Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro. Fanfic para participar en la Fiesta de Halloween de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma con el tema #Leyenda.Relato basado en la leyenda mexicana de El callejón del beso.


Te besaré en el callejón.

Parte 5.-Enfrenta tus miedos II.

Corría y corría sin parar, jadeando debido al agotamiento que experimentaba. Akane sudaba, sintiendo sus piernas un poco cansadas. Estaba segura de que, en cuanto llegara a casa, descansaría todo lo que pudiese. Llegó a las escaleras que daban al recibidor, y las bajó, presurosa. Cuando llegó al último escalón, un estruendo grande se hizo eco atrás suyo.

Miró el reloj en su muñeca, comprobando que había pasado tan siquiera una hora desde que se adentraron en ese lugar. Debía apresurarse, necesitaba encontrar a todos para salir de ahí.

Avanzó hacia enfrente, llegando a un jardín central que se encontraba en bastante paz. No se detuvo mucho tiempo, porque no se fiaba del lugar. Cruzó la puerta frontal y caminó en el pasillo estrecho. Volvió a escuchar un estruendo cercano, y con fuerza, aferró el pergamino hacia su cuerpo, protegiéndolo. Avanzó un paso. Luego, otro. Y otro. Caminaba sin pensar en nada más que en llegar a donde estuviesen los demás.

Pero, pisó un punto del suelo en el que cayó en una abertura extraña.

No supo cuando, ni como, pero pasó de estar en un túnel, a llegar a una especie de cuarto oscuro en el que cayó sin miramientos. Su cuerpo resintió el impacto, emitiendo un quejido de dolor. Se puso de pie lentamente, con el pergamino aún en sus manos, y trató de caminar hacia enfrente para buscar una salida.

Sin embargo, algo no le permitió avanzar. Como si un hechizo se interpusiera entre su cuerpo y el resto del cuarto.

—¿Hola? ¿Hay alguien por aquí?

No obtuvo respuesta. En un nuevo intento por salir de ahí, caminó en otra dirección, pero otra vez sintió una barrera invisible. Caminó en círculos, dándose cuenta de que estaba encerrada en una especie de jaula invisible. Suspiró, un poco derrotada. Esperaba poder encontrar una solución pronto.

Lo que no imaginaba, es que las cosas estaban a punto de tornarse peores.

Ryoga avanzaba con mucha prisa, esquivando gente y los diversos puestos callejeros del barrio Chino. Debía llegar rápidamente para entregar el pergamino a Ranma y a Akane, o si no, todo el plan fracasaría. Ahora, todo estaba en sus manos, algo que le ponía muy nervioso. Afortunadamente, el hechicero Xu le había dado a beber un té que le bloqueaba el problema de su falta de orientación. Según ese hombre, el efecto duraría hasta medianoche, por lo que supuso que no habría ningún problema para arribar a su destino.

Mientras corría, un grupo de jóvenes le miraron incrédulos. Se habían acostumbrado a ver el caos rodearles gracias a Ranma, pero esto ya era demasiado extraño, sin mencionar de que toda la gente nativa del lugar actuaban un tanto misteriosos.

—¿Ese no es el amigo de Ranma y Akane?— Preguntó Yuka, curiosa, saboreando un helado que compraron.

Los demás asintieron lento, temiendo la confirmación.

La profesora y el guía a cargo de la excursión se acercaron con gestos de preocupación en sus rostros. Los chicos dedujeron que ya habían notado la ausencia del par de prometidos, así que les esperaba una tarde tediosa, porque los harían buscarlos por todo Chinatown.

—¿Dónde están Tendo y Saotome?

El grupo entero se encogió de hombros, sin saber que responder.

Akari terminó de acomodar toda la indumentaria en el sitio. Satisfecha, sonrió mientras admiraba la obra de arte en el suelo. No entendía cual era la finalidad de ese ying y yang, e ignoraba el significado de los caracteres chinos alrededor de él. Pero, confiaba en que todo saliera a la perfección, después de todo, nadie mejor para derrotar a Tatsuo que un mago. Pudo escuchar los pasos del hechicero acercándose a ella, y una vez cerca, el hombre le extendió una vara de hierbas tradicionales, adornado con un listón de color blanco.

—¿Para que es esto?— Preguntó la chica, recibiendo el objeto extraño.

—Tu corazón es puro. Así que, me ayudarás a hacer este ritual. Por favor, colócate en este circulo que dibujé.— Indicó el hombre a Akari.

Un poco confundida, obedeció. —¿Y que debo hacer?

—Agitarás esas hierbas mientras yo realizo la invocación.

—Eso suena fácil.

—Pero, debo advertirte algo, Akari.

La severidad en la mirada solo podía significar que no venía nada bueno. Temerosa, preguntó. —¿Qué cosa?

—No debes dejar de agitar el ramo. Si el cielo se cae, si la tierra se inunda, eso no debe importar. Tu no dejarás de agitar las hierbas. Si lo haces, el encantamiento no funcionará.

—Pero... ¿y si estamos en problemas?

El hechicero tronó los dedos. Un suave manto invisible les cubrió, como una especie de escudo protector. —Esto nos ayudará. Solo espero que los demás no tarden tanto, pues solo durará el tiempo necesario.

Akari asintió. Sonaba fácil, y esperaba que así fuera.

El de trenza caminaba por la maraña de pasillos y escalones en las que escuchaba la voz de su prometida. No estaba pensando en si hacía lo correcto o no, porque solo le interesaba encontrarla y salir de ahí a como de lugar. Ya estaba harto de los fantasmas, la magia y todas esas cosas. En serio se aseguraría de no entrometerse en líos como este por un largo tiempo.

Llegó a una puerta simple, sin ningún adorno en ella, cosa extraña pues toda la mansión destilaba lujos y extravagancia. Tomó los picaportes, y abrió la entrada. Descubrió un cuarto en completa oscuridad, y bastante frío, casi como un congelador enorme. Frotó sus brazos, buscando un poco de calidez para su maltrecho cuerpo.

—¿Akane?— Preguntó al vacío.

Nada. No hubo respuesta de ella.

Avanzó de poco a poco, tratando de dilucidar cualquier pista que le dijera algo sobre el paradero de su prometida. A cada paso, su pulso se aceleraba, y la angustia se afianzaba en lo más profundo de sus entrañas. —¡¿Akane?!

Ranma...

Ranma miró por todos lados en ese lugar tan oscuro, esperando divisar algo. Tanto silencio nunca podía ser bueno, y ciertamente nada estaba bien. Una luz pequeña comenzó a brillar frente a él, y entonces un círculo de fuego se formó alrededor de su cuerpo, dejándolo atrapado y sin posibilidad de salir. Cómo si se tratara de una nueva jaula.

—¿Qué demonios?— Intentó tocar el fuego de esa rueda, pero en cuanto sus yemas rozaron el elemento, pudo oír un grito tenue, el cual se diluyó en el aire.

—¡Ranma!

Desorientado, movió rápidas las pupilas para distinguir de donde provenía la voz. Posó sus manos en su boca e inhaló fuerte, para luego, exclamar. —¡¿Akane?!

Todo quedó sumido en un mar silencioso, tenso. Ranma solo era capaz de escuchar el crepitar de las flamas, y sentir el calor abrasador quemarle por completo. El sudor comenzaba a formarse en su piel, y este aumentó gracias a un nuevo sonido, el cual golpeó su conciencia, provocando en él un nuevo subidón de adrenalina e intranquilidad.

—¡Ranma! ¡Ayuda!

No era una alucinación, ni un producto de su imagen. Esa era la voz de Akane. Le llamaba con desespero, clamaba con dolor e impotencia por qué el saliera a su rescate. Y sin dudarlo, es lo que haría.

—¡Akane!

Las luces se iluminaron en la estancia, y ahí, frente a él, apareció su prometida. Akane estaba también dentro de un círculo de fuego, parada, con el uniforme de Furinkan hecho un desastre y las mejillas llenas de suciedad. En las manos llevaba el pergamino de Ming Ue, lo suponía porque el que pertenecía a Takahiro era de un color distinto. Abrió sus ojos de par en par, creyendo que la suerte estaba comenzando a sonreírles por fin.

Akane también se alivió de verlo ahí, aunque los moretones invadían una gran parte de la piel de su prometido. La camisa china presentaba dos rajaduras en las que se asomaban una herida con sangre seca. No sabía que había pasado con el después de que lo liberarán, pero al menos estaba con vida. Y, bueno, eso significaba que había esperanza de terminar con la misión.

—Ranma…— Suspiró alegre.

—Akane...— Vigiló los alrededores, por si algún ataque les aguardaba, pero se relajó en cuanto la voz de Akane llamó su atención.

—Me alegro que estés bien.— Sonriendo, señaló el pergamino. —¡Se lo he arrebatado a Tatsuo!

—¿Y el otro?

—El de Takahiro está a salvo. El hechicero Xu nos ayudará. Hará un ritual para derrotar a Tatsuo.

La examinó aún más profundo, sin abandonar la sonrisa que se posó en su rostro. Sus iris centellaron, presas del cariño inmenso que sentía por ella. —¿Realmente estás bien, Akane?

Asintió tiernamente. —Soy fuerte.

Con júbilo, Ranma iba a volver a avanzar hacia el fuego para tratar de reunirse con Akane, pero tan solo dio un par de pasos, la iluminación se volvió a ir, dejando el brillo de su círculo de fuego únicamente.

¡Ranma! ¡Ayuda!

—¡Akane!

De pronto, sintió un golpe horrible en su estómago. Se agachó por el dolor, gruñendo, y anonadado, notó el par de pies humanos que se asomaban. El joven chino estaba de pie, mirándole insensible. No había rastro de ninguna emoción en sus ojos, como un témpano de hielo puro.

—Mousse...— Jadeó sin aliento.

—Soy Tatsuo, imbécil.

Le pateó, mandándolo a volar cerca del fuego de ese aro que los rodeaba. Con dificultades, Ranma se levantó, tosiendo gracias al impacto feroz de ese golpe. —¿Eso es todo lo que puedes hacer, ciego estúpido?

—Eso es lo que te pregunto yo a ti.

Akane se alertó de inmediato, por lo que comenzó a golpear el escudo invisible, mientras gritaba el nombre de su prometido. Pero esto resultaba en vano, porque nadie le escuchaba. —Demonios.— Murmuró. —Debo hallar una forma de salir de esta prisión.

Mientras tanto, el de trenza se fijó en el brazo de Mousse. Una marca de serpiente se ubicaba dibujada ahí mismo, en la que emanaba una especie de líquido color negro. —¿Qué le hiciste al brazo de Mousse?

—Ah, esto...— Levantó la extremidad, señalando la herida. —Es un pacto que hice con él. Bueno, técnicamente, lo obligué a firmarlo. En él, me entregaba su cuerpo y su alma, a cambio de matarte. El idiota se negó, pero me salí con la mía. Ingenioso, ¿no crees?

—Más bien, es repulsivo.— Apretó los puños, totalmente enojado. A pesar de que Mousse tenía cierta rivalidad con el por Shampoo, en realidad, lo consideraba un buen amigo. Hacerle eso no solo era lo peor que un luchador podía hacer. Lo consideraba una gran ofensa para él. —¿No te enseñaron que las trampas no son buenas?

Ranma se adelantó para atacarlo con una serie de patadas y puñetazos, cargados con demasiada fuerza. Tatsuo contratacó con la misma técnica en velocidad incrementada, logrando que el joven de trenza tuviera que esquivar cada ataque con dificultad. Se alejó del chino, jadeando sonoro. A pesar de que había recuperado su fuerza, el cansancio comenzaba a asomarse en él. Maldijo la hora en la que había sido secuestrado por ese monstruo infernal.

Tatsuo sonrió de lado. —Aunque, me he equivocado con mi elección. Debo decir que, si bien este cuerpo es útil para mí, deseo otro en el que mis poderes se vean más potenciados.

Akane, incrédula por lo que escuchaba, alzó una ceja. —No estará pensando en poseer el cuerpo de Ranma, ¿o si?

—Ni se te ocurra...— Ranma volvió a colocarse en posición de pelea. —No creas que te dejaré tener el control de mi cuerpo. ¡No lo harás!

De nueva cuenta, comenzó a atacar con el tenshin amaguri ken, pero ahora tratando de descifrar si podía ejecutar el ryu shoten ha sin tener que lastimar a Akane. No sabía en donde estaba, pero si seguía en la mansión, entonces haría lo posible por encontrar una salida. Mousse era hábil, pero estaba seguro de que el crédito era para Tatsuo y sus poderes sobrenaturales.

Tatsuo no se encontraba impresionado por la habilidad de combate de Ranma. Los fantasmas poseían un sexto sentido muy desarrollado, lo que les permite conocer a sus enemigos profundamente. Le bastó tan solo tener a todos en una misma estancia como el cuarto de Takahiro, como para darse cuenta de sus miedos y sus fobias. Gracias a ello, la mansión se convirtió en una trampa gigantesca.

No era tonto, conocía los puntos débiles de cada uno de los chicos que lograron acceder. Y, por desgracia para esa pareja, tenía en mente el talón de Aquiles de Saotome. No le importaba seguir el código de honor de los samurái. Saboreaba deliciosamente la trampa que iba utilizar.

Sin previo aviso, Tatsuo se desvaneció por completo, dejando a Ranma solo. El silencio se hizo paso en el lugar, donde nuevamente, el crepitar del fuego tomaba el control de la situación. Nada estaba bien. Desesperado, giró su cabeza en dirección a todos lados, buscando a Akane o a Tatsuo. —¡Tatsuo! ¡No huyas, cobarde!— Sentía el corazón latir desmesurado, y el sudor bajando por todo su cuerpo. El calor le sofocaba, le irritaba, aunque nada era peor que lo incierto de la situación.

Akane estaba en las mismas. Mientras veía todo a través de ese escudo invisible, era consciente de que las cosas se habían complicado cruelmente. Sin otra opción, continuó golpeando el escudo protector, gritando a todo pulmón para que su prometido le escuchara. —¡Ranma! ¡Estoy aquí! ¡Ranma!— Pateó nuevamente la protección, tratando de aplicar más fuerza para lograr un mayor impacto.

¡Ranmaaaaaaaaaaaa!

La voz de Akane sonó adolorida. Parecía una especie de lamento espectral, pero no estaba seguro de ello. Asustado y con los nervios al borde, buscó a Akane. Deseaba ver que estuviera con vida, necesitaba sentir que todo estaba bien, que no pasaría nada con ella.

Pero, la crueldad venía en forma de una nueva visión frente a él.

Afuera del circulo de fuego, Akane se encontraba tendida en el suelo, con el uniforme azul ahora lleno de sangre. La piel pálida marcaba un estado de inconsciencia absoluta que solo se obtenía al perecer. Los ojos los mantenía completamente cerrados, sumida en un profundo sueño del que no tenía certeza si despertaría. No había signos de que estuviese respirando, porque no veía su pecho subir y bajar al compás del aliento. Akane estaba muerta.

—Akane...— El shock en él era inmenso. No, no podía ser verdad. Akane no podía estar muerta. ¡Demonios! La había visto hacia tan solo unos segundos sonreírle, afirmándole que era fuerte. Sin embargo, lo sentía todo muy real. Con el corazón partido por el dolor, negó varias veces, hasta que, finalmente se desplomó en el suelo, cayendo de rodillas. —¡Akaneeeeeeeee!

La chica de cabellos cortos fue testigo de lo que estaba sucediendo. Le dolía de sobremanera verlo tan destrozado, no lo soportaba. —¡Ranma! ¡Esa no soy yo! ¡Estoy viva! ¡Estoy aquí!— Pateó furiosa el escudo. pero nada. Maldijo una y otra vez a Tatsuo, porque sabía jugar bien sus cartas. —¡Ranma!

De los orbes azules, las lagrimas comenzaban a brotar. Se levantó lentamente, tratando de salir del estado de conmoción en el que se encontraba. No podía estar sucediendo. Corrió hacia el fuego, pero en cuanto lo tocó, una fuerza descomunal lo empujó hacia atrás, impidiendo su salida.

—¡Akaneeeee! ¡¿Me escuchas?!— Clamó, llorando. —¡Dijiste que eras fuerte! ¡Me prometiste que todo estaría bien!

La figura de la chica seguía sin responder a sus desesperados lamentos. Nervioso volvió a tocar el fuego, pero fue en vano. Seguía sin poder salir de la maldita prisión en la que se encontraba. Con los puños cerrados, comenzó a golpear su cabeza, errático. Estaba viviendo una pesadilla, solo que no era un sueño.

Ya no estaba viva, ya no podría volver a ver su bella sonrisa nuevamente. Las imágenes de ese día se repetían en su mente. La sonrisa que le brindó al irle a despertar. Lo linda que fue al cederle el asiento al lado de la ventana para que pudiese descansar. Estaba planeando decirle su verdad, porque ya era hora.

No podría casarse con ella. No habría ningún futuro a su lado. Había fallado a su misión de protegerla por siempre.

—¡Akaneeeeeeee! ¡Akaneeeeeeeeee!— Sollozaba profundamente, con las nauseas invadiendo su estomago. —¡Akaneeeeeeeeeee!

Akane sintió el temblor en su cuerpo. Ranma estaba sufriendo demasiado por ella. Gritó aún más fuerte, comenzando a llorar descontroladamente. La culpa estaba recayendo en su corazón nuevamente. No deseaba ver esos iris azulados aplastados, ya estaba harta del escozor de su alma. —¡Ranmaaaaa! ¡Mírame! ¡Estoy bien! ¡Ranmaaaaa!

—¡Akaneeeeeeeee!— Sollozo tras sollozo, jadeo tras jadeo. Ranma lamentaba mucho su suerte, recriminandose por no ser lo suficientemente fuerte.

Pobre de ti. Has enfrentado tantos destinos, mi estimado Ranma Saotome.

Al escuchar la voz del samurái, se levantó rápidamente. Respiraba con dificultad, sin saber que hacer, o que decir. La piel ya era inmune al fuego de ese círculo, porque se había desensibilizado por completo. Adiós al calor, simplemente el dolor en su corazón le estaba arrasando todo el ánimo. El temblor aumentó, su pulso se aceleró, y el frío volvió a él.

Akane se dio cuenta de que Tatsuo iba a manipularlo. Quería el cuerpo de Ranma, y el de Mousse lo desecharía cual basura. Probablemente quien moriría sería el joven chino, y si llegaba a cometer su objetivo, cosas catastróficas podían suceder. —Tengo que hacer algo...

Las imágenes que se proyectaban en lo alto de la habitación le mostraban a Ranma todos lo hechos por los que su vida se había convertido en un raro espectáculo. El intenso entrenamiento con su padre, sin la posibilidad de vivir una vida normal. El instante en el que cayó en las fosas encantadas de Jusenkyo. Los múltiples líos que le atosigaban con cada loco que tuvo que conocer en el camino.

Pero un par de visiones se proyectaron para recordarle lo que más pesaba en su consciencia.

Como una película, repasó cada aspecto sucedido en China. Sus lagrimas bajaron más fuerte mientras admiraba el cuerpo de Akane sin vida, vistiendo su camiseta china. —Akane...

Mousse se manifestó frente al chico. La expresión en su rostro denotaba maldad. Tatsuo era peor que Saffron, porque estaba tratando de empujar al límite a Ranma para conseguir su cuerpo. —La muerte siempre les acecha, Ranma Saotome. Es el enemigo principal en tu vida. Los demás no son nada, a comparación de esa fuerza que quiere arrebatarte lo que más necesitas en tu vida.

Akane no era ciega. Y, por todos los cielos, estaba asqueada de que ese maldito ente usara esas artimañas tan bajas. No era un samurái, ellos aplicaban el honor por sobre todo. Volvió a patear el escudo, fallando horriblemente. —¡Ranmaaaa!

Sin embargo, un chispazo iluminó su cerebro. Miró el anillo que tenía puesto, recordando que el señor Xu le indicó que debía repetir una oración en caso de que estuviera en problemas. Rápidamente se colocó en medio del escudo, y empezó a realizar una serie de movimientos con sus manos. —Ayuda pido. Ayuda recibiré. Quiebra el mal, y haz que obre el bien.

Ranma jadeó fuertemente. —Akaneeee... ¿Dónde está su cuerpo?

—Ella está a salvo. Pero, lo que viste es lo que llegará a pasar si no me entregas tu cuerpo.

Se limpió los ojos con el dorso de su mano. Apretó la mandíbula, no creyendo lo que ese malnacido hizo. —No lo haré.

—Ranma Saotome, si tú te unes a mí, lograremos cosas grandiosas. ¿No te gustaría ser el más fuerte para protegerla?

El de trenza le enfrentó con la mirada. Sus sentidos se adormecieron por completo, como si estuviese siendo encantado. Sus pupilas, antes azules, ahora se volvieron verdes. La debilidad en su cuerpo hizo mella en él, doblegándolo y poniéndolo de rodillas. Parecía un fiel sirviente, atento a las indicaciones de su señor. Una pequeña parte de él se estaba resistiendo, porque esos movimientos que hizo fueron robóticos. Negó con su cabeza, intentando resistir la invasión que Tatsuo ejercía.

La de pelos cortos seguía con su labor, notando como el escudo se empezaba a resquebrajar. La grietas eran pequeñas, pero cada vez más se extendían por todos lados. Con aún más ahincó, rezó la oración. No se daría por vencida. Era su necesidad salvarlo, así limpiaría todas sus culpas.

—Tatsuo... No... no lo ha... harás...— Gruñó al sentir el dolor en su brazo. Miró la zona, recibiéndolo una marca de serpiente. La misma marca que Mousse tenía en su cuerpo.

—Mataré a este idiota, y en cuanto me apodere de tu cuerpo, cumpliré tu deseo de proteger a esa mocosa. Haré que cada uno de esos monigotes que tienen por pretendientes muerdan el polvo. Iremos hasta China, y destruiremos al clan que se atrevió a usar a tu prometda como una trampa. Buscaremos venganza por todo. Es un buen trato, ¿no crees?

Volvió a gruñir, pero el dolor se hizo tan potente, que un ensordecedor grito salió de sus labios. —¡Bastaaaaa!

Tatsuo llegó a estar a un palmo de distancia. Tomó bruscamente la extremidad izquierda del de trenza. Descubrió el brazo, juntando su propia marca con la del chico de trenza. Una luz brillante emanó, y luego, la risa macabra salió. Finalmente estaba entrando en ese esqueleto. Desde que luchó contra él, sabía que sería la mejor arma para impedir que Ming Ue se fuera de ese mundo. Ahora que había sido liberado de su prisión en ese tarro insulso, no se hallaba conforme con eso. No. En cambio, su sed por gobernar el mundo aumentó. La codicia se afianzó en él. ¿Para que conformarse con pequeñeces, si podía ser el amo del universo?

—¡Aaaahhhhh!

El escudo invisible comenzó a caerse en pedazos, y Akane pudo comenzar a ver con claridad la escena frente a ella. Ranma ya estaba siendo dominado por Tatsuo. —¡Ranmaaaaa! ¡Aguanta un poco más!

Tatsuo estaba maravillado. Los músculos, fuertes como una roca, eran gratifcantes. La mejor elección había sido esa.—Saotome... ¡Que poderoso eres! ¡Un gran guerrero entre todos los que he conocido!

—¡Déjame! Matarás... matarás a todos...

—No lo haré. Piensa en tu prometida.

Su corazón comenzó a latir con rapidez. La oferta de Tatsuo no sonaba nada mal. —Akane...

La última pieza del escudo se cayó, y lo aros de fuego eran la única barrera entre ambos. Akane sintió terror, porque ahora el siguiente paso era traspasar el elemento.

Tatsuo, en el cuerpo del chico, rio maquiavélico. —¡No te resistas!— Movió el cuerpo con dificultad, logrando que se pusiera de pie. —¡Me perteneces!

Akane miró impotente todo. De pronto, su mente le propinó una bofetada. Por Ranma, era capaz de traspasar ese elemento. No debía acobardarse, más bien, debía enfrentar el miedo. plantarle cara. Respiró hondamente, haciéndose hacia atrás. Tomó distancia, y finalmente corrió. Las lagrimas volaron lejos, y aunque el ardor en su piel se sintió como el peor dolor en su vida, la determinación por salvarlo resultó más inmensa de lo esperado.

Nada de culpa. Nada de arrepentimiento. Solo el deseo de verlo feliz, sano y salvo.

—¡Ranmaaaaaaa!

Ese grito fue real.

—Akan...ne...

La joven llegó hasta el círculo de Ranma, atravesando esa barrera. Le enfermaba ver a su prometido de esa forma. Lastimosamente, una gran parte de Ranma había sido poseída por ese demonio. La sonrisa macabra que se asomó en el chico fue tan impactante, que permaneció estática.

—¡Caíste en mi trampa, Saotome!

Tatsuo, ahora en el cuerpo del de trenza, corrió a una gran velocidad, atacando a Akane con todas sus fuerzas. La chica logró esquivarlo con dificultad. —Ranma... reacciona...— Murmuró tristemente.

—Ranma ya no está aquí. Me pertenece por completo.

—¡No es verdad! ¡Ranma, sé que estás ahí, en alguna parte! ¡No te dejes manipular!

—Calla... ¡Y entrégame ese pergamino!

Volvió a lanzarse hacia ella, intentando golpearla con un terrible ataque de puñetazos veloz. Ella trató de esquivar los impactos, moviéndose en círculos por toda la superficie. Y, con todo el dolor en su corazón, le regresaba los ataques a su prometido. No le gustaba pelear contra él, aunque entendía que, en realidad, se enfrentaba a Tatsuo. En cierto momento de la pelea, el pergamino salió volando hacia un extremo del lugar. Al distraerse con aquello, Tatsuo le golpeó fuertemente el costado, mandándola a volar junto con el objeto.

Akane tocó su lateral, intentando recuperar el aliento. —¡Maldición!

—¡No bajes la guardia!

Tomó el pergamino y rodó por el suelo, esquivando el puñetazo de Ranma. El suelo se resquebrajó, lanzando trozos con demasiada fuerza. Tatsuo apretó los puños, La chica se levantó y retrocedió poco a poco. Ese golpe le había causado una contusión profunda, y la debilidad comenzaba a asomarse. La esperanza de salir de esta situación se desvanecía entre más miraba esos ojos azulados, nublados por la maldad, la ira.

Tatsuo, confiado, sabía que estaba ganando. —No tienes escapatoria, mocosa estúpida. Dame el pergamino.

La distancia se acortaba más entre los dos. No tenía escapatoria.

Akane pensó en hacer algo. Era su última carta, y apostaba todo en ello, por lo que no dudó en acercarse al cuerpo, abrazándolo firmemente, mientras escondía su rostro en el pecho del chico, cuidando siempre el pergamino.

—¡Ranma! ¡Reacciona, por favor! ¡Ranma!

Eso pareció despertar algo en el chico. —A...Aka...

—¡No le hagas caso! ¡Estoy viva! ¡Estoy a salvo! ¡No dejes que te domine por completo, por favor!

—A...ka...ne... ¡Argh!

Los brazos del chico se movieron involuntariamente, tomando a la joven de forma brusca, lastimando la piel debajo de la blusa percudida del uniforme. Akane se quejó, pero no desistió en su agarre, porque sabía que Tatsuo lo estaba haciendo para que ella se alejara.

—¡Chiquilla estúpida!

—¡No te tengo miedo, Tatsuo! ¡Ranma! ¡Por favor, vuelve!

Ranma sentía perfectamente como le hacia daño. Luchaba internamente por no dejar que ese malnacido tomara el control, pero resultaba imposible. —Akane... aléjate... por favor...

Negó con su cabeza. —¡No lo haré!— Sollozó, mojando el pecho de su prometido. —¡Tu y yo estamos juntos en esto!

—¡Maldita mocosa!— Aumentó su impacto, provocando rasgaduras en el ya maltrecho uniforme de ella.

—¡Argh! Ranma, nunca tuviste la culpa de lo sucedido en Jusenkyo. Ni yo la tuve.— Con esperanza en la voz, siguió su discurso. —Te agradezco por haberme salvado, pero ahora, es tiempo de dejar ir ese miedo. No más venganza, no más rencor. Tu y yo siempre saldremos adelante, juntos. Por favor... — Sollozó más fuerte. —¡Por favor, vuelve a mí! ¡Vuelve a ser el Ranma que conocía antes de Jusenkyo!

La imágenes de Akane pasaron frente a sus ojos. Era valiente, fuerte, una guerrera innata. ¡Que absurdo había sido al dejar que ese miedo se apoderara de él! Ella tenía razón. No fue culpa de nadie, no era lo correcto albergar esos sentimientos negativos en su interior. Akane le necesitaba en ese momento, y él a ella. No iba a permitir que Tatsuo ganara esta ocasión.

—No...— El agarre fue aflojándose. Poco a poco, sentía como el control volvía a ser suyo. —No te lo permitiré, maldito Tatsuo... ¡Ya no más miedo!

Tatsuo sintió la debilidad apoderándose de él. —¿Pero que demonios está pasando?

Una luz destelló, iluminando el cuerpo del de trenza. Tatsuo salió disparado, incrédulo por lo que sucedía. Jamás, en su vida, había sido testigo de esa fuerza tan increíble como la que Saotome poseía.

Los brazos de Ranma afianzaron fuertemente a Akane, pero ya no para hacerle daño. Escondió su cabeza en el cuello de su prometida, sollozando libremente. Su corazón estaba limpiándose de la suciedad. La paz volvía a encontrarle, porque se había dado cuenta de que no valía la pena estancarse en el pasado. Akane era su presente, y debía abrazarlo fervientemente.

Jusenkyo y Saffron podían irse al demonio. Aquí, y ahora, viviría el presente junto a Akane.

—Ranma...— Se separó del joven, sonriéndole alegre. Acercó la mano a su mejilla, limpiando el pequeño rastro de lágrimas. —¡Volviste!

—Akane... Gracias.

Mousse recuperó la consciencia lentamente. Se estiró, sintiendo tranquilidad en su corazón. Con extremo cuidado observó su brazo, dándose cuenta de que la dichosa marca de serpiente había desaparecido por completo. Feliz, sonrió y se incorporó de un salto. —¡Soy libre! ¡Somos libres, Saotome!

Tatsuo se encontraba anonadado. No entendía que había sucedido, ni como fue que lo derrotaron de ese modo. De hecho, comenzó a sentirse un poco débil. Luego, todo hizo conexión. El maldito hechicero de la familia Xu estaba detrás de todo. Seguramente realizaba un ritual para derrotarlo. Debió ir y matarlo en cuanto tuvo oportundad. Iba a atacar, pero una gran nube de polvo se hizo presente en el lugar.

Ryoga entró en el lugar, y en cuanto divisó al trío de muchachos, se acercó con dicha en su rostro. Había logrado llegar sin perderse, y todo gracias a ese hechicero. Notó lo maltrechos que estaban los chicos, por lo que, de inmediato, su gesto cambio de estar feliz, a tener la preocupación palpable en él.

—¡Ranma! ¡Akane! ¿Están bien?— Se acercó, inspeccionando a los dos jóvenes frente a él.

Akane sonrió y asintió. —Si, todo está bien ahora.

Ryoga agitó la segunda parte del pergamino, señalando lo obvio. —¡El hechicero lo logró! Ya solo deben unirlo en ese callejón, todavía tienen tiempo.

—¡Perfecto!— La chica de cabellos cortos abrazó aún más fuerte a Ranma, sin poder contener sus emociones. Esto le provocó un fuerte sonrojo al chico, pero claro, poco le importó, porque siguió correspondiendo el dulce agarre.

—¡No lo entiendo!— Tatsuo logró que la atención se centrara en él. Miró incrédulo a los cuatro jóvenes que se encontraban ahí mismo. —¿Por qué me siento tan debilitado?

Ryoga sonrió con mofa. —Veo que el hechicero Xu y Akari ya están actuando.— Luego, señaló a Tatsuo. —¡Pagarás por lo que has hecho!

El samurái gruñó irritado. Desenfundó su katana, y señaló a Ranma. —¡Me las pagarán!

Ranma iba a deshacer el abrazo entre él y Akane para comenzar a pelear contra ese idiota pero una nueva nube de polvo, en conjunto con pedazos de madera y concreto lograron que su vista se viera bloqueada por completo.

—¡Airen!

—¡Ran-chan!

—¡Ranma-sama!

—¡Saotome!

Todos los jóvenes estaban ahí, parados, viéndoles de forma incrédula y completamente anonadados. Ranma y Akane estaban abrazándose, y aunque ya estaban aceptando la verdad, aún les dolía. La ira se manifestó en ellos, por lo que no esperaron nada, lanzándose al ataque de ambos prometidos. Ranma y Akane se separaron inmediatamente, sonrojados y tratando de negar cualquier cosa existente.

Sin embargo, Ryoga y Mousse se interpusieron frente al par de prometidos, defendiéndolos de los ataques.

—¡Mousse! ¡Quitar!— Shampoo trató de encontrar un punto ciego para darle un golpe a Akane, pero Mousse le detuvo por completo de la mano. Se removió furiosa, intentando quitarse al pato.

—Shampoo, déjalos ya. Tu también, Ukyo.— A Ukyo también la apresó, imposibilitando su movimiento.

Ryoga lanzó el pergamino a Ranma, y detuvo de la ropa a los hermanos Kuno. —¡Dejen que hagan su trabajo!

Tatsuo creyó que todo era una locura. Pasó de ser un espectro intimidante, a ahora pertenecer a la basura. Como si fuese un cero a la izquierda. Pero aún no estaba todo terminado. No, aún le quedaba cierta magia que podía usar para su beneficio. Se concentró, generando un hechizo del que difícilmente se salvarían todos.

Los hermanos Kuno, Shampoo, Ukyo, Mousse y Ryoga se sintieron sumamente extraños. Sus cuerpos comenzaron a moverse de forma errática, de un lado a otro. No estaban seguros de que pasaba, solo tenían la seguridad de que, al parecer, Tatsuo estaba usando un último recurso.

—¿Qué me pasa?— Preguntó Ukyo, sintiendo su brazo que tomaba la espátula gigantesca. Hasta la gripa se le había disminuido por completo.

—¡Esto es una trampa!— Señaló Kodahi, con el listón comenzando a moverse de forma inquieta.

—Ay, no puede ser...— Murmuró Ranma.

—Estamos en grandes problemas...

El samurái soltó una risa estrepitosa. —¡Tontos! ¡Aún tengo poder!— Movió el brazo de Mousse, quien estaba suplicando por que todo parara ya. —¡Ataquen!

Ranma le dio las dos mitades del pergamino a Akane. Luego, la tomó entre sus brazos y salió corriendo de la mansión, siendo perseguido por una manada de esclavos de Tatsuo.

Akari ya podía sentir sus brazos agarrotados por estar moviendo las hierbas sin parar. Suspiró, mientras que observaba al hechicero moviendose de un lado a otro, como si hiciera una especie de danza. Carraspeó, intentando captar su atención.

—Ya me cansé...— Se quejó.

—Silencio.

—¿Esto si está funcionando de verdad?— Preguntó inquieta. Le daba pavor que todo el esfuerzo que realizaban fuese en vano. —Estoy preocupada por todos, en especial, por Ryoga. Su sentido de orientación es pésimo, y no sé si esa poción le ayudó.

El hechicero Xu sonrió. —Está funcionando. Puedo sentir que la energía de Tatsuo ha disminuido.

—¡Eso es maravilloso!

—Pero, también siento caos.— Cerró los ojos, intentando capturar el aura de las personas que se acercaban al lugar.

Ranma sostenía fuertemente a Akane, mientras corrían desesperadamente para evitar a la bola de personas que les seguían el paso. Giró la cabeza, observando los movimientos erráticos de la manada de locos.

—Cielos... nos están dando alcance.

Akane tenía ambas mitades en sus manos. Sentía el aire frío del otoño golpeando su rostro fuertemente. Alzó su rostro, corroborando lo que su prometido decía.

—Deberíamos separarnos.

El de trenza se escandalizó. —¡No! ¡Ni de chiste!

—¡Es la mejor opción! Si nos separamos, podemos confundirlos. Nos veríamos en el callejón.

Gruñó, esquivando una navaja de las tantas que tenía Mousse. —Akane, después de todo lo que pasamos en esa mansión...

Entendió que, si bien ya empezaba a liberarse de sus miedos, aún le acechaban. Pero eso no debía impedir nada. —Lo sé. Y entiendo. Pero, Ranma, soy fuerte. Somo fuertes. Lograremos salir de esta.

—¡Cuidado, Ranma!— Gritó Ryoga.

El listón de Kodachi estaba a nada de sujetar la pierna del chico, pero logró esquivarla con destreza. Ante eso, la hermana menor de los Kuno se lamentó demasiado. —Lo siento mucho, Ranma-sama. No tengo control en mí.

—¡Déjame en paz, maldito fantasma!— Gritó Kuno. En un intento por soltarse del hechizo, se contorsionó de forma brusca. Esto solo provocó que su boken se moviera con más precisión, casi tocando la espalda de Ranma.

El chico logró avanzar un poco más, y finalmente suspiró. —Bien, tu ganas.— Luego, observó los alrededores. Ya estaban acercándose al templo de los dos amantes. A lo lejos, divisó a la procesión del festival. —Nos dividiremos entre la gente.

—De acuerdo.

Sus pies adquirieron una velocidad impresionante, por lo que Akane tuvo que sostenerse con mayor ahínco, cerrando los ojos fuertemente. En cuestión de segundos, logró mezclarse entre las personas del templo.

Bajó cuidadosamente a Akane de sus brazos. Ella pisó el suelo, y le entregó la mitad del pergamino perteneciente a Takahiro.

—Ya está oscureciendo, no nos queda mucho tiempo.

Ranma tomó la mitad, y sonrió confiado. —Akane, prométeme que estarás bien.

Ella asintió tiernamente. Luego, caminó unos pasos hacia atrás. —Estaremos bien. Te veo en el callejón.

Tan pronto como Kodachi, Shampoo y Ukyo se acercaron, Akane emprendió el camino.

Ranma hizo lo propio, huyendo de Mousse, Ryoga y Kuno. Confiaba en Akane. Adiós a los miedos.

Yuka, Sayuri, Hiroshi, Daisuke y Gosunkugi se encontraban caminando en las calles del lugar. La profesora tuvo que dividir a la clase en pequeños grupos para buscar a los dos prometidos. Si el director Kuno se enteraba de lo desastrosa que había sido la salida, la docente estaría en graves problemas. Ahora, quienes pagaban los platos rotos de la aventura eran los propios estudiantes.

—¡Estoy muy cansada!— Se quejó Yuka, saltando en su lugar mientras hacía un berrinche.

—Todo es culpa de Saotome. Desde que llegó, nuestros días escolares pasaron de ser normales, a ser raros.— Secundó Hiroshi.

Daisuke suspiró. —Bueno, hay que admitir que al menos eso le da sabor a nuestras vidas.

—Y yo que quería ver el festival de los amantes trágicos.— Dijo Sayuri, completamente frustrada.

Gosunkugi señaló hacia enfrente. —Pues... creo que ellos podrían tener idea de que sucede.

Los chicos miraron hacia la dirección que el escuálido chico les dijo. Ahí, frente a ellos, el hechicero Xu y Akari realizaban el ritual indicado. Curiosos, se acercaron hacia el lugar.

Ante esto, el mago sonrió. Los refuerzos habían llegado.


¡Hola a todos!

Bien, sé que dije que el capítulo sería largo, y por esa misma razón lo dividí en dos partes. Al tener demasiada acción, me temía que no se apreciara de manera correcta la lucha entre Ranma, Akane y Tatsuo.

¿Qué tal les ha parecido? A mi me fascinó escribir la batalla. Creo firmemente que Ranma perdería el control si Akane de verdad muere, y siento que se volvió una fobia para él perderla para siempre. Y, no hay nada más terrorífico que el tener que enfrentar tus miedos. Es por ello que decidí escribir acerca de esto.

Ya estamos llegando a la recta final. Para ello, estaba pensando en que el siguiente capítulo sea el último, y traerles un pequeño epilogo. Trabajaré en ello para traerlo la siguiente semana.

Gracias por su apoyo, espero les esté gustando la historia.

¡Que tengan un gran día!

Con amor, Sandy.