Capítulo 8
Viendo la verdad
-¡Pero señor, le aseguro que no le miento, ya ha visto cómo han quedado las últimas unidades, siniestro total, es imposible que una persona o grupo de ellas haga algo semejante!
-¿Un dragón escupefuego? ¿Es en serio? ¡Basta de cuentos, sargento! ¡Dígame la verdad!
-¡Señor, le juro por nuestra noble causa y todo lo más sagrado que todo lo que le he dicho es la verdad!
La vena de la frente de Markov se marcó profusamente, conteniéndose las ganas de apretar el gatillo; si no fuera porque ese invierno estaba siendo particularmente duro y llevaban ya varias bajas debido a esto, no dudaría en hacerlo. Pero no podían permitirse más bajas, y menos aún en las condiciones en las que se encontraban. Lo que en su día se previó como una operación rápida y sin complicaciones, se había extendido a un sitio que duraba ya un año y medio tirando para dos, y tanto las tropas como el armamento comenzaban a escasear. Markov bajó el arma, al tiempo que el sargento respiraba un poco más tranquilo, aunque sin bajar la guardia del todo.
-No sé de qué estoy más cansado: si de tontos rumores sin fundamento o de esta guerra que no parece terminar nunca...
El sargento quiso decir algo al respecto, visiblemente pasmado por el primer comentario, aunque Markov se adelantó enseguida comentando.
-Dime al menos que habéis podido neutralizar esa base de los rebeldes...
-Volvimos después para peinar la zona, pero ya no estaban, deben haberse retirado. Aunque dudo que esa sea su única base, deben tener más por toda la ciudad...
-Sí, eso también lo había pensado yo... ¿alguna pista sobre el resto?
-Nada, me temo, esas ratas se esconden muy bien...
El ceño de Markov se arrugó de nuevo, paseándose por el lugar un poco más nervioso que antes; sus ojos oscuros se movieron frenéticamente posándose en un solo punto, murmurando de seguido.
-Si lo que queremos es mantener el sitio vamos a tener que reabastecernos de alguna manera, no llegaremos a después de invierno si éste no cede. ¿Aún tenemos el contacto con la unión?
-Eh... sí, claro, pero... ¿es eso prudente? Quiero decir...
-Tenemos el control del aeropuerto desde el mismo principio y no estamos en espacio aéreo restringido, así que podrían aterrizar y despegar tranquilamente. Me pondré en contacto con ellos, envía un destacamento allí, que lo preparen todo para recibirles, debemos garantizar su seguridad.
-Sí, señor...
Sin ganas de replicarle más al respecto, el sargento se cuadró antes de marcharse rápidamente de allí, dejando a Markov solo con sus propios pensamientos. Si conseguía convencer a sus amigos del este, podrían mantenerse el tiempo suficiente hasta que el invierno pasase. Una vez que el frío se fuera, todo sería mucho más sencillo.
-Sí... sólo debemos aguantar un poco más y el resto saldrá solo. No es tiempo de estúpidos rumores. Sobrevivir es lo que cuenta.
Mientras tanto, afuera, la nieve seguía cayendo sin descanso, tiñendo los escombros de la ciudad de blanco.
-Por favor, tienen que dejarme pasar, necesito comprobar una cosa...
-¡Atrás, civil, esto es una zona restringida!
-¡Por favor, se supone que abrieron un corredor humanitario hace poco!
-¡Eso fue hace semanas atrás! ¿¡En qué mundo vive?! ¡Aléjese de una maldita vez o le disparo!
La cabeza de Adam se sentía como si le fuera a estallar, pero incluso en un momento como ése su instinto de supervivencia fue más fuerte, alejándose de la entrada del aeropuerto para calmarse y reorganizar sus ideas. ¿Cuándo fue que abrieron el corredor humanitario? Por más que trataba de recordarlo no podía. Había estado mucho tiempo buscando a Amelia, y entre el estrés de la guerra y el ansia por encontrarla apenas había descansado. Sin embargo el detalle seguía aún presente en su cabeza. Si hubo en algún momento corredor humanitario en el aeropuerto, debía de haber restos en él. Por lo que, decidiendo enseguida, buscó un punto de acceso que no estuviera muy vigilado y se coló en él.
Hacía mucho desde la última vez que cogió un avión. Por aquel entonces no había guerra y el aeropuerto, aunque pequeño, estaba muy activo y con mucha gente en su interior yendo y viniendo por las terminales y las puertas de embarque. Ahora era una ruina semi derruida envuelta en un denso silencio tan solo roto por el aullido del viento colándose por los ventanales rajados, al tiempo que toda la flota aérea de la única compañía aérea de Graznavia se oxidaba en las pistas de rodaje, con algunos de los aviones aún conectados a las puertas de embarque a través de los fingers. Por suerte para él no había nadie dentro de la terminal, aunque los militares graznis controlaban el aeropuerto desde que comenzó la guerra no cubrían toda su superficie, y por lo que pudo ver desde la cristalera todos parecían estar concentrados fuera, junto a la pista de aterrizaje y despegue. Parecían estar esperando a algo o alguien, pero eso le era indiferente, puesto que le daba una oportunidad perfecta para explorar sin miedo a ser descubierto.
Peinó entonces toda la terminal buscando restos del corredor humanitario, llegando a ver algunas líneas amarillas pintadas en el suelo ya secas pero relativamente recientes, así como enseres varios y objetos personales perdidos en el extremo derecho del lugar.
-Sí, tiene que haber sido aquí... pero ¿por qué no logro acordarme? No debe haber pasado mucho tiempo...-pensó Adam en voz alta en ese momento.
Miró a su alrededor frenéticamente buscando más pistas, comenzando a ver cosas que no había visto antes y que le pusieron un poco más nervioso de lo que ya estaba; un poco más adelante vio un buen montón de casquillos apiñados, así como varios regueros de sangre reseca que se arrastraban en dirección hacia las escaleras. Las cosas debieron de ponerse tensas en algún momento, cosa que a Adam no le gustó nada. Muy inquieto decidió seguir el rastro, subiendo al piso superior donde vio entonces una auténtica carnicería. Si hubiera comido algo lo hubiera echado todo, pero ahora el hambre era algo tan común que jugó en su favor en ese aspecto, pero el detalle no evitó que se sintiera enfermo por lo que veía.
A juzgar por el olor y las pintas no parecían llevar mucho tiempo muertos, no eran muchos, pero el aspecto que tenían era simplemente atroz. Por un momento quiso darse la vuelta y salir de allí, pero en ese momento le pareció ver una cara familiar entre ellos, mascullando de seguido.
-¿¡Hermano?!
Se acercó entonces a él ignorando el olor y todo lo demás para asegurarse, confirmándolo acto seguido; tenía un gesto apacible grabado en su rostro, pareciera que solo dormía, sin embargo la realidad era mucho más cruel y contundente. Ni siquiera en esos momentos supo muy bien cómo reaccionar, no haciéndolo en absoluto. Nunca se había llevado bien con su hermano, pero tampoco deseaba su muerte ni mucho menos. Se suponía que había sido él quien se había llevado a Amelia aprovechando el corredor humanitario, sin embargo allí tan solo había hombres y mujeres, para su buena suerte. Se quedó un buen rato ahí contemplando a su hermano, como si quisiera sacar una reacción que no parecía llegar nunca, sin embargo eso le permitió ver que en su mano izquierda sostenía algo arrugado. Se lo arrebató con suavidad, desplegando un papel y quedándose helado por lo que vio. Ante él se abría un dibujo de Amelia, en el cual se podía ver a ella junto con otros muchos más niños dentro de una casa con la chimenea encendida y esbozando unas tristes pero grandes sonrisas. Fue en ese particular momento cuando por fin obtuvo la reacción que tanto estaba esperando, dejándolo escapar con fuerza sosteniendo el dibujo contra su pecho y la mano de su hermano con la otra mano libre que le quedaba.
-Lo siento... lo siento, hermano, lo siento...
Se dio un buen tiempo mientras iba procesándolo todo, sintiéndose más perdido que nunca, pero antes de que sus propios pensamientos le sumieran en una espiral descendente sin fin el sonido de un avión aterrizando le hizo reaccionar, acercándose a la cristalera para verlo mejor. Nunca pensó que volvería a ver un avión utilizando la pista de aterrizaje, y sin embargo ahí estaba, siendo un Iliushin Il-76, cosa que le chocó aún más puesto que era el último avión que hubiera llegado a ver aterrizar allí.
-¿Eh? ¿Qué hace aquí un avión de carga de la unión del este?
El aparato se detuvo justo en medio de la pista donde se encontraba el grueso de los soldados Graznis, que iban encabezados ni más ni menos que por el general Markov, al cual recordaba haberlo visto por la tele el primer día del alzamiento; el gesto de Adam se contrajo con rabia, entendiéndolo todo un poco mejor y apretando con fuerza el dibujo de Amelia en su puño.
-Maldito cobarde... no contento con asediarnos se vende al este... hijo de puta...
Del avión salió lo que a todas luces parecía un coronel o un mando intermedio del este, dándose la mano efusivamente con Markov mientras comenzaban a hablar, al tiempo que los soldados se movían para descargar lo que hubiera en el avión.
Dado que no podía hacer mucho más simplemente mirando salvo arder de rabia, Adam se dio la vuelta para marcharse, pero en ese momento un agudo chillido se extendió por todo el aeropuerto, al tiempo que una sorpresiva bola de fuego aparecía de improviso desde arriba y se abalanzaba sobre el avión, impactando de lleno sobre él. Como los rotores aún seguían encendidos, la gasolina prendió y el aparato estalló en mil pedazos, sorprendiendo a todos por igual y lanzando a Markov y el tipo del este hacia atrás debido a la onda expansiva de la explosión. Fue entonces cuando, de entre las llamas, surgió la figura de un dragón blanco que dejó atónitos e inmóviles a todos los presentes, como si el tiempo se hubiese detenido. Incluso Adam soltó el dibujo de Amelia por lo que estaba viendo.
-Aquí estoy, Markov. Me dijeron que no creías en mi, por lo que he decidido hacerte una visita personalmente. Te lo voy a decir una última vez. Detén ahora mismo esta guerra sin sentido o la detendré yo.
Los ojos del aludido se clavaron en la imponente figura del dragón blanco, pero su mente, incapaz de aceptar lo imposible, buscó una explicación racional, poniéndose en pie enseguida y espetándole furioso.
-¡No eres real, no puedes ser real, seguro que eres alguna especie de truco psicológico de esos sucios imperialistas yanquis! ¡Desaparece, visión irreal!
Ante esas palabras el gesto del dragón se arrugó aún más, al tiempo que tanto su cola como sus ojos se encendían como brasas, bramando con gran fuerza.
-¿Que no soy real? ¿¡Que no soy real?! ¿¡Cómo te atreves a negarme precisamente a mí, al dragón blanco veraz, al dragón de la realidad y la verdad?! ¿¡Quieres ver si soy real?!
Antes de que alguien pudiera responder a eso, el tipo del este se vio envuelto en un aura blanquecina que le sostuvo en el aire, arrastrándolo hacia su lado y gritando en el proceso aterrorizado; reshiram le miró fijamente, leyéndolo fácilmente cual libro abierto y mascullando de seguido.
-¿¡Eres tan incapaz que necesitas ayuda externa para mantener tu propia guerra?! ¡Es de chiste, das vergüenza ajena!
Aún más anonadado si cabía Markov se mantuvo en sus trece, musitando en ese momento.
-¡Fuego, fuego maldita sea, matadlos a los dos!
Antes de que los hombres del general abrieran fuego, reshiram extendió la burbuja de protección entre ellos, protegiendo con ella tanto al hombre del este como a si mismo; los disparos posteriores rebotaron en su superficie, deteniendo en seco el ataque. Aprovechando esto a su favor, el dragón lanzó una rápida llama azul que separó a Markov de sus hombres, dejándole completamente solo. Reshiram soltó al hombre del este, el cual cayó al suelo aún muerto de miedo pero sin querer acercarse a Markov, el cual parecía estar a punto de colapsar.
-No eres más que un ser vil y abyecto que tan solo desea arrasar con todo por puro placer. Y no te lo voy a permitir más. Tienes veinticuatro horas para cesar las hostilidades. Si para entonces la guerra no ha cesado, iré con todo contra ti. No más medias tintas ni intentos de mediación. ¿¡He sido lo suficientemente claro?!
Las palabras de reshiram se clavaron como dagas en Markov, hiriéndole en su orgullo y haciéndole mucho más daño de lo que él mismo se hubiera llegado a imaginar. Sin embargo no contestó a eso, manteniéndose en pie con las pocas fuerzas que le quedaban sin apenas mirarle a la cara. El gesto del dragón se contrajo un poco más, lanzando un último aullido antes de alzarse en el aire, desapareciendo casi tan rápido como había aparecido.
Una vez solos, el hombre del este le espetó muy airado.
-¡La Unión no tolerará semejante suceso ni un sólo ápice, Markov, absténgase de volver a llamar, y ni se le ocurra volver a intentar asesinarme! ¡Si mis camaradas no tienen noticias mías en las próximas doce horas tenga por seguro de que vendrán a poner orden por aquí muy rápidamente! ¡La pelota está en su tejado, Markov! ¡Más le vale decidir muy bien lo que va a hacer!
Y, tras esas palabras, salió corriendo de allí sin que nadie le detuviera; uno de los hombres se acercó a su general, inquiriendo de seguido.
-¿Qué hacemos, señor?
El aludido tardó un buen rato en contestar, parpadeando rápidamente varias veces antes de mascullar.
-¡Retirada, ahora, nos volvemos a la base!
-Ah, pero, las tropas de aquí...
-¡Que se replieguen inmediatamente, los quiero a todas allí!
-Pe... pero...
-¡Es una orden soldado!
Ese último grito fue particularmente potente, intimidando al soldado que no tuvo más remedio que acatar las órdenes.
Y, así, el aeropuerto quedó desierto, siendo Adam el único testigo de toda esa hazaña. Tardó un buen rato en recomponerse, pero en cuanto estuvo operativo de nuevo recogió el dibujo de su hija y regresó a su refugio rápidamente. Con el dibujo de Amelia en la mano y el eco del rugido de Reshiram aún resonando en sus oídos, Adam sintió algo que no había sentido en años: una chispa de esperanza. Era hora de actuar. Tenía una llamada que realizar.
¡Más reshiram por fin! Bof, al fin logro desatascar esta historia, me ha costado un buen trecho, pero tras releer lo que tenía ya escrito tuve un par de revelaciones y finalmente logré que volviera a fluir. Lo único es que entre el trabajo y otros menesteres apenas he tenido tiempo, pero bueno, ya está aquí. Hablemos un poco del capítulo.
Para que veáis la importancia de releer lo ya escrito, porque muchas veces hasta yo olvido lo que he hecho, he usado acontecimientos previos para escribir los que habéis leído aquí pero cambiando un poco de perspectiva. Como tenía a Adam muy olvidado quise que fuera él quien llevara la voz cantante en el capítulo, lo que me permitió usarlo como punto de partida antes de pasar al plato fuerte con reshiram y teniendo en cuenta lo visto en el anterior capítulo. Gracias a esto la acción fluye sola y se encamina también sola hacia el final, y sí, no creo que tarde mucho más en terminar con esta parte del crossover (que no con todo ello, eso sí), yo creo que con dos o tres capítulos más la visita a Graznavia estará finiquitada ya que no quiero extenderme mucho más.
Y eso es todo de momento, igual aprovecho y le sigo dando caña a este antes de empezar con la cuarta generación de pokémon, pero bueno, vamos en orden primero.
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