Muy buenas a todos, les traigo el siguiente capítulo de esta historia, cuya canción correspondiente es "Luck Runs Out" de la saga del Océano del musical de Epic. La traducción podría ser "La Suerte se Acabe" o "La Suerte se Agote" dependiendo de la interpretación personal. Un enorme agradecimiento a Ana Karen por seguir comentando los capítulos y estar al pendiente de las actualizaciones. Sin más que decirles, los dejo con el cap.


Capítulo 11: La Suerte se Acabe

Bolt no perdió el tiempo. En cuanto los barcos estuvieron asegurados al costado de la isla flotante, se dirigió a su habitación y comenzó a ponerse su armadura y equipamiento encima. En un par de minutos ya estaba listo, pero cuándo salió de su cuarto para tomar su espada, Jack se le acercó con una mirada consternada.

–Por favor, no me digas que estás por hacer lo que creo que estás por hacer –Maulló con preocupación.

Bolt siguió su camino a recoger la espada, volteando de reojo a ver al gato negro. –Todos hemos escuchado las leyendas de la isla en el cielo, Jack. Esto prueba que son verdad –El can se detuvo para voltear a ver a su segundo al mando–. Estamos en el hogar del dios del viento.

–Eso no te consta; no lo sabemos con certeza.

Bolt contuvo sus ganas de rodar los ojos. –¿Cuántas islas flotantes has visto antes de hoy? Este debe ser el hogar del dios del viento –Reafirmó con convicción.

Jack suspiró resignado. –Bien, ¿y cuál es el plan entonces?

–Voy a escalar a la cima y pedirle ayuda con la tormenta.

El gato abrió los ojos como si hubiera escuchado la idea más descabellada de toda la vida, y se le interpuso en el camino a Bolt cuando este intentaba darse la vuelta para continuar el camino hacia su espada.

–Podrían sorprenderte con la guardia baja y matarte –Exclamó el gato, mirándolo fijamente–; o podrías hacer enojar a este dios e inundarnos de problemas por ello. No olvides que las deidades son sumamente poderosas—y peligrosas por lo mismo.

Si bien la advertencia de Jack era sensata, Bolt había lidiado con una deidad durante muchos años, y, honestamente, se atrevería a decir que no eran particularmente distintos a los mortales, salvo por sus poderes e inmortalidad. Igual se enojaban, ofendían, y alegraban por cosas sencillas, e igual se podía negociar con ellos. Por eso Bolt se sentía confiado en que podía apelar a con el dios del viento y conseguir lo que necesitaban.

–Ten fe, amigo, ya hemos llegado hasta aquí –Le dijo a su segundo al mando tratando de tranquilizarlo.

–Sí, pero ¿cuánto falta para que la suerte se acabe? –Cuestionó el gato. Bolt de reojo pudo ver que algunos de los hombres comenzaban a voltear, e incluso a acercarse un poco a escuchar la conversación–; ¿cuánto falta para que todo se vaya en picada?, ¿para que todos perdamos nuestras vidas? Capitán, confías demasiado en tu ingenio, y personas mueren por ello.

–Aun creo en la bondad, Jack –Replicó el can, alzando levemente la voz para que se le escuchara con claridad–, y aun creo que podemos ser amables. Guiarnos con el corazón, y ver que logramos con ello.

–¿Y qué haremos cuándo eso nos destruya a todos?

La insistencia del gato bombay comenzaba a meterse en los nervios de Bolt. Pero, más importante que eso, le hizo surgir una duda nueva.

–¿De dónde vienen todas estas dudas, Jack?, ¿hay algo de todo esto que te tenga particularmente preocupado?

El gato desvió la mirada por un momento.

–Solo no quiero perder a otro compañero, ¿bien? –La mirada ámbar de Jack era firme, aunque preocupada debajo de ello–. Capitán, eres como el hermano sin el que no podría vivir.

–Exacto, Jack –Retomó Bolt–, hemos atravesado toda clase de situaciones juntos; nos ha ido bien y nos ha ido mal, ¿y ahora, de pronto, dudas que pueda resolvernos esta situación?

–¡Capitán, por favor! –Insistió el gato, alzando la voz considerablemente–; ¿cuánto falta para que la suerte se te acabe?, ¿cuánto para que tus días de gloria lleguen a su fin?, ¿para qué la fuerza te falle, y colapses por el peso de tus acciones? ¡Te apoyas demasiado en tu ingenio, y hay gente muriendo por eso!

Antes de responder, Bolt tuvo que tomar un respiro profundo, en especial porque notó que ya había varios de sus hombres rodeándolos a distancia no muy sutil, claramente escuchando la discusión, y murmurando entre ellos.

–Gracias por tu preocupación, Jack, pero puedo asegurarte qué no es necesario angustiarse. Ya estamos cerca, nuestro viaje casi ha terminado –Mientras seguía hablando, volteó alrededor para dirigirse a sus demás hombres junto con Jack–. Entiendo que estemos cansados, entiendo que estemos desconcertados y hartos… Pero no olvidemos todo lo que ya hemos logrado hasta ahora –El pastor suizo volvió a mirar a su compañero felino–. Llevé seiscientos hombres a una guerra de diez años, y ni uno solo de ellos pereció en ese tiempo, en caso de que lo hubieras olvidado –Y antes de que Jack abriera la boca para refutarle, el can se le adelantó–. Si quieres que sigamos discutiendo esto, entonces ven conmigo. Hablémoslo en privado.

Bolt no le dio oportunidad al gato de decir más, y se encaminó de regreso a su habitación, dejando a los hombres murmurando detrás de sí. Una vez en esta, dejó pasar a Jack y cerró la puerta, antes de encarar al gato. No estaba molesto, pero sí tenía que pedirle algo.

–Jack, no puedo tenerte sembrando semillas de duda entre los hombres –Le explicó puntualmente, en voz baja, en caso de que alguno fuera lo suficientemente curioso para poner el oído contra la puerta–. No puedo tenerte poniendo en duda cada ruta nueva que se elija. Valoro mucho tu opinión, eso no se discute; por algo eres el segundo al mando aquí, pero necesito que sepas como presentar estas discrepancias: en privado. Y necesito que seas devoto y fiel a lo que yo decida al final. Porque si no lo haces, me temo que todos vamos a morir en el camino. ¿De acuerdo?

El gato le sostuvo la mirada al can durante todo el diálogo, y una vez que Bolt hubo terminado y le miró expectante, suspiró.

–Está bien.

–Gracias –Bolt esbozó una pequeña sonrisa, y sin decir más, salió del camarote para ir por su espada.

Ya con todo establecido, Jack a cargo mientras el can regresaba, Bolt se acercó a la orilla del barco, y comenzó a trepar cuidadosamente la isla flotante, sosteniéndose de las hiedras que crecían sobre la roca para mayor agarre. Solo tenía que convencer al dios del viento de que les ayudara, y podrían volver a casa.