IGNIS
(lat. fuego)
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(...) soy la fiebre
el deseo
soy la sed
el gozo que despoja del vestido
y el vino que hace reírse
de no estar ya vestido (...)
Fragmento de La tumba, Georges Bataille.
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Corrección de estilos: Althariel Tasartir.
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Para Aesgir & JP, sin sus palabras amorosas, no hay nada.
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1. Corre duro.
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—¿Tardas mucho en llegar…? —Fue la pregunta del millón, porque sabía perfectamente que él era muy capaz de mentir, siempre y sin miramientos.
—No, nada, un poco solamente —rezongó nada convencido, él sabía que mentía y que ella lo sabía.
No había sorpresas para nadie. Ella detectaba en su tono de voz al teléfono que estaba dudando.
Su voz varonil, ecuánime mientras decía las cosas… era obvio que sí tardaría.
—Oye, ¿en serio no tardas? Estaba pensando esta tarde…
—¿Piensas? —Ironizó el otro.
—Idiota, sí, más que tú… en fin, esta tarde pensé en ti, ¿sabes? Pensé en que te extrañaba…
—¡Qué tierna!
—¿Estás caminando?
—¿Eso qué tiene que ver?
—Supongo que mientras caminas apenas te das cuenta del roce de la tela contra tu cuerpo, ¿has pensado en eso? —La voz de ella parecía divertida.
Toji arrugó el ceño y entornó los ojos, no entendía de que iba esa conversación.
—No, la verdad no he pensado en eso —no pudo evitar bajar la vista y observar sus piernas cubiertas con un pantalón de corte relajado.
—Cuando caminas tus muslos tocan la tela, incluso, aunque no te has fijado en ello, el movimiento se siente tibio entre las piernas…
—¿Qué dices…? Estás muy ocurrente hoy, ¿no crees? —Pero la risilla de él se había vuelto inquieta.
—Yo creo que mientras vas apresurado, se siente más tibio, el calor llega hasta tu sexo… como cuando te toco por encima —la voz de ella estaba susurrando, como si le estuviera confesando un secreto.
Él no pudo evitar caminar más rápido, aunque no se dio cuenta de ello.
—Cuando paso el dedo índice por la curva de tu miembro contra la ropa, se pone firme, de inmediato… eso me gusta…
—¿Estás… caliente? —Inquirió con la frialdad de siempre.
—Estoy mojada, no sólo caliente, estoy húmeda, ya sabes, como cuando te bajo los pantalones y sé que la erección que me saluda, la tendré adentro en poco tiempo…
—Mierda… —farfulló cuando se estrelló contra un desconocido en su andar apresurado.
El pobre desafortunado al choque contra el cuerpo de Toji acabo cayendo al piso.
Toji Zen'in estaba empezando a resollar, poco le faltó para ahogarse con su propia respiración agitada.
—¿Ya estás duro? ¿Estás caminando rápido con una erección a medias, To-ji? Me gusta que estés tan duro…
—No jodas, ¿planeas que siga caminando así?
—¿Me vas a colgar? Antes te voy a decir algo: justo ahora, las bragas me están molestando, los labios están hinchados…
—Voy a llegar a follarte, ¿sabes?
—Ya te estás tardando… estoy segura de que tu miembro está rezumando porque te imaginas adentro de mí… ¿verdad?
Suspiró, el hombre hercúleo suspiró profundo.
Sí, por supuesto, claro que estaba más firme que una asta bandera, y claro que quería dejarle ir toda su extensión fálica hasta el fondo.
—Quiero empalarte duro, hasta que te tiemblen las piernas —le dijo con voz entrecortada por la excitación y por la velocidad a la que iba caminando.
Era muy jodido ir casi corriendo con el miembro que le estaba masacrando y que, por el corte de los pantalones que traía, empezaba a notarse un bulto evidente.
Tuvo que apresurar el paso, literal empezó a correr, le faltaban quizás unas diez calles.
—Quiero que me des duro, quiero sentirte hasta dentro, hasta que tu pubis también me acaricie, hasta que sientas el botón hinchado entre mis piernas —le confesó con cinismo la voz silente de ella—, ¿te falta mucho?
—¿Para qué? ¿Para venirme o para llegar contigo…? —Casi gimió—Y no, diez minutos cuando mucho… ¡Joder!
En aquella peculiar corrida, ni siquiera se fijó que el semáforo estaba en verde, simplemente sorteó vehículos. No mentía cuando decía que en menos de diez, estaba ahí.
—Ya me quité la ropa, para recibirte con las piernas abiertas…
Ni siquiera le contestó, los siguientes minutos corrió furibundo, jadeando, sintiendo que eso que le dijo ella, respecto a sentir el tacto caliente de la ropa y de sus propios muslos… bueno, tendría que agradecer si no llegaba escurriendo.
Abrió la puerta con la llave que casi rompió, ni siquiera quitó la misma de la chapa. Ella no mintió: estaba sobre el sillón, así que lo primero que le salto a la vista en ese viejo mueble, fue su precioso cuerpo, piel blanca y piernas abiertas, podía ver la humedad brillante de su sexo…
Un mes después, ya no eran dos, iban a ser tres, ahora sí serían la familia Fushiguro.
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Día 1: Dirty Talk.
