Aquí me encuentro retomando esta historia que no pude continuar por un fuerte bloqueo creativo, pero una profunda conversación con Scripturiens me ayudó a salir de ahí. Gracias, diva loca, sabes que te adoro aquí y en todas las dimensiones.

Este capítulo será mucho más corto de lo habitual. Aun así, espero que lo disfruten.


Hikari jugueteaba con las manos y los pies. Era lo único que podía hacer, siendo la única persona sentada en un taburete plástico, en la cochera de la casa de Ken y Miyako, hallándose rodeada por sus amigos más cercanos, quienes la habían encerrado allí para que hablara de una vez por todas.

Sabía que no estaba en posición de reclamar ni de negarse a cooperar. Había omitido información importante, y ya era hora de que la verdad saliera a la luz.

—¿Ya estamos todos? —preguntó Daisuke, echando una mirada a su alrededor.

—Sí —asintió Iori.

—Confiesa —exigió Inoue, apuntándola con una linterna—: ¿Yamato-san y tú están saliendo?

—Miyako, no la presiones —le pidió Ken, apartando su mano con suavidad para que la luz directa no molestara a Hikari—, este no es un interrogatorio policial.

—Claro, porque como esas cosas solo te competen a ti —soltó en plan pasivo-agresivo, rodando los ojos.

—Y precisamente por eso es que no debemos pasarnos de la raya —delimitó—. Entiendo que estés molesta, pero Hikari debe tener sus razones.

—Aun así, me gustaría saber si esto se podría haber evitado —opinó Hida—. Mañana es la boda de ustedes dos —les habló a Ken y Miyako— y queremos que todo salga bien.

—¿Verdad? —Miyako ladeó la cabeza con una sonrisa maligna, mirando a Ken y luego a Hikari—. ¿Verdaaaaad?

—¡Ya déjala en paz, tarada! —Motomiya la hizo a un lado con toda la falta de sutileza que solía ostentar—. Hikari-chan, yo te conozco bien, sé que no nos habrías escondido algo tan importante porque tuvieras malas intenciones. Pero, aun así —sollozó—... estoy dolido. ¿Acaso no confías en nosotros?

—Basta —zanjó Ichijouji—. Déjenla hablar.

Yagami tardó unos segundos en abrir la boca. Estaba nerviosa.

—Es como dicen Ken-kun y Daisuke-kun —reconoció—. Sí, tenía mis motivos, y no, nunca tuve malas intenciones. Tampoco se trata de una falta de confianza, sino de algo que quería hacer sin ser juzgada. Sin embargo, tengo claro que con mis decisiones herí a otras personas. Pero —se puso muy seria de pronto y penetró con la mirada a todos los presentes— si esperan que me disculpe con Takeru, no lo voy a hacer.

—Es que Takeru es un imbécil —soltó Daisuke—. O sea, no voy a ser hipócrita: si me hubieran hecho lo mismo, sí me habría sentido muy celoso.

—Pero montarle una escena de celos a Yamato-senpai sin hablarlo antes con Hikari fue jugar sucio —señaló Iori.

—Exacto —declaró—. Y por eso no pienso disculparme con él.

—Lo que más me molesta no es eso —tomó la palabra Miyako, quien había volteado cruzándose de brazos, dándoles la espalda a todos, y volvió a girarse para gritar— ¡Lo que me enfurece es que no me lo hayas contado, Hikari! ¡¿Es que acaso no soy tu mejor amiga?!

—Miyako... —gruñó Ken, masajeándose la frente.

—¡¿Por qué nadie me lo contó?! —exigió saber— ¡Yo quería tener la primicia, maldita sea!

—Miyako, no seas ridícula —le espetó Daisuke—. Si Hikari te lo hubiera dicho, tú habrías corrido a contárselo a Mimi-san.

—Es cierto —asintió Iori.

—Y entonces todos nos habríamos enterado —concluyó Ken.

—¡¿Quééééé?! —chilló, indignada—. No puedo creer semejantes acusaciones hacia mi persona —se colocó una mano en la frente, en un gesto dramático.

Hikari desvió la mirada, visiblemente incómoda. Esta confirmación le sentó a Inoue como una patada en el estómago, una verdadera afrenta a su posición de mejor amiga, y peor aún, a su orgullo de chismosa.

—Por eso tampoco te lo conté, Miyako —reconoció Ken—. Lo siento, sé que estás molesta porque te escondimos algo importante, pero no quería que este problema se hiciera más grande, y mientras más personas lo supieran, más difícil sería resolverlo.

Aquellas palabras le devolvieron la serenidad. Sollozó.

—Ahora me siento culpable porque me pediste que no se lo dijera a Mimi —habiendo dicho esto, se largó a llorar en los brazos de su prometido—. ¡No quiero tener que escondérselo!

—Ya contacté a Sora. Me dijo que lo hablaría con ella hoy.

—¿De verdad? —preguntó, aliviada.

—Pobre Sora —pensó Hikari en voz alta—, ha tenido que hacer de intermediaria en todos los problemas que hemos tenido en nuestro grupo de amigos desde que Yamato-san acabó en el hospital.

Se generó un tenso silencio. Seguía siendo demasiado difícil hablar del intento de suicidio de un cercano, tan siquiera mencionarlo era terrible.

—Yamato-san se está enfocando en su terapia y Sora-san está pendiente de él— explicó Ichijouji—. Lo que nos preocupa es tu situación con Takeru.

—Ya dije que no voy a disculparme —repitió.

—No queremos pedirte eso, Hikari-san —la tranquilizó Iori—. ¿Puedes, por favor, explicarnos cómo fue que terminaron así?

Yagami bajó la mirada, meditativa.

—Para eso tengo que explicarles todo desde el principio.

Había llegado el momento de contar su versión de los hechos.

Contó que su enamoramiento hacia Yamato fue algo que se dio de forma natural. Conectaron emocionalmente durante una conversación que tuvieron en una exposición de arte de su facultad, puesto que entre las obras exhibidas estaba una fotografía que ella misma le había tomado a Yamato en una dura etapa de su vida y, gracias a esas breves pero muy significativas instancias que compartieron, fue capaz de aceptarlo con su dolor, su pasado y sus errores. En el fondo de su corazón sentía que tenía la clave para ayudarlo y acompañarlo, y durante los últimos meses pudo comprobar que a su lado podía convertirse en una mejor versión de sí misma. Junto a él comenzó a vivir nuevas experiencias, explorar aficiones, desarrollar talentos y descubrir aspectos de su persona que, hasta aquel entonces, le eran desconocidos.

Llegados a este punto del relato, Miyako rompió a llorar otra vez. Se abalanzó sobre Hikari para darle un apretado abrazo.

—Perdóname por gritarte, Hikari. Ahora entiendo que tenías miedo de que no aceptáramos su relación.

La joven correspondió al abrazo. Los demás las miraron, enternecidos.

—Me tranquiliza saber que el amor que sienten el uno por el otro es sincero —le comentó Daisuke a Ken, sonriente.

—Y si es un buen amor —reflexionó su mejor amigo—, no creo que debamos juzgarlos con tanta dureza.

Inoue deshizo el abrazo, devolviéndole su espacio. Yagami continuó hablando.

Reconoció que creía tener todo bajo control, pero en el momento menos pensado se le salió de las manos. Sospechaba que Takeru había reconocido a Yamato en el festival de año nuevo, y que eso había sido un descuido tanto por parte de Yamato como de ella. Se sentían tan cómodos y felices que bajaron la guardia.

—Y, aun así... ahora me siento aliviada de no tener que esconderlo más. Aunque no seamos pareja de manera oficial, reconozco que fue emocionante estar coqueteando en secreto, pero es una experiencia que prefiero no repetir —finalizó.

—¡¿Cómo?! —exclamó Motomiya— ¿Entonces no están saliendo?

—Todavía —pronunció Miyako, insinuante. Hikari no pudo evitar ruborizarse, y se cubrió el rostro con las manos.

Se generó un nuevo silencio en la estancia. Algunos de los presentes tenían sentimientos encontrados.

—Bueno... para ser sincero, sigo pensando que estuvo mal esconderlo —habló Daisuke.

—Nunca dije que estuviera bien hacer lo que hice —le contestó Yagami.

—Pero sabías que hacerlo público solo les traería problemas —dijo Ichijouji.

—Así es —asintió—. Pero ahora quiero hacer las cosas bien.

—¿Y qué haremos con Takeru? —preguntó Iori.

—Aquí sí tengo que meterme yo —intervino Motomiya, acercándose a Yagami para mirarla a los ojos—: Hikari-chan, Takeru todavía cree que puede recuperarte, y si sigues aceptando que te trate como lo hace, solo alimentas sus esperanzas.

La joven se quedó de piedra. Se llevó una mano a la cabeza, impactada.

—Oh, no. ¿Cómo no me di cuenta? —se preguntó en voz alta.

—Era demasiado obvio —opinó Iori, palmeándose el rostro.

—¡No lo digas así, estúpido enano! —lo criticó Daisuke—. Ten más delicadeza.

—¿A quién llamas enano? —le contestó, entornando los ojos, haciendo un gesto con la mano para darle a entender a Motomiya que muy pronto lo alcanzaría en altura.

—Yo no me había dado cuenta —confesó Inoue.

—¡Yo apenas me di cuenta en el festival de año nuevo! —reconoció el trigueño—. Estuve a punto de decirle algo a Takeru, pero Ken me detuvo —se quejó, fulminándolo con la mirada.

—Porque se lo habrías dicho sin calcular la magnitud de tus palabras y habrías causado problemas en el peor momento posible —se justificó, exasperado.

—Yo no soy la única imprudente aquí —le soltó Miyako con desdén.

—¡¿Qué dijiste?! —estalló Motomiya.

—¡Ya cállense! —les gritó Hikari, levantándose del taburete. Todos se quedaron sorprendidos, dado que era rarísimo verla perder la compostura—. Lo importante es que ahora lo sé... y de alguna manera resolveremos esto. Pero sigo sin entender cómo pude pasarlo por alto —habló con los ojos humedecidos. Si bien seguía molesta por la actitud de Takeru, haber tomado consciencia de que ella también le hizo daño a su manera le generó una gran angustia.

Iori se tomó el mentón con los dedos, pensativo, y sugirió:

—Quizás no te diste cuenta porque Takeru-san siempre te ha tratado igual.

Y aquello hizo "clic" en el cerebro de Yagami.

—¡Claro! —comprendió de pronto—. Takeru siempre ha sido muy amable conmigo. Y como no hemos tenido otras parejas, no tenía punto de comparación —hizo una pausa—. Ahora me siento culpable. Debería haberlo notado...

—Ya podrás hablarlo con él, Hikari —la animó Ken—. A Takeru tampoco le sienta bien estar en malos términos contigo.

—Además, siempre has sido popular con el sexo opuesto —señaló Miyako, alzando las cejas con picardía—. Estás acostumbrada a que los chicos siempre te den un trato especial.

—No digas tonterías —rio, entre incómoda y avergonzada.

—Lo que intento decir es que no vale la pena que te castigues por no haber notado algo que para ti era lo normal —le habló con dulzura, tomándole las manos.

—Gracias —susurró Hikari, con los ojos vidriosos.

De alguna manera, el ambiente se distendió y las tensiones se disiparon por completo. Parecían haber llegado a una resolución satisfactoria.

Sin embargo...

—Hay algo que todavía me preocupa. Me da mucha tristeza por Mimi-chan —confesó Miyako—. Ella no ha podido pasar página porque aún le guarda resentimiento a Yamato-san, y le dolerá enterarse de esto. ¿Qué haremos con ella?

—No te preocupes por eso —opinó Ken. Mostrando su teléfono móvil ante todos con la aplicación de Line abierta, procedió a dar la noticia—. Sora-san acaba de escribirme un texto bastante largo, pero, en resumen, dice que Mimi se lo tomó mejor de lo esperado y que, si Hikari realmente está enamorada de Yamato, acepta que estén juntos.

Miyako chilló de alegría. Hikari se acercó a ella y se abrazaron, muy contentas. Daisuke vitoreó a gritos y le pasó un brazo sobre los hombros a Iori, quien solo sonreía.

—En ese caso —habló el menor del grupo—, como ya está resuelto lo que tenía que ver con Hikari, y Sora-san nos ayudó con Mimi-san, nos queda hablar con Takeru y Yamato-san respectivamente.

—De Takeru me encargo yo —resolvió Ken. Revisó su dispositivo una vez más—. Y respecto a Yamato...

—No creo que Mimi-san lo perdone tan fácilmente —opinó Iori.

—No quiero hablar mal de mis superiores —comentó Daisuke—, pero me choca que Yamato-san haya sido tan cobarde. Si es un hombre de verdad, ¡le pedirá perdón de frente a Mimi-san!

—¡¿En nuestra boda?! —exclamó Miyako, indignada— ¡No seas estúpido! —y le agarró la cabeza, empujándolo hacia abajo.

—¡Ay, ay, que me haces daño!

Ken tosió para hacerse escuchar.

—Respecto a Yamato —intentó retomar la palabra luego de todas las interrupciones—, Sora-san dice que ahora mismo está en el aeropuerto de París, esperando el vuelo para regresar a Japón.

—¡¿Quééééé?! —exclamaron todos al unísono.