Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Historia situada en Konoha durante la época del Primer Hokage. Eventos canonicos han sido alterados para el fin de la historia.
Capítulo Dos
Umiyashi corrió directamente a la oficina de Madara-sama después de que Kagami le contó lo sucedido con su señora. Éste trajo a una agitada Suki a casa, explicando entre tartamudeos que Hinata-sama se desmayó repentinamente, no teniendo otra opción que acudir a los campos de entrenamiento de Tobirama Senju para pedir socorro.
—¡Madara-sama! —abrió los shoji y encontró a los dos hermanos Uchiha adentro.
—¿Qué ocurre, Umiyashi? ¿Por qué el escándalo...?
—Hinata-sama... Hinata-sama se desmayó —explicó, siendo aquello lo más importante—. Suki la acompañaba cuando eso sucedió, fue a pedir ayuda, pero nadie estaba a la redonda. Se vio obligada a ir... —Umiyashi dudó en continuar narrando por miedo a la reacción de su señor, pero importaba más el estado de su señora que las malas relaciones entre los Uchiha y Senju— a los campos de entrenamiento de Tobirama-sama. Kagami me informó que la llevó con el Hokage-sama para que la revisara...
Bastó escuchar a la anciana una sola vez para tenerlo fuera de la Casa Principal, yendo con paso apresurado hasta el hogar de Hashirama e ir por su esposa. Desde esa mañana había tenido un mal presentimiento que se apegó más a sus interiores por cómo las cosas se desarrollaron en la junta con los demás cabecillas de los clanes de Konoha.
Siendo un ninja de su categoría, Madara no tardó mucho en arribar a la residencia de su amigo. Los miembros del clan, quienes se dedicaban a cuidar las puertas principales de intrusos, se pusieron en guardia en cuanto lo identificaron, más bastó mirarles con la irritación palpable para darles a conocer la poca paciencia que tenía si ellos se oponían.
Afortunadamente no fue necesario el uso de la fuerza bruta cuando la Uzumaki llegó hacia ellos.
—Bajen sus armas —ordenó a los vigilantes que hicieron lo que la pelirroja ordenaba—. Madara —llamó sin honoríficos al hombre de mirada sombría—, entra.
Madara así lo hizo por la preocupación del estado de su esposa. Hinata había estado perfectamente bien y Umiyashi no le comunicó detalles alarmantes sobre su esposa. Además, Hinata era una mujer llena de energía, era difícil mantenerla quieta en un solo lugar sin querer estar haciendo algo nuevo.
—¿Qué le sucedió a mi esposa? —preguntó cuando ambos estuvieron caminando, apresurados, en los pasillos de la casona.
Mito hizo una mueca sin querer confesarle en tal lugar el diagnóstico de Hinata a Madara.
—Te llevaré a donde está ella. Ahí Hashirama te lo dirá —respondió, viendo de reojo al Uchiha quien llevaba el ceño fruncido.
Ella desconocía si era por el asunto de Hinata o el caminar en la casa de quienes antes fueron declarados sus enemigos.
Rápidamente arribaron a una de las habitaciones de la gran casa, Mito abrió las puertas antes de que Madara pudiera echarlas abajo y el azabache observó a su esposa dormitar en el futon.
Acudió a ella, tomando de su mano, acercando su oído hasta el pecho para escuchar por sí mismo los latidos de su corazón. Era estable. Sintió un profundo alivio y se separó para verla mejor. No tenía ninguna herida a la vista. Tocó el flequillo de su frente y lo notó humedecido.
—¿Qué tiene Hinata, Hashirama? —cuestionó a su amigo al sentir el chakra del castaño ahí con ellos adentro.
Hashirama se removió de su sitio en cuanto fue llamado por el Uchiha, mirando a su esposa y dudando si confesarle el actual estado de Hinata a Madara sería lo ideal.
—Habla —demandó Madara al izar la vista y observar al Senju quien, sabiendo que no podría retrasar la noticia, suspiró con derrota.
—Madara...
Madara frunció el ceño por la tardanza. Se puso de pie, separándose del calor de su esposa y caminó hasta el Senju, mirándolo directamente a los ojos, notando el desvío de éste hacia otro punto que no fuera él.
—Dilo. ¿Qué tiene mi esposa? —la idea de que fuera una grave enfermedad lo inquietó—. ¿Es mortal?
—No, no lo es. No tienes que preocuparte. Hinata tiene una buena salud.
—¿Entonces por qué no me puedes decir lo que tiene ella?
—Es... —Hashirama cerró los ojos con fuerza— complicado.
En otras circunstancias Hashirama se hallaría más que contento en compartirle las buenas nuevas a su amigo. Empero la situación de Madara e Hinata era completamente distinta; ambos eran dueños de los más poderosos doujutsu oculares existentes en toda la Nación Shinobi, una de las razones por las cuales Konoha se establecía rápidamente como una de las aldeas ninja más famosas de su era.
Era bien sabido la enorme ventaja que su ejército shinobi tenía al tener en sus tropas usurarios tanto del Sharingan como el Byakugan. Y aunque varios se opusieran a la participación activa del clan Uchiha en las misiones, nadie sería capaz de negar la influencia que los hombres del clan del Ojo Perspicaz tenían sobre el resultado final de una batalla.
El Byakugan como el Sharingan, separados, eran imparables. Pero juntos, mezclados en un solo usuario... ¿Qué destinó traería? Tal idea jamás se le cruzó a Hashirama entre sus pensamientos, totalmente enfocado en el crecimiento de la aldea, su nuevo rol como Hokage y el bienestar de todos los clanes que conformaban a Konoha.
Pero en cuanto Tobirama trajo a Hinata a él, preocupado del estado de la mujer, y revisó que ella estaba embarazada, esas dudas lo terminaron asaltando.
No dudaba de su amigo; Madara estuvo dispuesto a mantener la paz y dejar de lado los rencores y diferencias con tal de mitigar las confrontaciones que solo trajeron muerte innecesaria. No obstante, no sabía qué pensaría el Consejo de Clanes. Ya veían con malos ojos a Madara, desconfiados y sospechando que el Uchiha planeaba algo. Él no dejaba de repetirles que Madara cambió por el bien de la aldea, la prueba era el acuerdo que ambos pactaron sobre no más peleas entre sus clanes, ¿acaso eso no era suficiente?
Sin embargo, Hashirama admitía que el movimiento de Madara en hacer esposa a Hinata Hyuga arruinó la posibilidad de que todos dejaran de creer que el clan Uchiha buscaría recobrar el mando en Konoha en la primera oportunidad. Todos los aldeanos respetaban al clan Hyuga, los consideraban fuertes aliados de la familia Senju, era normal que la opinión de Hiroto-san tuvieran gran peso.
Ayudó a Hinata a través de su autoridad como líder de la aldea a evitar que el clan Hyuga le pusiera la marca del Pájaro Enjaulado tras la expulsión. De no haberlo impedido, otra batalla de sangre se habría llevado a cabo. Hiroto-san estuvo en total desacuerdo, exigiéndole de su parte respetar las tradiciones internas de su clan, más se negó a cumplir tal acuerdo al excusarse y mencionar que Hinata ya formaba parte del clan Uchiha. Dicha acción le ganó el desagrado del actual líder de familia, pero su voz tenía más peso y no podían hacer nada al respecto.
Sin embargo, si la noticia del embarazo de Hinata se daba a conocer, estaba seguro que la mayoría de las reacciones al respecto serían negativas.
Nadie querría que un niño, poseedor de los dos doujutsu más fuertes, estuviera bajo el mando del clan Uchiha.
—Siempre has tenido la lengua suelta, diciendo idioteces. ¿Por qué te pesa tanto decirme lo que Hinata tiene? —Madara tomó de las ropas de Hashirama, apretándolas y exigiéndole hablar—. Dímelo, Hashirama.
—Perdona a mi esposo, Madara, la noticia lo ha sorprendido demasiado —intentó justificar Mito a su marido, llegando hasta ellos—. Aun así no es apropiado que trates a tu Hokage de esta manera —los ojos de la mujer chispearon—, recuerda tu lugar.
Madara chasqueó la lengua y se alejó de Hashirama para regresar de nuevo al lado de Hinata, viéndola, tratando de descifrar lo que padecía.
Hashirama suspiró, viendo a su mujer, agradecido, más Mito solo le codeó, susurrándole entre dientes el apurarse y darle a conocer a Madara sobre la noticia.
—Dile —gruñó, empujándolo hasta donde el Uchiha estaba.
Él carraspeó y eso llamó la atención de Madara que volvió a mirarlo.
—¿Me lo dirás al fin o te quedarás como un idiota ahí parado? —preguntó de mal humor.
Hashirama asintió.
—Sí... Uh...
—Hashirama —apuró.
Dio otra profunda respiración y se preparó. Podría con lo venidero, apoyaría a Madara y lograría calmar a los clanes en cuanto la noticia se compartiera. Confiaba en su amigo, debía estar feliz por las noticias y no preocupado por un futuro incierto.
—Hinata está embarazada, Madara —confesó al fin, viendo en primera persona cómo el rostro de su amigo se quedaba pasmado. Sonrió, nunca esperó ver tal expresión en Madara—. Sí, teme, vas a ser papá. ¡Quién lo diría, ¿no?! Ésta vez sí me ganaste, tendré que apurarme para también...
Mito calló a su marido con otro codazo, era a veces tan tonto cómo para no leer el ambiente.
Madara se quedó tan sorprendido que no halló palabras para responder a las felicitaciones de Hashirama.
Giró a ver a su esposa, aun dormida, y apretó más el agarre de su mano. Fue imposible no sonreír por la noticia. Tendría un hijo. Posó la otra mano sobre el vientre oculto de Hinata, acariciándolo superficialmente e imaginando la pequeña vida que se moldeaba en el interior de ella. Cuánto deseaba que estuviera despierta, abrazarla y besarla con tanto fervor por la felicidad que le brindaba.
—Los dejaremos solos —Mito anunció su partida, llevándose a su marido con él a las afueras de la habitación—. Si Hinata despierta, por favor, avísanos, Madara.
Al salir de la habitación, Mito observó que varios se habían reunido, cuchicheando entre ellos sobre lo sucedido. Suspiró y les lanzó una mirada estricta que los disipó por los alrededores. No les podía culpar, tener a Madara Uchiha en la residencia Senju daba mucho de qué hablar, especialmente si Tobirama, con anterioridad, trajo en brazos a la esposa de éste.
—Estás preocupado —afirmó a su esposo al leerlo con facilidad.
Éste no negó lo que ella dijo y se limitó a soltar un largo suspiro.
—No sé cómo vaya a responder el Consejo ante esto...
Mito frunció el ceño.
—¿Cómo podrían ellos tener autoridad sobre un bebé que aun no ha nacido? No seas paranoico —le dio un zape en la nuca.
—Lo sé, lo sé, no me pegues, Mito-chan —se quejó Hashirama infantilmente, pero el tema a tratar dibujó seriedad en su rostro nuevamente—. Aun así no deja de preocuparme. Desde que impedí que a Hinata le pusieran la marca maldita de su clan, los Hyuga no han estado del todo de acuerdo con mis decisiones, temo que con esta nueva noticia ellos intenten algo.
—Dudo que se atrevan. Hinata ya no pertenece al clan Hyuga, ellos mismos la expulsaron, ahora es una Uchiha. Un ataque de parte de ellos podría iniciar con un enfrentamiento. Los Uchiha no se quedarán de brazos cruzados, responderán y eso los pondría en una pésima situación.
—Exacto... Y no quiero que convenzan a los demás clanes a adoptar el mismo pensamiento.
Ella suspiró, cansada de todas las complicaciones. Aun así, no señalaría a Hinata como culpable, iba a ser madre y esa era una gran bendición.
—Pues afirma tu autoridad, por algo eres el Hokage.
—No quiero hacer de esto una dictadura, mujer, quiero escuchar las opiniones de todos y llegar a un acuerdo que satisfaga a todos —dijo Hashirama, alejándose de la habitación.
—Nunca lograrás cumplir con los caprichos de todos, Hashirama —habló Mito, cortante—. Lo realmente importante es el bienestar de la aldea. Punto. Si el Consejo decide imponer algo sobre Hinata y su bebé, trata de convencerlos que tener a un usuario del Sharingan y el Byakugan será una gran utilidad para el futuro de la aldea.
—También piensas sobre la mezcla de doujutsus...
—Por supuesto. Esto no se me habría pasado por la mente de no ser por Madara e Hinata. Supongo que por esa razón la mayoría de la gente se alteró. Han estado acostumbrados a que las líneas de sangre se queden en sus respectivas cunas —Mito observó a su marido, notando lo cansado que estaba por un asunto que ni siquiera había iniciado—. No los culpo por desconfiar y tener miedo, el clan Uchiha tiene un largo camino que recorrer para ganarse al pueblo de Konoha después de sus acciones en la guerra, pero como Hokage, es tu deber asegurarles a todos que Madara no se pondrá en contra de la aldea ni buscara utilizar a su hijo para obtener el poder. Eres su amigo, ¿no? —tomó del rostro del hombre que asintió a la pregunta, viéndola con atención. Ella sonrió—. Entonces ayúdalo.
Mito le brindó un beso corto en los labios para después separarse y ajustarse sus ropas.
—Bien, iré con los demás para asegurarme que nada de lo ocurrido aquí sea compartido. Evitemos los rumores antes de que Madara haga pública la noticia.
—Hai.
—Por cierto —Mito miró a los alrededores, buscando a Tobirama—, ¿a dónde se habrá metido Tobirama? No lo veo desde hace rato.
Hashirama puso una mueca, imaginando dónde estaría su hermano. La noticia no le cayó bien, no hizo nada por detenerlo en cuanto anunció que saldría de la habitación, desapareciendo por completo.
—Probablemente regresó con sus estudiantes —justificó, esperando que eso ayudara a que Mito dejara de preguntar por su hermano.
—Supongo —la pelirroja no puso mucha atención, encogiéndose de hombros—. Bueno, si tiene hambre regresará.
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Otro árbol cayó, haciendo temblar la tierra bajo sus pies por un momento antes de levantar una cortina de humo que sumió a todo el paisaje en su dominio. Las aves salieron despavoridas y él izó la mirada al cielo, buscando calmar la respiración.
El ardor en sus nudillos por golpear los árboles no le hacía cosquillas, pero la sangre brotaba debido a los cortes. En cuanto llegara a casa sería cuestionado y él no quería dar respuestas.
Tobirama observó el escenario y halló más de un frondoso árbol caído. Se sintió mal por tratar de esa manera el trabajo de su hermano, pero si no sacaba la furia que llevaba adentro con un objeto inanimado, no sabría qué hacer.
No debería actuar así, se dijo. No existían razones del por qué huir y refugiarse en las profundidades del bosque, buscando salida a la ira que escalaba por su espalda. Quizá estaba siendo exagerado, imaginando lo peor de un niño que aun no nacía.
Se decía que sus preocupaciones recaían en el tremendo poder que el clan Uchiha ganaría con la adquisición de un heredero dueño de ambos doujutsu. Probablemente se estaba adelantando a los hechos y el bebé naciera con un solo doujutsu. Sin embargo, de ser el Byakugan, estaba seguro que el clan Hyuga exigiría ponerle el sello; naturalmente Madara se negaría y una nueva disputa acecharía la tranquilidad de Konoha.
Maldito Madara Uchiha, sus decisiones continuaban afectando aquellos a quienes le importaba. Estaba seguro que en esos momentos Hashirama estaría pensando en cómo defender a su amigo frente al Consejo de Clanes, peligrando su relación con el resto de los éstos por mostrar un claro favoritismo por los Uchiha.
Constantemente le repetía a Hashirama el mantenerse neutro sobre las decisiones internas de cada clan. Cada familia shinobi tenía sus propias reglas desde mucho antes de pertenecer a Konoha. Los Hyuga eran los más destacados, teniendo incluso en sus tradiciones un sello maldito del cual desconocía por completo su funcionamiento. La intervención de Hashirama por apoyar el matrimonio entre Madara e Hinato puso a Hiroto-san en contra de Hashirama por no respetar las leyes internas que se manejaban en la cuna del Ojo Blanco. No había hecho nada conflictivo, pero era notorio el desacuerdo en el rostro del Hyuga mayor en las reuniones que se manejaban.
La descarga de energía sobre los árboles hizo calmar a Tobirama quien aspiró aire profundamente una vez más para observar el atardecer colarse por las montañas lejanas. Pronto anochecería. Se sintió tentado a dormir en el bosque, no sería la primera vez que hacía algo similar, pero no quería preocupar a Hashirama y obligarlo a buscarlo por esos lares, sería problemático hablar con él sobre lo que padecía cuando ni él tenía idea de qué.
Cuando ayudó a Hinata y la llevó con su hermano esperó todo menos que estuviera encinta. Jamás llegó a considerar aquel suceso como un hecho factible. Pero con la confirmación de Hashirama, uno de los mejores manipuladores del ninjutsu médico, se dio cuenta de lo ingenuo que había sido sobre el matrimonio de Madara e Hinata.
La primera vez que supo acerca del compromiso de ese par, Tobirama asumió lo peor e imaginó que el Uchiha amenazó a Hinata para aceptarlo como esposo con el fin de beneficiarse así mismo y poner al clan Hyuga en una encrucijada. Estuvo dispuesto a acelerar el compromiso no oficial entre ellos, pactar con el padre de ella y casarse al día siguiente si con ello lograba salvarla, más Hinata le demostró que ella lo hacía por voluntad propia y no obligada.
Le era desconocido el cómo la cercanía de esos dos inició. Los roces entre los Hyuga y Uchihas eran increíblemente limitados debido al desprecio que los usuarios del Byakugan tenían hacia la cuna del Sharingan. Incluso Hiroto-san fue controlador con las salidas de su única hija, manteniéndola vigilada en todo momento, permitiéndole interactuar únicamente con ellos al ser aliados. ¿Cómo fue que Madara logró colarse en la vida de Hinata de esa manera?
Era un misterio del que quizá jamás sabría resolver aun usando su inteligencia y sabiduría.
El conocimiento adquirido en los pergaminos no le daría las respuestas que buscaba desesperadamente.
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Despertarse resultó agotador para Hinata quien sintió como si su cuerpo estuviera sumido en una contante tensión. La cabeza le dolía y sentía un malestar en el estómago, aun así hizo el esfuerzo por abrir los ojos y hallar una figura bastante conocida a su lado.
Le sonrió en cuanto la mirada hecha de onix de su esposo se cruzó con la suya.
—Madara-san —llamó con dulzura, sintiendo el cobijo de la mano cálida de su esposo sobre su mano.
—Me diste un susto —le dijo, acariciando su frente.
Hinata parpadeó y frunció el ceño sin entender.
—¿Uh? —asustar a Madara era una tarea imposible—. ¿Por qué? ¿Ocurrió algo...?
Madara arqueó una ceja, incrédulo de que su esposa no lo recordara.
—¿Lo olvidaste? Te desmayaste en tu salida con Suki.
—¿Lo hice...? —intentó recordar pero todo se volvió confuso en su mente, incluso Hinata hizo una expresión de dolor que consternó a Madara.
—No te sobre exijas —la detuvo, acostándose con ella, cuidando de no aplastarla—, lo importante es que estás bien.
—Lamento preocuparlo —susurró al tenerlo cerca, viéndolo mejor. Llevó una de sus manos hasta su mejilla, acariciándola—. Debí haberle causado problemas por mi culpa.
—No lo hiciste, es normal que un esposo se preocupe por su esposa —le dijo entre susurros—. Especialmente en tu estado.
—¿Mi estado? —Hinata frunció sus cejas ligeramente—. Madara-san, le he repetido miles de veces que estoy perfectamente bien. No entiendo su manía y la de Umiyashi-san en pedirme que descanse. E-Es cierto que me he sentido cansada estos días, y seguramente con el desmayo no pueda evitar que los dos se preocupen por mí, pero le aseguro que...
Madara soltó una risa que la interrumpió, mirándolo con irritación de que no tomara en cuanta sus palabras.
—No se ría, estoy hablando en serio.
—Ni siquiera me dejaste terminar y ya me estás atacando.
—S-Sé lo que me va a decir, solo me adelanto...
—No importa que tan fuerte te sientas, Hinata, eso no impedirá que quiera protegerte —Madara soltó su mano y la posó sobre su vientre—, especialmente ahora que cargas a nuestro hijo.
Cualquier reclamo directo a Madara, Hinata se lo tragó para observar, absorta, el rostro de su esposo, esperando encontrar en sus facciones una señal de que mentía, o que lo dicho era parte de una de sus bromas. Empero él continuaba sonriéndole, pero de manera distinta, más dulce, orgullosa y plena, viéndola con una adoración infinita que le pintó las mejillas de rosa.
El calor en su vientre la hizo posar una de sus manos por encima de la Madara, pensando en sus palabras, repitiéndolas una y otra vez en su mente hasta que pudo creerlas.
No pudo evitar sollozar ante la noticia.
—¿E-Es verdad? —susurró sin creerlo, mirando de regreso a Madara quien solo la apegó más a él—. Seremos padres —afirmó, sonriendo sin poder evitarlo y pegar su rostro al pecho de Madara.
—Uhm —respondió él—. Hashirama lo confirmó.
Hinata no reclamó su falta de entusiasmo, le conocía y por el modo en que su sonrisa lograba ampliarse, Madara estaba feliz.
No habían planeado nada al respecto, ni siquiera discutido el tema sobre traer descendencia al mundo y con ello el inicio de una nueva generación en el clan Uchiha. Se aseguraba de guardar el tema para otro momento en que los asuntos familiares de Madara pudieran ser puestos a un lado y ellos pudieran hablar con seriedad sobre el tema.
Pero ahora ella esperaba un bebé.
No sospechó nada al respecto, asumiendo naturalmente que el retraso en su ciclo se debía a la tensión en la Casa Principal y cómo resultaban las reuniones a las que su esposo asistía con el fin de buscar el bienestar del clan Uchiha. Umiyashi había sospechado en cuanto la escuchó regresar el desayuno una mañana, dándole una mirada de pies a cabeza, fijándose en sus caderas, más no le dio importancia al tema.
Desde el primer día de bodas, Madara usó las noches como su etapa favorita para hacerla suya en el futon, incluso aventurarse a otros sitios más abiertos, disfrutando de la vergüenza de Hinata ante la idea de que alguien los hallara en tales situaciones. Se preocupó en un principio de embarazarse, especialmente si Madara no estaba de acuerdo en iniciar con su paternidad, pero viendo que, pese a la frecuencia de sus encuentros sexuales, ella no quedaba embarazada, asumió que el ciclo con la Luna y el propio no estaban concordando naturalmente.
Estaba feliz. Iniciar una familia había sido uno de sus sueños. El que fuera capaz de cumplirlo al lado del hombre que amaba lo consideraba como una bendición dada por los dioses.
Realmente Hinata esperaba que la llegada de su bebé marcara una nueva etapa en sus vidas.
—¿Te sientes capaz de viajar? Si no es así, me quedaré contigo hasta que puedas ponerte de pie.
—Uhm —Hinata negó—. No quiero importunar a Hashirama-sama. Ya ha hecho suficiente por mí. Además, me sentiría más cómoda estando en nuestro hogar, Madara-san.
Accedió a la petición de su esposa y con cuidado la tomó entre brazos, sintiendo los brazos de ella abrazarle por el cuello. Pegó su frente contra la de ella, haciendo a Hinata reír y salieron por la puerta. Sería fácil irse sin avisar, pero Hashirama se merecía el agradecimiento. No entendía por qué reaccionó cómo lo hizo cuando quiso saber desde un principio el estado de su mujer, más eso no importaba ahora que tenía a Hinata en sus brazos con la completa certeza de que ella estaba bien.
—Nos retiramos a casa —anunció cuando estuvo presente en la sala común donde Hashirama estaba junto con Mito—. Hinata descansará mejor en nuestro hogar.
—Te dije que nos avisaras cuando despertara, Madara, no cuando se fueran —se quejó Mito, pero viendo cómo cargaba a su esposa no pudo enojarse. Le sonrió a Hinata—. Hinata, muchas felicidades.
—Uh, g-gracias, Mito-sama —respondió la joven matriarca, avergonzada por la posición en la que estaba—. También gracias a usted, Hashirama-sama.
—Para nada, para nada —Hashirama rascó su nuca, riendo por la muestra de agradecimiento de la joven—. Pero si quieren hacerme padrino del bebé, yo no me opongo, ¡es más, tengo muchas opciones de nombres que...!
—No, Hashirama —cortó de forma inmediata Madara cuando su amigo ya quería hacerse cargo del nombre de su hijo o hija—, tienes pésimas ideas. Fue un milagro que la aldea no se llamara cómo lo propusiste la primera vez.
—Vamos... —Hashirama se quejó—, la Aldea del Gran Hashirama no era tan mala idea...
—Gracias por impedirle hacer algo tan humillante para las futuras generaciones —musitó Mito al escuchar la opción.
Madara rio.
—Entonces nos retiramos —anunció Madara, viendo a su amigo, sintiendo un enorme agradecimiento hacia él—. Pasen buena noche.
—Uh, Madara —antes de que su amigo se retirara, Hashirama lo detuvo, haciendo que éste le mirara.
—¿Hm?
—¿Podrías mañana pararte por la Torre Hokage? Para discutir sobre algo.
Hinata miró a su esposo, notando el desconcierto. Pocas veces Hashirama-sama llamaba a Madara a su despacho, generalmente lo hacía cuando había un tema serio que discutir, especialmente sin la presencia del resto de los clanes.
—Debe ser importante para que yo sea el único que asista —Madara vio el lado derecho de Hashirama vacío—, especialmente sin tu hermano estar presente.
Hashirama asintió con una mueca seria y él aceptó.
—Iré, estaré puntual —aseguró, tomando mejor a Hinata—. Si eso es todo, nos vamos.
—Claro, vayan con cuidado —Hashirama se despidió de ellos, viéndolos alejarse por el extenso pasillo hasta que ninguna de las dos figura se logró divisar.
Mito le miró.
—¿Hablarás con él sobre tus inquietudes?
—No del todo, solo pedirle que, en caso de que el clan Hyuga exija algo, me prometa que no hará nada que ponga en peligro el bienestar de la aldea.
Ella volvió a sentarse sobre el cojín e invitó a su esposo a hacer lo mismo.
—¿No podrías darle tiempo para que disfrute la dicha de que será padre? Ni siquiera tiene un día que Madara sabe sobre la noticia y ya mañana le anunciarás las posibles consecuencias del nacimiento de su hijo, especialmente si nace con ambos doujutsu.
—Me gustaría adelantarme y ver las soluciones a cualquier problema —confesó Hashirama, pensando en su amigo y en Hinata—. Estoy seguro que si hablo con Madara, antes de que los clanes se enteren, algo se me ocurra para evitar que haya una explosión que azote a toda Konoha.
—Para eso pídele consejo a Tobirama, estoy segura que él sabrá qué decirte...
—No creo que sea lo indicado —dijo Hashirama, llamando la atención de Mito.
—¿Uh? ¿Acaso no piensas pedir la opinión de Tobirama sobre el asunto? Es tu mano derecha.
—Y confío en él, es mi hermano, ha estado a mi lado por toda la vida. Pero —él removió la taza con el té humeante al sentirse atrapado por Mito—, en estos momentos no creo que Tobirama sea la persona adecuada para aconsejarme sobre este tema en particular. Así que lo dejaré fuera, temporalmente.
—No entiendo del todo tus razones, Hashirama —dijo Mito, apoyando su mejilla contra el brazo del Senju—, de hecho dudo la mayoría del tiempo sobre tus procesos, pero al final funcionan, así que me toca tener esperanza de que esto funcionará igual.
Hashirama hizo un puchero.
—Mito-chan, tienes tan poca fe en mí.
