Disclaimer: Naruto no me pertenece.


Capítulo 15


Entró a la habitación de Itachi sin necesidad de dar a conocer su presencia o pedir permiso, tía Mikoto lo consideraba como un hijo más y él tenía ciertos privilegios. Gateó hasta el futon aun extendido, acomodándose para recostar la cabeza y descansar un poco antes de que el gallo cantara.

El regaño por parte de tío Fugaku se alargó demasiado. Pasaron de simples temas relacionados con la Policía Militar a los padres de las jovencitas a quienes había cortejado e ilusionado, estos exigiendo de su parte tomar la responsabilidad por los corazones rotos de cada una de las chicas con quienes coqueteó. Aquello le tocó los nervios por saber lo malhumorado que el cabecilla del clan debería estar con él. Liarse con tantas chicas tenía sus problemas, y éstos comenzaban a afectar a la familia.

—Supe que hiciste de la chica Hyuga tu compañera de viaje —Fugaku lo tomó por sorpresa al tocar aquel tema que, en un principio, no esperó hablar tan rápido.

Shisui se sintió nervioso.

—¿Hokage-sama habló con usted?

—Me envió una carta sobre el reporte de tu misión y cómo encontraron al hijo del Señor Feudal.

El tema lo hizo sentir nervioso, especialmente por cómo aquello afectaría a todo el clan.

Una enemistad con el Damyo era lo último que Shisui deseaba para el clan. Los Uchiha ya tenían mala fama desde los tiempos de Madara.

Hace una década atrás los aldeanos llegaron a culparlos por el ataque del Zorro de las Nueve Colas aun cuando no existieran pruebas que lo comprobaran, más la intervención de Minato, el Cuarto Hokage, ayudó a mitigar tales acusaciones.

Shisui aun podía revivir en la memoria la tensión dentro de su propio plan, la ansía y el enojo ante la frustración de no poder defenderse.

No quería que esos días regresaran. Itachi la pasó increíblemente mal por las reuniones secretas que tío Fugaku organizó, creyendo seriamente que dar un Golpe de Estado sería la solución definitiva para salvar al clan Uchiha del desprecio y discriminación que habían recibido desde que Danzo se convirtió en miembro oficial del Consejo de la Hoja.

Podía no gustarle a Shisui admitir los errores cometidos, se arrepentía de no haber escuchado el consejo de Hinata cuando ésta intentó advertirle al tener una sospecha de la identidad del pelirrojo, más las cosas estaban hechas y él, pese a su poder, no tenía la habilidad de regresar al tiempo y cambiar los hechos.

—Me alegra que estuvieras ahí —aun cuando Fugaku no estuviera del todo contento con Shisui, especialmente por los problemas a los que sometía a todo el clan por ese libertinaje que tenía, halló más que bienvenida la noticia de que su sobrino ayudara al hijo del Señor Feudal a refugiarse en Konoha—. De no estarlo, estoy seguro que los Hyuga habrían sido elogiados nuevamente por el Señor Feudal al enterarse de la premisa.

—No fue la gran cosa... —musitó sin encontrar nada bueno del encuentro con el pelirrojo—. Nuestros caminos se cruzaron, fue todo —terminó diciendo, bajando la mirada al entender la intención detrás de la felicitación de tío Fugaku—. Aunque si he de admitir, todo el mérito es para Hinata-san.

Fugaku rio con burla.

—No digas tonterías —masculló el Uchiha mayor, encontrando desagradable los halagos de Shisui hacia la mocosa de Hiashi Hyuga—. Todos saben la preferencia del Señor Feudal sobre ti. Siempre te elige para formar parte de sus escoltas. Te has ganado una buena fama y eso ayuda mucho. Que pronto el Señor Feudal se entere de cómo ayudaste a su hijo también nos vendría bien.

—Cualquier otro ninja de Konoha habría hecho lo mismo —Shisui buscó la manera de desviar el tema, le hacía sentirse incómodo recordar que si el Joven Príncipe hablaba y compartía públicamente la verdad de los detalles de su primer encuentro, el castillo que tío Fugaku creaba en los aires se vendría abajo.

—No todos son como tú, Shisui.

Él tosió, más incómodo que al principio. Que alguien lo sacara de ahí antes de que tío Fugaku iniciara el mismo sermón de siempre sobre el orgullo y el honor de los Uchiha.

Desde los ocho años venían escuchando el mismo discurso una y otra vez.

—Tu único defecto es ser tan mujeriego —atacó Fugaku, dejando a Shisui sin armas para defenderse.

—Hai, hai. Lamento las molestias —hizo una reverencia, avergonzado de que todos esas intimidades hubieran llegado a oídos del líder del clan.

Tontamente pensó que el tema quedó zanjado a ese punto, empero Fugaku retomó la conversación pausada, dejando de elogiarlo para señalar las faltas cometidas durante sus jornadas en la Policía Militar.

Supo, por cómo Fugaku Uchiha no dejaba de tocar el mismo punto una y otra vez, que no toda la noche se la pasaría en la oficina del mayor.

—Neh, Tachi.

Veía atento el respirar pausado de Itachi, cómo la espalda se ensanchaba cuando inhalaba y después regresaba al tamaño original al exhalar. Raras veces Itachi dejaba que el sueño lo consumiera, la caída de una simple pluma lo despertaría, viejas secuelas de las guerra y la complicidad dentro del clan.

Consideró por un largo segundo contarle lo sucedido con Hinata, aun sabiendo lo que Tachi seguramente le diría por no haber estado de acuerdo con sus planes iniciales. Decidió callar y dejarlo dormir, quedando boca arriba, viendo al techo y escuchando los primeros ruidos que acompañaban a la salida del Sol.

No debía pensar demasiado sobre el asunto con Hinata Hyuga. Quizá una buena estirada de orejas sirviera para ayudarlo a corregir los errores, más no afectarlo profundamente. Dolía admitir lo equívocado que estaba, tenía orgullo, empero no era correcto pensar que la estrategia utilizada en el viaje que compartió con Hinata fue la correcta.

Engañó a una kunoichi confiable y entregada al deber de una manera poco honrosa; desperdició el talento y energía de la chica solo por dejarse guiar por la curiosidad. No culpaba a Hinata si ésta decidía no hablarle más, tenía bien merecido el trato indiferente que ella quisiera darle.

No actúo con madurez.

El Cuarto, aun cuando tenía el derecho de regañarlo, fue demasiado amable al no hablarle con la dureza que necesitaba.

Las palabras del rubio todavía resonaban dentro de la cabeza de Shisui. Poner en peligro a elementos de Konoha no era lo esperado de un shinobi de su nivel, especialmente a una heredera.

No era oficial ni tampoco el líder del clan Hyuga, Hiashi Hyuga, daba anuncio sobre quién ocuparía el puesto. Aun cuando Hinata sea la primogénita, Shisui sabía sobre las dudas internas de la familia Hyuga con respecto al puesto que Hinata por derecho de nacimiento merecía.

Los líos internos de otros clanes no solían ocupar tanto espacio en sus pensamientos, con los problemas suyos y de su propio clan era más que suficiente. El Byakugan y el Sharingan no solo se repelían naturalmente en un combate, también sus ideales y lemas diferían entre sí, igualmente sus relaciones sociales. No hablaba por sí mismo al nunca considerar a nadie dentro del clan Hyuga merecedor de su rencor o descontento, había trabajado codo a codo con un par de Hyugas, agradecido de contar con el apoyo en misiones donde se requería a un especialista en localizar blancos. Sin embargo, sabía sobre el descontento que su tío Fugaku y varios del clan sentían hacia la cuna del Byakugan.

Shisui jamás se habría inmiscuido con nadie del clan Hyuga de no ser meramente profesional. Quien estaba cerca de edad era Tomura, pero jamás habían compartido palabra que no fuera más allá de las indicaciones en medio de una misión. Ni qué decir de Ko-san quien era un activo Tokubetsu Jounin, el ninja pocas veces le dirigía palabra.

Estaba completamente seguro que nunca le habría dado un vistazo a Hinata Hyuga de no ser por ese día en que ella le entregó a Obito un regalo.

Pasando la sorpresa de que una Hyuga acudiera al Distrito Uchiha por voluntad propia y no por el mandado del Cuarto, Shisui quedó impresionado por cómo Hinata aclaraba a un confiado Sasuke que dicho obsequio no era para él, sino para Obito. Eso picó su curiosidad porque todas las chicas andaban detrás de Sasuke.

Y no solamente él se quedó con la boca abierta, pudo notar que Sasuke también quedó confundido de aquel inverosímil hecho.

Se sintió feliz de que su atolondrado primo recibiera la atención que merecía. Estar tan encaprichado con Rin-neesan le quitaba muchas oportunidades de conocer a otra mujer e iniciar con la vida que Obito siempre ha querido para sí.

Pero ese idiota no era capaz de ver las claras señales que Hinata mostraba.

—¿Nunca te has preguntado cómo Obito conoció a Hinata-san, Tachi? —vociferó la pregunta, sabiendo a la perfección que Itachi se hallaba despierto por la forma en que su respiración cambió.

Shisui esperó un par de segundos antes de recibir una respuesta de parte del azabache.

—No, no lo he hecho. Pero es curioso. Nunca imaginé que Obito-san iniciara una amistad con alguien como Hinata-san.

—Sí... Aunque él la trata más como una hermana pequeña que como una amiga —musitó—. Hasta me amenazó.

—¿Lo hizo? —Itachi sintió curiosidad por la revelación, girando lentamente sobre sí para quedar en la misma posición que Shisui.

Él asintió a la pregunta.

—Uhm.

—Se preocupó por estos días, creo que pensó lo peor.

—Eso me ofende —gruñó por cómo todos actuaban alrededor de él, podía ser un mujeriego, más no un monstruo—. ¿Qué diablos andaría pensando para creer que yo le haría algo a Hinata-san?

—No lo sé exactamente. Creo que cuando Neji-san vino a preguntar quién acompañaba a Hinata-san en la misión desató algo en su persona.

Guardó silencio al saber acerca de ello, Obito se lo dijo y Minato-sama lo repitió, a su manera. Entendió la lección, jamás haría algo como eso.

—Tachi... Actúe mal.

—Sí, lo hiciste.

—Qué rápido —miró acusadoramente a su primo, pensó que escucharía unas palabras de aliento que ayudaran a consolarlo, no la fría y dura verdad.

Itachi no se movió ni se sintió atacado por la mirada de su primo mayor. Le advirtió acerca de las consecuencias de sus planes impulsivos, él no quiso escuchar y he ahí el problema.

Andaba como perro con la cola entre las patas, regañado y con un sabor de boca amargo calando en su paladar por lo sucedido en aquel viaje.

La prueba que le confirmaba aquello a Itachi era tener a Shisui a su lado, acompañándolo en el futon, esperando en silencio el momento adecuado para dar a conocer las inquietudes que venían alterándolo.

—¿Le hiciste algo malo a Hinata-san?

—Eh... No le hice nada, física ni moralmente si es lo que piensas. Jamás tocaría a una mujer sin su consentimiento ni me comportaría como un degenerado. Tengo mis límites.

—¿Entonces...?

Hizo una mueca ante la pregunta de Itachi, era ahora o nunca, y sabiendo que Obito ni querría verle la cara —no sin antes golpearlo—, su primo menor era la mejor opción que tenía para consultar sus dudas.

—Como kunoichi la ofendí —admitió tanto para Itachi como para sí mismo, saboreando aquellas palabras como las correctas—. Malgasté su doujutsu y la hice dudar de sus cualidades como ninja, desperdicié sus habilidades en una misión que no requería de su participación y traicioné su confianza como capitán al no consultar con ella mis movimientos.

—¿Terminaste la misión tú solo sin decirle nada?

—Diablos, Tachi, ¿por qué eres tan certero con tus preguntas? Tenme piedad.

—Dada tu reacción, supongo que no lo supo por ti —Itachi giró un poco para ver la mueca llena de culpabilidad de Shisui—. Se enteró por alguien más.

—Hai —alargó la última palabra en tono deprimido por no tener defensa alguna que lo ayudara a no recibir los ataques de Tachi tan directamente.

A modo de respuesta a su confesión, Itachi suspiró.

—No soy la persona indicada para hablar sobre el tema, pero Hinata-san ha sido de las personas quien más se ha esforzado por fortalecerse durante todos estos años y demostrar su valía no solo a sus compañeros de equipo, sino también a su familia y conocidos. Imagino su decepción al descubrir que la misión en la que ella tuvo cero participación terminó antes de siquiera iniciar, no solo desperdiciando el tiempo que ella pudo haberlo dedicado a su entrenamiento personal, sino también su energía...

—¡Agh, ya, entendí, entendí! —Shisui se sentó, tomándose de los cabellos al no soportar las dagas que Itachi clavaba en su consciencia sobre cómo se estaría sintiendo Hinata después de la misión—. ¡Soy un desgraciado por querer jugar cartas que no me correspondían! Ahora no dejo de pensar en que ella seguramente se siente así... Ugh —abrazó su estómago ante la dolencia.

Itachi se reincorporó ante el movimiento en sus aposentos, seguro de no ser capaz de dormir nuevamente.

—¿Ya te disculpaste con ella?

—No... —murmuró, decaído—. Hokage-sama le dio la misión de convertirse en la guía personal del Príncipe durante el tiempo en que él quiera estar en Konoha...

—¿El Príncipe...? —la expresión confundida de Itachi confirmó a Shisui que éste no sabía acerca de ello.

—Mierda —se pegó en la frente por revelar tan importante detalle—. Ah, tarde o temprano lo sabrías, pero sí, nos topamos con el hijo del Señor Feudal y lo trajimos a Konoha.

—¿Qué hacía afuera de la Capital...?

—Ni yo lo sé —Shisui se encogió de hombros—. Sabes cómo son esos nobles. Un día amanecen con ideas locas en la cabeza.

—So, el Príncipe es...

—Un invitado de honor del clan Hyuga, se hospeda con ellos desde ayer, así lo pidió, es lo que Minato-sama me dijo cuando le pregunté. Ya que Minato-sama habló con nosotros por separado, no he podido hablar con ella desde entonces. Bueno... Envié un cuervo con un mensaje, pero no recibí nada a cambio, así que sí... Debe estar molesta. ¡Y no la culpo! Está en todo su derecho, pero no dejo de sentirme ansioso. ¡Y tú no ayudas, Tachi! Ahora tengo unas enormes ganas de ir a buscarla y hablar, pedirle perdón y que me diga que soy lo peor de lo peor.

—Si acudes a su casa, lo arruinarás todo.

Shisui hizo una mueca, no debatiendo aquello. Hinata seguramente no querría verle, su nula respuesta confirmaba aquella idea. Además, estando tan ocupada con el Príncipe no sería extraño que ella no tuviera el tiempo para atenderlo.

—Deja que las cosas se calmen y encuentra el momento adecuado para pedir disculpas apropiadamente —aconsejo Itachi.

—Lo haces sonar tan fácil —dio como respuesta, abrazando sus rodillas.

—Si estás mal, ¿por qué sería difícil admitir que lo estás? No ganarías nada si dices lo contrario.

—Ya, estás destrozándome. ¿Por qué no me encajas un kunai y das por terminada tu misión de acabar con mi maltratado espíritu?

Itachi soltó una risa por la expresión llena de dramatismo de parte de Shisui, más por respeto a éste dejó de verlo con diversión para darle un golpecito amigable en el hombro, poniéndose de pie al sentir los primeros rayos del Sol tocar a su ventana.

—Pedirle disculpas a una mujer no te matará, Shisui. Ahora duerme un poco, lo necesitas.

Escuchó los pasos ligeros de Itachi dirigirse a la salida, dejándolo solo. No resistió el peso y cayó a espaldas, considerando el quedarse ahí para siempre, más se recordó que no era un cobarde y que debía salir a enfrentarse con lo que provocó.

Jamás se había sentido así con respecto a una chica, tener esa culpa subirle por toda la garganta, ahogándolo con una incomodidad que ni él mismo se explicaba la intolerancia. El propósito de toda esa movida fue darle una lección de humildad a Sasuke y acelerar el momento divino en que Obito descubriera que una chica con buenas cualidades le echó el ojo. Nunca le pasó por el pensamiento llevar más allá esos planes, ni mucho menos ponerse él en medio tal asunto. Ya había incluido a Menma sin querer, añadir a alguien más solo complicaría las cosas de algo que no estaba en sus manos controlar.

Él mismo creó una situación difícil de manejar.


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—Las donaciones que su padre hace constantemente ayudan a mejorar las condiciones del Hospital de Konoha. Tsunade-sama expande sus conocimientos a través de sus estudiantes y Hokage-sama siempre incluye en sus equipos alguien especializado en doujutsu médico para disminuir las bajas y acudir al primer auxilio en medio de una misión. Ahora mismo contamos con excelentes medic-ninjas.

—Las habilidades de los ninjas no dejan de sorprenderme —confesó Akemi, viendo el rostro de Hinata quien se encargaba de explicarle la funcionalidad de cada edificio.

El recorrido por el distrito comercial no le resultó tan interesante a Akemi. Konoha era conocida en toda Nación Shinobi como una de las aldeas más formidables de todos los tiempos, contaba con eventos históricos que la moldearon en lo que era hoy, así como clanes cuyos jutsus eran heredados por medio de la genética y grandes figuras que a pesar de los años seguían mencionándose en las narraciones de otros pueblos. Aun así a Akemi no le resultaba llamativo el historial de victorias que Konoha le reportaba a su padre. Éste era tan fácil de impresionar que llevarle la más pequeña baratija lograría hacerlo aplaudir emocionado.

—¿Tú también practicas doujutsu médico, Hinata-san?

—Un poco —respondió la joven con una pequeña sonrisa, avergonzada de admitirlo—. Siempre estuve centrada en mi entrenamiento que pocas veces tuve la oportunidad de aprender, pero Tsunade-sama y mis compañeras me ayudaron con un par de técnicas, solo sé lo básico.

—Eso es impresionante.

—N-No creo que lo sea —susurró, apenada por el halago.

—Claro que lo es —Akemi se encargó de asegurarse de ello—, no solo proteges, también sanas. Aprender distintas cosas es un gran logro, Hinata-san.

—G-Gracias por sus palabras, Majestad...

Akemi sonrió, dándose por vencido de que Hinata le llamara de otra manera que no fuera el uso correcto de los títulos. Tenía el consuelo que para ocultar su identidad de otros ella recurriera a llamarlo "Akemi-kun". Lamentablemente dicha acción no había sido necesaria al continuar con su caminata sin ser interrumpidos.

Hinata lo había llevado a otros de los puntos importantes de la aldea, no era llamativo como el resto sino un simple hospital, más no dijo comentario alguno por respeto a Hinata y la organización de su tour. No sabía qué otros edificios visitarían, el día apenas iba a la mitad y la aldea era grande, seguramente todavía existían cosas que ella quisiera mostrarle.

—Hinata-san.

—¿Hai?

—¿Sería posible tomar un descanso? —observó con preocupación el calzado de la joven. Habían recorrido demasiado, seguramente estaba cansada.

—Por supuesto, Alteza, perdone por no haber optado por uno antes —avergonzada de no haber considerado los límites del Joven Príncipe, Hinata hizo una corta reverencia.

Akemi calmó el pánico de la joven con una sonrisa gentil.

—No es la gran cosa —miró a los alrededor en busca de un lugar apetecible en donde descansar—. ¿Qué tal esa banca? No hay tanta nieve.

—Claro.

Siguió a Akemi-sama, centrada en sus pasos, incómoda por los zapatos que usaba. No sabía cómo su padre o Natsu consiguieron aquel calzado, pero era sumamente molesto, especialmente el tacón. Aun cuando tuvieran la apariencia de unos botines, eso no la hacía sentir segura al andar. Extrañaba sus sandalias ninjas. Pero tenía que soportar, todavía no terminaba con su misión de hoy.

—Espera, Hinata-san.

—¿Uh?

Akemi limpió la nieve sobre la superficie de la banca, quitando la escarcha con su mano desnuda sin quejarse a causa del frío.

—Hmm, aun está húmeda, si tomas asiento arruinarás tu kimono —hallando la solución perfecta, Akemi se quitó la ligera chaqueta que llevaba puesta y la puso sobre el lugar al que invitaba a Hinata a sentarse—. Listo, eso servirá.

—Pero, su Alteza, usted...

—No te preocupes por mí, Hinata-san —restó importancia—, con el ataque de nieve de hace rato dudo que me esto me afecte. He lidiado con peores climas. Anda, toma asiento.

—Gracias —cuidó el tono de su voz, desacostumbrada a esos tratos.

Akemi-sama tomó asiento al lado suyo, marcando una distancia entre los roces de sus ropas, observando el escenario frente a ellos. Comenzó a formular temas de conversación que ayudaran a mitigar el silencio, o esperaba a que fuera su Alteza quien diera inicio al dialogo y ella pudiera seguirlo, pero descubrió que ya lo había dicho casi todo.

Hinata se sintió nerviosa.

No solo era la presencia del joven y lo que significaba para Konoha, sino también lo poco en común que tenían. Con Shino y Kiba podía hablar por horas sin cansarse ni una sola vez. Y aunque Neji-niisan no fuera tan conversador, los silencios entre ambos eran agradables.

Con Akemi-sama era estresante.

Se preguntaba constantemente si estaba haciendo un buen trabajo, si su conocimiento sería el suficiente para impresionar a su Majestad o si le estaría aburriendo; no sería la primera vez que aburría a las personas por su nula experiencia al socializar.

A comparación de su Alteza quien estaba al tanto de los asuntos políticos en todas las Naciones Ninja, Hinata solo tenía conocimiento de lo ocurrido en Konoha, aquello a lo cual tenía acceso saber. Tampoco podía compartirle todo a su Alteza, los secretos de su aldea debían ser respetados, o tener la autorización indicada para compartirlos.

Hinata se removía nerviosa en su lugar, contando los segundos, pensando si sería prudente hablar, callar o dar por terminado el descanso y continuar.

—Hinata-san.

—¡¿Hai?! —atrapada vagando en su propio pensamiento, dejando de lado su mayor responsabilidad hasta el momento, Hinata giró hacia Akemi quien no pudo evitar sonreír por la expresión en el rostro de la joven Hyuga—. D-Disculpe —carraspeó por su brusca reacción—. ¿D-Decía, su Alteza?

—Me preguntaba si aceptarías ver un truco de magia.

—¿Magia...?

Akemi asintió.

—Hai. Como el truco de las luciérnagas.

—Oh —recordó la flor de naranjo, fue un lindo truco—. Claro.

Akemi aplaudió, contento, poniéndose de pie, sacando de sus bolsillos una baraja de cartas que manipuló con maestría a una velocidad digna de un experto de kunais. Él sonrió por la atención que la joven ponía sobre su persona, atenta a todos los movimientos que ejercía, pasando todas las cartas, de una por una, al otro extremo de su mano, partiéndolas a la mitad, extendiéndolas y jugando. Cuando halló listos los elementos para su truco, extendió las cartas en un arco y las puso en frente de Hinata.

—Elige una carta, Hinata-san.

—Uhm.

Hinata tomó una de las del medio.

—Ah, ah, no me la muestres. Solo tú sabrás que tienes —indicó a la joven cuando ésta tuvo la intención de mostrársela—. Ahora vela de nueva y memorízala. ¿Okay?

—Sí —asintió a lo dicho por el pelirrojo, mirando por última vez la carta. Era un as de corazones rojos. Volvió a asentir—. Listo.

—Bien, regrésala —ella así lo hizo y Akemi sonrió—. De acuerdo, iniciaré con el truco, pero antes, un soplido de la linda señorita, para la buena suerte.

Se sonrojó ligeramente cuando él acercó su mano hacia sus labios sin rozarlos, no era inapropiado, pero la cercanía logró apenarla. Vio los ojos animados de Akemi y ella luchó contra su timidez para dar un soplo pequeño, que ante los ojos de Akemi eso fue más que suficiente.

—Ahora, con el poder de mi intuición y la bendición de Hinata-san, yo, de entre todas estas cartas, sacaré la correcta. ¿Lista, Hinata-san?

—Hai.

Akemi sonrió y partió a la mitad la baraja, lanzándola en los aires. Hinata miró con preocupación éstas separarse, atraídas por la gravedad, sin embargo Akemi fue más habilidoso y logró capturarlas todas en un movimiento rápido, uniéndolas nuevamente, salvo una que caía con lentitud, aterrizando en su regazo.

—¿Podrías verificar si ésa es tu carta, Hinata-san?

Hizo lo que Akemi le pidió y cogió la carta, girándola y sorprendiéndose de hallar el as de corazones rojos, más no solo era la carta, al girarla nuevamente no estaba el logo de la marca de cartas, sino una pequeña flor pegada al reverso con una nota doblada.

—Esto es...

—Vamos, ábrelo.

Hinata tomó la nota doblada sin saber qué esperar; cuidó de no romper el papel, buscando desenvolverla con paciencia, soltando una exclamación de sorpresa al ver un retrato de ella hecho a lápiz.

—Akemi-sama...

—Espero no ofenderte, Hinata-san —susurró él, avergonzado ligeramente—. Tomé la libertad de retratarte... ¡P-Por supuesto, si esto te hace sentir incómoda, e-eres libre de romper el dibujo! Es solo que no pude evitarlo... —los ojos de Akemi brillaron cuando la enfocaron fijamente—, eres hermosa.

Fue inevitable detener la voluntad rebelde de su lengua al confesar tales palabras, provocando en la joven Hyuga una expresión confusa y después avergonzada al mirarle al rostro, confirmando que no fue un truco del viento escuchar el halago.

Akemi sintió arder el rostro por la atención que el par de ojos de Hinata le dedicaba, haciéndolo sentir increíblemente nerviosa y expuesto. Había escuchado los rumores acerca del poder del Byakugan, lo imposible que era engañar a un portado del doujutsu, más asumió que eran rumores para asustar a los enemigos.

No obstante, en esos momentos podía confirmar lo vulnerable que quedó delante de Hinata-san quien, sin decir palabra alguna, ya lo había dejado sin aliento desde la primera vez que la vio.

En un principio consideró la belleza de Hinata-san como exótico, era la primera vez que veía a una mujer sin las características usuales que constantemente presenciaba en la Capital. Seguramente se dejó llevar por ello y no detenía el rumbo de sus pensamientos rondar sobre las cualidades de la Hyuga.

Sin embargo, al paso que el tiempo transcurría y los días de convivencia entre ellos se alargaron gracias a su privilegiada posición, Akemi se cuestionaba si al regresar a la Capital sus momentos con Hinata-san quedarían como un recuerdo que quedaría en el olvido en cuanto su padre le pidiera regresar a sus obligaciones o quedaría prensado de cada uno de esos momentos.

Ella era gentil, educada, amable, correcta, bien preparada y sumamente cautivadora. A pesar de haberla visto actuar como una kunoichi, le sorprendía cómo su figura frágil —de la cual quería proteger de todo peligro— habría sobrevivido a distintas batallas a lo largo de su travesía como shinobi.

Quería conocerla más, atravesar la barrera de formalidades que los dividía, dejarla de hacer sentir tan incómoda por las acciones futuras y que pudiera relajarse con él a su lado.

Desde la noche anterior Akemi estuvo pensando en si sus acciones egoístas habían sido lo correcto. Pudo simplemente aceptar la propuesta del Hokage en descansar en los aposentos que la Familia Real usaba en las visitas que su padre hacía a Konoha en lugar de poner a Hinata-san bajo mucho estrés. Sin embargo, el deseo por pasar más tiempo a su lado, descubrir más acerca de la jovencita que no dejaba de observarlo ganó la batalla contra su lógico pensamiento.

—Me disculpo —decidió romper el silencio, temeroso de haberla ofendido por ser tan directo—. No quise...

—N-No, e-está bien —respondió ella al recuperarse de la impresión que le causaba que alguien la considerara hermosa—. Ser halagada por usted es... un gran honor —tomó entre las manos con delicadeza los regalos dados de parte de Akemi-sama, preguntándose las razón detrás de dichos obsequios.

—Insisto, si esto te hace sentir incómoda, eres libre de...

—Hinata-san.

Hinata se sintió tan agradecida de la intervención de Rin-san quien se acercaba a ambos con una sonrisa dulce en el rostro. Rápidamente se puso de pie, saludando correctamente a su superior y ninja médico. Mediante la distancia entre ellos se minimizaba, Hinata pudo notar la prenda llamativa que Rin-san llevaba envuelta alrededor del cuello.

—Ha pasado tiempo desde que no nos vemos. Justo vi por la ventana que estabas aquí y pase a saludar —la castaña sonrió, viendo al acompañante de la joven Hyuga—. Pensé en invitarte a beber algo caliento dentro de mi consultorio, pero veo que estás acompañada, lamento si interrumpí algo.

—Para... Para nada, Rin-san —a pesar del apretujamiento en sus entrañas de reconocer la prenda y el logo Uchiha, Hinata pudo saludar apropiadamente a la ninja—. Uh... A-Ayudo a Akemi-kun a conocer a Konoha, es... es su primera visita a Konoha y padre consideró pertinente que lo ayudara a familiarizarse...

—Ya veo —Rin amplió la sonrisa al escuchar aquello. No era común ver a Hinata acompañar a alguien más que no fueran sus compañeros de equipo, Kurenai o su primo Neji—. Bienvenido a Konoha, uhm...

—Yuki Akemi —se presentó al entender las señales, sonriéndole a la mujer—. Mucho gusto.

—Hai —respondió ella—. Rin Nohara, un placer.

—E-Ella es de nuestras mejores medic-ninjas, Akemi-kun, t-tal como te hablaba de ello. T-También es una de las estudiantes más brillantes que Tsunade-sama ha tenido...

—No es para tanto —la medic-ninja se avergonzó por los halagos de parte de Hinata—, solo hago mi trabajo.

Hinata sonrió y esperó que la sonrisa no se derrumbara. Estaba haciendo todo lo posible por respirar adecuadamente para no aumentar el dolor que se expandía por todo su pecho, provocando que se instalara un nudo en la garganta, impidiéndole hablar con fluidez.

—Ya que están en medio de algo, me retiro —Rin observó a los dos jóvenes, pensando que lucían adorables juntos. Incluso consideró lo linda que Hinata-san lucía con ese nuevo estilo de ropas—. Espero verlos en otra ocasión, hasta luego.

—H-Hai, gracias, Rin-san...

Vio a Rin-san alejarse, pero el dolor no desaparecía. Podían existir miles de explicaciones del por qué la prenda que le tejió exclusivamente a Obito-sensei la usaba Rin-san con tanta comodidad, más ni ella podía ocultar la verdad.

Obito amaba a Rin Nohara.

Él era el tipo de hombre que no temía ocultar lo que sentía, capaz de confesarse una y otra vez sin temor al rechazo.

Lo había visto innumerable veces invitar a salir a Rin-san a una cita, llevarle regalos a su consultorio por boca de Ino-san y Sakura-san quienes le relataban acerca de los movimientos románticos que Obito-sensei hacía para ganarse el corazón de su instructora en los días en que las consultas en el Hospital de Konoha eran bajas. Incluso en las visitas que él le hizo a escondidas de su clan en sus sesiones de entrenamiento, Obito-sensei jamás paraba de hablar sobre las cualidades de Rin-san, entregándose a suspiros soñadores y una sonrisa única.

No era ciega, Hinata sabía el profundo amor que Obito-sensei profesaba a Rin Nohara.

Y sabiendo aquello, ella decidió arriesgarse a continuar desarrollando la admiración que nació de ella en cuanto la sonrisa amistosa y cálida de Obito Uchiha la salvó de caer en el mismo pozo depresivo.

La opresión en su pecho, las intensas ganas de llorar de saberse poca cosa a comparación de Rin-san eran el precio por seguir fiel a sus sueños azucarados. Nunca tendría el coraje de confesarle sus sentimientos a Obito-sensei, le aterraba cómo tal revelación afectaría su relación. Seguramente lo incomodaría, tornaría sus interacciones en una obligación forzada que la terminaría lastimando más.

Era su culpa por imaginar hacerse de una oportunidad con una tonta bufanda hecha a mano. ¿Cómo podría eso ganarle a todo lo que Obito-sensei vivió con Rin-san? Ellos se conocían desde los cuatro años. Durante las peligrosas misiones a las que acudían, fue Rin-san quien cuidó del bienestar de Obito-sensei, quien le dio palabras de consuelo y quien, seguramente, lo ayudó a nunca rendirse cuando la voluntad del Uchiha flaqueaba. Rin hizo todo eso mientras ella se dedicó a llorar en un columpio a solas, una niña tan patética que Obito-sensei tuvo la urgencia de consolar.

No podría competir contra alguien cuya ventaja la superaba abismalmente. Intentarlo solo dañaría a su corazón. Y aunque gustase repetirse lo feliz que se hallaría si Obito-sensei era correspondido adecuadamente, en el fondo sabría el dolor que le causaría el saber que el calor de la persona a quien siempre añoró se alejaría para siempre, destruyéndose.

Respiró hondo para calmarse. Incluso reunió su chakra para liberar la presiones en su pecho, ayudándole un poco a relajar la zona. A pesar de ello, el ardor en sus ojos buscaba traicionarla, pero no lloraría en frente de nadie, especialmente a ojos del Príncipe. Aun cuando no estuviera totalmente de acuerdo en participar en una misión como ésta, Hinata se dijo que debía cumplir con lo que el Hokage le pidió. Una misión era una misión y los sentimentalismos no formaban parte de éstas, debía desecharlas por mucho que dolieran.

—¿Desea continuar descansando, su Majestad?

—Ah... Si no estás cansada, Hinata-san, creo que ha sido suficiente —Akemi parpadeó ante el cambio de actitud de Hinata-san. Su voz era amable y gentil, pero el tono era distinto, más formal, más cortante.

—Supongo que podremos seguir con el recorrido, si a usted no le molesta, por supuesto. De lo contrario podríamos regresar a la Mansión Hyuga.

—En lo absoluto, no quiero importunar tu itinerario, Hinata-san. Si aun hay lugares que quieras enseñarme, adelante.

Ella solo sintió y lo invitó a acompañarla en el mismo ritmo. No se reanudó la conversación pausada gracias a la intervención de la médico ninja. Akemi lo halló como un regalo de la buena fortuna, realmente no sabría cómo retomar su postura si Hinata-san continuara viéndole con esos ojos aperlados, seguramente lo habrían hecho cometer otra ofensa que no podría arreglar. Sin embargo, el silencio lo sintió como una tonelada de hierro. Hinata-san no buscaba dialogar con él, se limitaba a explicar los detalles ocurridos en tal lugar, así como las diferentes funcionalidades de los puestos de vigilancia en los alrededores de la aldea y el rol de la familia Yamanaka en detectar, a través de sus dones telepáticos y apegados a la sensibilidad de sus sentidos desarrollados, a enemigos e intrusos.

Caminaban de lado a lado y él no dejaba de pensar, lleno de pánico, si haberle dicho que era hermosa y atreverse a retratarla en papel y dárselo como obsequio fue demasiado de su parte. Incluso siendo alguien de la nobleza, Akemi debía cuidar sus acciones, especialmente como invitado de un clan de renombre. No sabría qué excusar mencionar delante de Hiashi-sama si éste le mandaba a llamar para recriminarlo por las claras intenciones hacia su hija.

No buscaba meter en problemas Hinata-san, simplemente quería conocerla sin que el deber se interpusiera.

Pero eso era una tarea imposible.

Hinata-san lo veía como una misión y nada más.

Él quizá debería asumir también su papel y olvidarse de sueños fantasiosos, no le vendría bien.

Incluso con esas actitudes Akemi no dudaba que pudiera meter en problemas a Hinata-san. Debía ser más cuidadoso.

—Lamento lo que dije, Hinata-san —buscó suerte en hacerla a hablar, haciendo todo el esfuerzo por enfocarse en el frente y no girar a su costado a verla de perfil—. No fue apropiado.

—No debe preocuparse, su Majestad. No me ofendió —respondió ella—. En cuanto a sus obsequios, los atesorare.

—Bótalos si no son de tu agrado, Hinata-san, no tienes la obligación de mantenerlos.

—Uhm —Hinata negó—. Fueron regalos de su Majestad, jamás los despreciaría. Usted los hizo pensando en mí... —por un momento la voz de Hinata pareció temblar. Akemi se alarmó y no pudo continuar siendo indiferente— n-no tendría el corazón de tratar así a sus regalos...

—¿Hinata-san?

—L-Lo lamento, yo... Lo siento...

Akemi se acercó a ella, más de lo que la formalidad le hubiera permitido, empero estaba preocupado de que a Hinata-san le hubiera dado una dolencia.

—No has hecho nada para disculparte, Hinata-san —susurró con voz baja, tratando de mantenerse respetuoso y darle su espacio, aunque también quería hacerle ver que estaba ahí—. ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal? ¿Deseas regresar?

—E-En lo absoluto, solo... Me apena no haber sido lo suficientemente profesional para cumplir con sus expectativas —ella izó la mirada, sin alarmarse de verlo cerca. Intentó sonreír, no iba a quebrarse—. Quizá deba considerar a un mejor prospecto para...

—De ninguna manera —sentenció Akemi, frunciendo el ceño y sorprendiendo a Hinata por la autoridad en la voz del pelirrojo—. Hinata-san, has hecho tu trabajo estupendamente, dudo seriamente que alguien más pueda lograr hacerme sentir tan cómodo.

—Su Alteza...

—Pero si te hayas incómoda, Hinata-san... —la mirada de Akemi se suavizó—, no podría oponerme. Si es tu deseo liberarte de esta obligación que yo te encomendé, no me negaré y aceptaré a quien Hyuga-sama proclame ser un guía adecuado...

Hinata se sintió tentada a aceptar la oferta. De hacerlo, ella podría continuar con sus rutinas de entrenamiento, misiones con su equipo y los pendientes relacionados con su clan, pero su padre jamás se lo permitiría. El nombre del clan se vería en juego si rechazaba la misión que el Cuarto le encomendó por deseo del Príncipe. Y aun cuando el pelirrojo le prometía aceptar todo de buena manera, no le gustaría las consecuencias que sus actos, acarreados por el dolor en su corazón, podrían ocasionar no solo a su clan, sino a toda la aldea.

—No hay necesidad de llegar a tales extremos, su Alteza —Hinata buscó sonreír aun cuando le costara—, si usted se halla contento con mi desempeño, no tendré otra opción que seguir esforzándome.

Akemi se limitó a guardarse cualquier comentario, invitando a Hinata seguir con el tour y así terminar por el día de hoy. Ella lucía agotada y no quería obligarla a sobre esforzarse.

—Quizá mañana, si a Hinata-san no le molesta, podamos visitar los lugares que te agraden.

—¿Eh? —sorprendida de aquel cambio en su agenda, miró sorprendida al pelirrojo al no entender el punto de acudir a sus lugares favoritos—. Pero, su Alteza —buscó la manera de cambiar de opinión—, no creo que eso sea de gran interés.

—Al contrario, hallo sumamente interesante tus lugares favoritos, Hinata-san. Me encuentro intrigado por saber cómo es el lugar dónde solías entrenar, a ver la puesta del Sol... Solo sería por el día de mañana —le sonrió a la joven—, después podremos continuar con tu lista, Hinata-san.

—S-Si ese es su deseo —se limitó a responder.

Los hogares del barrio por donde caminaban iluminaron sus luces externas cuando la cortina de noche cayó sobre ellos e Hinata se halló ansiosa por llegar lo más rápido a su casa y deshacerse de los botines que usaba. No obstante, sabía perfectamente que lo que más deseaba hacer era encerrarse en sus aposentos y sacar la agria sensación aun instalada en su estómago. Pero debía controlarse. Tuvo un momento de crisis, se aterró al pensar que lloraría en frente del Príncipe, pero Hinata pudo controlarse.

No era la primera vez que suprimía sus sentimientos.

—¡Onee-sama!

Fue una sorpresa hallar a Hanabi en la entrada de la puerta con Ko y Tomura a los costados. Se sintió aliviada de ver que el día terminó y ella, exitosamente, cumplió con lo acordado.

—¡Bienvenida! —su hermanita no tardó en trotar hacia ella.

—Hai —contestó, echando un par de mechones atrás de las orejas de Hanabi—. Gracias por recibirnos, Ko-san, Tomura-san.

—Nos alegra que su caminata no pasara por percances, Hinata-sama —habló Ko con una sonrisa cordial, haciendo una reverencia cuando el monarca se integró a ellos—. Espero que haya disfrutado la salida, su Alteza.

—Lo hice —respondió con honestidad Akemi—. Hinata-san es una grandiosa anfitriona.

Ko sonrió por el halago hacia la joven e invitó a pasar al monarca al interior de recinto.

—Adentro lo esperan con prendas frescas y un baño caliente, debe estar agotado. Adelante, por favor.

Akemi sonrió un tanto forzado al observar que el tiempo con Hinata-san terminó y ahora debía convivir con el resto del clan Hyuga. Viró a la joven Hyuga, aun ocupada con su hermana menor y se despidió, esperando verla en la hora de la cena. Ella le correspondió con una sonrisa.

—Neh, onee-sama.

—¿Uh?

—¿No te hizo nada, verdad?

—¿Uh? —Hinata parpadeó—. ¿A quién te refieres, Hanabi?

—Pues a ése —señaló por dónde Akemi se marchó.

Hinata se sintió enrojecer.

—Hanabi, es el Príncipe, no te dirijas hacia él de esa manera.

—No me importa que sea el mismo Sabio, si él te hace algo, lo mandaré a volar —dijo con seguridad Hanabi, frunciendo el ceño y luciendo amenazante pese a su edad.

—Su Majestad no me hizo nada, fue educado en todo el día. No hay necesidad de que te comportes así. Trata de recordarlo —tomó a Hanabi de los hombros para caminar a casa, seguidos de Tomura quien cerró las puertas y se despidió de ellas—. ¿Por qué la pregunta? Es una ofensa siquiera pensar que su Alteza hizo algo indebido, Hanabi.

—Porque estás triste —señaló con simpleza la joven castaña, mirando de reojo a su hermana y la mueca de sorpresa que traía—. Tu lenguaje corporal también lo indica.

—¿L-Lo estoy? —rio con nervios por ser descubierta con tanta facilidad—. Seguramente estas confundiendo por cansancio. Desde ayer no he podido descansar adecuadamente y hoy tuve que levantarme más temprano de lo usual.

—Onee-sama, ¿en verdad estás tratando de engañar a mi ojos? Te conozco y sé cuándo estás triste. Y ahora mismo lo estás —Hanabi activó su línea de sangre—. Así que sé honesta y dime si ese bobo se atrevió a hacerte algo.

—Basta de andar culpando a su Majestad por lo que sucede conmigo —Hinata le dio un golpecito a Hanabi y ella desactivo su doujutsu—. No pasó nada ni él me hizo nada. Solo caminamos.

—Uhm... —por cómo Hanabi la veía, era obvio que no se creía nada.

—En serio —Hinata se adelantó y dejó sus botines en la entrada, aliviada de no tenerlos puestos más—. Iré a mi habitación a descansar un poco, nos veremos en la cena.


.


Logró librarse de las preguntas de Hanabi exitosamente, hallándose en la seguridad de sus aposentos sin que su hermanita la siguiera.

Hinata se quitó las ropas que llevaba puestas, sin ayuda de Natsu sería difícil, más no imposible, además, no quería importunar a la joven, debía estar muy ocupada. Desató el obi, desdoblándolo de su cintura y dejándolo a un costado, perfectamente doblado. Continuó con las prendas inferiores, sin embargo, resultó complicado desatar los nudos. Respiró hondo para no desesperarse, pero la prenda no cooperaba. Hinata se mordió los labios, sintiendo el mismo torrente subirle por la garganta y la sensación de que sus ojos comenzarían a nublarse.

—Por favor... suéltate —rogó a la prenda, sintiéndose tonta por no ser capaz de desvestirse en esos momentos.

Entonces sus dedos comenzaron a temblar e Hinata no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a caer.

Sabía que nadie osaría a verla a través de las paredes, era una regla en casa de no usar el Byakugan para importunar la privacidad de otros; solo en sesiones de entrenamiento era permitido. Sin embargo, el temor que siempre tuvo a que su padre la encontrara llorando —sabiendo lo mucho a que él le detestaba verla llorar—, procuraba ser lo más silenciosa posible. Ahogarse detrás de sus manos ceñidas en su boca y esperar a que disminuyera.

Dolía mucho, pero no podía entregarse completo a ese dolor porque debía ir a cenar con su familia y el Príncipe. Si llevaba los ojos rojizos, todos se darían cuenta y no quería pasar por una verguenza así. Además, el día de mañana debía continuar siendo la guía del Príncipe, no podía darse el lujo de fingirse enferma y dejar de lado sus obligaciones.

Volvió a respirar profundamente, cerrando los parpados, buscando que el aire colarse en su ventana lograra secar los rastros de su sufrir silencioso.

Cuando se encontró más calmada, Hinata pudo quitarse el kimono y los accesorios con éxito, guardándolos en el closet. Cogió otro juego formal, pero menos ostentoso a comparación del que se quitó y lo dejó de lado, acudiendo a su cama donde se recostó, permitiéndose descansar la cabeza que ahora mismo le pesaba.

Estuvo tentada a cerrar los ojos y entregarse al sueño, pero unos toques la despertaron. Pensó que se trataría alguien al otro lado de la puerta, pero el ruido se repitió y éste provenía de la ventana. Caminó hasta ésta y la abrió, encontrándose con un cuervo de brillantes ojos.

Hinata suspiró.

—No es un buen momento, ¿sabes? —susurró al ave—. Pensé que con mi nula respuesta le habría quedado claro a tu invocador —susurró al saber que el cuervo pertenecía a Shisui-san.

Sin embargo, el ave solo ladeó la cabeza y brincó al interior de su habitación. Hinata lo dejó ser, dejando abierta la ventana por si buscaba retirarse otra vez.

—¿Qué buscas, eh? —preguntó, curiosa de observar el comportamiento del ave, fisgoneando en los rincones de su cuarto—. No creo que encuentres nada interesante que...

El cuervo voló hasta su tocador y removió las cosas que Natsu usó en la mañana para hacerla lucir más presentable. Hinata fue hasta él para detenerlo de romper alguna cosa, pero el ave fue más rápida y logró tomar la peineta que su abuelo le había dado.

—E-Espera —pidió al cuervo cuando éste saltó hasta la orilla de su ventana, listo para volar—. E-Eso es un regalo, no puedes llevártelo... —más el cuervo comenzó a preparar sus alas—. ¡N-No, espera...!

Antes de si quiera detenerlo, el cuervo emprendió el vuelo e Hinata no logró atrapar ni siquiera una de sus plumas. Lo vio volar entre el cielo nocturno, mezclándola con la oscuridad gracias a su plumaje. Se sintió tentada a ir detrás de él, pero recordar sus obligaciones en casa la hicieron desechar la idea.

Suspiró.

—Quiera o no, tendré que ver a Shisui-san en persona... —musitó sin encontrar motivadora la idea, especialmente por lo sucedido en la misión y la sensibilidad en su corazón respecto a lo de Obito-sensei.

En esos momentos los Uchiha eran lo último que ella deseaba ver.