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Pétalos de muerte verdes
Nunca pudo superar la muerte de su amado, cada día al levantarse y ver su cama vacía la tristeza y dolor llenaban su corazón, cada noche era fría ya que el calor de aquel cuerpo que muchas veces hizo suyo le brindaba no lo sentía desde hace un buen tiempo.
Las fotografías en los recuadros de su hogar solo eran la prueba de lo feliz que fue en un pasado, dónde ambas sonrisas solo reflejaban amor ante cualquier pupila curiosa que examinaba su hogar.
No lo soportaba, ya no, muchas veces intento quitarse la vid4 pero siempre era interrumpido y el valor se iba.
Sabía que estaba empezando a volverse loco, empezó a escuchar la voz de su amado llamándolo a distancia, como si hubieran muchas paredes rodeándolo y su voz apenas era auditiva para su oído, como un susurro fantasmal.
Si no fuera poco cuando despertaba encontraba pétalos de 'Chempasúchil' regados en su cama, al no conocer muy claro el significado de aquellas plantas no presto mucha atención.
Al seguir experimentando dichos acontecimientos demasiados raros pidio unas vacaciones en su trabajo, se estaba volviendo más loco de lo que su cuerpo se encontraba. Una opción no era quedarse en casa, si hasta esas paredes le estaban quitando sus horas de sueño.
Una idea viajo a su cabeza rápidamente al ver aquel libro del amor de su vida caído en la alfombra de su sala. Lo tomo curioso y algo temeroso al verlo en ese sitio y no en la estanderia de libros que se encontraba en su biblioteca.
Al abrirlo sonrió un poco al recorrer cada página que contenía fotos de lo feliz que fue, aquello que no recuperaría más y que seguramente no vería de nuevo.
Lo llevo de nuevo a la estanderia pero repentinamente una foto cayó de entre las páginas y termino en el suelo boca abajo.
Su curiosidad lo invadió, ya que el recuerda a la perfección que en las páginas del libro nunca hubo una foto mal pegada o que aquel objeto se utilizaría de otro modo que no fuera como álbum de recuerdos.
Se agachó lentamente para agarrar la foto y poder observar su contenido.
Vaya la sorpresa que llegó a su cerebro, no era una foto, era una nota, parecía estar escrita recientemente ya que el papel se veía y sentía nuevo y no malgastado por el tiempo.
Si era una nota de su amado que nunca descubrio obvio que la leería y guardaría como un nuevo tesoro.
"Quisiera algún día conocer México y hacerle una tumba a mi madre para que venga en el día de los muertos a visitarme"
Era una declaración muy específica, desde que empezó su novio a ver películas mexicanas de que los muertos visitan la tierra de los vivos una vez al año empezó su afán de empaparse de información de aquella bella tradición que tienen en otros países para demostrar el amor que le tienen a los que ya no están contigo.
Al final siempre quiso ir a México.*
Pensó Katsuki mientras su rostro reflejaba pensamiento, puede que de algún modo aquella extraña tradición lo cometa con su amado.
Unos días después Katsuki empacó sus cosas en una mochila de viaje, reviso si llevaba dinero y el pasaporte del avión, no quería retrasarse pero asegurar que no olvidaba nada era necesario.
Salió de casa y pidió un taxi el cual lo llevo directamente al aeropuerto, camino por los pasillos de dicha instalación buscando con la mirada algún vuelo que le mostrara que era el de el. Al encontrarlo suspiro de alivio al ver que si había llegado a tiempo, sus cosas fueron inspeccionadas mientras el pasaba por el detector de metales.
Cómo no traía nada peligroso o sospechoso lo dejaron ingresar al avión donde se relajó en su asiento.
El vuelo era algo largo, así que decidió dormir.
El avión terminó su vuelo y los pasajeros bajaban mientras estiraban sus cuerpos por la posición en la que pasaron varias horas, ese también fue el caso de Katsuki, había dormido mal lo cual hizo su cuello doler.
-Tsk... Carajo..-
Sin tomarle mucha importancia a su pequeño problema busco su equipaje y lo llevo a un hotel en el cual ya había pedido reservación.
Al fin se encontraba en una cómoda cama, relajando su cuerpo y mente. No podía quedarse ahí todo el día, no pidió muchas vacaciones y su estadía en dicho país era corto.
A pesar del cambio de horario con algo de sueño se dió una ducha para enseguida cambiarse a algo cómodo y empezar a recorrer la hermosa ciudad de México.
Todo era nuevo, las costumbres y la gente eran diferentes a Japón, pero aún asi se sintió en casa.
Recorrió varias calles donde su guia le comentaba y mostraba el turismo del lugar. Sin más al saber las fechas en la que estaba empezó a visualizar a la gente comprando ofrendas y flores de 'Chempasúchil' para decorar las casas y suelos de México.
Aún no entendía perfectamente lo que significaba aquello pero otro día preguntaría ahora estaba muy cansado para pensar en aquello.
Lo que más le encantó a Katsuki del luchar fue lo picante que era la comida, aquel bello país si conocía lo que era lo picante, y no hablar de la exquisita bebida. Seguramente vendría a México de vez en cuando.
Regreso cansado a su habitación para tirarse en la cama y dormir como tronco, había sido un día agotador, pero de algún extraño modo se sentía feliz.
De nuevo sucedía lo mismo, su cama estaba con algunos pétalos naranjas de dicha flor, su curiosidad creció más al no saber que significa, el no recuerda haber comprado flores o dejar una ventana abierta para que ingresaran.
Aprovecharía la oportunidad de que estaba en el país de dichas flores para preguntar de una buena vez.
Llamo a su guía para que fueran de nuevo a pasear por la ciudad y en este caso le pido que le contará todo acerca de la tradición del día de los muertos y que relación tenía con aquellas flores.
Recorrieron otras partes de la ciudad y llegaron a una choza de madera, según el guía muy visitada por los turistas.
Al entrar a al choza una mujer anciana estaba arreglando unos frascos con un contenido muy extraño.
-Buenas tardes, somos turistas y nos interesa saber lo que...-
-"Se a que han venido"-
La respuesta de la anciana tomo por sorpresa a Katsuki, seguramente era un método para sonar más sombria pero aquella mujer no haría tener ni una pizca de miedo en su ser.
Su guía le traducía con detalle todo lo que decía dicha mujer, al principio cosas banales, recomendando lugares que visitar y que comer así que decidió explorar un poco más el lugar para ver si encontraba respuestas a sus inquietudes.
-"Así que los pétalos de Chempasúchil no han dejado de aparecer en tu cama"-
Al escuchar la traducción que dió su guía su rostro giro con asombro a la figura de dicha mujer, ¿Como carajo lo sabía? ¿Era ella quien le hacía esa maldita broma?
-¿Cómo sabe eso?-
Su voz salió con seriedad y profunda para que la mujer se diera cuenta de que no estaba jugando.
-"Ohhh... entonces si eres el elegido, si que tienes suerte niño"-
Si guía seguía traduciendo como loco todas las palabras que salían de aquellas dos bocas sin entender el tema.
-Habla anciana, que sabes de eso.-
-"Bueno... La diosa muerte nunca se equivoca."-
-A qué se refiere.-
La mirada de satisfacción y ternura que la mujer le daba solo hacia el Katsuki querer irse de ese maldito lugar, su ira aumento un poco, seguramente gritaría unas cuantas palabras y se iría triunfante pero no podía hacerlo, no quería estresarse.
Los pasos amenazantes avanzaron hasta la anciana, su mirada era perforadora que hacían que el carmesí de sus ojos parecieran espadas.
-Vete a la mierda.-
La mujer aprovecho la cercanía de Katsuki para echarle un polvo dorado en su rostro, parecía brillantina, no irritó el rostro de nuestro rubio pero esa fue la última gota que derramó el vaso llamado "paciencia" de Katsuki.
-¡Que mierda!-
En el interior de dicha choza los gritos no faltaron la gente que se encontraba caminando cerca del lugar miraba de reojo curiosa de saber que ocurría.
En la plaza que estaba al frente del hotel donde estaba su departamento se encontraba katsuki sentado en una banca con la cabeza hacia atrás, su ceño estaba arrugado como en su juventud, sus manos apoyadas en su nuca para dar soporte a su cabeza, el día de hoy queria respuestas y lo único que encontro fue a más gente desquiciada.
-Debería volver, ya está oscureciendo.-
Camino de regreso a su departamento aún con el pensamiento de las palabras de la mujer, podría haber sido una vieja desquiciada pero sabía lo que le sucedía y eso era un motivo muy fuerte para volver a visitar dicha choza.
Sin embargo su ego era más grande, su orgullo de macho no sería humillado ante alguien que cuenta historias aprovechandose de las tradiciones de la época. Sus pasos bajaron de velocidad , su cuerpo se hacía más lento con cada metro en el que se acercaba a las puertas del hotel.
-¡¡¡¡¡Carajo... maldita sea...!!!!!-
Giro un poco la saber lo que su cuerpo le pedía.
Un suspiro pesado salió de dichos labios, no tenía opción.
-Solo cinco minutos y me largo.-
Como si su cuerpo hubiera entendido sus palabras se giro sobre sus talones para ir con rapidez a la choza de dicha anciana.
Era algo de noche, pero la ciudad iluminaba calmaba su ser.
Llegó a dicha choza y tocó duro la puerta, no esperaría nada para responder sus preguntas.
La anciana salió unos segundos después y al ver el rostro del rubio sonrió con satisfacción.
-"Llegaste."-
Los ojos carmesí a pesar de estar fruncidos por el ceño en su frente se sorprendieron un poco al oír el japones fluido de la mexicana.
Ingreso a dicha choza con sus sentidos bien activados si en algún caso tuviera que huir o protegerse.
Su cuerpo camino unos pocos pasos al interior mientras cruzaba sus brazos para mostrar una figura fuerte y sin temor en el, su voz salió muy grave para demostrar su seguridad.
-Si sabes a lo que he venido habla de una maldita vez.-
La mujer tomo asiento en una silla de madera y lo miro fijamente en los ojos. Al comprobar que era el elegido empezó a hablar.
"Aquí en Mexico hay una fuerte tradición el día de los muertos, la gente empezó a creer en una tradición con la que conectabas con los seres que se fueron de este mundo, su espíritu. Decían que si colocabas muchas ofrendas fotos y flores de Chempasúchil en la entrada de tu casa el espíritu de ese ser te visitaba una vez al año. La gente angustiada empezó a aferrarse a ese pensamiento de sentir a sus seres queridos de nuevo, así la tradición tomo fuerza. Cómo le dije en un inicio solo era una idea pero entre más creyentes tenía, más fuerte se hizo.
Sin embargo una vez en el pasado hubo una mujer y su novio los cuales se amaban con locura, ellos iban a casarse pero la muerte llego a el hombre cuando sacrificó su vida hacia aquella dama.
Sin embargo a pesar de la muerte, tuvieron que enfrentar varios sacrificios para juntarse y amarse de nuevo, desde aquel día cualquier amor puro que sea separado por la muerte será juntado por la diosa y el galán de la muerte."
-"Tu eres uno de ellos"-
Dijo la anciana al señalarme.
-Y quieres que te crea esa basura.-
-"Puede ser muy difícil para ti creerme por las tradiciones de tu país, pero quiero que me respondas con sinceridad. ¿Has escuchado la voz de tu amado a lo lejos? ¿Despiertas rodeado de pétalos de Chempasúchil en tu cama? ¿Acaso no quieres volver a ver de nuevo a tu amado?..."-
Todo era cierto, no sabía si empezar a creerle era una mala o buena idea, pero, ver de nuevo esos ojos, tocar su piel, oler su aroma, besar sus labios y hacerlo mío era algo malditamente tentador.
-"Si crees mis palabras y deseas volver a los brazos de tu amado mañana en la noche tendrás que dormir rodeado de flores y pétalo de Chempasúchil, aquellos conectan nuestros dos mundos, deberás abrigarte con un manto negro para proteger tu cuerpo de almas deseosas de vivir, las velas seran tu cronómetro, en la entrada de tu puerta colocarás cuatro velas para abrir el portal, si se derriten no podrás escapar del mundo de los muertos, y al escuchar un aullido interno siniestro cerraras los ojos y contarás hasta 10 y te levantaras lentamente.
...
-"Debes hacerlo si deseas estar con tu amado."-
-Y como se supone que volveré.-
Eso lo decidirá tu corazón, no puedes pensar con la mente los asuntos del amor.
Sin escuchar más salí del lugar y regresé a mi departamento, necesitaba pensarlo.
Eran las 10 de la mañana, hoy iniciaba el día de los muertos, Katsuki no pudo conciliar el sueño debido a la conversación de dicha mujer y el, como era eso posible, ni siquiera sabia si aquello era real, pero las evidencias que estubo observando y escuchando cambiaron su mentalidad de que solo fuera algo de su imaginación.
Estaba decidido, haría lo que dijo dicha mujer, que podía perder, si su gran amor ya no estaba en el mundo terrenal con el y se sentía atrapado como gorrión al solo tener que trabajar.
Toda la tarde se dedicó a buscar los objetos que necesitaria, camino por varias plazas y tiendas comprando aquello a un precio elevado por ser turista. Todas las cosas ya estaban en bolsas que eran jaladas por sus manos, no creía que el haría algo tan patético como eso pero ver el gran empeño que ponía la gente a su alrededor con las ofrendas y todo lo demás le hizo pensar que podría funcionar.
Podría...
Espero la noche, el reloj marcaba las 7 pm, las personas se dirijan a sus viviendas y las calles estaban iluminadas de velas por montón.
Era hora de actuar...
Recordando paso a paso rego por toda su cama pétalos de dicha flor, asegurándose de rodear bien y que no quede ningún espacio vacío, después bajo a la puerta principal y cerro con seguro para que nadie interrumpiera o viera lo que está haciendo y lo confundieran con algún loco satánico, colocó las velas y las encendió, enseguida subió a la habitación a cubrirse con la manta negra y cerrar los ojos.
Si esto era de locos se consideraba uno, no había vuelta atrás, ya estaba ahí rodeado de personas y con dicha manta, si no funcionaba por lo menos el recuerdo de que lo intento le acobijaria unos dias.
Es hora de contar ...
1...
...
2...
...
3...
...
4...
...
5...
...
6...
...
7...
...
8...
...
9...
...
10...
...
No escucho nada, no sintió nada, ¿Acaso hizo algo mal?, se pregunto pero sabía que no era aquello, siguió al pie de la letra cada palabra de la vieja.
Tal vez esto solo era una broma por haber causado un gran alboroto en su tienda...
Si era eso...
Se levantó de dicha cama dejando que la manta cayera al piso, su ceño se frunció al saber que le vieron la cara de estúpido tan fácilmente, sus dedos fueron al puente de su nariz a presionar ligeramente la unión entre ella y su frente, finalmente abrió los ojos.
Joder...
Si funciono...
Su boca quedó entreabierta ante dicho lugar.
Ese no era su departamento estaba seguro.
Los grandes árboles de Chempasúchil rodeaban su organismo, mientras el suelo era completamente de dichos pétalos, el cielo era de un color anaranjado atardecer con una suave brisa cálida golpeando su rostro, el silencio sepulcral era su única melodía que susurraba sus oídos.
Se quedó observando aquello unos buenos minutos, como no hacerlo era el mundo de los muertos, estaba conociendo el más allá el mismo, aquella vista no se borraría de su sistema era perfecto para escribir una historia mística que nadie creería.
Avanzó lentamente como si sus pies estuvieran pegados en el suelo mientras sus ojos no se apartaban de aquella puerta de madera, grande y alta que bloqueaba su vista. Cuando la punta de sus dedos tocó el frío mármol subió lentamente las escaleras, a paso seguro.
Subió y subió.
Al fin llegó, estaba frente a dicha puerta, se quedó estático varios segundos, todo lo que pasaría de ahora en adelante seria extraño e increíble. Sus puños se apretaron para llenarse de coraje y golpear ese objeto que a los dos golpeteos de abrieron automáticamente.
Paso saliva por su garganta para iniciar su caminata, la alfombra que ahora sentía en la palma de sus pies era relajante de un bello color rojo sangre, las paredes del inmenso castillo estaban decoradas con velas y algunos cráneos con manteles del mismo color que la alfombra, no podía faltar los grandes jarrones de flores de Chempasúchil que adornaban los pilares, esos grandes ventanales de colores azul marino que hacia lucir oscuro el lugar.
Camino con miedo, que más podría sentir en un lugar así.
Al fin visualiza otra cosa diferente.
Era un cetro dorado, adornado con piedras preciosas y bañado en oro, eso sí no estaba construido de aquel metal.
En la cima del centro estaba una figura. Al parecer y relacionarlo con la historia que le conto la anciana, aquel personaje que se encontraba de espalda era Catrina.
"Su gran sombrero de copa el vestido elegante rodeada de velas verdes con joyas y flores. Debía ser ella."
Era la diosa de la muerte*.
Estaba ahí por un motivo, era ver a su amado, estaba arriesgando su vida por aquel deseo, no perdería tiempo, le preguntaría por su amado, y si moría ahí mismo no le importaba ya que más muerto se sentía cada mañana.
Katsuki tomo aire de valentia y con sus ojos fijos en dicha figura y dijo:
"Usted es Catrina la diosa de la muerte.
Vengo para pedirle un favor.
Necesito ver a mi amado para besar sus labios y frente.
Aunque sea una vez para poder vivir mi vida que está llena de dolor."
Sudor bajaba por la frente de Katsuki, sus manos no sudaron así desde que le pidió aquel chico pecoso que fuera su novio y los nervios se apoderaron de su valentía.
La figura se giro revelando así su perfil de frente.
Un mundo se congelo mientras el otro ningún gesto dió.
¿Cómo podía ser aquello verdad?*
Aquella diosa a la que llamaban de la muerte la que todos tenían respeto y temor a la vez, la que unia corazones enamorados separados por el destino, la que vivía eternamente...
Ambos ojos se conectaron rubí y esmeralda se encontraron de nuevo después de dos años de haberse separado, las mariposas muertas de sus estómagos renacieron de nuevo, el miedo desapareció de dichos corazones y la necesidad de un beso creció.
Aquella figura... Mejor dicho aquel ser...era
Era...
Era...
¿Izuku...?
Continuará...
