Sin piedad

Los gritos resonaron una y otra vez en su procesador mientras repetía la escena que lo dejaba fuera de recarga. Había vivido infinidad de batallas, experimentado las peores escenas y pérdidas; sin embargo, el grito desesperado de los jóvenes Terranos al perder a su último miembro de familia lo dejó con un sentimiento extraño. La verdad es que no comprendía cómo podía sentir tanta empatía con ellos, cuando en sus momentos vio la extinción de un sinfín de sparklings bajo su mando sin un ápice de simpatía.

Megatron se levantó de su cama de recarga, su sistema aun procesando los recientes eventos. La habitación, normalmente un refugio de calma, ahora se sentía opresiva y sofocante. Se dirigió hacia la salida, decidido a enfrentar la realidad de la situación. Al salir a la calle, fue recibido por la vista de una ciudad devastada por el ataque. Los edificios que antes se alzaban majestuosos ahora eran meros escombros, y el aire estaba impregnado de humo y cenizas. Las luces intermitentes de las sirenas iluminaban el escenario de desolación, creando sombras danzantes en las ruinas.

—Tal vez por eso Starscream y el resto de los Decepticons no pueden perdonarme —murmuró para sí—. ¿Sería correcto justificar su obsesión por la amistad con una humana, lo que le hizo dejar de lado todo sin siquiera considerarlos?

Recordó los reclamos del caza tricolor y del resto de sus generales, el gesto desdeñoso de Soundwave, así como el rechazo claro de Shockwave al verse enfrentado por algo que en antaño sería efímero. Él no solo los había traicionado; también le dio la espalda a todo lo que alguna vez representó. Las naves tecno-orgánicas seguían surcando el cielo, buscando nuevos blancos. Las explosiones ocasionales rompían el silencio, recordándole la urgencia de la situación.

—No puedes tapar el sol con un dedo —escuchó en su procesador la voz de su amiga, la cual muchas veces usaba esa clase de oraciones tratando de transmitir mensajes codificados que eran de suma utilidad en momentos como ese.

Los llantos descontrolados de Hastag y el resto de los Terranos le carcomieron la chispa con culpabilidad por la muerte de Bo, ella ya era una persona de edad avanzada, pero morir en medio de un bombardeo como ese simplemente dejo a todos con la chispa destrozada. Mientras analizaba sus reacciones con aquellos que alguna vez compartieron sus ideales. No eran recién creados, pero sacrificaron todo por un ideal que de un momento a otro abandonó: su vida, futuro, existencia. Mientras fueron olvidados en un rincón de su mente, dándole espacio a la humanidad y a los Terranos.

La brisa nocturna agitaba suavemente los restos de banderas y pancartas que alguna vez simbolizaron resistencia. Las calles desiertas estaban llenas de vehículos abandonados y chispas de energía que aún parpadeaban débilmente, como testigos mudos de la batalla.

Torturado por dichos pensamientos contradictorios, siguió adelante con su propio remordimiento, esperando que Soundwave fuese fiel a su palabra. A pesar de todo, ellos no le debían nada. Mientras caminaba entre los restos de lo que alguna vez fue un bullicioso centro de vida, Megatron se preguntaba si alguna vez podría redimirse a los ojos de sus antiguos camaradas. La esperanza parecía tan frágil como los fragmentos de vidrio esparcidos bajo él, pero era lo único que le mantenía en pie.

Starscream partió de Cybertron, llevando consigo a la mitad de la armada. Conocían la peligrosidad del enemigo, uno que no debía dejarse a la ligera. Sus naves llevaban consigo cápsulas de recuperación diseñadas especialmente por Shockwave para tratar a aquellos afectados por los tecno-orgánicos, un proceso que se mejoró poco después de la recuperación de Ravage. Esta experiencia era algo que tanto el portador como sus casetes llevaban muy en el fondo.

Honestamente, el caza se sorprendió al recibir la solicitud del espía como primera estancia. Supuso que preferiría mantenerse al margen después de la experiencia, pero su lado Decepticon le incitó a mostrar que Soundwave aún tenía asuntos pendientes con esas criaturas y estaría complacido por hacerlos pagar por ello.

La ciudadela mantenía contacto con las naves, manteniendo sus precauciones y enlaces seguros gracias al esfuerzo del aludido mecha de cromas azulados, el cual no veía el momento de hacer pagar a sus agresores por el dolor causado a su más fiel casete. La antigua tripulación del Venganza se reunió llevando consigo más armamento y protección. Estaban listos para su enfrentamiento, más como orgullo que otra cuestión. Cada uno tenía sus propias razones y, aunque no eran partidarios de los Autobots o los humanos, había cosas que, según su parecer, valía la pena salvar.

Dentro de la nave insignia, el ambiente era una mezcla de tensión y determinación. Las paredes metálicas estaban adornadas con marcas de batallas pasadas, un recordatorio constante de las últimas batallas, las que los habían forjado como una nueva unidad. Las luces parpadeantes de los controles y los zumbidos de los sistemas de navegación llenaban el espacio con un sonido constante, casi hipnótico. Los Decepticons caminaban por los pasillos, sus armaduras reflejando las luces, preparados para lo que vendría.

—Aquí el Venganza, estamos a punto de entrar en hiperespacio. Prepárense, no queremos contratiempos al salir en espacio terrano —comentó el comandante aéreo, observando la información que el mecha gris, del cual omitiría pensar por el momento, les proporcionó. Los planes y análisis de los Autobots eran bastante detallados, lo que le hizo imaginar que había robado los datos. El jet no imaginaba a ninguno de los mechas del símbolo carmesí alegres por compartir dicha información.

—Sigues exhibiendo las malas mañas —susurró para sí, buscando los puntos clave para inicializar el ataque. Sería conveniente comenzar a atacar en cuanto salieran del hiperespacio, sin dar oportunidad al enemigo de reaccionar hasta que fuese tarde. Afortunadamente, en sus experiencias pasadas, aprendieron a detectar las firmas de energía enemigas y a ocultar las suyas de esos radares específicamente, ellos crearon dicha tecnología con el resguardo de Cybertron en el procesador. No deseaban ser fácilmente ubicados.

La sala de comando estaba llena de mechas ocupados, cada uno en su puesto, ajustando parámetros y verificando sistemas. Las pantallas mostraban mapas estelares y estadísticas de energía, con datos actualizándose en tiempo real. Starscream se paseaba por la sala, su mente trabajando frenéticamente mientras contemplaba todas las variables.

—Ahora es nuestro turno —exclamó, mandando un mensaje claro para Soundwave. Tenían que ser exactos en su estrategia después de todo.

El pasaje hacia el hiperespacio comenzó, transformando las estrellas en líneas de luz y llenando la nave con un rugido ensordecedor. Los Decepticons se aferraron a sus puestos, sintiendo el tirón de la aceleración. Starscream cerró los ópticos por un momento, recordando las palabras de Megatron y la desesperación en su voz. Sabía que esta batalla sería decisiva. Y aunque no lo admitiera abiertamente, en el fondo esperaba que, de algún modo, esta misión también pudiera darle el reconocimiento real que merecen las fuerzas Decepticon de Cybertron.

Las nubes eternas continuaron oscureciendo los cielos alguna vez azules. Los humanos y mechas añoraban reencontrar esos días soleados de paz, algo que aún se denotaba lejano. Los Autobots, con su reducida fuerza, lograron resguardar a muchos Terranos en las colonias que les habían permitido crear. Irónicamente, el planeta que tanto los despreció ahora usaba esas zonas odiadas como campos de resguardo; eran las únicas zonas libres.

A pesar de esto, no todo era positivo. La escasez de alimento y recursos básicos requeridos por los orgánicos dificultaba la situación, por lo que los bots tuvieron que montar misiones de abastecimiento en conjunto con los ejércitos para poder obtener dichos de recursos. Las ciudades desoladas eran un recordatorio constante de la devastación. Los edificios en ruinas y las calles desiertas se habían convertido en el nuevo paisaje habitual.

El terror de no volver cada que salían se hizo evidente, y por extraño que parezca, los tecno-orgánicos aún no atacaban los campamentos cybertronianos, como si estuviesen esperando algo más. Algo que Megatron comenzó a sospechar cuando escuchó el comentario de uno de los jóvenes Autobots en los pasillos de la edificación a la que estaba entrando.

— ¿Por qué están tan seguros de ello? —cuestionó otro mecha.

—Fue extraño, los dos Aerialbots capturados argumentaron que fueron aislados del resto del grupo, siendo dirigidos a otra zona donde una especie de tubos todos vacíos esperaba con antelación. El tamaño era similar al de ellos e incluso pensaron que terminarían ahí en esa especie de prisión; pero el equipo de rescate llegó antes de que formaran parte del grupo. Aunque si lo analizas, han tenido muchas oportunidades para llevar a los nuestros ahí, entonces la pregunta es: ¿Por qué no lo han hecho aún?

Es la misma pregunta que el ex gladiador se hizo. Era como si estuviesen esperando algo... algo que él acababa de invocar. El guerrero no era tonto y, a pesar de lo que muchos opinaban, gustaba planificar sus estrategias. Es verdad que usaba la inteligencia de sus generales, pero al final las decisiones siempre recaían en él. No logró llevar un pequeño movimiento a una guerra interestelar de vorns sin entender esos pequeños detalles.

Megatron se detuvo un momento en los pasillos de la base, observando a los Autobots y los humanos trabajar juntos. Sabía que el tiempo apremiaba y que las decisiones que tomara en ese momento podrían definir el futuro de todos. Con cada paso que daba, la preocupación crecía en su procesador. No podía dejar de pensar en las implicaciones de los tecno-orgánicos atacando las unidades militares Cybertronianas.

Las calles de la ciudad resguardada eran un laberinto de refugios improvisados y barricadas. Los mechas así como los humanos trabajaban juntos para mantener la seguridad, aunque la desconfianza aún persistía en algunos. Los Autobots no sabían que la armada Decepticon venía en camino a auxiliarlos; tal vez era el mejor momento de hacerle saber a Optimus Prime la verdad, en especial si el objetivo eran esas unidades militares.

El mecha de cromas grises sintió una presión en su pecho metálico, una sensación de que algo terrible estaba a punto de suceder. Sabía que no podía enfrentar esto solo y que necesitaba a Optimus Prime.

—No puedo seguir ocultando esto —se dijo a sí mismo, con la determinación reflejada en sus ópticos rojos.

Con un profundo suspiro, decidió que debía enfrentar a Optimus Prime y revelarle lo que sabía. Sabía que la conversación no sería fácil, pero la seguridad de todos dependía de ella.

La noche era fría y llena de incertidumbre, pero en la chispa de Megatron ardía una preocupación intensa. Debía salvar a su gente, quienes él nuevamente habían llevado a una trampa; y para hacerlo, necesitaba la cooperación de su viejo amigo, sólo esperaba que le creyera.

Shockwave envió los últimos informes desde la ciudadela. Por el momento, las defensas estaban bien, todo seguía de manera normal. Los planes de cómo activar los sistemas anti detección y del uso rápido de las cápsulas de salvamento fueron efectivos. Soundwave cambió nuevamente los códigos de comunicación, alistándose. Estaban cerca del objetivo y, después del último análisis estructural de las naves enemigas (al menos las que tuvieron en su escape anticipado), les permitió marcar los puntos a los cuales habría que disparar una vez que estuviesen en un enfrentamiento con escudos listos, armas cargadas.

El Venganza iría al frente como nave insignia, abriendo fuego contra las más grandes, mientras las otras se encargarían de lo que se iba rezagando. Las unidades militares no entrarían en enfrentamientos a menos que fuera absolutamente necesario, y en su caso, comenzarían por aquellos con mayor experiencia en combate aéreo, o sea los Seekers. Starscream caminó hasta el puente, escuchando las transmisiones de Soundwave, quien se hallaba en otra de las naves. No mantendrían a su equipo de comando en un solo punto; no era una buena estrategia. Soundwave se encargaría de dirigir al grupo de la retaguardia, mientras el jet tricolor lideraría el frontal.

La ansiedad era palpable entre las tropas. Los mechas se movían rápidamente, ajustando sus armas y verificando los sistemas una y otra vez. Cada chispa ardía con una mezcla de miedo y determinación. Ellos mejor que nadie conocían el alcance del enemigo y, por ello, todo se basaba en ataques de largo alcance y no de uno a uno.

Las estrellas brillaban intensamente en el vacío del espacio mientras las naves se alineaban en formación. Las luces de las consolas parpadeaban y los sonidos de los sistemas de armamento ajustándose resonaban en el ambiente, creando una sinfonía de preparación bélica. Las pantallas de visualización mostraban el plano del espacio terrano y las posibles posiciones enemigas.

—Esto no va a ser fácil, pero lo lograremos —comentó Skywarp, su voz firme aunque cargada de una tensión apenas contenida, hacía mucho que no realizaban un combate como ese.

—Lo sé, Skywarp. Pero hemos enfrentado cosas peores. Solo debemos recordar por qué estamos haciendo esto —respondió Nova Storm, su mirada fija en las estrellas que se desdibujaban a medida que la nave se preparaba para salir del salto.

Algunos Autobots de reciente ingreso al grupo se ofrecieron como voluntarios para atender a los heridos. Eran mechas médicos completamente capacitados que habían permanecido en Cybertron con los rezagados y ahora prestaban sus servicios para algo más grande. Tal vez entonces podrían contactar a Optimus Prime. La realidad es que, por el momento, la única preocupación era derrotar a un enemigo común y después buscarían jugar a la política si era posible.

—Estamos a un ciclo de llegar —confirmó el espía, preparándose.

Las tropas fueron avisadas, las estaciones de armas se hallaban listas; la tensión se sentía en el ambiente. Skywarp y Novastorm marcharon al puente para encontrarse con su líder de escuadra. Ellas se hallaban a su espalda, resguardando su seguridad mientras el resto se alistaba en sus lugares. Las destrezas de su trina le transmitían confianza al comandante aéreo, sabiendo que estaba respaldado y listo para lo que estaba por llegar.

—Cuenta regresiva para nuestra entrada —exclamó mientras los nanosegundos se divisaban en las pantallas de las naves.

Las formaciones estaban en su lugar, los hangares listos y las unidades médicas en espera. Los Decepticons sabían que no había margen de error. Cada uno de ellos estaba preparado para lo que venía, con la determinación ardiente en sus chispas.

—No importa lo que pase allá afuera, estamos listos para darlo todo —dijo Skywarp, apretando su puño metálico.

—Siempre lo hemos estado. Esta vez no será diferente —respondió Nova Storm, su voz llena de resolución.

Era el momento de la verdad. Las estrellas parecían observar desde lejos, como testigos de una batalla que decidiría el destino de muchos. El rugido de los motores resonó una vez más mientras las naves se lanzaban hacia el campo de batalla, listas para enfrentar lo desconocido y proteger aquello que valoraban más que nada.

Megatron ignoró por completo los argumentos de Ultra Magnus, quien le negaba el paso con una supuesta junta entre Optimus y algunos líderes mundiales. Con una mezcla de desesperación y determinación, empujó a Magnus a un lado y se echó a correr, atravesando la puerta sin detenerse. La brusquedad de su entrada llamó la atención de todos los asistentes. Tanto mechas como humanos se volvieron hacia el recién llegado, desconcertados y alarmados por la interrupción.

— ¡Ellos vienen! —exclamó Megatron, su voz resonando en la sala y llenando el aire con una tensión palpable.

Las puertas se abrieron nuevamente, revelando a un Magnus enfurecido seguido de cerca por Springer, ambos claramente molestos por la intrusión.

— ¿De qué hablas, viejo amigo? —preguntó Optimus, ignorando las miradas molestas de algunos orgánicos, pero notando la ansiedad en los ojos del ex gladiador.

—La armada de Cybertron —recalcó el aludido, llamando la atención del resto de la sala. Podía sentir las miradas de desconfianza y preocupación clavadas en él.

Prowl, con el rostro tenso, le miró con inseguridad.

— ¿Los Decepticons? —susurró, observando con frialdad al mecha de cromas grises.

—Yo los llamé, les pedí ayuda —prosiguió el aludido, su voz temblando ligeramente por la presión de la situación.

— ¿Qué puede hacer una nave contra todos los enemigos? —Intervino un humano, rompiendo la tensión—. Además, ¿cómo sabemos que no se unirán a los malos? —Continuó con aversión—. No tenemos un buen historial con ellos —afirmó, su voz reflejando la desconfianza y el estrés de la situación.

—Podríamos huir en esa nave —intervino otro, con la voz llena de desesperación.

—No, ellos están aquí porque yo les pedí ayuda —intervino Megatron con seriedad, su tono firme aunque claramente cargado de ansiedad.

—La última vez su intervención hizo la diferencia con Mandroid —comentó Jazz, buscando cualquier alternativa, intentando traer algo de calma al caos.

—Buscan una alianza para enfrentar un enemigo que de igual modo los amenaza —prosiguió el ex gladiador, omitiendo el hecho de que ese grupo de tecno-orgánicos parecía saber acerca de la existencia de los Decepticons. Podía sentir su propia chispa latiendo con fuerza, sabiendo que cada palabra contaba.

—Sé que hay muchas opiniones encontradas, pero creo que todos podemos estar de acuerdo que, aunque sea una sola nave de ayuda, estamos en la necesidad de aceptar cualquier auxilio prestado —dijo el Prime con firmeza, tratando de calmar los ánimos.

—Podría haber sido mejor si cierto mecha nos hubiese avisado con antelación, podríamos haber planificado un método de contacto. Ahora llegarán para encontrarse con un grupo de naves invasoras —recalcó Prowl, su frustración evidente en cada palabra.

—Mis tropas saben a lo que se enfrentan y tienen la experiencia necesaria para hacer la diferencia. Tal vez si dejaran de subestimarlos... —gruñó Megatron, su paciencia desvaneciéndose rápidamente.

—Disculpa, ¿tus tropas? —preguntó Ultra Magnus, con la incredulidad clara en su voz.

—No es momento para discutir eso, ellos llegarán en cualquier momento y lo menos que podemos hacer es brindar apoyo desde superficie —intervino Optimus, intentando mantener el control de la situación.

—Apoyo la moción —recalcó Jazz, su voz una isla de calma en medio del mar de tensión.

—Creo que es lógico —afirmó Prowl, aunque su expresión seguía siendo de estrés si se le puede llamar así a un cybertroniano.

Los humanos se vieron pensativos, aunque algunos comenzaron a asentir, aceptando la situación. Las palabras del Prime eran ciertas y, si los Decepticons podían hacer la diferencia, lo aceptarían.

—Bien, Prowl, trata de crear una estrategia con lo que tengamos. Los demás, movilícense, esto no será sencillo. Magnus, organiza a los civiles que vayan a las zonas de seguridad; no vamos a arriesgar vidas innecesariamente.

Los grupos, tanto de humanos como de bots, se dispersaron, dejando a los dos amigos a solas.

—Megatron —susurró el Prime —. Gracias, sé que debió ser muy difícil, pero te agradezco todo.

—Dímelo cuando ganemos esta batalla —afirmó el ex líder Decepticon con seriedad, su mirada llena de una mezcla de determinación y ansiedad.

—Así lo haré viejo amigo, así lo hare—Afirmo el líder Cybertroniano.

El conteo siguió adelante. El objetivo estaba cerca, el momento de combatir había llegado. Starscream asintió parándose en el centro del puente del Venganza, muchas veces divisó esta batalla en su procesador, calculando un sinfín de factores. Tal vez al final no era de ese modo, ni con esos enemigos; pero estaban ahí como los representantes del pueblo Cybertroniano y Nova Forge. Esta era una batalla por su futuro y el de su mundo.

— ¡Decepticons, alisten sus armas, es momento de pelear! —comandó con las alas en alto.

El vacío se llenó de un resplandor cegador cuando las naves Cybertronianas salieron del hiperespacio. Al frente, el Venganza lideraba la formación, abriendo fuego inmediatamente sobre las naves enemigas. Los tecno-orgánicos, incapaces de detectar las firmas energéticas de los Decepticons, fueron tomados completamente por sorpresa. Las explosiones iluminaban la oscuridad del cosmos, creando un espectáculo de luces que se reflejaban en las superficies metálicas de las mismas.

Starscream, al mando de la nave insignia, observaba con satisfacción cómo el fuego concentrado de sus tropas se enfocaba en los puntos débiles de los destructores tecno-orgánicos. Los rayos láser y los misiles impactaban con precisión letal, desintegrando las defensas enemigas y derribándolos uno a uno. Las enormes estructuras metálicas de los destructores se fragmentaban en miles de piezas, dispersándose por el vacío estelar.

— ¡Mantengan la formación! —Gritó, su voz resonando a través del canal de comunicaciones—. ¡Concentren el fuego en los objetivos asignados!

En otra nave, Soundwave comandaba a las unidades más pequeñas, coordinando ataques precisos contra los transportes enemigos de menor tamaño. Las naves comandadas por Soundwave se movían con agilidad, esquivando disparos y devolviendo el fuego con una precisión quirúrgica. Los cazas tecno-orgánicos caían en masa, incapaces de hacer frente a la embestida organizada y letal de los Decepticons.

Mientras tanto, en la Tierra, los Autobots y los humanos observaban las luces en el cielo, irrumpiendo a través de las nubes oscuras. Las naves dañadas caían al azar, algunas impactando en terrenos alejados, otras estrellándose contra edificios abandonados. Optimus Prime, observando el caos desde el suelo, sabía que era el momento de actuar.

— ¡Autobots, es nuestra oportunidad! —ordenó, su voz firme y decidida—. ¡Contraatacaremos ahora!

Los Mechas de la Tierra y los ejércitos humanos se movilizaron rápidamente, aprovechando la distracción causada por el combate en el cielo. Las luces de las explosiones iluminaban el camino mientras las fuerzas terrestres avanzaban. Los Autobots transformados en vehículos y los humanos en sus tanques y jeeps se lanzaron a la ofensiva, enfrentándose a las unidades tecno-orgánicas con renovada determinación.

El campo de batalla en la Tierra se llenó de ruido y movimiento. Los disparos y explosiones resonaban en el aire, mezclándose con los gritos y las órdenes emitidas por los comandantes. Las nubes oscuras se iluminaban con los destellos de las armas, creando un espectáculo de luces y sombras que reflejaba la intensidad de la lucha.

Starscream, desde el Venganza, observaba la escena con una mezcla de orgullo y concentración. Sabía que esta batalla no solo definiría el destino de la Tierra, sino también el de los Decepticons y Autobots. Con una última mirada a las estrellas, supo que estaban haciendo lo correcto.

— ¡Ahora es el momento de demostrar nuestra fuerza! —Exclamó, apretando los controles de su nave—. ¡Por Cybertron y por la supervivencia de todos!

Y así, en medio del caos y la destrucción, las fuerzas combinadas de Autobots, Decepticons y humanos lucharon con todas sus fuerzas, decididos a proteger su hogar y derrotar a los tecno-orgánicos de una vez por todas.

La nave de mayor tamaño cayó dirigiéndose a la superficie. Las explosiones, ahora visibles, iluminaron el cielo como si se tratase del mismo sol. Las nubes comenzaron a desvanecerse y con ello se pudo divisar la forma impactante del Venganza. Soundwave enmarcó las bases enemigas en suelo terrestre. Los Autobots y humanos peleaban en la superficie, al parecer su ex líder les había hablado al respecto; sin embargo, no les haría daño un poco de ayuda desde el aire.

El comandante aéreo dejó el mando en manos de Hook, quien viajaba con su Gestalt. La cual no descendería a menos que fuese necesario. No arriesgaría a sus tropas de más.

— ¡Abran las compuertas! Todos los mechas marcados por Soundwave, preséntense en el hangar. Combatiremos frente a frente —comandó Starscream.

Los bots continuaron su avance. Los disparos de los humanos, sus jets y naves de apoyo disparaban contra el enemigo, conscientes de que aquellos que vestían el símbolo púrpura estaban de su lado.

—Las compuertas se abren —comentó Jazz, deteniendo su avance.

Otras naves Decepticon comenzaron a aparecer en el cielo, y los cazas Cybertronianos fueron libres, liderados por el volador tricolor. Viraban en perfectas formaciones, derribando a los enemigos aéreos antes de bombardear las zonas con mayor armamento tecno-orgánico.

Los enemigos por primera vez se vieron en problemas. No pensaron que el ataque de las unidades militares que buscaban llegaría de tal magnitud. Al parecer habían calculado mal y más al ver que sus radares seguían sin captarlos.

—Son inteligentes —dijo uno de los más altos rangos tecno orgánicos analizando las estrategias, enamorado de la frialdad y eficiencia del combate. Deseaba que fueran suyos, tenía la tecnología para lograrlo; pero ese no sería el momento. Las marcas de bajas y pérdidas fueron abrasadoras. Los enemigos del símbolo púrpura no daban tregua y cada vez actuaban de un modo más salvaje. A eso se sumó el grupo que existía en ese planeta donde tanto orgánicos como Cybertronianos pelearon lado a lado en todos los ámbitos.

Estaban rebasados y no quedaba más que dar la orden de retirada. Las pocas naves comenzaron a elevarse buscando escapar de la destrucción. Los que estaban estacionados en tierra fueron abandonados, dejándolos a su suerte. Una que ningún Decepticon dejaría con oportunidades de vida. Esas criaturas eran demasiado peligrosas para existir.

Optimus Prime detuvo su avance distinguiendo las aeronaves que giraban haciendo piruetas en el aire. Starscream y su trina al frente, el grupo era perseguido por uno del enemigo, cuando de la nada se separaron. Cada jet voló en una dirección diferente, una estrategia que solo Megatron y su armada de cazas conocía.

El cielo se convirtió en un caos de naves volando en todas direcciones.

Explosiones iluminaban el firmamento, y los estruendos de las batallas aéreas resonaban como un trueno constante. Los Decepticons y los tecno-orgánicos se enfrentaban en un ballet mortal de maniobras y contraataques. Starscream fue el cebo, permitiendo que Skywarp y Novastorm derribaran a los perseguidores con una serie de explosiones sónicas.

Las naves enemigas se desestabilizaron, girando fuera de control antes de ser aniquiladas por los misiles de Skywarp. Starscream, mostrando una habilidad impresionante, evadía los ataques con destreza. Un jet humano se atravesó en su camino, y el seeker tricolor se dejó caer en una barrena, evitando el contacto. Ascendió de manera sorpresiva y viró hacia un costado, destruyendo un vehículo de superficie enemigo que se dirigía hacia los espectadores. Luego, se elevó nuevamente, girando en modo de barril y exhibiendo sus habilidades aéreas.

La vista desde el suelo era increíble. Los humanos observaban con asombro cómo las naves realizaban maniobras imposibles, esquivando disparos y devolviendo el fuego con una precisión letal. Las aeronaves Decepticon mostraban un nivel de destreza que jamás habían desatado contra ellos. Las luces de las explosiones y el reflejo del fuego en las nubes oscuras transformaban el cielo en un espectáculo pirotécnico.

Megatron sonrió levemente. Sus palabras hacían eco en las mentes de aquellos que ahora consideraba aliados, al ver lo que los militares estaban revelando. Los únicos conscientes del nivel de destrucción que poseían eran los Autobots, y era por eso que no se sintieron mal al principio por el encarcelamiento de su enemigo. Su planeta de origen sufrió por ello y ahora los papeles eran completamente distintos. Tal vez si esas habilidades se hubiesen apreciado en sus tiempos, las cosas habrían sido diferentes. Esos eran los guardianes de Cybertron.

El combate aéreo continuaba con una intensidad feroz. Los cazas Decepticon se movían como sombras, desapareciendo y reapareciendo en diferentes puntos del cielo. Los tecno-orgánicos intentaban adaptarse, pero cada táctica era contrarrestada con precisión letal.

La conclusión de la batalla era más que obvia los ánimos ascendieron mientras Megatron observaba con orgullo a sus tropas, hacía mucho que había olvidado lo increíble que realmente eran, la capacidad en estrategia, así como maniobras de combate demostraban como al final sus decisiones parecían haber diezmado sus habilidades, él olvido eso y por ello pago el precio, ahora solo restaba esperar y ver el resultado final.

Continuará…