Quiero agradecer a todos los que siguen esta historia. Poco a poco estamos llegando al punto culminante. Gracias a los que me escriben. Mmm me gusta que tengan sus teorias, eso nos hace una comunidad jejeje ojala les sorprenda lo que viene. Los quiero, y como siempre, espero sus opiniones . Saludos

CAPÍTULO XXVII

El maniquí cayó hacia atrás después del quinto tiro. Tenía agujeros por todo el cuerpo, el último lo recibió justo en el centro en la parte frontal. El resorte lo regresó de nuevo a su sitio, listo para recibir un nuevo impacto. JanDi agudizaba la vista apuntando la pistola hacia la figura de plástico. Estaba a punto de jalar el gatillo cuando una voz le habló en el oído.

-Necesitas un descanso –

Soltó la bala que dió en el hombro derecho. Se quitó las gafas de protección, y se giró furiosa hacia el inoportuno que la distrajo.

-Me has hecho fallar – le dijo. El sonrió burlón, sacó un puro y comenzó a fumarlo.

-Deberías de saber manejar este tipo de situaciones, florecita. Veo que mis lecciones aún no las has aprendido bien. Aún tienes sensibilidad –

-Solo fue una distracción – dijo mientras apuntaba de nuevo disparando en el pecho.

-¡Buen tiro! – dijo aplaudiendo orgulloso. Se acercó a ella con lentitud y volvió a hablarle cerca del oído - ¿Podrás hacerlo con nuestro Senador? – Ella tragó saliva y endureció la mirada. Apuntó de nuevo, disparando directamente en el corazón.

-¡No será fácil! Él está entrenado en armas -respondió fríamente. Takeshi la miraba buscando algún tipo de emoción,Pero ella seguía impasible, preparando el arma para un nuevo tiro.

-Bueno, entonces será un duelo interesante - le dijo aspirando nuevamente el humo satisfecho de su respuesta.

– ¿Qué hay del último cargamento? – le preguntó.

-Está listo. Tú harás la entrega – ella asintió

-¿Ya saben cuando se iniciará con el plan? – le preguntó mirándolo por fin.

-Solo estamos esperando que nuestro contacto nos avise, y entonces empezamos –

-Bien – dijo JanDi mientras se quitaba todo el equipo de práctica de tiro – voy a ducharme. El la tomó del brazo para detenerla.

-Cuando vuelva a ser poderoso, ¿estarás conmigo? ¿cierto? - Ella no volteó.

-Estoy contigo ahora – respondió. Takeshi no dijo nada, la giró fuerte quedando su rostro pegado al de ella.

-Dime que El no te interesa. Que no sientes nada – Alzó la mano que sostenía el puro, y la pasó por su rostro. Sus ojos que siempre proyectaban una mirada fría y soberbia, se veían abatidos, se podía percibir temor en ellos. JanDi arrugó el entrecejo. Nunca lo había visto de esa manera.

-Quiero matarlo. ¿Eso es suficiente para ti? – le respondió sin titubear. Delante de él, era muy fácil esconder sus emociones. El la miraba de forma aprehensiva.

-¿De que me sirve que muera? Si vivirá eternamente dentro de tu mente y de tu corazón – dijo señalando con el dedo su cabeza y su pecho respectivamente.

-¿Qué te sucede? Sabes que lo de él y yo, solo es un contrato. El Único hombre al que amé, está enterrado dos metros bajo tierra – respondió para tranquilizarlo.

-El único al que amaste… ¿estás segura? Desde que te conocí, nunca te habías negado a mis caricias, eras tú quien me buscabas, quien se metía entre mis sábanas para tener encuentros apasionados, pero… hace tiempo que no eres la misma. Me muero de celos de pensar, que duermas en su cama, que lo beses, que te entregues a él, y no solo en cuerpo, sino también en alma - dijo mirándola a los ojos, tratando de encontrar en ellos la verdad de sus palabras. JanDi apretó la mandíbula y desvió la mirada. Él le tomó la barbilla para que volviera a mirarlo.

-No soporto la idea de perderte. Te estás escurriendo de mis manos como arena. No estoy dispuesto a eso. Mucho menos con él, precisamente con él. El hombre del que juré vengarme, y quien tiene que pagar por la desgracia de mi familia, y eso incluye lo que le hizo a MinJi – JanDi se dió cuenta de que hablaba con sinceridad. Se veía desesperado, pensó que El no tenía sentimientos, que era un hombre hecho de hierro y piedra, despiadado y cruel, que no podía sentir amor por nada ni por nadie. Lo había visto torturar hombres, mujeres y niños hasta matarlos, sin un atisbo de emoción. Recorrer lugares ordenando masacres sin tener compasión por nadie. Y ahora, veía su vulnerabilidad y miedo por un solo hombre, quien vino a desestabilizar su vida perfecta.

-No tienes de qué preocuparte. El me odia y yo a él – El echó la cabeza para atrás en una carcajada.

-Jajajajajaja. El no te odia, Florecita, ¿no entiendes que he seguido sus pasos desde que era niño? El te ama, lo ha hecho siempre desde aquél día en la escuela secundaria, cuando buscabas una piscina. El se fijo en tí, como yo también lo hice. El y yo tenemos muchas cosas en común, y tú eres una de ellas. Ambos sufrimos por tu rechazo, el día que te decidiste por el heredero de Shinwa, y ambos aprendimos a estar contigo sin pedir nada, guardando nuestros verdaderos sentimientos – Ella lo miró sin poder creer lo que le decía – El sonrió de forma genuina y se alejó un poco fumando su puro y sacando una bocanada de humo.

-Si Florecita. Yo también estudié en Shinwa. Tenía que hacerlo si no quería perderle la pista. Sólo que manejé un bajo perfil. Ni siquiera MinJi sabía de mi presencia. Me las arreglé para que ella siempre pensara que estaba en Japón. No quería involucrarla en esto. Pero, sucedió lo de Paris, yo estaba ahí, entonces acudió a Mi para que la ayudara a vengarse. Ahora ambos teníamos un motivo para odiarlo. Así que la instruí y la ingresé al clan, lo demás, ya lo sabes –

-Entonces, tú sabes lo que pasó en Paris – Terminó el puro y lo piso en el suelo para apagarlo.

-Yo vi todo. Pero, ¿Qué importa lo que pasó? Gracias a eso, MinJi tiene el rostro desfigurado - Regresó su mirada hacia ella.

- Te vi cuando estabas cubierta de harina en el patio de la escuela, estaba yendo hacia ti, pero JunPyo llegó primero. Ahí supe que Yoon JiHoo te había perdido para siempre. Me causó satisfacción, porque tuve una idea de cuál podría ser su punto débil -

-¿A qué te refieres? – Takeshi sonrió nuevamente pero no respondió, en cambio, revisó su reloj de bolsillo. Luego volvió su vista hacia ella.

-Solo… continuemos con lo pactado y estaremos bien. Nos esperan grandes cosas Florecita, pero debemos permanecer juntos, ¿entiendes eso? –

-Lo entiendo. Me voy -

-¿No quieres que te acompañe? - le preguntó de forma sugerente. Ella volteó hacia él y sonrió.

- Creo que mi baño tomaría demasiado tiempo si lo haces, y tengo poco tiempo antes de realizar la entrega – contestó con amabilidad. El asintió en respuesta y le indicó con la mano que podía irse. Ella inclinó la cabeza en una reverencia y subió a su recámara.

Se metió a la tina de baño, cerró los ojos para dejar fluir libremente sus pensamientos. El único lugar secreto donde nadie podía escucharla, donde nadie podía ver sus deseos. Pasaba la espuma de jabón por su cuerpo sintiendo satisfacción relajando sus músculos. El agua tibia era reconfortante. El aroma de las flores de jazmín inundaban sus fosas nasales dándole un exquisito placer. " ¿Podrás hacerlo con nuestro Senador?"; Retumbaron en su cabeza, las palabras recién dichas por Takeshi. Se imaginó al hombre de cabellos dorados frente a ella, recordó su engaño, su abandono. Sabía sobre su hijo, y aún así, dejó que se hundiera en la miseria de la depresión y la tristeza. No lo perdonaría, fue un golpe bajo. Recordó la historia de MinJi, jugó con ella, casi muere por su culpa, la sedujo como lo hizo con ella, pero nada era real, su verdadero amor siempre había sido Seo Hyun. "El siempre te ha amado", había dicho Takeshi, ¿cómo podía estar tan seguro? Exprimió la esponja con agua de espuma en su cuello, quería limpiar todas esas heridas. Volvió a centrarse en él, pero esta vez, visualizó sus ojos suplicantes que le pedían regresar. "Vuelve conmigo cariño". La llamó "cariño", como lo haría un esposo llamando a su amada esposa, acaso ellos ¿eran eso? Pasó la esponja por su brazo, no pudo evitar recordar ese momento en que entrelazaron sus manos en la espuma del lavaplatos, se sentía tan suave y tan sensual sentir sus caricias. Se mordió el labio cuando recordó sus besos húmedos compartidos en la habitación. Dejó la esponja y comenzó a recorrer con sus propias manos su abdomen. Lo imaginaba encima de ella repartiendo besos sobre su cuerpo, intentó bajar más, sentía una necesidad de él que no podía controlar.

-¿Te traicionan tus pensamientos? – alguien dijo. JanDi abrió grande los ojos y se incorporó en la tina. MinJi la miraba con los brazos cruzados examinándola. Sonrió un poco al ver como JanDi buscaba la esponja para continuar lavándose. ¿En qué momento pudo invadir su privacidad? MinJi mostró la palma de su mano.

-No era mi intención interrumpirte, vi la puerta abierta y pensé que estaba vacío – le dijo acercándose para tomar la toalla y pasársela. JanDi extendió la mano.

-¡No hay problema! ¡Gracias! – quiso tomar la toalla pero MinJi la alejó. JanDi arrugó el entrecejo. ¿Qué pretendía? MinJi se acercó poniéndose a su altura. Le habló muy cerca del rostro.

-¿Pensabas en él? – JanDi seguía sin entender. MinJi la recorrió con la mirada, lo que la intimidó un poco.

-¿Lo imaginabas tocándote, besándote? – le decía en voz baja. JanDi sintió un calor recorrer su cuerpo. ¿Por qué hacía esos comentarios …? Se preguntaba. MinJi hablaba pasándose las manos por sus propios labios, al tiempo que cerraba los ojos. Cuando los abrió, hizo para atrás la cabeza en una sonora carcajada.

-Jajajajajaja, ¿Qué te sucede JanDi? Es normal que una mujer también sienta deseos por un hombre. Solo que, yo esperaba que no fuera él, sino mi hermano. Pensé que no te interesaba.

-No sé de quién estás hablando – le dijo arrebatándole la toalla y poniéndosela.

-Tú sabes de quién estoy hablando. Aunque no te culpo, El tiene un magnetismo difícil de eludir. Siempre me pregunté, ¿Por qué no lo elegiste? – dijo poniendo la mano en la barbilla pensativa.

-No era mi tipo – contestó simplemente para zanjar el tema.

-Entonces, tu tipo son hombres fuertes, crueles, temerarios. Hombres que pueden humillarte y causarte dolor. Ahora entiendo tu atracción hacia JunPyo y mi hermano. Tiene lógica. Eres selectiva ¿no? – una punzada se situó en su pecho. Inconscientemente le daba la razón a esa mujer desequilibrada. Ciertamente, eligió a JunPyo con el que tuvo un noviazgo con muchos momentos de sufrimiento, y de su matrimonio no podía decir que fue miel sobre hojuelas. Y en medio de su dolor, conoció a Takeshi. Un Hombre que era mucho peor que su difunto esposo, pero eso le resultó atractivo. Recordó el momento en que se rindió a sus encantos;

4 años atrás ….

Después de haber encontrado a esa mujer con su esposo, y ver la forma protectora en que JiHoo se la había llevado, no pudo contener su furia, por lo que se quedó en el bar hasta embriagarse. Esa maldita había estado coqueteando con él, haciéndolo reír, cuando hacía tiempo que él no lo hacía. Siempre estaba de malhumor y ausente. Unos pasos en las escaleras hicieron que ella volteara, aunque debido a su estado era difícil enfocar bien a quien había llegado junto a ella.

-¿Quiennn eressss? – preguntó arrastrando las palabras. El intruso le quitó la copa de entre las manos y la tiró al suelo.

- Estás borracha de nuevo – dijo en voz alta y con un tono que denotaba enojo –

- ¿Y a ti que te importa? – dijo mientras tomaba de la botella, al ya no tener su copa. La cual nuevamente le fue arrebatada y estrellada en el piso haciéndose añicos. Se puso de pie tambaleándose completamente furiosa.

- ¿Qué te pasa idiota? - le dijo a su esposo intentando golpearlo. El le tomó las manos para evitarlo.

- ¿Qué te pasa a ti? ¿Por qué ahora te ha dado por embriagarte hasta perder la conciencia? – Ella seguía forcejeando.

- ¡Por ti! ¡Por tu culpa! ¿Qué? ¿Te decepciona que no sea la correcta heredera del grupo JK? – dijo en tono burlón.

- No te compares con Ella –

- ¡Imbecil! - ¿Por qué no te casaste con ella ah? ¡Seguro te arrepientes de haberte casado con una simple plebeya! ¿De eso hablaban antes de que llegara? ¿Se ponían de acuerdo para tener sexo a mis espaldas? –

Un ardor en la mejilla hizo que cayera al suelo. La fuerte mano de JunPyo había sido estrellada en su mejilla con fuerza, causándole dolor y desequilibrio. Puso la palma de su mano para cubrirse el golpe. Él se apresuró a arrodillarse junto a ella.

-JanDi, ¡Perdóname Mi amor! – pero ella manoteaba evitando que él se acercara.

-¡Aléjate! –

-JanDi… -

-¡Que te alejes! ¡no te atrevas a tocarme! ¡Eres una basura! –

-¡Por favor! ¡JanDi! No quise hacerlo, me dejé llevar por el enojo –

-¡Vete! ¡Te odio! – dijo levantándose para salir corriendo de la mansión. Jun Pyo intentó seguirla pero ella le lanzó una pieza de una pequeña escultura que le dio justo en la cabeza haciéndolo tambalear. Por lo que aprovechó para alejarse lo más que pudiera, aunque debido a su embriaguez no podía saber exactamente en qué dirección iba. Un auto de lujo se puso junto a ella.

-¿Señora Gu? – le habló alguien. Pero ella no contestó. Aún intentaba retomar el rumbo. El auto se detuvo, y de él salió un hombre alto, bien vestido. No podía enfocar bien su rostro, pero parecía atractivo con una barba y bigotes finos para delinear su mandíbula varonil. Una roca hizo que trastabillara y casi cae al piso, sino fuera por los fuertes brazos del desconocido que la perseguía.

-¡Tenga cuidado! – dijo de forma alarmante.

-¡Venga conmigo! Le llevaré a su casa – al escuchar eso. JanDi intentó soltarse de su agarre y caminar en dirección contraria.

-¡No! No quiero regresar allá. Debo salir de ahí – dijo. El la volvió a tomar en brazos.

-¡Pero no puede andar sola en ese estado! –

-¡Llévame a otro lado! Menos ahí. ¡No puedo volver! ¡Es un infierno! ¡Por favor! ¡Llévame contigo! – le dijo suplicante.

-¡Está bien! ¡Vamos! – dijo cargándola y subiéndola a la parte trasera del auto. Una vez que estaban los dos adentro, él ordenó a su chofer.

-¡Man Shik! ¡Vamos a casa! –

-¡Como ordene amo! – contestó el chofer.

El la recostó en una cama con delicadeza. Después le trajo un vaso con agua y un analgésico.

-Tome esto, le ayudará a sentirse mejor – le dijo. Ella obedeció, empezaba a tener dolor de cabeza y náuseas. No recordaba bien cuánto había dormido. Cuando despertó, miró a su alrededor desconociendo por completo el lugar.

- ¿Dónde estoy? – dijo asustada. Una mujer se levantó de su asiento. Al parecer estaba cuidando su sueño.

-¡Señora!- dijo haciendo una reverencia – Le avisaré al amo que ya despertó – Salió presurosa de la habitación y a los pocos minutos ingresó el hombre que había visto antes, aunque ahora que estaba lúcida pudo distinguir perfectamente sus facciones. Cabello ligeramente largo pero perfectamente peinado, barba y bigotes finos, con rasgos japoneses. Era el socio de JunPyo, Takeshi Kaneshiro, un hombre sumamente atractivo. De pronto sintió vergüenza y bajó la mirada. Cruzó sus manos en su espalda y le sonrió con calidez.

- Señora Gu. Es un alivio ver que se encuentra mejor –

- ¡Si, gracias! – dijo poniendo su cabello detrás de la oreja con la mano un poco temblorosa.

- No se preocupe. Nadie más logró verla – dijo para tranquilizarla. Ella asintió aún apenada. El se sentó en una silla frente a ella cruzando una pierna y poniendo sus brazos cruzados.

- Quiero decirle que no me interesa saber que la orilló a huir de su casa, pero puede quedarse aquí el tiempo que guste –

- ¿Qué hacías cerca de mi casa? –

- Vine a Corea a arreglar a algunos asuntos. Pase a las Oficinas de Shinwa para cerrar el trato con Japón, pero me dijeron que estaban en la Mansión. Así que pensé en pasar a saludar, y aprovechar para hablar del negocio – JanDi se hundió más en la cama y su rostro estaba rojo.

- No te preocupes, sé que todas las parejas tienen sus problemas. Soy yo quien se disculpa por haber invadido su privacidad –

- No era la mejor manera de conocernos – dijo ella avergonzada. El sonrió y la miró fijamente.

- Yo lo considero suerte – JanDi lo miró extrañada.

- ¿Suerte? – El se puso de pie y se acercó a ella.

- ¿De que otra manera iba a conseguir, que la Señora Gu estuviera en mi casa, descansando en mi cama? Siempre he deseado conocerla, y debo decir, que es mucho más bella en persona, que en fotografía – le dijo inclinándose con las manos en los bolsillos y sus ojos fijos en los de ella. Estaba claro que le estaba coqueteando. Ella desvió la mirada, tenía las mejillas rojas y calientes, hacía mucho tiempo que no recibía un cumplido. A veces se sentía repudiada e indeseada por su propio esposo. Nunca se consideró hermosa, pero cuando conoció a su esposo, él la hizo sentir amada, algo que ya dudaba siguiera siendo así. Con cautela, el extendió su mano y rozó su mejilla con su dedos, apenas tocándola. Ella giró su cabeza y apretó los ojos, el casi imperceptible contacto, le produjo dolor.

- Su esposo se equivocó al atreverse a lastimarla. No existe ningún motivo o justificación, para golpear así, a la mujer que se ama - JanDi retuvo las lágrimas que amenazaban con salir, se levantó de la cama y comenzó a ponerse los zapatos.

- Yo… debo irme, gracias por sus atenciones –

- ¡Señora Gu! – la llamó

- JanDi… dime JanDi – El sonrió ante su timidez.

- JanDi… puedo llevarte, si gustas – Ella asintió. Llegaron a las mansión Gu y él pudo notar su nerviosismo. Ella se bajó con decisión sin esperar a que él le abriera la puerta, lo que hizo que él corriera para alcanzarla antes de que se abrieran las puertas de metal. Ella tocó el timbre mientras él llegaba junto a ella.

- JanDi… por favor, ¡llámame si me necesitas, estaré siempre disponible para ti – le dijo mientras le entregaba una tarjeta. Ella la tomó y se inclinó en agradecimiento. Las puertas se abrieron por lo que avanzó hacia dentro de la mansión, giró su cabeza para ver cómo el hombre se quedaba de pie tras las puertas que comenzaban a cerrarse. Se metió a su habitación para darse una ducha caliente. Después del baño se colocó el pijama dispuesta a descansar, pero un ruido en la parte de abajo la despertó. Escucho gritos y golpes. Bajo rápidamente encontrando a su esposo sostenido por el secretario Jung y uno de los guardaespaldas, tenía las manos ensangrentadas y de su frente salía un hilo de sangre. ¿Qué había pasado? Junto a él estaba Lim Wong y la Señora Kang, tratando de hablar con él.

- JunPyo… - lo llamó. El la miró, pero le asustó ver sus ojos rojos y desenfocados.

- Tu… vete de aquí – le dijo la Señora Kang. Ella no reaccionó. Se acercó a él y le tomó el rostro.

- JunPyo… ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? – le dijo. El al escucharla arrugó el entrecejo y dejó de forcejear. Ella pudo ver como buscaba su mirada.

- JunPyo… - volvió a decirle. Los dos hombres que lo sostenían fueron soltándolo poco a poco. Se puso frente a ella y ladeó la cabeza como reconociéndola. Levantó su mano en un intento de tocar su mejilla.

- ¿Qué tienes? – le preguntó ansiosa. Al segundo siguiente estaba tirada en el piso con la mejilla ardiendo. Un sabor metálico se situó en su boca, debido a la herida recién abierta en su labio. Con furia se levantó para enfrentar a su esposo. Nuevamente estaba siendo detenido por los mismos hombres y se había unido Lim Wong. La señora Kang la miró con furia.

-Lárgate, solo lo alteras más – le dijo. JunPyo gritaba e intentaba abalanzarse sobre ella para golpearla de nuevo.

- ¡Ahhh! ¡Suéltenme! ¡Ella se lo merece! ¡Solo busca mi dinero, no se lo voy a dar, quiero que sufra! ¡Me das asco JanDi! – decía JunPyo una y otra vez. JanDi no entendía por qué tenía ese comportamiento, pero sus palabras le taladraron el alma. Hacía tiempo que su matrimonio ya no era como al principio, pero aún lo amaba. Salió corriendo hacia su recámara, se tiró en el colchón y dejó fluir todo el llanto contenido. Pensó en alguien, pero recordó que ellos ahora eran enemigos, ya no contaba con él, se lo dijo esa noche. Lloró nuevamente, le dolía saber que él ya no podía ayudarla, y tampoco deseaba hacerlo, su corazón ardía necesitándolo, pero El simplemente, había apagado su alarma, ya no podía escucharla. Lloró toda la noche hasta que sus ojos quedaron secos. A la mañana siguiente se arregló como si nada hubiera pasado, ignoraría a JunPyo, y se concentraría en los negocios de Shinwa.

Así pasaron varios días, JunPyo parecía un fantasma, y ella ya ni siquiera intentaba hablar con él. Sabía que se encerraba en el estudio o en su habitación durante horas, y en ocasiones tuvieron que llevarlo al hospital. Algunas noches se paraba en su puerta con la intención de entrar, pero solo se quedaba quieta escuchando. Algunas veces solo había silencio, y otras, lo escuchaba diciendo cosas ininteligibles, gritando o llorando. Era extraño que después de esos raros episodios, pudiera comportarse tan tierno y amoroso con DoYun, en su recámara, o cuando tomaba sus lecciones de música. Lo que acrecentó su resentimiento hacia el niño, aunado a que varias veces se encontró con su antiguo amigo debido a que se había convertido en su Maestro, y los tres permanecían cantando y tocando melodías alegres. JunPyo parecía él mismo cuando estaba con ellos, pero se transformaba cuando ella aparecía. Se convertía en un mounstruo. Eso la orilló a pasar más tiempo en Shinwa, que en su casa. Takeshi la frecuentaba más seguido, había viajado con él a Japón en varias ocasiones, y debía admitir que esos viajes eran reconfortantes. Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, Shinwa parecía perder cada vez más credibilidad. El hecho de que el presidente siempre estaba indispuesto, complicaba cerrar los negocios. Wong se paseaba más por las oficinas de forma soberbia y hablaba con los clientes, como si del Director se tratara, y a ella la relegaba a un segundo plano, por lo que no tenía todo el apoyo de los socios e inversionistas, haciendo que Shinwa, se hundiera cada vez más. Lo peor era, que la Madre de JunPyo lo apoyaba, y la culpaba a ella de que todo se estuviera viniendo abajo, incluyendo el estado cada vez más deplorable de su hijo. DoYun era un caso aislado, ese niño prácticamente estaba a cargo de JiHoo. Debido a sus múltiples compromisos, y a la tensión en casa, ella prácticamente no lo veía, y JunPyo debido a su "enfermedad" no podía ejercer su papel de padre. Así que la mayor parte del tiempo, la pasaba con el F4, por lo que el niño ya le tenía mucho cariño. Un día que necesitó la firma de Takeshi de forma urgente, decidió ir a buscarlo a su casa.

-Adelante, señora Gu. El Jefe está en el patio de entrenamiento – le dijo el guardia que la recibió. Ella acudió allí de inmediato, ya había estado ahí varias veces, así que conocía el camino. Takeshi estaba vestido con un kimono blanco y practicaba combate con otro contrincante al que venció fácilmente. JanDi se dió cuenta que los movimientos no eran como las artes marciales coreanas ni japonesas, así que cuando él se acercó a ella sonriente, ella no se quiso quedar con la duda.

-Hola – le dijo.

-Hola – le respondió. Es interesante lo que practicas. Parece una disciplina muy complicada. El sonrió mientras se secaba el sudor con una toalla.

-Es el Krav Mag, una variación del Kung Fu pero más letal –

-¡Vaya! –

-¿Quieres aprender? – le preguntó.

-¡No! Yo… no podría aprender algo así, no me gustaría herir a nadie –

-¡Está bien! ¿Para qué me necesitas? –

-Ehh bueno, necesito una firma tuya –

-Mmm claro, solo que necesitaría que me acompañaras a mi recámara para cambiarme, mientras me explicas. Lo que sucede es que en una hora tengo un vuelo a Japón, y no cuento con mucho tiempo –

-Si, ¡vamos! – Entraron a la habitación, y se sorprendió al observar todo lo que allí había como; artículos de combate, armas y trajes de todo tipo. Le llamó la atención una indumentaria negra para mujer, era extraño habiendo solo hombres en ese lugar, y las únicas mujeres, pertenecían a la servidumbre. Pasó su mano por él sintiendo la textura e imaginándose dentro del mismo. Takeshi la miró y sonrió.

-¿quieres probártelo? Parece a tu medida – Ella negó sonriendo

-Solo miraba – El bajó el traje. La lluvia comenzaba a caer, los relámpagos iluminaban la noche, que desde hace rato, había obscurecido todo. Lo puso frente a ella.

-Fue diseñado para La Viuda Negra –

-¿Qué? – preguntó confundida. El sonrió.

-Este lugar no es solo mi casa JanDi. Es mi Santuario, mi Refugio, el lugar en donde preparo una misión importante. Algo que he buscado hacer durante mucho tiempo. Pero para eso, necesito la ayuda de alguien, una mujer. Que sea valiente y que esté dispuesta a desprenderse de su vida, para convertirse en alguien invencible, alguien que no mire hacia atrás, y que quiera luchar conmigo para tener poder, respeto, admiración – JanDi miraba con detenimiento. Cuánto deseaba vivir la vida de otra persona, enterrar su miserable vida y ser otra. Estaba cansada de las humillaciones, de los golpes, de sentirse defraudada e ignorada por la gente que amaba. Estaba harta de su vida, y quería volver a ser alguien respetable, alguien que no fuera pisoteada. Quería que le tuvieran miedo. Pero antes debía dejar sus dudas, sus temores, su amor por esposo y dejar de esperar por el consuelo de Él, lo había perdido, ese ya no llegaría. Takeshi parecía descifrar sus pensamientos porque estiró el brazo y le tomó la mano para poner en ella la ropa.

-Señora Gu, usted es la persona ideal para portarlo. Tiene una gran fuerza en su interior, no tema usarla – Ella lo miró un poco más convencida. Tal vez solo podía probárselo. No rompía ninguna regla con eso, ¿no?

-Está bien. Pero… solo es para ver si me queda –

-¡Claro! Pase – le dijo mientras la llevaba al vestidor del armario. Una vez puesto, se miró en el espejo de cuerpo completo. Se veía tan diferente, parecía otra persona. Le gustó, ese traje de algún modo, la hacía sentir poderosa, sin ataduras, libre. Se peinó en una cola alta y se puso unas botas largas de cuero negro que encontró. Definitivamente, era otra JanDi. Sonrió para si misma. Cuando se mostró ante Takeshi, el hombre abrió los ojos de par en par, dejó el puro que estaba fumando y sonrió ampliamente.

-Sabía que sólo tú podrías llenar ese traje – se acercó a ella y le tomó la mano para darle la vuelta.

-Estás preciosa – ella se sonrojó.

-¡Gracias! – Se acercó a ella un poco más, haciéndola retroceder. JanDi se sentía intimidada por ese hombre, pero a la vez, le provocaba un sentimiento de adrenalina.

-¡Por favor perdóname! Sé que eres casada, pero no puedo seguir ocultando la atracción que siento por ti – dijo acercándose. JanDi no sabía cómo responder a esa confesión. Era claro que El le parecía atractivo, pero no había amor. Ella no podía amar a nadie, estaba demasiado rota, lastimada.

-Tú puedes ser mi Viuda Negra, puedo ayudarte a sentirte mejor. No necesitamos que haya amor, solo personas que quieren olvidarse un momento de sus vidas tristes – se acercó a ella buscando sus labios. JanDi estaba paralizada, de pronto tenía la mente en blanco, quería reaccionar pero el cuerpo no respondía. Estaban a escasos centímetros cuando la puerta se abrió de golpe. Ambos giraron el rostro asustados por la interrupción. JanDi sentía el corazón desbocado, ahí en el umbral de la puerta, se hallaba JunPyo, su esposo. Traía puesto un abrigo que no reconoció, con rastros de gotas que caían de su cabello mojado. Seguramente había corrido bajo la lluvia.

-¡Señor Gu! – dijo Takeshi con la voz temblorosa.

-¡JunPyo! – habló JanDi. Él sacó una pistola de entre su ropa y los apuntó a ambos.

-¡Eres un malnacido Takeshi! ¿Qué más piensas quitarme? ¡Sé quien eres, y qué quieres! ¡Pero estoy aquí para evitarlo! –

-¿No se de qué hablas Gu JunPyo? Eres tú quien ha abandonado todo –

-JunPyo, por favor baja el arma – dijo JanDi acercándose. El la miró y la barbilla le comenzó a temblar.

-¿Por qué me traicionas? ¿Por qué me dejas por El? ¿No ves que solo quiere destruirme? ¿Qué solo quiere alejarte de Mí? –

-¿De qué hablas? Yo no te he traicionado –

-¡Mientes! – gritó fuera de si. Takeshi se adelantó y levantó las manos.

-Estoy desarmado. Déjala ir JunPyo, arreglemos el asunto tú y yo –

-No tengo nada que arreglar contigo traidor. ¡Aléjate de mi Mujer! - gritó nuevamente.

-¡JunPyo! ¡No estoy con él! – gritó JanDi.

-¡Tu también mientes! ¿acaso me crees ciego? ¿Qué hacías aquí en su recámara? ¡Se estaban besando, con un demonio!-

-¡Te equivocas, JunPyo! – suplicaba JanDi. JunPyo comenzó a llorar y la mano empezó a temblarle.

-¡Baje el Arma Director! – le decía Takeshi acercándose, JunPyo seguía llorando. Cuando Takeshi estaba casi junto a él, JunPyo levantó el puño e intentó dispararle –

-¡Noooo! – gritó JanDi interponiéndose, JunPyo la empujó fuerte y ella cayó golpeándose con el filo de la cama. Un hilo de sangre comenzó a correr de su cabeza quedando inconsciente al instante.

-¿Qué hiciste imbecil? – le gritó Takeshi intentando ir hacia JanDi, pero JunPyo jaló el gatillo y dos disparos salieron de su arma dando de lleno en el hombre que cayó inerte. El corrió hacia JanDi y la levantó en brazos.

-No de nuevo, no mi amor. Tienes que despertar – la cargó con las pocas fuerzas que tenía. Al encontrarse con JiHoo le pidió que fuera él quien la llevara. Su amigo le pidió explicaciones, pero él aún no podía dárselas.

Abrió los ojos poco a poco. Se asustó pensando que seguía con Takeshi. No reconocía el lugar, parecía un cuarto de hotel. Recordó los últimos acontecimientos y se incorporó en la cama. Al hacerlo pudo ver a un hombre pegado a la pared con el dorso descubierto y una venda cubriéndolo. Se tocó la frente y sintió una venda en su propia cabeza. Parecía estar amaneciendo, pues la luz del sol empezaba a filtrarse por la ventana. La puerta de entrada se abrió, y se quedó petrificada con el corazón palpitando, al ver al hombre que había entrado. Traía una bandeja en sus manos con comida y frutas frescas. Bajó un poco la mirada y se acercó a ella. Colocó una mesilla junto a su cama y dejó ahí la bandeja. Se acercó para revisarle el vendaje sin pronunciar palabra alguna. Después se levantó y fue hacia el Hombre que dormía sentado en el piso, que no era otro que JunPyo, su esposo. Cuando terminó su inspección se giró para verla.

- Deberías comer – le dijo al ver intacta la comida que había llevado. Ella seguía mirándolo.

-Pensé que lo había imaginado, pero estás aquí – le dijo. El suavizó su mirada.

-¿Te sientes mejor? – Ella se decepcionó. El no quiso responder el motivo de que estuviera ahí. Pero le estaba hablando, cuando había prometido no hacerlo.

-Me duele un poco la cabeza – El se acercó a ella, sacó un maletín del que sacó un frasco de píldoras. Tomó una y se la ofreció.

-Esto te ayudará – le dijo

-Ella la tomó, pero al mismo tiempo retuvo su mano sin mirarlo –

-Sé lo que nos dijimos la última vez, pero de verdad, quiero que vuelvas – le dijo con la voz temblorosa. Él se sentó en la cama y le levantó la barbilla para que lo mirara.

-Yo… no puedo volver – le dijo con tristeza. Ella sintió su corazón quebrarse. El simplemente se daba por vencido. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su apoyo, su amigo, el único que juró estar con ella incondicionalmente, la dejaba, por siempre. Se miró a sí misma, contemplando el traje negro que aún portaba. Al parecer solo tenía una salida. Él seguía mirándola.

-¿Qué hacías allí JanDi? – le preguntó con angustia. Ella iba a responder pero fue interrumpida.

-¡Despertaste! – escuchó la débil voz de JunPyo que había llegado junto a ellos. Ella giró su rostro para que él no viera sus lágrimas. Se limpió con disimulo para contestarle.

-¡Si! ¡Lo hice hace un rato! – Luego endureció su mirada y se giró nuevamente hacia él. JiHoo se soltó de su agarre y se levantó de la cama para dejarle espacio a JunPyo, sin embargo, ella se alejó.

-¿Qué hiciste con él? – le preguntó refiriéndose a Takeshi. JunPyo miró a JiHoo nervioso y luego a ella nuevamente.

-Hice lo que tenía que hacer –

-¿Lo mataste? – preguntó sin poder creerlo.

-¡No lo sé! No me quedé a asegurarme de eso, era más importante sacarte – Ella se levantó de la cama de un salto y corrió hacia JunPyo, lo tomó de la camisa y comenzó a zamarrearlo.

-¡Eres un asesino! - le gritaba. JiHoo se apresuró a separarla de Él. Le tomó las manos con fuerza mientras ella forcejeaba para soltarse.

-¡Suéltame! ¡Los dos son unos asesinos! ¡Me dan asco! – JunPyo se adelantó y la golpeó en la cara, haciendo que ella cayera desmayada.

-¿Pero qué diablos te pasa? – le gritó JiHoo corriendo hacia ella para verificar su estado.

-Estaba muy alterada –

-Eres un imbecil – le replicó enfurecido.

-¡Vamos a llevarla a la Mansión! – ordenó.

JanDi despertó adolorida. Se encontraba en su recámara en la Mansión Gu. Recordó haber sido golpeada por JunPyo y de ahí nada, solo oscuridad. Abrió los ojos asustada al recordar lo que JunPyo le hizo a Takeshi. Intentó abrir la puerta pero estaba asegurada. Ya no tenía el traje de negro, sino un camisón de pijama. Comenzó a buscarlo, pero no lo encontró. ¿por qué JunPyo la había encerrado? Seguramente para que no dijera nada de su crimen. ¿Y JiHoo? ¿El también era cómplice? ¿Dónde estaba?

-¡Ahhhhhh! ¡Sáquenme de aquí! – gritó con fuerza.

No sabía cuánto tiempo había pasado, solo sabía que era un nuevo día, pues la ventana comenzaba a brillar tenuemente. Su rutina se basaba en mirar hasta que la luz se abriera paso en la oscuridad, se aseaba, comía algo de lo que llevaban y después leía algún libro o intentaba buscar la manera de escapar. No podía creer que la tuvieran prisionera en su propia casa. ¿Hasta cuando estaría ahí? ¡No lo sabía! Nadie quería ayudarla, todos le tenían miedo a su esposo y a su familia. Un día que se descuidó la encargada de darle la comida, estuvo atenta para poner una traba en la cerradura y así poderla abrir fácilmente. Cuando cayó la noche, abrió la puerta con sigilo para no ser escuchada. Corrió escaleras abajo y escuchó a la servidumbre, por lo que se escondió en el cuarto de lavado. En la oscuridad, le llamó la atención el brillo que desprendía una de las prendas. Se acercó con cautela, tenía un presentimiento y esperaba no equivocarse. Ahí en un rincón, estaba la indumentaria negra que llevaba puesta aquel día. Con el corazón palpitando de felicidad , lo tomó entre sus manos y comenzó a ponérselo. Una vez lista, abrió la puerta, el sudor le recorría la frente y el corazón le palpitaba muy acelerado. Vislumbró la puerta de entrada, que sería el camino a su libertad. Estaba poniendo la clave para abrirla cuando unas manos le cubrieron la boca por detrás evitando su fuga.

-¿A dónde ibas mi amor? ¿Estabas planeando regresar con tu amante? ¡Seguro te enteraste que sobrevivió! – decía la voz de JunPyo. Se escuchaba diferente, el alma le cayó al piso, al darse cuenta que estaba en uno de esos episodios de ira y de desconocimiento. Su cuerpo se tensó, y un sentimiento de miedo se apoderó de ella. La aprisionó con su otro brazo y la pegó a la pared. La miró de arriba abajo. Tenía los ojos rojos y desenfocados, el cuerpo sudoroso y desprendía un olor a rancio que a JanDi le causó náuseas.

-No vas a verte con ese imbecil, eres mi mujer y primero me tienes que cumplir –

-¡Nooo JunPyo! ¡Para! – Decía JanDi entre sollozos, mientras JunPyo le besaba el cuello y el rostro de forma forzada. En un movimiento inesperado, ella le dió una patada en la entrepierna, lo que hizo que él se doblara de dolor, lo que ayudó a que ella pudiera escabullirse. Varios guardias de JunPyo la perseguían, pero pudo salir de la mansión. Corrió hasta la puerta enrejada que se hallaba cerrada, se tomó de los barrotes agitándolos con fuerza.

-¡No! – Decía con angustia. Detrás suyo ya se acercaba la guardia de Shinwa, un auto se estacionó justo frente a ella. De él salió un hombre japonés, ella lo reconoció como el chofer de Takeshi.

-Debe escalar Señora – le dijo el hombre, JanDi sentía que eso no podría hacerlo, pero estaba desesperada, así que comenzó a escalar con dificultad hasta llegar a la punta, pasó una pierna y luego la otra, comenzó a bajar de nuevo. Abajo ya la esperaba Man Shik. Una vez que piso suelo, se subió al auto al tiempo que las rejas comenzaban a abrirse para dar salida a varios autos de la Guardia de Shinwa. Man Shik tenía mucha habilidad en el volante, por lo que después de varias cuadras, pudieron perder a sus perseguidores, cuando ya estaban más tranquilos, fue el momento para JanDi de preguntar la duda que tenía desde que JunPyo lo mencionó.

-¡Man Shik! – lo llamó.

-¿Cómo supiste que iba a escaparme? - Ella pudo ver la sonrisa del hombre por el espejo retrovisor.

-El Amo Takeshi me envió a buscarla. Mencionó que hoy era el día en que usted tomaría su lugar –

-Él está… -

-El goza de buena salud, si es lo que quiere saber, parece que su esposo tiene mala puntería – JanDi sonrió con alivio, JunPyo no era un asesino después de todo. Su corazón dolía por la manera en que quiso abusar de ella. Estaba claro que ese hombre, no era él. El JunPyo que conoció en la secundaria, el que la enamoró con sus detalles, y luchó por ella contra viento y marea, se había ido, ya no existía. Nuevamente sus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando llegaron a la Casa con estilo Joseon, aún tenía rastros de lágrimas, las cuales se apresuró a limpiar. Ya no había marcha atrás, una nueva JanDi estaba a punto de salir, una que no permitiría más humillaciones, una que sería respetada y a la que todos temerían. Una JanDi sin sentimientos, para que nadie pudiera pisotearla de nuevo. Se bajó del auto ayudada por Man Shik. Varios hombres vestidos con el tradicional kimono de Samurai le hicieron la reverencia, al igual que otros que portaban armas de fuego y pasamontañas. Parecía como si todos esperaran su llegada, pues estaban en fila de lado a lado por donde ella iba caminando. Le abrieron las puertas, y dentro se encontraba Takeshi, con su porte elegante y una sonrisa de suficiencia. De repente tuvo una visión de otra sonrisa, que le daba calidez a su corazón, pero esa, nunca volvería a verla. Él se acercó a ella.

-¡Bienvenida! – le dijo. JanDi levantó la barbilla y con determinación miró a los ojos del hombre.

-¡Aquí estoy! ¡Seré tu Viuda Negra! – El sonrió más ampliamente.

-¡Y yo seré tu mentor! Te enseñaré todo lo que necesitas saber, para volverte poderosa e invencible –

-Estoy dispuesta a aprender todo lo necesario, la JanDi que todos conocían, desde hoy, ha muerto – y acercándose a Él, dejó que la besara apasionadamente.

-Te quedaste callada. ¿Tengo razón entonces? – le preguntó MinJi riendo con suficiencia.

-¡Tal vez! – respondió JanDi terminando de vestirse – Así que no te preocupes, haré lo que tenga que hacer –

-Solo una pregunta más –

-¡Vamos MinJi! Empiezas a aburrirme – le dijo JanDi con fastidio.

-La cosa es… que no elegiste al violinista, sino al arrogante de Gu JunPyo. Podría pensar, que mataste a JunPyo porque te arrepentiste de tu elección, ¿Es así? – JanDi arrugó el entrecejo y sus ideas se revolvieron. Un sudor frío recorrió su espalda al darse cuenta, de que estaba como al principio. Todo este tiempo… ¿había estado culpando a la persona equivocada? MinJi se acercó lentamente a ella dejándola sin habla.

-Porque… ¿tú fuiste quien lo mató? ¿no es cierto? -


La oscuridad de la noche, evitaba que fueran encontrados fácilmente. El vuelo había sido una tortura, tantas horas sentado era muy cansado. Al arribar en tierras europeas, intentaron comunicarse con HaJun y Jae Kyung, pero no obtuvieron respuesta. Tal vez estaban ocupados, o habían olvidado encender sus teléfonos, pensaron. Tenían una llamada perdida de YiJeong, pero esta había sido hecha durante el vuelo, por lo que no pudieron hablar tampoco con él. En cuanto se instalaron en un hotel cercano al orfanato, hicieron algunas llamadas sin éxito, era como si todos se hubieran esfumado. Ni siquiera JiHoo pudo comunicarse con el Senado. Decidieron concentrarse en lo que harían a continuación, por lo que estuvieron preparándose el resto del día, y esperar a la noche para hacer sus movimientos. Con una indumentaria negra y gorros, JiHoo y WooBin esperaban la llegada de su objetivo. El lugar se veía igual a como lo vió JiHoo la última vez que estuvo allí. La diferencia era, que habían más hombres haciendo guardia. Una camioneta tipo Van, se estacionó frente al inmueble, y de él salieron más hombres con pasamontañas. Las puertas se abrieron, y una fila de personas fueron apareciendo, traían a niños con ellos, desde bebés hasta adolescentes. Los tenían amarrados de las manos, y algunos los sostenían en brazos.

-Los niños no se ven bien – comentó JiHoo.

-¡Esos hijos de perra! – pronunció WooBin. JiHoo lo volteó a ver con el entrecejo fruncido. WooBin chasqueó la lengua conteniendo su ira.

-¡Estan drogados JiHoo!… seguramente usan el Hakik en ellos – JiHoo tragó saliva y cerró los puños. Que ganas de matar a esos malnacidos.

-¡Ahí esta! – dijo WooBin. Lim Wong venía con un bebé en brazos. Los demás niños ya estaban dentro de la camioneta. Detrás se estacionó otra Van en la que se supone iba a subir Wong.

-¿Los llamaste? – le preguntó WooBin.

-Se supone que yo vendría por el bebé a las 11 pm. Son 10:35 –

-Entonces… los están sacando antes de tu llegada. Es una trampa, ellos ya saben que no es verdad que quieres comprar al niño –

-Lo suponía –

-Estoy seguro que el bebé que trae Wong es Eun Ji –

-Pienso lo mismo –

-¿Qué haremos? –

-Bueno, es obvio que mi reunión con ellos se cancela. Hay que seguirlos – dijo JiHoo con determinación. WooBin asintió. Tomó un radio comunicador y habló.

-¡Lider Rojo! –

-¡Adelante! – contestaron

-Te veo en 2,30. Conduce a la Guardia del Senado y a los demás hombres en dirección tres norte. No queremos alertarlos de nuestra presencia –

-Entendido –

-Ya estamos listos – dijo WooBin. Pero JiHoo no se movió. Tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en algo. WooBin siguió su mirada, y vio a una niña como de unos 8 o 9 años, que había sido tirada en el suelo, y le golpeaban las costillas con patadas. Estaba hecha un ovillo, la ropa estaba sucia y rota. Lloraba pidiendo piedad, pero los hombres se reían cada vez que ella suplicaba que pararan. Uno de ellos se acercó y comenzó a levantarle el vestido. La levantó de un jalón y le susurró algo al otro que estaba con él. Puso a la niña en su hombro como si de un costal se tratara, y comenzó a caminar con ella hacia la parte trasera del lugar. JiHoo se levantó furioso, pero WooBin interpuso una mano en su pecho deteniéndolo.

-¿Qué haces? debemos irnos - JiHoo lo volteó a ver aún con la mirada furiosa.

-Ve por Eun Ji y libera a los otros niños. No puedo dejarla –

-Pero JiHoo… es una trampa, ¿no entiendes? Te están esperando –

-¡Lo sé! Pero no puedo dejar que la lastimen. Además, lo importante es recuperar a EunJi y secuestrar a ese imbecil. Yo voy por ella y después te alcanzo. Solo déjame un vehículo - WooBin negó con la cabeza.

-Algo no va a salir bien. Te dejaré un auto y dos hombres. No te demores –

-¡No lo haré! –

-Siempre dije que tú y tu bondad, nos meterían en problemas. Suerte amigo – JiHoo asintió brevemente.

-¡JiHoo! – lo llamó – Mantén tu teléfono encendido –

-¡Lo haré! – WooBin lo vió irse del lado contrario y suspiró. Sentía que algo no iba a salir bien. Solo esperaba estar equivocado.

El hombre tenía a la niña sometida, se había quitado el cinturón y la golpeaba con él mientras la niña lloraba. Estaba desabrochándose el pantalón cuando escuchó una voz y el sonido de un arma accionándose.

-¡Suéltala! ¡Bastardo! - el hombre se encontró con un hombre alto vestido de negro apuntándolo directo en el rostro. No podía reconocerlo debido a que traía un gorro y un pañuelo que no dejaba ver su identidad. Levantó ambas manos en señal de rendición. La niña tenía sangre en el rostro y moretones en sus bracitos, la ropa estaba rota y ensangrentada. Con mucho esfuerzo, se arrastró hasta los pies de su salvador llorando. JiHoo sentía hervir la sangre, por lo que con los ojos encendidos de furia, no dejaba de apuntar al criminal. Este comenzó a reír burlonamente.

-¿Te crees un héroe? No puedes salvarla, eres estúpido al venir solo a este lugar. Además, ya había probado a ese dulcecito antes – JiHoo ya no pudo contenerse y jaló el gatillo, una bala impactó en el estómago del hombre provocando que cayera al suelo tocándose la herida y que empezara a gritar pidiendo ayuda. JiHoo levantó a la niña y comenzó a correr con ella hacia el auto que le había dejado WooBin. La niña se abrazó de su cuello mientras que él hacía lo posible por sostenerla. Varios hombres salieron disparando a quemarropa después de haber escuchado los gritos del hombre herido. Del auto también salieron dos hombres armados disparando para defender a JiHoo, uno de ellos llegó hasta él y tomó a la niña para meterla dentro del mismo, mientras seguían disparando. Una vez dentro, los hombres entraron y arrancaron el auto a toda velocidad. Varios autos los perseguían, por lo que tenían que disparar con el auto rodando. JiHoo se quitó el gorro y la niña abrió grande los ojos.

-Es usted – dijo – volvió. JiHoo sintió remordimiento, ya que le había prometido regresar por ella y no lo hizo. La había reconocido de inmediato, sentía que la había defraudado. Estaba ahí por otros motivos, pero debido al desafortunado incidente, ella estaba con él.

-Lamento no haber cumplido mi promesa. Lamento haberte dejado aquí aquella vez. Debí llevarte conmigo. Estoy aquí por… -

-No se disculpe, usted acaba de salvarme - JiHoo solo asintió, la niña era más noble de lo que creía. Los hombres de WooBin trataban de escabullirse de los perseguidores, pero eran muchos, al parecer habían sido alertados, y mandaron refuerzos. JiHoo cubría con su cuerpo a la niña para evitar cualquier impacto de bala. Su celular comenzó a sonar.

-JiHoo… - hablaba la voz de WooBin – Nos descubrieron –

-Si, creo que ya me di cuenta – dijo comprendiendo por qué cada vez habían más autos persiguiéndolos.

-¿Lograste salvarla? –

-Si, ella viene conmigo –

-Mis hombres y yo logramos aislar a los niños, pero el maldito de Wong, escapó con la bebé –

- Te llevaré a Min Hi –

No! Uno de mis hombres lo está siguiendo, y según su ubicación, está yendo hacia donde tú estás

-Entonces voy a interceptarlos –

-Escucha JiHoo, yo estoy avanzando hacia ti. No hagas nada estúpido hasta que yo llegue. Deja a la niña a resguardo con mis hombres, y espérame –

-No soy estúpido – dijo JiHoo molesto

-No te dije que fueras estúpido, te dije que no hicieras… ¡bah! No importa. Nos vemos - WooBin colgó la llamada y JiHoo mantuvo a la niña sobre sus piernas, tomó su pistola y la cargó, después sacó medio cuerpo por la ventana y comenzó a disparar en las llantas de los vehículos que los perseguían. Uno a uno fueron saliendo del camino. Cuando ya no habían más, le pidió al hombre que manejaba que se desviara a un callejón. No se le ocurrió otra idea, más que dejarla alejada y custodiada por los hombres de WooBin, él esperaría a Wong solo. Bajó del vehículo después de haber recargado su arma. Con determinación habló con la niña.

-Por Nada del mundo te muevas de aquí. No importa lo que escuches o lo que veas, ¡No salgas! Alguien regresará por ti, así que no temas – cuando él estaba por irse, la niña lo tomó del brazo.

-Usted… ¿vió a mi Madre? – JiHoo recordó a aquélla mujer que atropelló, y que le dijo cosas que lo hicieron descubrir la doble vida de JanDi.

-Si la vi. Yo… después te llevaré con ella – le dijo omitiendo lo sucedido. No era el momento de explicaciones. Tendría que hacerlo después. Ahora, habían otras prioridades.

-Nosotras vimos a La Viuda Negra, la verdadera –

-¡Lo sé! – contestó JiHoo. Pero ahora estás a salvo de ella.

-Nadie lo está. Usted corre mucho peligro. No debería de estar aquí. Es… lo que ellos quieren –

JiHoo le sonrió y le revolvió el cabello.

- Agradezco tu preocupación. Pero mis amigos me necesitan, no puedo dejarlos solos – luego se puso en cuclillas para hablarle.

-Escucha – La niña lo miraba con angustia.

-Ellos tienen a una bebé recién nacida. Es hija de mis amigos. ¿No quieres que le pase lo que les pasa a los niños en ese lugar? ¿verdad? – La niña bajó la mirada y negó con la cabeza.

-Entonces, ahora entiendes ¿por qué debemos rescatarla? – la niña ahora asintió comprendiendo.

-Eres una niña muy lista. ¡Esperame! ¡Volvere por ti! – le revolvió el cabello y se incorporó para irse.

-¿Y como se llama? – le gritó. El se giró con el entrecejo fruncido al no comprender la pregunta.

-La bebé, ¿Cuál es su nombre? – El sonrió más relajado.

-Eun Ji, So Eun Ji – La niña sonrió.


GaEul desempacaba la ropa que había llevado al hospital en su recámara. Miraba su ropa grande y después daba una ojeada al espejo, en donde se reflejaba su vientre plano. Agachó la cabeza y se sentó con las manos caídas sobre su regazo. ¿Cómo pasó todo esto? Veía la cuna vacía, y el guardarropas rosa, intacto. Estiró la mano en la maleta y sacó las pocas prendas diminutas sin usar. Una lágrima escurrió en su bello rostro. Su Eun Ji no estaba en casa.

-¿Dónde estás pequeña? Mamá te extraña – decía mientras apretaba en su pecho, el pequeño mameluco rosa de ositos que debería estar lleno con un pequeño bebé recién nacido. Sentía que no podía controlar las lágrimas. Era imposible que hubiera muerto, como le hicieron creer a YiJeong, ella estaba viva, podía sentirlo. Observó las marcas en sus muñecas. No recordaba cómo se las había hecho, pero tenía la sensación de que podría ser la respuesta de lo que pasó con su hija. Aún estaba débil y adolorida, pero ella iniciaría con su búsqueda. Así la encontró su esposo cuando entró por la puerta con un traje negro, y unas cintas blancas en su manga y guantes del mismo color. La indumentaria tradicional para un funeral.

-Los respetos ya van a iniciar. Vine a buscarte – le dijo de la forma más suave y gentil.

-¡No iré! – respondió duramente.

-¡Amor! Es nuestra bebé, no me dejes solo –

-¡Esa no es nuestra bebé, no es nuestra EunJi, estoy segura! – se levantó caminando hacia él – suavizó su voz diciéndole con la mano en el pecho.

-Siento en mi corazón, que ella está viva en alguna parte – El la miraba con amor y ternura.

-Pero… - quiso replicar él, por lo que ella levantó su dedo para ponerlo en sus labios, impidiéndole continuar.

-Shhhh, tienes que escuchar a tu corazón. Nuestra hija está viva, estoy segura. Mi instinto de Madre me lo dice. Ella y yo estamos conectadas, y está esperando por nosotros –

-Amor… - dijo él con un nudo en la garganta y los ojos húmedos – deseo con todo mi corazón, que tengas razón – Ella pegó su frente a la de él y con la voz quebrada le respondió;

-Confía en Mí – De pronto, un estruendo se escuchó en el patio trasero interrumpiendo a la pareja. Ambos se pusieron en alerta.

-¡Quédate aquí! – ordenó él.

-¡No! Yo voy contigo –

-Pero… -

-No voy a quedarme aquí sola. Es mejor que estemos juntos –

-Está bien – respondió no muy convencido. Le tomó la mano y salió con ella. Se escondieron detrás de un muro. Varios hombres armados habían explotado la puerta de emergencia y entraban por el patio hacia la residencia. GaEul se cubrió la boca. YIJeong la condujo por un pasillo hacia la salida de servicio, tenían que ponerse a salvo antes de averiguar qué hacían esos hombres ahí, por suerte, llevaba las llaves de su vehículo, puesto que estaba saliendo para el funeral. Ya afuera, dieron un vistazo a su casa, YiJeong apretó la mandíbula al ver de lejos como esos hombres rompían las esculturas que con tanto amor y trabajo había hecho. Su casa estaba invadida, y aún no sabía quién se había atrevido a hacerlo. Desvió su mirada a su esposa, quien se encontraba igual de consternada que él, al ver que el hogar que habían construido juntos, estaba siendo vulnerado. Le partió el corazón verla negar con la cabeza, y comenzar a derramar lágrimas. Encendió el auto para alejarse, y no seguir viendo ese ultraje a su patrimonio.

-¿A dónde vamos? – le preguntó ella con la voz quebrada.

-Casa de JiHoo – respondió simplemente.


La casa de JiHoo se hallaba en penumbras. Había escuchado golpes y voces en la habitación de Nonna. Había apagado el computador una vez que se perdió la señal de sus Hyungs, y había decidido irse a dormir un rato. El vuelo tardaría por lo menos, hasta el día siguiente. Golpeó la puerta con timidez.

-¿Nonna? ¿Estás bien? – preguntó. Pero no hubo respuesta. Él era experto en abrir cerraduras, pero no quería invadir su privacidad. De cierto modo, se había ganado su respeto. Sin embargo, el silencio era inquietante. Un bullicio en los alrededores de la casa llamaron su atención. Bajó rápidamente las escaleras, y pudo ver a través de las grandes ventanas de cristal, como los hombres que los custodiaban, iniciaban una batalla de golpes y disparos hacia unos intrusos. El corazón comenzó a latirle con furia. Fue hacia su computador y guardó todo en una mochila que luego se colgó en la espalda. Corrió escaleras arriba y tamborileó con fuerza la puerta de Jae Kyung. Aunque estuviera dormida, era imposible no escuchar el bullicio y los golpes fuertes que él le daba a la madera. Comenzó a patear con desesperación para poder abrir, y ni así hubo respuesta. Ya preocupado, sacó un alambre de su mochila, no le quedaba más remedio que forzar la cerradura. El bullicio afuera se escuchaba cada vez más cerca. El ruido de cristales rompiéndose le causaron miedo, y su cuerpo se tensó cuando escuchó disparos. No tardarían mucho en ingresar a la mansión, tenía que alertar a Nonna Jae. Con la mano temblorosa metió el alambre en la pequeña abertura, tardó un poco más de lo habitual, pero pronto escuchó el clic que abría el cerrojo. Con gran alivio entró a la habitación que se hallaba igual en penumbras.

-¡Nonna! – gritó – ¡debemos irnos! - No había avanzado mucho, cuando cayó de bruces al suelo al tropezar con un bulto.

-¡Auch! – dijo. Sus ojos se agrandaron al descubrir que el bulto en el suelo, era ella. Se acercó rápidamente y comenzó a zamarrearla.

-¡Nonna! ¡Despierta! ¡Despierta! – le decía moviéndola una y otra vez. Poco a poco Jae Kyung comenzó a moverse y abrir los ojos. En cuanto pudo incorporarse, abrió los ojos grandes.

-¡Ella! ¡se lo llevó! ¡Escapó! – le decía a HaJun que no entendía nada.

-¡Nonna! ¡Rápido! ¡Tenemos que irnos! –

-¿Qué? – preguntó confundida. Una bala atravesó la ventana haciendo que ambos se cubrieran la cabeza y se agacharan.

-HaJun, ¿Qué está pasando? – preguntó asustada.

-¡No lo sé! Pero creo que debemos irnos, no creo que los guardias de Hyung logren ganar. ¡vamos! - La tomó del brazo para ayudarla a levantarse y con dificultad bajaron la escalera. Dos hombres de la guardia del Senado se acercaron a ellos.

-¡Por favor sígannos! Tenemos órdenes de velar por su seguridad, ¡vamos a sacarlos de aquí! – dijo uno de ellos con autoridad. Llevaba un arma larga y casco, como si estuviera en una guerra, su compañero estaba vestido de la misma forma. En ese momento se abrió la puerta de entrada y entraron hombres con pasamontañas, los soldados que custodiaban la entrada, comenzaron a disparar mientras que el que les había hablado, los guiaba afuera de la casa. Pronto estuvieron afuera, pero los intrusos lograron verlos, por lo que empezaron a disparar en su dirección. Jae Kyung cubría a HaJun con su cuerpo, pero sentía que era el fin. El soldado respondía a los disparos, pero eran demasiados para él solo.

-¡Corran! – les ordenó. Ellos obedecieron corriendo sin rumbo por la calle. HaJun giró hacia atrás para ver cómo el soldado era derribado por varios impactos. Estaban perdidos. Un auto salió del fondo y comenzó a seguirlos, por lo que corrían más rápido, sin embargo Jae Kyung cayó al pavimento sin fuerzas.

-¡Corre HaJun! ¡Sálvate! Yo ya no puedo continuar –

-¡No, Nonna! No me voy a ir sin ti –

-¡No puedo seguir! Mis piernas ya no dan – el auto ya estaba muy cerca. El la tomó del brazo con fuerza.

-¡Vamos Nonna! ¡No me iré sin ti! –

-¡Vete! – le gritó

-¡No! – volvió a gritar él. Con horror vieron como el auto aceleró y llegó hasta ellos. HaJun cubrió a Jae Kyung con su cuerpo y cerró los ojos, esperando lo peor.

-¡Jae, HaJun! ¡Rápido! ¡Suban al auto! – ambos abrieron los ojos con asombro. Frente a ellos se encontraba YiJeong, quien se bajó del auto para ayudarlos a subir.

-¿Están bien? – les preguntó una vez que estuvieron arriba.

-¡Si, gracias! – dijeron

-¿Como es que ustedes…? – preguntó Jae Kyung, GaEul fue quien respondió.

-Nuestra casa fue atacada, vinimos a buscar a Sunbae para que nos ayudara, pero parece que también la de él corrió con la misma suerte -

-¿Atacaron la casa de ustedes? – preguntó de nuevo Jae Kyung

-Así es - respondió YiJeong - y seguro son los mismos que están atacando la de JiHoo –

-Entonces… ¿WooBin y la Mansión Gu? – cuestionó Jae Kyung.

-Creo que no es seguro ir allí. Tal vez también estén siendo atacadas, el autor debe estar en contra del F4 –

-¿A dónde vamos entonces? – preguntó Jae Kyung.

-Solo conozco un lugar seguro – contestó YiJeong, y aceleró el motor de su auto.


Las luces de un auto iluminaba la oscuridad de la noche, el ruido del motor indicaba que venía a alta velocidad. Ese debía ser Wong, pensó JiHoo, quien se hallaba escondido entre la maleza. Uno de los hombres de WooBin lo acompañaba, el otro se había quedado cuidando a la niña hasta su regreso.

-¿Quiere que dispare Senador? –

-En cuanto esté más cerca – le dijo JiHoo.

El auto se acercaba cada vez más, JiHoo y su acompañante apuntaron hacia el vehículo. Dos disparos salieron de sus armas haciendo que el auto diera un giro saliéndose de la carretera. El hombre de WooBin quiso disparar hacia el interior pero JiHoo se lo impidió.

-¡Trae un bebé! ¡No dispares! – le dijo. Ambos comenzaron a acercarse poco a poco con las armas apuntando. El chofer estaba inconsciente sobre el volante con un hilo de sangre en la frente. JiHoo abrió la puerta trasera y solo apretó la mandíbula. Lim Wong tenía a la bebé con una pistola apuntando su pequeño cuello, mientras ella comenzaba a llorar.

-¡Dame a la bebé Wong! – le pedía JiHoo sin dejar de apuntarlo.

-¡Baja tu arma, Senador! – le ordenó. Los demás hombres se acercaron y JiHoo les Indicó con su mano libre que también bajaran sus armas. El bajó la suya, y levantó ambas manos mostrando que no poseía más armas. Wong comenzó a bajar del auto sin dejar de apuntarle, en ese momento llegó WooBin con más hombres. JiHoo seguía en desafío con él, aunque notó que la mano le comenzaba a temblar, la bebé lloraba cada vez más fuerte, y él miraba hacia todos lados.

-¡Rindete Wong y dame a la bebé! ¡Estás rodeado, no tienes escapatoria – le decía JiHoo. WooBin se acercó a ellos, JiHoo extendió los brazos para tomar a la bebé.

-¡Solo dámela! – le pidió comenzando a quitársela de entre los brazos. Wong al ver que sería atrapado, tomó el arma con las dos manos y disparó hacia JiHoo, quien tratando de cubrir a la bebé, se puso de espaldas recibiendo el disparo en el hombro. Se dobló por el dolor pero fue auxiliado, mientras que los demás aprisionaban a Wong. WooBin corrió hacia él.

-¡JiHoo! ¿Acaso eres un muñeco de prueba? – El sonrió de lado.

-¡Tengo mala suerte! Sostén a la bebé, necesito ir por Min Hi – le dijo entregándole a la bebé en brazos.

-No te tardes, debemos irnos. Ya tenemos lo que queríamos –

-¡Está bien! –

-Te veo en el aeropuerto en una hora. ¡Sujétenlo bien! – dijo WooBin a sus hombres, refiriéndose a Wong – Esta escoria se va con nosotros. JiHoo caminaba con dificultad debido al dolor en su hombro. ¡Que mala suerte tenía al recibir otro disparo casi en el mismo lugar, apenas comenzaba a cicatrizar la anterior y ahora se abría otra – Fue hacia el auto que estaba escondido en el callejón. Cuando ya estaba cerca, las puertas se abrieron y salieron varios hombres curpulentos y armados. Estos no eran los hombres de WooBin, El se quedó de pie observando. Otro auto que estaba estacionado detrás prendió sus luces, y de él salieron otros hombres y estos tenían a la niña aprisionada y con una mordaza para que no gritara. JiHoo se asustó, ¿Cómo la encontraron? Buscó con la mirada al hombre que dejó cuidándola y lo encontró tirado sobre el pavimento a un lado del auto, parecía inconsciente o muerto. Una mano se asomó por la ventanilla del segundo auto, traía un puro encendido desprendiendo humo.

-Takeshi – murmuró JiHoo. Pero se sorprendió de ver que la puerta se abría y se veían unas botas de tacón de aguja saliendo poco a poco. Una bocanada de humo fue aspirado por unos labios rojos y carnosos, para luego sonreír con suficiencia. Su corazón perdió un latido cuando reconoció a la mujer que ahora caminaba hacia él, mirándolo con ojos inyectados de furia. Tragó saliva cuando ella contoneaba las caderas, acentuando los movimientos sensuales que emergían del traje que llevaba puesto. Se detuvo a pocos centímetros de él. Puso una mano en su cintura y con la otra aspiró el humo del puro, para después soltarlo en su rostro, un movimiento que no le inmutó debido a la impresión que tenía en ese momento.

-¡Hola Bombero! – le dijo con voz seductora. Pudo notar que iba vestida como aquella vez que fue a buscarla con JunPyo. Su corazón se sintió acongojado, al darse cuenta de que todo lo que había avanzado, que todo lo que había logrado, para hacer que volviera a ser la de antes, se había ido por la borda. Nuevamente tenía esos ojos de amargura, y esa postura de Mujer Temeraria. Su JanDi, había sido nuevamente relegada, y esta vez, El era el objeto de su odio.