No hemos salido a cenar ningún día desde que estamos aquí. Hemos comido algo rápido en los chiringuitos de la playa y hemos tomado algo informal pero cenar no.

Estoy ansiosa por esta noche porque hace meses que no me arreglo.

Me doy una larga ducha, me aplico crema hidratante por todo el cuerpo. Incluso me ondulo el pelo con la plancha, cosa que hace casi un año que no hago por pereza.

Elijo el outfit a conciencia.

Me pongo un vestido azul eléctrico corto de raso con tirantes finos.

No sé por qué le compré porque lo hice por aburrimiento una tarde durante el confinamiento. Pero ahora que le veo puesto sé que fue una compra acertada.

Lo combino con unas sandalias de tacón plateadas. Sé que Dalt Vila no es apropiada para caminar con tacones pero llevo tanto tiempo sin usar unos que no puedo resistirme.

Maquillaje ligero pero marcando un poco el ojo con eyeliner que también llevo meses sin usar.

-Estás muy guapa- me dice Edward entrando a la habitación medio vestido.

-Gracias tú también- le digo viendo como se ajustan esos pantalones beiges a sus pantorrillas.

-Hay un problema- me dice sentándose en la cama a mi lado.

-¿Cuál?

-Todos los restaurantes que merecen la pena están llenos.

-¿Cómo es posible si la isla está casi vacía?

-Los locales de restauración tienen aforo reducido por el COVID al 50%. No hay reservas disponibles.

-Vaya… me apetecía salir a cenar. Hace mucho que no lo hacemos- le confieso algo triste.

Él sonríe y me guiña.

-He conseguido reserva en otro sitio.

-¿Dónde?

-Sorpresa- me dice dándome un pico y levantándose de mi lado.

-Dime si al menos así voy bien vestida.

Voy arreglada pero el vestido y las sandalias son de zara. Hay sitios muy pijos en Ibiza donde la gente solo viste de marca. Tengo un vestido de Zuhair Murad en el armario de Barcelona que no me he traído porque no lo consideré necesario.

-Serás la más guapa del kebab amor- me guiña el ojo riendo antes de salir de la habitación y meterse al baño.

-¡Que te den!- le respondo riendo y lanzándole una chancla que obviamente cae al suelo porque él ya no está aquí.

Decido no cambiarme y arriesgarme a ir así sea a donde sea que me lleve.

El coche que hemos alquilado para este verano es un Mercedes Suv negro lo suficientemente alto como para recorrer los irregulares caminos de la isla llenos de baches pero sin restarle elegancia al llevarle al centro.

Le miro con detenimiento cuando al salir del valle de Morna, zona donde está nuestra villa, gira en dirección contraria a la señal que indica Eivissa.

-No voy a decírtelo así que deja de mirarme así. Hay más restaurantes en la isla que no están en Dalt Vila- me dice conduciendo con la vista fija en la carretera.

-Lo sé pero sabes que me gusta saber todo.

-Está a cinco minutos.

-Y te debes saber bien el camino porque no has puesto ni el GPS- apunto sonriendo.

Edward se ríe ante mi apreciación.

-No se te escapa una eh…

-Intento que no- respondo recostándome contra el asiento.

Edward deja el coche en el parking de grava que está malamente iluminado y tiene baches.

Hay bastantes coches aparcados.

Me sigue sorprendiendo que pese a que este verano mucha gente se ha negado a viajar los restaurantes sigan llenos, en su mayoría por gente extranjera.

Edward me da la mano tras cerrar el coche y me conduce hasta la entrada del restaurante.

Oigo el mar así que tenemos que estar cerca de la costa.

El restaurante está de espaldas al parking así que no veo nada hasta que llegamos a una pasarela de madera y giramos a la derecha.

-Ay Edward- paro nada más reconocerlo- ¿este sitio?- me giro a mirarle.

-¿Te acuerdas?

-Claro, es el restaurante más bonito en el que he estado nunca- sonrío.

Se trata del restaurante Amante, cerca de cala Llonga. Estuvimos aquí el verano en que nos conocimos.

No podemos continuar hablando porque un camarero llega hasta nosotros y Edward le indica que tenemos una reserva.

Nos conduce hasta las mesas que están sobre el acantilado sobre el mar.

Nos sentamos uno frente al otro quitándonos las mascarillas y mi piel se pone de gallina al observar el restaurante.

-¿Tienes frío? Tengo mi chaqueta en el coche. Igual debería haber cogido la mesa del interior pero pensé que aquí tendríamos más intimidad.

-No, no, no tengo frío. Estoy genial gracias es solo que es tan bonito. Me enamoró la primera vez que vinimos, es mágico. Lo de que esté entre acantilados y directamente sobre el mar…

-Para mí es el restaurante más bonito de Ibiza. Me hubiera gustado traerte los dos solos por primera vez pero se me adelantaron…

Me río recordando esa noche que si bien con el paso del tiempo solo recuerdo lo bonito que era el sitio, lo rica que estaba la cena y lo a gusto que estuve compartiendo comida con Edward, haciendo memoria recuerdo que vinimos con varios miembros del equipo incluido otro dj que no paró de intentar ligar conmigo en toda la noche.

-Si te sirve de consuelo lo que se ha mantenido en mi memoria es este lugar y su belleza, tú y yo compartiendo comida, tu mano en mi pierna durante la cena y mi espalda en tu pecho observando el mar desde esa barandilla- le indico señalando un punto del segundo piso en el restaurante.

-Ven aquí- me dice tocando la silla que está libre a su lado.

Me levanto de mi lugar frente a él y me siento a su vera.

-¿Así?- me dice colocando su mano sobre mi muslo tal y como hizo esa noche.

-Así perfecto- le respondo poniendo mi mano sobre la suya.

Le doy un pico justo cuando el camarero viene a preguntarnos qué queremos beber.

-Perdón- dice el pobre hombre abochornado por haber interrumpido.

-No hay problema- le sonríe Edward.

Ambos pedimos un poco de vino blanco, tan solo una copa porque Edward tiene que conducir y yo tengo una noche llena de amor por delante. No quiero que el alcohol me adormezca.

Miramos la carta usando el QR que está sobre la mesa y decidimos pedir todo para compartir: las croquetas de rape y gambas, las almejas al carbón con vino blanco, el arroz negro con vieira y alioli y por supuesto el tartar de atún que pedimos la otra vez.

Cuando el camarero se va con nuestra orden volvemos a meternos en nuestra burbuja.

-Yo no recuerdo esa noche como tú- me dice volviendo al tema de antes.

-¿Ah no?

-Recuerdo que vinimos porque estaba trabajando con Nicky Romero y él se empeñó en cenar aquí. Pero también recuerdo como te miró cuando te vio por primera vez y como insistió en que fuésemos todos a cenar, incluida tú. Tal vez tú no te diste cuenta pero no paró de mirarte y de tirarte fichas toda la noche.

-Sí me di cuenta- le confieso.

-Me puse muy celoso, me enfadé.

-¿Te pusiste celoso? No me di cuenta- le digo con ironía.

Sí recuerdo el incómodo momento en el que estábamos observando el mar juntos y llegó él rompiendo la magia.

También recuerdo el viaje de vuelta a casa con un Edward muy serio que no me habló en todo el camino.

Edward se ríe escuchando mi tono.

-En ese entonces no podía decirle nada porque tú y yo no estábamos juntos y quizás a ti te interesaba él.

-¡Edward!- le regaño enfadada.

-Yo no sabía como me percibías en ese momento- se intenta defender.

-Pero vivía contigo y estaba contigo aunque no tuviéramos etiquetas. Además habíamos acordado exclusividad- le recuerdo.

-Eras libre de que te gustase otro más que yo e irte con él. No había ninguna promesa.

-No, eso no iba a pasar yo no era así. ¿Estaba contigo, vivía contigo y me iba a ir con otro que encima es tu compañero de trabajo? Vaya concepto tenías de mí- le digo algo enfadada.

-No tenía mal concepto de ti, tenía un concepto erróneo de nuestra relación y de mí también ya lo sabes. Estaba enamorándome de una chica que no lo estaba de mí y que no quería oír nada de novios, compromisos o tiempo más allá del verano. No te enfades- me pide tocándome la nariz.

-Sí me enfado porque para mí ese verano solo exististe tú, nadie más y pensé que lo sabías- expreso dolida mirándole.

-Lo sabía pero… la posibilidad de que conocieras a otra persona y te gustase más que yo también existía Bella. Tú lo sentías todo muy claro porque conocías tus sentimientos hacía mí pero yo no.

-Ya pero…. Yo era muy obvia Edward. Si revisásemos las cámaras de seguridad de Ushuaïa de ese verano estoy segura de que se me vería a mí cayéndoseme la baba mirándote.

-No eras obvia para mí, ¿lo era yo para ti?

-No.

-No quiero hablar más de esa noche. Solo he sacado el tema porque quería decirte que en ese momento no, pero si ahora ocurriese lo mismo le partía la cara, cancelaría el trabajo y te sacaría de su vista en cuanto tuviera oportunidad.

-No hace falta, no me iría con él- me defiendo.

-Lo sé pero él no lo sabía. ¿No vamos a discutir por Nicky Romero verdad?

-¿Has vuelto a trabajar con él?

-Solo con él no. Con él y con otros artistas sí. Ahora está casado y la verdad ya no está al mismo nivel en la música que antes así que dudo que volvamos a trabajar juntos.

No se me pasa el detalle de que siente la necesidad de tener que decir que está casado cuando yo solo le he preguntado por su trabajo en relación a él.

Prefiero dejarlo pasar y cambiar de tema.

-¿Has venido aquí alguna vez más desde entonces?- le pregunto mientras el camarero sirve el vino.

-Sí- responde probando el vino.

Cuando da su aprobación el camarero se marcha dejándonos solos de nuevo.

-¿Con quién?- pregunto rápidamente.

Edward me mira serio y no me responde.

-No me lo cuentes- le digo rápidamente rompiendo el contacto visual y dándole un sorbo al vino imaginándome con quien vino.

-Vine por una cena de trabajo. Estaba Garret, estaba David, estaba Armin… mucha gente.

-Estaba Mylena….- termino yo.

-Ella estaba sí, sentada en el otro extremo de la mesa y si no recuerdo mal no cruzamos ni cuatro palabras ese día.

Le miro seria.

No quiero saber más pero al mismo tiempo necesito más.

-No quiero hablar de esta gente. Hemos venido para disfrutar de este sitio los dos juntos. A partir de esta noche este restaurante va a estar ligado a ti y voy a recordar cuando estuvimos aquí juntos los dos y no cuando he venido con otras personas. Ellos son pasado, no quiero que haya un ambiente extraño esta noche.

-Vale- acepto.

Yo tampoco quiero pensar en ellos y menos hoy. No sé como la conversación ha seguido esos caminos.

-¿Vale?

Asiento a la vez que le beso sellando el trato.

Nos cuesta un poco romper el hielo después de que la conversación se haya tornado tan seria pero para cuando traen las croquetas y las almejas toda incomodidad se ha ido y la mano de Edward continúa en mi pierna.

-Dios esto está tan rico- le digo degustando el arroz negro con vieira y alioli.

-Te gusta todo lo que lleve alioli.

-Culpable. En Barcelona la compraba en el supermercado pero no sabe igual, la buena es la de Ibiza- determino riendo.

Cuando terminamos los platos principales Edward pide postre para ambos.

-Estoy muy llena- le advierto.

-Siempre hay sitio para el postre- me guiña el ojo.

El postre también le compartimos y probamos el del otro. Uno es una tarta de queso con maracuyá y otro es una nube de merengue con coco sobre granizado de mango.

Incapaz de terminármelos le dejo a Edward esa ardua tarea en lo que yo voy al baño a hacer pis y a retocarme el poco maquillaje que llevo.

Me miro en el espejo de cuerpo entero y me toco la tripa inflamada de tanta comida.

He cogido algún kilo estando confinada pero a ojos de mis amigas no se me nota porque estaba muy delgada.

Personalmente me alegré cuando la báscula marcó un peso que empezaba por 5 y no por 4.

Me he propuesto comer mejor o al menos comer con orden y no como cuando comía en la oficina que a veces me alimentaba a base de barritas de muesli por falta de tiempo.

Me lavo las manos y vuelvo a nuestra mesa para ver que Edward no está solo.

No negaré que soy consciente de cómo le cambia la cara cuando me ve bajando las escaleras. Estaba serio y ahora sonríe.

-Bella- me llama trayéndome a su costado y dejando la mano en mi espalda baja- ¿te acuerdas de ellos?

-Claro- sonrío- Yann y Anekka- digo mirándolos respectivamente.

-¿Qué tal Bella?- pregunta él- te daría dos besos pero ahora eso está mal visto- dice aludiendo a las medidas impuestas tras la pandemia.

Su mujer sigue siendo una rubia muy imponente, principalmente por su altura.

Hablamos sobre la pandemia, el confinamiento y cómo lo hemos pasado. Confesamos que nosotros lo hemos pasado separados y ellos nos dan una mirada de lástima.

Edward y Yann hablan sobre los negocios, el impacto que el cierre de las discotecas va a tener sobre la isla y sobre cuando calcula él que volverán a abrir, ante lo que no es nada optimista.

-Tengo que reunirme en unos días con los miembros de la consejería en salud de las Baleares pero estoy planteando alguna manera de abrir. Sentados en mesas, con mascarilla y distancia o lo que sea.

-No sé si música electrónica y sentados en mesa va a funcionar bien sinceramente- le dice Edward serio.

-No claro, sería convertir la discoteca en restaurante. Hagamos una prueba, veniros algún día de esta semana. Cenamos los cuatro y hacemos lluvia de ideas.

-El clásico método- dice Edward.

-Exacto. No sabes cuantos shows de Ushuaïa y de HÏ han salido de una cena informal- me dice a mí.

Sonrío y miro a su mujer que sigue seria e impasible.

-Sí, podemos verlo- le digo a Edward que me mira no muy convencido.

-Estupendo, espero tu llamada- se despiden antes de dejarnos solos de nuevo.

-No pongas cara de chupar limones- le digo sentándome a su lado.

-Es que no me apetece estar con gente- confiesa riendo.

Me río de su confesión pero le entiendo.

-Sería solo una cena.

-Una cena de la que puede salir un contrato de trabajo-

-No lo creo. Sanidad en España no va a permitir shows con gente y si no hay gente no compensa económicamente. Se quedará en una cena, ya lo verás- le digo acariciándole el pelo de la nuca -¿Pedimos la cuenta y nos vamos?- propongo.

-La cuenta ya está pagada pero podemos dar un paseo por esa zona del restaurante-me indica señalando donde se encuentra la zona de cine.

-Vale- acepto poniéndome de pie.

Nos volvemos a colocar las molestas mascarillas al levantarnos de la mesa y caminamos hasta la zona de los sofás observando el restaurante y el paisaje con perspectiva.

En esta zona casi no hay gente, estamos solos salvo una pareja que pasa a nuestro lado riendo.

Tienen que tener más o menos nuestra edad pero hablan en un idioma que no entendemos.

Nos íbamos a ir para darles privacidad cuando vemos como el chico se arrodilla frente a la chica.

Deberíamos dejar de mirar y darlos privacidad pero es algo que no puedes evitar.

No oímos lo que se dicen pero el chico saca un anillo, la chica dice que sí llorando y luego se besan.

-Vaya- digo feliz y algo emocionada.

Siempre es bonito ver a gente que se compromete.

-Van a casarse parece- dice Edward a mi lado sin apartar la mirada de la feliz pareja.

-Sí, eso parece- sonrío.

Edward me besa la sien y me gira dejándolos solos.

-¿Vamos a casa?-

Asiento dándole la mano.

Salimos juntos del restaurante y nos subimos en el coche en silencio disfrutando de la música que suena por los altavoces.

-¿Te apetece tomar una copa en casa?- me pregunta a medio camino tocándome la rodilla.

-Solo si tú me acompañas.

-Claro- me promete sonriente.

Una vez el coche para frente a la puerta principal, ambos nos bajamos y abrimos la puerta que da directamente al jardín.

Los aspersores hace poco que han parado porque el césped está húmedo y el olor de las hierbas aromáticas que planté es notable en el aire.

-¿Qué quieres beber? Espérame aquí y yo te lo traigo.

-Lo que sea menos whiskey estará bien- le digo sentándome en la cama balinesa que hay junto a la piscina.

-Ahora vuelvo- me dice desapareciendo por la puerta que da acceso directo al comedor.

Observo el cielo cubierto de algunas estrellas, el sonido de las chicharras ha sido sustituido por el de los grillos y el agua de la piscina resplandece dotándolo a todo de un tono azulado brillante.

Abro mi bolso cogiendo mi teléfono y frunzo el ceño al ver esa notificación de Instagram.

Pincho en ella y me lleva a una foto mía robada de espaldas de esta misma noche en el restaurante mirando el mar.

El título es muy simple pero lo dice todo ''Ella''

¿Cuándo me ha hecho Edward esta foto? Y sobre todo, ¿cuándo la ha subido si no le he visto coger el teléfono en toda la noche?

La vuelvo a mirar y sonrío.

No es mi mejor foto ni de lejos pero es la que más significa para mí sin duda.

Tiene unos cuantos comentarios.

Algunos son solo corazones, otros están en otro idioma y no los entiendo y hay uno de Giselle poniendo caritas con corazones en los ojos.

-He experimentado un poco- me dice Edward volviendo con dos copas de color amarillo anaranjado- lleva ron- indica antes de darme una de ellas.

Doy un sorbo y está muy bueno. Dulce pero con un punto ácido y no se nota el sabor del alcohol.

Él también bebe y luego deja ambas copas en el suelo.

-He visto la foto, no me he dado cuenta de cuándo me la has hecho.

-Si no te gusta puedo borrarla- ofrece.

-Es perfecta- le digo besándole.

-No es algo que acostumbre a hacer pero no puedo contenerme las ganas de compartir con el mundo que vuelvo a tenerte conmigo después de todo.

Me río y le beso.

-Te quiero muchísimo Edward- confieso.

-Y yo a ti- me dice besándome.

Los besos son suaves y tiernos. Tanto que comienzo a desesperarme y meto mis manos entre sus pantalones y sus calzoncillos con la dificultad y resistencia que impone el cinto que lleva.

-¿Tienes prisa?- responde besándome el cuello.

-Alguien me ha prometido que iba a pasarme toda la noche haciendo el amor- le recuerdo.

-Y eso es lo que te estoy haciendo.

Sonrío y acepto que hoy sea él el que marque el ritmo.

Acepto todo lo que me hace así me desespere, así juegue con mis nervios y me lleve a puntos imposibles de soportar.

Él me hace el amor varias veces. Con su pene, con sus manos, con su boca, con sus ojos, con su voz… nunca le he sentido tan mío como esa noche en el jardín.

.

.

.

¡Hola! Capítulo anticipado porque así me lo habéis hecho saber en las reviews del capítulo anterior.

Seguimos derramando miel y amor. Han vuelto al restaurante Amante donde ya estuvieron juntos el verano en que se conocieron. Esa fue la primera vez que vimos a Edward celoso. Si queréis releer lo que pasó, está en el capítulo 18.

Sé que no estoy mandando adelantos a los reviews pero es que no me da tiempo chicas, lo siento, aún así disfruto leyéndoos y os agradezco cada una de las palabras que dedicáis a la historia. Ya sabéis que es lo único que recibimos las autoras como feedback de lo que escribimos para vosotras.

¡Muchas gracias por estar ahí un capítulo más! Volveremos a viajar a Ibiza el domingo.