Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 16
Mis dedos se entierran en su pelo mientras mis párpados permanecen fuertemente cerrados.
Mi cuerpo entero convulsiona.
Es una sensación distinta a todo lo que he sentido, mi pecho se agita, mi vientre se contrae y mi respiración se ha vuelto jadeante con la manera que su lengua penetra mi interior.
Sé que acabo de terminar en su boca.
Siento como su piel roza la mía, el colchón se hunde y al instante siento su hálito caliente en mi rostro, está encima de mí.
― ¿Cómo te sientes?
¿Por qué siempre me pregunta? La vergüenza que debe persistir en mí, se ha ido desde el momento que su boca recorrió mi zona vaginal.
Suspiro muy quedamente. Estoy tratando de obtener un poco de aire y poder articular palabras.
Mis ojos se abren lentamente. Instintivamente mis dedos recorren su frente, quitándole un poco de sudor adherida a su piel, sonrío al ver que su semblante es seductor.
― Nunca pensé que tu lengua hiciera… ―mis dientes se entierran en mi labio inferior, guardando silencio.
Aún estoy sin palabras. La sensación post orgásmica me tiene en otro plano, no puedo concentrarme en nada que no sea recordar lo que este hombre acaba de hacer por mí.
Sus labios me besan. Me quedo sin respirar y no sé cómo responder, estoy descubriendo mi propio sabor.
¿Debo sentir asco? Probablemente, en cambio para mí es alucinante y excitante probarme.
La punta de sus dedos recorren mi mentón.
― ¿Estás preparada? ―pregunta―. Podemos esperar si no te sientes lista, no hay prisa, nena.
Muevo la cabeza, negando.
Sus ojos quizás están dando otra interpretación a lo que quiero decir. Él está por rodar en la cama, pero antes de que lo haga mis brazos lo rodean, lo abrazo fuertemente a mí, mis piernas también lo envuelven.
― No ―suplico― no quiero parar, estoy lista para sentirme llena por ti.
Sonríe.
― ¿Quieres que use condón?
― No es necesario, estoy protegida con el DIU.
― ¿Y es seguro?
Ahí está aflorando su mayor miedo. Ser padre por una irresponsabilidad.
Suspiro muy hondo mientras mi cuerpo intenta tomar una bocanada de aire. El cuerpo de Edward está aplastando al mío o quizá soy yo que estoy aferrada a él como si fuera un capullo al que me niego a soltar.
― Es seguro, Edward ―lentamente mis dedos se deslizan por sus anchos hombros―. Por favor… ―miro sus ojos― hazme tuya.
Asiente varias veces.
Su boca se estrella contra la mía. Lo que pienso será un beso atrevido, se torna un beso suave y tierno.
Solo se escuchan nuestros suspiros y besos en la habitación.
Entiendo que está preparando mi cuerpo usando sus dedos que se cuelan en mi interior. Nuestro beso se interrumpe, hay emoción en su cara al darse cuenta que estoy lista, no hace falta que intente más.
Bajo la mirada y veo que su pene se alinea en mi entrada.
Lo único que puedo decir es que su tamaño es bastante considerable, pero su grosor es aún mejor.
La punta de su miembro me invade y automáticamente mi cuerpo intenta oponerse. Sé que estoy nerviosa, a la vez tan ansiosa porque me haga su mujer.
Pero es imposible que no sienta su gruesa carne invadiéndome.
― ¿Quieres que pare? ―averigua.
― No ―resoplo.
Edward mira mi nerviosismo, lo sé porque empieza a besarme con tanta paciencia y dedicación.
Mis piernas siguen abiertas mientras sus caderas se acomodan para ser acunadas.
Siento una presión y sé que ha sucedido. Edward está dentro de mí y está conteniendo sus movimientos, esperando me acostumbre a su invasión.
Asiento suavemente con la cabeza. Sin esperar llevo mi mano a su nuca y atraigo su rostro en busca de sus labios, quiero besarlo. Lo necesito.
Sus labios se unen a los míos al mismo tiempo que sus caderas empiezan a moverse contra mí.
Es tan indescriptible la sensación que estoy viviendo.
― No pares ―son las primeras palabras que salen de mi boca.
Edward ríe. Su rostro está enrojecido por tanto esfuerzo que hace para no aplastarme.
Sus antebrazos tiemblan.
― Tranquila, no voy a detenerme ―promete.
Mi cuerpo se relaja y empiezo a disfrutar de los embistes que sacuden mi cuerpo. La cama chirría y el respaldo golpea la pared, entretanto la habitación se llena de gemidos y sonidos que producen nuestros cuerpos al chocar.
Mis paredes vaginales lo aprietan mientras entra cada vez más profundo.
― Ahhh ―jadeo.
Mis uñas están enterradas en sus nalgas buscando de alguna manera que esté más adentro. Cómo si fuera posible estar más…
Su lengua juega con el lóbulo de mi oreja.
Es un cosquilleo distinto, me estremezco.
Siento que mi corazón retumba en todo mi cuerpo, lo siento de esta manera.
― Estoy por venirme ―gruñe.
Sus envistes se vuelven fuertes y decididos. Está golpeando de una forma que los dedos de mis pies se doblan.
Quiero gritar.
Mi cuerpo tiembla más fuerte y no puedo controlarlo.
Es algo distinto… lo siento en mi vientre. En todo mi interior…
En mi vida me he sentido tan deseada como me estoy sintiendo.
Palpo su espalda, mis dedos se detienen en sus omoplatos, disfruto de su fuerza.
Necesito tocarlo porque quiero explotar, al menos quiero aferrarme a su cuerpo antes de…
― No tengas miedo ―susurra― es totalmente normal lo que estás sintiendo, córrete conmigo.
Me estremezco involuntariamente.
Creo que me dará un infarto porque mi corazón retumba con fuerza y no sé cómo canalizar todas las sensaciones.
― Edward ―pronuncio casi sin voz.
Aprieto fuertemente los ojos, mientras Edward sigue arremetiendo, dejo que el orgasmo se apodere de mi ser.
Él acaba de vaciarse en mí. Lo he sentido y el gruñido en mi oído me lo confirma.
Sonrío satisfecha, complacida, orgullosa, presumida y quizá ufana. Esta noche tengo todos los adjetivos de presunción.
Quiero decir que gracias, sin embargo mi cuerpo está agotado y aunque siga dichosa mis ojos se están cerrando.
― Duerme, mi amor.
A lo lejos escucho que dice a la vez que deja un largo beso en mi frente.
.
Deben ser las primeras horas del día. La luz diurna filtrándose por las cortinas me lo hace saber.
Alargo mis brazos.
Mi cuerpo duele deliciosamente, es un cansancio bueno, así debe ser porque me siento llena de vitalidad.
Mi felicidad sigue estando presente y al sentarme en medio de la cama, la delicada rosa sobre las sábanas me hace sonreír.
La tomo del tallo sin espinas y atraigo la flor a mi nariz.
Edward.
― Buenos días preciosa ―saluda al entrar, trae una bandeja de comida consigo y la deja en mi regazo―. ¿Cómo dormiste?
Mi escrutinio es sin ningún pudor. Edward acaba de ducharse y solo viste unas bermudas, dejándome apreciar su pecho.
― Creo que dormí lo suficiente.
― ¿Cómo te sientes?
― Como si hubiera corrido una maratón.
Su risa es suave.
― ¿Te gusto nuestra primera noche?
Lo veo fijamente. Quiero que mis ojos sean capaces de revelar hasta el más mínimo detalle.
― Fue perfecta, Edward.
Se sienta al lado mío y besa mis labios, apenas un roce.
― Me gusto la forma en que cerramos nuestro trato ―prosigo―. Ni siquiera puedo decirte con palabras todo lo que me hiciste vivir.
Olisqueo la flor.
― Gracias por tan bonito detalle ―añado.
― Es lo menos que te mereces, cuando me has dado tu cuerpo.
Mis mejillas se calientan por sus palabras, se que me sigue avergonzando que sea tan directo.
― Solo me encantaría conocer esa parte salvaje ―digo, tratando de sonar como él― ¿me enseñarás?
Sus brazos me aprietan.
― Dios. He creado un monstruo sexual ―exhala entre risas―, pero estoy dispuesto a enseñarte lo que quieras, mi amor.
Mi amor. Él dijo mi amor, justo como anoche lo escuché decirme. No fue un sueño.
Me recargo en su pecho y sus brazos me siguen rodeando con fuerza, deslizo mis manos por las suyas y nuestros dedos se entrelazan.
No sé qué nos espera, pero estoy dispuesta a afrontar lo que sea por él.
Junto a él.
Hola, así finalizamos la primera parte de la historia, les invito a que sigan con la trama porque nos vienen más emociones con cada capítulo. ¿Ya están listas para seguir leyendo?
Agradecida com el tiempo que le dan a la historia, por sus favoritos, follows, lecturas y reviews.
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