25. Más y más.
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—No me puedo levantar, ¿sabes? —susurró ella, acostada boca arriba tratando de recuperar el resuello, apenas pudiendo articular palabra alguna.
Hizo un esfuerzo sobrehumano para no hablar a medias o entrecortado. De por sí consideraba que era bastante hilarante no estar en control de su cuerpo, mucho más no tener el control de su propia garganta.
—¿Estás bien…? ¿Estás lastimada? ¿Te lastimé…? —Fue la respuesta de Yūta, quién estaba empapado de sudor igual que ella.
—No, no me lastimaste, lo digo figurativamente… tonto —acabó riéndose de su compañero que la observaba con terror—, ahora, quita ya esa cara…
La mano de Maki acarició su mejilla colorada y le sonrió con la poca ternura que conocía y que, siendo honestos, había aprendido con él. De no ser por la mucha paciencia de él y su mucho cariño… quién sabe dónde hubiese acabado, en ningún buen lugar.
Yūta Okkotsu por su parte, había aprendido también un montón de cosas con ella, paciencia por ejemplo, seguridad en sí mismo, más paciencia, respeto a su soledad, otro poco de paciencia, en fin, al final los dos se habían vuelto un buen complemento la una del otro.
—Tengo que ir a la guardia —dijo ella apoyándose sobre los codos, estirando las piernas y… haciendo el esfuerzo de cerrarlas, pero aún le temblaban.
El cabello negro lacio de él estaba todo revuelto, lo cual, en contraste con su rostro de expresión agradable, le hacía parecer un poco salvaje. Observó el cuerpo de ella, lleno de cicatrices de quemaduras, mismas que él se esforzaba todos los días, de a poco, para irlas borrando, aunque fuese poco.
—Déjame sustituirte, descansa un rato, puedo ir yo…
—Tampoco es para tanto…
—¡Ya cállense! ¡Dejen dormir, escandalosos! —Gritó la voz de Hakari pegando contra el muro de la habitación de ellos— ¿Les parece que esto sea un jodido hotel?
Y la realidad es que sólo lo estaba haciendo por joderlos, debido a que justamente, el departamento a un costado del de ellos, era el que ocupaban Hakari y su amante, Kashimo… ¡Y esos dos sí que se montaban un concierto! Por lo que Maki había hecho eso de pegar con el puño en el muro y decirles que se callaran. Escucharon la risotada de Hakari y el murmullo de la voz varonil de Kashimo diciéndole que dejara de molestarlos.
—Hijo de…
—¡Ya Maki! Sólo está jugando… bueno, entonces voy yo, ¿vale? Me alcanzas en un rato, si quieres… y si no, sólo descansa.
—Sólo un rato —suspiró ella rodando por la cama, quedándose boca abajo.
Cerró los ojos, y ni siquiera se dio cuenta de en qué momento se quedó profundamente dormida. Dormida rememorando el polvo de su vida de esa noche. Era necesario decirlo.
Sí había sido el polvo de su vida.
Quién sabe por qué con las guerras las vivencias, las personas, se volvían más intensas, quizás por el hecho de que todos estaban al borde de la muerte, porque no sabían si ese sería el último día.
Por eso, cuando cenaron y se dividieron para las respectivas actividades de la noche, mientras iban escaleras arriba hacia el departamento que compartían, a medio camino en el descanso del segundo piso, ella fue quién tiró de su mano y lo besó en los labios, sólo porque sí, la clase de besos calmos y tiernos, que despacio fueron volviéndose más intensos, tan intensos que ella acabó contra la pared, atrapada contra el cuerpo fuerte de él.
Y ella, sintiéndose particularmente atrevida, porque nunca hacía ese tipo de cosas hasta que no estaban en un lugar donde nadie los podía ver, lo agarró por las nalgas para empujarlo contra ella.
—Maki…
—¿Qué? Te he tocado más que eso… no me salgas ahora con que te da pena…
—No, pero… podría subir alguien por aquí…
Ella se rio, por primera vez se sentía osada y recibía esa respuesta, de todos modos no le importó, le dio una pequeña mordida en el labio inferior, él suspiró.
—Me preocupa más que se nos aparezca de golpe Rika…
—Sabe que no puede hacer eso cuando estoy a solas contigo —dijo él con una sonrisa, recalcando el "a solas".
Subieron la escalera aprisa, jugando, a ver quién llegaba primero, por supuesto fue Maki, la que dejó atrás al otro, un par de metros.
Apenas cerraron la puerta regresaron a lo que estaban, a los besos, a las caricias, la ropa pronto les estorbó, así que se deshicieron de ella mientras seguían labio a labio, avanzando a la habitación. Se reían en complicidad, como niños jugando.
A ella no le preocupaba su cuerpo lleno de cicatrices, y a él tampoco. Se dedicaba a besar cada parte, cada milímetro, cada una de esas cicatrices, le parecía bella, siempre se lo pareció, y eso no había cambiado. Ardía, ambos ardían, a diferencia de otras veces donde habían tenido sexo, ahora no querían esperar, se sentían incinerándose en la intensidad de sus sentidos.
Los labios de él mimaban su piel entera, cada palmo, sus dedos tocaban sus senos, los pezones erectos, su abdomen, el vientre y luego, lentamente hacia abajo, entre sus muslos, la humedad de su cuerpo, pero no se apresuró, se conformó con tocar cuidadosamente el clítoris hinchado de ella con el pulgar y poco a poco el dedo medio que se abría camino por el canal ardiente y húmedo. Ella gimió, empujó la cadera contra su mano, para sentirlo más profundo.
Siguió, siguió sin parar mientras la besaba.
—¿Sólo harás eso…?
—Tal vez…
Ella arqueó una ceja y volvió a gemir, bajó la mano para acariciar el miembro firme que se apretaba contra uno de sus muslos, comenzó a apretarlo en su mano, fuerte, rítmicamente, como sabía que a él le gustaba.
Hasta que se distrajo y ya no pudo seguir moviendo su mano, literal lo tenía agarrado como palanca de velocidades, mientras el dedo que estaba dentro de su cuerpo apretaba adentro el punto exacto donde le hizo jadear de éxtasis y retorcerse contra él en medio de la humedad de un orgasmo explosivo que sólo había sido provocado por su mano, el corazón le latía con tanta fuerza que sentía que no podía respirar.
Pero eso no había sido todo, porque esa noche no pensaba parar ahí.
—Yūta…
—Shhh… déjamelo a mí… —murmuró contra sus labios.
Sin darle espacio a que dijera nada más, se deslizó entre sus piernas, sus labios acariciaron su sexo húmedo aún, inflamado, el clítoris hipersensible, por lo que tuvo cuidado de no tocar directamente con la lengua sino poco a poco alrededor, los labios, y más abajo el canal vaginal que estaba listo nuevamente, deslizó la punta de la lengua, poco a poco, hasta que acabó penetrándola.
Volvió a retorcerse, a gemir, la espalda de ella se arqueaba contra el colchón mientras estaba con las piernas abiertas y su amante entre ellas. No le tomó mucho tiempo estar nuevamente a tope, literal, terminó otra vez entre sus labios, pero esta vez las piernas le temblaban, los músculos no parecían responderle, ni la piel, ni la respiración ni el corazón.
—Yūta…
Se separó de su sexo pasando la lengua por la vagina, subiendo por los labios, hasta el clítoris, y luego volvió a subir por su vientre, por el abdomen, por los senos enrojecidos, y finalmente por su cuello, hasta que volvió a besarla, tenía en los labios aún el sabor de ella.
La acomodó de lado, dándole la espalda, levantó una de sus piernas, dejando abierto el canal de su cuerpo, no le costó trabajo penetrarla puesto que seguía estando húmeda, mientras entraba, se sentía arder por dentro, lo impelía dentro, las paredes le apretaban de tal manera que él fue quien gimió contra su nuca.
—Rápido… fuerte… —masculló ella.
—¿Esa es tu orden…? —Dijo él jugando.
—Sí…
—Tus deseos son órdenes…
Las nalgas de ella pegaban contra su pelvis y a su vez ella se inclinó un poco más hacia adelante para que fuese más fácil así, las manos de él apresaron los pechos de ella y entre sus dedos los pezones. Con la fuerza con la que la penetraba, el miembro de él estimulaba el clítoris en aquella posición y nuevamente se sentía desfallecer entre sus brazos, abandonándose al placer, al éxtasis, como posesa. Gimió, la apretó contra su cuerpo, lo sintió estallar, pulsando contra ella, aún a través del condón que traía puesto. Siempre lo hacían con preservativo.
Le gustaría no hacerlo así… y un día… lo harían, pero ahora mismo en medio de la guerra, era peligroso, ¿qué iba a hacer si acaso…? Bueno, mejor así.
Todo le temblaba, cada músculo, si ahora mismo tenían que levantarse a pelear… no sabría qué diablos iba a hacer sin poder sostenerse en pie.
Yūta Okkotsu era un amante sumamente dedicado… en la intimidad… era diferente, no podía explicarlo bien, era el mismo tipo considerado y tierno, pero con un dejo de perversión que… la volvía loca.
Se despertó de golpe cuando empezó a escuchar el concierto de gemidos del otro lado, en el otro jodido departamento. Bonita manera de despertar.
Se incorporó y pegó con el puño en el muro, devolviéndole el gesto a Hakari.
—¡Ya cállense! ¡Parece que lo estás matando…! —gritó, aprovechando que no estaba Yūta que siempre la regañaba por ser grosera o vulgar.
Escuchó las risas de los otros dos y no pudo evitar reírse.
—¡Para la otra hacemos competencia…! —Respondió Kinji.
—Son unos idiotas… —murmuró ella.
Reunió fuerzas para levantarse… se sentía lo más cercano a un trapo mojado… ojalá nada pasara, porque honestamente, se encontraba el lado plasta de la fuerza…
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Día 25: Overstimulation.
