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20 AC Tercera Luna, Dia 4, Volantis, Sala del Consejo.

La sala de guerra de Volantis, bajo las altas cúpulas decoradas con símbolos valyrios, estaba llena de voces bajas y miradas tensas. Las antorchas de oro ardían a lo largo de las paredes, proyectando sombras sobre los rostros cansados de los triarcas y generales que debatían el destino de su campaña. La brisa del río Rhoyne acompañada del olor a aceite y cuero se colaba por las ventanas abiertas, pero no conseguía disipar el ambiente cargado de tensión que envolvía a los líderes de la ciudad más antigua y poderosa de las Ciudades Libres.

Al frente, el Triarca Belicho, un hombre de ojos purpura oscuro y cabello blanco, observaba un mapa extendido sobre la mesa de piedra, sus dedos trazando la línea del frente que cruzaba las Tierras de la Discordia. Sus labios formaban una línea fina mientras observaba el mapa, lleno de anotaciones que marcaban las posiciones de sus fuerzas y las de Tyrosh. Las ciudades libres, los ríos y las montañas estaban marcadas con símbolos de batallas recientes y movimientos de tropas. En la esquina del mapa, resaltaban dos nombres: Tyrosh, la ciudad fortificada al este, y Qohor, envuelta en rumores de intriga y resistencia.

—Tyrosh nos está costando más de lo esperado. Cada vez que acercamos nuestras máquinas de asedio a las murallas, refuerzan sus defensas, y nuestras pérdidas aumentan. Las lluvias de flechas, las catapultas, los traidores dentro de sus murallas... —Belicho hizo una pausa, apretando los dientes—. Este asedio está drenando nuestras fuerzas y nuestras arcas.

Uno de los generales, un hombre fornido llamado Marqos, un general de cicatrices profundas que le cruzaban la mejilla, tomó la palabra con una mezcla de irritación y preocupación en la voz

—Y no es solo Tyrosh, Triarca. Al noreste, nuestras líneas de suministro se han convertido en un blanco fácil para esos malditos bandidos. Cada semana nos llega un reporte de una caravana emboscada o un destacamento de exploradores atacado en la frontera de Qohor. Si siguen hostigándonos de esta forma, ni siquiera tendremos suficiente grano para alimentar a nuestros soldados antes de que llegue el invierno.

Belicho levantó la mirada hacia el general, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de exasperación y determinación hablo con irritación.

—Nos vemos tan débiles que ahora simples bandidos osan atacarnos, acaso no eres capaz de encargarte con esa basura.

—No son simples bandidos, Triarca —respondió Marqos, su tono lleno de frustración—. Sus ataques son demasiado coordinados. Emboscan nuestras caravanas, atacan nuestros campamentos cuando la noche está más oscura, y desaparecen antes de que podamos reagruparnos. Han dejado a nuestras fuerzas en las cercanías de Qohor mal abastecidas y con la moral baja.

—Dices que son bandidos, Marqos. ¿Pero acaso no ves lo que está pasando? Qohor está detrás de estos ataques. Es su estilo, susurros y cuchillos en la oscuridad mientras niegan toda responsabilidad.

—Qohor niega toda participación, por supuesto. Hablan de bandidos oportunistas y nos aseguran que sus caravanas también han sido atacadas. Pero no puedo dejar de sospechar que están detrás de estos movimientos, intentando debilitar nuestras fuerzas sin implicarse directamente. No serían los primeros en usar esa táctica, pero no podemos acusarles sin pruebas. Si lanzamos una acusación sin fundamento, podríamos unir a Qohor y Norvos contra nosotros, y no necesitamos más enemigos ahora mismo. Tenemos que ser astutos, no solo fuertes.

Respondió Horonno Triarca y heroe de los tigres. Un hombre de porte alto y musculoso, con un cuerpo que aún muestra la fuerza y la agilidad de un guerrero veterano, a pesar de los años. Sus hombros anchos y su pecho robusto son testimonio de su tiempo en el campo de batalla, mientras que sus manos, marcadas por cicatrices, revelan una vida de empuñar la espada y el escudo.

El Triarca Baesegor, otro de los líderes de Volantis, un hombre de semblante severo y barba perfectamente cuidada, alzó la voz, impregnando la sala con su desdén.

—Puede que Qohor esté moviendo hilos desde las sombras, pero también hay otros factores en juego. Los rumores de que Pentos está contemplando una intervención en la guerra son cada vez más frecuentes. Si eso ocurre, podríamos enfrentarnos no solo a las armas de Tyrosh, sino también a la flota pentossi. No podemos permitir que nuestras fuerzas sigan siendo debilitadas por estos ataques. Debemos actuar antes de que nuestra posición se deteriore aún más.

—Pentos podría sumarse a este conflicto si seguimos mostrando debilidad. Desde la batalla del Estrecho Sangriento han estado observando cada uno de nuestros movimientos, esperando ver si su 'querida Tyrosh' puede resistirnos. Si Pentos decide intervenir, podríamos enfrentarnos a la galera unida bravossi y pensossi. Mientras tanto, esos bandidos siguen desgastando nuestras fuerzas en la frontera, haciendo que los mercaderes teman enviar sus caravanas y minando la moral de nuestras tropas. Debemos cortar esa hemorragia antes de que se convierta en una herida mortal.

Horonno comento de forma autoritaria, cuya mera presencia demanda respeto y obediencia a los otros triarcas Tigres de Volantis.

Belicho asintió lentamente, sus ojos clavados en el mapa. Volantis se encontraba en una encrucijada. El sueño de expandirse hacia el norte, de someter a las Hijas Pendencieras y dominar el Mar Angosto, se veía obstaculizado por enemigos visibles e invisibles. Tyrosh seguía resistiendo y, mientras tanto, las incursiones de esos misteriosos bandidos causaban estragos cerca de Qohor, dañando su reputación y avergonzándolo frente a Horonno

En el campo de batalla, Horonno fue conocido por su audacia y su capacidad para inspirar a sus hombres incluso en las situaciones más desesperadas. En su juventud, lideró numerosas campañas contra los rivales de Volantis y fue aclamado como un héroe que expandió la influencia de la ciudad a través de la fuerza y el miedo.

Sin embargo, no solo es un guerrero. Horonno también es un estratega que supo traducir sus victorias en poder político. Su tiempo como triarca fue una era de prosperidad para los Tigres, marcada por la fortaleza militar y la unidad interna de Volantis. Los volantinos lo reeligieron año tras año durante tres décadas, admirando su mano firme y su capacidad para proteger la ciudad de enemigos internos y externos. A diferencia de muchos líderes que sucumben al deseo de gloria inmediata, Horonno siempre pensó a largo plazo, buscando mantener a Volantis como una potencia indomable en Essos.

—Tenemos que eliminar esa amenaza de inmediato —dijo Belicho, golpeando la mesa con un puño cerrado—. Si estos bandidos persisten, nuestras tropas en la frontera estarán tan desgastadas que Qohor y Norvos podrían atreverse a lanzarnos un ataque directo. Y si Pentos se suma a la ecuación, la guerra podría volverse un pantano que consuma todos nuestros recursos.

Baesegor esbozó una sonrisa calculadora.

—¿Alguna propuesta, Baesegor?

—Hay un hombre que podría manejar esto —respondió, una ligera sonrisa curvando sus labios—. Se llama Lucerys. Tiene experiencia en sofocar revueltas, ha servido como comandante en las regiones del sur y ha sofocado varias revueltas de esclavos. Es despiadado, rápido, y sabe cómo lidiar con enemigos que se esconden entre las sombras.

Horonno arqueó una ceja, claramente interesado.

—¿Dharan? Sí, he oído de él. Dicen que sofocó una rebelión cerca de Mantarys en menos de dos semanas. Lo llaman 'el Carcelero' por la forma en que atrapa a sus enemigos antes de aniquilarlos.

Belicho levantó la vista, interesado.

—¿Crees que podrá lidiar con esta amenaza de manera efectiva?

—Él mismo se ha ofrecido, Triarca. Dice que si le damos libertad para actuar con una fuerza móvil de soldados montados y rastreadores podrá encontrar a esos bandidos, podrá acabar con esta amenaza antes de que Tyrosh caiga. Su plan es simple: usar nuestras caravanas como señuelos, atrapar a los bandidos en terrenos que controlamos y eliminar a cualquiera que intente emboscarnos. Al mismo tiempo, promete lanzar una red de espías y sobornos en las aldeas cercanas a Qohor para obtener información sobre su paradero.

Belicho miró a Baesegor por un largo momento, sopesando la oferta. Finalmente, dio un golpe en la mesa.

—Que así sea. Dharan liderará esta cacería. No podemos seguir permitiendo que un grupo de bandidos nos trate como si fuéramos ciegos. Si eliminamos esta plaga, podremos centrar toda nuestra fuerza en Tyrosh y luego avanzar hacia Qohor.


Lucerys Dharan escuchó en silencio mientras Baesegor le detallaba sus órdenes. Su rostro permanecía impasible, pero por dentro, una chispa de ambición ardía en su pecho. Esto era más que una simple misión de exterminio. Si lo hacía bien, podría ascender en la jerarquía de Volantis, ganarse la confianza de los triarcas y tal vez incluso un puesto permanente en el consejo de guerra.

Baesegor observó la reacción de Dharan y encontró en su mirada la misma fría determinación que esperaba. Sin embargo, deseaba asegurarse de que entendía lo que estaba en juego.

—Esta no es una simple campaña de limpieza, Lucerys. Si fallas, nos arriesgamos a perder el control de la frontera con Qohor. No podemos permitirnos más debilidades mientras enfrentamos a Tyrosh. ¿Estás seguro de que puedes manejarlo?

Lucerys esbozó una sonrisa que no alcanzó a suavizar su expresión austera.

—Triarca, estos bandidos han cometido un error. Creen que pueden desgastar nuestras fuerzas y desaparecer antes de que podamos reaccionar, pero no han contado con que ahora seremos nosotros quienes cazaremos. Conozco sus tácticas. Rastrearemos sus movimientos, los dejaremos pensar que han ganado terreno, y entonces, los aplastaremos. Además, si Qohor tiene algo que ver con esto, les enviaré un mensaje claro: Volantis no es un enemigo que se pueda debilitar con golpes de sombra.

Baesegor lo miró por un momento más, antes de asentir con satisfacción.

—Haz lo que debas, Lucerys. No hay lugar para el fracaso.

Lucerys inclinó la cabeza en un gesto respetuoso antes de retirarse. Mientras caminaba por los pasillos de mármol de la ciudad, sus pensamientos giraban en torno a la misión. Sabía que estos ataques no eran obra de simples bandidos. Había escuchado rumores del grupo, eran guerreros organizados de eso no había duda, la pregunta era quien los lideraba, los reportes de los ataques los describen como pequeños grupos de arqueros a caballos similares a los salvajes dothraki, pero eran menos brutales, con sus rostros cubiertos y bien armados. Sin embargo, no importaba. Lucerys sabía que, sin importar quién estuviera detrás de estos ataques, pronto se encontraría con él.


20 AC Tercera Luna, Dia 17, Campos Dorados, sur del Llorolu, al Oeste de Chroyane

En la distancia, entre las colinas cubiertas de pinos y los estrechos senderos que conectaban las rutas comerciales, un pequeño grupo de jinetes se movía como sombras sobre el suelo. Entre ellos, Ashkan guiaba a su contingente con una sonrisa oculta bajo la capucha. Había llevado a los jóvenes tagaez fen lejos de sus hogares, entrenándolos para moverse como un solo cuerpo, y ahora se habían convertido en una espina clavada en el costado de Volantis.

Volantis, aprendiendo de sus errores, comenzó a reforzar sus caravanas con más soldados y mejor organización. Los guardias ya no eran los mercaderes desprevenidos de las primeras semanas, sino veteranos curtidos en la guerra contra Tyrosh que sabían cómo defender sus líneas. A pesar de esto, Ashkan y sus hombres se adaptaron.

—No podemos seguir atacando caravanas pequeñas —dijo Vashur una noche, su rostro cansado—. Están mejorando sus defensas, y nos arriesgamos a perder demasiados hombres.

—Entonces debemos cambiar nuestra estrategia —respondió Ashkan, con una mirada pensativa—. Si no podemos destruirlas, las haremos ineficientes. Atacaremos solo para retrasar su avance, no para eliminarlas por completo.

La nueva estrategia consistía en hostigar a las caravanas más grandes sin enfrentarlas directamente. Ashkan dividió a sus hombres en pequeños grupos, que atacaban desde diferentes direcciones, lanzando flechas y jabalinas para sembrar el caos. En lugar de intentar destruir a todos los guardias, se enfocaban en los caballos y las ruedas de los carros, ralentizando el avance de las caravanas sin arriesgar a sus hombres en combates prolongados.

Esta táctica fue particularmente efectiva. Las caravanas de Volantis comenzaron a moverse más lentamente, cargadas por las heridas de sus caballos y la necesidad de reparar constantemente sus carros. Los suministros llegaban a sus destinos tarde y en menor cantidad, y los hombres de Volantis estaban exhaustos de las constantes emboscadas.

Con el tiempo, la presión sobre Volantis se hizo evidente. Aunque no habían sido capaces de eliminar por completo a sus enemigos, Ashkan y su grupo de escaramuzadores habían logrado algo más importante: Volantis estaba atrapada en un estado de constante alerta, incapaz de moverse con la rapidez y eficiencia que necesitaba para mantener sus conquistas

Pero Ashkan sabía que esta era solo una victoria temporal. Aunque habían logrado ralentizar a las caravanas y sembrar caos entre los esclavistas y los exploradores de Volantis, la ciudad aún mantenía su poder y control sobre gran parte de las tierras que habían sometido. El contingente de Ashkan, aunque eficiente, seguía siendo pequeño y no estaba en condiciones de librar una guerra prolongada contra un enemigo tan bien establecido.

Mientras el sol caía sobre el campamento, una sensación de inquietud comenzó a asentarse entre los hombres. La moral, aunque alta debido a las recientes victorias, empezaba a mostrar grietas. Varios se preguntaban cuánto tiempo más podrían continuar con esta táctica de desgaste antes de que Volantis reaccionara con más fuerza, enviando un ejército completo para cazar a Ashkan y sus compañeros.

Esa noche, en una pequeña fogata apartada del resto, Ashkan se reunió con Kaveh, Soraya y Vashur , que siempre tenía un comentario mordaz para cualquier situación para discutir los próximos movimientos. El viento frío del este susurraba entre las ramas, y el sonido distante de los caballos resonaba en el aire.

Estaban sentados alrededor de una fogata apagada, estudiando un mapa que Ashkan había dibujado con líneas precisas de los movimientos de las caravanas y los campamentos de Volantis.

—Hemos conseguido mucho —dijo Kaveh, cruzando los brazos—, pero no podemos seguir golpeando y corriendo para siempre. Volantis pronto nos superará en número, y cuando lo hagan, no podremos retirarnos con la misma facilidad.

Vashur, siempre directo, tomó la palabra.

—Tienes razón. Hemos debilitado sus caravanas, pero no lo suficiente para hacerles un daño duradero. No podemos simplemente esperar a que nos encuentren. Necesitamos un plan a largo plazo.

Ashkan miraba el fuego, pensativo. Su mente trabajaba rápidamente, considerando cada posibilidad e información de la que disponía. Sabía que seguir atacando caravanas y exploradores no sería suficiente para poner fin a la amenaza que representaba Volantis. Necesitaban algo más audaz, algo que desestabilizara por completo al gigante.

—El verdadero problema no son las caravanas ni los exploradores —dijo Ashkan finalmente, con la mirada fija en las llamas—. Es la fuente de su poder: los esclavos. Volantis depende completamente de ellos para mantener su economía y su ejército. Si logramos liberar a suficientes esclavos, no solo les quitaremos su principal recurso, sino que podríamos sembrar el caos en su sociedad.

Soraya frunció el ceño, intrigado.

—¿Liberar a los esclavos? ¿Cómo planeas hacer eso?

—Atacando no solo sus caravanas, sino también sus centros de detención y sus campamentos de esclavos —respondió Ashkan con determinación—. Nos haremos pasar por bandidos como hemos hecho hasta ahora, pero esta vez atacaremos sus instalaciones más vulnerables. Si logramos liberar a suficientes esclavos y organizarlos, podríamos crear una fuerza adicional que nos ayude a resistir. Incluso si no se unen a nosotros, el simple hecho de que se levanten contra Volantis será suficiente para debilitarlos desde dentro.

La audacia del plan sorprendió a sus compañeros, pero también encendió una chispa de esperanza. Volantis se había acostumbrado a esclavizar y someter a miles, había sufrido decenas, tal vez cientos de pequeños levantamientos en las últimas décadas pero ninguna lo suficiente importante para que le prestaran atención.

—Es un plan arriesgado, pero es lo mejor que tenemos —admitió Soraya, mientras asimilaba la magnitud de la idea—. Sin embargo, atacar instalaciones tan protegidas requerirá más que escaramuzas rápidas. Necesitaremos información detallada, y debemos asegurarnos de que los esclavos estén dispuestos a levantarse.

Kaveh, asintió lentamente.

—Podemos utilizar a los esclavos que ya hemos liberado. Algunos de ellos tendrán contactos dentro de Volantis. Nos darán la información que necesitamos.

—Entonces es decidido —concluyó Ashkan, poniéndose en pie—. A partir de ahora, no solo cazaremos caravanas. Nos centraremos en sus instalaciones y liberaremos a tantos esclavos como podamos. Preparémonos. Los próximos días serán cruciales.


El sol se alzaba perezosamente sobre las colinas bajas del sur cuando Ashkan y su grupo divisaron la primera caravana de esclavistas. Volantis, conocida por su infame comercio de esclavos, utilizaba estas caravanas para transportar nuevas "adquisiciones" desde tierras remotas hacia su ciudad. Los esclavos marchaban encadenados, desprovistos de toda dignidad, mientras sus captores, los mercaderes de carne humana, montaban sobre caballos, indiferentes al sufrimiento de sus cautivos.

Ashkan observaba desde la colina, su mirada fija en el movimiento lento y pesado de la caravana. Eran una docena de mercaderes armados, pero su verdadera protección consistía en un grupo de soldados esclavos de Volantis, portando las marcas y tatuajes en la cara que indicaban su condición. Eran fuertes y disciplinados, pero llevaban la mirada vacía de los hombres que no peleaban por su propia libertad, sino por la de otros.

Rostam, se acercó a Ashkan con una sonrisa astuta.

—Esclavistas. No son más que buitres. No deberían ser demasiado difíciles de romper —comentó, su mano jugando con la empuñadura de su espada curva.

—No subestimes a los soldados esclavos —respondió Ashkan, sin apartar la vista de la caravana—. Han sido entrenados para obedecer sin dudar. No tendrán piedad si se les ordena luchar.

El plan era simple, pero arriesgado. Con sus hombres divididos en grupos, Ashkan había decidido lanzar un ataque rápido y letal, atrapando a los esclavistas en un valle angosto donde el terreno les favorecería. Sin embargo, había que actuar con precisión, porque una retirada desorganizada podría ser desastrosa.

Ashkan dio la señal. Las flechas comenzaron a caer desde las colinas, alcanzando a varios mercaderes y soldados antes de que pudieran comprender lo que estaba sucediendo. Los caballos relincharon y se alzaron sobre sus patas traseras en pánico, mientras los esclavistas trataban de organizar una defensa. Los soldados esclavos reaccionaron rápido, formándose en una línea protectora frente a los mercaderes y los esclavos capturados.

Con una rapidez que solo la experiencia en el combate permitía, Ashkan y su grupo se lanzaron colina abajo, atacando por los flancos antes de que los esclavos pudieran reorganizarse por completo. Rostam fue el primero en entrar en combate cuerpo a cuerpo, derribando a un soldado esclavo con un golpe de su cimitarra antes de que el resto del contingente enemigo pudiera reaccionar.

El sonido metálico de espadas chocando resonaba en el aire. Los esclavistas luchaban ferozmente, pero su línea comenzó a desmoronarse bajo la embestida de los Hombres Altos. Ashkan, liderando su propio grupo, atacó con precisión calculada, enfocándose en los líderes de los mercaderes. Sabía que una vez que los comandantes cayeran, el resto seguiría.

—¡A las cadenas! —gritó Teymur, mientras varios de sus hombres comenzaron a liberar a los esclavos de sus ataduras. Los prisioneros, desorientados pero agradecidos, se unieron a la revuelta, atacando a sus antiguos captores con las mismas cadenas que minutos antes los mantenían esclavizados.

En cuestión de minutos, la caravana estaba destrozada. Los pocos soldados esclavos que no habían muerto en combate huyeron hacia las colinas. Ashkan permitió la retirada, sabiendo que estos soldados eran, en muchos casos, víctimas tanto como los esclavos que habían liberado.

—Hoy hemos liberado a muchos, pero mañana vendrán más —dijo Ashkan, limpiando la sangre de su espada—. Volantis no se rendirá fácilmente. Debemos seguir adelante.

A medida que los días pasaban, los asaltos a las caravanas de Volantis se convirtieron en un esfuerzo casi rutinario. Ashkan y sus hombres atacaban sin piedad, destruyendo los suministros que Volantis necesitaba para mantener su campaña militar.

Pasaron dos días antes de que recibieran la primera pista de un posible objetivo. Los esclavos liberados habían hablado de un campamento al este, donde Volantis mantenía a cientos de prisioneros en espera de ser vendidos. Era un lugar poco vigilado, ya que los esclavistas no esperaban un ataque directo tan lejos de la frontera.

Ashkan no perdió tiempo. Movilizó a sus hombres rápidamente, y en cuestión de horas, se encontraban en camino hacia el campamento. La ruta era difícil, y tuvieron que atravesar colinas empinadas y valles oscuros, pero Ashkan sabía que la velocidad era esencial. Si lograban sorprender a los esclavistas, podrían liberar a cientos de prisioneros sin apenas resistencia.

Llegaron al campamento al anochecer. Desde su posición en las colinas, pudieron ver las hogueras del campamento brillando en la oscuridad, con las figuras de los esclavistas y soldados esclavos moviéndose entre las tiendas. El campamento estaba rodeado por una empalizada de madera baja, apenas lo suficiente para mantener a los prisioneros dentro y a los lobos fuera.

Ashkan organizó a sus hombres en pequeños grupos, cada uno con una tarea específica. Kaveh lideraría el ataque principal desde el flanco derecho, mientras que Soraya y Vashur dirigirían el asalto desde el lado izquierdo. Ashkan, por su parte, se infiltraría en el campamento por el centro, donde esperaba encontrar a los líderes esclavistas.

Con una señal silenciosa, el ataque comenzó.

Las flechas volaron desde las sombras, alcanzando a los guardias desprevenidos en las torres de vigilancia. Antes de que los esclavistas pudieran reaccionar, Kaveh y sus hombres ya estaban sobre ellos, cortando a los defensores con una rapidez feroz. Al mismo tiempo, Soraya y Vashur lanzaron un ataque coordinado, derribando la empalizada y entrando en el campamento.

Ashkan avanzó por el centro, moviéndose entre las sombras como un depredador. Despachó a varios esclavistas con su espada antes de llegar a la tienda principal, donde encontró al líder de los esclavistas, un hombre corpulento con cicatrices en el rostro y una mirada cruel.

El líder sacó su espada, pero Ashkan fue más rápido. En un movimiento fluido, desarmó al esclavista y lo inmovilizó contra el suelo.

—Dime dónde están las llaves de las cadenas —ordenó Ashkan, presionando su espada contra el cuello del hombre.

El esclavista, temblando, señaló una caja cerca de la entrada de la tienda. Ashkan le corto el cuello de un tajo y tomó las llaves, saliendo rápidamente para liberar a los esclavos.

Los prisioneros, desorientados al principio, pronto comprendieron lo que estaba sucediendo. Los Hombres Altos liberaron a tantos como pudieron, y los recién liberados tomaron las armas de los esclavistas caídos, uniéndose a la lucha. En cuestión de minutos, el campamento estaba completamente bajo control.

Ashkan se detuvo en medio del caos, observando a los esclavos liberados que ahora se reunían en torno a él y sus hombres. Sabía que muchos de ellos regresarían a sus hogares o huirían a tierras lejanas, pero también sabía que algunos decidirían quedarse y unirse a su causa.