Capítulo 5: La verdad al descubierto

Akane iba caminando silenciosamente por los pasillos de la escuela, intentando escuchar algún ruido que pudiera indicar dónde estaban Akari y las demás. Estaba convencida que Akari ya habría descubierto que es una alienígena, y al darse cuenta de esto, encontraría alguna forma de separarse de sus amigas para volver a encontrarse con ella y decirle que la ayudaría.

–Akari… – Dijo Akane, con suficiente fuerza como para que si estuviera cerca pudiera oírla, pero no lo suficiente como para que pudieran oírla desde muy lejos, ya que eso delataría su posición a todas. – Akari. – Dijo algo más fuerte.

La chica iba mirando a ambos lados del pasillo mientras avanzaba, para ver si veía a alguien, aunque había poca luz. Sí que pudo ver los cuerpos de algunas chicas, que no habían podido huir de algún alienígena. Akane sintió algo de pena por ellas, pero tenían que hacerlo. Los humanos y los alienígenas no podían convivir juntos. Había visto suficientes películas como para saber que los humanos siempre intentarán matar a cualquier alienígena por el simple hecho de serlo, aunque fuesen pacíficos, así que no tenía sentido serlo. La única opción que tenían era matar a todos los humanos y terminar siendo ellos los únicos que habitasen la Tierra. Sin embargo, sabía que para Akari todo aquello era nuevo, pues hasta hace un momento pensaba que era humana, y por lo tanto, sabía que eso podía afectarle bastante. Seguramente por eso se resistía a aceptarlo. Sin embargo, estaba convencida que con el tiempo lo entendería. De nuevo, Akane volvió a llamar a Akari.

–Akari, ¿estás por aquí?

–¿Onee-chan? – Se escuchó flojo.

Akane, rápidamente fue hacia donde escuchó la voz, entrando en un aula, encontrándose con Akari de pie, al lado de las ventanas. Akane sonrió.

–Akari… – Dijo acercándose a ella. – ¿Dónde están tus amigas?

–He conseguido despistarlas. Les he dicho que he oído a un alienígena, y he ido rápidamente hacia él. Pero era mentira. Aunque me han seguido, he conseguido que me perdieran de vista. En realidad quería encontrarme contigo.

Akane amplió un poco su sonrisa.

–Akari… ¿Me vas a ayudar a destruir el arma?

Akari, que hasta entonces estaba con una cara más o menos inexpresiva, se puso completamente seria, casi pareciendo enfadada.

–Ni lo sueñes.

–¿Eh? – Se sorprendió Akane.

–No pienso ayudarte.

Akane quedó bastante descolocada, pues no se esperaba para nada esa reacción.

–A-Akari… ¿Qué dices? Si no destruimos esa arma, mamá tú y yo moriremos.

–¡Es mentira! – Gritó Akari, asustando a Akane, que retrocedió un par de pasos. – Me mentiste. Yo no soy una alienígena.

–¿Qué… ¿Qué dices, Akari?

–Yo no tengo tentáculos. – Akane se sorprendió ante eso. – He intentado sacarlos. Con todas mis fuerzas, y no lo he conseguido. Porque no tengo. Y hay más. – Akari levantó el arma falsa que llevaba con ella. – Esta arma no afecta a los humanos, solo a los alienígenas. Me han disparado con ella y no me ha pasado nada.

Akane se sorprendió mucho por ello.

–¿Qu-Qué dices?

–Esta arma solo afecta a los alienígenas. Y a mí no me ha hecho nada, lo cual significa que no lo soy.

Akane no sabía qué decir.

–T-Tal vez solo afecte a los alienígenas puros, y al ser tú medio alienígena no te haya hecho nada.

–¡¿Entonces por qué no la disparo contra ti?! – Gritó Akari apuntado a Akane, que, asustada, retrocedió un par de pasos más. – Por lo que me has contado, tú también eres medio alienígena, así que no debería hacerte nada. No debería haber ningún problema en que te disparase, ¿verdad?

Akane, asustada, no sabía cómo reaccionar.

–A-Akari… Espera un momento…

–Me mentiste… Me dijiste eso para poder ganarte mi confianza y que así te llevara hacia el arma para poder destruirla. Y entonces, una vez destruida, nos matarías a todas. Como hiciste con Ikeda-senpai…

Eso sorprendió mucho a Akane.

–¡Espera! ¡¿Qué has dicho?!

–¡No te hagas la tonta! – Gritó Akari. – ¡Mataste a Ikeda-senpai!

Akane estaba muy sorprendida, así que tardó un momento en saber qué contestar.

–¡U-Un momento, Akari! ¡Y-Yo no la maté! ¡Es más, me acabo de enterar de que está muerta!

–¡Es mentira! Te hiciste pasar por mí… Para engañarla… Y entonces la mataste… – Akari estaba muy enfadada, viéndose en su rostro una expresión que Akane nunca había visto antes, llegando incluso a asustarla al ver sus ojos llenos de ira, aunque algunas lágrimas caían de ellos por la rabia de no haber podido evitar que Chitose muriera. – ¿También mataste a mi hermana?

–¡A-Akari! ¡Yo soy tu hermana!

–¡ES MENTIRA! – Más lágrimas empezaron a caer por los ojos de Akari, pero su expresión seguía siendo solo de ira. – No te lo perdonaré… ¡Ahora!

Por la otra puerta del aula entraron rápidamente Nana, Rise, Kyouko, Yui y Ayano, que empezaron a disparar como si les fuese la vida en ello, sin ni siquiera tener tiempo para apuntar, sabiendo que no causarían ningún daño a nada que no fuera el alienígena. Akane, que fue tomada completamente por sorpresa, se movió rápidamente para intentar esquivar los disparos. No estaba segura de si al ser solo medio alienígena aquello la afectaría, pero no quería arriesgarse.

Aunque se movía bastante rápido, le estaban disparando cinco chicas a la vez, lo cual le dificultaba mucho esquivar los disparos, estando Akane muy asustada. Además, las cinco chicas se iban acercando hacia ella sin dejar de dispararle. Akane, como pudo, fue esquivando los disparos hasta conseguir salir del aula, llegando al pasillo, donde empezó a correr. Sin embargo, las cinco chicas llegaron al pasillo justo después de ella, siguiendo disparándole.

Akane, viendo que no tenía ninguna salida, se lanzó contra los cristales de una de las aulas, rompiéndolos, cayendo dentro del aula. Sin embargo, enseguida llegaron las chicas, que siguieron disparándole. Akane, que no tenía ninguna salida, utilizó sus tentáculos para hacer un agujero en el techo, y después se impulsó con el suelo para saltar hacia allí, yendo a parar al piso de arriba. Ayano entró al aula y empezó a disparar hacia el agujero. Pero era inútil, Akane ya se había alejado de él.

–¡Tenemos que seguirla! ¡Que no escape! – Exclamó Ayano.

–Sugiura, déjalo. – Dijo Nana.

–¡No! ¡No podemos permitir que escape!

–Ya se ha escapado, Sugiura. Ya no sabemos dónde está.

–¡Pues vamos a encontrarla!

–Sugiura, el laboratorio está aquí. – Dijo Nana, sorprendiendo a todas. – Ya hemos llegado. Se accede por esta aula. Ya no tiene sentido seguir persiguiendo a ese alienígena. Ya no habrá más peligros de camino. Entremos al laboratorio y activemos el arma. Cuando lo hagamos, ese alienígena también morirá.

–Tch… – Soltó Ayano molesta. No solo quería que el alienígena muriera. Quería ser ella quien lo matase. Quería ver cómo sufría y se retorcía de dolor en el suelo, como vio con el alienígena que mató Rise.

Nana, por su parte, abrió uno de los cajones de la mesa de la profesora, donde había un mando a distancia, similar a un mando de tele, supuestamente para controlar el proyector del aula. Sin embargo, Nana tocó unos botones en un orden concreto. Al hacerlo, la pizarra se desplazó lentamente hacia un lado, sorprendiendo a todas las chicas, revelando que detrás de la pizarra había un pasillo secreto, con unas escaleras que llevaban hacia abajo.

–Vamos. Aquí abajo está el laboratorio y el arma.

Las demás chicas, todas serias, asintieron. Aunque las dos que más serias se veían eran Ayano y Akari, teniendo una expresión más bien de estar enfadadas. Ambas querían acabar con aquel alienígena, tanto por haber matado a Chitose como por intentar engañar a Akari para poder matarlas a todas, así como seguramente también haber matado a Akane.

Por su parte, Akane estaba corriendo por el pasillo. Cuando estuvo segura de que estaba a salvo, se detuvo, respirando agitadamente. Había muchas cosas que la habían confundido y sorprendido.

¿Qué es esto…? ¡¿Qué está pasando aquí?!


Akane llegó de nuevo a la sala de mantenimiento, donde estaba su madre, sentada en una silla.

–¿Qué tal te ha ido, Akane?

–Cuéntame la verdad. – Dijo muy seria.

–¿Qué quieres decir?

–¡No te hagas la tonta! ¡Akari no es alienígena! ¡¿Por qué?! ¡Me dijiste que éramos hermanas! ¡Si lo fuéramos ella también sería medio alienígena, pero es humana! ¡¿Por qué me has mentido?! ¡¿Qué me estás ocultando?!

–¿Por qué dices que es humana?

–¡Porque esas armas no afectan a los humanos, solo a los alienígenas! ¡Y a ella le han disparado y no le han hecho nada!

–¿No has pensado que a lo mejor al ser medio alienígena no le hace nada?

–¡No me engañes más! ¡Akari no tiene tentáculos! ¡Es humana! ¡Cuéntame la verdad! ¡¿Por qué me has mentido?!

La madre miró a Akane con una cara de pasotismo total, como si aquello le importara una mierda. Tras unos segundos, cerró los ojos y suspiró, para después levantarse.

–Está bien. No tiene sentido seguir ocultándolo, así que te lo voy a mostrar.

La madre sacó uno de sus tentáculos y lo alargó hasta que la punta de este tocó la frente de Akane, pasándole a esta sus recuerdos.


Akane, con 5 años, estaba en la parte de atrás del coche de sus padres, junto con Akari, que era solo un bebé de unas pocas semanas. Su madre y su padre iban delante, con su padre conduciendo. Todos estaban volviendo de un fin de semana fuera, y ya estaba anocheciendo, por lo que ambas niñas estaban durmiendo. La madre, con una sonrisa, las miró a ambas por el retrovisor.

–Míralas, qué adorables. Aún no me puedo creer que nosotros hayamos hecho esto.

El padre asintió.

–Estas niñas son lo mejor que me ha pasado en la vida. Después de ti, claro.

La madre soltó unas risitas. Quería llegar rápidamente a casa y poner a sus hijas en la cama para poder besarle, abrazarle, e intentar tener otra hija.

Tras un rato, algo muy grande y que no pudieron reconocer se cruzó en medio de la carretera, asustando a los dos adultos. El padre reaccionó rápidamente girando hacia la izquierda, sacando el coche de la carretera y estampándose a gran velocidad contra un árbol.


Por el choque, parte del motor se fue hacia atrás, dejando a la madre atrapada en su asiento. En plenas condiciones físicas habría podido salir con algo de esfuerzo, pero el accidente le había hecho mucho daño, haciendo que fuera incapaz de salir de allí. Esta, con sangre en la cara, se asustó al ver cómo habían quedado.

–¡Akane! ¡¿Estás bien?! – Al ver que no contestaba, la madre se alarmó. – ¡Akane!

La niña, que había perdido el conocimiento, abrió lentamente los ojos.

–¿Ma… ¿Mamá?

–¡Akane!

La madre quiso girarse para verla directamente, pero por el dolor le fue imposible, teniendo que mirarla por el retrovisor, que, aunque se había agrietado, aún permitía verla.

La niña al darse cuenta de la situación, empezó a asustarse.

–¿Qu… ¡¿Qué ha pasado?! ¡M-Mamá! ¡Tienes sangre en la cara!

La madre, aunque estaba bastante nerviosa, intentó no perder la calma, para no asustar más a su hija.

–Hemos tenido un accidente. ¿Estás bien?

Akane, aunque empezó a llorar ligeramente por el miedo, contestó.

–C-Creo que sí…

–Qué bien. ¿Cómo está Akari?

Akane miró a su hermanita, viendo que había caído al suelo.

–¡Akari!

Akane la cogió, con miedo, pensando que podría haber muerto, empezando a llorar más.

–¡¿Cómo está?! – Preguntó su madre.

–No… No lo sé… No se mueve…

–¡Ponle la mano en el corazón!

Akane lo hizo, notando su pulso.

–Está viva…

Eso las tranquilizó un poco a ambas. La madre entonces miró a su marido. El airbag había impedido que el choque fuera mortal, pero aun así el hombre había perdido el conocimiento. La madre empezó a sacudirle el hombro.

–Querido, despierta… Vamos, despierta…

Akane empezó a llorar de nuevo.

–¿Papá… Ha muerto?

Aunque su madre no lo sabía, respondió rápidamente para intentar calmar a Akane.

–¡No! ¡Claro que no! ¡Solo se ha desmayado, igual que Akari! ¡Se pondrá bien, ya verás!

Akane, aún llorando, aunque menos que antes, asintió. La madre vio entonces que fuera del coche se movió algo grande. Al estar oscureciendo no podía ver qué era. Sin embargo, vio que esa cosa empezó a acercarse, pudiendo darse cuenta que era la misma cosa que habían visto en medio de la carretera, que les obligó a girar y por la que tuvieron el accidente.

Al principio, la madre pensó que era un oso, por el tamaño. Sin embargo, a medida que se acercaba, pudo ver que aquella cosa no tenía forma de oso, pero no conseguía reconocer qué era, empezando a asustar a la madre, al ver que esa cosa estaba cada vez más cerca.

Finalmente, aquel ser se plantó al lado de la puerta de la madre, que ya no tenía ventana por haberse roto, pudiendo ver un ser que se parecía mucho a los aliens de la película Independence Day. La madre, asustada e impactada, no podía decir nada, mientras que Akane, por su parte, empezó a gritar, lo que hizo reaccionar a la madre.

–¡Akane! ¡No hagas ruido!

De pronto, el alienígena le clavó un tentáculo en el brazo a la madre.

–¡Ah!

–¡Aaaaaaaaaah! – Gritó Akane llorando. – ¡Mamáááááááááá!

Tras sacarle el tentáculo del brazo, el cuerpo del alienígena empezó a cambiar, y en cuestión de segundos adquirió la apariencia de la madre, incluso con su misma ropa, dejando a la madre y Akane con los ojos completamente abiertos.

–Ya veo, así que esta es la situación. – Dijo el alienígena después de haber tomado la forma y los recuerdos de la madre.

–¡¿Qu-Quién eres tú?! – Soltó la madre claramente asustada.

–Yo soy tú. – Dijo el alienígena con una sonrisa malvada. – Al menos eso es lo que los demás creerán. Eso significa que tú debes desaparecer.

La madre se aterró al entender qué era lo que quiso decir el alienígena.

–N-No, por favor…

El alienígena utilizó uno de sus tentáculos para atravesar la cabeza de la madre, matándola al instante. Akane, al ver eso, se puso a gritar aterrorizada, mientras grandes cantidades de lágrimas caían por su rostro.

–¡AAAAAAAAAAH! ¡AH, AH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAH! ¡MAMÁ! ¡AAAAAAAH!

–Tranquila, que en seguida te vas a unir a ella. – Dijo el alienígena.

–¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

El alienígena utilizó el mismo tentáculo con el que mató a la madre para atravesarle la cabeza a Akane, matándola también. Después de retirarlo, utilizó otro de sus tentáculos para sacarse de la espalda una cría de alienígena que llevaba allí, nacida hacía apenas unos minutos. La alienígena guió a su hija para que con uno de sus tentáculos tocara a Akane. Al hacerlo, pocos segundos después la cría de alienígena tomó el aspecto de Akane. Como estaba dormida, no copió su ropa, así que simplemente su madre se la quitó a la Akane original y se la puso a la nueva. Después de esto, clavó de nuevo un tentáculo a los cuerpos de la madre y la hija y las lanzó fuera del coche. Con sus otros tentáculos cavó fácilmente un agujero en el suelo y tiró allí los cuerpos de la madre y Akane, para después enterrarlos. A partir de ahora, ella sería la madre, y su hija sería Akane, por lo que no podían encontrar los cuerpos de las originales.

Después de eso, la alienígena volvió al coche, con la intención de matar al hombre, pero en ese momento, Akari empezó a llorar, llamando la atención de la alienígena.

–¿Qué? ¿Tiene otra hija? – La alienígena accedió a los recuerdos de la madre. – Ya veo. Qué pena perder a una hija tan pequeña. – Dijo con una sonrisa malvada.

La alienígena iba a matar a Akari, y después al padre, para fingir que ella y Akane eran las únicas que habían sobrevivido al accidente. Sin embargo, en ese momento llegó un coche de policía, que al darse cuenta los dos policías del accidente, se detuvieron y fueron a ayudar.

–¡Oigan! ¡¿Están bien?!

–Tch…

La madre entonces fingió estar herida, y los policías llevaron a los cuatro al hospital. Después de eso, la madre decidió no matar a Akari y al padre. Matarles en ese momento para fingir que habían muerto en un accidente habría sido creíble, pero fingir una muerte accidental más adelante era bastante difícil. Además, pensó que así podría ver a sus amigos de nuevo, y tocarles con cualquier excusa, para poder tomar también su aspecto más adelante si lo necesitaba. Después de todo, cuantos más cuerpos pudiera copiar, mejor, así que decidió fingir ser su mujer, con la intención de que eso le ayudara a preparar su invasión a la Tierra. Invasión que ella misma prepararía con ese nuevo cuerpo.


Después de ver eso, Akane retrocedió unos cuantos pasos, completamente impactada.

–No… No puede ser… A-Akane… ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! – Akane se agachó en el suelo con las manos en la cabeza, mientras gritaba con fuerza, con la madre mirándola con la misma actitud de pasotismo. – ¡AH, AH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! Akane… La mataste… ¡Mataste a Akane y a su madre! Yo… No soy la hermana de Akari… ¡Nunca he sido su hermana! ¡Su hermana está muerta! – Akane empezaba a hiperventilar, y se podía ver que parecía desquiciada. – Akari nunca me ha amado a mí… Yo no soy realmente su hermana… Sus sentimientos no eran para mí.

–En eso te equivocas, Akane. – Dijo la madre.

–¡NO ME LLAMES ASÍ! ¡Yo no soy Akane! ¡Tú la mataste! ¡Mataste a la hermana y a la madre de Akari, las personas que más quería!

–No es verdad. Akari apenas tenía unos pocos días cuando las maté. Ni siquiera se acuerda de ellas. Todo este tiempo a quien ha conocido ha sido a nosotras dos, no a ellas. A ellas ni siquiera llegó a conocerlas.

–¡Eres un monstruo!

Eso molestó a la madre.

–¿Perdona?

–¡¿Cómo pudiste hacer eso?! ¡¿CÓMO PUDISTE?! ¡Y me mentiste! ¡Dijiste que Akari y yo éramos hermanas! ¡Creía que yo era realmente su hermana! Pero no… ¡Su hermana está muerta! ¡Todo este tiempo he creído que era Akane, pero la auténtica Akane está muerta! ¡Aaaaaaaaaaaaaaah!

Descubrir aquello había afectado mucho a Akane. Acababa de descubrir que toda su existencia había sido una farsa. Y no solo eso, sino que la persona que creía ser, Akane, la hermana de Akari, había sido asesinada por su madre, además de la madre real de Akari, por lo que nunca llegó a conocerlas a ninguna de las dos. Akane se sentía horrible, gritando y llorando.

–¡Akari…! ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!

La madre empezaba a molestarse.

–Ya es suficiente. ¿Por qué armas tanto escándalo por una simple humana?

–¿Una simple humana? – Dijo Akane mirándola enfadada. – Ella no es una simple humana… ¡Ella es Akari!

–¿Y qué me quieres decir con eso?

–¡Ella es lo más importante para mí! ¡Y por tu culpa nunca pudo llegar a conocer a su verdadera madre y a su hermana!

La madre se mostró enfadada.

–¿Qué estás diciendo? ¿Quién es más importante? ¿Esa chica terrícola o tu madre?

–¡¿Y aún me tienes que hacer esa pregunta?! ¡La persona más importante para mí es Akari! ¡Después de lo que me has mostrado hoy, lo tengo más claro que nunca! – La madre se molestó aún más. Akane entonces abrió la boca al darse cuenta de algo. – No… No me digas… Que tú mataste a Chitose…

–Así es.

Akane no sabía cómo reaccionar.

–Utilizaste el aspecto de Akari para engañarla…

–Así es. Deberías haber visto qué cara pusieron las dos. – Dijo la madre sonriendo. – Chitose mientras moría y Akari al ver que alguien con su misma apariencia había matado a su amiga. Eso no ha tenido precio.

Akane estaba completamente impactada, incapaz de procesar todo aquello tan rápido.

–¿Por qué…? – Akane se levantó. – ¡Dijiste que las amigas de Akari estarían bien!

–¿Y te lo creíste? Eso te lo dije cuando eras pequeña para que no armaras un escándalo. Pero ahora que eres mayor ya deberías entender que todos los humanos deben morir. No puede quedar ninguno.

Akane mostró una cara de horror total al entender lo que dijo su madre.

–¿Estás diciendo… Que Akari también?

–Claro que sí. Todos.

Akane, temblando, se opuso a ello.

–No.

–¿Hum?

–No te lo permitiré. No permitiré… Que le hagas nada a Akari…

–Ya veo. Entonces ya no me sirves.

–¿Eh?

La madre atravesó a Akane con un tentáculo cerca del corazón, dejando a la chica impactada, tanto por la sorpresa como por el dolor.

–Sentir debilidad por una simple humana antes que por tu especie… Eres patética...

La madre le clavó sus otros tres tentáculos a Akane, atravesándole el cuerpo, haciendo que la chica gritara de dolor y escupiera sangre por la boca. Al retirarle los tentáculos, Akane cayó al suelo, teniendo su cuerpo varios espasmos involuntarios debido al dolor.

–¿Qué? ¿Pensabas que por ser mi hija no te haría nada? Claro, tú has crecido creyendo que eras humana, con esa estúpida idea de que la familia es lo más importante de todo y que nunca te haría daño. En nuestra especie eso no es así. La familia no es nada importante. No te quiero más que a cualquier otro miembro de nuestra especie por el simple hecho de ser mi hija. Matar a mi hija no me afecta lo más mínimo.

Varias lágrimas caían de los ojos de Akane mientras su cuerpo seguía teniendo espasmos. Aunque todas las lágrimas eran de dolor, no todas eran por el dolor físico, algunas eran por el dolor de la traición de su madre. Esta sonrió.

–No sufras, querida. Pronto estarás con Akari.

–N… No…

La madre soltó unas risitas y después se fue a buscar a las chicas para matarlas, dejando a Akane allí.

–A… kari…