Capitulo 51
Guardé un par de libros en la taquilla y cerré la puerta con intención de irme, pero el rostro de Tanya apareció de repente y me asustó provocando que ahogase un grito en mi mano.
— ¿Es que quieres matarme de un ataque al corazón? —pregunté en un gruñido.
Ella sonrió ampliamente y eso me asustó un poco.
— No creo que eso te pase, tu corazón tiene un buen guardián y no querrá morirse —me contuve de rodar los ojos y comencé a caminar hacia el aula de historia.
— ¿No tienes clase? —ignoré por completo sus palabras y cambié de tema descaradamente.
Tanya comenzó a caminar a mi lado y parecía hacerlo a saltitos como si estuviese emocionada por algo.
— Tienes que darme información —demandó mirándome intensamente—, he escuchado a mi padre decir un par de cosas que no consigo comprender del todo.
— ¿Qué cosas? —mi voz sonó cansada y ella se colocó frente a mí obligándome a detenerme.
— Dijo algo como que habías asumido tu propia tutela o algo así... —frunció el ceño y yo suspiré.
— Jasper ha firmado mi emancipación... —murmuré bajando la mirada— que viene siendo algo así como asumir mi tutela, sí...
— ¿Y lo dices tan tranquila?
— Ta, no es como si ya fuese mayor de edad y pudiese emborracharme, solo... solo puedo estar con Edward sin necesitar su aprobación —intenté hablar en voz baja para que nadie me escuchase, ahora sabía que no estábamos cometiendo un delito, pero tampoco es como si quisiera que todo el instituto se enterase... al menos no todavía.
— Pero sigue siendo algo importante... ¿cuándo lo vas a celebrar? —preguntó de nuevo dando un par de saltitos en mi dirección, esta vez no pude evitar rodar los ojos por su ansiedad y sus ganas enfermizas de celebrar cualquier cosa por estúpida que fuese.
— No tengo nada que celebrar, tenemos mucho que estudiar, pronto comenzarán los exámenes —sin darle opción a replicar, comencé a caminar de nuevo hacia el aula de historia, cuando estaba a punto de entrar, Bree, que estaba repartiendo unas papeletas de publicidad, extendió una para que la sujetase y me sonrió.
— Necesitamos ayuda con la organización del baile de fin de curso... ¿crees que podrías...? —preguntó con timidez.
La miré un poco confundida y Tanya me sacó de mi ensimismamiento dándome un codazo en las costillas.
— Bella no podrá, está muy ocupada, pero yo ayudaré encantada —dijo emocionada y provocando que Bree sonriese ampliamente.
Me sentí arrastrada hacia el interior del aula y me senté al lado de Tanya con el ceño fruncido y mirando el papel en mis manos sin poder entender.
— ¿Hay un baile de fin de curso? —le pregunté.
— Sip... —afirmó— pero solo para los alumnos de el ultimo año, es decir... nosotros, por eso el año pasado no supiste nada.
Aclaró todas mis dudas sin que yo le preguntase y eso me dejó pensando, nunca había vivido las experiencias que se corresponden a mi edad, primero fue por la enfermedad de mi madre, después por el luto tras la muerte de Renée y Charlie y cuando llegué a Chicago enseguida comenzó mi relación con Edward lo que me cortó un poco las alas en cierto modo, no me arrepentía de estar con él, pero sí me estaba dando cuenta de que mi adolescencia estaba siendo diferente a la del todos los que me rodeaban, no me preocupaba, pero me daba que pensar.
Pasé el resto de la clase pensando en ello, pero no llegando a ninguna conclusión, hasta que el timbre me arrancó de mis profundos pensamientos y clavé mi mirada en Tanya que parecía molesta por algún motivo.
— ¿Ocurre algo? —pregunté preocupada.
Ella bufó en mi dirección y se puso la mochila al hombro antes de mirarme y fruncir los labios.
— ¿No lo has escuchado? El señor Barner acaba de decir que el lunes tendremos examen... ¡examen! —exclamó con los brazos extendidos y mirando al techo teatralmente—. Había quedado en ir con Tayler al cine... ahora tendré que estudiar.
— ¿Examen de historia? —pregunté retóricamente y Tanya asintió—. ¡Mierda! Tengo mi cuaderno en casa de Jasper...
— ¿Cuál es el problema? —preguntó mirándome.
— ¿Qué me ha echado de su casa? ¿Qué no quiere volver a verme? —pregunté frustrada—. Voy a suspender ese examen y si eso ocurre no podré solicitar plaza en la universidad de Darmouth.
— ¿Vas a ir a Darmouth? —preguntó sorprendida.
— Es una de mis opciones —me encogí de hombros—. También está la universidad de Los Angeles, la de Nueva York, Brown y Yale...
— ¿No crees que hay mucha diferencia de categoría entre una y otras? —inquirió enarcando una ceja—. Creo que deberías centrarte en solo un tipo de universidad, o públicas o privadas.
— Solo me he decidido por esas por la ciudad en la que están, quiero que Edward se sienta a gusto allí, además... tampoco sé si me admitirán en una universidad privada.
— Eres tonta... —rio— tienes buenas notas.
— No lo serán si no consigo mi cuaderno —gemí.
— Llama a Sue... así sabrás si Jasper y María están en casa, si no están te acercas y consigues tus cosas, es sencillo.
Me quedé pensando largo rato en la posibilidad que Tanya me brindó y decidí que no era mala idea, después de llamar a la mansión Hale y asegurarme de que mi hermano y la indeseable de su esposa no estaban, conseguí convencer a Edward de que me llevase hasta allí, iría yo misma, pero mi coche ahora era de Jasper y si llamaba a un taxi no podría irme de allí tan pronto como acabase.
Edward no estuvo de acuerdo en un primer momento, se negaba a aceptar que yo quisiese ir allí, aunque solo fuese a buscar mis cosas. No entendía que necesitaba esos cuadernos, las notas de mis exámenes dependían de ellos, podía pedírselos a algún compañero como me había propuesto él, pero estaba segura de que no sería lo mismo, yo tenía un modo especial para hacer mis cosas.
Cuando el coche de Edward se detuvo frente a la escalera de la mansión Hale me sorprendí de que la seguridad nos dejase pasar sin problemas, pero enseguida deduje que Sue los habría avisado y por eso no habían puesto ningún impedimento. Edward me miraba de reojo sujetando el volante con ambas manos y respirando con dificultad, sabía que estaba siendo difícil para él y me sentía un poco egoísta, pero ya estábamos allí y no iba a dar marcha atrás. Suspiré y solté mi cinturón de seguridad, me giré un poco para mirarle y acaricié una de sus mejillas.
— Te prometo que saldré cuanto antes y estaré pegada a mi teléfono por si sucede algo —susurré haciendo que se girase a mirarme.
Su gesto se suavizó un poco y me permití el lujo de sonreír tenuemente.
— Ten mucho cuidado... —casi suplicó.
— Solo es la casa de mi hermano, no la cueva de los lobos —bromeé rodando los ojos.
— No estoy tan seguro de eso.
— Saldré enseguida —me acerqué para dejar un beso en su mejilla y me apresuré en entrar cuanto antes.
Me sorprendió que Sue no estuviese en la puerta, siempre lo hacía en cuanto escuchaba un coche llegar, pero no me detuve a pensar en eso y simplemente subí las escaleras a toda velocidad dirigiéndome a la que había sido mi habitación.
No estaba preparada para lo que me encontré allí, la cama no tenía sábanas ni ningún cobertor, la ventana estaba despojada de sus cortinas y la puerta del armario abierta, revelando que estaba completamente vacío, ninguna de mis prendas de ropa estaba allí. Mi corazón se estrujó un poco y luché contra las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos, ponerme a llorar como una niña no solucionaría las cosas con Jasper.
Dejé vagar mi mirada por la habitación, intentando recordar cada una de las cosas que había allí y que ahora no estaban pero era difícil, ese no había sido nunca mi verdadero hogar y no es como si tuviese demasiadas cosas mías a la vista. Mi mirada de quedó trabada en un motón de libros y cuadernos que había sobre mi mesa, suspiré pensando que al menos Jasper tenía conciencia suficiente para pensar un poco en mis estudios y no tirarlos. Avancé con lentitud hacia ellos y busqué mi cuaderno de historia, también estaba un libro que tenía que leer para la clase de literatura y mi proyecto teórico de final de curso para ciencias. Lo cogí todos dispuesta a salir de allí, tenía que irme antes de que Jasper regresase, pero al girarme me encontré con sus ojos, mirándome fijamente casi sin parpadear.
Parecía que el tiempo no había pasado, que esas tres semanas que habían transcurrido desde que me había echado de su casa fueron tan solo unos segundos. Puede apreciar aquella mirada dura, el gesto impasible y aquel brillo casi psicótico en sus ojos. Sus manos empuñadas y la mandíbula cerrada con fuerza. Estaba a punto de soltar mis cosas y echar a correr, no creía ser capaz de soportar otro enfrentamiento con él, sobre todo si comenzaba a atacar a Edward y decir que no creía que lo nuestro fuese real. Apreté con fuerza el teléfono que sujetaba en mi mano para avisar a Edward y estaba dispuesta a dar el primer paso hacia la salida cuando hubo un cambio, el aire cambió a nuestro alrededor volviéndose más respirable y menos denso, era algo que quizás hubiese pasado desapercibido para otra persona, pero no para mí que conocía al verdadero Jasper bajo aquellas capas y muros que se esforzaba en crear a su alrededor. Mi hermano había abierto uno de sus puños y por un segundo creí que iba a extender su mano hacia mí, su mandíbula se relajó imperceptiblemente y su mirada se suavizó. Solté el aire que estaba conteniendo sin saberlo y los músculos de mi espalda también se relajaron, carraspeé para intentan aliviar el nudo que se había formado en mi garganta y un fuerte sentimiento de vergüenza me embargó de repente.
— Lo siento... —murmuré a media voz— yo solo... he venido a... —volví a carraspear y bajé la mirada a mis pies— necesitaba uno de mis cuadernos para clase, pero... ya me voy.
Jasper no contestó nada y entendí eso como el momento idóneo para irme, comencé a caminar hacia la puerta, pasando a su lado hacia las escaleras y tuve que soportar de nuevo las ganas de llorar ¿tan poco significaba para él? Él lo había sido todo para mí, era mi única familia, mi único recuerdo vivo de Charlie ya que tenía sus mismos ojos y aquella personalidad tan distante y cercana a la vez... ¿podía él sacarme de su vida con tanta facilidad? Yo me sentía hundida por verle, por no poder abrazarle y decirle que le echaba de menos, ¿cómo podía él ser tan frío para dejarme ir sin decir, ni hacer nada?
Suspiré dispuesta a bajar el primer escalón, tenía que salir de allí cuanto antes, no quería ponerme a llorar frente a él y demostrarle que los "Swan" éramos débiles. Pero no puede hacerlo, un brazo rodeó mi cintura desde atrás y sentí como su rostro se hundía en mi cabello. Él no dijo nada y yo tampoco, nos quedamos allí, en silencio y sin movernos, él abrazándome a su modo y yo recibiéndolo gustosa, no sabiendo si sería una disculpa o un adiós, no estaba segura de como interpretarlo y esa incertidumbre me tenía paralizada.
Un tiempo después, no podría asegurar si habían pasado segundos o minutos, Jasper me soltó y dejó un beso en mi coronilla. Cerré los ojos con fuerza evitando llorar una vez más y suspiré.
— ¿Estás bien? —preguntó en un susurro con una voz tan ronca y cansada que apenas pude reconocerla.
Sin todavía girarme asentí con la cabeza.
— Lo estoy... dentro de lo que cabe —estaba aterrorizada a hacer o decir algo que volviese a desatar su ira, psicosis o como quisiese llamarlo, así que intenté hablar en voz baja y tranquila.
— ¿Carlisle y Esme se portan bien contigo?
Al escuchar esa pregunta me alejé un paso de él y me giré para enfrentarlo, sus ojos estaban vacíos y tristes, un poco más brillantes de lo habitual como si estuviese a punto de llorar y casi podría jurar que su rostro estaba hasta más envejecido.
— Yo... —titubeé un poco antes de decirle la verdad, pero ya estaba harta de mentiras, tenía que ser sincera con él sin importar las consecuencias—, estoy viviendo con Edward... en su apartamento.
Su mandíbula volvió a apretarse y me alejé un paso temiendo que estallase, pero no ocurrió nada, bajó la mirada a sus pies y metió las manos en los bolsillos para ocultar sus puños cerrados.
— ¿Te trata bien? —masculló con molestia.
Sonreí sin poder evitarlo y acorté el paso que me había alejado.
— Le conoces perfectamente, sabes que no me haría daño —aseguré.
Su dura mirada volvió a clavarse en mí y me estremecí.
— La que no le conoce eres tú, por eso estoy preocupado.
Negué con la cabeza y volví a dar otro paso hacia él, apenas nos separaban unos cincuenta centímetros y su cercanía me hizo sentir bien.
— He tenido tiempo para eso... hace más de un año —sonreí pero él no correspondió mi sonrisa, en su lugar pasó una mano por su cabello despeinándose.
— He guardado todos tus cosas en un par de maletas —murmuró sin mirarme—, iba a llevarlas a casa de los Cullen, pero ya que estás aquí podrías...
— Me dijiste que no me llevase nada —lo interrumpí.
Suspiró pesadamente y frotó su rostro en un gesto cansado.
— Dije muchas estupideces ese día... son tus cosas, las compré para ti —parecía algo reticente a decir esas palabras, pero supuse que sentía un poco de vergüenza y remordimientos, yo los tendría en su lugar
— Gracias... —musité sin saber que más decir.
— El coche también es tuyo, podrías...
— Ni hablar... no —le interrumpí—. Puedo seguir adelante sin tu ayuda, no necesito el coche, no...
— Nunca te ha gustado... —sonrió y puede apreciar aquel brillo en sus ojos que tanto adoraba—, eres tan testaruda.
Mi sonrisa se amplió y arrugué un poco la nariz.
— Soy toda una Swan —me encogí de hombros restándole importancia y sin ser consciente de que ese comentario ensombrecería su gesto.
Un halo de tristeza y casi podría decir que de frustración cubrió su rostro y ahí fue cuando me di cuenta de que el problema de Jasper no era María, ni siquiera era con Charlie o con Edward por haberle traicionado, el problema era él mismo, no se aceptaba y por eso alejaba a todos los que podrían amarle. En ese segundo entendí que todas sus acciones equivocadas eran el modo de alejar el cariño de su vida, de alejar a las personas que le amaban para que no le hiciesen sufrir más de lo que ya lo había hecho.
Di un paso al frente y sin poder detenerme acaricié su mejilla, él cerró los ojos y suspiró, parecía que aliviado, pero no estaba segura al cien por cien de eso. Sujetó mi mano entre las suya y besó mis nudillos.
— ¿Ya has decidido a que universidad irás? —preguntó rompiendo el momento por completo.
— Todavía no lo tengo claro, Yale, Brown... Darmouth... voy a solicitar una beca y según el dinero que me proporcionen así haré.
— Yo podría pagar...
— Jasper no... —le interrumpí de nuevo— somos familia pero no estás obligado a ayudarme, con la herencia de Charlie tendré suficiente y podré buscar un trabajo a medio tiempo. No tienes que preocuparte.
— Cierto... ahora eres responsable de ti misma, ya no me necesitas... te olvidas de tu familia de sangre... debí suponerlo.
— No sabes lo que dices —negué con tristeza al darme cuenta de lo roto que estaba por dentro, se esforzaba en disimularlo pero casi podía escuchar como las grietas de su corazón crujían en cada latido—, no estoy olvidándome de ti, simplemente me he dado cuenta de que soy autosuficiente y podré valerme por mí misma.
— ¿Harás una familia nueva con Cullen? ¿Tendrás hijos joven, como Rosalie? ¿Los expondrás al riesgo de vivir en una familia desestructurada? Eso no es vida para un niño... lo sabes perfectamente —masculló y las aletas de su nariz comenzaron a dilatarse y a contraerse al ritmo de su respiración cada vez más acelerada.
— ¿Cuál es tu problema con la familia? —pregunté con el ceño fruncido—. "Familia" es un termino tan efímero y voluble que no sé como te atreves a utilizarlo tan desinteresadamente.
— Bella... tienes diecisiete años, no sabes lo que estás diciendo.
Me contuve de darle un golpe y respiré hondo contando hasta diez.
— La familia no la determina el apellido, estás muy equivocado si crees que eres mi hermano tan solo por ser un Swan —gruñí en su dirección—. Familia son las personas que están a tu lado y te apoyan incondicionalmente, Carlisle y Esme son mi familia, Alice es como mi hermana y en cambio tu esposa para mí no significa nada. La familia no nace de la nada, hay que crearla.
Él se quedó en silencio y bajó la mirada, esperaba haber podido sembrar en él una semilla y poco a poco se sintiese mejor consigo mismo, alejar a los que más quieres tiene que hacerte sentir podrido por dentro.
— Edward me está esperando y estará preocupado —como si lo hubiese llamado con el pensamiento mi teléfono móvil comenzó a sonar y corté la llamada casi al instante, esperaba que con eso entendiese que todo estaba bien.
— ¿Edward está aquí? —su ojos volvieron a clavarse en los míos, fríos y enojados.
— Nos iremos enseguida... no te preocupes —mi voz sonó más afilada de lo que pretendía, pero no podía entender ese odio injustificado a Edward, entendía que hubiese sido un poco difícil aceptarlo, pero si Emmett lo había hecho... ¿por qué él no?
Comencé a bajar las escaleras sin mirar atrás, cuando bajé el último escalón me encontré de frente con María y en lugar de bajar la mirada e intentar evitar el enfrentamiento cuadré los hombros y la miré de frente.
— ¿Qué haces aquí? —masculló en mi dirección.
— Solo venía de visita María, no te preocupes que no volveré a perturbar tu preciosa armonía —pardeé con inocencia y sonreí, dándome cuenta de que no valdría la pena, entrar en su juego y ponerme a discutir o golpearla en el peor de los casos tan solo me daría una satisfacción momentánea.
— Fuera. De. Mi. Casa —remarcó cada palabra con fuerza y para enfatizar señaló la puerta con uno de sus dedos.
— Nada me haría más feliz —sonreí e intenté caminar hacia la puerta, pero ella me sujetó con fuerza y la miré con odio.
— Si vuelves a acercarte aquí llamaré a la policía y haré que te arresten, así te enviarán al reformatorio, donde perteneces.
— No te atrevas a tocarme —mis palabras sonaron frías y afiladas, tanto que ella me soltó y dio un paso atrás asustada—. No voy a golpearte, pero te hundiré si te atreves a poner una de tus manos sobre mí de nuevo.
— No te atrevas a amenazarme niñata, podría hacerte desaparecer con un chasquido de dedos.
— No te tengo miedo...
— Deberías —sonrió y yo sentí ganas de golpear su cabeza contra el suelo—, es mejor que te vayas antes de que te encuentres con Jasper, llamará a la policía sin pensarlo y te denunciará por invadir una propiedad privada.
Intenté que sus palabras no me afectasen y sonreí con arrogancia.
— Te odia —continuó soltando su veneno—, has conseguido que te odie... yo sabía que podrías hacerlo. Y no te preocupes, los Cullen también lo harán tarde o temprano, no eres digna del cariño de nadie.
Sabía que tan solo me estaba provocando, pero me costaba tanto contenerme...
— ¿Tú si eres digna de ese cariño? —pregunté con sorna.
— Espero verte rodeada de escoria —continuó ignorando mis palabras—, es de donde vienes y allí podrás sentirte cómoda, con personas de tu calaña, barriobajeras, drogadictos...
— ¡María! —el gritó de Jasper vino desde las escaleras y nos sobresaltó a las dos. Bajaba sujetando un par de maletas y miró a su esposa como si quisiera golpearla, estaba a punto de decirle que yo podría sujetarla mientras él lo hacía, eso después de llamar a Emmett y pedirle que lo gravase en vídeo para poder verlo después y regodearnos a gusto, pero él cortó mis pensamientos dedicándome una mirada de disculpa antes de caminar hacia la puerta—. Espérame en la biblioteca, tendremos una larga conversación. Bella... te acompaño al coche.
Abrió la puerta para mí y salí al exterior, Edward casi saltó del coche en cuanto me vio salir pero se detuvo en seco cuando vio a Jasper detrás de mí. Sonreí para tranquilizarlo y me giré para despedirme.
— Gracias... por todo —murmuré tomando una de las maletas de sus manos.
Él sonrió y acarició una de mis mejillas sonriendo también.
— Toda una Swan... —susurró antes de suspirar—. Te llamaré algún día... para saber como estás y si necesitas algo... ¿te parece bien?
— Será perfecto —sonreí y me puse de puntillas para besar su mejilla—. Hasta pronto— suspiré antes de girarme y bajar las escaleras hacia el coche de Edward.
Él tomó la maleta de mis manos y me miró con un montón de interrogantes en los ojos, sonreí de nuevo para tranquilizarlo y su ceño se relajó un poco. Jasper apareció en mi espalda y le tendió la otra maleta a Edward, que la tomó con un poco de brusquedad. El aire se volvió denso a nuestro alrededor y la tensión se podría cortar perfectamente, traté de empujar levemente a Edward hacia el coche y él se subió al asiento del acompañante casi sin darse cuenta, rodeé el coche y me subí en él después de despedirme de Jasper con un movimiento de mi mano.
Nunca había conducido el Volvo y me sentía un poco perdida, pero no tardé en encontrar el modo de conducir bien, aunque me preocupada el estado de Edward, que miraba al frente, tenía el ceño fruncido y no había dicho ni una sola palabra desde que habíamos dejado la mansión de los Hale.
— ¿Te encuentras bien? —pregunté con voz prudente sin saber muy bien que esperar.
Edward bufó y sus manos se cerraron en puños.
— Gira a la izquierda y estaciona en donde puedas —gruñó.
Hice lo que me pidió sin preguntar nada, parecía enfadado aunque no entendía por qué, antes de que apagase el coche me hizo un gesto con la mano hacia un par de árboles que había cerca del arcén y conduje hasta dejar el coche medio oculto tras ellos.
Sin que pudiese decir o hacer nada, Edward soltó su cinturón y él mío y me arrastró hasta que me sentó en su regazo y me abrazó con fuerza enterrando la nariz en mi pelo. Estuvo unos largos segundos en esa posición, rodeé su espalda como pude y le devolví el abrazo, aunque con mucha menos ansiedad que él.
— No vuelvas a hacerme algo como eso nunca... —susurró contra la piel de mi cuello—. Estaba a punto de entrar en esa casa echando la puerta abajo si era necesario.
— Todo está bien... —intenté tranquilizarlo.
Aunque no me salió del todo bien, se alejó de mí de golpe sujetándome por los hombros y sus ojos se clavaron en los míos, verdes y electrizantes, tan solo recordaba una ocasión en la que me había mirado así, cuando creyó que lo estaba engañando con Black, pero esta vez no había hecho nada para enfadarlo... ¿o sí?
— ¡Nada está bien! —exclamó sin alejar sus ojos de los míos—. ¿Te puedes hacer una idea de lo preocupado que estaba? María podía estar en esa casa y podría haberte... —se detuvo y creí que iba a sujetar el puente de su nariz como hacía normalmente cuando se enfadaba, pero en lugar de eso acunó mi rostro y me obligó a mirarlo.
— No es como si ella pudiese matarme y esconder mi cadáver —bromeé para aligerar el ambiente.
— Maldita sea Bella... no... no bromees con eso, no tiene gracia —sus pulgares acariciaron mis mejillas y todo mi cuerpo se estremeció—. Prométeme que nunca volverás a cortarme una llamada cuando estoy tan preocupado.
— Edward... —intenté protestar, era autosuficiente, una chica grande y podría defenderme sola.
— ¡Prométemelo! —demandó en un gruñido.
— Está bien... —musité.
— Así está mejor...— susurró y unió su frente a la mía—. Tenía tanto miedo de que te pasase algo —intente no bufar ni rodar los ojos ante su preocupación excesiva, pero no pude evitar esbozar una sonrisa—. No es gracioso, no sabía lo que estaba ocurriendo ahí dentro.
— Todo está bien... —volví a tranquilizarlo sin resultados porque gruñó antes de cubrir sus labios con los míos en un beso que me dejó sin aliento aunque duró escasos segundos.
— Deja de repetir que está bien, porque no está bien... ¡maldita sea! —exclamó sujetando mi cintura para alzarme y hacer que me sentase sobre él a horcajadas.
— Edward... —acaricié su rostro intentando tranquilizarlo, pero no parecía funcionar— Ed... —repetí su nombre intentando llamar su atención pero tan solo recibí un gemido lastimero como respuesta.
— No quiero hacer esto... pero lo necesito —no entendí el significado de sus palabras hasta sus labios buscaron los míos de nuevo y sus manos se aferraron a mi trasero alzando la falda de mi uniforme hasta mi cintura.
No tuve tiempo a reaccionar cuando una de sus manos se abrió paso a mi sexo haciendo a un lado mis braguitas y gemí en sus labios. Sabía de antemano que en ocasiones los sentimientos podían abrumarte y necesitabas un válvula de escape, yo golpeaba un saco de boxeo para liberar la tensión, después Edward y yo encontramos un método menos agresivo e igual de eficiente para conseguirlo: sexo, pero lo nunca imaginé es que él también lo necesitase igual que yo.
Cuando uno de sus dedos se abrió paso en mi sexo me estremecí de antelación, a lo largo del año que llevábamos juntos habíamos hecho el amor de diferentes modos, unos más tranquilos, otros mas activos y otros un poco más sensuales y eróticos, pero no había nada como el modo desesperado, cuando teníamos sexo, cuando solo follábamos como animales para luchar contra la frustración. No cambiaría los momentos de caricias y susurros a media voz, pero podríamos tener un equilibrio entre ambos.
Salí de mi ensimismamiento cuando con velocidad abrió todos los botones de mi blusa y capturó uno de mis pezones entre sus labios por sobre la tela del sostén. Mis manos, que hasta ese momento estaban en su cabello, bajaron por su pecho hasta que encontré la hebilla de su cinturón y la solté todo lo rápido que mis manos me lo permitieron. Alzó sus caderas solo lo suficiente para bajar un poco sus pantalones y su bóxer y liberé su erección acariciándola con suavidad pero a la vez haciendo que pudiese sentirme.
Volvió a rodear mi cintura con uno de sus brazos pegándome a su pecho, lo que me indicaba que necesitaba avanzar ya, guie su miembro a la entrada de mi sexo y de un solo empujón se introdujo en mi interior. El aire abandonó mis pulmones de golpe y me aferré a las mangas de su camisa cerrando mis manos en puños.
Comencé a moverme sobre él, ascendiendo y descendiendo a lo largo de su longitud y sintiendo como me llenaba por completo. Él comenzó a ayudarme, cada vez que mis caderas bajaban las suyas subían y el encuentro era brutal, me hacía gemir casi desesperada porque el placer comenzaba a nublar mis sentidos.
— Bella... —exhaló contra mi cuello haciendo que me estremeciese.
Sabía que él estaba cerca de su orgasmo porque una ligera capa de sudor comenzó a cubrir su rostro, las muecas de su rostro comenzaba a distorsionarse y una de sus manos se aferró con fuerza a una de mis nalgas clavándome los dedos. Su otra mano descendió entre nuestros cuerpos hasta que llegó a mi sexo y pellizcó mi clítoris, salté de la impresión a la vez que un jadeo salía de mis labios, pero no contento con ello volvió a hacerlo una vez... y otra... hasta que mi cuerpo entero se puso en tensión esperando que todo estallase.
Cada uno de mis músculos tembló y mis ojos se cerraron por inercia, algo dentro de mi vientre parecía arder y una sensación como de lava ardiendo recorrió todas mis venas, convulsioné sobre él, entre sus brazos y parecía que de un momento a otro todo mi cuerpo estaba rígido como una piedra. Por desgracia esa sensación duró muy poco y cuando quise darme cuenta Edward me abrazaba y su respiración agitada golpeaba contra mi oreja. Me aferré a él sintiendo como se relajaba poco a poco y su respiración volvía a la normalidad.
— ¿Te sientes mejor? —pregunté sin alejarme de él.
— No —gimoteó haciendo que comenzase a reírme.
Me alejé para mirarle a los ojos y me devolvió una sonrisa un poco forzada.
— Me asusta que te hagan daño, no quiero que vuelvas a esa casa... nunca —sentenció.
— No podrás estar siempre a mi lado para enfrentarte al mundo por mí, tienes que dejar que lidie mis propias batallas.
Bufó ante mis palabras y se quedó un largo minuto en silencio, pensando en algo con absoluta concentración. De repente su mirada se alzó y se cruzó con la mía, por un momento su expresión me recordó al brillo psicótico de la de Jasper, pero a los pocos segundos pareció tranquilizarse un poco, volvió a sujetar mis mejillas y me atrajo hacia su rostro para dejar un casto beso sobre mis labios.
— Tengo una proposición que hacerte —su voz sonó suave y dulce, lo que me tranquilizó y sonreí.
— ¿Qué tipo de proposición? —mordí mi labio inferior de anticipación y él sonrió.
— No quiero que enloquezcas antes de saber los motivos, tampoco quiero que grites ni que me golpees, toma las cosas con calma... ¿me lo prometes?
Mi ceño se frunció e hice un mohín, pero el brillo de sus ojos no me pedía otra cosa que hiciese lo que me pedía sin rechistar.
— Lo intentaré —rezongué.
Volvió a quedarse en silencio, haciendo que mi poca paciencia comenzase a agotarse, hasta que suspiró y volvió a besarme.
— ¿Te quieres casar conmigo? —preguntó sonriendo y mirándome de un modo que no pude descifrar.
