-N/A: ¡Hola! Sé que ha pasado año y medio, así que espero que podáis perdonarme por la tardanza. Me tomo mi tiempo, pero os prometo que terminaré el fic. De todas maneras, me alegra mucho ver que a pesar del tiempo, seguís apoyándome. ¡Bienvenidas aquellas que han llegado en estos meses!

Resumen de cómo terminó el capítulo anterior (he tenido que releerme el fic, yo tampoco me acordaba xd): Draco y Hermione habían sido invitados a La Madriguera, Ron se presentó sin avisar y Draco y él terminaron peleándose. El capítulo termina con Hermione besando a Draco.

¡A leer! N/A-


LAS SEIS ETAPAS DEL AMOR


VIII. Amantes (segunda parte)

Al principio Draco no reaccionó, porque en su mente era imposible que el escenario que se había imaginado millones de veces acabara de hacerse realidad.

Lento, fue muy lento.

Para cuando sus manos se movieron, Hermione ya se había apartado y lo miraba con los ojos muy abiertos, como si acabara de cometer el peor error de su vida.

—Lo siento, lo siento, no… —Se llevó una mano a la boca y empezó a retroceder.

Era algo que Draco no iba a permitir. No después de haber probado lo que era un beso de verdad en vez de uno orquestado para convencer a un público.

Se acercó hacia ella al tiempo que ella daba algunos pasos hasta atrás hasta que dio con la encimera de la cocina y se dio cuenta de que se había quedado sin posibilidad de huida.

Draco apoyó las manos a ambos lados de Hermione y se inclinó. La bruja había enrojecido y mantenía la mirada clavada en algún punto en el suelo.

—¿Qué es lo que sientes exactamente? —preguntó el mago en voz baja.

Observó con satisfacción cómo a la bruja le costaba mirarlo a los ojos, y cuando lo hizo la analizó hasta estar seguro de que lo que iba a hacer sería bien recibido.

La confirmación le llegó cuando los ojos marrones de Hermione bajaron hasta sus labios y entreabrió los suyos, como si buscara qué decir pero no encontrara ninguna respuesta lo suficientemente creíble.

Draco sonrió brevemente antes de que sus bocas colisionaran. Hermione tardó un par de segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo pasó las manos por el cuello del mago y entreabrió los labios para besarlo mejor. Draco soltó un gemido cuando sintió que hacía eso.

Sus manos recorrieron la espalda de Hermione y la alzó por la cintura para sentarla en la encimera. Durante esos breves segundos separados se quedaron mirándose, con la respiración agitada y los labios enrojecidos. La mirada de ella se posó en la boca de Draco mientras se mordía el labio interior y el mago intuyó lo que quería, aunque no tuviera el valor de verbalizarlo.

Pero no pasaba nada, él tenía suficiente valor por los dos. O ganas, dependiendo de cómo se viera.

Mientras la besaba, dejó que sus manos le acariciaran el cuello y subieran hasta el pelo. Desde hacía más tiempo del que admitiría había tenido la duda de si el pelo de Hermione sería suave o se enredaría con sus dedos, pero ¿qué importaba eso? Lo importante era que estaba cumpliendo aquello que anhelaba desde que Hermione se había mudado con él.

Desde siempre en realidad.

Después de lo que parecía una eternidad concentrada en un solo segundo, Draco se separó de ella y retrocedió un par de pasos. La bruja lo miró con curiosidad, inspirando profundamente y con las mejillas y el cuello teñidos de rojo.

El mago le ofreció una mano y contuvo el aliento, expectante. Sabía que no haría nada más si ella se negaba, pero también sabía que se volvería loco si no lo intentaba.

Cuando ella aceptó su mano, volvió a sonreír mientras la conducía a su habitación.


Hermione removía la taza de té lentamente, con la mirada perdida mientras Ginny hablaba.

—Pues he estado pensando en dejar a Harry y fugarme con Tom, ya sabes, el del Caldero Chorreante.

Hermione frunció el ceño y detuvo el movimiento circular de su mano. Parpadeó varias veces mientras miraba a Ginny con perplejidad.

—¿Perdona?

Ginny levantó las manos al cielo.

—¡Por fin! Llevo cuatro historias como esta y ni te has inmutado. Empezaba a pensar que te habías convertido en un autómata.

La bruja se sintió culpable al instante. Había sido ella la que había propuesto ir a tomar el té porque necesitaba contarle a Ginny lo que había pasado con Draco, pero una vez en la cafetería no había encontrado la manera y se había perdido en sus pensamientos.

—Lo siento —suspiró.

Ginny levantó una ceja con perspicacia y se enganchó un mechón suelto tras la oreja.

—Te perdono porque hoy invitas tú —dijo con una sonrisa de suficiencia—. Y porque necesitaba salir un rato y hablar con alguien que no fuera Harry o alguien con mi mismo apellido. O James, claro, pero nuestras conversaciones son más bien monólogos. —Al ver que Hermione abría la boca para intervenir, levantó una mano—. Y sí, todavía no has preguntado por él y lo sientes, pero está bien, así que no te preocupes. Desde luego él no está dándole vueltas a algo, como tú. —La pelirroja apoyó un codo en la mesa y el mentón en su mano mientras la miraba de manera suspicaz—. ¿Me lo vas a contar ya?

—Ser madre te ha vuelto muy lista —replicó Hermione. Bajó la mirada a su taza y empezó a remover el té de nuevo—. El otro día Draco y yo nos acostamos.

Cuando consiguió reunir el valor para mirar a su amiga, esperaba verla sorprendida como mínimo, pero Ginny la miraba como esperando que continuara hablando.

—Ah —fue lo primero que salió de sus labios—, ¿pero que todavía no lo habíais hecho?

—¡Ginny!

—¿Qué? —se defendió su amiga—. ¿Se suponía que me tenía que creer que ibais a llevar esto como un negocio? ¿Viviendo juntos todos estos meses? Todos hemos visto cómo os miráis —añadió en tono cómplice—. Además, esto lo negaré ante el Wizengamot si alguna vez sacas el tema, pero Draco Malfoy es muy guapo. Habría que estar ciega o muy enamorada de otro, como yo —se llevó una mano al pecho en tono orgulloso— para no darse cuenta. Harry y yo pensábamos que llevabais durmiendo juntos como mínimo dos meses.

Hermione estaba consternada.

—¿Harry y tú tenéis conversaciones sobre nosotros? ¡Sois lo peor!

—Sí, sí, lo que quieras llamarnos, pero vamos a lo importante —la apuntó con la cucharilla y sonrió—: ¿cómo fue?

Hermione miró a su alrededor antes de inclinarse hacia delante.

—Tienes suerte de que estemos en un lugar muggle o te lanzaría una maldición —susurró.

Ginny, que se había inclinado también esperando una respuesta jugosa, puso cara de decepción.

—No vale solo dejarlo caer, me merezco los detalles.

—¡Ginny! —exclamó Hermione, avergonzada, pero no pudo evitar reír. Suspiró—. ¿Qué hago ahora?

—Depende. ¿Qué hicisteis después de…?

Hermione rememoró aquella tarde. Ella había hecho el intento de irse, pero Draco la había mantenido entretenida hasta bien entrada la noche y al final se había dormido en sus brazos. Afortunadamente, se había despertado antes de él y se había ido al trabajo antes de que él se levantara.

—Me he puesto roja, ¿verdad? —preguntó, llevándose una mano a la mejilla. Ginny estaba sonriendo de oreja a oreja—. Nada. Nos fuimos a trabajar y no hemos vuelto a sacar el tema.

Su amiga se cubrió los ojos con una mano y negó con la cabeza.

—Casi treinta años. Increíble. Recuérdame esto el día que te propongan como Ministra: no pienso votarte.

Hermione soltó una carcajada.

—El cargo de Ministro no se somete a votación popular.

—Harry tiene influencia, haré que te despidan. Por tonta.

—¡Oye! ¿Por qué es culpa mía?—exclamó. Al ver que la gente a su alrededor empezaba a dedicarles miradas poco disimuladas, carraspeó y bajó la voz a un tono normal—. ¡Draco tampoco ha dicho nada!

Ginny negó con la cabeza otra vez y frunció los labios en un mohín de decepción.

—¿Y desde cuándo Hermione Granger necesita que alguien le diga qué hacer?

Eso era verdad, pero Draco tenía una influencia en Hermione que no sabría cómo describir. A veces sentía que estaba con un extraño, pero otras veces era como si se hubieran conocido de toda la vida. O como si se hubieran llevado así de bien toda la vida, para ser más exactos. Desde luego, nunca la había dejado indiferente.

—Hermione —la seriedad con que Ginny la había llamado la sobresaltó. Su amiga la observaba con expresión reflexiva—, ¿no te estarás enamorando?

Hermione abrió los ojos como platos y soltó una risa demasiado exagerada para que a Ginny le sonara natural.

—¡¿Te has vuelto loca?! —Se cruzó de brazos —. Tengo treinta años, puedo acostarme con alguien sin que haya sentimientos por medio.

Ginny puso los ojos en blanco.

—No te hagas la lista conmigo. —Dio un trago a su té mientras clavaba sus ojos oscuros en su amiga—. No sería sorprendente. El roce hace el cariño, eso dicen.

—No, gracias. Estoy bien así.

—No todo el mundo es como Ron, por suerte. —Ginny suspiró—. Es mi hermano, pero nunca fue el mejor novio del mundo. De hecho, nunca entendí por qué durasteis tanto. —Ante la mirada escandalizada de Hermione, añadió—: ¿Qué? O sea, Ron puede ser adorable según en qué cosas, pero llega un punto en que una disculpa y un «te quiero» no justifican tantos despistes o desplantes.

Hermione frunció el ceño, pero en el fondo, si se paraba a pensarlo, sabía que su amiga tenía razón. Cuántas veces a lo largo de los diez años de relación había tenido que conformarse con un «Lo siento, cariño, se me ha olvidado. Te prometo que la próxima vez te lo compensaré». Pero esa siguiente vez nunca llegaba. Al final, Hermione se había acostumbrado y se decía que no le importaba. Ron la quería, eso era lo más importante. O eso se había repetido hasta la saciedad. Ron, como amigo, tenía sus defectos, pero era la persona más leal y considerada con la que podías encontrarte. Como pareja… bueno, no hacía falta analizarlo mucho para saber la respuesta.

Draco era distinto. Se preocupaba por ella, se encargaba de que estuviera cómoda allá donde fueran, tenía detalles.

—Aun así, es muy distinto estar enamorada de alguien y que te guste que te presten atención —argumentó.

Ginny sonrió.

—Eso es verdad. ¿Y tú en qué punto estás?


Hermione seguía pensando en la conversación con Ginny mientras cortaba las verduras para la cena y cuanto más repetía la conversación en su cabeza, más tonta se sentía.

Estaba exagerando, claramente, pero nunca se había tenido que enfrentar a una situación similar y ella no era tan pragmática como Ginny. Sus experiencias sentimentales en la adolescencia se habían limitado en algún beso casto con Viktor Krum (al cual tenía que escribir, se habían prometido hacía tiempo ponerse al día y Hermione todavía no había encontrado el momento); huir de Cormac McLaggen cuando por algún extraño motivo se había empecinado en intentar meterle la lengua hasta la campanilla; y suspirar por Ron mientras él la ignoraba. Después empezaron a salir juntos y así había pasado casi todos sus veinte años.

Con Draco era distinto. Por supuesto, no podía llamarse a lo que tenía «una relación» —sin tener el cuenta el anillo de compromiso que llevaba en el dedo—, pero ahora que ya se habían acostado ya habían hecho prácticamente todo lo que cualquier pareja normal. Excepto que no había sentimientos entre ellos.

—¡AY!

Hermione, que había estado absorta en sus cavilaciones, se había cortado sin querer. Dejó el cuchillo y siseó al ver la herida que se había hecho en el índice.

—¿Estás bien?

La bruja soltó un grito al oír la voz y se giró cuchillo en mano hacia su origen. Draco levantó las manos mientras contenía una carcajada. Hermione lo fulminó con la mirada.

—¡Me has asustado! —lo increpó mientras dejaba el cuchillo y levantaba la mano para que la sangre no goteara en el suelo.

—Te noto alterada. —Draco se acercó—. Déjame ver.

Le cogió la mano del corte y le limpió la sangre del dedo con su pañuelo. Hermione tenía la mirada clavada en su cara, pero cuando él levantó los ojos para clavarlos en ella, carraspeó y se miró la mano.

—¿Cuál es el diagnóstico, medimago Malfoy? —bromeó.

—Medimago Malfoy… me gusta cómo suena —dijo mientras se sacaba la varita de la túnica—. Si me canso del Ministerio, ya sé lo que haré. —Murmuró un hechizo simple de curación y levantó la mano de Hermione a la altura de su rostro mientras sonreía satisfecho—. Se me da muy bien.

Tenía una sonrisa muy bonita.

Hermione parpadeó varias veces, forzándose a parar de admirarlo así. Él enarcó una ceja, observándola, pero no dijo nada.

—Gracias —musitó ella.

¿Era impresión suya o Draco le había acariciado la mano suavemente con el pulgar antes de soltarla? Se giró, tiró el cuchillo a la pila y cogió uno limpio. Sí, debía de habérselo imaginado.

Estaba segura de que si se mirara al espejo, estaría roja. Menos mal que Draco no podía verla.

—¿Qué estás preparando?

«Basta ya, Hermione, estás siendo ridícula. No puede ser que os acostéis una vez y ya no sepas cómo actuar en su presencia».

—Fajitas. —Puso todo su empeño en sonar natural—. Espero que te gusten. Aunque no sé si tu lengua podrá soportar tanta intensidad.

No sabía en qué mundo se le había ocurrido que podía decir eso sin recordar a Draco entre sus piernas, obligándola a mirarlo mientras la llevaba al límite.

—Tranquila —sentía el cuerpo del mago tras ella, tan cerca que si se girara chocaría contra su pecho—, podré soportarlo.

Hermione dejó el cuchillo sobre la encimera bruscamente y apartó.

—Tengo que ir al baño. ¿Puedes terminar de cortar las verduras tú?

No esperó una respuesta y fue al baño casi corriendo. Una vez dentro, se apoyó en la puerta y cerró los ojos, respirando lentamente para tranquilizarse.

Fue al lavabo y se miró en el espejo.

—Estás siendo ridícula, Hermione —murmuró—. Te has enfrentado a mortífagos, arañas gigantes, un trol, casi te matan más veces de las que puedes contar con una mano. ¡Échale valor!

Sí, se sentía mejor después de darse ánimos a sí misma. Se irguió y levantó el mentón, ignorando que las manos le temblaban ligeramente. Las cerró en un puño e inspiró hondo, obligándose a tranquilizarse.

Oyó un golpeteo en la puerta.

—¿Hermione? ¿Estás bien?

—Sí, sí —respondió. Esperaba que a través de la madera no se notara que la voz le había salido estrangulada.

Se llevó una mano a la mejilla, esperando que no se notara que había enrojecido, y se armó de valor para abrir la puerta. Draco estaba delante, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—¿Segura? —La bruja sonrió y asintió, pero él no parecía convencido—. ¿Es por lo que pasó el otro día?

Hermione estuvo a punto de soltar una palabrota en voz alta; ¿tan evidente era su expresión? No le gustaba que el slytherin fuera capaz de leerla con tanta facilidad. La dejaba en desventaja.

—No. O sea…

Draco rio.

—Creo que le estás dando demasiadas vueltas. —Hermione se quedó mirándolo—. No tiene por qué significar nada. Somos los mismos de siempre, ¿no?

Si Hermione hubiera sabido leerlo mejor, habría notado el deje de anhelo en su voz. Sin embargo, lo interpretó como un intento por normalizar la situación.

—Sí, claro —respondió ella.

¿Era decepción la punzada que había sentido?

—Pues ya está. —Draco se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros. Esbozó una sonrisa ladeada—. Aunque yo no me negaré si quieres repetir.

Hermione decidió usar la lógica que tantas veces la había ayudado. Claramente lo que le había pasado era que no estaba acostumbrada a recibir tanta atención masculina y se le había subido a la cabeza.

Bufó en broma.

—¿Has cortado las verduras?

—He pensado que no quería arrebatarte el honor de preparar tú la cena. Se te veía tan concentrada…

La bruja le dio un golpe amistoso al pasar.

—Claro, que la mujer se encargue.

—¿Una copa de vino servirá para compensarlo?

—¿Blanco?

—Claro, el que más te gusta.

Mientras cocinaba, Hermione prestaba media atención a lo que Draco le estaba contando mientras reflexionaba sobre cómo iba a sobrellevar un matrimonio de conveniencia si había alguna posibilidad de que se enamorara de él.


Hermione, que había bajado a tomar un café, subió corriendo a la oficina, donde Draco seguía, con una nota en la mano.

—¡Draco! —lo llamó.

Él, al verla sin resuello y agitada, se levantó.

—¿Qué pasa? ¿Estás bien?

—¡Ya ha nacido! —Draco parpadeó varias veces, mirándola claramente sin tener ni idea de qué hablaba—. ¡El bebé de Lavender!

Draco puso los ojos en blanco y volvió a sentarse.

—Genial. Luego miramos qué flores mandarle. —Hermione se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada mientras observaba cómo cogía su pluma y seguía trabajando. Al notar la mirada, levantó la cabeza—. ¿Qué?

—Vamos a ir a visitarla. —No era una sugerencia.

Por algún motivo extraño, Hermione sentía una conexión con Lavender. Quizás fuera porque Ron se había portado mal con las dos, pero al menos ella no tendría un vínculo de por vida con él.

Los pensamientos de Draco iban por los mismos derroteros.

—Claro, faltaba más. Tienen que reunirse las miembros del Club de Damnificadas por Ronald Weasley. No bastaba con invitarla a la boda —dijo con sarcasmo.

Los futuros novios habían estado discutiendo durante dos tardes enteras sobre a quién iban a invitar a la boda; al final, Hermione había invitado a toda su familia y amigos, mientras que Draco se había limitado a aquellos que se tomarían como una ofensa no asistir.

—Como no vengas, la cancelo —lo amenazó. Era un farol, pero puso su cara más severa mientras se enfrentaba a la mirada de él.

Draco suspiró mientras se levantaba.

—Pasemos antes por una floristería. Queda feo visitar a alguien con las manos vacías.

Hermione sonrió.

—Sabía que entrarías en razón.

—Con una mujer tan manipuladora como tú, cualquiera se niega —replicó él con una sonrisa.

—¡Oye! No soy manipuladora —Draco la dejó salir primero mientras se ponían los abrigos y luego aceptó el brazo que él le ofrecía—, solo te ayudo a ver cuál es la mejor opción.

El mago rio, le cogió la mano que reposaba en su brazo y le dio un beso en el dorso.

—Por supuesto que sí, querida.

Hermione se estremeció.

—Seguro que tu padre llama así a tu madre. No me gusta cómo suena.

—Manipuladora y también exigente. El Sombrero Seleccionador se equivocó contigo.

Cuando llegaron al hospital, ramo de tulipanes en mano, se cruzaron con los padres de Lavender, que les indicaron que su hija estaba descansando pero despierta.

—Adelante.

Lavender estaba sentada, recostada sobre la almohada. Parecía cansada, pero contenta. Sonrió al verlos entrar.

—¡Felicidades! —exclamó Hermione. Se acercó a ella y se dieron un abrazo suave—. ¿Cómo estás?

—¡Uff, creo que no había hecho un esfuerzo tan grande desde…! —la bruja se quedó pensando y rio—. ¡Nunca! —Hermione sonrió al ver que Lavender parecía haber recuperado su alegría habitual—. Lo malo es que se han llevado a Daisy para hacerle un par de pruebas rutinarias, no sé si la podréis ver.

—Vaya. —Hermione no pudo evitar la decepción; a pesar de que nunca había sentido especial atracción hacia la idea de tener hijos, los bebés le parecían adorables—. Bueno, no pasa nada, iremos a visitarte cuando estéis en condiciones.

Le hizo una seña a Draco para que se acercara. El mago le tendió a Lavender el ramo de tulipanes con una sonrisa galante.

—Enhorabuena.

Lavender aceptó el detalle y lo observó durante unos segundos antes de soltar una risita.

—Si me llegan a decir hace quince años que Draco Malfoy estaría felicitándome por mi maternidad, no me lo habría creído ni borracha.

—Yo tampoco, si te soy sincera.

—¡Draco! —lo reprendió Hermione, dándole un codazo.

—¿Qué? Lo importante es que ahora estamos todos juntos aquí en harmonía. Bonito nombre, por cierto.

Lavender sonrió.

—¿Sí, verdad? He pensado que estaría bien seguir la tradición de la familia. Mi abuela se llama Rose, mi madre Heather y yo Lavender. Como sigamos así nos vamos a quedar sin flores.

Llamaron a la puerta en ese momento. Un enfermero entró con una cuna con ruedas.

—¡Justo a tiempo! Mirad qué cosita.

Con la bebé al lado de su cama, Lavender se quedó encandilada mirando a su hija. Hermione se inclinó hacia delante para verla bien. Era como cualquier recién nacido más, pero por la mirada de la madre, parecía que ningún otro niño fuera a ser tan querido como ella. Se emocionó ante la imagen.

—¿Queréis cogerla? —ofreció Lavender. La cogió con todo el cuidado del mundo y se la ofreció a Hermione—. Tranquila, no se va a romper.

Hermione colocó los brazos como le indicaba Lavender y se tensó al notar el peso de la niña. ¿Y si se le caía sin querer? Pero Daisy parecía estar muy tranquila, porque se removió y movió las manitas. Draco se acercó para verla bien y empezó a jugar con una de las manos. La niña le cogió un dedo.

—Vaya, parece que le caes bien.

Hermione observó a Draco ablandarse, aunque carraspeó y volvió a ponerse serio.

—Apenas tiene un día de vida, seguro que no se está enterando de nada.

Las dos brujas pusieron los ojos en blanco.

—Seguro que cuando tengáis uno vosotros, no dices esas cosas.

Hermione se quedó congelada, sin saber qué decir. Sin embargo, no tuvo tiempo de decir nada, porque llamaron a la puerta.

—¡Adelante!

Cuando la puerta se abrió, se hizo un silencio tenso. Ron estaba en el umbral de la puerta con un ramo de rosas en la mano y expresión de haber visto un fantasma.

Hermione inspiró hondo.

—Creo que será mejor que os dejemos solos.

Le devolvió la niña a la madre y la miró a los ojos. Lavender asintió; se había puesto muy seria, pero era una conversación que debía ocurrir tarde o temprano.

Ella y Draco se encaminaron hacia la puerta, pero Ron no se apartaba, así que tuvieron que detenerse. Hermione contuvo la respiración, pero le sostuvo la mirada a Ron. Él no tardó en ponerse rojo.

—Me alegro de verte —dijo Ron. Hermione sintió una mano de Draco en el hombro, ante lo que Ron torció ligeramente el gesto; sin embargo, se repuso pronto y volvió a esbozar una media sonrisa—. Si no te importa, me gustaría invitarte a un café algún día.

Hermione suspiró. Solo había tardado seis meses en comportarse como un adulto.

—Claro.

Cuando cerraron la puerta, Hermione se detuvo tras unos pasos y miró a Draco con una ceja enarcada.

—¿Y eso qué ha sido?

Draco, con las manos en los bolsillos, negó con la cabeza.

—No sé de qué hablas.

La bruja contuvo una sonrisa y lo apuntó con el dedo.

—Estabas celoso.

Él resopló.

—¿De Ronald Weasley? ¡Ni en sus sueños!

—Ajá. —Hermione entrelazó su brazo con el de él y siguieron andando—. Lo que tú digas.


No sabía por qué, pero a Hermione le daba la sensación de que el tiempo empeoraba cuando pisaba la mansión de los Malfoy. Como si al cruzar la verja de esa propiedad, la alegría descendiera un cincuenta por ciento y el cielo fuera consciente de ello.

—No tenemos por qué hacer esto —le recordó Draco por enésima vez.

Hermione negó con la cabeza y entrelazó sus dedos con los de él, dándole un apretón cariñoso en la mano.

—Son mis futuros suegros, vamos a hacer un último esfuerzo. Si lo de hoy va mal, no te prometo querer volver a tomar el té con tu padre —bromeó—. Con tu madre sí, tu madre me cae mejor.

El día anterior habían recibido una carta de Narcissa Malfoy en la que los invitaba a tomar el té y añadía que su marido quería hacer las paces con ellos. Por la mandíbula apretada de Draco, no confiaba en la buena fe de su padre.

Narcissa los recibió con su elegancia y amabilidad habituales, pero teñidas de alivio.

—Me alegro de veros. —Dio un abrazo a su hijo y luego a Hermione—. Pasad.

Lucius Malfoy estaba en el salón, sentado en su butaca habitual con el bastón en una mano. Al verlos entrar, su mirada tardó unos segundos en llenarse de calidez.

—Gracias por aceptar la invitación. —Eran palabras que no imaginaba escuchar nunca de esos labios. Su sorpresa debió de reflejarse en su cara, porque Lucius rio entre dientes—. Comprendo la reticencia. —Miró a Draco—. Hijo. —Abrió los brazos, pero Draco se sentó en el sofá en vez de acudir a su encuentro—. Bueno, es demasiado pronto.

—Bueno, ¿qué quieres? —Draco fue directo al grano, ignorando la mirada de Hermione—. No quiero que las pastas se me indigesten.

Hermione miró a Narcissa buscando ayuda, pero la bruja mayor negó disimuladamente con la cabeza. No era algo que ellas pudieran solucionar.

—Vaya, directo al grano. Bien, hagámoslo así. —Los ojos grises de Lucius se posaron entonces en Hermione—. Quería disculparme por mi… poca educación. Después de muchas conversaciones con mi esposa —Narcissa sonrió y asintió, como dándole ánimos, pero él no la miró— he entendido que poco puedo hacer yo en la elección de mi hijo. Si él es feliz, yo me doy por satisfecho.

No era el tipo de disculpa que Hermione había esperado, pero suponía que no podía pedirle más a Lucius Malfoy.

—Gracias.

Draco hizo amago de levantarse.

—Bueno, si eso es todo…

Hermione tiró de él para que se sentara otra vez y le lanzó una petición silenciosa con la mirada. Por qué estaba empeñada en que Draco se llevara bien con su padre era algo que no llegaba a entender.

—Si os parece bien, y ya que no habéis celebrado vuestro compromiso como es debido, a tu madre y a mí nos gustaría celebrar una fiesta en honor de vuestro compromiso.

Hermione abrió los ojos como platos y Draco enarcó una ceja con desconfianza. Ambos miraron a Narcissa para corroborar lo que habían escuchado.

—No es necesario deshacerse de todas las tradiciones, hijo. Algunas no hacen daño a nadie. —Narcissa miró entonces a su futura nuera—. Si a Hermione no le importa tener que aguantar durante toda una noche a los amigos aburridos de tu padre.

Hermione sonrió educadamente.

—Claro que no.

Lucius Malfoy le devolvió la sonrisa.

—Perfecto.

Hermione esperaba de todo corazón que el gesto fuera sincero. Era difícil confiar en una serpiente que ya te había mordido una vez.


-N/A: ¿Qué os ha parecido? Ya estamos en la recta final, concretamente faltan dos capítulos para terminar. Próximamente veremos a Hermione aclarar sus sentimientos ;)

¡Hoy hace cuatro años que empecé este fic, feliz aniversario! (Soy terrible)

¿Me dejáis un review? N/A-

MrsDarfoy