Hola:
Tema del día 29.
Gracias por leer, comentar y seguir.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.
Día 29: Embarazar/Breeding
Juego de rol que consiste en el fetiche por la idea de embarazarse o embarazar.
[Minos x Anna]
Corte del Silencio, Despacho de los jueces.
Era tarde y el edificio permanecía casi en silencio, debido a que ya no había almas para juzgar. Las monjas oscuras que hacían el aseo, se habían retirado, y de los tres jueces que ahí laboraban, sólo Minos permanecía.
Pero no trabajaba, y no estaba solo.
En uno de los sillones, el hombre yacía sentado cómodamente, reclinado contra el respaldo, gozando con lo que hacía su adorable concubina.
Anna cabalgaba al juez con intensidad, meciéndose con un ritmo obsceno, que acentuaba las sensaciones en su interior. El placer se repartía a partes iguales, y ambos estaban cerca de la cima final.
Minos apretó los dientes y aferró con fuerza las caderas de la mujer, a la vez que empujaba más contra ella, manteniéndose enterrado en aquel paraíso caliente y húmedo.
El estallido carnal se hizo presente, constriñendo el vientre femenino y tensando la virilidad masculina. Un sonoro clamor escapó de los amantes, al mismo tiempo que los fluidos sexuales se mezclaban en un delicioso éxtasis.
Permanecieron entrelazados, respirando con agitación, en lo que sus cuerpos se relajaban lentamente.
…
Anna bostezó con cansancio, apenas teniendo ganas de levantarse. Cuando abrió los ojos, se encontró con la mirada de Minos, quien parecía estar examinándola con detenimiento.
—¿Sucede algo, señor? —
—Eso quisiera saber, ¿Hay algo que debas decirme? — la tomó de la cintura y la apartó de él con calma, dejándola recostada sobre el sillón.
La monja volvió a bostezar, pero, a pesar de sentirse agotada, debía aprovechar el momento para decirle algo importante al juez. De un tiempo para acá, había comenzado a sentirse rara, y aunque sabía que su condición de Espectro de bajo rango le permitía no requerir alimentos, la idea de comer algo delicioso ahora mismo, le rondaba la cabeza.
No tenía forma de saberlo al estar en el inframundo, pero conocía su cuerpo, y otras mujeres le habían contado su experiencia, por lo que, empezó a intuir que estaba embarazada. La última semana había tenido sensación de mareo y náuseas, también se sentía más cansada de lo normal, y ahora los alimentos se le antojaban incluso más.
Miró al juez caminar hacia un estante donde reposaban algunas botellas y la cristalería. Se sirvió vino tinto en una copa y bebió despacio, observándola de reojo.
—Estoy esperando— insistió él.
La mujer se incorporó, desviando la mirada, dudando.
—Señor Minos, tengo la sensación de estar… preñada. —
El Espectro ni siquiera parpadeó. Simplemente soltó un suspiro bajo, mientras volvía a llenar la copa. Después se acercó a ella y tomó asiento a su lado, acercándole la bebida.
Anna la aceptó, bebiendo algunos tragos, notando el delicioso aroma y sabor.
—Ya era hora mujer— sonrió divertido. —Pensé que eras estéril. —
La aludida casi se atragantó al escucharlo. El asombro se dibujó en su rostro, pues el juez tomó su confesión con inquietante naturalidad. Lo cierto era que, no esperaba dicha reacción.
—¿Cómo… dice?, ¿Usted… deseaba que yo…? —
Minos levantó su mano y la sujetó de la barbilla, acariciando su labio inferior con el pulgar. Se acercó un poco más, sin quitar esa rara sonrisa.
—Así es Anna, necesito que me des hijos— soltó sin mesura. —Como juez del inframundo, mi linaje es especial, así que debo engendrar descendientes antes de que finalice la guerra santa. Y tú, mi hermosa marioneta, me los vas a dar. —
Sin darle tiempo de asimilar nada, sus labios se adosaron a los de ella, besándola con intensidad y deleite, pues el sabor del vino aún se notaba en su lengua. La sierva respondió a pesar de su sorpresa inicial, aceptando con agrado aquella revelación.
Porque, estar embarazada de un juez, significaba que ella abandonaría el inframundo.
La idea de volver a ver el sol, sentir el viento, oler la naturaleza, probar la comida y vivir de nuevo como una persona común, le agradaba demasiado. Y si debía gestar y criar a los hijos de Minos para eso, lo haría sin dudar.
—¿Tienes algo que decir al respecto? — interrogó al finalizar el beso.
Anna negó, haciendo un gesto tranquilo.
—No señor, haré lo que usted me diga. —
—Bien, me gusta tu actitud— se levantó, dirigiéndose a donde estaba su Sapuri. —Vístete, es hora de volver a Ptolomea, de ahora en adelante vivirás ahí, al menos hasta que la guerra santa concluya, después… te llevaré a otro lado. —
La monja asintió sin decir nada más. Después de todo, ser la concubina del juez Grifo, continuaba siendo bastante provechoso para ella.
Gracias por leer.
29/Octubre/2024
