Cuando Zoro abrió los ojos por culpa de la alarma se dio cuenta del terrible dolor de cabeza que tenía. En cuanto Sanji se fue de su apartamento agarró una de sus botellas de whisky y se la tomó entera y ahora estaba pagándolo con una horrible jaqueca.

Se dio una ducha para despejarse, se hizo café y lo que supuestamente eran unos huevos revueltos con pan de molde. Su teléfono móvil otra vez batía su propio récord de nuevo y había 311 mensajes entre el grupo Mugiwara y otros chats individuales de todos ellos por separado preguntando cómo había ido el resto de la velada. Lo ignoró y decidió dejarlo en casa para luego poder fingir que se le había olvidado y no había podido responder.

Nunca funcionaba, pero él insistía en hacerlo cuando trataba de dar esquinazo.

Había sido un duro golpe para él que para Sanji solo fuese un polvo de una noche, aunque no el sorprendía, era tan guapo y carismático que podía tener a quien quisiese, esa sonrisa conquistaría hasta a los mismísimos reyes y les entregarían sus reinos sin pestañear. El rubio debía de estar acostumbrado a eso, por eso coqueteaba con tal facilidad con todos.

No esperaba que fuese a enamorarse de él en la primera cita... si es que a la fiesta se le podía llamar como tal, seguramente no, ya que apenas hablaron y el cocinero cuando vio que estaba perdiendo el tiempo al no conseguir lo que buscaba se fue y no volvió a saber nada de él. Zoro no era de muchas palabras, es cierto, pero tampoco tuvo la oportunidad de demostrar que era un buen tipo y que quería conocerlo mucho mas allá de una simple noche de diversión, Sanji era muy guapo, endiabladamente guapo, pero también dulce por lo que le había dejado entrever.

Estaba más devastado de lo que esperaba de alguien que apenas había visto en dos ocasiones, por lo que se encerró en casa y se centró en trabajar, entrenar y beber. Asíestuvo más de una semana, hasta que finalmente, una vez que volvió después de la jornada, vio a Nami dentro de su casa con cara de pocos amigos esperando por él.

— Le di la copia de mi llave a Usopp para emergencias o por si perdía la mía ¿Qué haces aquí?

— Eres muy ingenuo si creías que no tengo la copia de llaves de cada una de vuestras casas. Ahora déjate de mierdas y cuéntame qué pasó.

— No hay nada que contar, bruja. — soltó su bolsa de deporte y fue a por una cerveza del frigorífico antes de sentarse en el otro sofá.

— Llevas doce días sin dar señales de vida y era probablemente que él tan simpático Sanji fuese al final un asesino en serie y estuvieses descuartizado por todo tu salón.

— Pasas demasiado tiempo con Robin y se te ha pegado su extraño y retorcido sentido del humor. — bufó molesto el peliverde.

— No tiene otras cuentas vinculadas a su Anstagram, me he pasado un buen rato buscándole en otras redes sociales y todas son privadas salvo Tander, ahí sí que tiene fotos suyas, el cabrón sale divino en todas.

— ¿Qué haces espiándole?

— Alguien tiene que hacerlo y tú seguías sin explicar nada. ¿Qué ha pasado? Y como digas que nada juro que te reviento la espinilla a patadas. — amenazó la pelirroja.

— Ya te lo he dicho, no pasó nada. — suspiró exasperado — Vinimos aquí, le ofrecí una copa y él se me tiró al cuello con ganas de follar.

— ¿Y eso para ti es "nada"?

— Era lo que él quería y al ver que no íbamos a darle al tema se largó. No he vuelto a saber de él.

— Vaya, sí que es directo. — se sorprendió Nami — Se le veía bastante caballeroso a pesar de ser tan coqueto con nosotras. ¿Seguro que no dijiste o hiciste nada más?

— No. Solo le dije que yo no era de esos que follan en la primera cita y entonces fue cuando me dijo que se largaba.

— ... — Nami le miró lentamente y frunció el ceño — Bueno, no creo que llegues a ser tan estúpido como a veces creo que eres, pero debo preguntarlo para salir de dudas. ¿Le dijiste a Sanji LITERALMENTE que tú no eres uno de "esos" cuando está claro que Sanji SÍ lo es?

Zoro enmudeció y casi se le escapa la cerveza de la boca, tuvo que tragar despacio. Nami le escudriñó con la mirada y el policía, incapaz de soportarla más apartó los ojos de los suyos, demostrando así que la pelirroja no se equivocaba.

— ¡Maldito inútil social! — bramó enojada atizándole con uno de los cojines sin piedad mientras Zoro se encogía en sí mismo para evitar la paliza — ¿Cómo se te ocurre decirle eso? ¡Normal que te mandase a la mierda! Dios, no se te puede dejar solo. La has jodido pero bien.

— Me puse nervioso, ¿vale? — atrapó el cojín fustigador para que le dejase en paz y poder defenderse — No me esperaba que fuese tan directo, su cara estaba muy cerca de la mía y... mierda, yo que sé. Me salió solo.

— Me cabreas tanto que te gritaría hasta quedar afónica y no mereces la pena. — se sentó de golpe en el sofá para tratar de calmarse — Habla con él de inmediato, pídele perdón y una cita, esta vez a solas, y demuestra que eres algo más que un gilipollas incompetente con diarrea verbal.

— No tengo su número de teléfono.

— ¡Las disculpas se hacen en persona, mentecato! — ahora si le soltó una buena patada en la espinilla.

— ¡Ouch! Tampoco sé dónde vive.

— Pero sí donde trabaja, joder, hay que dejártelo todo bien masticadito. No eres tan tonto de normal, ¿Sanji ha hecho de tu cerebro papilla o qué mierda te pasa?

— Vale, vale... iré a verle.

— Mas te vale hacerlo bien porque no creo que te vaya a dar muchas más oportunidades, eres atractivo, pero no llegas a su nivel y podría tener cualquiera mejor que tú. Ya puedes dar gracias de que al menos vino a la fiesta que organizaste.

— Eres terrible, bruja.

— Me adoras, lo sé. — se levantó del sofá — Ve a ducharte, yo te elijo la ropa.

— ¿Ahora?

— ¡AHORA!

Zoro se fue al cuarto de baño sin mirar atrás.

A Nami le dio exactamente igual que Zoro estuviese a medio secarse cuando entró y le dejó el conjunto que había elegido para él, al igual que el policía, ella tampoco sentía interés por el sexo contrario. En cuanto se vistió, la pelirroja le peinó con un poco de gel fijador para darle mejor aspecto a ese pelo verde que era tan indómito como ella, pero hizo lo mejor que pudo.

Tras dejarla en casa, por orden de Nami, programó el GPS en dirección al Baratie y aparcó frente al restaurante, era de noche y ya había pocas mesas ocupadas en el interior. Entró y preguntó por Sanji al camarero que había en la puerta, tuvo que esperar unos minutos cuando el rubio apareció. Vestía unos pantalones color café y camisa negra.

— ¿Zoro? No esperaba volver a verte por aquí. — saludó Sanji asombrado.

— No quiero molestarte mientras trabajas. ¿Podemos hablar en cuanto termine tu turno?

— Oh, pues... supongo. — respondió incómodo — ¿Has cenado? Estamos a punto de cerrar la cocina.

— No importa, esperaré fuera.

— Ni hablar. Te preparé algo mientras esperas. En una hora o así habré terminado.

— De acuerdo.

Se sentó en la mesa más cercana a la cocina y pronto tuvo delante de él atún en salsa de soja con verduras que estaban deliciosas junto a una cerveza. No dejó ni un mísero trozo de zanahoria en el plato cuando le pusieron un flan de café como postre. Estaba él solo en el salón por lo que decidió mejor salir fuera a esperar tras pagar la cuenta a modo de propina ya que el camarero le dijo que le invitaba Sanji y no iba a permitir irse de allí sin pagarla.

Se apoyó en el capó de su coche y esperó lo necesario hasta que vio cómo salían los trabajadores del Baratie y se despedían entre ellos mientras que el viejo del bigote trenzado de la otra vez le miraba asesinamente en silencio y Sanji le mandaba a la mierda a modo de despedida, llevaba una bolsa especial de termo para mantener su cena caliente.

El rubio suspiró y ya solos, se dirigió al policía tras encenderse un cigarrillo.

— Ey.

— Ey.

— ¿Qué querías decirme?

— No era mi intención insultarte la otra noche en mi casa. — se rascó la nuca de manera nerviosa.

— No lo tomé como tal. — se encogió de hombros — Tú tomas tus decisiones y yo las mías. No coincidieron, así que me fui.

— ¿Y ya está?

— ¿Qué más quieres? — arqueó la ceja — ¿Que me enfade? ¿Que esté ofendido porque pienses que soy un golfo?

— No, no quiero eso.

— ¿Entonces que esperas de mí? – frunció ligeramente el ceño – No es que no me gustes, no se trata de eso. – exhalo el aire de su cigarrillo lentamente – No eres tú, Zoro. Soy yo.

— Esa es la respuesta más manida de la faz de la tierra.

— En mi caso es de verdad. — dio otra calada y tiró el humo— Mira, no quiero complicarme. Estoy en un punto de mi vida que quiero centrarme en mi trabajo y ser yo mismo. No busco pareja, me divierto de vez en cuando y es suficiente. Si lo que buscas de mí es algo a largo plazo te has equivocado conmigo.

— Puede que seas tú el que se equivoca conmigo y estés perdiendo una buena oportunidad.

— Oh, ya no te pones tan tímido. — le resultó graciosa su actitud — Te repito que no es por ti, eres atractivo y me resultas bastante divertido, pero no quiero salir con nadie.

— ¿Por qué?

— Que insistente. — dio otra larga calada y guardó silencio unos segundos, como si estuviese decidiendo hablar. — De acuerdo, te lo diré. Soy un ex adicto.

— ¿Eh? — eso sí que no se lo esperó.

— Estuve enganchado a las drogas durante unos años, desde hace casi tres que estoy limpio y sin recaer, pero no puedo relajarme, esta vez quiero hacerlo bien. ¿Me entiendes? Por eso digo que ahora mismo solo puedo cuidar de mí mismo.

Zoro se calló, asimilando lo que acababa de escuchar, a Sanji se le veía tan elegante y educado que nunca hubiese adivinado que detrás de todo eso tuviese ese tipo de pasado. El rubio solo suspiró ante la evidente decepción del peliverde.

— No soy lo que esperabas, ¿cierto? — sonrió, al menos sus labios, en sus ojos era evidente que no le gustaba la reacción lastimera del policía — Fue divertido conocerte a ti y a tus amigos. Espero que os vaya bien.

— Ey, espera. — le pidió atrapando su antebrazo al ver que se marchaba — Joder, vale. No, no me lo esperaba, pero eso no significa que no quiera seguir conociéndote.

— Tampoco soy lo que viste en casa de Luffy, me comporté educadamente porque quería ser agradable con tus amigos y echar un polvo contigo. No sabes la de veces que tuve que morderme la lengua.

— Me dio la impresión un par de veces que te contenías, ¿por qué?

— Bueno, si te llamaba Cabeza de Algas, Musgo andante, Hierba tímida y otro largo surtido de motes que se me ocurrieron nada más conocerte me habrías mandado a la mierda. — se rio ante la cara de asombro de Zoro — Dicen que todo lo que tengo de guapo lo tengo de malhablado y borde, solo me muestro tal como soy en el Baratie y en las reuniones.

— Vale, eso tampoco me lo esperaba.

— ¿Ves? Para la gente solo soy una cara bonita. Por eso es más fácil echar un polvo de vez en cuando, no puedo ser yo mismo para que al par de semanas me den la patada por no aguantar mi carácter. Esto es más fácil ahora mismo para mí.

— No es eso un poco... ¿solitario? — intentó encontrar otra palabra, pero no era el don de Zoro, lo que provocó que Sanji sonriese.

— Tengo al viejo. Estoy bien.

— ... — no pensó que eso fuese suficiente — Escucha, yo tampoco soy la alegría de la huerta, gruño más que hablo y soy oficialmente el guardamesas de mis amigos cuando salimos a alguna discoteca porque odio esos lugares. Creo que, de alguna manera, podemos llevarnos bien.

— No quiero pareja. Ya te lo he dicho.

— Pues seamos amigos.

— ¿Sólo amigos? — repitió arqueando la ceja — ¿O amigos con beneficios?

— Sólo amigos.

— ¿Eso no será malo para ti? Si yo te gusto de alguna manera especial entonces te molestará verme coquetear con otras personas y te aseguro que me burlaré de ti tanto que te hartarás.

— El pasatiempo favorito de mi grupo de amigos es burlarse de mí, estoy acostumbrado.

— ¿Estás seguro? — preguntó Sanji y este asintió con la cabeza — Debes de ser realmente masoca. A ver, reconozco que tus amigos son geniales, sobre todo Luffy, es un idiota encantador.

— Hazlo por Luffy entonces, ha estado toda la semana quejándose por no poder venir a verte por culpa del trabajo y quiere que seáis amigos.

— Amigos... — repitió — Demasiado para mí todavía, pero podemos intentarlo si te parece bien, Marimo.

— ¿Marimo? — frunció el ceño.

— Tu pelo da mucho juego para meterse contigo, ya que tú no me la vas a meter, pues...

— ¿Q-Qué? — se sonrojó.

— Jajajaja — soltó la primera risa sincera de la noche — Aun estás a tiempo de retractarte.

— No voy a acobardarme por un par de motes ridículos, Rizado. — fue su turno de sonreír de lado y dibujar una espiral imitando su ceja.

— ¡Oh, que cabrón!

— Yo también se jugar a este juego. — se cruzó de brazos, orgulloso de habérsela devuelto.

— ... — los labios de Sanji se estiraron un poco más y en sus ojos hubo un destello de ilusión ante el desafió — Te juro que te haré llorar, no hay nadie quien me gane a insultar.

— Eso es porque no conocías a un digno rival.

— No perderé contra una planta de interior como tú. — apagó el cigarrillo aplastándolo contra la acera y lo tiró por la alcantarilla — Vamos, te invito a un café. Esto no ha hecho más que empezar.

Zoro aceptó y se marcharon a la cafetería 24 horas que había a un par de manzanas de allí.

—.—

El policía estaba muerto de sueño en la oficina tomándose el tercer café de la mañana con un buen humor tremendo. Había pasado una de las mejores noches de su vida discutiendo y peleando por absolutamente todo con Sanji, no coincidían en nada, si uno decía que era de gatos, el otro de perros, si uno decía montaña, el otro respondía playa, y eso solo incitaba a más discusiones con las frases más ingeniosas y retorcidas que Zoro había oído nunca. Descubrió lo escandalosa que podía ser la risa del rubio cuando conseguía dejarle sin habla, abría la boca de par en par enseñando hasta sus muelas e incluso golpeaba la mesa con la mano.

Debía tener razón, porque a más lo conocía no solo le parecía más guapo, sino más interesante y estaba cayendo directo a un seguro enamoramiento del cual veía cada vez más difícil de salir. Era jodidamente divertido estar con él y descubrir más facetas del cocinero, (nunca sous-chef), porque sin duda quería pasar más tiempo a su lado. Estuvieron hasta las tres de la mañana hasta que fue Sanji el que dijo de irse a su casa a follar duro, Zoro supuso que Sanji buscaba incomodarle con esa broma, así que, Zoro le respondió que mejor se fuese a su casa a darse una ducha fría como el perro en celo que era. En respuesta, Sanji tomó el teléfono de Zoro y anotó su número de teléfono como contacto "Amo Sanji" y se envió un Guassap para guardarse su número, en cuanto Zoro vio que se había mandado un emoticono de una cara jadeosa y gotas quiso lanzarle el teléfono a la cara.

Una velada perfecta.

Estaba de tan buen humor que cuando leyó los mensajes de Nami, accedió a responder y puso que habían quedado como amigos. A la pelirroja le faltó tiempo de presentarse frente a Zoro unas horas después mientras hacía su ronda de vigilancia, por mucho que desactivase la ubicación en su móvil, ella aparecía de la nada averiguando donde estaba.

No obtuvo mucho más en persona, solo que quedarían de vez en cuando y que estaba dispuesto a ver a los demás si organizaban algún plan. A Nami le faltó tiempo de robar el contacto del teléfono de Sanji y le mandó unos mensajes que el rubio respondió sin falta y aceptó ser incluido en el grupo nuevo que hizo la pelirroja de Mugiwaras 2.0 tras avisar en el grupo original que iba a añadirlo.

: Hola a todos, soy Sanji. Este es mi número de teléfono, la bella y dulce Nami me ha invitado a unirme a vuestro grupo de Guassap. Espero que no os importe ️

ReyPirata: ¡SANJIIIIIIII! ¡Bienvenido a mi tripulación!

: Gracias, capi

Sogeking: ¡Bienvenido, Sanji!

Franky: ¡Súper! Creí que no te volveríamos a ver

: El idiota de vuestro amigo verde tardó en venir a pedir mi número de teléfono. Culpadlo a él.

Chopper: Muy mal, Zoro Hola, Sanji. Me alegro de que te unas ️

Nami: No os emocionéis, solo son amigos.

ReyPirata: Shishishi, eso está por ver.

: Hola Chop! Musgo maleducado, da la cara y dame la bienvenida.

Roronoa:

El teléfono de Zoro vibró en un mensaje privado de Sanji.

: Si lo que me estás pidiendo es que suba lo haré encantado, solo tienes que pedirlo.

— Dios mío, me encanta este chico. — dijo Nami al leerlo y ver la cara de su amigo tan roja como una sandía. — Te tiene comiendo de su mano, pero si sois amigos ¿por qué te tira los trastos tan descaradamente?

— Le divierte joderme, como tú. — respondió mientras le ponía un emoticono de un perro.

— Esto va a ser tan divertido.

Continuaron hablando un poco más por chat hasta que Sanji tuvo que dejarlo porque entraba ya a trabajar.

Los días siguientes tenían charlas por Guassap de vez en cuando, Zoro no solía escribirle por privado, más que nada porque no sabía que decir, sin embargo, Sanji se hartaba de mandarle fotos de cosas verdes que le decían que le recordaban a él, entonces él respondía con fotos de caracoles, espirales y mierdas varias para iniciar una discusión y con esa excusa, empezaban sus conversaciones contándose su ajetreado día, Sanji se quejaba de la gente maleducada o de sus compañeros de trabajo por no obedecerles a la primera y Zoro bufaba de todo el papeleo que tenía acumulado en su despacho con partes de gente estúpida a la que había tenido que multar o llevar al calabozo.

A veces Zoro se enteraba de que alguno de sus amigos había ido a comer al Baratie por comentarlo en el grupo en común y Sanji prácticamente llenaba la pantalla con emoticones de corazones y eternas gratitudes por ello, él había ido en un par de ocasiones o solo o con Luffy para no parecer un acosador, todavía le daba pudor preguntarle de verse a solas porque el rubio tampoco se lo había ofrecido así que tuvo que contenerse.

Pasadas unas semanas por fin pudieron cuadrar un día y quedaron todos para cenar por ahí y luego tomar unas copas un viernes, Sanji se unió más tarde y quedó con ellos en el bar tras terminar de trabajar en el Baratie, le estaban esperando allí mientras tomaban sus copas y Chopper, Luffy y Usopp jugaban a los dardos.

— ¿Cómo te van las cosas con Sanji? — preguntó Franky con ganas de salseo — Te mete caña en el grupo de Guassap, ¿eh? Con esa cara tan bonita que tiene hay que ver la boca.

— A Zoro le gusta más su boca sucia que su cara, y eso ya es decir. — malmetió Nami.

— Puedo responder por mí mismo, bruja. — gruñó.

— Pensaba que estabas demasiado ocupado babeando y soñando despierto por él.

— Bah. — no podía contradecirle, estaba mirando el teléfono cada cinco minutos desde que Sanji avisó que estaba en camino.

— A veces se pasa de empalagoso, pero es bastante confiable. Más de una vez se ha encargado de los babosos que se me han intentado acercar, sabe que puedo encargarme yo misma, pero insiste en que no merecen la pena que invierta un solo segundo en su atención.

— Espera, ¿qué? — frunció el ceño prestando atención — ¿Cuándo te has visto con él?

— Esta semana estaba de tardes, así que hemos quedado a almorzar un par de veces, al igual que la anterior por las tardes.

— ¿Desde cuándo quedas con él a solas? No me habías dicho nada.

— Que yo sepa no tienes la exclusividad de Sanji. Desde que se enteró que soy influencer y tengo tantos seguidores le preocupa que alguno se sobrepase, prácticamente está haciendo de guardaespaldas gratis y me trae tentempiés deliciosos.

— No te aproveches de él, bruja.

— Lo hace porque quiere. — sonrió con malicia — No te pongas celoso, sabes de sobra que no me gustan nada los hombres, por muy cara de ángel que tenga.

— Ñmfs... — refunfuñó en su vaso.

— De vez en cuando hablamos de ti. — dijo como si nada y de repente Zoro ya no gruñía — Me ha dicho que le gustas y que se divierte mucho contigo, pero que no quiere nada en serio con nadie. No me ha dicho el motivo.

— ... — él sí lo sabía, por supuesto no iba a exhibir su secreto si no era el propio Sanji quien lo hiciese, de hecho, desde aquel comentario que hizo delante del Baratie no lo había vuelto a mencionar.

— Yo creo que tienes posibilidades con él, milagrosamente le gusta tu carácter de ogro verde.

— ¡Eh!

— Son sus palabras, no la mías. — se rio Nami.

— Ah, ahí está. — comentó Robin en cuanto el rubio abrió la puerta.

No fue el único en darse cuenta de que llegó, Luffy nada más verlo se arrojó a sus brazos casi tirándolo al suelo mientras Sanji se reía con ganas y le revolvía el pelo. Chopper se unió de inmediato al abrazo, a Zoro le sorprendió que el tímido doctor fuese tan abierto con el nuevo, también Usopp le hizo un gesto para que fuese a saludarle y no perder el sitio en los dardos y se dieron un abrazo rápido mientras los otros dos seguían colgados de la cintura del cocinero.

— Jujuju, esos tres se han encariñado mucho con Sanji. — sonrió la profesora ante tan bonita escena.

— Comparado a como se comportaba al principio lo prefieren así, más suelto y cómodo. Él también se ha encariñado de ellos. — dijo Franky dándole la razón a su mujer — A mí también me gusta así. Se nota que se divierte.

Zoro los observaba en silencio, sin duda Franky tenía razón, Sanji en poco tiempo se había convertido en uno más del grupo con facilidad, aunque les chocase el cambio de personalidad del rubio, les pareció tan divertido que lo dejaron pasar. Si tuviese que elegir, preferiría quedar a solas con él, pero verlo haciendo el tonto con los otros le gustaba.

En cuanto terminó de saludarlos se acercó a ellos y les dio un beso en la mejilla a cada una de las chicas y estrechó la mano del peliazul, les preguntó si querían algo de beber y ante la negativa se acercó a Zoro al cual le dio una patada en el pie para que se apartase y pudiese sentarse a su lado en el sofá esquinero tras conseguir su copa.

— Vale que eres una hierba de mala muerte, pero no has echado raíces. Hazte a un lado, Marimo.

— Aclárate primero en si soy una mala hierba o un marimo. — dijo sin apartarse.

— Puedes ser ambas perfectamente, quita o me siento encima de ti.

Le daban ganas de aceptar, al final, se deslizó a un lado y el rubio se sentó, tras dar un trago a su copa se recostó la espalda en el respaldo y sacó su vapper para darle una calada lentamente.

— No se puede fumar aquí dentro, Cejillas.

— Le he preguntado al camarero y me ha dicho que no pasa nada por ser "humo de mentira" mientras no se queje nadie.

— Haces función de ambientador.

— Oh, tú sí que sabes conquistar a alguien. Por favor, cásate conmigo.

— Mañana. — respondió, quien sabe si en serio o no — Se te ve cansado.

— Uff te juro que hay personas que no deberían salir de casa sin aprobar un carné de "ser humano", he tenido que aguantar a un gilipollas que me habría encantado meter mi pie en su culo tan profundamente que no me habría importado perder la pierna y cortarla para dejarla ahí dentro y que se pudriese.

— Demasiado gráfico. — sin duda la imaginación de Sanji era muy productiva.

— Seguro que sabes de lo que hablo, a más de uno querrás haberle pegado un tiro por imbécil.

— Unas cinco veces al día. — se rio.

— Con lo arisco que eres pensaba que estarías todo el día pegando tiros. — soltó una buena carcajada.

— Sino fuese por el papeleo que habría después... — joder, amaba esa risa.

— Ahí está la auténtica razón. — tomó un sorbo de su copa — Por cierto, desde que he llegado me he dado cuenta de que esa chica de la otra mesa no te quita los ojos de encima.

— Mientras no venga no hay problema. — se encogió de hombros.

— Qué lástima, es muy guapa. Debes de ser muy gay.

— No hicieron una carroza de mi cara en el día del orgullo gay porque no les dio tiempo.

— ¡Jajajajaja! Vaya monstruosidad. — pasó su brazo por los hombros de Zoro y darle unos golpecitos como solía hacer contra la mesa cuando le gustaba mucho el chiste — Lo malo es que nadie entendería porque hay una carroza del "Monstruo del lago" entre los gays.

— Mierda, siempre eres rápido. — no pudo contener reírse y más si Sanji le estrujaba en su costado.

— Si quieres puedo comerte los morros delante de ella para que así sepa que no tiene posibilidades contigo.

— Te has pegado tanto a mí que creo que todo el bar ya piensa que eres mi novio. ¿Ya has caído bajo mis encantos?

— Voy a caer a tus pies por ese aliento a licorería que tienes, Esponja verde. — pockeó la punta de su nariz entre risas.

Zoro puso los ojos en blanco y se rio, sabía que todo aquel flirteo era una broma y no había problema con ello, era realmente divertido ese extraño tira y afloja que tenían.

La velada continuó entre risas y bromas entre todos los Mugiwara, Usopp y Luffy haciendo sus payasadas habituales entretenían y el tiempo pasaba rápidamente, hasta que Zoro se dio cuenta de que, de vez en cuando Sanji se distraía, miraba hacia la barra y notaba que sus ojos azules observaban a una chica que estaba sola.

— ¿Ocurre algo? — le preguntó Zoro en voz baja para llamar su atención.

— Ah, no. Perdona, voy a pedir otra copa. — se levantó de su asiento.

El peliverde no debería hacerlo, y sin embargo se quedó mirando a Sanji dirigirse a la barra justo donde estaba la chica, se acomodó a su lado y le dedicó una de sus radiantes sonrisas. Cruzaron algunas frases y el rubio puso su mano sobre la de ella y eso sí que no le gustó al policía. Sintió como su estómago se retorcía ante la cercanía del cocinero ante la desconocida.

— ¿En serio se ha ido a ligar? — preguntó Nami acercándose a Zoro.

Zoro apretó la mandíbula y se centró en su bebida y en la conversación a la que no estaba prestando atención, estaba demasiado ocupado centrado en no volver a mirar hacia la barra como un idiota obsesivo. No supo cuánto tiempo pasó hasta que el rubio volvió a la mesa.

— Lo siento, chicos. Tengo que irme ya.

— ¿Eh? Pero si nos estamos divirtiendo. — se quejó Luffy haciendo pucheros.

— Me ha surgido algo, ya quedamos otro día. Lo siento.

— Pero, Sanji... — trató de discutirle la pelirroja antes de que el cocinero regresase con la chica que había dejado unos pasos atrás a la que tomó de la mano para irse con ella del bar — No me lo puedo creer.

— ¿Estás bien, Zoro? — preguntó Robin.

— Somos amigos, puede irse con quien quiera. Sabía de sobra que esto pasaría en cualquier momento. — apuró su copa y le hizo un gesto al camarero de que quería otra ronda.

Todos se callaron y se miraron entre sí sin saber muy bien que fue decir, el buen humor del policía desapareció en cuanto Sanji salió por aquella puerta.