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"El amor no tiene edad, y en su esencia, es un susurro que desafía el tiempo." _(Pablo Neruda)
La oficina estaba en silencio, salvo por el sonido de los dedos de Karin deslizándose sobre el teclado. Sasuke Uchiha, el dueño de la empresa, observaba desde su despacho, con el cristal de la puerta entreabierto.
Karin era la mejor asistente que había tenido en años, siempre puntual, eficiente y dedicada. Pero había algo en su mirada, en la forma en la que le sonreía cuando cruzaban palabras, que lo hacía sentir más allá de lo profesional.
Sasuke se recargó en su silla, dejando que su mirada se fijará en ella a través de la puerta entreabierta. No era común en él que se distrajera en el trabajo, pero algo en Karin le capturaba la atención sin que pudiera evitarlo.
Quizás era la forma en que cada pequeño gesto suyo parecía genuino o el destello en sus ojos cada vez que lograban resolver un problema juntos, pero el punto era que siempre tenía a esa jovencita de veinte años postrada en su mente. Karin continuaba concentrada en su pantalla, ajena a su mirada oscura y penetrante.
De vez en cuando se detenía y fruncía el ceño, mientras revisaba sus notas o se inclinaba hacia un lado para tomar un archivo. Sasuke no pudo evitar sonreír al notar su concentración, viendo como Karin se acomodaba sus gafas en su suave nariz respingada y pequeña.
La profesionalidad de Karin y su habilidad para anticiparse a las necesidades de la empresa lo impresionaban día a día, pero había algo más, algo indefinible, que lo atraía hacia ella. Al cabo de unos minutos, decidió llamarla a su despacho, bajo el pretexto de revisar un informe reciente.
Descolgó el teléfono y marcó su extensión, intentando que su tono se mantuviera firme. No quería que se diera cuenta de lo que le provocaba cuando la veía, aunque ya sé le estaba siendo difícil mantenerlo para sí mismo.
–Karin, ¿puedes venir a mi oficina un momento?
Pudo ver cómo ella alzaba la mirada hacia el despacho, sorprendida por la llamada inesperada, pero respondió enseguida.
–Claro, señor Uchiha, ahora voy.
Contestó con la misma seguridad que la caracterizaba, poniéndose de pie de su silla y alejándose del escritorio. Karin entró poco después, llevando en brazos una carpeta de documentos.
Sus ojos lo buscaron de inmediato, como siempre, mostrando una mezcla de respeto y esa cercanía que solo alguien tan atento y empático como ella podía transmitir. Sasuke trató de mantener su expresión neutral, pero algo en el ambiente parecía cambiar cada vez que estaban solos.
–Aquí tiene el informe que pidió, señor Uchiha.
Dijo con formalidad, extendiéndole la carpeta con una leve sonrisa. Sasuke tomó los documentos, sintiendo que sus dedos rozaban los de Karin durante un breve segundo. Un escalofrío le recorrió la espalda, y apartó la vista para disimular su reacción.
–Gracias, Karin. Estuve revisando los resultados del último trimestre, y noté que has realizado algunos ajustes en las proyecciones. ¿Podrías explicármelos?
Preguntó serio, intentando sonar profesional, aunque sus pensamientos se encontraban en otra parte. Karin asintió y se acercó, situándose junto a su escritorio para señalarle algunas cifras y gráficas.
Su cercanía hizo que Sasuke pudiera percibir su suave fragancia de rosas y manzanas, y por un instante, su concentración se disipó. La miró de arriba abajo, fijándose en sus lentes negros, su maquillaje ligero, la blusa blanca con el saco negro que resaltaba su busto y su falda roja que resaltaba sus piernas largas y sus caderas.
–Claro, señor Uchiha, estos ajustes son para equilibrar las expectativas de inversión. Noté que había una ligera desviación en los costos previstos, así que ajusté el presupuesto para evitar posibles pérdidas a largo plazo plazo.
Explicó ella con una tranquilidad que contrastaba con el torbellino de emociones que él sentía, fascinándole más y llenándolo de frustración. Sasuke se obligó a mantener la compostura, asintiendo lentamente, mientras escuchaba sus explicaciones.
Su voz suave y firme, la manera en que le hablaba sin prisa, como si entendiera cada rincón de su oficina y de su mente, lo hacían querer extender esa conversación sin una razón aparente. Cuando Karin terminó de exponer su punto, le dirigió una sonrisa discreta, esperando algún comentario.
–Has hecho un gran trabajo, como siempre.
Dijo calmado Sasuke finalmente, con una leve sonrisa que apenas asomaba en sus labios. No era usual en él mostrar emoción, pero en ese instante, sentía que cada palabra carecía de sentido si no incluía algún pequeño reconocimiento hacia ella.
Karin bajó la mirada, visiblemente halagada, y una leve sombra de rubor se posó en sus mejillas. Tímidamente jugó con sus manos, sin saber por qué este hombre la ponía tan nerviosos.
–Gracias, señor Uchiha.
Contestó tranquila, desviando la mirada hacia los papeles en su escritorio.
–Solo hago lo mejor que puedo para que todo salga bien.
Durante un instante, ambos se quedaron en silencio, sumidos en pensamientos que no necesitaban palabras. Sasuke sentía la tensión acumulada en el aire, una sensación que lo empujaba a hacer o decir algo que podría cambiarlo todo, pero se contuvo.
Karin rompió el silencio con una pregunta inesperada, sin ver a su jefe aún por una gran timidez que no lograba quitar. Juntando sus manos y mirando sus uñas pintadas de carmín, mientras sé sonrojaban sus mejillas cada vez más.
–¿Alguna vez piensas en algo más allá del trabajo?
Susurró muy débil, sin mirarlo directamente, como si no quisiera que él notara la intensidad de sus palabras. Sasuke sintió cómo su corazón latía con más fuerza al escuchar esa pregunta, cerrando los ojos por un instante para concentrarse.
Había algo en esa simple frase que lo desarmaba, como si ella le estuviera ofreciendo una puerta a algo que él no sabía si estaba preparado para cruzar. Suspiró y abrió los ojos negros, tratando de calmarse para que no soltar algo indebido.
–A veces…
respondió en voz baja, permitiendo que esa pequeña vulnerabilidad escapara de él. La mirada de Karin finalmente se posó en la suya, y en ese cruce de miradas se sintió expuesto, pero también curioso.
Ambos sabían que algo estaba cambiando entre ellos, y aunque no sabían exactamente cómo lidiar con ello, había un acuerdo tácito en dejar que esa conexión creciera, incluso en la incertidumbre.
Mentiras, son todas mentiras,
Cosas que dice la gente,
Decir que este amor es prohibido,
Que tengo cuarenta y tú veinte.
–¿Señor Uchiha?
Dijo suave Karin, rompiendo su trance al volver a hablar.
–¿Desea que le traiga un café?
– Prefiero que dejes de llamarme "señor Uchiha" cuando estamos solos.
Contestó él con una sonrisa.
–Llámame Sasuke.
Karin bajó la mirada, un fuerte rubor subiendo a sus mejillas. Sasuke se levantó de su asiento, acercándose a ella con pasos firmes.
Sentía la intensidad del momento en el aire, y sabía que ambos estaban bordeando un límite peligroso, pero irresistible. Karin sintió su pulso acelerarse al escuchar esas palabras, tragando duro ante la voz profunda de eso hombre de cuarenta años tan prohibido.
Sasuke jamás le había pedido algo tan personal; había sido siempre un jefe reservado, meticuloso en la distancia que marcaba con los demás. Pero ahora, ahí estaba, a escasos centímetros de ella, con una mirada tan profunda que parecía que intentaba descifrar algo más allá de sus palabras.
–Sasuke…
Murmuró dulce, probando su nombre como si fuera algo frágil, y al instante sintió cómo una leve sonrisa se formaba en sus labios. Él, satisfecho al escucharla, no apartó la mirada ni un segundo, como si en ese momento quisiera capturar cada detalle de su expresión.
La frialdad habitual en su rostro parecía haberse desvanecido, y en su lugar, había una calidez inesperada que solo se mostraba cuando ella estaba cerca. No era algo que él planeara, solo salía involuntario sin que él si quiera pudiera sospecharlo.
–Karin, ¿nunca te has preguntado por qué te elegí como mi asistente?
Preguntó él en un tono bajo y pausado, mirando a Karin como a ninguna chica antes había mirado. La pregunta la descolocó un instante, y aunque intentó procesar sus palabras, algo en su mente le decía que aquella conversación iba mucho más allá de lo laboral.
Lo miró con atención, tratando de ocultar el temblor en sus manos, pero no logró engañarlo; Sasuke notó su nerviosismo y sintió una leve satisfacción en saber que él no era el único afectado por la cercanía, sí no que ella también sé emocionaba cuando él estaba cerca de ella.
–Sinceramente, pensé que fue solo por mis credenciales.
Respondió seria ella, esforzándose por mantener la compostura.
–Después de todo, usted es un hombre que valora la eficiencia, ¿no?
Sasuke asintió lentamente, sin dejar de mirarla, como si sus palabras fueran una especie de juego que él disfrutaba prolongar.
–Eso es cierto, Karin. La eficiencia es importante para mí.
Dijo de acuerdo con ella, acercándose un poco más.
–Pero también valoro la sinceridad. Y tú tienes una honestidad que no he encontrado en nadie más aquí.
Las palabras se quedaban en el aire entre ellos, envolviéndolos en un silencio que hablaba mucho más que cualquier otra cosa que pudieran decir. Karin sintió que su corazón latía tan fuerte que temía que Sasuke pudiera escucharlo, aunque era más que obvio que era una tontería el pensar aquella locura.
En un impulso de valentía que ni ella misma sabía de dónde provenía, alzó la mirada y sostuvo su intensa mirada oscura. Rojo y negro por fin chocaron con fuerza, quitándoles el aliento que ya poco tenían por contenerlo.
–Entonces, ¿por qué esa sinceridad te incomoda a veces?
Preguntó curiosa ella, sorprendida por la seguridad en su propia voz. La expresión de Sasuke cambió por un instante, y luego dejó escapar una sonrisa suave, casi irónica. Parecía que ella había tocado algo dentro de él que ni siquiera él sabía cómo manejar, ya que nunca le había tomado mucha importancia.
–Porque contigo no puedo mantener esa barrera.
Contestó en un susurro, su voz baja, con una honestidad inusual en él.
–Y eso me preocupa más de lo que imaginaba.
Karin sintió que sus mejillas se encendían una vez más, y no supo qué responder. Estaban ambos atrapados en un juego peligroso, donde un solo paso más podría cambiarlo todo.
Sasuke alzó su mano y, de forma casi imperceptible, tocó las gafas de Karin, acomodándoselas suavemente, mientras mantenía la mirada en sus ojos. Estaba perdido en ella, por todo lo que era y todo lo que hacía en él y la empresa.
Que yo soy otoño en tu vida,
Y tú eres dulce primavera,
No saben que guardo un verano,
Que cuando te miro, te quema.
Él alzó una mano, rozando con suavidad la mejilla de Karin. Y ella cerró los ojos, sintiendo cómo cada palabra de ese susurro la hacía estremecerse. No importaban los años entre ellos; en ese instante, solo existía una conexión profunda y sincera.
–¿Sabes?
Murmuró suave Sasuke, su aliento acariciando la piel de ella.
–Hay algo en ti que me hace olvidar todo lo demás.
Karin abrió los ojos, encontrando los de él llenos de un deseo reprimido. El silencio entre ellos se volvió casi palpable, cargado de una tensión electrizante que ambos sabían podría desbordarse en cualquier momento.
Karin intentó recuperar la compostura, buscando alguna salida a esa tormenta de emociones que la envolvía. Pero sus palabras parecían haberse atascado en su garganta, como sí no tuviera el valor de hablar como regularmente lo hacía.
–Sasuke…
Murmuró suave, sin saber muy bien qué más decir. Porque cualquier palabra podía romper el hechizo de ese instante, o llevarlo hacia un punto sin retorno.
Él esbozó una sonrisa casi nostálgica, como si estuviera recordando una vida pasada. Alguna vez dominada por la frialdad y la distancia, pero que ahora parecía desmoronarse ante la intensidad de aquella joven que había irrumpido en su rutina.
–¿Alguna vez te has preguntado por qué mantengo las cosas tan estrictamente profesionales?
Preguntó con tranquilidad, con la voz apenas audible. Karin negó lentamente, sin apartar su mirada de los ojos oscuros de él. Sabía que había algo oculto en esa pregunta, algo que tal vez él nunca había compartido con nadie.
–Al principio.
Confesó serio Sasuke, bajando la mirada solo un instante antes de volver a posar sus ojos en ella.
–Pensé que la distancia me protegería de cometer errores… pero contigo ha sido distinto. Mi racionalidad siempre ha sido una barrera, y tú la has atravesado sin siquiera proponértelo.
Sus palabras la hicieron sentir un calor dulce y pesado, como si todo el peso de sus confesiones se derramara sobre ella. Sin embargo, más allá de la sorpresa, estaba la innegable verdad de lo que ambos estaban experimentando en ese momento.
Karin era consciente de que ese vínculo era algo que había crecido en silencio, sin que ella lo notara, como una planta que había echado raíces profundas bajo la superficie. Su relación con Sasuke era una flor floreciente entre sus manos, que ninguno de los dos quería arrancar y en vez deseaban cuidar juntos.
–No pensé que yo…
Titubeó tímida ella, sintiendo cómo el rubor en sus mejillas aumentaba.
Pudiera significar algo para ti, más allá del trabajo.
La sonrisa de Sasuke se ensanchó un poco más, y esta vez, su mano volvió a su mejilla, solo que ahora era un toque más seguro, como si al fin hubiera tomado una decisión.
–Lo haces, Karin. Y cada día me resulta más difícil fingir lo contrario.
Ambos permanecieron en silencio por unos instantes, atrapados en la verdad que ambos habían intentado evitar. Sabían que lo que estaban compartiendo rompía todas las normas, pero el deseo y la necesidad de sentirse uno al lado del otro eran demasiado fuertes.
Sasuke se inclinó lentamente, sus labios apenas rozando los de ella, como si dudara un momento antes de lanzarse al vacío. Karin cerró los ojos, dejando que la sensación se apoderara de ella, sintiendo cómo todo en su mundo se reducía a aquel instante robado.
La mente de ambos giraba en remolinos, perdiéndose en ese bello momento. Finalmente, él susurró una última confesión, tan suave que apenas se oyó:
–Me haces querer olvidar el tiempo que nos separa.
Entonces, en un acto de valentía y sinceridad, ambos se entregaron a ese amor prohibido, sabiendo que, aunque el mundo no los comprendiera, cada instante robado valdría la pena.
Cuarenta y veinte,
Cuarenta y veinte,
Es el amor lo que importa,
y no lo que diga la gente.
Ambos sabían que muchos murmuraban sobre su diferencia de edades, sobre cómo una relación entre un hombre de su experiencia y una joven como ella era "inapropiada". Pero cuando sus miradas se encontraban, el mundo dejaba de importar.
Con un movimiento lento, Sasuke tomó las manos de Karin. Y ella entrelazó sus dedos con los suyos, dejando que ese momento hablara por ambos.
Las palabras entre ellos se volvieron innecesarias, y todo lo que había quedado pendiente de decir estaba ahí, flotando en el aire cargado de su confesión compartida. Sasuke llevó la mano de Karin a sus labios y le dio un beso suave, dejando que ese gesto le hablara más de lo que cualquier frase podría haber dicho. Él estaba dispuesto a desafiar todas las expectativas, las críticas y los juicios, todo por una verdad que solo ellos comprendían.
Karin lo miró con una mezcla de asombro y felicidad, perdidamente enamorada de ese hombre cuarentón. Sabía que lo que compartían era algo prohibido, algo que cualquiera juzgaría.
Pero Sasuke, con su aplomo y su sinceridad, la había hecho ver que las miradas y los prejuicios de los demás no tenían peso en su amor. Le dedicó una sonrisa llena de dulzura, sintiendo que las barreras que los separaban habían caído, una por una.
–Sasuke.
Murmuró dulce ella, sus dedos aferrándose suavemente a su mano.
–No sé lo que nos depara el futuro, pero sé que, en este momento, quiero estar contigo.
La profundidad de sus palabras se hundió en él como un ancla, entregándole su alma a ese dulce hombre. Sasuke, quien siempre había caminado por la vida evitando a toda costa atarse emocionalmente, entendió que Karin era diferente.
Con ella, no había manera de escapar de la intensidad, de lo que latía entre ellos y crecía con cada segundo. Él se acercó más, sin separarse de ella, sintiendo cómo sus respiraciones se unían en un susurro cargado de promesas y de secretos compartidos.
Se miraron a los ojos y, en ese momento, comprendieron que no habría vuelta atrás. Se querían y nadie los separaría, porque la edad que tenían no era más que números.
–No necesito saber lo que dirán los demás.
Murmuró seguro él, tomando su rostro entre sus manos con una ternura desconocida en él.
–Solo quiero que seas tú quien me acompañe en lo que venga.
La habitación se llenó de silencio, pero era un silencio cómodo, uno que les permitía hablar con sus gestos, con la manera en que se miraban y el leve roce de sus dedos entrelazados. Karin sintió el corazón latir con fuerza, como si no hubiera espacio suficiente en su pecho para contener tanto sentimiento.
Cerró los ojos un instante, grabando cada detalle de aquel momento en su memoria. Sabiendo que, pase lo que pase, siempre guardaría ese instante con ella.
–Entonces, Sasuke.
Dijo ella con una sonrisa temblorosa pero decidida.
–Dejemos que la gente diga lo que quiera. Solo nosotros sabemos lo que significa esto.
Él asintió, con una leve sonrisa que brillaba en sus ojos. Al final, cuarenta o veinte, no había nada más importante que la verdad que compartían.
Porque en ese momento, en esa conexión que ambos habían construido, no existían las edades, los rumores o las prohibiciones. Solo existían dos personas unidas por algo tan puro que no podía ser explicado, solo sentido.
Cuarenta y veinte,
Cuarenta y veinte,
Toma mi mano,
Camina conmigo,
Mirando de frente.
–No me importa lo que digan.
Le susurró firme ella, su voz temblorosa pero decidida.
–Quiero estar contigo, Sasuke.
Él la atrajo hacia sí, envolviéndola en sus brazos, sintiendo su calidez contra su pecho. En ese instante, todo lo que él había vivido y todo lo que ella representaba parecía fusionarse en un equilibrio perfecto.
El tiempo parecía detenerse en el abrazo de Sasuke y Karin, mientras sus corazones latían al unísono, como si fueran una sola melodía. Afuera, las voces de los que los juzgaban parecían desvanecerse, disolviéndose en el eco de algo insignificante.
Dentro de esa burbuja de intimidad, solo existían ellos y el sentimiento tan fuerte que los unía. Sasuke respiró hondo, llenándose del aroma suave de Karin, y se permitió un momento de vulnerabilidad, uno que rara vez mostraba.
Su vida había estado marcada por batallas, traiciones y soledad, y en los años que había acumulado sobre sus hombros, había aprendido a no confiar en nadie, a no depender de nada ni de nadie… hasta que ella apareció, iluminando su vida y trayéndole la paz que había perdido.
Ella, con su frescura y su vitalidad, había desarmado cada muro que él construyó a lo largo de los años. era como si no significara nada y sus muros estuvieran hechos de papel, porque se había metido en su corazón sin que se diera cuenta o lo pudieran evitar.
–Karin.
Susurró muy tenue él, su voz tan baja que apenas fue un murmullo.
–Tú llegaste cuando yo pensaba que ya no había nada más que descubrir en el amor. Y me diste razones para querer un mañana.
Ella lo miró, con el brillo de la emoción humedeciendo sus ojos. Cada palabra de él era como una promesa no dicha, un lazo que se volvía más fuerte, un hilo que los unía.
Karin sintió que la comprensión y la seguridad que él le daba eran todo lo que siempre había deseado, todo lo que podría necesitar en su vida. Ella había llegado a su vida como un torbellino, tan inesperada y llena de luz, que no dejaba espacio para el miedo ni para las dudas.
Sin soltarla, Sasuke deslizó una mano por su mejilla, acariciándola con la suavidad de quien sabe que está tocando algo frágil y precioso. Sus labios se entreabrieron para decir algo, pero en lugar de palabras, dejó que sus acciones hablaran.
Se inclinó y la besó de nuevo, esta vez con una intensidad más profunda, como si quisiera sellar la promesa que no necesitaba ser pronunciada. Ella respondió al beso, entregándose por completo, y supo en ese instante que él se había convertido en su refugio y en su hogar.
La diferencia de edad, los rumores, las miradas ajenas… todo eso era tan pequeño en comparación con el gigante que se había formado en su corazón. Cuando se separaron, ambos se miraron con una mezcla de risa y complicidad.
El mundo seguía allá afuera, y probablemente no dejaría de opinar, pero ellos ya no necesitaban la aprobación de nadie. Ya habían tomado su decisión, y ahora el siguiente paso lo darían juntos.
–¿Listo para enfrentar el mundo conmigo?
Preguntó feliz ella, con una chispa de desafío en sus ojos. Sasuke esbozó una sonrisa, mirándole con tanta ternura que no sabía que podía sentir.
En todos sus años, en todas sus experiencias, jamás pensó que encontraría en alguien tan joven la valentía y la determinación que ella irradiaba. Ella era una guerrera a su manera, y él se sintió afortunado de ser parte de su historia.
–Siempre.
Respondió seguro él, sellando sus palabras con un toque en su mejilla y un beso en su frente. Ambos se levantaron, entrelazando sus manos, dispuestos a caminar hacia el futuro juntos.
Sabían que habría desafíos y que el camino no sería fácil, pero tenían una certeza que brillaba más que cualquier otra cosa: se amaban, y ese amor les daba la fuerza necesaria para enfrentar cualquier obstáculo.
Cuarenta y veinte, dos almas que encontraron en el amor una verdad que iba más allá de la lógica y las apariencias. Porque cuando los corazones se encuentran y el amor es verdadero, ni el tiempo ni las edades importan.
No importa que a mí no me entiendan,
Y que, por lo bajo, comenten,
Que existe una gran diferencia,
Que tengo cuarenta y tú veinte.
Sasuke inclinó su rostro, sus labios a escasos milímetros de los de Karin. La respiración de ambos se entremezclaba, como si ese instante los envolviera en una burbuja donde solo existían ellos dos.
–Nadie sabe lo que significa para mí estar contigo.
Murmuró pacífico Sasuke, antes de besarla una vez más. El beso fue suave al principio, una exploración cuidadosa, pero en segundos se convirtió en algo más profundo, lleno de necesidad y entrega.
Las manos de Sasuke se deslizaron por su espalda, mientras Karin se aferraba a él, como si temiera que el momento se desvaneciera. Lo abrazó del cuello y lo besó con necesidad, acariciando el cabello de su jefe con adoración.
La levantó en sus brazos, sentándola en su escritorio y colocándose entre sus piernas para besarla mejor. Sabía que no debería hacer eso en su oficina, pero no podía evitar seguir besándola una y otra vez.
Sé desvistieron y sé olvidaron de todo su entorno, haciendo el amor en la oficina como un par de enamorados. Dejando un desastre en el despacho de Sasuke, con papeles regados en el suelo y junto a ellos la ropa de amos.
Que yo tengo muchas vivencias,
Y tú tienes tanta inocencia,
No saben que nuestro secreto,
Es tu juventud y mi experiencia.
La experiencia de Sasuke guio cada movimiento, cada caricia, mientras Karin respondía con toda la intensidad de su juventud. El mundo exterior parecía desvanecerse, y solo quedaba el calor que compartían, el secreto que construían juntos en esa oficina vacía.
El calor de aquel momento los envolvía, creando un refugio temporal en el que sus diferencias de edad y los juicios de los demás no importaban. Sasuke y Karin compartían un amor que trascendía las convenciones, un lazo tan fuerte que ninguno de los dos podía imaginar su vida sin el otro.
Al terminar, ambos permanecieron abrazados, dejando que sus respiraciones se calmaran en la quietud de la oficina. Karin, aún envuelta en los brazos de Sasuke, levantó la vista hacia él, sus ojos brillando con una mezcla de devoción y admiración.
–¿Alguna vez creíste que estarías en esta situación?
Susurró curiosa ella, una sonrisa tímida curvando sus labios. Sasuke esbozó una sonrisa leve, algo nostálgica.
–No… pero ahora no puedo imaginarlo de otra forma.
Respondió feliz, acariciando su mejilla con suavidad. Su mirada se volvió seria, como si quisiera grabarse ese momento en la memoria.
–No importa cuántas veces tenga que enfrentarme a lo que piensen los demás. Siempre estaré aquí para ti.
Karin apoyó la cabeza en su pecho, dejando que el sonido de su corazón marcara el ritmo de su calma. Sin embargo, la paz del momento fue interrumpida por un sonido en la puerta. Ambos se tensaron de inmediato, el momento de intimidad rota por la realidad que los rodeaba.
–¡Sasuke!
La voz de un colega resonó desde el otro lado de la puerta.
–¿Estás aquí?
Sasuke y Karin intercambiaron una mirada rápida y comenzaron a arreglarse, apresurados, pero sin dejar de sonreír ante la aventura que acababan de compartir. Sasuke le entregó su chaqueta a Karin, ayudándola a cubrirse, mientras él se ajustaba la camisa.
Cuando finalmente ambos se sintieron presentables, Sasuke se acercó a la puerta, respiró hondo y la abrió, encontrándose con su colega que lo miraba con sorpresa al verlo acompañado y mirando de nuevo con su gesto frio.
–¿Por qué molestas, Naruto? No puedes ver que estaba… Discutiendo asuntos importantes con tu prima.
Dijo serio, manteniendo la compostura a pesar del desorden que aún los rodeaba.
Karin, aún con las mejillas sonrojadas, asintió, tratando de ocultar su sonrisa. Sabía que nadie entendería la profundidad de su conexión, pero tampoco necesitaba que lo hicieran.
Cuarenta y veinte,
Cuarenta y veinte,
Es el amor lo que importa y no,
Lo que diga la gente.
A pesar de las miradas, de las críticas que seguramente recibirían, Sasuke y Karin se habían entregado a ese instante, ignorando las barreras y los prejuicios, confiando en la intensidad de su conexión.
Naruto parpadeó, su mirada pasando de Sasuke a Karin y de vuelta a Sasuke, claramente desconcertado. Con su habitual franqueza, se cruzó de brazos y arqueó una ceja, sin molestarse en disimular su curiosidad.
–¿Asuntos importantes, ¿eh?
Murmuró Naruto, su tono ligeramente burlón. Sus ojos azules brillaron con esa chispa traviesa que siempre traía problemas, incluso en la empresa en donde ambos trabajaban.
–Pues espero que no haya sido demasiado… "agotador".
Sasuke le dirigió una mirada severa, aunque no pudo evitar sentir un toque de incomodidad. Karin, a su lado, trató de disimular una sonrisa y se aclaró la garganta.
–¿Había algo que querías decirme o simplemente venías a… "Revisar"?
Dijo Sasuke, cortante, intentando que Naruto pasara por alto el estado de la oficina. Naruto dejó escapar una risita, pero decidió dejarlo pasar. Sabía que Sasuke no era alguien que perdiera fácilmente la compostura, y había aprendido que, aunque podía provocarlo de vez en cuando, había ciertos límites que no valía la pena cruzar.
–Solo quería recordarte que la junta con el Consejo es en diez minutos.
Naruto inclinó la cabeza hacia Karin y le sonrió, con un toque de compasión y picardía.
–Karin, siempre es un gusto verte por aquí.
–Igualmente, Naruto.
Respondió ella con una sonrisa tímida, agradecida por su discreción. Naruto se giró y se marchó, dejando la puerta entornada detrás de él.
Al quedar solos, Sasuke se volvió hacia Karin, observándola en silencio por un momento. Sus ojos oscuros se suavizaron, y, sin decir una palabra, deslizó su mano hacia la suya, entrelazando sus dedos.
–¿Te preocupa lo que piensen?
preguntó Sasuke en voz baja, su tono lleno de ternura. Karin negó suavemente con la cabeza, sosteniendo su mirada con decisión.
–No. Nadie más tiene por qué entenderlo. Nosotros sabemos lo que sentimos, y con eso me basta.
Sasuke le acarició la mejilla, sus labios curvándose en una leve sonrisa. Ambos sabían que las diferencias de edad y los prejuicios externos siempre estarían ahí, pero también sabían que su amor era más fuerte que cualquier opinión.
Como si el universo quisiera recordárselo, las notas de una vieja canción resonaron en la distancia. Filtrándose desde algún rincón de la oficina, una melodía suave que hablaba de un amor que no tenía edad, solo intensidad y entrega.
Ambos se quedaron en silencio, saboreando el momento, conscientes de que, aunque el mundo los mirara con recelo, ellos se sentían completos juntos. Con una última mirada cargada de promesas, Sasuke soltó su mano y, con un susurro, le pidió que lo esperara.
–No será mucho.
Le dijo suave, haciendo una pausa antes de marcharse.
–Después de la junta, quisiera llevarte a un lugar donde PODAMOS ESTAR SOLOS.
Karin asintió, con una sonrisa que prometía otro momento inolvidable.
