— De verdad que no me creo que te haya parecido buena idea fingir que la casa de Luffy es la tuya. — repitió Usopp todavía flipando por estar allí preparando una fiesta para conocer a un desconocido — Te delatarás tú solo a los dos segundos cuando te pregunte donde está el cuarto de baño.
— La tercera puerta a la derecha. — respondió automáticamente Zoro.
— Señálame la puerta. — se cruzó de brazos el narizón, escéptico a que supiera dónde estaba y cuando vio a Zoro mirar a su alrededor sin tener la menor idea de estaba el baño se delató él solo — ¡Eres un auténtico inútil perdido!
— ¡Ugh! — se quejó desganado el policía.
— Vamos, vamos. — le dio unas palmaditas en la espalda con recochineo — Sé que no das para más y... ¡por favor no me mates! — suplicó ante la mirada asesina de Zoro.
El gran plan de Luffy consistía en preparar una gran fiesta en la casa que compartía con su novio Trafalgar Law. A este casi le dio algo cuando escuchó la mierda de plan, pero claro, no podía negarse a esos ojazos negros que tenía su moreno, los cuales eran su perdición. Se hizo el duro durante tres minutos y cedió. Su nuevo récord. No estaba mal.
Ya con la casa en su poder, Luffy hizo una lista de todos a los que iba a invitar, Trafalgar borró algunos nombres en un descuido de su chico cuando dejó la lista sobre la mesa. Algunos de esos personajes (porque llamarlos personas era un insulto para la humanidad) habían arruinado su casa en más de una ocasión y se juró no volver a dejarles entrar. De verdad que a veces pensaba que Luffy iba a circos o manicomios a conocer a la gente más rara de toda la ciudad. No sabía que esperar del nuevo fichaje, porque cuando Luffy calificaba a alguien como "normal" definitivamente no lo era, si decía que era "divertido" se echaba a temblar.
El siguiente paso fue anunciar la fiesta por el grupo de Guassap de los Mugiwara que se sorprendieron ante la repentina invitación, y cuando explicó que había sido idea de Zoro faltó tiempo para las preguntas que él policía ignoró deliberadamente y que Luffy respondió en su lugar diciendo que era una excusa para ligarse a Sanji.
El grupo ardió en mensajes de todos a la vez preguntando si era una broma, que quien era, si era real... mientras Zoro deseaba con todas sus fuerzas ir a estrangular a Luffy. Lanzó el teléfono a la cama mientras se iba a desahogar sus ansias de matar haciendo ejercicio en el gimnasio que tenía en casa, tras la ducha, vio que había doscientos quince mensajes que se negó a leer ya que vio que los primeros en no leídos eran básicamente que como llevaba tanto tiempo sin mojar se le podía considerar que iba a perder la virginidad por segunda vez. Chopper dejó claro que eso era imposible, el pobre se lo tomó en serio.
Amenazó con matar a más de uno y Nami aprovechó la oportunidad de exigirle que a cambio de preparar una fiesta (cosa que por supuesto Zoro no sabía hacer) le debía un favor de los grandes y que los gastos corrían por su cuenta más un diez por ciento por organizarla y elegir ella el atuendo que vestiría Zoro. Zoro, resignado, no le quedó más remedio que aceptar, porque para él el significado de moda era un pantalón y una camiseta no agujereadas.
Franky creó un grupo nuevo para la ocasión agregando también a Trafalgar y lo llamó "Operación: ¡Conquistemos a Sanji Black!" A todos les encantó, menos a Zoro que ordenó cambiar el nombre, todos le ignoraron.
Law, silenció el grupo para siempre nada más verlo. Si se quedaba ahí, era solo para asegurarse de que no habría animales salvajes o similares, no sería la primera vez. Por suerte para él, la encargada era Nami y se aseguró de que la lista de invitados había sido censurada todavía más y quedó reducida a unas veinticinco personas, dejó a cargo de Usopp la decoración, a Brook de la música, a Chopper de los aperitivos y a Franky y Robin de la bebida. Ella estaba de viaje y no podía encargarse en persona, le mandó a Zoro varios links de ropa para que se lo comprarse por internet sin opción a réplica, esa era su única labor en toda la operación (esa y no llegar tarde) y a punto estuvo de equivocarse al elegir el color de la camisa, en su defensa alegó que verde aguamarina y verde esmeralda eran jodidamente iguales.
Todos se sorprendieron cuando Zoro apareció antes de la hora acordada, vestía unos vaqueros negros rectos y zapatos del mismo color, la camisa era de seda del verde correcto que dejó dos botones sin abrochar tal como ordenó Nami. Tres era demasiado y uno era de mojigato. Demasiado complicado para Zoro. Añadió por su cuenta sus tres pendientes de oro que solo podía llevar en su tiempo libre y su reloj favorito que le regaló su hermana hacía unos años por su ingreso al cuerpo de policía.
— Vaya, pareces otro cuando no usas el chándal mugriento. — saludó Trafalgar al abrirle la puerta.
— Tú sigues pareciendo un muerto con esas ojeras. Podrías irte a dormir un rato.
— Si, claro que podría hacerlo. Al fin y al cabo, esta es MI casa y podría mandaros a todos a la mierda. — respondió malhumorado.
— ¡Wooo! Nena, ven a ver a Zoro-bro. Está súuuper guapo. — se acercó Franky al recién llegado.
— Juju, tienes razón. — dijo dándole una cerveza que ya parecía necesitarla.
— ¿Aún no ha llegado la bruja?
— Está en camino, por lo visto hay retención en la autopista y llegará tarde. — respondió Brook con el móvil en la mano conectándolo al altavoz del salón haciendo pruebas de sonido — Chopper ha salido ya del hospital.
Zoro asintió y fue a saludar a Kaya que estaba en el sofá descansando y le dio un par de toquecitos en el vientre preguntando por la niña que crecía en su interior, Usopp también fue a saludarle tras colgar un par de adornos.
Bien, ya lo tenemos todo listo. – declaró orgulloso el narizón, la mesa con la comida estaba repartida en platos mientras Luffy se entretenía con un bocadillo gigante que le habían conseguido previamente para que dejase el picoteo en paz y la bebida enfriándose - ¿Todos sabéis lo que tenéis que hacer?
¡Hablar bien de Zoro para que Sanji quede impresionado! – respondió inocentemente Chopper alzando su mano como si de una pregunta en clase se tratase.
No hagáis nada, me las arreglaré como pueda.
Si haces eso seguramente solo te quedarás mirándole fijamente y sudarás. No es que hagas mucho más. – añadió Brook sin maldad porque todos asintieron dándole la razón.
Tengo mucha curiosidad por verlo, lo único que he conseguido sacarle a Luffy es que su comida es deliciosa, no es que sea muy útil. – suspiró Franky.
Venga, al menos vamos a dejarle el beneficio de la duda, ¿no? – apoyó Kaya al pobre policía que ya se replanteaba largarse de allí.
Que poco lo conoces, Kaya... - dijo Franky, sonó el timbre y se levantó de golpe, de repente, todos estaban nerviosos – ¡Vamos, empieza la operación de la noche!
Fue una falsa alarma, el primero en llegar fue Bepo, que el pobre se agobió ante las miradas de odio que recibió de los Mugiwara sin saber por qué. Conforme avanzaba la noche, los invitados poco a poco iban llegando y cada vez que uno tocaba el timbre, era el conserje del edificio anunciando la llegada de la gente y Zoro daba un respingo cada una de las veces y sus manos se ponían sudorosas, esperaba a que Luffy o Trafalgar atendiese al telefonillo para decepcionarse de inmediato por no ser el rubio al que esperaba cada vez que anunciaban de quien se trataba.
Pasaron un par de horas desde que empezó la fiesta y ya empezaba a pensar que no vendría, solo faltaban él y la bruja para que hiciesen acto de presencia y a pesar de estar rodeado de gente comenzaba a desanimarse. Los Mugiwara le animaban a mantener esperanza, hasta que de nuevo sonó el timbre y Luffy fue quien atendió esta vez y gritó emocionado tras colgar.
— ¡Es Sanji, es Sanji! – se lanzó al sofá a por su amigo que se levantó de golpe, nervioso ante la buena noticia.
— Jujuju, tranquilo. Todavía tiene que subir al ascensor, no ha llegado aún. – intentó calmarle Robin.
— No te pongas nervioso, lo harás bien. – animó Kaya.
Zoro apuró su vaso y lo dejó sobre la mesa, para de inmediato limpiarse de nuevo las palmas de sus manos en sus pantalones antes de dirigirse a la puerta rezando para que no volviesen a mojarse de sudor mientras esperaba delante de esta con el corazón acelerado, podía escuchar la música y nada más y eso le alarmó, giró sobre sí mismo y vio como todos le observaban con evidente curiosidad.
— Dejad de mirarme y actuad con normalidad, joder. – gruñó.
— Eso es imposible, bro. Esto es mejor que una telenovela. – alzó su pulgar el peliazul y los otros asintieron.
Masculló una maldición justo antes de que el timbre sonase. Tuvieron que retener a Luffy para que no fuese él como el loco que era a abrir, Zoro tomó aire y abrió la puerta encontrándose con el rubio que tanto deseaba ver. Vestía unos pantalones de pinza marrones claros y una camisa blanca con lunares pequeños grises. Llevaba el cabello algo húmedo, seguramente se habría dado una ducha al terminar su turno y olía a lavanda, menta y cigarrillo. En sus manos cargaba con algo.
—Hola, No-novio. – saludó burlón con una ligera sonrisa divertida y ladeada – Siento llegar tarde, el turno se alargó un poco.
—No hay problema. – respondió, dando por perdido que Sanji le llamase así, dejándole entrar.
— He traído algo para comer, espero que no te importe.
— ¡SANJI! – fue imposible contener a la bestia y Luffy prácticamente se lanzó a por el rubio que tuvo que levantar la bandeja de papel de aluminio por encima de su cabeza para que no se chafasen — ¿Has traído comida? ¡Genial! Amo tu comida.
— Hola, Luffy. Tan efusivo como siempre. – sonrió haciendo equilibrio con una mano para revolver el cabello negro sin que este todavía le soltase – Deja que tu amigo me lleve a la cocina y las emplato enseguida.
— Oh, ah, claro. – dijo el peliverde quedándose quieto, nervioso por la mirada azul que esperaba que le guiase. Comenzó a sudar sin recordar donde estaba la maldita cocina. Vio a Luffy hacer gesto con el dedo señalando en qué dirección tenía que ir – Por aquí.
Sanji se liberó de Luffy y siguió al "anfitrión" mientras observaba la casa en silencio, al llegar a la cocina vio que allí había dos invitados; uno bajito con algo de sobrepeso y su cabello era tan, tan rubio que parecía era blanco, el otro era moreno muy alto y delgado que le miraba como si estuviese viendo un fantasma, Sanji sonrió y Trafalgar se sonrojó un poco.
—Hola. – saludó dejando la bandeja sobre el banco de la cocina para acercarse a ellos – Me llamo Sanji, un placer.
—Oh, igualmente. Yo soy Trafalgar Law, el novio de Luffy, este es Bepo. – ofreció su mano como saludo y Sanji no dudó en corresponder a cada uno de ellos.
—Ah, el Sí-novio de Luffy, aunque él dijo algo como ¿"Torato"? – rio entre dientes al reconocer el nombre – Me ha prometido que te llevará al Baratie pronto.
—"Torao" – corrigió para su desgracia — Estuvo horas hablándome de la comida, sé de sobra que iremos.
—Genial, espero verte por allí. – estiró su sonrisa y tras el asentimiento del moreno se dirigió a Zoro que estaba plantado en mitad de la cocina – Ehm... ¿me sacas alguna fuente para poder colocar las tartaletas?
—¿Eh? — ¿una fuente? Para eso no estaba preparado, si no sabía ni donde estaban las habitaciones, ¿cómo iba a saber dónde estaba eso?
Se hizo el silencio en la cocina, todos miraban a Zoro que no sabía dónde meterse, quizás con suerte si abría un cajón a la primera aparecía, aunque no tenía muy claro que era una fuente. Echó una mirada hacia Trafalgar que estaba disfrutando de la incomodidad del peliverde, este frunció el ceño, Trafalgar estiró más su sonrisa burlona. Sanji miró de un lado a otro sin entender nada.
—Eh... ¿la sacas? – insistió.
—Hay que joderse... — murmuró Law dejando su vaso en la bancada y abrió uno de los armarios para sacar un plato ovalado y más largo que uno común – Zoro-ya no tiene ni idea de lo que es una fuente, mucho menos donde las guarda.
—Oh, vale. Gracias, Law. – Zoro pudo ver como Sanji apretaba los labios para evitar sonreír abiertamente mientras fue a lavarse las manos mientras Zoro le echaba una mirada agradecida al moreno y este le sacaba el dedo corazón como respuesta.
—Tienes una casa muy bonita.
—Gracias. – respondieron a la vez Zoro y Trafalgar. Sanji miró con curiosidad al alto por haber respondido él.
—Es que le ayudé en la reforma. – mintió y odiaba tener que salvarle el culo tantas veces al idiota del policía.
—¿Qué dices, jefe? Si es tu... ¡ay! – exclamó cuando su amigo le dio un golpe en el costado.
—... — Sanji no dijo nada sobre eso — ¿Jefe?
—Ah, soy enfermero en el hospital general, el señor Law es jefe cirujano y siempre estoy bajo su cuidado en el quirófano.
—Vaya, eso es impresionante. Debes de ser realmente bueno, Law.
—Puedes llamarme Trafalgar y no es para tanto.
—Total, solo le salvas la vida a la gente. —puso los ojos en blanco para luego reír y al escuchar el gruñido a su lado ofreció la bandeja al peliverde que ya parecía más contento de tener su atención. – Ten. Ya que eres el anfitrión tienes que dar el visto bueno.
—Ok. – tomó una de ellas entre los dedos y de un bocado se la llevó a la boca.
—Que animal... — se rio Sanji bajito — ¿Te gusta?
—Joder, está bueno. – respondió maravillado por aquella delicia.
—Tendré que conformarme con ese halago. – le guiñó el ojo y ofreció a los otros dos que de inmediato cogieron y le dieron un bocado.
—¡MMM! – se relamió Bepo — ¡Está riquísimo! Nunca había probado nada igual.
—Eso está mejor. – tarareó feliz el rubio al ver que cogía otra más.
—Delicioso, Sanji-ya. – confirmó Trafalgar – Sin duda ahora sí iré al Baratie.
—Gracias. – le dedicó una sonrisa perfecta — ¿Me acompañas a dejar esto en la mesa con el resto de comida, Chico tímido?
Zoro asintió porque supuestamente ese era él. Salieron de la cocina y por suerte fue fácil de ver donde estaba el lugar donde Sanji dejó la fuente y oteó lo que había.
—¿Quieres una copa? – preguntó el policía mientras él se adueñaba de una cerveza bien fría que había en una hielera con mucha más bebida.
—Otra para mí, gracias. — el peliverde le dio la suya que acababa de quitarle la chapa y abrió otra cuando apareció Robin para prepararse una copa – Oh, hola. Por favor, deja que te la prepare yo. Una dama tan delicada como tú no debería hacer ningún esfuerzo. Permíteme.
—Gracias, que amable por tu parte. Un "Arabasta", por favor. – respondió la morena cediendo ante la petición del nuevo – Tu debes de ser Sanji. Luffy nos ha hablado mucho de ti.
—Buena elección. – eligió la copa de vidrio correspondiente y comenzó a prepararlo – Espero que, para bien, nunca había conocido a alguien con tanto apetito, fue todo un desafío, aunque mereció la pena, es todo un adulador.
—Habló maravillas de ti, tanto que mi marido Franky y yo tenemos intención de ir a comer la semana que viene.
—Por favor, avisadme en cuanto lleguéis, me encargaré yo mismo de vuestra comida. – le ofreció su bebida antes de que el marido en cuestión se acercase.
—Hola, soy Franky. Estoy súper encantado de conocerte. – le dio su mano que el rubio aceptó con gusto.
— Sanji, un placer. Tienes una esposa bellísima y educada. Eres un tipo afortunado.
—Y más lista que nadie. – presumió posando su mano en la cadera de ella – Es catedrática de arqueología en la Universidad de Loguetown y escribe libros en sus ratos libres.
—Estoy ante una Diosa del conocimiento, que suerte la mía. – creyó el rubio.
—Sois un par de exagerados. – rio Robin – Entonces es mi turno de presumir de que Franky es el Copropietario de la compañía Galley-La.
—¿La compañía naval? ¿la de los cruceros? – preguntó asombrado Sanji.
—En realidad yo solo me encargo de los diseños y dirijo las construcciones, es mi hermano el que está cara al público y hace el papeleo. Yo solo me dedico a divertirme con juguetes muy grandes.
—Vaya...
—Ven, Zoro-bro te presentará al resto. – ayudó Franky a ponerse en camino hacia el centro del salón donde estaban los demás que se estaban levantando del sofá para saludarlo.
—Querida, por favor. No te levantes por mí. – pidió Sanji cuando la rubia estaba haciendo el esfuerzo – En tu estado debes estar lo más cómoda posible, ¿necesitas algo? ¿algo de comer o de beber?
—Estoy bien, muchas gracias. – sonrió cálidamente – Me llamo Kaya.
— Encantado. —besó su mano como todo un príncipe – Y tú debes ser el responsable y suertudo de su marido.
—Usopp, un gusto. Sanji, ¿verdad? Luffy nos ha hablado maravillas de ti y tu comida.
—Jajaja, me hace gracia que todos digáis lo bien que habla Luffy de mí y no Zoro, veo que con sus propios amigos tampoco es muy hablador.
—Se dedica a gruñir y mirarnos mal. – bromeó Usopp hasta que sintió precisamente esa mirada letal directamente a él – P-Pero es buen tipo, de verdad. Es muy confiable y para lo que necesites lo tienes. Prometido.
—¿Le has obligado a decir eso? – preguntó Sanji divertido hacia el peliverde.
—No. – farfulló avergonzado.
—Es cierto, Zoro es genial.
—¿Hmm? – Sanji tuvo que moverse un poco para ver que detrás de Franky había un chico joven de cabellos castaños y ojos negros bastante tímido, pero suficientemente valiente como para defender al policía — ¿Qué tiene de genial?
—Es fuerte y valiente, no le tiene miedo a nada ni nadie. Es el mejor policía del mundo.
—¿Ah sí? Entonces sé a quién tengo que buscar si alguna vez estoy en problemas, chico lindo.
—Uh, ah ¡Y-Yo no soy un chico lindo! – se sonrojó a más no poder – Tengo 22 años y trabajo en el hospital.
—¿Qué? ¿De verdad? – parpadeó sorprendido – Lo siento, creí que eras más joven.
—Chopper es algo así como un prodigio. – respondió Kaya – Terminó la carrera este año y ya está realizando la residencia en el hospital general en pediatría bajo mi cuidado, aunque es él el que me ayuda a mí.
—P-Para nada, estoy aprendiendo mucho de ti. – respondió apurado.
—No conozco a la señorita Kaya, pero estoy seguro de que no miente cuando dice que le eres de ayuda, si eres tan inteligente y trabajador seguro que serás un gran médico.
—¡C-Cabrón, no me hace feliz que me digas algo así! – su voz sonó mucho más aguda.
Sanji miró al resto que sonrieron cómplices siendo evidente que sí le había hecho ilusión.
Todos se sorprendieron de descubrir que era muy fácil hablar con Sanji, podía hablar de cualquier tema y era muy educado, estuvieron hablando un buen rato con él hasta que se calló de repente cuando apareció alguien más en el grupo.
—Oh...Oh, ¡joder! Eres... Eres Brook ¡Eres Brook! – no le cupo la menor duda.
—Yohohoho, así es. Tu eres Sanji, ¿verdad?
—Sí, ah perdona, que malos modales. – ofreció su mano que el otro aceptó con gusto – Siento mi reacción, pero es que nunca creí que tendría la oportunidad de conocer a una celebridad como tú. Me encanta tu último disco, Soul King es mi canción favorita.
—Muchas gracias, puse toda mi alma en ella.
—Sé que no es el single del disco, pero de verdad que creo que tu solo de violín es soberbio.
—En serio, Sanji es perfecto. – dijo en voz baja Usopp dejando que Sanji y Brook hablasen sobre su música y pudiesen hablar de él sin que se enterase – Guapo, amable y educado.
—Exacto, demasiado para Zoro-ya. – dijo Trafalgar que se había acercado al grupo junto a su novio.
—Que te jodan, imbécil. – gruñó – A ti casi se te cae la mandíbula al suelo en cuanto a aparecido en la cocina.
—Es que es muy guapo. – confirmó Franky – Me ha faltado tiempo de ir a echarle el candado a mi mujer en cuanto lo he visto hablando con ella.
—Cualquiera tendría complejo al lado suya. – asintió Usopp – Lo malo es que encima es agradable, sería capaz de robarme a Kaya y yo decirle "oh, vale. Cuídala bien. Lo harás mejor que yo".
—Sois unos exagerados... — se rio la rubia – Es cierto que parece que coquetea, pero solo estaba siendo simpático.
—Tenemos que centrarnos en la operación de conquista, hablemos del partidazo que es Zoro-bro y que sería un tonto si no se deja seducir.
—Joder, no hagáis eso. – pidió Zoro – Después de haberle visto tratarlas estoy seguro de que no es gay.
—Dijo que tenías los ojos muy bonitos. – le recordó Luffy.
—Se estaba burlando de mí, está claro.
—No pierdas la esperanza, si está aquí es por ti. En cuanto llegue Nami y hable con él será todo tuyo.
—O se portará como un idiota e intentará ligarse a la bruja y me niego que esta me haga de casamentera.
— Pues háblale, que estás igual de callado que un gato de porcelana. – dijo Usopp.
—Eso, eso. ¡Tú puedes! – animó Chopper.
De repente, sonó el timbre de la puerta y se sorprendieron de que no hubiese sido el del telefonillo, por lo visto había sonado antes y con la conversación no se habían enterado. Bepo abrió la puerta y precisamente apareció la pelirroja que fue directa al grupo.
—Siento la tardanza, estúpida retención, creía que tendría que bajar del coche y asesinar a alguien. ¿Se ha ido ya? ¿Qué le has dicho, Zoro? ¿Ya le has espantado?
—Tranquila, está hablando con Brook. – respondió Robin mientras el policía le daba otro trago a su cerveza.
—Bien, ya me encargo yo. – dijo tras atusarse el pelo que cayó con gracia por toda su espalda y se acercó a él mientras Zoro trataba de detenerla, apartó al músico y se puso frente a Sanji – Hola, soy Nami.
—Vaya... Sin duda es mi noche de suerte por estar rodeado de tantas bellezas. – tomó su mano y la besó – Eres la hermosa mujer que le puso "Roro_Zoro" y solo pude amarte desde aquello.
—Vas de galán, ¿eh? Sí, soy yo. – se deshizo del agarre lo más pronto posible – Eres muy guapo, demasiado para ser hetero.
—No hay nada que me guste más que una mujer directa. – sonrió – Tienes parte de razón. Soy bisexual.
— Mmm, bueno. – no quedó muy contenta con la respuesta — ¿Por qué tienes tu cuenta de Anstragram privada? No creo que seas tan tímido como para no presumir, si incluso tu foto de perfil es un plato de comida.
—Me gusta mi privacidad. ¿Has estado intentando averiguar sobre mi antes de conocerme en persona?
—Luffy tiene la mala costumbre de traer gente muy rara así que debo asegurarme. Cuéntame más.
—Soy un hombre sencillo, me gusta la gente guapa y soy sous-chef en el restaurante en el que trabajo.
—Creí que eras cocinero.
—Me temo que ni Luffy ni No-novio sepan lo que es un sous-chef.
—Tienes razón. – sonrió ligeramente – Me gustas, eres el tipo más normal que ha aparecido por aquí en mucho tiempo.
—Lo tomaré como un cumplido. – rio entre dientes – A tu amigo parece que le va a dar algo por verte hablar conmigo. ¿Debería ir a rescatarle?
—Por favor, todo tuyo. – se apartó un poco y Sanji pudo ver que todos estaban pendientes de la charla que mantuvo con la pelirroja.
—Ey, Zoro. – llamó a este — ¿Te importa que salga a fumar al balcón?
—Ah, claro. – le dio permiso, aunque si fuera por él podría fumar en cualquier sitio de la casa.
—¿Qué tal si me acompañas? – rio al ver que todavía no se movía.
—Por supuesto que te acompaña a esa gran ventana acristalada que hay justo enfrente. – ayudó Usopp para guiarle mientras este se encaminaba hacia el rubio.
Ambos fueron hacia la puerta corrediza que daba al exterior, Sanji dejó que fuese Zoro quien abriese, aunque tuvo que pelearse con el pestillo pues no sabía cómo funcionaba mientras el rubio apretaba los labios para contener su sonrisa otra vez, agradeció que no se riera de él en toda su cara. Logró abrir y cerró tras él, La terraza del ático era muy grande, había una mesa de cristal con cuatro sillas, dos tumbonas y un jacuzzi. Las luces estaban tenues y Sanji fue directo hasta la barandilla de cristal, sacó su caja de cigarrillos y se encendió uno.
—¿Quieres? – preguntó ofreciéndole la cajetilla.
—No, gracias. No fumo.
—Yo intento dejarlo, casi siempre fumo vapper, pero me hacía falta un cigarrillo de verdad. Tu hermosa amiga pelirroja es dura, aunque tu estabas peor que yo.
—Mierda, no le hagas caso. No sabe contener su lengua de serpiente.
—No la insultes, solo estaba tratando de averiguar si soy bueno para ti o no. No solo ella, tienes muy buenos amigos.
—Se meten demasiado en mi vida.
—Querían echarte un cable conmigo. No se te da nada bien ligar, ¿verdad? Es realmente divertido verte todo agobiado sin saber que hacer mientras rondas cerca de mí.
—¿Tan evidente soy?
—Tan evidente como que esta casa no es tuya. – rio Sanji.
—¿C-Cómo... cómo lo sabes? – se azoró el policía.
—Hay fotos de Luffy y Law por toda la casa y no sabías donde estaba la cocina y mucho menos el menaje – exhaló el humo divertido – Hasta te han tenido que guiar para venir a la terraza que estaba a simple vista. ¿Es la primera vez que vienes aquí?
—Sí... — decidió mentir porque no quería parecer todavía más idiota de lo que ya era.
—Nunca habían montado una fiesta para mí con la intención de seducirme. Es bastante adorable por tu parte haber arrastrado a Luffy y tus amigos por algo así.
—Esto es bastante humillante. – se cubrió la cara con su enorme mano para ocultar su sonrojo.
— ¿Te daba vergüenza enseñarme tu casa? – preguntó apoyando su codo en la barandilla y su mano a la mejilla, se notaba que se estaba divirtiendo con la situación.
—Comparado con la casa de Luffy y Torao, la mía es bastante modesta.
—Bueno, estamos en un ático de lujo en pleno centro de la ciudad, me temo que cualquier casa es bastante modesta en comparación. – estiró su mano libre hacia los pendientes de Zoro que jugueteó con ellos y tintinearon al chocar entre sí. — ¿Qué tal si me dejas decidir a mi si es modesta o no?
—... ¿Eh?
—Hay que dejártelo todo bien claro, no pillas las indirectas. – se rio Sanji – Te estoy diciendo si vamos a tu casa para poder estar a solas. Aquí hay mucha gente. Podemos tomarnos una copa, si quieres.
—Sí, sí claro. – asintió el peliverde.
— ¿Puedes conducir? Has tomado unas cuantas copas.
— Tengo bastante tolerancia al alcohol, estoy en condiciones de conducir.
—De acuerdo. – sacó de su bolsillo un cenicero portátil y apagó el resto de la colilla en su interior y lo guardó. Se metieron de nuevo en el apartamento donde pudieron ver que algunos estaban estirando el cuello para mirarlos y luego fingir que no lo estaban haciendo mientras Nami prácticamente estaba estrangulando a Usopp – Yo me marcho ya.
—¿Tan pronto? Acabo de llegar. — discutió la pelirroja.
—Estáis de suerte, también me llevo a Zoro. Si os parece bien, claro.
— ¡Claro, claro! — respondieron todos cada uno a su ritmo saliendo de su sorpresa — Pasadlo bien. Nos vemos, Sanji.
— Adiós a todos. — se despidió adelantándose para dejarle su espacio y pudiese hablar con ellos.
— ¿Cómo es posible? ¿Qué has hecho en estos cinco minutos para que quiera estar contigo?
— Ha adivinado que no vivo aquí y quiere ver mi casa.
— Por supuesto que lo ha adivinado, ¡el zoquete de Usopp no se encargó de la decoración como le dije! — le dio una patada en la espinilla mientras Law ocultaba su sonrisa malvada, él sí se había dado cuenta y no había dicho nada, a veces le gustaba ver arder el mundo a su alrededor.
— ¡Ay! — se quejó acariciándose la zona adolorida— Creí que te referías a que pusiese adornos, no a que quitase fotos...
— En fin, no importa. Parece que eso le ha hecho gracia.
— ¡La operación ha sido un éxito! — celebró Franky.
— No bajes la guardia, idiota. No la cagues. — amenazó Nami ignorando al peliazul — Ahora estás tú solo.
Con más presión de la que debería y griteríos de ánimos fue a la entrada donde esperaba Sanji con un laposo Luffy que se estaba despidiendo de él y así los dos se marcharon. Se limpió discretamente una vez más el sudor en los pantalones mientras bajaban por el ascensor en silencio al igual que de camino al coche que estaba aparcado cerca. Un todoterreno negro muy bien cuidado.
Sanji se subió en el lado del copiloto y Zoro en cuanto arrancó el motor, la pantalla del ordenador a bordo se encendió automáticamente el GPS camino a casa y la música se reprodujo.
— ¿Rock clásico? Pensé que eras más de Rock actual duro.
— No me disgusta, pero prefiero este. ¿Quieres escuchar otra cosa?
— Me gusta toda la música, no hay problema. ¿Puedo bajar la ventanilla y fumar de mi vapper?
Zoro asintió y Sanji se sacó del bolsillo de su camisa el cacharro que al exhalar su humo transparente olía a menta y canela. Era un olor más agradable que el cigarro de antes. Condujeron en silencio, Zoro no quería interrumpir el tarareo suave que hacía el rubio al conocer la canción. Podría acostumbrarse a ello con suma facilidad.
Aparcaron en el garaje del propio edificio donde vivía el policía y subieron en el ascensor hasta la penúltima planta, había tres viviendas y Zoro abrió la última puerta. Le dio permiso para entrar y encendió la luz para que Sanji pudiese ver el apartamento.
Nada más entrar había un amplio salón bastante austero, el mueble con la enorme televisión y una Video consola, una mesa bajera delante de un sofá de tres plazas y otro de dos al lado y delante de la puerta que daba al balcón estaba la mesa con seis sillas. Las otras cuatro puertas estaban cerradas salvo la de la cocina que desde donde estaba no podía ver su interior.
— Se ve bastante bien tu piso, ya pensaba que iba a ser mucho peor. Es grande.
— No tanto.
— Si vieras la mía entonces pensarías que es una caja de zapatos. — bromeó.
— ¿Qué quieres beber? — preguntó tras arrojar las llaves en el mueble al lado de la puerta de entrada.
— Agua.
— ¿Solo agua? — preguntó confundido.
— No me gusta beber demasiado. — hizo un gesto de indiferencia y pasó sus manos por los hombros de Zoro.
— ¿Q-Qué haces? — se sorprendió de su proximidad y más cuando acarició de nuevo sus pendientes.
— Como eres tan espeso creo que debo dejarte claro de que no he venido con la intención de tomarme otra copa. — ronroneó apoyando su mejilla contra la del peliverde y susurrarle — Y de tu casa solo me interesa que me enseñes tu dormitorio, concretamente la cama.
Zoro jadeó de sorpresa y tomó a Sanji de los hombros para apartarlo, siendo ahora este el sorprendido.
— No te he traído a mi casa con esa intención.
— ¿Ah no? — preguntó divertido — Vamos, no seas tímido. Me gustas y yo te gusto a ti, no hay nada de malo.
— Yo no soy de esos que se acuestan en la primera cita.
— Oh.
Se hizo un intenso silencio en el salón y Zoro estaba demasiado nervioso como para comprender el gesto de sorpresa que estaba en el rostro de Sanji.
— Vale, culpa mía. — dijo el rubio con una sonrisa burlona y miró su reloj — Será mejor que me vaya.
— ¿Por qué? Es pronto.
— Bueno no buscaba nada más esta noche, así que nada. Es una lástima, habría estado bien. — esquivó a Zoro que estaba casi todavía delante de la puerta de su apartamento — Que te vaya bien, No-novio.
Se despidió antes de salir del piso, dejando solo a Zoro tan impactado que fue incapaz de reaccionar cuando la puerta se cerró.
