Flácido

Severus Snape/Sirius Black

Disfunción eréctil


—¡No se me levanta!— fue la entrada triunfal de Sirius Black.

Severus ni siquiera elevó los ojos del pergamino que estaba leyendo.

—¿No me has escuchado? —insistió Sirius—. Me han maldecido la polla.

Severus tomó aire levemente para calmar sus nervios.

—¿Y ese es mi problema por…? —dijo Severus.

—Porque tienes que ayudarme.

Sirius Black era rabiosamente atractivo, de eso no cabía duda. Incluso Severus era capaz de entenderlo. Pero también era el tipo más promiscuo que jamás hubiera conocido.

Tampoco es que conociera mucha gente, mucho menos que aireara su vida sexual de aquel modo.

El problema no era que su vida sexual fuera de dominio público es que debía ocurrir algo cuando sus fluidos te tocaban porque cualquier mago o bruja acababa obsesionado con él.

—Sigo sin entender por qué me trasmites cualquier información sobre tu miembro.

Sirius se dejó caer en la silla que había delante de su escritorio, una cascada de rizos negros bailoteó al dejar su cabeza sobre la mesa con exceso de dramatismo, según Severus.

—Porque eres el tipo más listo que conozco. —Sirius acarició con sus garras el fino ego de Severus, pero no cayó en sus redes.

—Lily te ha echado de su casa, ¿no?

Sirius le miró con aquellos ojos grises bordeados de espesas pestañas negras, ni siquiera él era inmune a esa belleza.

—Como a una rata —bufó Sirius—, de algún modo dice que me lo merezco.

Severus alzó una de sus cejas, no le faltaba razón.

—Estoy desesperado, llevo así una semana, ¿entiendes ahora el calvario por el que estoy pasando?

La verdad es que Severus no lo entendía, ¿una semana sin sexo? Él había olvidado si la última vez que folló era invierno o verano, no era relevante.

—Quizás solo sea un poco de agotamiento, ¿le has estado exigiendo mucho a tu cuerpo últimamente?

Sirius apoyó su barbilla sobre su mano cuestionando lo que Severus le había preguntado.

No eran amigos, pero tampoco eran enemigos. Aquella pequeña rivalidad juvenil había cambiado cuando Severus supo que era la forma más sencilla de perder a Lily, y Lily amenazó de muerte a James y sus amigos si no se comportaban correctamente.

También ayudó que James pilló a Severus besándose con un Ravenclaw y sus celos desaparecieron al saber que a Severus nunca le gustaría Lily de esa manera.

Pero ser amigo de Lily significaba tener que aguantar a James Potter y eso significaba tener que aguantar a Sirius Black. Con Remus y Peter debía reconocer que las cosas no eran tan insoportables.

—Bellatrix literalmente me dijo "Yo te maldigo, deja de follarte a mi marido", cuando encontró el culo de con su marido enganchado a mi pene.

No sabía qué le asustaba más, si la imagen de Bellatrix enfadada o el culo flaco de Rodolphus en bandeja , ¿Rodolphus, en serio?

—Había bebido, estaba cachondo, no me juzgues —sentenció Sirius al notar su sorpresa—. Ella no se tomó a bien que la cambiara por su marido.

Severus creía que ya no le quedaba frente para que sus cejas subieran más.

—¿No es Bellatrix tu prima?

Severus hizo un gesto con la mano quitándole importancia al tema de la consanguinidad y se apuntó a la entrepierna.

—Está muerta, mi preciada y preciosa polla.

Lo que le sorprendía a Severus es que aún la tuviera colgando del cuerpo, si pudiera evitar enfadar a alguien, esa persona sería Bellatrix Lestrange.

—Entonces es seguro que la tienes maldita, Bella no se anda con juegos de niños.

Sirius volvió a hacer uno de esos gestos dramáticos que en otro quedarían ridículos, pero en él eran incluso divertidos. Severus se guardó su sonrisa.

Sin duda todo lo que ocurriera por meter la varita donde no debía era totalmente culpa suya.

—Sé que mi estilo de relacionarme es complicado, pero nunca he obligado a nadie a hacer nada que ellos no me suplicaran, no tengo la culpa de ser tan deseable.

También deberían haberle maldito la boca, sin duda esa le llevaba por tan mal camino como su pene muerto.

—Bellatrix habrá usado magia negra, poco se puede hacer con ella.

Sirius se inclinó sobre la mesa.

—Por eso he venido a ti, sé que tú eres el único que puede ayudarme.

Otra vez esos ojos, esas garras acariciándole por dentro, quizás Sirius Black fuera en sí mismo una maldición con piernas.

—Tendría que investigar un poco —se sorprendió respondiendo.

Sirius se lanzó sobre la mesa y cayó en su regazo abrazándole.

—Sabía que podía contar contigo, Severus, siempre lo supe.

Severus lo lanzó por los aires más sorprendido que el mismísimo Sirius, pero la sonrisa en sus labios no se movió ni un poco.

La puerta se cerró tras Sirius y Severus solo supo que Sirius se reuniría con él todas las tardes hasta que diera con la solución.

Más le valía encontrar la contramaldición pronto si no quería acabar maldiciendo "por completo" él mismo a Sirius.

...

—No es mi problema —le dijo Bellatrix mientras escogía Bayas de la Muerte en el callejón Knockturn.

—Te lo pido como antiguo Slytherin, por el honor de nuestra casa.

—Suerte tuvo de que aún le quedara algo de carne entre las piernas —dijo ella con esa cara de loca que tenía— pero he de reconocer que es la polla más bonita que he visto nunca, hasta a mí me dio pena arrancársela de cuajo.

Todo aquello era demasiado para Severus, le gustaba su vida tranquila, si él mismo evitaba los líos amorosos era por un motivo. No necesitaba estar en medio de los de otros.

—Podría denunciarte, Bella. —Ella le miró con sus ojos color "trastorno asesino"— Creo que usaste una maldición prohibida y sabes lo que el Ministerio opina de la magia negra estos días.

Ella toqueteó más bayas tóxicas, pero sabía que allí nadie quería ser relacionado con el amago de mago oscuro que casi los manda a todos a una guerra mágica espeluznante.

Severus había sacado la artillería pesada, tener a Sirius Black lloriqueando, toqueándose y volviendo a lloriquear en su despacho era más de lo que estaba dispuesto a soportar.

—Puede que haya una forma, pero no la aceptará, es un puto libertino, aunque quizás eso sea divertido de ver.

—Al grano, Bellatrix.

—Monogamus cellatio.

La solución que le había dado Bellatrix era casi tan arcaica e ilegal como la propia maldición.

—¿Una única persona para toda mi vida? —Sirius se llevó la mano a la garganta horrorizado.

—No he encontrado nada mejor, búscate alguien que te guste y devuelve a tu amiguito a la vida.

Sirius lo miraba con renovado horror.

—También puedes ser célibe, quizás sea la mejor solución para tu esperanza de vida.

Sirius no encontró gracioso su comentario, pero le gustara o no, era la única solución que había encontrado.

—¿Se puede romper ese lazo después? —preguntó dubitativo Sirius.

—¿Miedo a la monogamia, Black?

—Absolutamente, amo a James y Lily, pero su vida da verdadero horror.

—Me pediste ayuda, aquí tienes la solución —dijo Severus sin ganas de seguir con el tema, más de una semana con Sirius y ya compadecía a su futura pareja "para toda la vida".

Sirius, para su sorpresa, salió de su despacho en silencio.

Por un segundo se compadeció, pero en su fuero interno sabía que lo que Lily y James tenían era maravilloso, pero también poco probable de conseguir.

—Nadie quiere ser mi pareja monógama para la eternidad.

La aparición de Sirius de nuevo en su despacho no diría que le sorprendiera. ¿Qué loco querría atarse a otro persona con un hechizo ilegal?

—Es un riesgo, el Ministerio no lo aprueba —entendió Severus que aún trataba de volver a su lectura.

—Ni siquiera he mencionado el hechizo.

Eso sí le hizo mirar a Sirius con renovado interés.

—¿Nadie?

—No pienso unirme a alguien que folle mal, Severus. Mi lista se ha reducido considerablemente y por algún motivo o no me han creído y no quedaron tan satisfechos como yo.

—¿Estamos sorprendidos?

La mirada de Sirius podría haberlo matado, no estaba de humor, sin duda.

—¿Has hablado con Remus y Peter?

Sirius lo miró sorprendido, era guapo pero no había pensado nunca que fuera tonto, quizás la falta de sexo le estaba matando neuronas.

—Hasta yo tengo límites, Severus —se indignó Sirius— Con Remus aún me lo volvería a plantear, pero creo que tu amigo Lucius me mataría.

—¿Han vuelto?

—¿Podemos volver a mi problema? —se exasperó Sirius. Severus asintió. —Peter es demasiado remilgado para mí, prefiero ser célibe.

—Dime que no te has follado a todo el mundo que conoces.

Sirius permaneció callado.

—A ti no.

Severus era consciente de ello, tampoco sabía que su lista se reducía solo a él y no pudo evitar sentir el rechazo, pero se lo tragó, tampoco es como si fuera la primera vez.

—¡Qué gran honor! —dijo con sarcasmo— Espera, ¿Lily, James? Olvídalo, no quiero saberlo.

Pero Sirius se acercó hasta él lentamente, demasiado lentamente, parecía algún tipo de serpiente, una venenosa.

—Quizás…

Severus se apartó de Sirius viendo venir problemas, muchos problemas y eso que su especialidad nunca había sido la adivinación.

—Sí, quizás ese es el motivo.

—Ni se te ocurra seguir por ahí, Sirius Black.

—Solo piénsalo, siempre has estado aquí, tú eres el único que me ha ayudado cuando lo he necesitado…

—Creo que olvidas que ni siquiera somos amigos, seguro que ellos han hecho mucho más por ti que yo.

—No, no ahora, no con esto, creo que el destino nos está queriendo decir algo.

—Sí, que te has vuelto loco de estar tanto tiempo sin follar.

—Severus, por favor, eres mi única solución.

—Con eso no me haces sentir nada halagado, mala estrategia para pedirme una relación.

—Te respetaba demasiado.

Severus bufó, eso y llamarlo feo o poco atractivo era casi lo mismo, por Merlín, si Sirius se había follado hasta a Rodolphus Lestrange.

Lo que le sorprendía era que hasta ese momento no le había afectado el supuesto rechazo de Sirius, sencillamente tenía que decir "No".

—No.

—¿No? —La cara de consternación de Sirius sí que le hizo algo a Severus, pero él no era la solución.

—Encontrarás a otra persona, o quizás otra solución.

—Vale —dijo abatido Sirius y solo se fue de su despacho sin decir nada más.

¿Por qué ahora se sentía mal? Sirius no quería estar con él. Había hecho lo correcto.

Pero Sirius volvió al día siguiente.

—¿En serio no tienes otro sitio al que ir? —preguntó Severus.

—No, tengo mucho tiempo libre —dijo Sirius hojeando un libro demasiado valioso para manos profanas.

Severus se acercó hasta él y le arrebató el libro de las manos, no sin darse cuenta de lo bien que olía Sirius y de que sus hombros al ser de la misma altura se rozaron levemente.

—¿Has probado con algo llamado trabajo? —le amonestó Severus— Te lo recomiendo.

—No lo necesito.

—Obvio.

Pero Sirius ni siquiera contestó a aquella provocación.

—Nunca he sabido muy bien a qué te dedicas —dijo reflexivo Sirius— ¿siempre estás leyendo pergaminos viejos?

Aquello tomó desprevenido a Severus.

—Soy traductor para la Agencia Internacional de Pocionistas.

Sirius asintió, pero todo en su rostro decía "aburrido", quizás no le faltaba razón, pero a él le gustaba y pagaban bastante bien. Además, los transladores eran gratis.

Sirius se sentó y en vista de que parecía no tener nada mejor que hacer, Severus siguió trabajando en un extraño pero tranquilo silencio.

Si pensaba que sería la última visita de Sirius se equivocaba, había tomado una rutina que consistía en atormentar a Severus unas pocas horas al día.

Pero si era justo, no había vuelto a sacar el tema del pene flácido ni del hechizo ilegal. Sencillamente estaba allí, hablando o en silencio.

—¿Qué hacías antes? —preguntó Severus curioso.

—Bueno, una vida sexual ajetreada requiere tiempo, ahora tengo tiempo para hacer otras cosas.

—Venir y calentarme la silla debe ser muy aburrido.

—Si quieres podemos…

—Ni se te ocurra mencionarlo.

Sirius sonrió, podría estar castrado mágicamente, pero no se podía negar que sus sonrisas seguían teniendo un encanto magnético.

—Mi querido Severus, solo te iba a proponer ir a tomar el té fuera de este despacho —ambos sabían que mentía—. Creo de todas maneras que este sótano tiene problemas de humedad, mañana le pediré a uno de mis elfos que venga a revisar tus cañerías.

—Mis cañerías están perfectamente.

—Lo dudo—contestó Sirius con un brillo demasiado perturbador en sus ojos.

No estaban hablando ya de construcción, Severus necesitaba salir de despacho, la humedad no tenía nada que ver.

—Vamos a por ese té —se levantó Severus, necesitaba que Sirius se repartiera entre más magos y brujas.

Pero al día siguiente un elfo más viejo que Nicolas Flamel arregló el evidente problema en las cañerías de la desastrosa instalación de Severus.

Y salir con Sirius a tomar el té a mitad de la tarde, se convirtió en una de sus nuevas costumbres.

—Aunque parezca mentira, me siento de cierto modo liberado —reflexionó Sirius mientras movía con gesto sensual su té. O quizás solo era que el que tenía un problema con el sexo era Severus.

—¿Qué?

Sirius lamió su propia cucharilla, dudaba que ese gesto fuera inocente ni siquiera en el refinado salón de té de Londres.

—No pensar todo el día en el sexo.

—Ah.

Afortunado, pensó Severus.

—Quizás todo esto ha pasado por algo.

—Porque la metías donde no debías meterla —apostilló Severus, y para su sorpresa Sirius asintió y se rio. Una risa tan clara y sincera que hacía que meterse con Sirius ya no fuera divertido.

—¿Querrías venir conmigo a la fiesta del solsticio de invierno que da mi familia?

Severus había conseguido un nuevo pergamino en un monasterio que había quedado sepultado por toneladas de décadas y llevaba semanas enfrascado en él.

—¿Severus?

—¿Sí?

—Fiesta de solsticio, tú y yo.

—¿Cómo?

—Si llego a saber que ese maldito pergamino te iba a abducir no hubiera movido mis contactos.

Era cierto que las influencias de los Black abrían muchas puertas.

—Mi familia da todos los años una fiesta de solsticio, ¿vendrías conmigo?

—No me gustan las fiestas.

—¿En serio? No lo hubiera ni imaginado, ¿es porque hay personas y no pergaminos? —dijo Sirius mirando mal aquel trozo de piel maravilloso.

—Podría ser.

—No quiero ir solo, y no puedo no ir —se quejó Sirius— Por favor, te lo compensaré.

Severus guardó el documento con sumo cuidado.

—¿No puedes pedírselo a otro?

—No quiero pedírselo a otro. —sonrió Sirius— Como amigos, te lo prometo.

En cualquier caso, era lo único que eran, ¿no?

Por eso fue que acabó en la mansión de los Black, un lugar que siempre había tratado de evitar en el pasado. No, no le gustaba en exceso la gente, pero los ricos y poderosos mucho menos.

Para su sorpresa no fue tan malo, habló con Lily y efectivamente, Lucius y Remus habían vuelto. Era un poco espeluznante la relación posesiva de esos dos, pero mientras ellos la aceptaran nadie podía decirles mucho.

—Veo que te ofreciste como voluntario para el hechizo de Sirius —escuchó la aún más espeluznante voz de Bellatrix.

—No, solo somos amigos.

La loca Lestrange bufó una risa incrédula, pero después se quedó seria.

—¿Sirius está aguantando sin sexo tanto tiempo?

Por suerte, Narcisa le rescató de las garras de su hermana. Para su sorpresa, la ex esposa de Lucius estaba de un humor excelente y su amor mutuo por las lenguas muertas fue una conversación bastante agradable.

Severus buscó a Sirius que estaba hablando con Barty Crouch Jr pero Black le estaba mirando a él, parecía preocupado.

Severus se despidió de Narcisa y se acercó a Sirius, al fin y al cabo era su acompañante.

—Severus —le saludó Barty, nunca fue de su agrado y algo de lo que habían estado hablando hizo sentir incómodo a Sirius. Se había dado cuenta.

—Barty, nos disculpas, Sirius iba a enseñarme Los libros rojos de Gilda, la bruja comunista.

Sirius se despidió de Barty y casi salió corriendo del brazo de Severus dirección a la biblioteca.

Cuando entraron, por un momento, Severus se olvidó de que aquello solo había sido una excusa, la biblioteca Black era magnífica y oscura, podía sentir la magia negra enroscada a las ventanas.

—¡Qué ha pasado!

—Barty me ha propuesto firmar conmigo el hechizo.

Severus no sabía qué iba a escuchar ni lo que iba a sentir al escucharlo, pero era una opción viable que alguien aceptara el trato, Sirius seguía siendo uno de los magos más atractivos e importantes del mundo mágico.

—¡Ah! ¿Y qué vas a decirle?

Le costó identificar la sensación, hacía años que no la sentía, celos.

—No sé, estuvimos alguna vez juntos, no es un mal amante.

—Si es lo que quieres.

Sirius le miró a los ojos, ¿era lo que quería?

Sirius no fue a verle al día siguiente, ni al otro.

Severus entendió que había aceptado la proposición de Berty, era obvio.

Estaba bien, nada de lo que preocuparse pero ni su nuevo pergamino favorito era capaz de quitarle el mal sabor de boca.

Y eso que esta vez no lo había lamido para asegurase de su autenticidad.

Severus amaba la calma y sus rutinas, el problema era que en estas últimas se había colado Sirius Black.

—He recibido un soplo de un cargamento de papiros procedentes de Egipto, ¿estás interesado?

Sirius Black traspasando las puertas de su despacho después de más de una semana rompía su nueva rutina. Pero Severus no pudo evitar sonreír.

—El tráfico de papiros es ilegal, la comunidad mágica no quiere más plagas faraónicas.

—Siempre arruinando una buena aventura. —Pero Sirius también sonreía de par en par.

Severus miró al mago, lucía espléndido y animado, sin duda su acuerdo llevaba días en funcionamiento.

—Entiendo que por fin has solucionado tu pequeño problema —le señaló la entrepierna con la pluma.

—Severus, para tu información, mi problema nunca fue precisamente pequeño y no, no está solucionado.

Severus dejó caer su pluma organizando un pequeño drama de tinta y antigüedad que tuvo que corregir con su varita de inmediato.

—Pareces sorprendido.

—Pensé que Barty era la solución.

—No.

—¿Se echó para atrás? —reflexionó demasiado contento— Buenos, las consecuencias son bastantes peligrosas de cara al ministerio.

—No se echó atrás, aunque te parezca mentira, yo dije no.

Sí, parecía mentira.

—Quizás sería mejor que solucionaras tus problemas con el compromiso antes de comprometerte, cierto.

—Creo que entiendo el punto en eso.

No era la respuesta que Severus esperaba, sin duda.

—Si no has aceptado a Barty, ¿por qué no has venido hasta hoy?

Los ojos grises de Sirius brillaron, seguro que usaba algún hechizo en ellos para hacer esas mierdas deslumbrantes.

—Sabía que me habías echado de menos— sonrió de nuevo Sirius —¡Te gusto!

Severus rodó los ojos y tomó su capa para escapar, es decir, salir de su despacho, era la hora del té y ya se había acostumbrado a salir para tomarlo.

Pero antes de que pudiera salir, Sirius lo tomó del brazo acercándolo.

—Tú también me gustas, Severus.

A Severus no le temblaron las piernas, solo dio una mala pisada, solo eso.

En un momento estaban separados al siguiente Sirius le estaba besando y Severus estaba respondiendo.

Cómo llegaron de estar casi en la puerta a tener a Sirius sobre su escritorio eran hechos no descifrables para Severus.

Un mago tenía sus límites.

Sirius besaba condenadamente bien y Severus era como un muerto de sed en mitad del desierto tomando el agua más cara del mercado. Un pulpo sediento en mitad del desierto para más señas.

Pero el beso se rompió de golpe dejándolo aún más sediento y buscando su boca a ciegas.

—¡Está viva! —gritó Sirius.

Severus no entendía ni lo que decía ni porque no tenía su lengua aún en la garganta.

—No lo entiendo, tenía la polla muerta hasta que me besaste.

Técnicamente podría asegurar que él no había sido el que había iniciado el beso, pero ver a Sirius agarrarse la entrepierna con un claro bulto rígido en ella, le hizo darse cuenta de que:

Él mismo estaba empalmado. La maldición había desaparecido.

Y las maldiciones no desaparecían porque sí, razonar le estaba costando, también era verdad.

—Eso no tiene sentido, ¿estás seguro?

Sirius enarcó una ceja y la mano de Severus fue llevada al interior del pantalón de Sirius.

Sí, no había duda, dura, suave y caliente piel.

No pudo evitar que ya que estaba allí su mano se deslizara viciosamente de forma rítmica haciendo a Sirius gemir.

—A la mierda, soy libre —se rio Sirius— y todo tuyo.

Para darle un mejor golpe de efecto, Sirius se abrió los pantalones y tuvo que coincidir con Bellatrix, el maldito Sirius tenía una polla perfecta, dura, recta, lubricada y con un tamaño delicioso.

Perdidos a beber de las mejores aguas, Severus decidió que lo haría a morro, se agachó y se metió la polla de Sirius en la boca.

—Merlín, ¡qué bueno! —gemía Sirius— No pares.

—Hmmi —fue la afirmación atorada en la garganta de Severus.

—¡Para, para! —se retractó solo un segundo después Sirius—. Me corro.

Severus abrió los ojos que no sabía que hasta ese momento había tenido cerrados.

Pero no lo soltó, no paró, siguió chupando notando como su propia polla pedía atenciones urgentes.

Metió su mano dentro de sus pantalones y se la meneó con fuerza.

Sirius no mentía, se estaba corriendo tan fuerte dentro de su boca que a Severus le estaba costando seguir tragando, pero en vez de asquearle le excitó a tal punto de correrse en sus pantalones.

—Creo que hemos batido un récord —dijo Sirius casi sin aliento— Yo en realidad duro más, te lo aseguro.

Severus se limpió la comisura de los labios mientras se levantaba a por su varita, se estaba dando cuenta de que había caído de rodillas en el minuto uno, posiblemente no hubiera llegado ni al minuto, siendo sinceros ¿Qué decía aquello de sí mismo?

Se lanzó un rápido hechizo dentro de los pantalones para desaparecer las pruebas del delito. Pero el semen de Sirius aún se sentía en su garganta.

—Severus.

—O bien me has engañado o bien te han engañado.

—¿Cómo?

Sirius aún seguía con la bragueta abierta, Severus lo guardó todo de un varitazo.

—Auch, ten cuidado —se quejó Sirius.

—Obviamente no estás maldito.

—Estoy tan sorprendido como tú, te puedo asegurar que hasta nuestro beso eso estaba muerto.

—Entiendo que lo has intentando antes, ¿no?

—¿Por quién me tomas? No eres el primer mago o bruja que ha estado de rodillas para mí desde Rodolphus.

El mero nombre le revolvió las tripas y que la polla de Sirius fuera un bien público que pulir entre magos y brujas, también.

Sirius se acercó a él, quizás hubiera estado de rodillas para él, pero ahora no quería tenerlo cerca.

—Bien, por lo que se ve, he roto el maleficio con un beso —dijo Severus volviendo a sus documentos, no iban a traducirse solos—. Ya puedes irte.

Sirius apoyó su cadera en la esquina de su mesa, era estúpido estar molesto por un acto sexual consensuado entre adultos. Así que se obligó a mirarlo.

—¿Y si no me quiero ir?

—Lo mejor es que te vayas, tengo mucho trabajo y ya no me necesitas.

Un silencio espeso cuajó en el despacho y ni siquiera el ruido de la puerta cuando Sirius se marchó lo disolvió.

—¿Qué te pasa, Sevy? —le preguntó Lily.

Sirius no había vuelto desde la tarde de la felación de la vergüenza. Estaba claro que Sirius ya no le necesitaba y estaría compartiendo su polla resucitada con el mundo mágico.

—Sabes que odio que me llames así —se molestó— ¿tengo el aspecto de ser alguien al que se le denomine con diminutivos?

—Te conozco desde que teníamos 4 años y te comías los mocos, te llamaré Sevy hasta que me muera, asúmelo.

—No sé como Potter es capaz de soportarte eres insufrible, pero teniendo el amigo que tiene quizás es lo que le guste.

—¿Te refieres a Sirius?

Severus mantuvo su mejor cara de "no sé de qué mago promiscuo me estás hablando".

—Os vi en la fiesta del solsticio, su maravilloso caballero de la reluciente armadura quitándole de encima a Barty, ese tipo da repelús, siempre ha estado obsesionado con Sirius de un modo enfermizo.

—No es mi problema.

Pero imaginar a Barty babeando tras Sirius le resultó repugnante, se alegraba que ni hubiera tenido que enlazarse con él.

De cualquier modo, no era su problema.

—Viene todas las tardes a casa —confesó Lily— lloriquea porque ahora que le funciona el pene, no quiere usarlo como antes, solo quiere usarlo con una persona, dice que le han maldito de nuevo.

Típico de Sirius, pero aquello le hizo sonreír levemente.

—Creo que se ha enamorado y es tan obtuso que no sabe identificar lo que le pasa.

—¿Se ha enamorado? —la voz de Severus era una octava más aguda de lo que le hubiera gustado— ¿Ha dicho de quién?

Lily le miró sorbiendo su té del modo más vulgar posible, sabiendo que eso enfurecería a Severus.

—Sois tontos, tontísimos.

—No sé de que hablas —¿Tan obvio era? Pensó Severus.

—Tontos del culo —concluyó Lily—, pero me alegro por vosotros.

...

—Bellatrix y Rodolphus se separan, ¿puedes creerlo? —Y sin más Sirius volvió a reaparecer en su despacho.

Severus sintió como un cosquilleo iniciaba desde su estómago hasta su garganta pero se contuvo de mirarlo.

—Enhorabuena, ahora puedes tener su culo flaco todo para ti sin maldiciones de por medio.

—¿Sabes que ella nunca me lanzó una maldición? —Sirius tomó asiento como si no hiciera más de una semana de su última visita y el asunto de su boca en su pene.

—Eso imaginé.

—Dice que solo fue un hechizo desmotivante, la muy zorra.

—Te follaste a su marido.

—Todo el mundo se folla a su marido menos ella.

Severus le miró y no supo qué más decir, Sirius estaba allí.

—¿En qué estás trabajando? —preguntó Sirius.

—En un cargamento de papiros ilegales.

Sirius se rio y Severus no pudo evitar sonreír también.

—El viernes es la fiesta de fin de año del Ministerio, ¿te gustaría venir conmigo?

Severus dejó los papiros, no había brillos cegadores, ni sonrisas magnéticas.

Tuvo la tentación de dejar caer algún comentario hiriente sobre llevar a alguno de sus múltiples amantes, pero Sirius estaba allí pidiéndole lo que supo reconocer como una cita y descubriéndose queriéndola aceptar.

—Sí.

Sirius no parecía convencido de haber escuchado bien.

Pero sonrió de ese modo que Severus había aprendido que era su verdadera sonrisa.

Severus se levantó acercándose hasta la silla de la que se había adueñado desde que apareció con su caso de "pene muerto".

Se inclinó sobre él y casi le besó, pero paró justo para acercarse hasta su oído.

—No se me da bien compartir, nunca —le dijo absorbiendo su olor—. Si alguna vez me traicionas yo sí te maldeciré tu bonita polla, piensa bien dónde te estás metiendo antes de meterla.

Notó sus labios sonriendo contra su mejilla.

Notó los labios contra su garganta antes de que Sirius se levantara.

Frente a frente.

—Solo tú y yo —prometió Sirius.


Con estos dos o tiendo al romance tóxico o al humor ridículo, me encantan en ambas facetas.

Besos

Shimi