Notas Iniciales: En una línea temporal donde Ashley y los gemelos Andrew (Burial/Decay) decidieron rendirse al destino, el milagro toca su puerta.


Día 24.

(Holding on to) Hope

Todo había estado muy mal en el momento que los gemelos Andrew habían intercambiado lugares y el menor se vio encarcelado por homicidio, y aunque no se arrepentía de ello la condena se sintió más extensa de lo que había sido. Sin embargo, esta misma fue reducida considerablemente cuando una ayuda misteriosa llegó de visita a la cárcel; venía acompañado de sus hermanos, quienes siquiera lo vieron se lanzaron abrazarlo a pesar de las restricciones policiales. Su tío aparentemente había escuchado su caso y había sido convencido por su hijo de ayudar a su adorada prima en esa injusticia, así que por alguna clase de bondad retorcida apeló por su libertad condicional en lugar de los señores Graves. Para cuando había puesto un pie en el exterior, Andrew sintió como si se hubiese perdido toda una vida preso, aunque el recibimiento de Andy y Ashley en la puerta principal fue suficiente para creer en que todo estaría bien ahora.

Durante su reunión familiar más tarde, Renee había puesto sobre la mesa que no toleraría la presencia de un ex convicto bajo su techo, por lo que Andrew pasó a ser responsabilidad de su tío a partir de ese momento. No era que el menor de los gemelos fuera echar de menos su estadía en un hogar de mierda como aquel y eso se lo dijo en su cara a su madre, quien hizo una mueca de desagrado que contrastó poderosamente con la sonrisa burlona de Andrew, la cual mantuvo sobre su rostro todo el tiempo que duró empacando sus escasas pertenencias.

Andy y Ashley ya habían tomado la decisión de irse de casa y lo habían hablado con su tío también durante los otros juicios de su hermano, así que hicieron las maletas para acompañarlo fuera del departamento rumbo a una nueva aventura. Su tío y primo vivían en una granja herencia de su esposa ya fallecida a los afueras de la ciudad, donde contaban con un granero que habían preparado para la llegada de los tres jóvenes. Las reglas serían algo estrictas pero los tres hermanos estaban inmensamente agradecidos con la ayuda de su tío, así que le prometieron no causarles tantos problemas ni a él ni al niño que habían abogado por que volvieran a estar unidos.

Instalarse fue toda una locura y vivir en un lugar tan rural fue un cambio tan abrupto que les costó adaptarse, especialmente porque su tío los obligaba asistir todos los domingos a la capilla para "purificar sus almas" según sus propias palabras. Fue aburrido pero procuraron quejarse entre ellos y en privado, pues habían escuchado de su madre muchas veces que su tío era un fanático religioso de esos a los que no querías enfrentarte, no por sus charlas exasperantes (que también) sino porque era capaz de presentarte el látigo, y ninguno quería problemas con su nueva aunque exigente vida. Se aferraban a la esperanza de que estaban mejor ahí que en la ciudad donde ya eran considerados una familia enfermiza; al menos en ese lugar no los conocían.

— ¡Andrew! ¡Andy! ¡Miren lo que encontré! —Ashley apenas se molestó cerrar la puerta del granero antes de subir las escaleras a toda prisa y distraer a sus hermanos de sus actividades.

Andy había estado frente a su escritorio compartido tratando de concentrarse en el proyecto universitario que debería entregar la siguiente semana, mientras que Andrew sólo estaba recostado boca abajo en la cama disfrutando de un comic para adultos que había comprado del mercado un día por curiosidad y que apenas había decidido hojear. Ambos levantaron la mirada hacia su hermana pequeña y lo primero que vieron fue ese extraño libro que sostenía en sus manos, el cual parecía sacado de un filme de terror.

— ¿Qué es eso?

—Nuestro tío lo tenía oculto en su cuarto.

—Espera, ¿me estás diciendo que acabas de robarlo? —Andy se exasperó.

—Corrección: lo tomé prestado.

— ¡Nos meterás en problemas si llega enterarse! Y llevamos muy buena racha de buen comportamiento. ¿Quieres que nuestra suerte termine sólo porque no te pudiste contener en hacer una estupidez como esta? ¿Eso quieres?

—Ya, Andy. No seas histérico. Seguro que Ley se aseguró de que él no esté en casa, ¿cierto?

—Así es —respondió la menor de los tres con orgullo.

—Oh, gracias, eso me tranquiliza —espetó el mayor de los gemelos con obvio sarcasmo. Sus hermanos decidieron ignorarlo.

—Entonces, ¿qué tenemos aquí? —inquirió Andrew atrayendo a su hermana a la cama con él, abrazándola desde atrás e incitándola sentarse entre sus piernas de espalda a su pecho para que juntos pudieran observar el pedazo de libro que Ashley había traído consigo.

—Parece un libro de invocación angelical. Pero eso no es lo extraño sino las representaciones de estos seres en general. Uno jamás se imaginaría que estas cosas son criaturas divinas, ¿cierto?

—…Mierda, es cierto. ¿Qué carajo? ¿Se supone que eso es un ángel? ¡Parece un monstruo!

Intrigado por la expresión de su gemelo, Andy decidió olvidar su proyecto incompleto y mejor acercarse para mirar el dibujo trazado en aquella hoja blanca; el libro estaba en perfecto estado, casi como si fuera nuevo, así que no tardó en preguntarse si se trataba de una adquisición reciente o sólo era que su tío conservaba sus libros tan cuidadosamente como hacía con sus biblias.

— ¿Y cómo supiste de la existencia de este libro siquiera? Dudo que hayas decido hurgar en su habitación sólo porque sí —comentó Andy, también impresionado por la imagen del ángel en cuestión pero tratando de disimular un poco su desconcierto.

—Archie una vez dijo que su papá poseía un libro muy especial con el que era capaz de comunicarse con los mensajeros de Dios. Pensé que era estúpido pero luego siguió contándome anécdotas referentes a eso y no me pude resistir más. Tenía que comprobar que no eran puros cuentos y necesitaba que lo vieran también ustedes, así comprobaría que no estoy loca.

—Quiero decir, estás loca, pero…

—Igual que nosotros —espetó Andrew de manera burlona para fastidio de su gemelo—. ¿Y qué quieres hacer con esto, Ley?

—Mmm, ¿no quieren invocar un ángel?

— ¿Qué? ¿Para qué? ¿Qué le pediríamos?

—No sé, algo como la cura del sida o la paz mundial. ¡Deberíamos probar si este libro de verdad funciona! Hace mucho que no hacemos algo interesante y no debería ser grave invocar un ángel en lugar de matar a alguien por diversión, ¿qué dicen?

—Opino que es una pésima idea —replicó Andy enseguida—. Mira esto. Aquí dice que hay que preparar un ritual y cada ángel requiere uno en específico. Nos llevaríamos toda la vida en estudiar cada página de este libro para encontrar el más acorde a nuestras necesidades, oséa ninguna. Deberíamos evitar jugar con cosas que no conocemos y centrarnos en vivir.

—Te has vuelto aburrido otra vez, Andy —se quejó el menor de los gemelos—. ¿Qué pasó con el hijo de puta que me preparó una trampa sofisticada para que unos malandros me patearan el trasero sin necesidad de que él mismo metiera las manos? Ni siquiera has fumado conmigo estos días y eso me ha hecho sentir solo, ¿sabes?

— ¿Qué mierda? ¿Desde cuándo establecimos que fumar juntos es la clave de nuestra unión?

—Sí, Andrew. En lugar de tener su boca ocupada con un tubo de cáncer deberían ocuparse de mi coño, ¿sabes?

— ¡Leyley! ¡No digas eso tan casualmente! —le reprendió Andy colorado hasta las orejas.

—Oh, mi amada. Sabes que con gusto lo haría por cada rincón de esta granja si el incesto no estuviera penado severamente.

— ¡Andrew! ¡No le sigas el juego! De todos modos, deberíamos olvidarnos de usar ese libro.

—Marica —dijeron Ashley y Andrew al unísono, avergonzando a Andy mucho más.

—Sí, sí, prefiero ser todo lo que ustedes quieran que arriesgarme a provocar algo peor.

Jugando con el cabello de su hermana menor, la mente de Andrew comenzó hacer maquinaciones importantes. Miró a su gemelo y luego a los ojos fucsias, que parecieron entender el mensaje que intentaba transmitirle su sonrisa maliciosa, así que Ashley hizo a un lado el libro y se puso de pie para acercarse lentamente a Andy, el cual se tensó de pies a cabeza al escucharla llamarlo con ese tono cantarín. El mayor de los gemelos trató de fingir que no sabía lo que se aproximaba pero le resultó más difícil ignorarlo cuando fue el turno de Andrew de levantarse para caminar directamente hacia él. Pero por supuesto, si lo que había dicho Ashley antes era cierto, aquello significaba que no tendrían que cuidarse de ser atrapados en el acto durante un buen tiempo; sin duda era el mejor momento para que se pusieran cariñosos entre sí. Y aunque muchas de las veces le gustase aparentar que era el más responsable de los tres, lo cierto era que le fascinaba cuando sus hermanos se unían para convencerlo de hacer cosas estúpidas con un poco de sexo.

Fin