[Drabble]

Mar hirviendo

—Defteros x ¿?—

Defteros a veces despertaba gritando. Cuando los hórridos recuerdos volvían y le gritaban al oído su más grande crimen. Quizás, esta vez, él necesite interactuar con otros seres humanos y escuchar unas palabras de ánimo de una nueva amiga.

Advertencias: WHAT IF. / Manipulación de eventos a conveniencia. / OOC. / ¡Protagonista secreta! (NO oc)

Disclaimer:

Saint Seiya © Masami Kurumada.

The Lost Canvas © Shiori Teshirogi.

Mar hirviendo © Adilay Vaniteux/Rashel Vandald.

Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2024 realizado por el grupo en Facebook "Es de fanfics".

Día 27: Luego de una pesadilla.

Notas:

¡Necesitaba hacerle un fanfic a Defteros! Siendo él protagonista; nuestro vagabundo favorito (perdón, pero sí parece XD) ya tenía que aparecer, y, ¡oh, sorpresa! Se me ocurrió algo.

PEEEEROOOOO…

—» La protagonista secreta de este fanfic, NO es una OC, como otras en esta colección de fanfics, a pesar de que en las etiquetas figure que sí. Voy a jugar un poquitito con ustedes (lo siento jajaja) para ver si alguien adivina. No pasa nada si no quieren hacerlo, eh. Sólo disfruten.

—» La chica NO es una que haya emparejado antes con otro hombre en mis fanfics.


NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.



Las olas golpearon violentamente contra las rocas mientras unos ojos azules observaban cómo el océano se estiraba hacia lo lejos, hasta parecer tocar el cielo oscurecido, como si no tuviese un fin.

Él parpadeó ante el ruido del agua salada chocando contra el suelo, creando una espuma blanquecina, que desparecía sobre la arena y entre las piedras.

—No duermes mucho, ¿verdad?

Los ojos azules de aquel que llamaban "demonio" volvieron a parpadear; pero, su rostro, cubierto desde la nariz hasta la boca, con una máscara antigua que hace tiempo no usaba, hizo una mueca.

—Y tampoco hablas, al parecer.

Otra ola impactó contra las rocas.

—Esta isla, no me parece desagradable —comentó ella; para sorpresa de él, ya que, cuando recién se conocieron (ayer) esta mujer no parecía querer siquiera acercársele más allá de lo necesario.

Lo patético es que eso era más de lo que todo el resto de seres humanos en esta isla sentía hacia "el demonio"; ya que, apenas lo veían de lejos, lo tomaban como el presagio de que algo malo iba a pasar.

—Tampoco es temible —continuó—. Hace un calor infernal, per eso no lo hace el infierno. Es… tolerable.

Hubo una pausa en la que, de nuevo, Defteros se negó a responder de alguna forma a sus palabras… aunque en su mente, se agolpaban algunas dudas. Ninguna de ellas respecto a lo que la mujer opinaba sobre la Isla Kanon.

Sabía que ella venía desde muy lejos; acompañaba al niño y a la ¿novia? De él. Sabía que ese par se había empecinado en acompañar a Asmita de Virgo en su viaje a la Isla Kanon, y que ella se vio obligada a seguirlos. Sabía que ella era una guerrera entrenada y no bromeaba para nada.

Pero no recordaba su nombre. No sabría si sería descortés pedirle que le recordase eso.

Los labios de Defteros, estaban sellados. Parcialmente por la costumbre.

Por otro lado, cuando él se atrevía a dormir un poco, despertaba abruptamente unas horas después, ante las imágenes del pasado; los recuerdos de su terrible crimen… Defteros simplemente aceptaba el martirio en silencio.

Apenas y hablaba con Asmita… pero el santo de virgo se hallaba entrenando cerca del volcán en estos momentos. Además, Defteros no quería interrumpirlo, ni siquiera telepáticamente con más de lo mismo, sabiendo lo que Asmita seguro terminaría repitiéndole por milésima vez.

Daba igual que hubiese actuado en nombre al deber y a lo correcto… en las manos de Defteros… corría la sangre de su gemelo casi idéntico.

Y resulta que, cuando despertaba de ese recuerdo… volvía a ponerse su vieja máscara hasta que el sol saliese… de hecho, eso él estaba esperando… el sol. Su brillo, su color, su calor… a pesar de que, al parecer, incluso en inverno, la Isla Kanon siempre sería similar a un horno.

Quizás por eso, esta mujer estaba usando un vestido delgadísimo para intentar dormir.

—A veces yo también grito cuando tengo pesadillas —habló ella, un poco más seria, recordándole a Defteros eso.

Él ya lo sabía, pero no era común que se preocupase por el detalle ya que vivía solo. Aquello sólo le inquietaba cuando sabía que tendría visitas inesperadas, como ahora.

—Menos mal que esos dos tienen un sueño muy pesado, ¿no? —sonó a que quiso animarle un poco.

No era fácil hacer eso, pero Defteros le agradecía su intento.

—Lo lamento —murmuró él, al mismo tiempo que una ola nueva chocó contra las rocas.

Quizás ella no lo había escu…

—No te preocupes —le respondió, comprensiva—. Quizás no me creas, pero yo también lucho contra los demonios de mi cabeza todos los días. Todos esos pensamientos que me dicen "¿qué hubiese pasado si hubiese hecho 'esto' o aquello'?" La culpa de haber podido actuar de mejor forma en situaciones importantes y terminé haciendo lo contrario; errando y, a veces, hasta empeorando la situación —ella inhaló profundamente antes de seguir—. Sé que no nos conocemos, y no puedo hablarte como lo harían tus camaradas, pero, ahora que la señorita está con ese chico, creo que no tiene nada de malo acercarme a nuevos amigos.

¿Nuevos amigos?

Y como si los dioses allá en el Olimpo hubiesen querido decirle algo, Defteros notó como el cielo empezaba a adoptar un color más claro. Muy lento, pero ahí estaba…

¿Tan pronto había amanecido?

Él quería intentar…

Alzó las manos sobre su nuca, desanudando las ataduras de la máscara; con tanta lentitud, que incluso a él le pareció extraña. Una vez que logró quitarse esa cosa, miró hacia atrás, sin darse cuenta que estaba sonriendo levemente.

—Supongo que tienes razón —le dijo, tratando de sonar respetuoso.

Con tanto tiempo sin un mínimo de interacción humana, Defteros no solía ser delicado.

La preció muy bonito como la luz del amanecer caía sobre esta… nueva amiga, dándole un brillo llamativo a su larga melena. Los ojos verdes, que poseían un tono que sólo había visto en las esmeraldas, le miraron de regreso.

—Claro que tengo razón —dijo con mucha confianza, luego, hizo un movimiento de cabeza—; ahora volvamos a tu casa. Yo hago el desayuno.

—FIN—


¡Gracias por leer y comentar!

Me gustó jugar con el detalle de que esto se cuenta desde el lado de Defteros, por lo que, al decir que él no recuerda el nombre "de ella", yo puedo mantener oculta la identidad de esta mujer. Seguro, por ciertos detalles, fue fácil adivinar, quién es. 7u7

Saludos y hasta pronto.


Reviews?


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