Out take 1 — Cuestión de sangre.

Chicago podía parecer una ciudad un poco loca si la observabas desde lejos, estaba llena de afroamericanos que disfrutaban de su tiempo libre en la calle, entre ellos había algún blanco que saltándose una norma implícita estaba disfrutando con el hip-hop sin importarle lo que pensasen los demás. Y el clima aquí era una absoluta insensatez, en invierno se te congelaban hasta las pestañas y en verano te cocías en tus propios jugos, pero Jasper no conocía otra ciudad, había viajado y vivido fuera durante varios años, pero ese era su hogar, estaba la casa que compartía con su esposa y el trabajo que desempeñaba diariamente tal y como su abuelo hacía.

Él siempre había sido un niño poco sociable e introvertido, quizás tuviese mucho que ver que no tenía una figura masculina con la que interactuar y que los otros niños se reían de él porque no tenía papá. Después aparecieron los Cullen en su vida y enderezaron un poco ese carácter tan retraído para hacer de él un joven risueño y bromista, pero con ciertas limitaciones, él siempre que veía a un hombre mayor cerraba su coraza y desaparecía del mundo, Carlisle tuvo que sudar sangre para conseguir tener una conversación de más de dos frases con él, pero finalmente se ganó su confianza.

La culpa de semejante comportamiento la tenía su abuelo, Jackson Hale... el viejo Hale nunca había visto con buenos ojos la relación de su hija con Charlie Swan, aquel policía del norte de Washington no era merecedor de su pequeña y única hija y cuando la luz de sus ojos llegó aquella tarde de abril a su casa comunicándole que estaba embarazada entró en cólera, tenía muy claro que un Swan no formaría parte de la familia de ningún modo e hizo todo lo necesario para conseguirlo. Intentó que su hija interrumpiese el embarazo durante semanas, cuando el plazo estipulado por ley ya había transcurrido, intentó que diese al bebé en adopción, pero ella también se negó rotundamente. Cuando esa cosa llorona estaba apunto de nacer intentó que se casase con Billy Black, era un muchacho muy prometedor y no le importaba hacerse cargo del bastardo, pero ella, con la ayuda de su madre, tampoco accedió a ello. Jackson se rindió ante los deseos de su hija y finalmente decidió aceptar que habría un nuevo miembro en la familia y que este tendría sangre de un muerto de hambre.

Pero su pequeña Jackie puso la guinda al pastel cuando registró a su hijo con el apellido Swan... ¿cómo se le ocurría tal atrocidad? Eso era un insulto, nunca, a lo largo de más de dos siglos, el apellido Hale había sido vinculado con sangre de tan mala calaña, ¿como la pequeña Jackie Hale, la niña de sus ojos, había hecho eso?

El viejo Hale se negó a aceptarlo y como castigo a su hija por ser tan desobediente hizo culpable a su nieto de todos sus errores y así el pequeño Jasper, una personita inocente, pagó durante años con su indiferencia y hasta insultos lo que su madre había hecho inconscientemente. Cuando el niño comenzaba a caminar y se asomaba a la puerta de su despacho con una sonrisa, Jackson endurecía el gesto y daba un fuerte portazo provocando que el pequeño se echase a llorar. Nunca pudieron celebrarle un cumpleaños, porque el viejo Hale lo tenía prohibido, nunca uno de sus amigos fue a dormir a su casa, nunca recibió de él una palabra directa y cuando hablaba de su nieto con otra persona lo nombraba como "el bastardito". Todo eso marcó profundamente al pequeño Jasper hasta hacer de él tan solo una sombra, un ser inerte que paseaba por los pasillos del colegio sin que nadie se percatase de su presencia.

Pero eso cambió cuando un par de años antes de morir, Jackson Hale decidió hacer una sociedad con Edward Cullen. Cullen estaba teniendo problemas de salud y su hijo Carlisle todavía no podía hacerse cargo de su bufete, así que hicieron una sociedad y la familia Cullen llegó a la vida de Jasper como un día cálido de primavera. Emmett y el pequeño Edward se convirtieron en sus mejores y únicos amigos, Esme en su segunda madre y Carlisle... le costó un poco al principio aceptar cualquier sentimiento que emanase de ese hombre hacía él, veía como Emmett y Edward interactuaban con él y los envidiaba, ellos tenía un padre... pero nunca se sentía con valor suficiente para hacer lo mismo que sus amigos, él no era un Cullen, tan solo un simple Swan.

Cuando Jackson murió Jasper no sintió pena, veía a su abuela y a su madre desechas en llanto en su entierro y él se sentía mal por no sentir más que un inmenso alivio al verlo partir. Era algo que no esperaban, su abuelo gozaba de buena salud, pero un día amaneció muerto en su cama y los médicos tan solo dijeron que su corazón dejó de latir, morbosamente Jasper se preguntó si ese hombre tendría realmente ese músculo y no pedazo de piedra en su lugar.

Después de que su abuelo falleciese, Carlisle pasó a ser el presidente casi indiscutible del bufete, ya que su padre Edward tuvo que dejarlo por su mala salud y Jasper pasó a ver a Carlisle como a esa figura paterna que tanto había necesitado en el pasado, él lo aceptó encantado y comenzó a ver al pequeño como a uno más de sus hijos. Pero unos cuantos años de amor no podían opacar los anteriores de indiferencia y aunque por fuera pareciese que Jasper había madurado y se había convertido en un gran chico, por dentro sentía que estaba podrido, que no era merecedor de la fortuna Hale por llevar sangre Swan, aquella sangre impura que corría por sus venas y que manchaba cada cosa que tocaba. Eso le carcomía, le hacía sentirse mal aunque lo disimulaba y necesitaba, a como diese lugar, un modo de purgar todas esas impurezas y convertirse en alguien merecedor de la admiración de Jackson Hale.

En su dieciocho cumpleaños su madre le hizo un regalo, el bufete que su abuelo tanto se había esforzado en mantener cambió su nombre de Hale a Cullen , no le gustó ese cambio, pero le sonrió a su madre porque ella le amaba y se le había demostrado cada día de su vida, pero eso no evitó en que su fuero interno prometiese cambiarlo de nuevo en cuanto él llegase a la presidencia, porque estaba seguro de que conseguiría superar a Emmett y a Edward para conseguir ese puesto.

En sus años de universidad y con todos aquellos pensamientos de purgación recorriendo su cabeza, Jasper se esforzaba cada día en ser uno de los mejores abogados, estudiaba durante horas perdiendo así fiestas a las que Emmett lo invitaba, las chicas se acercaban él y las ignoraba por esforzarse para aprobar un examen más y ser merecedor de trabajar en Cullen , futuro Cullen en cuanto tuviese ocasión.

Una mañana de diciembre recibió una llamada de Carlisle en mitad de una clase de economía, la ignoró y continuó atendiendo las explicaciones del profesor, pero Carlisle insistió de nuevo y él, preocupado, salió del aula y contestó esa llamada. Su vida cambió en ese momento y para siempre, Jakeline Hale, su madre que siempre le amó, la que siempre estaba ahí para apoyarle y defenderle de los insultos de su abuelo, había acabado con vida dejando tras ella solo una carta que muy poco podía explicar los motivos por los que había tomado esa decisión tan cobarde. ¿Tan poco le importaba su hijo para abandonarlo de ese modo?

Jasper odió a su madre, odió a su padre por ser el culpable de su muerte y odió a su abuelo por haber sembrado en él tanto resentimiento. Pero cuando más abajo estaba, cuando creía que toda su vida había estado rodeada de mentiras y ausencias, apareció ella... era mucho más bajita que él, tenía la piel color canela y unos enormes ojos negros, podría decirse que fue amor a primera vista, pero él ni siquiera la miró. Aunque María, que así se llamaba ella, insistió en conocerle, en hacerse su amiga y entrar poco a poco en su vida, aunque él se negaba... no quería enamorarse. El amor no valía para nada, su abuelo nunca lo sintió, a su madre la condenó a la muerte por su ausencia y él no estaba dispuesto a sucumbir ante el amor cuando sabía el poder destructivo que contenía, pero María mostró sus cartas... ¿amor? ¿Quién creía en esa idiotez? Ella era más práctica que todo eso, tan solo quería un compañero, alguien que la acompañase a lo largo de la vida y que no pidiese más de lo que ella podía dar. Así fue como Jasper y ella llegaron a un acuerdo, cariño, comprensión, amistad, respeto y la promesa de una gran cantidad de dinero cada mes si prometía estar a su lado sin más condiciones, María no lo dudó y enseguida accedió a ese pacto absurdo. Y Jasper se sintió más limpio, no había sangre Swan en ese acuerdo, no había ningún sentimiento incontrolable de por medio y María pertenecía a una familia acomodada en su país, todo lo que él necesitaba en ese momento.

Pero no todo fue tan sencillo como esperaba, una llamada de los servicios sociales de Washington volvió a cambiar el rumbo de su vida: tenía una hermana. Charlie Swan había fallecido y había dejado una hija que quedaba totalmente desprotegida. Y ahí fue la sangre de su padre la que habló, esa sangre impura y sucia la que le obligó a sucumbir y traer esa chiquilla a su casa. Para ser sincero no se había sentido tan feliz nunca, en el fondo sabía que había tomado la mejor decisión y descubrió en su medio hermana aquella pieza que siempre le había faltado y desconocía su ausencia, ella era su igual, había sufrido mucho a lo largo de su vida y había crecido en una familia tan desestructurada como la suya, ella le entendía y complementaba.

Vivió los meses más felices de su vida a su lado, haciendo que volviese a sonreír y dándole todo le que siempre le había faltado. Poco a poco fue sucumbiendo a la sangre Swan y dejó que los sentimientos entrasen a formar parte de esa ecuación, quería a Bella... Y ella lo estropeó traicionándolo, demostrándole una vez más que la sangre Swan estaba podrida, que al final lo que verdaderamente importa no son los sentimientos ni las personas, si no él mismo, y decidió que nunca más sería un Swan, no dejaría que los sentimientos volviesen a entrar en su vida y sería totalmente frío y metódico para todo.

Pero cuando la luz de su hermana todavía estaba en su vida tenía momentos de desilusión y dolor, esos momentos que te parten en dos y te quiebran el alma, Jasper había tenido unos cuantos, pero el aniversario de la muerte de su madre era una constante cada año que pasaba. Ese día se encerraba en sí mismo, desaparecía del mundo y mentalmente culpaba de todo lo que no había tenido a lo largo de su vida a la mujer que se la había dado. Era su cita anual con ella. Pero aquel año María no quiso respetar aquello decidió discutir, algo absurdo sobre Bella. Jasper no quiso escucharla y cortó la llamada, no era un buen día para ponerle nervioso y ella consiguió ponerlo en ese estado... se sirvió varios vasos de vodka que bebió sintiendo como quemaba su garganta y culpando a su madre de nuevo por todo... se sentía mareado y con ganas de romper algo, tan solo quería un poco de tranquilidad para poder insultar a su madre, pero Alice, la pequeña y dulce Alice, tampoco parecía comprenderle e irrumpió en su despacho hablando de a saber qué. Discutió con ella, le gritó y le dijo cosas que preferiría olvidar y cuando quiso darse cuenta estaba haciendo el amor con ella.

Estaba haciendo el amor...

Había una gran diferencia entre las veces que se acostaba con María con el momento de hacerlo con Alice, aquel calorcito que se expandía por su pecho cuando siempre la veía sonreír debió de advertírselo antes, pero no fue hasta ese momento que comprendió que de nuevo la sangre Swan burbujeaba en él y le hacía sentir por ella cosas que no debería, se volvería débil e inservible como su madre.

Tras eso necesito una noche entera para liberar a su cuerpo de todos aquellos sentimientos, aunque nunca admitiría que la mayor parte de ellos continuaban allí pero se negaba a dejarlos aflorar, habló con Alice y le dejó todo claro: no había significado nada y no volvería a ocurrir.

Pero sentado en la oscuridad de su despacho no podía dejar de pensar en ello, en la suavidad de aquella piel de porcelana, en la expresión de aquel rostro de muñeca antigua, en el brillo de su mirada y en el modo en que su cuerpo respondía a cada una de sus caricias. Pero se negaba a ir más allá, podía pensar en ello mientras el vodka descendía por su garganta, pero no podía admitir que quería repetir lo mismo por el resto de sus días, se lo había dejado claro a ella días después.

"Tener sexo contigo estuvo genial, pero no volverá a suceder, tengo una esposa y le debo respeto".

Él mejor que nadie sabía el poco respeto que merecía María, pero tenía un pacto con ella, uno muy práctico, y no sería él quien lo rompería.

— ¿Jasper? —la voz de sus tormentos entró en su despacho acompañada de su cuerpo en ese momento, también de su sonrisa y su piel blanca y tuvo que cerrar los ojos ante la necesidad de volver a caer y hacer lo mismo que semanas atrás, pero ahora estaba decidido a que la sangre Swan nunca más hablase por él.

— ¿Qué quieres, Alice? —preguntó con voz cansada y sintiéndose incapaz de decir mucho más.

— ¿Por qué está todo tan oscuro aquí? —preguntó la pequeña chica entrecerrando los ojos y encendiendo una lámpara que había sobre la mesa.

Jasper estaba como siempre, sentado en su mesa, con su cabello peinado hacia atrás y su rostro recién afeitado. Pero algo había pasado las últimas semanas, ya no había brillo en su mirada desde que había echado a su hermana de su vida, ya no sonreía y su expresión estaba más austera y sin vida.

— ¿Qué quieres? —preguntó en un gruñido ignorando por completo la pregunta.

— Hablar sobre Bella... —dijo Alice con cautela— he estado investigando y Edward y ella no están cometiendo un delito.

— Lo sé —espetó con rabia—, me lo dijeron en la comisaría cuando fui a denunciar al malnacido de Cullen.

— Sabes que Edward no ha hecho nada malo —le regañó frunciendo su pequeño ceño y provocando de nuevo aquel calorcito en su pecho.

Jasper desvió la mirada, el llamado Swan comenzaba de nuevo y no podía permitirse sucumbir.

— ¿Qué quieres exactamente? —le preguntó intentando acabar con el tema cuanto antes.

— Que firmes su emancipación...

En cuanto esas palabras abandonaron los labios de Alice, Jasper se puso en pie y la miró con los ojos inyectados en sangre.

— ¿Ella te lo pidió? —gruñó como pregunta.

— No... ella está metida en la cama desde hace días, sin hablar, sin apenas comer y comportándose como una muerta... y sabes que es por tu culpa ¿por qué eres tan intransigente? ¡Ellos se aman! —exclamó dando un zapatazo en el suelo a causa de su enfado.

— El amor no vale para nada Alice, dudo mucho siquiera que Edward sepa lo que es eso —masculló sin emoción y pasando una mano por su cabello.

— Yo sí que dudo de que tú lo sepas... ¿recuerdas cuando defendías a Bella de las acusaciones injustas de María? ¿Lo recuerdas Jasper? Ese era el hombre que yo conocía y admiraba, ahora tan solo eres un pedazo de... —se detuvo de golpe incapaz de insultarlo, pero sus ojos continuaban taladrándolo y deseando provocarle al menos la mitad del daño que él había causado.

— Continua con lo que ibas a decir... —la instó viendo que continuaba callada— dilo Alice... ¡qué lo digas! —exclamó ante su silencio.

— Eres un pedazo de mierda —masculló ella con los labios fruncidos y las manos cerradas en puños—, no te reconozco, no eres ni la sombra del hombre que creía... ¿querías alejar a todos de tu vida? Pues enhorabuena, lo has conseguido —sus palabras parecían esconder algo más que lo evidente, pero él no conseguía saber el qué por más que la observó en silencio durante un largo minuto.

— Dicho eso... —murmuró sentándose de nuevo y volviendo a pasar una mano por su cabello— ¿qué quieres exactamente?

Alice dio un paso al frente y dejó unos documentos sobre la mesa.

— Que firmes la emancipación de Bella y un poder notarial para mí —dijo con voz segura.

Jasper la miró unos segundos en silencio y negó con la cabeza.

— No voy a firmar nada... —desvió la mirada y pareció tragar en seco— si es lo suficiente responsable para enamorarse de Cullen que asuma las consecuencias.

— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó confundida—. Jasper... ni se te ocurra hacer algo en su contra, te odiará si lo haces...

— Así al menos sentirá algo por mí —contestó encogiéndose de hombros.

— Firma esos documentos Jasper, no provoques que me enfade —masculló Alice con los dientes apretados.

— Te he dicho que no voy a firmar nada —aseveró.

— De acuerdo... —ella cuadró los hombros y buscó su mirada— no quería recurrir a esto pero... si no firmas esos documentos le diré a María lo que pasó entre nosotros.

— No lo harás —Jasper sonrió con seguridad.

— Ponme a prueba...

Su sonrisa desapareció de golpe y se envaró en la silla.

— No tienes pruebas... ¿crees que ella va a creerte? —preguntó sin perder de vista ni uno de sus movimientos.

— Tengo pruebas —Alice sonrió ampliamente y parpadeó con inocencia—, una muy concluyente además. Y si no recuerdo mal, cierto contrato prematrimonial te obliga a pagarle una enorme suma de dinero en caso de infidelidad.

— No juegues con eso, sabes que soy abogado y...

— Yo también soy abogado —le interrumpió—, y conozco perfectamente todos tus métodos, hemos trabajado codo con codo durante años, Jasper... ¿vas a ponerme a prueba?

— ¡Maldita sea! —gruñó molesto buscando un bolígrafo y firmando los documentos uno a uno—. ¿Contenta? —preguntó con un bufido extendiendo los documentos hacia ella.

— Realmente no... es muy triste que las cosas estén así, tan solo está en tu mano poder cambiarlo.

— Todo está bien como está... —murmuró bajando la mirada.

— No... te quieres engañar a ti mismo diciendo que está bien, pero sabes perfectamente que no puede estarlo —las lágrimas parecían querer brillar en los ojos de Alice, pero parpadeó unas cuantas veces para alejarlas. Después buscó entre los documentos que Jasper había firmado y dejó uno sobre la mesa—. En dos semanas me voy a Biloxi y no volveré, esa es mi carta de renuncia y ya la has firmado... me voy Jasper.

— ¿Tú también vas a traicionarme? —preguntó él con un hilo de voz.

— No... simplemente tengo que irme, mi familia me necesita...

— Como quieras —su semblante se crispó y desvió la mirada—, no podía esperar menos... vete y no vuelvas Alice, no es necesario que te vayas en dos semanas, puedes hacerlo ahora mismo... puedo vivir sin ti, este bufete sobrevivirá sin ti —cada palabra se calvaba en el pecho de ambos destrozando todo a su paso.

— De acuerdo... me voy —Alice avanzó lentamente hacia la puerta, dejando que algunas lágrimas recorriesen sus mejillas y sintiendo que su cuerpo pesaba más a cada paso que daba, pero él se lo había pedido... se iba.

Cuando la puerta se cerró y Alice desapareció de su vista un dolor similar al golpe de un mazo se instaló en el pecho de Jasper... cerró los ojos intentando mitigar esa sensación, pero el dolor era lacerante, como si alguien hubiese derramado ácido sobre su piel y el escozor y la quemazón llegasen poco a poco a sus músculos internos. Ese era el precio que tenía que pagar por ser un Swan, por dejar que los sentimientos superasen a su sentido común, por regalar su cariño y confianza a quien no lo merecía...

La sangre Swan recorría sus venas y tenía que hacer todo lo posible para evitar volver a cometer los mismos errores.