Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 4
Mis dedos tiemblan cuando abro la carpeta.
Lo primero que mis ojos ven: el certificado de matrimonio con mi firma impresa de mi puño y letra. Hay un par de fotos: estoy yo con él; abrazados, besándonos, comiéndonos la boca, manoseando nuestros cuerpos y lo peor es que parecemos felices celebrando.
Dios. Mi cara de embriaguez no se puede ocultar.
Abro la boca y me quedo sin respirar. ¿Qué diablos hace Tanya? Está celebrando feliz, firmando como testigo y sonriendo a la cámara.
Ella sabe de esto… ¿dónde está? ¿por qué me dejó cometer esta idiotez? Que no se supone que es mi amiga y está para evitar que sea estúpida.
Levanto la mirada.
― Esto no puede ser válido ―susurro― no estaba en mis cinco sentidos y ningún juez debe prestarse a una fechoría de este tamaño.
Se encoge de hombros como si lo que digo no le importara.
― Quiero hablar con mi padre ―pido―. Necesito contarle lo que pasó y tomar una decisión, puedo darte una remuneración por los daños cometidos a tu persona.
― No sabes tomar decisiones sin consultar con tu padre ―inclina su rostro hacia mí―. ¿Qué edad tienes? ¿Trece?
La rabia se apodera de mí.
― ¿¡Acaso no te das cuenta!? Me casé con un desconocido, no sé qué tipo de hombre eres; quizás eres una asesino serial, un secuestrador o lo que seas es lo que menos me interesa. No quiero estar aquí y te exijo que me devuelvas a Miami.
Sonríe. Y juro por mi vida que estoy detestando su risa burlona.
Arrebata la carpeta de mis dedos y la lleva a guardar en una caja fuerte detrás de él.
― Regresaremos en dos meses ―dice, saliendo del despacho.
Dos meses. Mi cerebro sigue procesando y salgo corriendo, siguiéndolo porque necesito explicaciones.
― No. De ninguna manera ―resoplo― quiero volver a mi casa, estoy pasando unas vacaciones y ―rasco mi cabeza porque tampoco quiero darle explicaciones del porqué viajé a Miami, él no se detiene a escucharme―. Tengo que volver porque necesito volver a mi vida. Tú no me conoces, soy una mujer extremadamente ocupada y… seguramente ahora todo Arizona debe estarme buscando.
Llegamos al comedor. Él toma su lugar sin darme una sola mirada.
― ¡Maldita sea! ―estrello mi palma en la mesa, mi mano arde y las ganas de llorar vuelven―. Puedes escucharme, siento que estoy hablando con la estúpida pared.
No se inmuta. Su reacción es apenas mirarme unos segundos y después vuelve sus ojos hacia la cocina, su mandíbula está tensa, veo cómo traga saliva y su nuez en la garganta sube y baja.
― No me gustan los gritos ―gruñe.
― A mí no me gusta que me ignoren ―aclaro, en el mismo tono―. Quiero que me devuelvas a Miami, ahora mismo.
― Yo no voy a ser la burla de nadie. Me casé y festeje con mis amistades, no voy a regresar para decirles que siempre no.
Aprieto mis dedos en la palma.
― Esto que estás haciendo se llama secuestro. Me estás obligando a estar en un lugar que no quiero y lo vas a pagar con cárcel, puedes pasar el resto de tu vida ahí.
― ¿Ya terminaste? Porque necesito alimentarme y me estás quitando el tiempo.
Estúpido.
― Siéntate a cenar conmigo, amor.
La ironía en su voz es todo lo que puedo soportar.
― No voy a comer ni un solo bocado en todo el tiempo que me tengas retenida a la fuerza, a la primera oportunidad me voy a lanzar al mar porque prefiero estar muerta que contigo.
― Me avisas en que lugar te lanzarás porque apenas estamos iniciando la travesía rumbo al Caribe, al menos quiero saber el lugar para lanzar flores al mar en tu memoria.
― Viajaremos al Caribe ―farfullo.
Es imposible que la tristeza no aparezca en mí, tuve el tiempo para planear mi luna de miel en el Caribe, una que nunca se realizará.
― Sí. Por dos meses.
― No tengo ropa ―mis dedos tratan de bajar lo corto de mi falda.
― En nuestra habitación tienes de todo, puedes ir a ver y darte un baño para que me acompañes a cenar.
Arrugo la nariz. Su tono mandón no es agradable.
― No lo haré. No voy a usar nada de lo que me has comprado, no voy a acompañarte nunca a cenar y mientras esté en este lugar no comeré nada para que tengas en tu conciencia mi muerte.
― Como quieras.
No me da una sola mirada cuando el grandulón le sirve la comida. Hay manjares deliciosos en la mesa; los camarones lucen apetitosos y la langosta me está haciendo salivar.
Mis tripas protestan ruidosamente.
Avergonzada doy media vuelta y me alejo. Corro hacia la parte de los camarotes, me encierro en la habitación y enojada limpio mis lágrimas.
Huelo horrible, mi aliento es un asco y tengo mucha hambre.
Empiezo a ver la habitación. Ahora está limpia y ordenada ―frunzo las cejas y camino al enorme guardarropa, me adentro y veo que hay ropa femenina, ―suspiro, es de mi talla. Y todo tipo de ropa de verano.
En los cajones hay ropa interior, toco entre mis dedos el encaje.
― Estúpido. Nunca le daré el gusto de usar lencería tan atrevida. Ni siquiera sabe mis gustos.
Desanimada elijo darme una ducha…
.
Estoy hecha bolita en la cama. Mis tripas resuenan con fuerza en mi estómago, tengo hambre, pero al menos estoy limpia y oliendo delicioso, esas geles y cremas que he usado han dejado un olor exquisito en mi piel.
Tengo qué idear cómo escapar. No estoy dispuesta a pasar dos meses encerrada.
La luz se enciende. Mi primera reacción es sentarme en la cama, cubriendo mis pechos con la sábana.
― ¿Qué haces aquí?
― Es nuestro dormitorio ―responde como si nada y se encamina hacia el baño, cerrando la puerta con demasiada fuerza que retumba en las paredes.
Me remuevo en la cama. Qué él no crea que compartiré la cama.
A los pocos minutos aparece, trae una toalla blanca anudada a su cadera y es lo único que viste mientras diminutas gotas se escurren por su pecho.
Sin ningún pudor, deja caer la toalla al piso, mostrando su polla flácida y libre de vellos.
Mis ojos se amplían.
Él... él es un exhibicionista sinvergüenza.
Da media vuelta; veo su culo pálido y desnalgado.
― Oye ―logro decir después de aclarar mi garganta― aquí no vas a dormir.
Muerdo mi labio. Está poniéndose un bóxer negro delante de mí.
― Está es mi habitación, amor ―se mete bajo las sábanas y besa fugazmente mis labios, me paralizo. Su confianza me desestabiliza.
― N-no ―tartamudeo― no soy una cualquiera, no comparto mi cama con desconocidos.
Eleva una ceja. Tiene una risa irónica pintada en sus labios.
― Amor, no quiero recordarte todo lo qué hicimos cuando nos conocimos.
― ¿Qué estás tratando de decir? ―pregunto indignada.
Él resopla.
― Discúlpame, no quise ofenderte.
Intento salir de la cama y su mano se aferra a mi muñeca. Me asusto por su reacción, miro su cara y veo diversión en sus ojos.
Sé que no me dañará.
― Déjame ir ―susurro―, no quiero estar aquí.
Me acerca lentamente a él. Me pone nerviosa su cercanía.
― Lo haré ―dice― la condición es que pases una noche conmigo, si lo haces soy capaz de firmar el divorcio.
Hola, les decía en el grupo que muchas se cuestionan por qué Bella no recuerda nada de la noche que se casó, la respuesta es que solo ha pasado un día. Sin embargo más adelante Bella empezará a tener recuerdos de lo ocurrido.
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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: alimago, kasslpz, Ary Cullen 85, mrs puff, wenday, Car Cullen Stewart Pattinson, Andrea, Maryluna, ALBANIDIA, Laura Arvizu, Kiss, Pepita GY, The Vampire Goddess, Mapi13, saraipineda44, Daniela Masen, Flor McCarty-Cullen, Valeria Sinai Cullen, AleCullenn, Dess Cullen, Lily Pattinson Stewart, Jimena, Cassandra Cantu, Diannita Robles, Dulce Carolina, Karo29, Lili Cullen-Swan, Lizdayanna, Antonella Masen, Adriana Ruiz, Deniz, Cary, Verónica, krisr0405, danymoli1795, rociolujan, Daniela Masen, Natali, Rosemarie28 y comentarios Guest
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