato. Al menos le estaba dando una oportunidad.

—¿Por qué siento que cada vez que me prometes algo, termino atándote injustamente a mí?

—Ni siquiera tú puedes obligarme a estar contigo. Si decido esperar, es porque no quiero dejarte…

Fue hasta ella para besarla. Hizo que se levantara del sofá, la apretó entre sus brazos y tomó sus labios que tanto le gustaban. Utahime le acarició el cabello, lo llevaba más largo que de costumbre, su undercut prácticamente había desaparecido. Esperaba que el amor, esta vez, fuera suficiente para sobrellevar y resolver cualquier problema que se les presentara.

—Entonces… ¿Qué tal si atacamos primero? —dijo Utahime.

—¿A qué te refieres?

—Visitar a tu familia. Así les dejaremos en claro nuestra postura.

—Eres terrible —sonrió con malicia—, me agrada.

—Vayamos después de año nuevo.


NOTAS:

Hoy no tuve mucho tiempo de hacer anotaciones finales, se me vino el tiempo encima, anoche solo dejé en borrador el capítulo.

El Yakiimo es camote (papá dulce) envuelta en papel aluminio y asada (al horno o las braza). El Kaki Nabe es nabe solo que de ostras, se come comúnmente en diciembre

Mucho fluff y yo ocupo drama, así que se vienen cosas.

Ojalá hayan disfrutado al gojohime doméstico

Muchas gracias por todo su apoyo!! Le mando un gran saludo también a mis lectores anónimos que tambien son muy importantes.

También quiero decir que uso la app de ff para responder algunos de sus comentarios y me he dado cuenta que las respuesta que hago en la app SOLO se ven en la app, mientras que si la hago por La página del navegador SOLO puedo ver las respuestas qué se hayan hecho por el navegador, para que consideren eso al revisar sus MP. Muchas gracias a todos!!!

Que tengan una excelente semana!!