NOCHE MÁGICA DE HALLOWEEN
POV Sora
Abrió los ojos lentamente, se sentía algo aturdida y no podía enfocar bien lo que había a su alrededor, una gama de luces destellantes de varios colores se lo impedía. Logró escuchar sirenas de vehículos de emergencias y cientos de voces de la gente a su alrededor.
Poco a poco sus ojos fueron enfocando a una persona, o quizás dos, no sabía si estaba viendo doble o había dos Joe Kido.
-Sora-san ¿te encuentras bien? Soy Shin Kido el hermano de Joe, no te preocupes estás a salvo, las ambulancias han llegado rápidamente.
-¡Que alegría Sora! –exclamó el menor de los hermanos con notable felicidad.
Sus ojos finalmente se acostumbraron al ambiente y su cerebro empezó a procesar las cosas. Se encontraba a las afueras del recinto escolar en una pequeña carpa sanitaria acompañada de Joe y uno de sus hermanos mayores que trabajaba en emergencias. Su respiración se encontraba algo agitada pero volviendo a la normalidad lentamente y su tobillo vendado.
Fijó su mirada en los bomberos que estaban apagando lo poco que quedaba del incendio del instituto, parecía que aquella situación estaba controlada. También se percató que su grupo de amigos no estaba muy lejos de donde se encontraba.
-Chicos… ¿estáis todos bien?
-Pero que pregunta es esa Sora, ahora deberías de preocuparte por ti que has sido la peor parada. –le regaño el elegido de la sinceridad.
La indignación y los regaños de Joe captaron la atención del resto de elegidos que rápidamente fueron a preocuparse por su estado de salud.
-¡Sora-san!
-¡Sora-san! ¿Cómo estás? –Takeru fue el primero en preguntar, mientras el resto del grupo esperaba su respuesta.
-Chicos, estoy bien solo un poco cansada. –respondió poniendo su mejor sonrisa.
-Has tenido una pequeña intoxicación por el humo y sufriste un desmayo, pero nada que un poco de aire fresco no pueda curar. En cuanto a tu pie tienes un pequeño esguince que sanará en cosa de una semana. Afortunadamente no es nada grave, pero te recomiendo que vayas al médico los próximos días a revisarte. –confirmó Shin Kido. Sora asintió. –Ahora debo irme a evaluar a otras personas, ¡nos vemos! –se despidió mientras le daba una palmadita en la espalda a su hermano menor.
-¡Sora-san menos mal que estás bien, estábamos muy preocupados por ti! – Mimi se acercó a abrazarla mientras le colocaba un trozo de venda en el cuello y le hacía un lacito. –Déjate esto puesto… -le susurró en su oído para que nadie se enterase.
Tachikawa le giñó un ojo y la pelirroja tocó su nuevo complemento con ligera confusión. Dirigió su mirada al resto del grupo, todos parecían estar felices y sanos.
Buscó con la mirada a Yamato que se encontraba ligeramente más atrás que el resto de sus amigos, la observaba de una manera dulce, pero rápidamente desvió sus ojos de él, no quería sonrojarse en ese momento delante de todo el mundo. Por otro lado, sus ojos llegaron hasta Taichi, él no la estaba mirando directamente y tampoco parecía contento, su semblante era bastante serio.
Eran las 9:30 de la noche y tras los sucesos del festival escolar la gente fue abandonando el lugar a excepción de algunas personas que eran atendidas por incidentes menores. Los elegidos estaban debatiendo qué hacer con los digimons y si era hora de regresar a casa.
Sora no les estaba prestando atención, la actitud de Taichi la tenía confusa. Miró su pie vendado y sus medias rotas, pudo notar como tenía un ligero mordisco en la pierna y llevó su mano velozmente a la venda que minutos antes le puso Mimi en el cuello.
Tenía una marca de Yamato en su cuello.
Sus ojos se abrieron como platos y la vergüenza se apodero de su cuerpo. Mimi se había dado cuenta y por eso tuvo ese detalle con ella… pero no solo Mimi, seguramente todos lo habrían notado y eso incluía también a Taichi… Su semblante serio y el hecho de no dirigirle ni una mirada eran señales más que suficientes para comprender que el líder de los elegidos sabía que ella había estado con Yamato, y no precisamente hablando…
Se sintió miserable y la peor persona del mundo, no podía hacer esto a Taichi. No era del todo consciente de los sentimientos del moreno hacía ella, pero sabía que aquel beso no podía significar un mero impulso sexual, si no él no estaría actuando tan distante. Le debía una explicación.
-Antes de irme a casa llevaré a los digimons a mi despacho. –Escuchó decir a Koushiro.
-Yo me quedaré ayudando por aquí con mi hermano Shin y luego regresaremos juntos.
-Mimi-san ¿vas en la misma dirección que nosotros?, mi hermano y yo te podemos acompañar a casa. –la elegida de la luz se acercó a la de la inocencia mientras esta asentía alegremente.
-¡Oh gracias Hikari-chan! –Mimi la abrazó. -¿Qué hay de Sora-san? ¡Ella no puede ir sola ni caminar!
El sonido de unas llaves captó la atención de los elegidos.
-Soy el único de aquí que tiene un medio de transporte. –el elegido de la amistad miraba las llaves de su moto mientras jugaba con ellas en círculos. –Yo llevaré a Sora a casa.
-Que chulito eres. –Takeru trató de molestarle y se ganó un codazo por parte de su hermano mayor.
-Estupendo, vámonos. –la voz seria de Taichi rompió el ambiente.
El resto del grupo pareció notar esta tensión pero ninguno quiso añadir más comentarios y cada uno decidió despedirse de su respectivo digimon.
-Sora me alegro que estés bien, mañana iré a verte. –decía su pequeña Piyomon mientras se abrazaban.
-¡Claro que sí! Ahora ve con Koushiro-kun. –le dio un beso en su cabeza esponjosa.
Tras despedirse, observó como todos aún continuaban entretenidos con sus digimons, fijo su mirada en Taichi que estaba despidiéndose de Agumon.
-Taichi. –estaba nerviosa, pero el moreno tras mandar a Agumon con Koushiro, se acercó a ella.
Takenouchi agachó ligeramente la cabeza, no sabía ni cómo empezar a hablar.
-Taichi… yo… lo siento.
-¿El qué sientes?
-Sobre lo que paso antes entre nosotros…
-¿Te arrepientes? –el moreno la interrumpió y clavó su mirada inquisidora en ella. Sora se mordió el labio.
-Solo no quiero… confundir sentimientos.
Hubo un breve silencio hasta que Taichi decidió continuar.
-Sora… lo sé. Fue algo fugaz que tuvo que pasar, dejémoslo así ¿no? –la voz del líder comenzaba a calmarse. Sora levantó la mirada.
-Taichi… gracias. –le sonrió suavemente.
-Me alegro de que estés bien Sora. –el elegido del valor le devolvió la sonrisa aunque con algo de melancolía. –Nos vemos. –dijo mientras se despedía de ella y se reunía con Mimi y Hikari.
Sora resopló, se sentía más aliviada de cierta manera, y aunque estas palabras no solucionaban al cien por cien su conflicto con Taichi, de alguna forma consiguieron reconfortarla tanto a ella como a él. Observó en silencio como los elegidos se despedían y cada uno tomaba caminos diferentes, su mirada se posó sobre los dos hermanos rubios que se estaban dando un abrazo de despedida.
Yamato se acercó y le ofreció su mano para que Sora se levantase.
-Hora de irse.
POV Yamato
Nuevamente se encontraba caminando con Sora en sus brazos, por suerte su moto no estaba aparcada muy lejos de ellos. Cuando la encontró, bajó a Sora y abrió el pequeño maletero del vehículo en busca de los cascos.
Le costaba asimilar que habían estado cerca de la muerte ese mismo día. Horas atrás se encontraba cantando sobre un escenario y teniendo sexo con la chica que amaba y de repente todo se llenó de humo y ella se desmayó en sus brazos… Cerró los ojos intentando borrar esa imagen de su mente.
Cogió uno de los cascos y se giró y allí estaba ella de pie, esperando pacientemente su casco con una mirada tranquila. Ella estaba ahí con él, sana y salva.
-Sora… me alegro de que estés bien… -llevó las manos a la cabeza de la chica para retirar cuidadosamente los cuernitos de diablesa que aún adornaban su pelo.
-Gracias Yamato… -el rubio le colocó el casco interrumpiendo sus palabras. –Si no fuese por ti no sé qué hubiese pasado.
-Fue mi culpa. –dijo poniéndose su casco. –si no te hubiese llevado a esa zona no te habría expuesto así.
Sintió como la mano de ella agarró las suyas.
-Yamato… nadie tuvo la culpa de eso… Lo importante es que estemos bien. –la pelirroja comenzó a acariciarle el brazo.
Instintivamente Ishida se acercó a ella, de nuevo las ganas de besarla, hasta que noto como los cascos chocaban ligeramente. Le dedicó una sonrisa dulce.
-Vamos. –el rubio se montó en la moto. –Sube.
Circularon por las calles nocturnas iluminadas por las farolas y la gran luna llena que se encontraba frente a ellos. Había grupos de personas que se encontraban por las grandes avenidas con sus disfraces rumbo a alguna discoteca; pero para ellos no era el caso, todos los elegidos tuvieron suficiente Halloween por ese día… ¿o quizás no?
Sentía como la elegida del amor apoyaba su cabeza y su cuerpo contra su espalda y como sus brazos rodeaban su cintura. Se sentía muy bien con ella y quería que estos momentos nunca terminasen. Yamato giró a la derecha cambiando el rumbo.
-Ya hemos llegado.
Bajó de la moto y Sora le miró sorprendida.
-¡¿A tu casa?!
-Mi padre está en el trabajo ocupado con los programas de Halloween y no creo que tu madre quiera verte llegar así.
Tenía las medias rotas, su guante estaba rajado y su tacón partido por la mitad, por no hablar de su esguince y varios moretones por su cuerpo. La chica se miró así misma con tristeza, Yamato se acercó y le quitó el casco.
-Llama a tu madre, dile que te quedas en casa de Mimi… no quiero que te vea así.
Takenouchi cedió a sus pretensiones. La chica llamó a su progenitora poniendo la excusa de que se había hecho daño en un pie y por no caminar tanto hasta su casa, fue a casa de Mimi que estaba más cerca. Al colgar, Sora resopló y se acercó a Yamato.
-Ha accedido… pero mañana debemos volver cuando ella no esté en casa.
-Tranquila… mañana te llevaré. –el rubio la tomó de la mano y la ayudó a entrar en la vivienda.
Abrió la puerta de su casa y encendió las luces. Mierda, todo desordenado como siempre.
-Siento el desorden… si hubiese sabido que la noche terminaría así lo hubiera recogido antes. –Intentó disculparse tímidamente mientras la pelirroja se reía.
Ambos se encontraban cansados debido a tantas emociones en un mismo día y se dejaron caer en el sofá.
-Puedes tomar un baño, yo prepararé algo de comer. –sabía que ella necesitaría relajarse y limpiarse después de haber estado entre todo ese humo… y de todo el sexo que tuvieron.
-Está bien. –dijo la chica mientras se levantaba. -intentare no tar… ¡Ay!
Cayó encima de sus piernas, aún le dolía bastante el pie. Yamato la reincorporó y la sentó encima suya.
Realmente no quería que ella se fuese al baño ni él ponerse a cocinar, quería estar a su lado y sentirla cerca, y en caso de que fuese a bañarse… él quería desvestirla.
Acarició su cara sin dejar de mirarla, sentía como sus ojos rubís le miraban con la misma intensidad que los suyos. Sus manos bajaron a los labios de ella y a su mentón, se fijó también en el lacito que Mimi le puso en su cuello y comenzó a deshacerlo lentamente dejando visible el cuello de la pelirroja y… su marca.
Besó la zona con suavidad, repartiendo pequeños besos por todo su cuello. No quería marcarla más, que era suya les había quedado claro a todos los elegidos, lo que quería hacer ahora era cuidarla.
Acarició su cuerpo con delicadeza y se recostó con ella en el sofá quedando los dos de lado mirándose mutuamente. Yamato estiró un poco su cuerpo para llegar al interruptor de la luz y apagarla, quería estar a oscuras con ella.
Sora busco la cara del rubio con sus manos y le dio un tierno beso, Yamato hizo lo mismo, y comenzó una pequeña guerra de quien daba besos más dulces al otro.
-Yamato… estoy muy feliz de estar aquí contigo –susurró ella mientras continuaba dándole suaves besos.
-Quisiera estar así por siempre… Sora… -él continuaba besándola con calma y ternura. –Te amo.
-Te amo Yamato…
Agarró su capa y cubrió su cuerpo y el de su compañera, fundiéndose en un tierno abrazo, arropándose el uno al otro entre caricias y besos hasta quedar somnolientos.
Jamás su mente hubiese imaginado que en aquella casa iba a encontrar calidez y amor, aquella casa en la que casi siempre se encontraba solo, aquella que le recibía con la oscuridad, la oscuridad que tanto temía y en la que se encontraba ahora mismo. Pero ahora estaba con ella, con Sora, recibiendo todo su amor, sus caricias y su dulzura.
Los besos por parte de la elegida del amor pararon, Yamato observó sus ojos cerrados y su cara serena mientras dormía, acarició su cabello cobrizo y la cobijó en su cuello.
Miró la luna llena que asomaba por la ventana mientras sentía que sus ojos azules se hacían cada vez más pesados.
Dicen que la noche de Halloween es oscura y mágica, y no podía encontrar una definición mejor para ello en estos momentos. Allí estaba en la oscuridad de su casa, abrazado con la mujer que ama compartiendo un momento mágico mientras que sus ojos terminaban por cerrarse llevándole a los brazos de Morfeo.
FIN
Nota: Muchas gracias por leer! Aprovechando mi inspiración y que estábamos en época de Halloween decidí publicar este fic (mi primero para ser exactos). Sinceramente la idea que tenía de esta historia era más corta, pero dejé fluir la imaginación y aquí el resultado, espero que os haya gustado!
También pido perdón por las eventuales erratas que haya podido tener a lo largo de la historia.
Los personajes de Digimon no me pertenecen.
