La Revolución de Mestionora

En un Mundo Medieval.

Lo primero que sintió fue un calor sofocante, como si se encontrara encerrada en una habitación en llamas a pesar de no poder ver nada en absoluto.

Lo siguiente que notó fue la voz de una niña pequeña pidiendo ayuda y quejándose del calor hasta que la dejó de escuchar. Después de eso percibió la voz amortiguada de alguien en un idioma que parecía alemán pero que era incapaz de comprender. Sus ojos se abrieron entonces, encontrándose con que no estaba en el hospital sino en una habitación polvosa y sin pintura alguna, en una cama dura y extraña.

Tardó algún tiempo en darse cuenta de que estaba en el cuerpo de una pequeña niña enferma, encerrada en una habitación con demasiada fiebre. Al menos, el tiempo que la fiebre tardó en bajar, lo cual pudo haber sido algunas horas o algunos días, fue suficiente para que comenzara a comprender el idioma y averiguara el nombre de la gente que vivía a su lado.

Effa era la madre de la niña en cuyo cuerpo estaba residiendo ahora. Tuuri era la hermana mayor. Gunther era el padre. Un padre amoroso y preocupado que la hizo sentir dolor y nostalgia.

Suponía que su propio padre había sido amoroso y preocupado, pero de un modo distinto, no estaba muy segura. Durante toda su vida, lo único que podía evocar en su memoria eran páginas de un viejo libro sostenidas por unas enormes manos cálidas, el tenue aroma a maderas de la colonia de su padre y café y un índice que la ayudaba a perseguir las letras antes de acariciar su mejilla cada tanto.

El nombre de la niña a quien parecía estar suplantando era Myne y tenía cinco años.

Myne pasó la mayor parte de su vida entre las cuatro paredes de la habitación. Una parte muy pequeña en el maltrecho y viejo comedor desvencijado junto a la improvisada y diminuta cocina y una parte aún más pequeña, un par de horas… campanadas a lo mucho, en el pasillo del edificio según alcanzó a escuchar.

—¿Cuándo podré salir? —preguntó Urano en el cuerpo de Myne, sentada en el comedor y ayudando a su madre por primera vez a preparar la insípida comida que resultó ser lo que comían todos y no comida de enfermo.

—Cuando te hayas fortalecido lo suficiente, querida.

Suspiró, pelando la especie de papas que su madre acababa de dejar junto a ella.

No estaba muy segura de cómo actuar con esta familia. Ella no era Myne, o al menos pensaba que no lo era. Creía con firmeza que solo estaba suplantando a la pobre niña indefensa y enfermiza, así que trataba de no hablar demasiado y en cambio, observaba sin saber muy bien que esperaban de ella o como debería comportarse para seguir usando ese cuerpo.

También le molestaba el pobre nivel de higiene en la vivienda o la falta de material de lectura… sin hablar de su corta estatura y su falta de fortaleza. Necesitaba informarse más sobre el lugar en que vivía ahora si quería sobrevivir, si quería ayudar a esta familia a mejorar sus vidas. Era lo menos que podía hacer luego de robarles el cuerpo de su preciada Myne y hacerles creer que la pobre y desdichada criatura seguía con vida… de haber sido uno de sus propios hijos quien hubiera muerto y luego recibido el alma de alguien más, sería lo menos que esperaría. Que el nuevo inquilino se comportara y apreciara los esfuerzos de todos por tratarle bien.

—Ahm… ¿mamá? ¿Está bien que tires el agua de las verduras?

Effa se detuvo de lo que estaba haciendo, mirándola al igual que Tuuri, ambas afanadas con la comida insípida que comerían en un rato más.

—Bueno, siempre se ha preparado así la comida, Myne. Hierves las verduras para que se cocinen bien, se reblandezcan de modo adecuado y luego les tiras el agua para usar las verduras cocidas.

—¿Por qué lo preguntas, Myne? —preguntó Tuuri de inmediato.

—Bueno… pensé que, tal vez sería mejor si dejaras el agua de las verduras. Podría absorber más fuerza de la comida… incluso podría llenar más mi estómago si dejaran el agua en las verduras. He notado que deja de ser transparente y toma otro color antes de que lo tiren, además de oler muy bien.

'Yo fui ama de casa muchos años, señora Effa, y créame, le está tirando todos los nutrientes y el sabor a la comida. Sé que parezco su hija pequeña, pero en realidad soy mayor que usted. MUCHO mayor que usted.'

Madre e hija se miraron la una a la otra. Effa sonrió entonces, acunando su mejilla antes de retomar su labor.

—Está bien, Myne. Le dejaré el agua a las verduras que cocinemos mañana para probar, ¿te parece bien? Un poco de agua no puede hacerte mal.

Tal y como prometió, Effa le dejó el agua a las verduras al día siguiente y todos, incluso Gunther, se mostraron asombrados por el cambio de sabor.

Urano, Myne, sonrió con amabilidad ante sus palabras de sorpresa y alabanza. Luego de enseñar a su hija menor a preparar comida para sus nietos, estaba más que confiada en sus habilidades para mejorar la nutrición en la casa de la difunta Myne.

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"¡Tuuri, ¿estás bien?!" preguntó alarmada, dejando de lado lo que estaba haciendo para correr a socorrer a su hermana, la cual acababa de tropezar con la cubeta de agua en las manos.

Podía sentir lágrimas en sus ojos a punto de salir y su corazón latiendo desbocado por el susto… cómo si esta niña de verdad fuera un importante miembro de su familia.

"Estoy bien, Myne, no te preocupes." Respondió la peliverde poniéndose de rodillas.

Por alguna razón, su cuerpo se movió solo, aferrándose a ella de inmediato para abrazarla, sintiéndose un poco más tranquila cuando la otra niña le devolvió el gesto.

"Myne" se rio Tuuri un poco "aunque parezcas más madura sigues siendo una pequeña llorona. Jajaja. Estoy bien, ¿lo ves? No tienes que llorar y abrazarme cada vez que me pasa algo. Mejor ayúdame a secar un poco."

El comentario era extraño. Sus sentimientos eran extraños. ¿Serían residuos de la Myne original? No estaba segura, pero hizo lo que se le indicó.

Algo más tarde, esa noche, se despertó sobresaltada, llamando a Tetsuo con todas sus fuerzas sin dejar de llorar. La puerta de la habitación se abrió y su padre entró de inmediato, abrazándola y sentándose en la cama. Cuando al fin logró calmarse, se dio cuenta de que en su sueño se había mezclado la muerte de Tetsuo con su propia muerte. Había sido aterrador.

"Shhh, shhh, ya pasó, Myne. Fue solo un mal sueño. Papá está aquí."

Ella solo asintió, sorbiendo por la nariz antes de pegarse más al enorme cuerpo del hombretón que ahora era su padre. Su madre apareció pronto con un trapo viejo, pero limpio, secando su rostro con cuidado y limpiando su nariz sin dejar de sonreírle. Una vez que su cara estuvo limpia, Urano se abrazó del hombre, hundiendo su rostro en su pecho y escuchándolo reír un poco.

"Tranquila, pequeña. Sabes que papá se quedará contigo hasta que te duermas. Siempre lo hago. Ese Teso o como se diga no te hará daño."

"¿Otra vez esa pesadilla?" preguntó su madre.

"Eso parece. Hacia un par de temporadas que no se despertaba gritándolo."

Quiso preguntar pero no pudo. Por alguna razón, el aroma a cuero, metal y algo más la dejó tan adormecida que solo se sintió muy pesada y luego se durmió de nuevo.

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Algunos días después, Effa comenzó a enseñarle a coser. La mujer se veía nerviosa mientras Urano sentía un poco de reticencia a aceptar la aguja. Pronto se deshizo de su ansiedad, recordando la de veces que había tomado hilo y aguja para arreglar alguna prenda o juguete de sus hijos y sus nietos. Estaba segura de que su odio a la costura se había esfumado con los años… luego se encontró más que feliz cuando Effa comenzó a felicitarla y a motivarla a seguir. Era como si la opinión de está mujer tuviera un peso enorme sobre ella, haciéndola desear más halagos… cuando de niña los halagos de su propia madre no fueron suficiente motivación para redirigir su atención hacia actividades diferentes a la lectura.

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Según sus cuentas debía haber pasado un mes desde que despertó en el cuerpo de la niña… solo que ya no estaba tan segura de que hubiera matado a Myne para robarle su cuerpo.

En ese tiempo la calidad nutricional y de sabor en la comida se incrementó bastante. Su higiene personal y de la casa, además de su familia también mejoró. Nunca estuvo más feliz de que su madre la obligara a tomar todas esas clases de tecnología autosustentable y talleres diversos porque le estaban sirviendo para mejorar la vida de esta familia y eso era mucho más reconfortante que usarlo solo como actividades de vacaciones para entretener a sus hijos o a sus nietos. Por no hablar de todos esos apuntes de investigación científica que Tetsuo solía entregarle para leer… su Tetsuo le había obsequiado una infinidad de conocimientos. Una pena que no estuviera ahí él también.

—Mamá, ¿puedo acompañarte al mercado ahora?

Effa la miró desde el depósito de leña en tanto Tuuri la veía desde la puerta con un cubo para el agua en una mano.

—Myne, que no te hayas vuelto a enfermar todavía, no significa que puedas…

—Mamá, ¿por qué no la dejas intentarlo? Si me esperan, las acompañaré para ayudarte a cuidarla si se cansa. —intervino Tuuri en ese momento, haciéndola sonreír.

Cuando todavía era Urano, su marido la convenció de acompañarlo al gimnasio en algún punto después de su segundo año de matrimonio. Era un tiempo que podían pasar cuidando de sí mismos e incluso charlando un poco sin la distracción de libros y objetos de investigación científica. Ella había iniciado con rutinas sencillas que un mes después le empezaron a dotar de más energía y un mejor descanso por las noches. Hubo temporadas en que dejaba de ejercitar, pero siempre volvía de manera inevitable. Probó diversos tipos, algunos más divertidos y gratificantes que otros, no siempre en compañía de Tetsuo, por desgracia.

Luego de que su marido murió, su hija la introdujo al mundo del yoga, así que ahora, en el cuerpo de la enfermiza Myne optó por comenzar con ejercicios de yoga y luego comenzó a introducir poco a poco otros ejercicios para fortalecer su cuerpo y mejorar su sistema inmune. No necesitaba que Tetsuo le mostrara de nuevo los resultados de diversas investigaciones sobre los beneficios de ejercitarse con regularidad… aunque se sentiría de lo más agradecida teniendo a Tetsuo de vuelta.

—¿Estás segura, Tuuri? Myne es tan pequeña todavía… y es tan frágil…

Effa no lo sabía porque era más el tiempo que pasaba fuera, trabajando en un taller de teñido de telas que en casa con ellas dos, pero Tuuri estaba consciente de todo el esfuerzo que ella estuvo poniendo a lo largo del mes para fortalecerse.

—¿Por qué no la dejas que me acompañe hoy al pozo? Si puede bajar y subir sin ayuda y sin tomar muchos descansos, debería ser capaz de acompañarte al mercado.

Tuuri le sonrió y ella sonrió de regreso. Effa pareció considerarlo un momento antes de soltar un suspiro derrotado y sonreírles a ambas.

—Supongo que nada perdemos con intentar. Myne, no te sobre esfuerces. Podrías terminar en cama con fiebre de nuevo.

—¡Gracias, mamá! —respondió conteniendo sus ganas de saltar emocionada. Estaba aburridísima de ver solo el interior de la casa de Myne mientras que los adultos y la misma Tuuri entraban y salían como si nada.

El recorrido de ida y vuelta no fue lo que esperaba. Resultó que vivían en una especie de condominio, en un cuarto o quinto piso, no estaba segura. Perdió la cuenta y el aire a poco de terminar de bajar. Ni hablar de la subida de regreso, tuvo que detenerse al menos dos veces para retomar el aliento y subir a un ritmo que no le provocara una recaída.

—¿Mamá? —llamó cuando logró regresar a casa y sentarse en uno de los bancos de la mesa—, quizás… deba esperar… unos días más.

Effa se burló un poco de ella en el mismo tono en que ella se había reído de sus propios hijos y nietos cuando descubrían que alguna advertencia de los adultos tenía más peso del esperado en ellos. Ni siquiera se sintió ofendida, solo sonrió al estar de nuevo del lado de quien recibe las advertencias, pero comprendiendo a quien advierte.

—Bueno, si no te enfermas esta noche, creo que podrías empezar a acompañar a Tuuri al pozo hasta que te acostumbres. Eso debería ayudarte a construir tu resistencia, Myne.

Solo asintió antes de tomar aguja, hilo y comenzar a zurcir un poco de ropa del cesto de ropa rota.

Nunca fue muy buena haciendo ese tipo de cosas, sin embargo, mirando su nuevo entorno adivinó que ayudar con quehaceres pequeños que le supusieran estar sentada ayudaría más a su familia que solo reclamar porque la actividad no le gustaba. Además, siempre podía bordar alguna línea de alguno de sus libros preferidos en japonés con el hilo, argumentando que era solo un adorno. De ese modo, siempre que veía a alguien de la familia tenía un modo de leer algo.

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Esa noche se dio cuenta de que no había robado ningún cuerpo, que ella era Myne.

Urano sentía unas ganas terribles de orinar, así que se enderezó y se desperezó lo mejor que pudo, bajando de la cama familiar y sacando la desagradable jarra donde todos hacían sus necesidades a falta de un baño adecuado. Estaba por volver a acostarse cuando notó la luz que provenía de la puerta a medio cerrar y escuchó los susurros de sus padres, atrayéndola, dejándola sentada junto al umbral en completo silencio.

—Tienes razón. Nuestra Myne debe estar madurando —escuchó que Gunther decía y casi podía verlo sonreír enternecido y aliviado—. Ya no habla de querer dormir todo el día para visitar ese lugar extraño con edificios altos y brillantes.

—¡Es cierto! Ahora ayuda tanto en la casa y da tantas sugerencias que no había notado que dejó de hablar del lugar en sus sueños…

—¿Cómo era que llamaba a ese lugar? ¿Nijón?

Ambos padres se rieron y ella se llevó la mano a la boca, sorprendida e incrédula.

No había tomado el cuerpo de nadie… había renacido… y al parecer, estuvo tan cerca de morir que su consciencia como Urano debió resurgir para salvarse a sí misma… Tetsuo estaría fascinado con un proyecto de investigación como ese… Shuu y Akane no pararían de hablar de las posibilidades ante semejante isekai llevándose a cabo, riendo y burlándose de que el par de "aguafiestas" siguieran negándose a ver las verdades y posibilidades ocultas en los mundos de fantasía ofrecidos por el anime y el manga.

—Bueno, ella sigue inventando palabras —informó Effa con una risita divertida—. También se ha vuelto más paciente y decidida, ¿sabes?

—Quizás nuestra pequeña Myne pueda tener un futuro, después de todo.

—Si, pero… ¿qué tipo de futuro? Ojalá deje de enfermar y se fortalezca lo suficiente o no podrá casarse… no creo que le agrade tener que vivir con nosotros toda su vida.

Por un momento sintió una punzada de miedo y dolor.

¿Esas eran sus opciones? ¿Casarse o quedarse en casa de sus padres como una solterona enferma?

Qué lugar tan terrible era ese si solo tenía dos opciones en la vida. Necesitaba reunir información del lugar donde renació si quería forjarse un futuro distinto.

Quería casarse de nuevo, era cierto… pero quería casarse por amor y no por necesidad. Lo que tuvo con Tetsuo, aunque forzado en un inicio, fue un verdadero acierto, porque las familias de ambos estaban tan preocupados de que estuvieran solos, que no tardaron en hacerlos ver a la persona que podría hacerlos felices… algo le decía que no contaría con tanta suerte en esta vida.

Luego sintió remordimiento. Sus recuerdos de su vida anterior estaban demasiado frescos, lo cual era inesperado. Podía recordar cada detalle como si fuera una película que acababa de ver en el cine… solo que esa no había sido una película. Recordó todas las veces que sus hijos y nietos estuvieron enfermos. Su preocupación. Sus esfuerzos por ayudarlos. Su alivio y alegría al verlos sanos de nuevo. El dolor de ver a Tetsuo en cama por un mes entero y el vacío de decirle adiós.

Effa y Gunther, SUS padres, no merecían cuidarla con la esperanza de verla mejor y luego despedirse de ella porque volvía a morir. No sería justo para ellos y todos los esfuerzos que estaban haciendo para procurarla.

—Ya sea que se case o no, me siento aliviado de que lleve tanto tiempo saludable. ¿Tú no, Effa?

Los escuchó besarse y reír. Los escuchó besarse más y la tela rozándose y decidió que había espiado suficiente, sonrojándose mientras se ponía en pie para luego subir de vuelta a la cama con una sonrisa enorme antes de esconder su cabeza debajo de las almohadas.

Sus padres eran adultos. Por supuesto que no iban a divertirse y concebirle más hermanitos en la misma habitación en que dormían ella y Tuuri.

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—¿Cómo me veo?

Tuuri sonreía mientras levantaba los brazos y daba una vuelta despacio para que todos la vieran. Su hermana cumplía siete, lo que significaba que tendría su bautizo.

—¡Tuuri es un ángel! —exclamó por completo en su papel de hermana pequeña, aplaudiendo contenta y apresurándose a sacar el obsequio que hizo con tanto cuidado el último mes—. Solo te falta algo bonito para ser perfecta, Tuuri. ¡Felicidades por tu bautizo!

Su hermana la miró confundida y ella le hizo algunas señas para que se sentara. Myne le acomodó el cabello a su hermana en un par de trenzas a los lados, juntándolas, enrollándolas un poco y atravesándolas con un palillo similar al que ella misma usaba ahora, pero con un conjunto de flores tejidas con hilo de colores, dando un paso atrás cuando se aseguró de que el peinado no iba a deshacerse.

—¡Oh, cielos! ¡Tuuri, te ves hermosa! —premió su madre sin poder moverse ahora.

—¡Mi hermosa hija mayor parece una niña rica! —se rio su padre con alegría, alzando a Tuuri y dándole vueltas, haciéndolas reír a todas en la casa—. Te escoltaré todo lo que pueda para evitar que algún niño insulso intente robarte, Tuuri.

Todas rieron de nuevo y su padre bajó a su hermana al suelo. Las dos niñas se abrazaron entonces y Tuuri se retiró con cuidado el palillo, abriendo mucho los ojos al examinar el regalo para luego mirarla a ella y abrazarla en verdad emocionada y agradecida.

—¡Myne, es hermoso! ¡Gracias! ¿Está bien que lo use mañana? ¡No quisiera ensuciarlo o perderlo!

—¡Por supuesto! Lo hice para exaltar la belleza natural de mi hermosa hermana mayor, ¡la mejor hermana mayor del mundo!... Bueno, Ralph me ayudó a tallar el palillo está vez.

Con placer observó a su hermana sonrojándose apenas un poco antes de mirar de nuevo el obsequio, pasando los dedos no solo por la flor, sino también por el delicado tallado que hacía parecer el palillo como un tallo con las hojas pegadas.

Como Urano, nunca tuvo hermanos. No era común que la gente en Japón tuviera más de un hijo y su madre, aunque quisiera no podía darle hermanitos a menos que se casara de nuevo… y su madre nunca se volvió a casar. Decía que ya había encontrado al amor de su vida y que de todos modos Urano necesitaba de todo el apoyo que pudiera darle.

Tener una hermana mayor siendo Myne era algo nuevo que le gustaba mucho… sospechaba que disfrutaría bastante ser ella la hermana mayor.

—¿Me van a acompañar mañana?

Myne asintió contenta. Algún tiempo atrás notó que ya poseía suficiente fuerza y resistencia como para bajar del edificio, caminar despacio por algunas cuadras y luego volver. Todavía necesitaba hacer un alto para descansar antes de regresar a casa, pero cada vez era menos el tiempo que invertía en ello.

También se enfermaba menos. La fiebre ya solo le daba una o dos veces por mes y no duraba más de un día. Encontrar el truco fue una verdadera bendición. No entendía bien como era que funcionaba, pero si se concentraba en imaginar el calor que intentaba cocinarla desde dentro y luego lo metía todo bien recogido en una caja imaginaria, la fiebre se iba, aunque la dejaba exhausta todo el proceso.

Para el día siguiente la familia entera bajó a la ciudad junto con sus vecinos para observar a Tuuri y a Ralph caminando por las calles hasta el Templo.

Su padre y su amigo Lutz la llevaron una parte de la caminata para que pudiera mirar a Tuuri tanto como le fuera posible. El Templo estaba más lejos que la puerta Norte, donde uno de los compañeros de su padre la estuvo instruyendo para que aprendiera a leer, lo cual era un enorme apoyo emocional. Solo eran informes y cuentas, pero ahora tenía un poco de material de lectura y podía escribir lo que deseara.

Cuando su hermana y el hermano mayor de Lutz volvieron del templo, las dos familias se reunieron alrededor del pozo junto a otras familias con niños en ropas bautismales para compartir la comida.

La mayor parte de esta era insípida, pero eso se arreglaría pronto. Myne y su madre pasaron buena parte de la tarde explicando a las vecinas los pequeños ajustes que estuvieron haciendo a lo largo de los últimos meses para conseguir comida más nutritiva y sabrosa. Ralph y sus hermanos presumieron entonces como estaban planeando ayudar a Myne a tallar cosas porque les parecía que los artículos como la horquilla de Tuuri los ayudarían a conseguir más dinero y mejorar sus habilidades. Tocado el tema de las horquillas, varios de sus vecinos comentaron lo brillante que se veía el cabello de ellas o lo saludable que ella se notaba… para su consternación, los padres de Lutz también comentaron lo poco que había crecido a pesar de todo. Por supuesto Myne no tardó nada en pedirle a su padre que la midiera.

Saludable y bien alimentada, con ejercicio en su rutina diaria y todo… no importaba. Si había crecido un centímetro era mucho.

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Estaba un poco nerviosa, reajustando su cabello y asegurándose de que su ropa nueva estaba impecable. Sabía que no era de la mejor calidad del mundo, pero era mucho mejor que la que tenía antes, llena de parches con escritura en japonés por todos lados y demasiado delgada.

—¿Estás segura de esto, Myne?

Sonrió al niño rubio con el cabello limpio junto a ella, quien no paraba de mirarse en la fuente del centro de la ciudad.

—Tú quieres ser un comerciante y yo quiero mejorar la vida de los demás, en especial la de mi familia. Tenemos con qué conseguir todo eso, Lutz. No te preocupes. Confía en lo que practicamos y en las habilidades de tus hermanos.

Lutz soltó un suspiro y ella le sonrió, acomodándole un mechón de cabello rebelde para terminar de calmarse. Esto le recordaba mucho a cuando hizo su entrevista de trabajo para conseguir el empleo de bibliotecaria que tanto deseó en su vida anterior.

Le tomó tiempo en esta nueva vida, pero ahora tenía una meta clara. Ya había experimentado la felicidad de ser bibliotecaria, los altos y bajos de ser esposa y de ser madre. Esta vez quería ser útil a la sociedad en una escala un poco mayor. El orgullo que sintió al darse cuenta de que todos en su edificio parecían más saludables y felices luego de las pequeñas mejoras que estuvo introduciendo poco a poco era algo que quería volver a experimentar, comprendiendo de pronto parte de la obsesión de Tetsuo con investigar y mostrar sus resultados al mundo entero o que se pusiera más arrogante y juguetón de lo usual cuando uno de sus descubrimientos era utilizado para mejorar la vida en general.

Si además de alcanzar ese pequeño ideal conseguía dinero para que su familia no tuviera que seguir viviendo en la parte más pobre de la ciudad baja y conseguía apoyo para Lutz por parte de sus hermanos, mejor aún.

—Lutz, Myne —los llamó el compañero de trabajo de su padre, el señor Otto, haciéndolos voltear.

El señor Otto venía acompañado de un hombre de cabello color arena y un traje mucho más colorido y vistoso que el del contador no oficial de la puerta norte. Ese debía ser el mercader con que los presentarían.

—¿Estás listo Lutz?

Su amigo puso una cara seria y asintió. Ambos procedieron a dar los saludos tal y como el señor Otto les enseñara y luego de ello, comenzaron a explicar sus ideas.

Myne dio la mayor parte de las explicaciones, en tanto Lutz entregaba las pruebas de aquello en lo que estuvieron trabajando por tanto tiempo. Shampoo & Acondicionador al que llamaron Rinsham neutro y con otros dos aromas, uno de flores para mujeres y otro herbal para hombres, resaltando que las hermosas botellas de madera con tallas alusivas a cada aroma eran obra de sus ebanistas, los hermanos de Lutz. Muestras del papel que tanto le costó conseguir con ayuda de Lutz dentro de un folder que les costó aún más trabajo armar y cortar. Tinta especial hecha a base de grasa y hollín. Lápices de grafito y madera que resultaron todo un reto. Algunos panecillos dulces. Velas con aromas florales y figuras de flores esculpidas también por los hermanos de Lutz y para terminar, flores tejidas con hilo en macramé que podían utilizarse en horquillas de madera tallada como el que ella utilizaba, en peinetas esculpidas en madera o bien añadirse a la ropa con algunas puntadas.

—¡¿De dónde sacaron todo esto?! —exigió el hombre incrédulo.

Myne sonrió. Casi podía ver signos de yenes en sus ojos. Todo un comerciante.

—¡Nosotros lo hicimos todo! —declaró Lutz—. Myne tiene las ideas y yo las desarrollo cuando es demasiado pesado para que lo haga ella. Es muy enfermiza.

—¿Le han hablado a alguien más de esto? —exigió el señor Benno.

—Los hermanos de mi socio nos ayudaron con el tallado en madera y cera. Por otro lado, le he mostrado algunas de las cosas al señor Otto para convencerlo de presentarnos con usted, señor Benno —aclaró Myne de inmediato sin dejarse amilanar por la voz del hombre frente a ellos, quien comenzó a observarlo todo una vez más con ojo clínico y a probar algunas de las cosas.

—Bien, entonces, ¿quieren vender sus ideas?

—No, queremos poner nuestro propio taller y permitir que usted nos ayude a conseguir compradores para nuestros productos —dijo Lutz con firmeza, imitándola y haciéndola sonreír.

—Lutz y yo somos socios, señor Benno. Imagino que habrá notado el potencial de venta de todo esto, así que, ¿por qué no negociamos?

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Lo admitía. Vender nunca fue su fuerte y negociar tampoco, aunque con un marido como el que solía tener, negociar por cosas que deseaba ella y cosas que deseaba Tetsuo o Shuu y Akane eran cosa de cada semana… hasta que llegaron sus hijos y empezaron a pedir cosas, entonces se volvió algo de todos los días.

Por supuesto el señor Benno era mucho mejor negociante que ella. No por nada era un comerciante. Al menos le quedó la satisfacción de que ahora mismo la estuvieran tratando como a una igual y se respetara su opinión.

—¡Myne, eres sorprendente! —murmuró Lutz cuando al fin volvieron a casa algunas campanadas más tarde con un poco de dinero extra cada uno y sonrisas orgullosas en los rostros.

—No, no lo soy. Solo… estuve practicando mucho lo que podría pasar hoy.

—Aun así, pensé que me había preparado para todo, pero ahora me doy cuenta de que no se me ocurrió ni la mitad de las cosas que sucedieron.

Ambos se sonrieron y ella tuvo que confesar.

—No te sientas mal, Lutz… tuve que aprender a pensar en muchos escenarios distintos antes… cuando… ya sabes… antes de renacer como Myne.

El niño sonrió aliviado. Dado que se volvieron socios durante el final de la primavera, Myne terminó por contarle de donde sacaba todas esas ideas innovadoras y lo que sabía hasta el momento. Que el niño estuviera tan dispuesto a creerle debía deberse a que era joven e impresionable.

¿Cuántas veces tuvo que advertir a sus hijos sobre no impresionarse demasiado con lo que los adultos y otros niños decían y contarle todo para ayudarlos a dilucidar entre lo que era real, lo que era ficticio y lo que podía ser una trampa?

—Entiendo. A veces se siente como si hicieras trampa, pero ¿sabes una cosa? En realidad, no me molesta. Es agradable tener a alguien que me enseñe un poco más.

Los dos sonrieron, despidiéndose cuando llegaron al piso de Myne y prometiendo verse al día siguiente. Lutz solo siguió subiendo. Él y su familia vivían en el piso de arriba.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Tuuri! ¡He vuelto! —anunció contenta antes de dejar casi todo su dinero en la mesa para apoyar con la manutención de la casa y comentar sobre su día y el de los demás… aunque los demás casi no hablaron. Parecían incrédulos por lo que habían logrado ella y Lutz.

—Y el dinero quédatelo, Myne —le dijo su padre, tomando las monedas y colocándolas en su mano antes de cerrarla, haciéndola consciente de la diferencia increíble en tamaños.

—Pero, papá, ustedes se esfuerzan tanto y me han cuidado por tanto tiempo…

—Si, pero es tu primer sueldo, pequeña. Consérvalo al menos por esta vez, ¿sí?

Miró a su madre y a su hermana y ambas le sonrieron, asintiendo a las palabras de su padre, contagiándola con su alegría.

—¡Gracias, papá! —gritó de inmediato, lanzándose a los brazos de su padre con una nostálgica sensación de deja vú.

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Notas de la Autora:

Hola, hola.

Pues nuestra linda y adorable shumil me tiene todavía entre sus garras, jajajajaja, aunque llevo algo así cómo dos años trabajando de manera esporádica en esta historia y, bueno, decidí que era hora de comenzar a postearla, ya saben, para poder leer los comentarios de ustedes, jejejeje.

Si bien tengo ya varios capítulos escritos, estoy haciéndoles ajustes de cosas que no noté antes, cuando comencé este proyecto por el ansias de llevarlo a cabo... y admito que la culpa de esta historia es de Ferdinand y de algunos amigos de escritura... así que si notan alguna contradicción o algo que puede agregarse, no duden en postearlo, los estaré tomando en cuenta para mejorar la historia.

¿Y qué les parece esta Myne? pensé que sería bastante interesante si en lugar de tener a nuestra aspirante a bibliotecaria demasiado centrada en los libros, tuviéramos a la que logró alcanzar sus sueños y construir una vida familiar. Habiendo leído tantos libros como pudo, amado y mejorado sus relaciones familiares, ¿qué nuevas ambisiones podría perseguir esta Myne? Solo hay un modo de averiguarlo.

Y ahora sí, bienvenidos a la duología "Luz y Oscuridad" con el primer libro, "La Revolución de Mestionora". Cuando nos acerquemos a la recta final (no tengo ni idea de cuando sería eso o dentro de cuantos capítulos), avisaré del nombre del segundo libro... que espero tener más avanzado, solo tengo un probable inicio hipotético y un final definido... una escena final para ser más exacta, jajajaja, así que nos espera un largo camino. Espero lo disfrutemos juntos.

SARABA