La villa Shimotsuki era un lugar agradable y tranquilo, su pueblo era famoso por su madera y también por sus dojos de pelea. Su villa fue fundada por los habitantes de Wano originarios de una isla del Nuevo Mundo.

—Pueden ir a explorar el sitio —dijo Luffy, suplicando a Shanks—, este lugar es increíble.

—Está bien, vayan —dijo Shanks, accediendo a la súplica de Luffy—, vayan con cuidado.

Luffy estaba junto con Ace. Shanks les ordenó regresar a las 6 de la tarde. —(Nada puede salir mal) —pensó Shanks—. Espero que no esté equivocado.

La villa Shimotsuki se extendía ante ellos, con sus casas de madera tradicionales y sus calles empedradas. Luffy y Ace se adelantaron para explorar el sitio, Shanks los siguió vigilando desde una prudente distancia.

Shanks sabía que la villa era pacífica, pero no debía subestimarla. Mientras caminaban, notaron la presencia de varios dojos en el sitio, cada uno con su propio estilo de lucha. Luffy y Ace se miraban entusiasmados por conocer el sitio.

Shanks se distrajo platicando con el carpintero, quien comenzó a hablar del precio que le costarían las reparaciones de las puertas de los camarotes y parte de la cubierta. En eso, se dio cuenta de que Ace y Luffy ya no estaban.

—¿A dónde se habrán ido? —dijo asustado, al no ver a los dos niños—. ¡No puedo descuidarlos ni un segundo! Estos niños me van a dar un ataque. ¿En dónde podré buscarlos?

La villa, en el día, era hermosa y pacífica, sin embargo, al caer la noche, el sitio cambia y se llena de peligros desconocidos.

El sol comenzaba a declinar, y las sombras se alargaban en las calles. La tranquilidad del día daba paso a la incertidumbre de la noche.

Los habitantes se prepararon para la cena, y los dojos cerraron sus puertas para que los maestros y estudiantes descansaran. El silencio nocturno envolvía la villa, y solo se escuchaban los sonidos lejanos de la noche.

Shanks sabía que debía encontrar a Luffy y Ace antes de que la noche los engullera. Comenzó a buscarlos con urgencia, su corazón latiendo con preocupación.

La oscuridad crecía, y las calles se vaciaban. Shanks recorrió la villa, llamando en voz baja a Luffy y Ace, esperando que respondieran.

La búsqueda se volvía cada vez más desesperada, y Shanks comenzaba a temer lo peor. ¿Dónde podrían estar los dos niños? ¿Estaban seguros?


—¿No deberíamos decirle a Shanks de esto? —preguntó Luffy, dudoso—. Por cierto, ¿en dónde está?

—Al parecer, está ocupado —respondió Ace—, aparte no nos vamos a tardar.

Llegaron al bosque y se dieron cuenta de un enorme oso muy grande que pasaba muy cerca de ellos.

—Mira —dijo Ace—, hemos encontrado la cena. Debemos cazarla de una buena vez.

—¡Sí! —respondió Luffy—, feliz ante la perspectiva de la gran cantidad de carne de oso asada que comería cuando lo llevara con los demás.

Ace se armó con su tubería, mientras que Luffy usaría los poderes de la fruta para realizar un ataque hacia aquel animal.

En otro lugar, no muy lejos de ahí, un niño de 9 años, con pelo verde, el cual estaba armado con dos palos de bambú en sus manos y una katana real a su lado, los observaba desde una distancia de la escena.

—¿Quiénes son? —pensó—. Y al parecer, no saben con qué se enfrentan...

Luffy saltó hacia donde estaba el oso y atacó, pero falló por varios metros. El oso se sorprendió y comenzó a correr hacia él.

—¡Tu turno, Ace!— Dijo Luffy

—Claro —dijo Ace—, lanzando su tubería, la cual impactó en una pata delantera del oso, deteniéndolo temporalmente.

Luffy aprovechó para volver a atacar, saltó de nuevo y esta vez acertó en la cabeza del oso, pero el ataque fue muy suave. El oso se enfureció y se lanzó hacia Luffy. Ace intervino, lanzando su tubería de nuevo hacia el gran oso, pero este la bloqueó con su garra.

Luffy atacó por tercera vez, estirando su cuerpo al máximo y logró envolver al oso, inmovilizándolo de una buena vez.

El niño de pelo verde observó con admiración y sorpresa al ver cómo habían atrapado a un gran oso con suma facilidad. Aunque el chico del sombrero de paja usaba una habilidad que nunca había visto.

El oso, agotado, se rindió. Luffy y Ace se miraron sonrientes por su gran triunfo y comenzaron a preparar al oso para llevarlo de regreso a la villa.

—Soy Roronoa Zoro —dijo el niño, asombrado—. Y ¿quiénes son ustedes?

Luffy no le prestó atención, ya que su mirada se fijó en su sombrero de paja. Había sufrido un golpe del oso que le dejó un agujero.

—¡No puede ser! —gritó Luffy, desesperado por su sombrero—. ¡No mi sombrero!

Luffy se terminó cayendo de rodillas junto a su sombrero, el cual tenía un agujero.

—Ya te arreglo tu sombrero —dijo Ace—. Por cierto, ¿quién eres tú?

—Soy Roronoa Zoro —dijo el chico—, y como dije, ¿quiénes son ustedes?

—Yo soy Monkey D. Luffy —respondió Luffy sin perder de vista su sombrero de paja.

—Y yo, Portgas D. Ace —respondió Ace mientras se sentaba.

Roronoa Zoro los miró fijamente, intrigado por las habilidades de los dos chicos.

Ace comenzó a coser el sombrero, mientras Luffy observaba con ansiedad. Lo arregló de inmediato, ya que el daño era poco.

—La próxima, déjalo en el barco —dijo Ace—, o la próxima ya valdrá.

Luffy volvió a estar alegre.

La luz del sol comenzaba a declinar, y el ambiente se llenaba de sombras y también cambiaba el sitio de un lugar limpio a uno tetrico. La villa esperaba su regreso y la cena ya estaba lista, para llevar.

Luffy y Ace son acompañados por el peliverde quienes emprendieron el camino de regreso a la villa con el oso cargando sobre sus hombros.

El bosque se quedó en silencio y solo era interrumpido por el sonido de los pasos y la risa de los 3 niños.


Shanks estaba muy preocupado ya que los niños no volvieron y no estaban por ninguna parte. Salió a buscarlo hasta que, por accidente, se topó con un hombre de piel clara, de pelo largo y que tenía unos anteojos puestos.

—Disculpeme— dijo Shanks, ayudando a levantar al hombre que tiró sin darse cuenta.

—No se preocupe— dijo Koushirou, quien se ajustaba los anteojos. —Mi nombre es Shimotsuki Koushirou.

Shanks preguntó: —¿No ha visto a dos niños? Uno de 10 años de edad y el otro tiene 7 años y tiene un sombrero de paja?

—No lo he visto— respondió Koushirou. —Estoy buscando a un niño de unos 9 años y de pelo verde.

El pelinegro se quedó pensativo por un momento.

—Es posible que estén en el bosque— dijo Koushirou —pero tenga cuidado, el bosque puede ser peligroso cuando cae la noche.

Eran las 5 de la tarde y el sol comenzaba a ocultarse. Shanks asintió y se apresuró hacia el bosque. La sombra de los árboles parecían crecer y su corazón latía con precaución.

—Entremos al bosque— dijo Shanks —no hay más lugar.

En eso, el pelinegro recordó que el niño que buscaba fue al bosque. (A él le gustaba entrenar ahí para perfeccionar su estilo de 3 katanas. Sabía que él siempre se perdía).

—Espere— dijo Koushirou, deteniendo al pelirrojo —voy con usted, ya que Zoro siempre se pierde.

El pelirrojo se sorprendió ante la oferta, pero la aceptó agradecido.

Juntos se adentraron en el bosque, el silencio los envolvía junto con la oscuridad.


Habían pasado como 3 horas desde que cazaron al oso y ya lo tenían, pero ahora se daban cuenta de que estaban perdidos los 3 niños en el bosque. La luz del sol comenzaba a declinar y el bello lugar comenzaba a hacerse tenebroso con la puesta del sol, y el ambiente se llenaba de sombras. El bosque parecía volverse más peligroso y los árboles tomaban formas macabras sobre ellos.

—Maldito cabeza de musgo, nos hemos perdido más— regaño Ace a Zoro. —No sabes dónde queda el camino de salida.

Luffy, en cambio, parecía emocionado. Se acercó a Zoro y le dijo:

—No importa, estamos juntos. ¿Quieres unirte a la tripulación, Zoro? Serás uno de mis compañeros de aventuras.

Zoro, al escuchar lo que dijo Luffy, dijo:

—Mi sueño es ser el mejor espadachín del mundo.

Luego miró a Luffy y preguntó:

—¿Y tú qué sueñas?

Luffy sonrió y dijo:

—Mi sueño es ser el rey de los piratas.

Zoro se sorprendió, pero luego sonrió.

—Ese sería un buen motivo para unirse a tu tripulación— dijo Zoro finalmente. —Me gustaría unirme a tu tripulación. Estaré ansioso de navegar contigo y luchar por tu sueño.

Mientras caminaban por el bosque, el cual se volvía más denso y oscuro, el sonido de las fieras nocturnas comenzaban a escucharse acercar. Los 3 niños se comenzaron a sentir incómodos. Zoro se guiaba adelante sin admitir su falta de orientación. Ace y Luffy lo seguían al peliverde, mientras cargaban el oso entre ellos. El peso del animal era considerablemente pesado, pero no se quejaban. Estaban muy contentos de tener comida por varios días.

De repente, Luffy se detuvo de golpe.

—Esperen— dijo. —¿Dónde estamos? ¿A dónde nos has llevado?

Zoro encogió de hombros sin decir nada. Ace se puso a suspirar.

—Eres un desastre— sentenció. —Pero no importa. Seguimos juntos y seguiremos adelante. Todo saldrá bien.

Los 3 niños seguían juntos, perdidos en el bosque, pero emocionados por la aventura.

Pero de repente, Luffy se distrajo, se separó y se perdió.

—¡Oigan! ¿A dónde fueron? ¿A dónde se ha ido?