-N/A: ¡Hola! Yo creo que ya no hay nadie por aquí, pero voy a actualizar de todas formas ahora que por fin he conseguido terminar el capítulo :D Espero que os animéis a leer y comentar (yo recomiendo un rápido vistazo al capítulo anterior para saber dónde nos quedamos jeje), sobre todo ahora que solo quedan ¡dos capítulos! N/A-


LAS SEIS ETAPAS DEL AMOR


IX. Amantes (tercera parte)

Draco no había planeado pasar la noche del viernes en el Callejón Diagon, pero allí estaba, arrastrado por esa gentuza a la que llamaba amigos. Se habían presentado en su casa sin avisar y los habían obligado a él y a Hermione a acompañarlos al Caldero Chorreante; para cuando había terminado de protestar, ya tenía delante un whiskey de fuego y el brazo de Blaise por encima de sus hombros.

—¡No pongas esa cara, hombre! ¡Cualquiera diría que no te alegras de vernos!

Draco ignoró la sonrisa desenfadada de su amigo y le dio un trago a su bebida; había planeado sugerirle sutilmente a Hermione que salieran a cenar a algún lugar bonito, pero ahora ya era demasiado tarde.

Miró a Hermione, a quien Pansy había acaparado desde que habían puesto un pie en el bar. La bruja fruncía el ceño levemente mientras parecía sopesar algo que Pansy le había dicho.

—Tranquilo, que no te la vamos a robar. —Theo, sentado a su otro lado, sonreía burlonamente—. Solo queremos comprobar que no se esté casando contigo en contra de tu voluntad.

Draco puso los ojos en blanco.

—Recordadme otra vez por qué os he invitado a mi boda.

Blaise rio y lo sacudió fuertemente por los hombros.

—Porque todos aquí somos bastante insufribles y, por tanto, solo nos aguantamos entre nosotros. ¿Quién más querría ser amigo de una asesina en potencia —señaló a su mujer—, un slytherin reformado con aires de grandeza —el dedo se dirigió ahora a Draco—, un ermitaño que solo se digna a vernos una vez cada mil años —Theo— y un vago que vive de la fortuna familiar? —terminó dándose golpecitos en el pecho con una sonrisa completamente satisfecha.

—¿Qué me has llamado? —la voz gélida de Pansy llegó hasta ellos. La bruja repiqueteaba las uñas contra la mesa mientras miraba a su marido con los ojos entornados.

Pero Blaise, que siempre había afirmado que lo que más le gustaba de estar con Pansy era la sensación de una muerte inminente, le guiñó un ojo.

—Solo hacía una fiel descripción de nuestras ilustres personas, amor mío.

Pansy soltó el aire por la nariz lentamente mientras torcía los labios. Se giró hacia Hermione.

—Recuérdame por qué querrías casarte con uno de estos tres.

—¿Eso es que tengo posibilidades? —Theo se llevó una mano al pecho con actitud dramática—. Creo que Draco a tu lado no luce, Granger.

Pero Hermione, lejos de escandalizarse, se cruzó de brazos y lo miró con expresión poco sorprendida.

—¿Tú y yo, Nott? Seguro que la gente pensaría que somos hermanos.

—Ah, ahora que lo dices —Blaise señaló primero a la bruja y luego a su amigo—, sí que os parecéis. Un poco, al menos. Los rizos de Theo no llegan a ser tan… —Al ver cómo Hermione se quedaba mirándolo, se mordió la lengua—. Mejor con Draco, dónde vamos a parar.

Este último no había estado muy convencido de mezclar a Hermione con sus amigos, porque sabía cómo podían ser a veces, pero se relajó cuando vio que la bruja reía ante la broma de Blaise.

Cada vez se daba más cuenta de que sus vidas encajaban bien.

—Por cierto, creo que Luna está en Londres estos días y se aloja aquí arriba, ¿os importa que se una?

—¡Ah, mi pareja para la boda! —Theo sonrió—. Que venga. Tendremos que conocernos mejor.

—Claro, ya sabéis lo que dicen de las damas de honor y los padrinos… —Blaise sonrió con picardía y le guiñó un ojo a su amigo.

—Oye, Pansy —Hermione se giró hacia la bruja—, ¿a ti te molestaría mucho que desinvitásemos a tu marido?

Pansy sonrió inocentemente y se encogió de hombros.

—Vuestra boda, vuestras reglas.

Hermione apuntó a Blaise con un dedo.

—Ya lo has oído, último aviso.

El aludido fingió un escalofrío.

—Tengo la sensación de que Slytherin va a perder puntos en cualquier momento.

Hermione se levantó para ir a buscar a su amiga y Draco sonrió para sus adentros al ver que ella lo miraba a él el último antes de irse.

—Oye, Draco, eso de celebrar vuestro compromiso en casa de tus padres… ¿es real? —quiso saber Blaise.

El ánimo de Draco empeoró a ojos vista. Apuró lo que quedaba de su vaso de un trago.

—Eso parece. Muy a mi pesar.

—No es como si no pudieras cancelarlo. Al fin y al cabo, es tu boda, no la de ellos —apuntó Pansy.

—Hermione dice no-sé-qué de reconciliaciones. —Se levantó—. Voy a por más —anunció, moviendo su vaso vacío en el aire—, ¿alguien quiere algo?

Theo y Pansy levantaron la mano. Draco fue a la barra y se hizo un hueco; esa noche el Caldero Chorreante estaba especialmente abarrotado y nunca había sido célebre por la rapidez de su servicio.

Sintió unos golpecitos en su hombro. Cuando se giró, no esperaba tener frente a él a Astoria Greengrass.

—Hola, Draco.

La bruja estaba exactamente igual a cuando habían estado comprometidos, con la única excepción de que ahora llevaba el pelo por los hombros. Le sonrió y se dieron un abrazo.

—¡Astoria! No sabía que estabas en Londres.

—Hemos venido a pasar un par de semanas en casa —dijo, señalando a su hermana Daphne, que estaba saludando en esos momentos al resto del grupo—. La semana que viene es el cumpleaños de nuestra madre y quería que sus hijas volvieran a casa a celebrarlo. —La bruja se inclinó hacia él y le dijo en tono confidente—. Entre tú y yo, nunca había deseado tanto que un cumpleaños pasase. Pansy avisó a Daph de que ibais a estar aquí y nos dijo que nos pasáramos. Si no os importa —agregó con sonrisa vacilante.

Draco negó con la cabeza. A decir verdad, se alegraba de verla. Pese a que su ruptura había obligado a la bruja a buscar una alternativa y se había peleado con sus padres por su culpa, nunca se lo había echado en cara ni había mostrado ningún signo de arrepentimiento o rencor. Astoria era mucho mejor persona de lo que la gente solía pensar.

—Aunque no sé si cabremos —Draco miró con severas dudas la diminuta mesa y el grupo cada vez más grande que la ocupaba—. Hermione ha ido a buscar a Luna Lovegood.

—¿Luna viene? —Astoria parecía verdaderamente feliz de descubrirlo.

—¿Os conocéis?

—Daphne y yo llevamos un par de años pensando en abrir un negocio que luche contra la crueldad animal en la obtención de productos mágicos y Luna nos ha ayudado mucho con la legislación.

Desde luego estas brujas eran una caja de sorpresas.

Draco se fijó en dos cabezas, una rubia y una morena, que entraban por la puerta.

—Pues ahí la tienes —dijo, señalándola con el mentón.

Luna, al ver a Astoria, sonrió y se acercó para saludar. Hermione la siguió, pero sus ojos iban de Astoria a Draco.

—Hola —saludó.

—Hermione —Astoria la abrazó—, felicidades por la boda.

La expresión de Hermione vaciló, pero asintió y volvió a sonreír.

—Gracias. ¿Os quedáis a tomar algo?

—Bueno —Astoria señaló a su hermana, sentada entre Pansy y Theo—, parece que sí. —La bruja señaló a Draco—. Me ha dicho que no os importaría.

—No, claro que no.

El resto de la noche, la atención de Draco estuvo dividida entre las conversaciones con sus amigos y Hermione. La bruja seguía hablando con los demás y bebiendo, pero parecía que había perdido la chispa con la que había llegado. Por eso, cuando volvieron a casa, Draco decidió preguntarle qué le pasaba.

—¿A mí? Nada. —Al ver la mirada escéptica que él le dedicó, añadió—: De verdad. El último whiskey me sobraba. —Se llevó una mano a la frente con una sonrisa débil.

Ambos se sentaron en el sofá y Draco giró la cabeza para mirarla bien. Decidió creerla, de momento, y cambió de tema.

—Bueno, ¿qué te han parecido?

—Después de esto, como digas que mis amigos son intensos, te crucio.

Draco se rio y negó con la cabeza.

—Son buena gente, pero hay momentos en que se les va la olla.

Se hizo el silencio entre ellos. Hermione jugueteaba con el borde de su vestido.

—No sabía que las Greengrass todavía se llevaran tan bien con todos.

—Sí, es extraño pero no hace falta que nos veamos a menudo para que conservemos la amistad. Una vez estuve año y medio sin ver a Theo. —Los slytherins eran así, distantes pero cercanos con los suyos.

—Astoria es muy simpática. Creo que es la primera vez en mi vida que hablo con ella.

Draco observó el cuidado con el que hablaba y cómo evitaba mirarlo a la cara.

—Sí, la verdad es que siempre ha sido la más tímida pero una vez la conoces llegas a apreciarla.

—Muy guapa también —añadió.

Sus ojos marrones viajaron a Draco con tanta rapidez que podría haber pensado que se lo estaba imaginando. Igual que el tono rosado de las mejillas de la bruja.

—También —concordó el mago. Era una realidad innegable, hasta para quien no se sintiera atraído por Astoria.

Hermione inspiró hondo y se levantó.

—Buenas noches.

Draco, llevado por la sensación de que algo pasaba, la cogió de la muñeca y la obligó suavemente a sentarse de nuevo. Hermione seguía sin mirarlo directamente a los ojos.

—Hermione —la llamó. La mirada de la bruja por fin se posó en su cara—, ¿estás…? —Era una absoluta idiotez, pero si no lo preguntaba nunca lo sabría—. ¿Estás celosa?

—¿Qué? ¡Por supuesto que no!

La rapidez con la que había respondido hizo que Draco sonriera. La esperanza era muy fácil de alimentar y él estaba famélico. Todavía no le había soltado la muñeca, así que movió la mano hasta que sus dedos entraron en contacto.

No era posible que estuviera tan ciega.

No a esas alturas.

Draco se había prometido contenerse y no cruzar ciertos límites de nuevo, pero cuando ella lo miraba así, era inevitable.

—Lo mío con Astoria nunca significó nada porque nunca sentí nada por ella. —Llevó la otra mano a la mejilla de Hermione y la acarició suavemente con el pulgar—. En cambio tú… Ya deberías saberlo.

La besó. Porque si había una mínima esperanza de que Hermione estuviera empezando a sentir algo por él, no iba a quedarse sin hacer nada.


Si le preguntaran qué quería hacer el resto de su vida, Draco habría respondido que permanecer en aquella cama, con Hermione entre sus brazos, era lo único que necesitaba para ser feliz.

Era ya de madrugada, pero no quería dormirse todavía. No cuando eso significaba que la mañana llegaría y tendría que volver a fingir que no pasaba nada. Que no estaba loco por la bruja que dormía sobre su pecho.

Recolocó las sábanas para cubrirlos mejor y apartó un mechón de la cara de Hermione con cuidado de no despertarla. En esa postura solo podía ver el perfil de su nariz y sus ojos cerrados, pero no le hacía falta verla para saberse de memoria cada centímetro de su rostro, de su cuerpo.

—Estoy enamorado de ti, ¿sabes? —susurró. Pronunciar esas palabras fue como beber tras días vagando por el desierto—. En realidad quería decírtelo cuando estuvieras despierta, pero creo que no soy tan valiente. —Se sintió tentado de reír, pero no lo hizo para no molestarla—. Llevo años enamorado de ti.

Cerró los ojos durante unos segundos y se pasó la mano por la frente y el pelo. ¿Qué estaba haciendo exactamente? Debería darle vergüenza que alguien como él, un hombre hecho y derecho, tuviera que ir susurrando cómo se sentía para que el amor de su vida no lo oyera.

Porque cabía la posibilidad de que lo rechazara.

Y en ese caso Draco no sabía qué haría, pero estaba claro que, si eso pasara, se volvería loco. Aunque tampoco habría mucho cambio respecto a cómo estaba en esos momentos, teniendo que fingir que lo que tenían era algo casual.

«No tiene por qué significar nada» le había dicho él en un momento de pánico, como si estar con ella no fuera lo único que lo mantenía vivo por dentro. Y lo peor era que ella parecía haberlo creído.

O Draco sabía mentir muy bien o Hermione estaba ciega.

Quizás no lo quería ver. Puede que simplemente quisiera que el plan saliera adelante y divorciarse dos años después. Como si nada.

Pero ¿cómo iba Draco a sobrevivir a eso? ¿Casarse con la mujer de sus sueños, compartir dos años de su vida, y que luego se convirtieran en extraños otra vez?

—Te prometo que, si me das una oportunidad —musitó, acariciando suavemente la piel de su hombro—, te demostraré que puedo hacerte feliz. Te daré todo lo que tú quieras. Al fin y al cabo, yo ya soy tuyo. Solo te pido que me quieras. Sé que puedes hacerlo, sé que sientes algo por mí, solo te pido que hagas un último esfuerzo. —Solo por ella sería capaz de suplicar—. Por favor, quiéreme.

Draco volvió a cerrar los ojos. Era liberador pronunciar en voz alta palabras que deseaba gritar cada vez que tenía a Hermione cerca.

Y, además, la respiración de Hermione se había detenido durante un segundo.

Sonrió, aunque estaba aterrado. Ahora ambos lo sabían. Solo faltaba ver qué decisión tomaba ella.


Hermione se levantó con cuidado de no hacer ruido, dejando a un Draco profundamente dormido en la cama. Se vistió a oscuras y salió del dormitorio conteniendo la respiración para no despertarlo. Fue a la cocina y se sirvió un café, pero no fue hasta que le dio un sorbo y se dio cuenta de que no llevaba azúcar que volvió a la realidad. Empezó a remover lentamente el azúcar para que se disolviera mientras miraba el remolino que formaba la cuchara, como si en el centro pudiera encontrar un plan de actuación.

Draco le había confesado sus sentimientos. Ya no había vuelta atrás.

Lo peor de todo era que tenía razón cuando le había dicho que sentía algo por él. Era innegable que su corazón no lo consideraba un mero compañero de trabajo o un simple amigo generoso, pero ¿dónde los dejaba en la ecuación que habían formulado? ¿Se casarían y serían felices? ¿Era eso posible?

¿Y si solo la quería por una obsesión tonta? ¿Y si se cansaba de ella en cuanto la tuviera?

Sus ojos se desviaron irremediablemente hacia la puerta del dormitorio en cuanto esta se abrió, revelando a un Draco con el pelo revuelto y solo en pantalones de pijama. Era innegable que tener esas vistas todos los días durante los próximos años no disgustaría a nadie. Hermione tuvo que reprimir morderse el labio inferior mientras lo miraba.

—Buenos días —saludó Draco con la voz todavía ronca—. No sé qué hora es, pero estoy seguro de que demasiado temprano para un sábado por la mañana.

Sin embargo, eso no impidió que se sirviera un café y se pasara una mano por el pelo mientras le daba un sorbo. Todavía con la taza en los labios, estos se curvaron hacia arriba en un amago de sonrisa mientras lanzaba una mirada de reojo a Hermione.

—Me vas a desgastar si sigues mirándome así.

Hermione desvió la mirada, avergonzada, y dejó su taza sobre la mesa. Justo cuando reunió el valor para empezar a hablar, llamaron al timbre.

Draco puso los ojos en blanco mientras se movía hacia la puerta.

—¿Es que todos madrugan en esta ciudad?

Hermione no podía ver quién había llamado desde donde estaba, pero sí presintió que algo malo pasaba cuando Draco abrió la puerta y se hizo un silencio de cinco largos segundos. Después, oyó una voz que conocía muy bien.

—Siento molestar.

—Si tanto lo sientes, ¿por qué vienes?

—¿Está Hermione?

Se oyeron dos pares de pasos y en nada Hermione tuvo plantado delante a Ron, que se movía como si deseara estar en cualquier lugar menos en su apartamento.

La bruja se echó para atrás en su silla y se cruzó de brazos, frunciendo los labios.

—¿Qué quieres, Ron?

Draco, que parecía el menos contento con aquella situación, empezó con su retirada.

—Será mejor que os deje solos.

—Espera un segundo, Malfoy. —El rubio se detuvo y miró a Ron con una ceja enarcada, todavía debatiéndose entre hacerle el favor o ignorarlo—. Quería disculparme por lo que pasó en casa de mis padres.

La otra ceja de Draco se levantó por la sorpresa. Hermione hizo el mismo gesto; se habría esperado que Ron hubiera ido a seguir con la pelea antes que pensar que quería hacer las paces.

Hubo una batalla silenciosa de miradas entre los dos magos hasta que Draco desvió sus ojos hacia Hermione y con un suspiro magnánimo, se encogió de hombros.

—Disculpado quedas.

Hermione lo conocía bien para saber que en cualquier otra circunstancia le habría dado la mano a su oponente, pero no a Ron. Sin mediar más palabra, se dio la vuelta y se metió en el dormitorio, dejándolos solos.

Cuando Ron se giró hacia ella, Hermione suspiró y le indicó con una mano que se sentara. No le ofreció nada de beber.

El pelirrojo se miró unos segundos las manos, cuyos dedos jugueteaban entre sí nerviosos, antes de empezar a hablar.

—Quería pedirte perdón por cómo me he comportado los últimos meses. —Hizo una pausa para inspirar hondo; sin duda había practicado lo que iba a decir—. La cagué y en vez de asumir mis errores volqué toda mi rabia en ti.

Si bien no quería atribuirle méritos por comportarse como un adulto funcional, sí tenía que admitir que estaba impresionada. No esperaba que Ron fuera capaz de dejar atrás su cabezonería y admitir su error.

La puerta del dormitorio se abrió, mostrando a un Draco impecablemente vestido. Hermione reprimió una sonrisa al ver con qué desconfianza miraba a Ron; cuando sus ojos se posaron en ella, su expresión se suavizó.

—Voy a ver a mis padres antes de que mi madre me acuse de ser mal hijo.

—Dale recuerdos de mi parte. Y a tu padre también —añadió.

Draco rio por lo bajo, pero asintió. Ya se dirigía hacia la puerta cuando se lo pensó mejor; dio la vuelta y se acercó a Hermione para darle un beso en la frente.

—Nos vemos luego —dijo. Estaba tan cerca que Hermione podía ver claramente todos los matices de gris de sus ojos.

Ron no parecía muy contento con la situación, pero esperó hasta que Draco se hubo ido para comentar:

—Parece muy enamorado.

Hermione se fijó en sus manos: las tenía cerradas en puños, pero cuando vio que ella lo miraba, las relajó y las dejó planas sobre la mesa.

—Vamos a casarnos, más le vale. —Aunque había intentado sonar despreocupada, no le salió natural y terminó sonando forzado.

Ron la miró con un brillo de sospecha en sus ojos marrones, pero pronto le sonrió y cambió de tema.


El día que Hermione había temido llegó. Bueno, más bien el segundo día que más temía, porque el primero era la boda.

—Si no te estás quieta con las manos voy a tener que atarte. —Hermione conocía lo bastante a Pansy para saber que hablaba en serio—. Tranquilízate, solo es una fiesta de compromiso.

Hermione se miró en el espejo mientras le arreglaban el pelo y se obligó a inspirar hondo. No entendía por qué estaba tan nerviosa: solo tenía que estar guapa, sonreír y aceptar interminables felicitaciones por sus inminentes nupcias. Objetivamente, solo era una fiesta más.

Si fuera tan fácil…

Cuando la parte de su cabeza estuvo lista, Pansy sacó media docena de vestidos. Hermione la miró como si se hubiera vuelto loca.

—¿Qué? —La otra bruja se encogió de hombros—. Lo mínimo que puedo hacer es dejar que la novia elija. —Pansy movió la mano elegantemente para abarcar la totalidad de los vestidos—. Te hemos peinado y maquillado para que cualquiera te combine, así que solo tienes que elegir el que más te guste.

Hermione paseó la mirada por las prendas: todos eran vestidos largos e iban desde el negro hasta el gris perla, pasando por verde turquesa, rojo, aguamarina y lila. Aunque diferentes, todos eran preciosos.

—Confías demasiado en mi buen gusto.

Pansy se cruzó de brazos y entrecerró los ojos con una sonrisa felina.

—¿Insinúas que no son todos los vestidos más elegantes que verás en tu vida? —Hermione volvió a analizarlos, pero sus ojos se desviaban una y otra vez al rojo. Pansy puso los ojos en blanco, pero volvió a sonreír—. No sé por qué me he molestado en traer el resto, si estaba claro cuál ibas a elegir.

El vestido rojo era incomparablemente hermoso y se ceñía a su cuerpo como si lo hubieran hecho pensando en lo que le quedaba bien. El pensamiento la hizo reír: pues claro que había sido diseñado expresamente para ella. Pansy podía ser muchas cosas, pero nadie dudaría de su talento en la costura.

El vestido era de satén rojo con tirantes finos y un corte en el lateral derecho que iba hasta medio muslo. Hermione nunca se había sentido más sexi y elegante al mismo tiempo.

—Espera a que Draco te vea. Es el que más le gustaba a él —le confesó Pansy antes de guiñarle un ojo.

Hermione no pudo evitar sonreír y sonrojarse un poco al pensar en Draco mirándola. Inspiró hondo.

—¿Algún consejo?

Pansy rio. Se acercó a ella y posó sus manos en los hombros de la bruja.

—No dejes que nadie te haga olvidar que tú eres la protagonista. Si pudiste con el ejército de Voldemort, puedes con esta noche.