Capítulo 3: Terror

Las ocho chicas lloraban desconsoladas. Inconscientemente, Sakurako y Himawari se habían abrazado, así como Akari y Yui, y Chinatsu y Kyouko. Nana, que también lloraba, aunque mucho menos que las demás, estaba bastante alterada, ya que no entendía qué había pasado.

–¿Cómo ha podido pasar esto? – Dijo Himawari sin dejar de llorar. – El alienígena no podía saber que el arma era falsa, y estoy segura que Ikeda-senpai le preguntó algo para asegurarse de que fuera Akaza-san de verdad. No sería tan imprudente de no hacerlo… ¿Entonces cómo ha podido pasar…?

Nana, bastante nerviosa, tardó unos segundos en responder.

–Tal vez… Hayan adquirido la capacidad de tomar los recuerdos… – Dijo, sorprendiendo a todas, menos a Ayano.

Esta se giró, mirando enfadada a Nana.

–¿Qué está diciendo? ¡Nos dijo que no podían hacer eso!

–Eso fue lo que me dijo aquél alienígena…

–¡Nos mintió! – Exclamó Ayano enfadada, levantándose.

–No… Yo de verdad creía que no podían hacerlo… – Titubeó Nana, con algo de miedo y sintiéndose culpable.

–¡Pues mire lo que ha pasado! – Exclamó Ayano acercándose hacia ella y mostrando las palmas de sus manos, manchadas de sangre. – ¡Tengo las manos manchadas con su sangre! ¡Chitose está muerta por su culpa!

Ayano empezó a correr hacia Nana, haciendo que Himawari, Yui y Rise reaccionaran. Las dos primeras agarraron a Ayano por ambos brazos, para detenerla, mientras que Rise se interpuso entre ella y Nana, sosteniendo el arma con ambas manos, a modo de barrera, ya que disparándole no le haría nada.

–¡Soltadme! ¡Soltadme! – Gritaba Ayano. – ¡Chitose está muerta por culpa de Nishigaki-sensei!

–¡No es verdad! – Exclamó Himawari. – ¡Nishigaki-sensei no tiene la culpa!

–¡Sí que la tiene! ¡Nishigaki-sensei es una asesina!

–¡Ya basta! – Gritó Akari, haciendo que Ayano se detuviera. – Ikeda-senpai ha muerto… ¡¿Y lo único que se os ocurre es pelearos?!

Akari se agachó en el suelo, donde siguió llorando, aunque más silenciosamente que antes. Viendo que Ayano se detuvo, Yui y Himawari la soltaron. Aunque estaban un poco más tranquilas, todas ellas seguían con lágrimas en los ojos.

–Lo siento mucho, de verdad. – Dijo Nana triste.

Ayano la miró con enfado.

–Ahórrese las disculpas. Mejor piense en algo para que no muera nadie más.

Nana bajó la mirada, claramente triste. Ayano por su parte, fue hacia Chitose, para cerrarle los ojos y la boca, vigilando de no mancharle los párpados y los labios de la sangre que tenía en sus manos.

–Ikeda-senpai… No merecía morir… – Dijo Sakurako aún llorando.

Himawari, que también lloraba, aunque menos que ella, la abrazó, pasándole suavemente la mano por la cabeza, para intentar calmarla.

Nana, aunque también estaba muy triste, intentó mantener la cabeza fría. Lo más urgente ahora era llegar al laboratorio y terminar el arma para poder activarla. La profesora se secó las lágrimas con la mano y habló.

–Es evidente que he cometido un error. No sé por qué, pero es evidente que esos alienígenas ahora pueden tomar también los recuerdos de la gente, así que ya no podemos diferenciarlos de nosotros preguntándoles cosas. Tenemos que idear alguna forma de poder diferenciarlos de nosotros. ¿Alguien tiene alguna idea?

Ninguna dijo nada. No solo porque no tenían ninguna idea, sino porque aún estaban demasiado ocupadas llorando y sollozando. Tras unos segundos, Kyouko habló.

–Nishigaki-chan, ¿esos alienígenas pueden tomar solo el aspecto natural de la gente o también pueden copiar cosas que se le añadan de forma artificial?

Nana no entendió la pregunta (ni nadie).

–¿Qué quieres decir? No te he entendido.

–Quiero decir, si nos dibujamos algo en la piel con un rotulador, ¿esos alienígenas podrían copiarlo?

–Teniendo en cuenta que también pueden copiar la ropa, es posible que pudieran hacer aparecer esa marca si la vieran.

–¿Pero y si no la vieran?

Nana estaba extrañada.

–¿A qué te refieres?

–¿Y si no vieran que tenemos esa marca?

Tras un par de segundos, Nana respondió.

–Si no la vieran no creo que pudieran copiarla, ya que no forma parte de nuestro ADN. Tendrían que verla para copiarla.

–Entonces ya sé cómo podremos diferenciarlos. – Dijo Kyouko, haciendo que todas la miraran, para saber cómo lo harían. – Con ese rotulador de ahí nos haremos una marca en el brazo. Pero antes de salir nos la taparemos con una banda. Así, si los alienígenas nos ven, pensarán que esa banda es para poder diferenciarlos, y lo copiarán, para intentar engañarnos. Pero lo que ellos no sabrán es que en realidad esa banda es solo un señuelo, que la verdadera forma de diferenciarlos es por la marca que llevaremos. Así que si nos separamos y al volver a encontrarnos no tenemos un arma real, lo que debemos hacer es pedirle que se quite la banda. Si no tiene marca, es un alienígena.

Todas estaban sorprendidas por el plan de Kyouko.

–Kyouko-chan… Es una idea brillante. – Dijo Akari.

–¿Cómo se te ha ocurrido esto? – Preguntó Chinatsu.

–Ah, la idea no es mía. Lo vi en One Piece.

A la mayoría les salió una gota de sudor en la sien.

–Parece que ver tanto anime ha tenido algo de positivo. – Dijo Yui.

Nana habló.

–No importa si es tuya o la has sacado de un anime, me parece una idea excelente. Hagámoslo.

Kyouko asintió y fue a buscar el rotulador, para marcarles una X en la parte de arriba del brazo izquierdo, un poco por debajo de la muñeca. Después se hizo ella misma la marca. Después de eso, Rise les dio a todas ellas unas bandas que había en un armario, para que todas se las atasen encima de las marcas. Una vez todas estuvieron listas, Nana agarró de nuevo su arma.

–Sé que estáis tristes y afectadas por la muerte de Ikeda. Creedme, yo también. Y cuando todo esto termine le haremos un funeral digno. Pero ahora lo más importante es llegar al laboratorio. Recordad también que esto de las marcas es solo una medida de emergencia en caso de que nos separemos, pero la idea es que no nos separemos, que vayamos todos juntas, ¿entendido?

Todas asintieron, sin muchos ánimos. Todas menos Ayano, la cual seguía enfadada, ya que culpaba a Nana de la muerte de Chitose.

–Bien, vamos. Akaza.

–¿S-Sí?

–Deberías coger el arma de Ikeda, aunque sea falsa. A lo mejor la necesitas.

–Ah, sí…

Akari se acercó a Chitose, para coger el arma, pero cuando estuvo cerca de ella se detuvo. Sabía que estaba muerta, pero aun así, verlo de cerca impactó a la chica. Ver a una amiga suya muerta delante de ella con cuatro agujeros atravesándole el cuerpo, dejando un gran charco de sangre en el suelo, la impactó. La chica se tapó la cara con las manos y retrocedió un par de pasos, mientras sollozaba. Todas sentían pena por ella. Ayano entonces se limpió la sangre de Chitose que aún tenía en las manos con la falda y agarró el arma, para dársela a Akari sin que tuviera que acercarse a Chitose.

–Akaza-san. – Dijo, entregándole el arma.

–Gracias… – Dijo la chica secándose las lágrimas para después coger el arma.

Después, Ayano cogió su arma.

–Bien, vamos… – Volvió a decir Nana.

Todas las chicas salieron del aula, con Nana y Rise al frente, y Kyouko, Yui y Ayano detrás, igual que antes. Todas avanzaron con cuidado por el pasillo, encontrándose en un momento con cuerpos de dos chicas de primer año. Ninguna las conocía, pero no por eso aquello era menos impactante y triste. Sobre todo por las expresiones que les habían quedado a las chicas, de terror y dolor. Todas apartaron la mirada, visiblemente afectadas. Akari y Chinatsu se agarraron fuertemente del brazo de la otra, igual que Himawari y Sakurako. Todas intentaban mantenerse fuertes para no hundir la moral del resto, pero aquello era demasiado para ellas, por lo que no podían evitar soltar algunos sollozos, aunque ellas mismas intentaban contenerse, pues al estar todo lo demás en silencio, cualquier ruido podría delatar su posición. Finalmente llegaron a las escaleras.

–Tenemos que bajar dos pisos. – Dijo Nana en voz baja. – Desde allí podremos acceder al laboratorio.

Las demás simplemente asintieron. Todas las chicas empezaron a bajar. Al llegar al final del primer tramo de las escaleras, Nana salió rápidamente al pasillo con el arma lista para disparar a cualquier cosa que se moviera, mientras Rise miraba hacia el otro lado, pero no había nada. Nana les hizo una señal a las demás para indicar que estaba despejado, así que las demás también bajaron. De todas formas, Kyouko, Yui y Ayano también comprobaron al pasar ellas que seguía sin haber nada. Después de todo, ellas iban al final porque tenían armas reales, para asegurarse de que nadie las atacaba por detrás.

Con el segundo y último tramo de las escaleras repitieron lo mismo. Tras Nana y Rise comprobar que no había peligro, el resto de chicas empezaron a bajar también. Mientras estaban pasando, de nuevo se derrumbó una parte del techo de golpe, causando que las chicas tuvieran que separarse para no ser aplastadas, quedando Nana, Rise, Himawari y Sakurako por un lado, y Akari, Chinatsu, Kyouko, Yui y Ayano por el otro. Pero ese no fue el único desprendimiento. Justo después del primero, hubo otro muy cerca de Akari, que obligó a la chica a irse hacia un lado para no ser aplastada, quedado separada de las demás

–¡Akari-chan! – Gritó Chinatsu.

–¡Chicas!

Pero antes de que pudieran decir nada más, los desprendimientos siguieron, haciendo que todas tuvieran que moverse para evitar ser aplastadas, en especial Akari, que empezó a correr por el pasillo para que no le cayeran encima trozos de techo. Chinatsu, Kyouko, Yui y Ayano tuvieron que volver a subir unos cuantos escalones si no querían ser golpeadas. Entonces escucharon, bastante flojo, que Nana las llamó.

–¡Chicas! ¡¿Estáis bien?!

Chinatsu contestó.

–¡Nos hemos separado de Akari-chan!

Nana la oyó también muy flojo, ya que las piedras y ladrillos dificultaban que el sonido pasara correctamente.

–¡Tenemos que ir a buscarla! ¡Nosotras tendremos que dar una vuelta para ir a donde está ella! ¡Vosotras tendréis que volver a subir e ir por la otra escalera! ¡La primera que la encuentre que llame a las demás!

–¡Sí! – Respondió Kyouko.

Justo después, los dos grupos de chicas se dirigieron a la parte donde había tenido que huir Akari, teniendo ambos grupos que dar una buena vuelta para conseguirlo.

Mientras, Akari, viendo que ya no seguían cayendo trozos de techo detrás de ella, se detuvo, respirando agitadamente.

–O-Otra vez estoy sola… – La chica miró a ambos lados, viendo poco más a parte de oscuridad, ya que las luces de emergencia iluminaban muy poco. – ¿Chi… ¿Chicas?

Nadie contestó. Akari pensó en volver a llamarlas más fuerte, pero entonces pensó que a lo mejor los alienígenas podrían oírla y venir a por ella, por lo que decidió no hacerlo. Asustada, pensó en dirigirse hacia la otra escalera, ya que seguramente las demás vendrían a por ella, pudiendo llegar por esa parte, por lo que ella misma se dirigió hacia allí para poder encontrase antes con ellas. Asustada, empezó a avanzar por el pasillo, con el arma apuntando hacia adelante, aunque realmente no sirviera de nada al ser falsa. Tras unos segundos de avanzar, vio que una parte del techo había caído y bloqueaba el pasillo, no pudiendo seguir avanzando por allí, por lo que decidió entrar al aula que tenía al lado, para salir por la otra puerta y así poder seguir avanzando.

La chica se detuvo frente a la puerta, asustada pensando que a lo mejor al otro lado habría algún alienígena esperándola. Asustada, Akari tragó saliva. Contó mentalmente hasta tres, y abrió la puerta de golpe, con el arma apuntando hacia adelante, pensando en que al menos podría engañar a un alienígena si fingía que era de verdad. Sin embargo, dentro del aula no había nadie. Akari suspiró, quitándose mucha tensión de encima. Dentro del aula también había trozos de techo caídos, desperdigados por ahí, así que Akari no pudo ir en línea recta hacia la otra puerta, teniendo que rodear el aula, acercándose a la parte de las ventanas. Estando cerca de ellas, miró a fuera. No se veía nada. Después de todo estaban bajo tierra. Akari pensó entonces en toda la gente que había fuera.

–Me pregunto si estarán todos bien…

En ese momento Akari escuchó unos pasos. La chica se giró, asustada, apuntando su arma hacia la puerta, ya que los pasos se escuchaban cada vez más fuertes.

–¡¿Qu-Quién es?! – Exclamó Akari.

–¿Akari? ¿Eres tú?

Akari se sorprendió mucho al escuchar esa voz.

–E… Esa voz…

Después de unos pasos más, entró en al aula Akane, la cual sonrió.

–Akari…

–O… ¿Onee-chan?

–Qué alegría de ver que estás bien. – Dijo acercándose a ella.

–¡No te acerques! – Dijo Akari apuntando su arma hacia ella, asustando un poco a Akane.

–¿A-Akari?

–¡Tú no eres mi hermana!

–¡C-Claro que lo soy!

–¡No! ¡Es mentira! ¡¿Por qué mi hermana habría venido a la escuela?!

–Me enteré de lo que estaba pasando y vine a ver si estabas bien.

–¡Mentira! ¡No habrías podido llegar tan rápido de casa a la escuela!

–N-No estaba en casa, había ido a comprar, y estaba pasando cerca de la escuela cuando vi que empezó a hundirse bajo tierra. Sin pensármelo dos veces fui hacia allí y salté a la azotea antes de que se hundiera. Desde allí entré al edificio.

–¡Es mentira! – Decía Akari claramente asustada y temblando, lo cual hacía que temblara también su arma. – Eres un alienígena que tocó a mi hermana, por eso tienes su apariencia…

–Akari… Te juro que soy tu hermana de verdad… – Dijo empezando a acercarse a ella.

–¡No te acerques más! ¡Si das un paso más disparo! – Gritó Akari asustada de no poder cumplir su amenaza.

Sin embargo, Akane se detuvo, viéndose algo intranquila. Esta pudo ver que Akari estaba temblando como un flan, así que, aprovechando eso, rápidamente se apartó hacia un lado mientras sacó un tentáculo que golpeó al arma de Akari antes de que esta pudiera hacer nada, mandándola lejos. Inmediatamente Akari quiso ir a cogerla, pero Akane lanzó dos de sus otros tentáculos entre Akari y el arma, impidiendo a la chica llegar hasta ella. Akari, con los ojos llenos de lágrimas por el miedo al ver que no tenía escapatoria, simplemente retrocedió hasta la ventana.

–Lo sabía… Eres un alienígena…

–Akari, escucha… – Dijo Akane acercándose a ella.

–Mi hermana… ¿La has matado?

–Akari, escúchame, yo soy tu hermana.

–¡Mientes! – Gritó Akari llorando.

Akane siguió acercándose hasta quedar a un par de metros de ella.

–Akari, te juro que no miento. Soy tu hermana, de verdad.

–¡¿De verdad pretendes que me crea eso?! ¡Eres una alienígena!

–Es cierto, lo soy. Pero también soy tu hermana.

Akari, aún muy asustada, se extrañó.

–¿Q-Qué dices…? ¡Eso no tiene sentido!

–Sí, Akari. Una cosa no quita la otra. Soy una alienígena, y somos hermanas.

–¡Eso es una estupidez! ¡Si esto fuera verdad significaría que yo también…

Akari calló de golpe al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, abriendo mucho los ojos por lo sorprendida que quedó. Akane esbozó una pequeña sonrisa.

–Exacto.