Era una noche oscura y lluviosa. Las luces del bar titilaban débilmente, como si temieran que la misma oscuridad los engullera. El olor a tabaco, alcohol y sudor se mezclaba con el aire pesado de la humedad que se filtraba a través de las grietas en las paredes de piedra. La mayoría de los clientes, estaban absortos en sus propios asuntos. Hablaban entre ellos de forma ruidosa tratando de solapar sus voces a la del resto. El ambiente era animado a esa hora de la noche cuando el alcohol ya había hecho mella en la mayoría.
Una noche como cualquier otra pensó Riddle demasiado acostumbrado a los discursos en bares de mala muerte. Encendió un cigarrillo más por costumbre que por otra cosa. Esa noche había muchas caras nuevas pero un par de ellos sobresalía de la muchedumbre como era el caso de Lestrange una rata de la baja nobleza de Slytherin. El infeliz no tenía ni donde caerse muerto aun así no se daría el lujo de despreciar sus contactos.
En la misma mesa noto a otros miembro de la causa que eran prácticamente un recien llegados, los hermanos Carrow, Alecto y Amycus. Plebeyos del noble reino de Huffelpuff ¿quién lo diría? podía apostar que eran de la peor clase de lacra de la sociedad. Dio otra calada a su cigarrillo mientras seguía con su analisis. Peter Pettigrew era quizás el miembro más antiguo de su causa, fruto de la aventura extramatrimonial de un noble con una criada creció en Gryffindor y por asares de la suerte formó parte del circulo cercano del mismísimo Rey James Potter, el padre del actual rey. Sin embargo cayo en desgracia luego de la muerte de estos ya que se sospecho de su participación en un complot para derrotar a la corona. Casi tuvo éxito en su plan, salvo que no contó con que el hijo del matrimonio sobreviviera. Desde entonces era un paria de la sociedad, un marginado que debía ver constantemente sobre sus hombros y ocultarse para no ser capturado.
Habia un rostro nuevo entre ellos. No conocía a la mujer de alta, de tez blanca y pelo negro. Se notaba a leguas que era una dama refinada por lo que no pudo evitar preguntarse que hacia alguien así con aquel grupo.
—¿Estas listo Tom? - pregunto su maestro
Asintió mientras apagaba el cigarrillo y tomaba un poco de whisky de fuego. Se erigió en todo su largo y cuadro los hombros ordenando una vez más sus ideas. El era el mismísimo Voldemort, el seudónimo que usaba en aquellas presentaciones, aquel nombre que ya era temido entre las esferas de poder. Francamente no podía decir que le desagradaba más, los muggles o los magos aristócratas. Ambos parte merecían desaparecer. Él se encargaría de ello. Los odiaba. Por motivos distintos y aún así no podía sentir más que completo desprecio y repulsión.
Pero no podía concentrarse en eso en estos momentos. Tenia un plan. Debía actuar con calma. Para desacérese de toda la escoria primero debía centralizar el poder en su persona, hacer desaparecer las coronas y posteriormente conquistar el mundo muggle. Si tomaba el mundo mágico las personas no mágicas serian pan comido y para ello necesitaba iniciar una revolución. El proletariado era la clave. Era una masa de gente voluble, eternos inconformista, eternas ovejas, simples seguidores. Si obtenía su apoyo entonces podria derrocar uno a uno los 4 reinos. De eso no tenía duda.
Camino hacia la desgarbada tarima y dio un último sorbo a su bebida. A medida que su voz comenzó a resonar en el bar, los murmullos cesaron. Su tono era suave, pero imponente, como una serpiente susurrando en la penumbra.
—Compañeros - dijo - Hace siglos, nuestras familias, nuestros antepasados, vivían con la cabeza en alto, libres, poderosos, la cumbre de la evolución. Pero ahora, miren cómo hemos caído. —Hizo una pausa, observando a su audiencia, dejando que sus palabras se impregnaran en el aire, como veneno que lentamente se infiltraba en la sangre. — Nos obligaron a escondernos, a vivir en las sombras, a temer a los muggles. ¿Por qué? ¿Por qué nosotros, los superiores, los más avanzados, los que tenemos el derecho de gobernar, debemos vivir con miedo?
Riddle avanzó un paso, sus ojos brillando con intensidad. La atmósfera del bar cambió; el aire se volvía denso, como si el mismo espacio estuviera conspirando con él.
—Es hora de que reclamemos lo que nos pertenece. ¡Nosotros somos los que deberíamos dominar! Los muggles... los sucios muggles, son nada más que un lastre para nuestra raza. —Su voz aumentó de volumen, cargada de desprecio—. Ellos son débiles, estúpidos, temerosos de lo que no entienden. Nos temen porque no pueden comprender la grandeza que corre por nuestras venas, la magia pura que sólo los verdaderos descendientes de la sangre mágica poseemos. Y ellos, sin embargo, osan mirarnos por encima del hombro. Es una aberración, una ofensa a nuestra naturaleza.
A medida que continuaba, sus palabras se tornaban más apasionadas, como un predicador que predica la revelación divina. Los ojos de todos en el bar estaban fijos en él, cautivados, hipnotizados por su presencia y por la certeza que emanaba de cada una de sus palabras.
—Nosotros... —Riddle dejó que la palabra flotara en el aire—. Somos la siguiente etapa de la evolución. La raza mágica, nuestra raza, debe ser la que gobierne el mundo. La humanidad debería estar agradecida de que existimos, de que podemos guiar a este planeta hacia la grandeza. Pero en lugar de ser reverenciados, nos han marginado, humillado, reducido a sombras.
Riddle dio un paso más hacia el público, sus ojos ahora recorriendo a los presentes, uno por uno, como si estuviera analizando sus almas, decidiendo quién merecía su lealtad.
—¿Por que nos ocultamos? ¿Quien determinó eso? ¿Acaso es una ley escrita en piedra o un rey lo decreto? ¿Quienes se creen que son? Desde sus palacios, con sus pomposas cortes….tan alejados de la realidad que difícilmente pueden saber lo que el pueblo piensa. ¿Porque deberíamos agachar la cabeza? ¿Por qué les debemos obediencia? ¡Hermanos, compañeros es hora de alzar la voz, de demostrar que quizás ellos son los poderosos pero nosotros somos más! Nosotros compañeros somos magos, somos los herederos de la grandeza y si quienes ostentan la corona no tienen el valor de salir de sus madrigueras para enfrentar a los viles muggles y darnos el lugar que nos merecemos entonces necesitamos nuevos lideres que guíen nuestros deseos. ¡Basta de escondernos! —gritó, su voz llena de furia contenida. — El tiempo de la ocultación ha pasado. Es hora de tomar lo que es nuestro por derecho. Es hora de que los muggles se arrodillen ante nosotros, ante nuestra magia, ante nuestra supremacía.
En ese instante, una figura en la esquina del bar se levantó, una mujer con el cabello oscuro y la mirada intensa. Bellatrix Black, hija de una familia de sangre pura, la misma familia que había abandonado sus principios para unirse a la causa de los "limpios", ahora encontraba algo más en Riddle. La chispa, la misma pasión que su familia había perdido. En su rostro, una expresión de admiración y deseo por la causa, y quizás algo más.
—Tienes razón... —dijo Bellatrix, con voz contenida, casi susurrante, como si no quisiera que nadie más escuchara.
Riddle la observó, una ligera sonrisa curvando sus labios. Sabía que había tocado una fibra sensible. La mujer pareció simplemente vibrar ante su sola mirada. No pudo evitar sonreír reconociendo la locura en sus ojos. Definitivamente aquella mujer le parecía interesante.
—¿Y usted es?
—Bellatrix - respondió aturdida por el hombre
—¿Lo entiendes no es así Bellatrix? —preguntó, su voz un susurro casi seductor—. Los que compartimos esta visión estamos destinados a gobernar, a restaurar el orden. ¿Qué somos, sino los verdaderos herederos de la magia pura? No hay nadie más que esté a nuestra altura.
Bellatrix asintió con fervor. Sus ojos brillaban con un deseo feroz, una lealtad que iba más allá de las palabras.
—Mi familia... —murmuró Bellatrix, su voz quebrada por la emoción—. Ellos lo ven. Pero no lo entienden. Tú... tú lo entiendes. —Sus ojos brillaban con una locura contenida, una pasión peligrosa—. Yo estoy contigo, Tom. Te seguiré.
Riddle sonrió, y en su mirada había algo más que admiración; era una evaluación fría, meticulosa. Ella era útil, y más que útil, estaba lista para ser una de sus más fieles aliadas.
—Entonces, Bellatrix, hagamos historia. —Dijo con firmeza—. Juntos, acabaremos con esta civilización decadente.
Los demás en el bar observaron en silencio por unos segundos, algunos comenzaron a murmurar entre sí, otros asentían lentamente, como si las palabras de Riddle estuvieran calando en lo más profundo de su ser antes de finalmente estallar en aplausos y aprobación.
Cuando bajo del escenario su maestro lo esperaba.
—Veo que has conseguido un juguete interesante Tom
—Quizás - respondió antes de dirigirse a la mesa de aquel grupo y entablar una conversación con ellos. Necesitaba averiguar más de aquella mujer. Con algo de suerte le sería de utilidad a futuro.
El castillo de Gryffindor era una imponente fortaleza de piedra blanca, sus altas torres coronadas por estandartes rojos y dorados que ondeaban al viento. Se alzaba sobre una colina que dominaba el reino, ofreciendo una vista panorámica de los verdes valles y montañas que lo rodeaban. De los cuatro reinos eran ellos a quienes pertenecían la mayor parte de los bosques, sus tierras llena de lagos eran generosas tambien para el pueblo y los cultivos. Eran famosos en todos los reinos por sus plantas necesarias para las pociones. El jardín de los alquimistas les decían y era cierto. Su principal ingreso e industria. Ellos proveían de materia prima al resto.
Por lo general la vida de Harry era sencilla y sin complicaciones. Sus días comenzaban cuando los primeros rayos del sol iluminaban su habitación. Para ese momento ya tendría criados preparando su baño y ropa lista para ponerle. Hermione, su secretaria sería de las primeras en estar ahí para recordarle la lista de compromisos y tareas que debía atender.
—Luego del entrenamiento con Sirius tienes que revisar algunos nuevos decretos. El trato con los Mac Millan todavía no es seguro pero quizás podamos tener una respuesta al final de la semana.
Asintió mientras escuchaba a medias lo que decía su amiga. Si bien Hermione era una plebeya era quizás la persona más perspicaz del reino y Dumbledore asi lo creyó ya que la tomo como su pupila por lo que practicante crecieron juntos. Confiaba ciegamente en su criterio.
—¿Me estas escuchando Harry?
—Sabes que sí Hermione.
Su ayudante de cámara hizo una reverencia antes de retirarse y él tomó la espada que estaba cerca de la puerta.
—Recuerda que Lady Lovegood llegará probablemente para el atardecer - dijo mientras caminaba por los pasillos que llevaban a la zona de entrenamientos. Probablemente Ron y Sirius ya estuvieran ahí.
—De acuerdo
No tardo mucho en comprobar que tenia razon.
—Hey! compañero - hablo el pelirrojo. Ron Weasley era el hijo menor, sin contar a su hermana, de los nobles más cercanos a él. La familia de Ron era prácticamente suya también por lo que fue lógico para Harry decidir tomar al pelirrojo como su compañero de armas y mano derecha. Confiaba en él en el campo de batalla y a pesar de las apariencias era un gran estratega - Ya era hora de que llegaras
—Callate. Soy el puto rey, deberia ser ilegal que me despierten a estas horas de la madrugada.
—Vaya - comentó el hombre mayor- Ni siquiera James se quejaba tanto por levantarse.
Harry gruño con desgano. Sirius Black había sido uno de los mejores amigos de su padre y su escudero. Cuando ellos murieron Sirius se encargo de criarlo y cuidarlo como si fuera su propio hijo.
—Además - continuó - ya son las 9 de la mañana. No es la madrugada cachorro.
No tenia caso pelear por lo que solo se puso en posición.
El entrenamiento fue exhaustivo y agotador como siempre. Sirius no tenia piedad y casi podía jurar que Ron amaba la excusa de entrenar para sacar cualquier frustración que sentí a través de la fuerza física.
—Hey! - se quejo Harry- estas haciendo trampa, se supone que solo entrenemos con la espada hoy
—Sirius nunca dijo que no podíamos usar magia - mencionó con una sonrisa en la boca.
—Bastardo, seguro lo estaba disfrutando.
—Bien - respondió mientras realizaba un escudo con su magia de luz para detener aquel lanzallamas - Idiota.
No supo cuanto duro aquella tortura pero estaba rogando que terminara. Su padrino quería matarlo, eso era seguro.
—¿Crees que los rumores son ciertos, Sirius? - preguntó Harry aprovechando el momento de descanso. No tenia que decir mucho más, podía jurar que ellos sabian de lo que hablaba aún si no ofrecía más detalles.
Las paredes de ese castillo tenían oídos por todas partes y los rumores siempre viajaban más rápido que el mismo viento. Había escuchado fragmentos de conversaciones entre los guardias y rumores de una creciente inquietud en el sur. Nada que tuviera peso aún, pero suficiente para despertar su curiosidad.
Sirius, con una sonrisa despreocupada, respondió:
—Bah, son solo rumores, Harry. Siempre ha habido descontento en algún rincón del reino. Pero este es Gryffindor, y tú eres el hijo de James Potter. No tienes nada de qué preocuparte- intento apaciguar las aguas con aquellas palabras.
Ron, agotado por el combate, dejó caer la espada con una carcajada.
—Vamos, Harry, no seas aguafiestas. Seguro es solo algún noble quejándose de impuestos o alguna tontería. Además, ¿no tenemos bastante con nuestras clases de historia como para preocuparnos de una revuelta?
Harry sonrió, reconfortado por la ligereza de sus amigos. Por el momento, los rumores eran solo eso: murmullos en los pasillos de la corte. Su vida, aunque llena de responsabilidades, seguía siendo todo lo que había deseado. Entre sus deberes, sus estudios con el sabio Dumbledore y las bromas con Hermione y Ron, el mundo le parecía un lugar seguro y repleto de posibilidades.
Más tarde, al dirigirse a la sala de estudio, Harry encontró a Hermione y Neville discutiendo sobre un nuevo hechizo de defensa que había enseñado Dumbledore. Hermione, como siempre, hablaba con una pasión ardiente sobre los encantamientos, mientras Neville asentía, un tanto perdido pero dispuesto a intentarlo. La risa de Hermione llenaba el salón mientras bromeaba sobre la torpeza de Neville, y Harry no pudo evitar sonreír, sintiéndose afortunado de tenerlos a ambos como amigos.
—Al fin llegas Harry - menciono la chica- entonces empecemos.
Se dirigió a su escritorio y tras sentarse habló
—¿Necesitas algo Neville?
—Solo viene a dejar un informa de como va la situación con los campos. Este año si el clima sigue siendo favorable probablemente produzcamos un excedente de algunos ingredientes difíciles de cultivar y por lo que seguro pagaran muy bien.
—Esas son excelente noticas - dijo empezando a leer el pergamino frente a él
—En una semana partiré a Slytherin, estoy seguro que Lord Malfoy apreciara la noticia -comentó con calma.
Harry elevó los ojos e hizo una mueca de desagrado. No entendía como alguien con la personalidad de su amigo podía llevarse bien con esa gente. Realmente no podía entender como nadie podía llevarse bien con ellos.
El chico rió por su cara y simplemente dijo:
—No son tan malos como crees, es solo que tienen un carácter peculiar
—No puedo creerte Neville. Recuerdo como temblabas como una hoja ante la sola idea de ir a negociar a ese reino y ahora dices que no son tan malos.
—El príncipe Draco es sumamente amable y siempre se ha asegurado de que me sienta cómodo durante mis visitas majestad - dijo sabiendo que eso probablemente terminaría en un intercambio eterno de palabras.
Volvió la vista a los documentos que tenia enfrente mientras pensaba en el hombre. Lord Malfoy seria el futuro rey de Slytherin cuando su padre finalmente abdicara. No es que se llevara especialmente bien con esa familia, es más podría decir que le desagradaba.
No entendía como es que Neville podía siquiera brindar un adjetivo agradable con respecto a ese rubio desabrido. Jamás en la larga fila de años e infinidad de eventos en los que coincidían lo habia visto sonreír. ¡¿Pero que decía sonreír?! Siquiera mostrar una mínima muestra de cualquier emoción en esa cara de piedra. Remus decía que era un joven estoico, que probablemente serían un buen monarca. Él no lo creía.
Además había que sumar que los rumores decían que la pequeña serpiente tenia el don de la magia de sombras. ¿Eso no era prueba suficiente de la clase de persona que era?
Frunció el ceño como cada vez que pensaba en el hombre. No importara lo que Neville, Cedric o incluso Luna dijeran del sujeto, ellos se repelían como el agua y el aceite. Quizás por la naturaleza de su magia, quizás era por que sus reinos normalmente prácticamente enemigos jurados o tal vez era que un Malfoy y un Potter jamás se llevarían bien.
Neville salió por la puerta tras una pequeña reverencia y su día continuó como estaba previsto.
Cuando Theodore entró al despacho de Draco incrementó las llamas de la chimea. Desde aquel día todo el castillo en general se había sumergido en un frío que calaba hasta los hueso, claro que no ayudaba que estuvieran tan cerca del invierno.
El rubio siguió trabajando sin siquiera inmutarse por su presencia por lo que espero pacientemente mientras se servía un poco de té y se dirigía a los sillones del lugar. Repaso un poco los documentos que estaban dentro. Era preocupante la cantidad de reuniones secretas que se habian dado en los últimos meses.
Theo sopesó un poco las opciones y posibilidades y, aunque odiara admitirlo, Luna tenía razón. Pronto se verían forzados a mover sus fichas, y Draco tendría que hacer una elección, aunque podía apostar toda su fortuna a que ninguna de las opciones sería del agrado del Lord. Frunció el ceño, tan sumergido en su análisis que no se dio cuenta del momento en que finalmente era el centro de atención de Su Majestad.
—Debe ser grave —dijo Draco en voz baja y calma, firmando el último documento en su escritorio—. Son pocas las veces en que le he visto perder los nervios, mi Lord.
Draco se levantó y se dirigió hacia él. Para ese momento, Theo ya estaba preparando una taza para su amigo. El rubio tomó la carpeta de la mesa y empezó a leer con calma. Fuera lo que fuera, lo mejor era tener toda la información disponible para analizar todos los posibles escenarios y prepararse de antemano.
—Entonces, es cierto —dijo Draco en un murmullo, más para sí mismo que para Theo—. Voldemort está organizando algo más allá de meras protestas aisladas.
Theodore asintió lentamente, cruzándose de brazos.
—Mis espías han confirmado reuniones clandestinas en los reinos de Gryffindor y Ravenclaw. Pequeños grupos que antes se limitaban a murmurar en tabernas ahora se están organizando y han comenzado a actuar bajo un liderazgo que aún no reconocen oficialmente, pero todos sabemos de quién se trata. Voldemort tiene seguidores que creen en su visión de un mundo dividido, en el que los magos gobiernan sin restricción alguna.
Draco frunció el ceño y miró hacia el horizonte, como si intentara ver más allá de los límites de sus tierras.
—Como comprenderás, es especialmente preocupante la situación precaria en que se encuentra Ravenclaw. Los Chang son una dinastía conocida en todos los reinos por ser pacifistas y neutrales; si Voldemort logra llevar allí una revolución, Cho caerá pronto. Un mes, quizás dos, en el mejor de los casos.
—Entiendo. Cedric seguramente moverá tropas hacia Ravenclaw de ser necesario, pero eso lo dejaría en una posición vulnerable.
—Exactamente —Theo observó las llamas de la chimenea, y su preocupación aumentó al notar la palidez en su amigo. Sabía que debía estar helado. Últimamente, la piel de Draco estaba fría constantemente, y nada parecía calentarlo. Le preocupaba, por supuesto, pero entre lo urgente y lo importante, debía priorizar esta situación—. Hay algo más.
Draco esperó pacientemente a que su consejero extendiera un mapa de los cuatro reinos.
—Como bien sabe Su Majestad, los magos hemos vivido en estas tierras desde hace al menos tres milenios. Innumerables pactos y alianzas se han hecho con criaturas mágicas y sus territorios, lo cual nos ha permitido establecernos aquí. Sin embargo, piénsalo, Draco. Ravenclaw se ha establecido como la cuna del conocimiento para magos, y esto les ha permitido desarrollar colegios y universidades en todas las áreas. De allí han salido grandes inventos para el mundo mágico. Slytherin ha sabido aprovechar estos avances más que nadie, y esto ha hecho que la mayor parte de sus súbditos vivan mejor que en otros reinos. Hufflepuff siempre ha sido nuestro aliado, y su gente, con su ética de trabajo, no ha tenido reparo en comerciar abiertamente con nosotros. De hecho, son nuestros principales compradores. Sin embargo, Gryffindor es harina de otro costal.
El rubio asintió sin interrumpir, sabiendo que su amigo solo daba largas porque estaba nervioso y no sabía cómo exponer la idea.
—Su Majestad Potter y los Malfoy han sido antagónicos desde tiempos inmemoriales, pero nos permitimos comerciar con ellos por beneficio mutuo. Aunque es nuestro aliado de menor valor comercial, el pueblo de Slytherin sufriría dificultades si esta alianza se rompiera. Piénselo en un solo aspecto: si bien nuestros mejores medios-magos no tienen nada que envidiar a los que posee Ravenclaw y nuestras pociones son superiores, no podríamos hacer nada sin los ingredientes que compramos a Gryffindor. Si perdiéramos esta alianza, habría escasez en cuestión de meses. Podríamos cultivar algunos ingredientes, sí, pero usted sabe bien que ciertos elementos, raros y particularmente poderosos, solo crecen en las tierras de los leones. Usted comprenderá a dónde quiero llegar, Su Majestad.
Draco dirigió su mirada al mapa y las conclusiones y posibles panoramas empezaron a caer como piedras en su estómago. Theo tenia razón, si su análisis era cierto entonces esto los dejaba en una situación precaria.
Se inclinó levenente en su sillón e intentó dar un estimado al número de aliados que podría haber conceguido Voldemort. "No" se corrigió mentalmente, "Grindelwald". Esto había comenzado ya con el viejo ese. Quizás su pupilo era la estrella en ascenso de la causa pero sin dudas esto ya tenía tiempo gestándose. ¿Quien más podría estar de su lado? Si los pueblos se revelaban estallaría una guerra civil que dejaría débil a Hogwarts sin duda. ¿A quienes beneficiaria esto? Analizó el mapa una vez más.
¿Quizás algunas criaturas mágicas? ¿Hombres lobos, vampiros? ¿Quizás esperaban expandir sus territorios? pero aún así los 4 reinos eran mucho para que una sola persona los controlara. Sin estos principados se volvían vulnerables a un ataque del exterior. ¿Durmstrang?¿Ivelmoring? ¿El ataque vendría por el este? ¿por el oeste?
Habían muchas posibilidades. Probablemente no podría prever todos esos peligros. Lo mejor seria cerrar filas.
—Piensa en esto Draco —continuó Nott, en voz baja— Hufflepuff podria enviar parte de su ejercito para reforzar a Chang pero eso deja desprotegido a los tejones y no podemos darnos el lujo de perderlos. No solo porque sean nuestros principales compradores sino que en esas tierras se cultivan el 70% de las cosas que consumimos en Hogwarts. Pero tampoco podemos perder a Ravenclaw. Si una guerra se desata entonces habrá muchas bajas y allí se concentran la mayor parte de los sanadores de los 4 reinos. En tiempos de paz no es descabellado vivir holgadamente con respecto al tema, sin embargo si hay heridos necesitamos tratarlos. No solo eso, las guerras y los muertos acarrean enfermedades inevitables sumando mucha más personas que no deberían morir a las bajas.
Slytherin podría reforzar a Hufflepuff mientras tanto. De los cuatro somos los que nos encontramos en una situación geográfica privilegiada. Sin embargo no podemos darnos el lujo de mermar sin más nuestras defensas.
—Correcto. Pero me temo que hay más. Draco observa el mapa - dijo señalando el territorio de Gryffindor.
Sus ojos se abrieron ante la comprensión.
—La gran barrera del Norte - dijo con voz contenida
—Así es. Siempre se ha creído que esto le da a las tierras de Lord Potter una protección natural pero ¿y si no?
—Voldemort puede atacar por el norte. Dividir sus fuerzas. Después de todo según estos informes los grupos insurgentes tienen uno de sus epicentros ahí.
—Así es Draco. Por lo que evaluando la situación mi mejor apuesta es formar una alianza. Podríamos cerrar a cal y canto los territorios de Slytherin pero cuanto podríamos sobrevivir por nuestra propia cuenta? Si bien es cierto que desde al menos 5 generaciones nuestros monarcas han preparado recursos para casos de emergencia ¿cuál sería el costo real de no participar en esto? Además contamos con la mayor armada de todas por lo que podríamos dividir nuestras fuerzas sin grandes repercusiones para nosotros.
El rubio no pudo evitar cerrar los puños con fuerzas sobre sus rodillas sintiendo una ira helada arremolinarse en su corazón. Estaba seguro que a su padre no le gustaría esto pero esta vez así tuviera que ir en contra de los deseos de su Rey tenia que participar. No, corrección, él quería hacer.
Voldemort caería. Los planes de Grindelwald se harían añicos y detendría esa mierda. Así tuviera que hacer un pacto con la mismísima muerte él acabaría con ellos. Lo juraba. Por su nombre, por su honor, por todo lo que era. Como que se llamaba Draco Lucius Malfoy, príncipe heredero de Slytherin.
