Muchas gracias por el apoyo dado a este fic, es una gratificación invaluable para mi.

Aiduchi: Si, los hijos toman de diferente modo la forma en que se ausentan los padres, pero aquí el tabú era producto del miedo que ocasionó a su familia el meterse en problemas mayores, que mas adelante se encontrarán ambos hermanos también ;) La historia esta ambientada en la ultima mitad de los 80's por ello las referencias de música y costumbres jeje creo fue una de las mejores épocas del boxeo internacional.

Robinskya: Así es, aun es puro e inocente intenté caracterizarlo lo más fiel al personaje, pero con ciertos aspectos de mayor profundidad para encajar con un trasfondo real. Todavía tiene un largo camino por recorrer, la inocencia no siempre es una virtud.

msg839: 3 ¡Gracias por todo!

Espero esta historia siga siendo de su agrado, intentaré publicar cada semana o quizá antes dependiendo de la demanda. Estos días han sido un tanto difíciles para mi.

...

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Capítulo V

Hermanos

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Una sola frase resonó mientras respondía la llamada telefónica.

—No funcionó.

Nappa tomó la palabra inmediatamente, sabiendo a ciencia cierta quién habría hecho esa llamada sin denominador, aproximadamente a las 3:00 am del país que ahora habitaba.

—¿Cómo es posible? —Gruñó la otra incrédula voz, detrás de la bocina.

—Golpeó a los criminales, destruyó la propiedad pública y nada realmente importante... — Nappa comenzó a enumerar, mirando alrededor de su solitario apartamento con una paranoica actitud—. Es imposible tenderle una maldita trampa a ese hijo de puta inflexible —se interrumpió, corrigiendo el insulto implícito—Sin ofender, claro.

—Lo entiendo —Señaló el otro con disimulado desacuerdo— Entonces tus emisarios…

—Sobrevivieron, y sin ningún rasguño verificable, debería haber enviado otro par de esos estúpidos más endebles.

—¿Utilizaste la dosis correcta?

—¡Claro! —respondió ofendido, dando vueltas con ansiedad, desenredándose del cable del altavoz mientras se frotaba el cuello—. ¡Pero el desgraciado es duro! ¡No lo entiendo! No sé cómo lo hizo. Parecía bastante mareado cuando se fue, ni siquiera se detuvo a pensar en un insulto despectivo cuando le sugerí que no fuera.

—Mi tiempo se acaba Nappa— La egoísta voz ronroneó su sutil amenaza —La cumbre ya se celebró y todo parece indicar que él es el favorito para suceder al gran Malik. Si es coronado antes de que pueda acusarlo de algún delito, ¡mis posibilidades de ascenso serán nulas!

—Su alteza —lo desafió con pesar el torpe secuaz—. ¡Hago lo que puedo, pero él es demasiado testarudo! ¡Lo he intentado todo! Vicios, mujeres, nada parece importarle más que esta estúpida obsesión por el maldito boxeo. Ojalá eso fuera una verdadera falta de respeto a su estatus... El emir seguramente incluso lo recompensará cuando se entere.

—Mi familia confía en que harás lo que sea necesario para lograrlo —Interrumpió el incesante parloteo del nervioso gigante—. Hemos invertido mucho para ganarte la confianza del príncipe.

—No lo defraudaré— Aseguró con el puño firme —Encontraré una salida, es solo cuestión de tiempo.

—Espero que así sea.

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..

La vida al otro lado de la frontera no era exactamente lo que él imaginaba.

Satisfecho con encontrar un refugio momentáneo, Raditz pasaba cada uno de sus días buscando algún tipo de trabajo en el que fuera aceptado. Pero se encontró prematuramente nadando en las sombras de pertenecer a una clase social que no aspiraba en absoluto a trabajos decentes, ni siquiera en el ámbito de la dudosa esclavitud, siempre mal pagada.

El dinero se había acabado en la última parada para llegar a su destino final, no le gustaba para nada depender momentáneamente de la poca ayuda de aquel anciano al que apenas conocía, y en menor medida lidiar con aquella muchacha presuntuosa, en evidente bancarrota, con ilusorios aires de superioridad. Esa semana hizo todo lo posible por evitar encontrársela en su camino cotidiano, buscando un atajo que le permitiera salir de aquella situación, tal como le había prometido a su madre, con trabajo honesto. Pero al igual que su hermano, la gente escuchaba sus acentos extranjeros y desistía inmediatamente de intentar lidiar con su situación. Era muy frustrante.

Más no tan frustrante como su ridículamente amable hermano. El tonto parecía completamente ajeno al rechazo del que eran víctimas. Siempre manteniendo su sonrisa bobalicona y buscando el mejor escenario fuera cual fuera la circunstancia. El ridículo tonto servil, ya había reparado todo lo que encontró arruinado en el minúsculo apartamento, y la forma mimada en que aquella mujer apenas le agradecía por todo, era intolerable la humillación de la que ni siquiera se daba cuenta.

Tal vez lo único digno de vivir con esa anfitriona eran los vistazos gratuitos a su generoso escote y una perra insoportable, pero ciertamente estaba buenísima. Era domingo, por primera vez salió sin escuchar la absurda rutina de instrumentales clásicos aburridos y bobas maldiciones a la vieja cafetera, pero algo más estaba a punto de arruinarle el día: un lastimero lamento.

Cuando se dio la vuelta, la azulada luz de la mañana iluminó un bulto encorvado en la base del sofá donde Goku dormía, y allí estaba él. Nunca lo había visto en esa posición: vulnerable y habiendo agotado sus absurdas esperanzas benévolas. Su hermano menor parecía estar enfrentándose a la incertidumbre por vez primera y él no estaba en absoluto preparado para consolarlo... así que en vez de ello, lo confrontó.

—¡Deja de quejarte como una nena! —fue lo primero que salió, sentándose en el sofá con las dos piernas abiertas—. Esto es temporal, encontraremos un trabajo de verdad…

—¿La volveremos a ver?

Era su única pregunta, no necesitaba profundizar en lo que decía, porque Raditz sabía exactamente a quién se refería. Y esa vulnerabilidad expuesta le desató una ira incandescente.

—¡Pobre idiota! Eres demasiado débil para tu propio beneficio —Exhaló, lleno de la incesante molestia de lidiar con sentimentalismo barato—. ¡OLVÍDALA! ¡No podrás seguir adelante si aferras lo que dejas atrás! Nuestro padre y nuestra madre, nuestras raíces, todo lo que decidimos abandonar. ¡Porque esa es la regla de oro del sobreviviente! SIN MEMORIAS... SIN REMORDIMIENTOS.

—¡La hemos traicionado! —Murmuró obstinado en su opinión, sin aceptar en absoluto el grito rebelde con el que el otro pretendía fingir desinterés—. ¡La hemos abandonado a su suerte!... ¡Por... por tu culpa!

Goku lo vio venir, pero no hizo nada por evitarlo. Un tremendo puñetazo que lo llevó al suelo y sin ningún miramiento, fijó su severa mirada en su mayor. No había rastro de arrepentimiento, pero sí en sus ojos el fuego de convicción ardiendo y una peligrosa compensación estancada.

—¿Quieres pelear? —El mayor levantó el ánimo, agitando ambas manos para indicarle al menor que estaba listo—. ¿Quieres otra lección de respeto? ¡Maldito marica inútil!

Goku se puso de pie, escupiendo la sangre que el horrible revés trajo a su encía, pero lejos de contestar la agresión, simplemente suspiró, tomándose su tiempo entre respiraciones para regular su visible rabia.

—Ya no soy un niño, Raditz— Advirtió, marcando así una línea invisible que pretendía advertir algunos límites que estaban a punto de ser traspasados de modo irreversible.

—¡¿QUÉ CARAJO ESTÁ PASANDO?! —Apareció una chica furiosa, con la máscara para dormir coronando su cabeza despeinada y una tez salvaje que ambos encontraron ridículamente intimidante—. ¡¿Están LOCOS?! ¡Son las seis de la mañana! ¡ES DOMINGO! —Hizo un gesto con la mano como si esa información fuera suficiente para hacerles entender lo inapropiado que era el ruido a esa hora, sin siquiera comenzar a mencionar lo impropio de una pelea dentro de una casa que no les pertenecía.

—Lo siento, Bulma —Goku fue el primero en disculparse.

—¿Y qué importa eso, mujer? ¿Tus compatriotas holgazanes no tienen cosas que hacer por la mañana?—, respondió el enorme tipo.

—¿Te criaron animales salvajes?—, Le respondió ella, ganándose la furia del mayor. —¡Los domingos son días universales de descanso!

—Bueno, hay que calmarnos ¿de acuerdo? —Intervino el menor, oliendo el humo que salía de las orejas de su hermano—. ¿Qué tal si hacemos el desayuno para compensarte?

—No voy a hacer nada por ella... de hecho, me voy de aquí ahora mismo —Espetó, dándose la vuelta antes de poder empeorar todo con una de sus respuestas ácidas y agresivas.

—Bueno… cocinaré algo que extrañas mucho —Declaró Goku borrando su mala cara, acercándose lentamente a la nevera, para sacar una especie de masa blanca y un bol con carne curtida en líquido rojo—Ayer alguien me dio esto en pago, apuesto a que sabes lo que es.

—Maldito sea tu estúpido don de cocinero—Sonrió el mayor, volviendo como un imán al lugar donde se encontraba su hermano.

El menor de los Son sobresalía en muchos talentos inusuales, la cocina era lo que consideraba su mejor hazaña. Raditz se acercó a la barra, comenzando a preparar los aderezos de lo que comerían, haciendo que la chica se preguntara qué clase de locos ahora vivían bajo su techo. Saltando ambos de la rabia a la cooperación sin más que un par de segundos de divergencia. Lo que quizás no esperaba ver, sin embargo, era el hecho de que su ayuda no fuera solicitada en absoluto. La reputación de su origen estaba marcada por ser una cultura de dominación incesante hacia las mujeres, sin embargo, no habían intentado hacerla cumplir ningún tipo de rol. Quizás la información completa que tenía sobre sus preceptos racistas estaba equivocada. Como decía la cita común, 'es más fácil etiquetar que comprender.'

Así, se sumó al inusual intercambio familiar sin su habitual intervención pretenciosa. Simplemente escuchando y observando a los dos jóvenes conversar, disfrutando de aquel peculiar desayuno y riéndose de la forma en que los otros dos parecían devorar de forma inhumana aquella inmensa cantidad de comida, sin remordimiento por la cantidad de calorías que seguramente contenía.

—Ustedes dos son tipos de alto mantenimiento ¿no? —Se burló en un tono inocentemente consensual, señalando el fregadero repleto de platos—. No sé cómo creen que vamos a resolver esto, pero de ninguna manera yo voy a lavar todo ese desastre sola.

—En nuestra tierra hay una ley que dice que quien cocina no lava los platos —Respondió el más alto, inesperadamente en tono juguetón.

—Estupendo —Sacudió ella las manos, sin querer dejarse vencer—. Entonces me alegro de haber hecho algo antes de irme a dormir. —Se volvió, tambaleándose y doblando sensualmente hacia el horno para presentar una pequeña y fragante tarta de manzana que había olvidado poner en el refrigerador.

—Lo estaba guardando para la cena, pero con ustedes es imposible mantener los horarios decentes de comida—Replicó, dejándolo sobre la mesa y haciendo que el par perdiera el derecho a réplica, ya que estaban suficientemente tentados por el dulce aroma que los invitaba a comer.

Se quedaron allí toda la mañana, por primera vez en un espíritu completamente fraternal, ampliando la comida de después del desayuno hasta convertirse en merienda y disfrutando del primer descanso que todos habrían tenido en mucho tiempo de incesantes disgustos.

—Yo puedo conseguir que te contraten—, Bulma intervino en la conversación, atreviéndose por primera vez a jugar a favor de otra persona sin el menor interés. —Soy la directora, puedo recomendar con más facilidad nuevos reclutas al consejo, nunca lo he hecho porque… —

Ella permaneció en silencio, incapaz de admitir su falta de vida social, su adicción al trabajo y su odiosa antipatía recurrente que le impedía hacer nuevos amigos o conocer empleados.

—De todos modos, debo haber acumulado algunas oportunidades, ¿no? —Su sonrisa contagió a uno de ellos, pero el otro continuó observando con sospecha—. No perdemos nada por intentarlo.

—¿Ensamblar autos? —preguntó Raditz sin ningún matiz que delatara su total aversión a la idea.

—Los obreros de empaquetado no requieren altos niveles de certificación, yo les puedo enseñar lo básico y en un mes o dos podrán solicitar algún tipo de acuerdo para obtener derechos laborales…

—¡Eso sería genial!—, exclamó Goku, —Ya he trabajado diez años en la construcción, tal vez sea hora de aprender otras cosas.

—¡Por Dios! Pero… te ves tan joven… ¿A qué edad empezaste a trabajar? — Ella se sorprendió al ver el rostro limpio y juvenil de un sujeto que afirmaba tal incoherencia.

—¡A los once!—, Respondió alegremente. —En realidad, mi primer trabajo serio lo conseguí cuando tenía quince años.

—Si eso cuenta como algo serio —Espetó el mayor, burlándose del absurdo estatuto en trabajos que consideraba insignificantes—. Me voy. Suena interesante mujer, lo pensaré.

Fingió cortesía, pero antes de cerrar la puerta su hermano lo alcanzó, buscando tener una palabra en privado.

—¿Adónde irás? —preguntó consternado, insistiendo en darle una oportunidad a la idea de su anfitriona—. ¿Y si tiene razón? ¡Esto podría ayudarnos!

—Deberías dejar de hacerte esas preguntas estúpidas —Gruñó, sacando un cigarrillo maltrecho del bolsillo del pantalón. Inhaló la primera calada tras encenderlo sin gracia—. Si quieres invertir tu tiempo en algo útil, podrías venir conmigo al barrio del este. Dicen que hay una gran comunidad de gente en nuestra situación, apuesto a que debe haber algo interesante ahí.

—No creo que sea una buena idea —Dijo el chico encogiéndose de hombros—. Me gusta aquí, los vecinos son agradables y ...

—¡Éste no es tu lugar! —Escupió enojado—. Ésa no es tu gente, ni ella es tu verdadera amiga.

Detuvo sus palabras cuando vio que los ojos tristes del muchacho aún meditaban sobre lo dicho. Después de suspirar, soltó en su cara la bocanada de humo que guardaba.

—No te pongas tan cómodo, nos iremos en cuanto consiga algo mejor.

Lo empujó hacia atrás. Cerró la puerta para bajar las escaleras sucias, más en el primer escalón, otro sujeto escuchó descaradamente el intercambio entre los hermanos, al tiempo en que terminaba su propio tabaco. Cuando Raditz se dio cuenta, el extraño rio y se atrevió a decir lo que pensaba.

—Hermano… —Le dijo en su propio idioma— Eres un verdadero idiota. Esa hermosa chica es tu boleto de lotería para obtener la tarjeta verde, si puedes ver lo que es bueno para ti.

El vecino pretencioso sonrió, apagando el cigarrillo en la punta de su zapato, para bajar el resto de las escaleras y entrar en su propio apartamento.

Y con esa observación nada inocente, aquel extraño plantó la primera idea perversa en la supuesta nueva vida del reformado Raditz.

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Eran las cuatro de la mañana, pero la diferencia horaria delataba su estado de vigilia, manteniéndolo en un limbo entre el sueño y la alerta constante.

Acostado en la habitación de su propiedad, que él consideraba sencilla. En un modesto apartamento en la zona central de la capital económica de ese país, el desconocido heredero de una antigua dinastía intentaba en vano volver a conciliar el sueño, luego de una pequeña pesadilla que le robó su paz volátil.

Una vez más, Vegeta se vio envuelto en ese dilema sin fondo. Culpa sin posibilidad de expiación. Esos mismos ojos cristalinos, el enigmático azul engañándolo con un reflejo violeta. Tal como él se engañó a sí mismo al pensar que sus acciones tomadas para salvar la vida de la mujer de la que abusó, eran la mejor opción que tenía. Actuó como un cobarde y no había nada en ese mundo que lo disuadiera de replantearse esa verdad. Incluso si hubiera sido la solución más práctica, los de su clase no tenían la capacidad de admitir actos de tal deshonra.

No era un religioso ferviente, pero los preceptos de su cultura estaban inextricablemente arraigados a su brújula moral y, al no tener forma de corregir su error, mató sus negros pensamientos enfrascándose en las tareas esclavizadoras de sus dos vidas secretas. Se levantó en la oscuridad, sin esperanzas de recuperar el sueño perdido y se dirigió al gimnasio del consorcio, donde su condición de socio mayoritario le otorgaba un área privada que dedicó a su duro entrenamiento personal.

Entonces, acalló todas las preocupaciones a través del dolor. Entrenó. Tan concienzuda y devotamente como su cuerpo pudo soportar, la sal de su piel ardía con el deseo de completar el ciclo que había buscado por tanto tiempo. Estaba cerca de convertirse en un verdadero símbolo de sus convicciones internas, en la cima de los mejores; había nacido para esto y sus grandes avances le dieron la razón. Las piernas temblaban al borde del colapso, sacudiendo cada fibra muscular cansada por el enorme peso de 450 libras soportadas en ese entrenamiento inhumano. El sudor corría por sus ojos rojos, pero nada era suficiente para disuadirlo de explotar su fuerza al límite. Sus dientes intentaban resistir el punzante dolor, y entonces, escuchó que un visitante inesperado estaba justo detrás de su cámara de tortura privada.

Se levantó sin entender por qué los guardias de seguridad del edificio no habían intentado detener al osado que cruzó la puerta, y pensando que tal vez se trataba del impertinente Nappa, no hizo más que levantar la toalla del aparato para limpiarse la frente.

—Ahora entiendo por qué quienes te adulan tienen razón. —Habló el intruso y el joven reconoció de inmediato el tono agridulce que nunca pensó que escucharía frente a él.

En su mismo espacio se encontraba uno de los hombres más poderosos de esa nación, quizá también del mundo occidental. Famoso por la absoluta frialdad con que evaluaba, obtenía y cerraba todos sus negocios y fue esa cruda rudeza con la que se convirtió en uno de los multimillonarios más famosos a costa de debilidades de sus adversarios. Todo ello otorgándole su merecido apodo.

—No esperaba recibir semejante cumplido de tu parte. —Vegeta se sentó, sin impresionarse, respondiendo con su habitual tono hosco—. El famoso Freezer en persona —Respondió sin el más mínimo tono de educación política.

—Bueno, es un apodo que odio, pero sí— Asintió sin parecer instigado por la clara grosería— Y si no me equivoco, tú eres Vegeta, el aristócrata renegado del Medio Oriente.

—Medio Oriente, sí. Aristócrata, no —Corrigió con severidad—. ¿Y a qué debo el placer de la visita del hombre más poderoso de estas tierras? ¿Estoy en lo cierto?

—Deberías saberlo —respondió Freezer, caminando por el lugar como si fuera el legítimo dueño de todo lo que sus ojos podían ver—. Hace un par de semanas recibiste mi invitación, me preguntaba por qué no habías podido venir a mi oficina, ya que estaba por el vecindario, decidí que tal vez era mejor visitarte en persona.

Aseguró con tanta naturalidad como la seguridad de que nadie en el mundo entero podría rechazar una de sus propuestas, y el aspirante comprendió que estaba tratando con un hombre que nunca había recibido un no por respuesta.

—En verdad, tu fama te precede—aseguró Vegeta con presuntuosa habilidad, levantándose con su forma siempre altiva de caminar, para darse la vuelta e ignorarlo— Pero, no me interesa.

Tomó un sorbo de su bebida y se reclinó para esperar el contraataque de la oferta que sabía que vendría, pero lejos de encontrar la estudiada respuesta, el otro permaneció sonriente y tranquilo. Como si supiera una verdad que el otro desconocía, y era justo lo que estaba a punto de revelar.

—¿Por qué deberías preocuparte por un salario mediocre y sucio, ¿verdad? —sugirió con tanta amabilidad como su paciencia era escasa—. Especialmente cuando eres el heredero de los lujos a los que tu cuna te ha acostumbrado.

Por un instante su mandíbula tensa casi lo delató. Porque era imposible para aquel hombre conocer una realidad que ningún otro ser de su doble vida hubiera podido investigar. Pero el silencio de sus dudas hizo pensar al otro que estaba dando en el blanco deseado.

— Creo que estás confundido.

—¿Lo crees? — Refutó con una sutil sonrisa diabólica. —Porque no lo creo, Príncipe Al- Fakhuur Vejita

—Me estás confundiendo con otra persona, y de la forma más risible— Se apresuró a contradecir bajo una actuación impecablemente templada. —Pero era de esperarse, ¿No ustedes insisten en que todos los de Oriente Medio tenemos el mismo fenotipo? Incluso nos confunden con latinos.

—No debes tener miedo, muchacho. —El magnate abrió los brazos inofensivamente, sentándose en la banca contigua— No voy a revelar tu secreto a nadie. Pero sí reconozco la ardua tarea que has hecho para borrar tus huellas. —Sonrió, visiblemente divertido—Aunque fingir pertenecer al país de la monarquía que todos por aquí admiran, fue excesivo.

—Podrás ver el origen de mis títulos académicos y comprobar por ti mismo de dónde vienen — Se defendió el príncipe, manteniendo aún el acento impecable de la nación donde estudió.

—No lo dudo —Admitió Freezer, sin impresionarse— Pero sólo pocas personas privilegiadas como yo tienen acceso a información de clase mundial y no veo la razón por la que deberíamos seguir jugando este tonto juego de pretensiones.

El susodicho hizo una pausa, sabiendo que la contienda estaba perdida a pesar de los esfuerzos realizados. Pero, aunque dudaba de la buena fe de este famoso embaucador, hubo un hecho que llamó su atención sin tregua de sospechas.

A pesar de conocer la ventaja monetaria que le reportaría traicionarlo, el peligroso empresario no se había atrevido a delatarlo. Podía tener en sus manos todo el consorcio de su padre si se sabía que el heredero de este imperio estaba fingiendo ser parte de una sociedad que su pueblo detestaba, aunado a su oculta vocación de pugilista, y a la desgracia de ganar verdaderamente un salario ridículo a costa de uno de los socios de su hermano.

¿Pero cuál sería la verdadera razón de Freezer para requerirlo de esta manera en sus filas?

—¿Qué quieres? —preguntó sin rodeos, buscando sólo un gesto revelador.

—Tú…— Dijo esbozando una media sonrisa —Como campeón mundial absoluto.

—¿Por qué? — Añadió, sin morder el anzuelo.

—¿Por qué no lo haría?— Se puso de pie y echó un vistazo a las instalaciones de su lugar de entrenamiento. —El deporte de los puños puede ser una molestia poco elegante en el currículum de muchos, pero sin duda es un negocio muy rentable para quienes sabemos manejarlo.

—¿Más rentable que chantajear a los líderes mundiales a cambio de escándalos?—, respondió con desconfianza.

—Por favor, ¿por quién me tomas? —gruñó, disimulando la ofensa— Yo no recurriría a esas acciones burdas de hombres mediocres, mi fortuna es producto de mi prodigioso genio. Puedes comprobar tú mismo esa historia que seguro conoces. Pero nadie sabe mejor que tú sabe, que la verdadera pasión de un ex amante de los deportes nunca sucumbe del todo.

El experimentado líder empresarial reconoció entonces la chispa de duda en los ojos de su oyente, pues muchos eran los rumores sobre el secreto de aquel particular oligarca, los inicios de su millonaria familia y la causa oculta de la obsesión que mantenía por ese mismo deporte deporte que algún día el mismo practicó con gran éxito y de misteriosa forma abandonó.

—Mi familia consolidó su fortuna gracias a este deporte, y hemos tenido muchos campeones que se han sumado a nuestra pequeña colección de ganadores, pero quien era mi mejor carta para consolidar el Título Súper Welter fue eliminado inesperadamente por tu culpa. Reconozco que eres un oponente excepcional, quisiera aumentar el potencial que posee tu virtuoso don, aunado al ansiado anonimato que tanto has buscado.

—¿Y qué ganarías tú? Estoy seguro de que hay muchas otras personas que cumplen con este perfil.

—Tenemos mucho en común, Vegeta. Somos tal cual el otro es y apuesto a que, dado quién eres, te has arriesgado más que cualquier otro boxeador del perfil que mencionas—sonrió, satisfecho por la brillante respuesta en esas pupilas negras—. Me gustan las apuestas seguras, y me encanta una extraordinaria historia de éxito. Estoy seguro de que eres uno de los que va a hacer que el mundo recuerde su nombre.

Y su alegría no pudo ser mayor cuando vio a su víctima girar el rostro con la llama establecida de su certeza infundida. Entonces se sentó lentamente a su lado, siendo suficiente ese pequeño momento de confusión para sembrar la frase que sellaría el trato en el decreto de aquel corazón orgulloso.

—Por eso, quiero mantenerme firme en mi elección. Sé de cierto… sólo aquel que se atreve, gana.

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La solicitud de empleo fue hecha y aceptada al día siguiente. Ni los beneficiarios ni su benefactora podían creer la fortuna que este hecho representaba y satisfechos con el éxito alcanzado, el par leyó el contrato parcial durante el desayuno, citándolos para que se presentaran esa misma semana.

—¿Mentiste sobre nuestro estatus legal?— Se carcajeó Goku, divertido por la cláusula —¡Vaya! ¡Incluso tengo un título universitario!

—¡No es una carrera universitaria! Es… una carrera técnica… y ¡CARAJO! ¡no pensé que los aceptarían tan pronto! ¿De acuerdo?... Pensé que tomaría algo de tiempo y podría planear algo. —Le dio un golpe en el hombro mientras le colocaba un tazón con comida en su lugar, y Raditz exigió un poco más del caldo especiado que servía al otro.

— Por suerte tienes un don para decir buenas mentiras…— Añadió el hermano mayor con un guiño, la mujer se giró para buscar la olla y se estiró para alcanzar la cuchara de abajo —y un gusto excelente para la comida. ¿Qué es esto?

La halagó, prestando toda atención a la forma en que ella meneaba involuntariamente el trasero. Su hermano menor rodó los ojos en blanco. Cansado de ver el último cambio de actitud de su semejante, quien un par de días antes convirtió su actitud hostil en una verdaderamente empalagosa. Y lo peor es que a ella pareció gustarle el evidente coqueteo dedicado a su persona.

—¡Es una receta de tu país! Una de las niñeras que tuve me la preparó cuando era niña y encontré las notas en mi caja de recuerdos…

Ella farfullaba alegremente, ajena al duelo de miradas que se desarrollaba a sus espaldas. Entre sus inquilinos reinaba un humor totalmente distinto. Nadie hablaba, pero las intenciones del joven mayor eran claras para ambos, y no eran buenas. Esa mañana al ir a trabajar, los tres subieron al mismo taxi y al bajarse, un piropo descabellado salió de la boca del alto sujeto de cabello oscuro, ayudando a su nueva jefa a levantarse de su asiento con total galantería.

Cuando todos entraron, ella se encargó de apaciguar a los encargados de recursos humanos, fingiendo perder los papeles solicitados de ambos, y como ella era la primera fundadora de la planta, nadie se atrevió a refutarle.

Pero los implicados permanecieron en silencio, mientras eran instalados en sus nuevos puestos de trabajo.

—Raditz —Habló Goku, prestando atención a la forma en que él la veía alejarse— No lo arruines.

—¿De qué estás hablando, renacuajo?— El aludido se rió.

—Ella nos está ayudando, por favor, simplemente no… hagas lo que haces a otras mujeres— Pidió sabiendo el tipo de comportamiento reprobable que su mayor siempre tenía con las chicas que llamaban su atención.

—No eres nadie para cuestionarme, tonto. —Le tomó la solapa del overol, haciendo que el resto de los empleados se voltearan con curiosidad— Ten cuidado en cómo me hablas.

Lo soltó, mirando de mala gana al resto, que inmediatamente volvieron a atender sus propios asuntos. El encargado de personal separó a los novatos, indicándoles sus lugares de trabajo y obligaciones para despedirse el resto de la jornada por asuntos de mayor importancia. El turno empezó y terminó con la misma velocidad. Los trabajadores la sección del más joven de los Son se sorprendieron por la cantidad de láminas y elementos que podía mover sin fatigarse.

Al día siguiente se repitió el mismo escenario y el siguiente. La rutina fue una grata bienvenida para el muchacho eternamente desaliñado, después de tanto tiempo sin una actividad lucrativa decente. Había transcurrido una semana sin incidentes y ya soñaba con recibir su paga a fines de ese mes, en la moneda que ansiaba reunir para enviarle a su madre.

—No te distraigas en el trabajo— Le reprendió otro de sus compañeros, un tipo bajito, de nariz diminuta y actitud suspicaz. —Puede que la jefa te haya recomendado, pero si nos haces perder nuestro impecable cuadro de registro de seguridad, tendrás que vértelas conmigo.

—Claro amigo, estoy al tanto— Levantó las manos de manera amistosa — Yo soy…

—Goku, lo sé —Respondió sin interés, volviendo a su tarea— He visto a muchos tipos como tú, que sienten que por sus contactos privilegiados son superiores al resto, pero voy a demostrarte lo difícil que puede ser esto, amigo.

—¡Me alegra!— Respondió al desafío con entusiasmo, sin que el otro joven comprendiera que era su simple manera de jugar, aumentando su animadversión hasta niveles ridículos.

Así pasaron tres días completos, desafiando cada actividad realizada, divirtiendo al resto de testigos burlándose de la innecesaria competencia. Todos aplaudiendo al susodicho chico nuevo, que había creado una especie de enemistad-dependencia con el recién llegado.

—¡Vamos, Krilin! ¿No se supone que vas al gimnasio? —se burló una de las chicas de mantenimiento.

Y competir con aquel joven de pelo oscuro era prácticamente imposible. El tonto poseía una resistencia natural envidiable a ojos de todos los miembros de la tripulación, la disposición y fuerza para hacer todo lo que le pedían sin fallar ni dudarlo, y finalmente el almacenista designado terminó rindiéndose ante la actuación siempre superior del otro, arrojando la última hoja de lámina al suelo.

—Bueno, puede que ganes esta, pero no siempre será así— Cayó al suelo tras la devastadora respuesta de burla de quienes habían apostado en su contra.

Transcurrió el último día de la semana y sonó la alarma de salida. Cuando todos se disponían a disfrutar su fin de semana, sólo quedaba ese par para resolver el desastre de su boba competición.

—¿No vas a ir con ellos, Goku? —le preguntó Krilin al diligente trabajador que aún apilaba las piezas prefabricadas en los cajones de soldadura, sin admitir que tampoco había sido invitado a ninguno de los planes de sus compañeros. Hacer amigos en ese sistema siempre era difícil.

—No, creo que iré a descansar —Sonrió, secándose la frente con el trapo ennegrecido que usaban para limpiar las piezas sin importarles la suciedad. Ambos escucharon un portazo y dos desconocidos entraron con los códigos de acceso de tarjetas de identificación.

—¿Será una de esas visitas? —Krillin se rió, mientras los veía subir las escaleras hacia el área de administración—. No sé mucho sobre nuestra directora, pero ¿no te parece extraño que esté soltera con esa apariencia tan tentadora? Nunca un solo hombre la visita…

El muchacho se volvió hacia el palco superior, intuyendo que algo no iba bien, pues en el poco tiempo que la conocía, nunca había oído que recibiera a miembros sin cita previa.

—Tal vez deberíamos ir a averiguar quiénes son esos tipos— Dijo, recibiendo una negativa del otro.

—Olvídalo, te despedirán si interrumpes una reunión directiva.

Goku no hizo caso, subiendo las escaleras sin hacer ruido con el otro chico asustado recriminándole en silenciosa mímica detrás. Ambos alcanzaron a ver la tenue luz de la oficina y antes de creer que quizás exageraba, un reclamo les llamó la atención.

—¡Ya les dije que te fueran! —Gritó la voz femenina, caminando al borde de su nerviosismo sobrecargado, repitiendo esa misma práctica de intimidación en tantos escenarios pasados.

—¡Crees que eres muy inteligente, Briefs! ¡Pero te metiste con el rival incorrecto! —La voz áspera del hombre la asustó —. Jeice no va a dejar las cosas así, aunque haya estado en tu propiedad tienes la obligación de cubrir sus suministros médicos... o te convenceremos de una manera menos ortodoxa. —Hizo una pausa, haciendo uso de un tono aterrador que hizo que el joven que escuchaba del otro lado levantara su atención a la defensiva y decidiera intervenir de inmediato.

—¡Vayanse al diablo!—Ella les gritó, cuando de repente la puerta de su cubículo se abrió y vio entrar a sus dos trabajadores, decididos a remediar la situación.

—¿Hay algún problema? — Goku preguntó, sin mirar a los otros dos baladrones.

—¡Sal de aquí, maldito greaser!— El obeso lo degradó. —Ocúpate de tus propios asuntos.

—¡Púdranse, brutos imbéciles! —Espetó la mujer rabiosa, arrojándoles el pisapapeles sobre el escritorio al oír la ofensa, lo que provocó que el acosador diera un paso en falso dispuesto a exigir respeto, nublado por la furia momentánea de recibir semejante trato por parte de una mujer loca. Pero inmediatamente se vio detenido por el mismo muchacho al que intentaba denigrar, quien frenó su avance empujándolo hacia atrás.

—Ella dijo que se fueran—insistió Goku, desatando en el par una verdadera sed de venganza. Ansiosos por mostrarle a ese engreído inmigrante cómo funcionaban las cosas en esa región.

—Este es tu día de suerte, tonto —el audaz intruso se lamió los dientes, visiblemente más corpulento que el chico—Aprenderás algunas lecciones sobre el lugar que los tuyos tienen aquí.

Pero al intentar capturar al menor, se encontró tirando del aire. Mientras este vibrante prodigio se instalaba en su vista lateral, asestando un único golpe de derecha en el rostro del hombre. En un segundo el otro secuaz estaba sobre el chico, y antes de poder vengarse, el joven se giró, clavando su codo en el brazo de su nueva víctima, enviándolos a ambos al suelo mientras la mujer y el otro testigo parpadeaban incrédulos por haber presenciado esa rápida, pero feroz contienda.

—¡Cabrón! —El bribón más alto se levantó primero, corriendo a encarar al osado imberbe que lo había golpeado por algún milagro desconocido, pero imitando a un torero manejando a su presa, Goku lo tomó del brazo, arrojándolo justo encima del otro que ya intentaba imitar su acción. La fuerza de su golpe fue suficiente para desmantelar la pared de yeso que constituía el cubículo, y en un instante, tuvo a ambos matones inconscientes en el suelo, sin derramar una sola gota de sudor.

—¡Diablos! —exclamó Krilin soltando el aliento, abrumado por la situación inverosímil que emergía de las posibilidades más ocultas. —… ¿qué carajos eres?

—¡Eso fue intenso!— Sonrió el vencedor, sacudiendo su mano apenas enrojecida por el uso, observando con asombro su propia hazaña sin creer la tremenda suerte.

—¿Intenso? ¡Eso fue una locura! ¡Dios, los pulverizaste!— Festejó la aun perpleja chica por el par de víctimas tendidas a sus pies, insegura de como debían actuar en primera instancia. Y una idea se instaló, de inmediato telefoneó a la policía en busca de lavar sus manos de posibles represalias

—Tienes que salir de aquí—, señaló a su salvador. —¡Diremos que este amigo fue quien me defendió! Las pruebas están por todos lados, es completamente creíble…

—¡De ningún modo voy a decir eso! —Krillin se cruzó de brazos, ocultando su nerviosismo—. No soy un cobarde, pero no quiero que me despidan, ¡Comencé este trabajo hace solo un mes!

—¡Hey! Dijiste que habías estado en este lugar durante años —Le recriminó Goku, exasperando a la mujer todavía gritándole que se fuera.

—¡Te daré un aumento! —ofreció Bulma al chivo expiatorio, haciendo que Krillin reaccionara con una conveniente sonrisa confiada.

—Bueno, he empezado a entrenar en un gimnasio especial… —Krillin levantó sus inexistentes bíceps—. Un gimnasio de boxeo, ¿sabes? Así que es perfectamente creíble que yo sea la coartada más adecuada…

—¡WOW! ¿Hay lugares donde te enseñen a practicar ese deporte?

—¡Claro, tonto!— resopló el otro joven sorprendido —¿No conoces los gimnasios de boxeo? ¿Creciste bajo una piedra? ¡Para practicarlo, necesitas entrenamiento formal!

—¡Mierda! ¡Quiero probarlo!

—¡SAL DE AQUÍ! — La mujer, ahora terriblemente molesta, lo empujó intentando cerrar la puerta detrás de él. —¡Te veré en casa, ¿de acuerdo?! La policía está aquí. ¡ya vienen!

—¡Qué carajos! ¿¡Ustedes dos viven juntos!? —El chico más bajo se quedó en shock, sintiéndose momentáneamente traicionado por el afortunado bastardo que ni siquiera creyó conveniente mencionarle ese hecho, pero en unos minutos la chica le explicó la realidad, omitiendo el detalle del estatus legal del joven, para luego de dar la declaración a los oficiales. Después de la explicación, ambos implicados se marcharon. Aceptando el ofrecimiento del oficial de llevarla a casa.

...

Al bajar del auto, Bulma miró su feo edificio. Repensando la razón por la cual siempre parecía terminar en el mismo escenario violento, sumando a este recuerdo las enormes deudas que no podía pagar, su turbio camino de desgracias hasta ese preciso momento. Cuando Bulma cruzó la puerta de su poco elegante y diminuta habitación, comparó su anterior forma de vida y se desplomó.

Su inquilino más joven ya estaba dormido, pero al oír el lamento se levantó de inmediato. Más no pudo hacer nada cuando su hermano mayor se adelantó, tomando su mano para guiar de empática forma a la triste mujer, enfilándola hasta la única mesa del lugar.

—Me lo dijo Carrot—Aclaró, ayudándola sin esfuerzo a llegar a la cocina para colocarla delicadamente en una de las sillas y ofrecerle agua— Bulma, lamento que hayas tenido que vivir eso, te juro que podría matarlos por esto.

—Es… no es… ¡ Maldita sea! ¡Es que estoy tan cansada! —Comenzó el desgarrador lamento, convirtiéndose en la débil hoja arrastrada por el impío viento de su negro destino, el río de tristeza mal contenido en su rostro por la renuencia a rendirse, desbordando su fuerza como una presa fracturada cediendo a la catástrofe— ¡Estoy cansada de mi maldita suerte!, de correr, de ser… ¡ABUSADA! ¡ESTOY TAN ENOJADA! ¡Los odio, LOS ODIO A TODOS! ODIO… Odio…

Golpeó contra la mesa, balanceando sus hombros mientras el llanto incontrolable debilitaba cada uno de sus muros de indiferencia, dejándose caer hasta escapar un débil y lastimero sollozo.

—Me odio —murmuró apenas, sintiendo el brazo de su oyente como una cálida manta de consuelo.

—La vida no es justa —dijo Raditz tras la descarga, sujetándola con un tono casi paternal que hizo que su hermano sacudiera la cabeza al comprender lo que quería. Viéndolo decepcionado por la truculenta actitud ventajosa con la que intentó seducirla en su momento de mayor vulnerabilidad.

Y la muchacha no percibió truco alguno, siendo ella misma una frágil masa de nervios, incapaz de procesar con éxito sus horribles vivencias, se aferró a lo primero que estuvo a su alcance y el otro comprendió su oportunidad dada, permitiéndole abrazarlo mientras pasaba su mano acariciando casualmente la espalda de la víctima. Raditz alzó el rostro, indicándole con una mirada dura al otro testigo que se marchara de inmediato, y Goku obedeció, no sin antes resoplar molesto por lo que ya intuía que se avecinaba, chistando decepcionado mientras auguraba un mal desenlace para la pobre muchacha manipulada.

Al cabo de una considerable fracción de tiempo, el llanto cesó y la joven se estremeció, regulando la intensidad de su altercado. Evidente debilidad en los ojos del hombre que la sujetaba mientras rápidamente intentaba subyugarla bajo un arriesgado movimiento. Detuvo la confortable caricia para cambiarla por una de mayor etérea suavidad, haciendo que aquella mártir levantara un escalofrío involuntario al percibir el cambio de intención. Pero, sorprendida, no pudo rechazar de inmediato tal avance y el otro lo confundió con una aceptación silenciosa, atreviéndose a llevar su jugada más allá y deslizar su mano hacia las piernas de la muchacha.

— Eres una mujer increíble, no tendrías que lidiar con toda esta mierda sola— Le susurró al oído, hipnotizando momentáneamente a su víctima, dándole cara con incredulidad. Raditz aprovechó su lapso de confusión e inclinó astutamente su rostro, hasta que se atrevió a sumergirla en un beso intenso. Pero sin esperarlo por completo recibió una terrible bofetada como respuesta.

—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! —protestó ella frenéticamente, levantándose en dirección contraria, todavía con la furiosa adrenalina latiendo en su corazón.

—¿Qué? Pensé que tú...— Respondió tan disgustado cuan abiertos los ojos la miraron. La presión de ver su intención arrojada por la borda le impidió dar una mejor respuesta —Pensé que tú... que sabías sobre...

—¿Estás loco? —Lo interrumpió ella, intuyendo de qué estaba hablando, indignada por la evidente trampa—. ¡Jamás me involucraría con alguien como tú! ¡Tipos como tú arruinaron mi vida!

Y el otro tomó de la peor manera las palabras erróneas con que ella quiso expresar su descontento. No refiriéndose a su estrato social altamente discriminado, sino al terrible carácter insidioso y violento en el que el otro parecía regodearse en todos los aspectos de su vida.

—Todo lo contrario ¡tu gente siempre ha arruinado la vida de tipos como yo! Es por eso que solo la escoria parece prestarte atención y darte el trato que mereces…

—¡¿Cómo te atreves a insultarme?! — Surgió en ella un volcán de rabia— ¡Después de todo lo que he hecho por ti! ¡Y de intentar seducirme sin ningún escrúpulo! ¡PRUDRETE, IMBÉCIL! ¡VETE A LA MIERDA AHORA MISMO! ¡LARGO! —Estalló con los dientes apretados, sin dejarse corromper por las lágrimas que amenazaban con arruinar su feroz fachada.

—¡Esta ya no es solo tu casa! —susurró el terriblemente inestable hombre, levantando su enorme e intimidante figura de la silla— ¡Hemos reparado la horrenda calidad de esta pocilga que llamas hogar! ¡Tenemos ahora tanto derecho como tú!

—¡No has hecho nada! ¡Fue tu hermano! —Respondió ella, todavía furiosa—. ¡Y no es tu maldito derecho! ¡LARGO DE AQUÍ!

Ella le dio un empujón sin moverlo ni un centímetro, ganándose sólo un par de burlas del joven que incluso se atrevió a tomarle la mano antes de que ella intentara empujarlo de nuevo.

—Oblígame tonta —Murmuró tan bajo como una amenaza, haciéndola luchar en completo shock para deshacerse del peligro que ahora veía claramente. La enorme bestia de ojos oscuros, sedienta de violencia, imponiéndose con toda la crueldad reflejada en su diabólica sonrisa de satisfacción. Lanzándole una mirada humillante y aterradora—. Basura blanca como tú son siempre los mismos cobardes, usando su maldito racismo contra los enemigos vulnerables, pretendiendo ser mejores que el resto.

—¡ESTÁS LOCO! —Gritó, usando su última pretensión de invulnerabilidad para salir del terrible problema que había causado al confiar ciegamente en extraños como lo había hecho. Y antes de que perdiera la esperanza, otra voz intervino en su favor.

—Raditz— Aquel que menos pensó vendría en su ayuda, surgió desde la otra habitación— Vete.

Habló Goku, sin su calma habitual, expresando con la postura lo que no podía con palabras.

—¿Qué has dicho? —Repitió el mayor sin ninguna agresividad, solo comprobando que lo que escuchaba no era una mera alucinación de su subconsciente.

— Dije… ¡VETE!

Ambos hermanos permanecieron en silencio, la tensión en sus rostros era solo un indicio de la verdadera batalla interna, electrizando cada una de sus extremidades listas para la contienda propuesta.

—¡No te atrevas a faltarme el respeto de esa manera, pedazo de mierda! —gruñó Raditz, todavía sin creer las agallas del otro intentando confrontarlo sin otra explicación que su postura rígida y furiosa.

Oblígame —respondió el más joven de la misma manera que él lo habría hecho con Bulma. Sin miedo, sin arrepentimiento. Solo con la simple rabia fluyendo por sus venas. Enfrentándose por primera vez a la imagen de quien le había dado suficiente dolor por toda una vida. Ya era suficiente.

Y el mayor rió, poniendo ambas manos en la cadera, como si el mejor chiste del mundo hubiera resurgido para presentarlo como un completo maniático delante de todos.

—Bien—susurró y esa fue la única señal que tuvo la joven para correr hacia la puerta, el primer golpe se escuchó y ella no pudo observar la feroz batalla que se desarrollaba detrás. No detuvo la frenética huida al escucharlos caer al suelo, sintiendo los desesperados latidos de su corazón exigir una rápida solución, mientras se escuchaba todo el desorden destrozando su apartamento.

—¡ROSHI!— Gritó desesperada, golpeando su puerta con fuerza sin importar el momento inoportuno de la noche, hasta que el anciano apenas cubierto con una vieja camiseta manchada salió para averiguar el motivo del escándalo.

—¿Qué rayos, niña?

—¡DATE PRISA POR FAVOR! ¡SON ELLOS! —Lo tomó del brazo sin darle ninguna explicación, pero cuando regresaron al sitio los dos se quedaron sin palabras.

El gentil Goku, siempre sonriente y tranquilo, el mismo chico que ella habría observado dulcemente abrazar niños pequeños y acariciar animales callejeros, se alzaba como una imparable fuerza sangrienta de la naturaleza. Destrozando el rostro de su hermano bajo el impío huracán de sus atroces puños, a medio camino Raditz de brindarle a una defensa ineficaz al punto de casi perder la conciencia. No había una sola porción de sus cuerpos sin el rastro visible de ira. Aunque destrozados en medio de ese derroche material y emocional, solo uno de ellos parecía tener el control indiscutible de la situación.

—¡BASTA, MUCHACHO!—, exclamó Roshi al ver al más joven acorralar al mayor en una serie repetitiva de feroces cruzados, inmovilizando con su duro brazo el cuerpo casi inmóvil de su hermano mayor contra la pared, mientras Raditz seguía intentando alcanzar el cuello del indiscutible ganador para pretender por lo menos asfixiarlo.

Y aprovechando la distracción, el más alto logró golpear a su verdugo con un gancho de izquierda, consiguiendo liberarse y apenas mantenerse en pie entre el desorden de muebles destruidos. Su propia sangre derramada ardía, dándole poca visibilidad a sus ojos castigados por la ira latente de quien resultó ser un oponente mucho más fuerte que él.

La horrible mirada que ambos se dieron fue escalofriante, la cuota silenciosa de toda una vida de agravios no dejaba más explicaciones. Un ajuste de cuentas necesario finalmente se consolidó. No había nada más que decir. Entonces el derrotado perdedor, todavía temblando de dolor, levantó la cara y escupió sangre. Tambaleándose, miró con cautela a los demás, limpiándose la sangre restante de la boca. Caminó con la cabeza en alto, pasando entre ellos sin decir palabra y desapareció de allí.

Los testigos boquiabiertos miraron al único vencedor en pie, con la determinación feroz de un gladiador bañado en la sangre de su rival y la propia. La imagen salvaje de este irreconocible Goku les quedó presente hasta que se desvaneció y lentamente regresó a su rostro sereno habitual.

—Yo… yo repararé todo, Bulma.

Fue lo único que atinó a decir, cayendo de bruces en el revoltijo, como si hubiera perdido la motivación adrenalínica que lo mantenía en pie. Y por ese fatídico día, todo se terminó.