CORONAS Y ENGAÑOS
CAPÍTULO 20
TE EXTRAÑO
Pese a que era demasiado temprano para un desayuno y le daba pena molestar a la servidumbre de Neflyte, el hambre pudo más, así que Haruka se levantó dispuesta a ir a la cocina de la nave en busca de algo que llenara el estómago; sin embargo, cuando salió de los aposentos cayó en cuenta de que no sabía hacia que lado de aquella nave estaba la cocina, y por aquel majestuoso pasillo lleno de habitaciones tampoco había nadie a quien preguntarle.
Decidida a averiguarlo, se dirigió hacia la izquierda, admirando las puertas de madera oscura que eran la entrada a cada uno de los aposentos , hasta que de pronto, proveniente de una de ellas escuchó algo que parecían gemidos y jadeos de éxtasis.
Sonrió pensando que quizá alguna pareja de entre los miembros de la servidumbre de Neflyte se habían metido a hurtadillas a uno de los elegantes aposentos de esa ala de la nave para saciar sus deseos carnales, y por supuesto, ella no iba a ser quien para delatarlos, pues pensaba pasar de largo. Sin embargo, proveniente de esa habitación, escuchó una voz femenina llamando a aquel que le estaba prodigando placer, y la sonrisa se le borró.
—¡Señor Neflyte!
Haruka sintió la rabia corroerle cuando se percató de lo que estaba sucediendo tras esa puerta.
¿Cómo era posible que mientras Lita estaba sufriendo quién sabe donde, Neflyte estuviera revolcándose con sabrá quién?
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Cuando Andrew se retiró del Castillo Imperial aún era muy temprano para tomar el desayuno.
La Emperatriz y la princesa de Mercurio que seguía de visita, volvieron a sus aposentos para seguir descansando, no así el Emperador y la princesa Rei, que hablaron sobre tener una práctica de Kendo en la que la orgullosa princesa marciana aseguró que lo derrotaría, lo cual sorprendió a Makoto, pues en Júpiter un hombre jamás retaría a duelo a una dama a menos que fuera para convocar a un juicio por combate donde la dama lo acusara de algo.
De cualquier manera, dicho combate se lo perdería, pues Andrew había cumplido su promesa de interceder por ella para que la dejaran entrar en la cocina del Castillo Imperial, por lo que la mismísima princesa la acompañó para hablar con la chef de la familia real.
—Señorita Lita, si por algún motivo llega a aburrirle estar en la cocina puede desistir—Dijo la princesa —Usted es nuestra invitada, pero Andrew le comentó a mi padre sobre su interés de aprender a cocinar.
—Le aseguro que no me aburrirá, princesa, los mejores momentos de mi vida los he pasado frente a los fogones. Cocinar me relaja.
—Habla como si ya lo hubiera hecho antes—Dijo Rei
—De cocina marciana no sé nada—Dijo Lita— Pero en el castillo de Júpiter me convertí en la cocinera principal y también en la catadora de la familia real.
Para Lita no pasó desapercibida la expresión de asombro en el rostro de la princesa Rei.
—¡Vaya! Si que es raro que una mujer de la realeza cocine
—No soy de la realeza joviana—Aclaró Lita
—¡Perdón!—Exclamó Rei— Lo que quiero decir es que a final de cuentas usted es hija de un Rey y…
—El Rey Cedrick es mi progenitor, sí— Dijo Lita—Pero ni él me ve como hija ni yo como padre.
Lita, al ver sorprendida a la princesa Rei, continuó hablando.
—Los bastardos somos una ofensa para las esposas de los grandes señores, así que pocos años después de que llegué al castillo Ios se me encomendó trabajar en la cocina y le fui tomando amor al arte culinario— Confesó Lita— Y no sólo sé hacer comida joviana, también sé hacer comida Uraní, así que si la princesa desea algún platillo exótico para su paladar puedo prepararselo en agradecimiento por su hospitalidad y por permitirme aprender de los cocineros marcianos.
Cuando Lita había terminado de hablar, la princesa Rei estaba tan seria que Lita temió haberla hecho enojar, pues muchas veces había escuchado que la princesa marciana tenía un carácter explosivo.
—Primero que nada señorita, no vuelva a referirse como bastardos a los hijos nacidos fuera del matrimonio. Ni siquiera a usted misma— Le dijo Rei— En Marte los bastardos no existen.
—¿Qué hacen con ellos?—Preguntó Lita sorprendida
—Creemos en la necesidad de la guerra, señorita, así que cuando nace un hijo fuera del matrimonio las dos mujeres pelean a muerta y los hijos de la perdedora son asesinados.
Lita sintió que el corazón se le aceleró, pero segundos después, la princesa soltó una carcajada.
—¡Es una broma, señorita Lita!— Exclamó Rei— En Marte no existen los bastardos porque estamos conscientes de que nadie es culpable de las circunstancias en que haya sido engendrado. Si un hombre engaña a su esposa y producto de su deslealtad nace un hijo fuera del matrimonio ese hijo tiene los mismo derechos y reconocimiento que los hijos de la esposa. La mujer engañada a lo único que tiene derecho es al divorcio y a ser indemnizada por haber sido traicionada. Y si el fuego revela que una mujer quedó embarazada producto de un ultraje al hombre se le confiscan sus bienes y se le ejecuta lentamente.
—¿No existen los juicios por combate en Marte?
—No— Respondió Rei— Irónicamente aunque la guerra es parte de nuestras creencias Marte fue el primer planeta donde los juicios por combate fueron abolidos. Con todo respeto es una tontería resolver un caso de esa manera y los marcianos lo sabemos.
—En eso estoy de acuerdo, princesa, pero dudo que las leyes de Júpiter vayan a cambiar en mucho tiempo
—Bueno, ademas de no mencionar lo de los bastardos hay otra cosa que quiero pedirle— Dijo Rei
—Uste dirá princesa
—¿Se le dificultaría prepararme un pastel de chocolate con ambrosía?
Lita se sorprendió ante la petición de la princesa Rei. Nunca había preparado uno con aquella mezcla de sabores que combinaba el cacao que tanto se daba en Terra junto con la ambrosía que sólo se daba en Júpiter, sin embargo, aquel era un reto que le tentaba.
—Nunca he probado tal combinacion de sabores princesa, sin embargo con mucho gusto se lo haría, pero me temo que no estamos en Terra para conseguir cacao ni en Júpiter para recolectar ambrosia
—Un buen amigo de Terra me suele mandar cacao y chocolates, y con frecuencia compro ambrosía a los mercaderes que lo importan de Júpiter.
—¡Entonces lo tendra hoy mismo!
—No hay prisa— Dijo la princesa Rei— Lo quiero para mañana. Se lo voy a regalar a un amigo muy querido que vendrá a Marte.
—¡Cuente con ello!
—Bien, señorita. Vamos a la cocina. Le voy a presentar a nuestra chef. Ella habla el terrano de manera imperfecta, pero dado que usted habla el idioma de Terra se van a poder entender.
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Encerrada en sus aposentos, la princesa Wanda pasaba sus días postrada en cama negándose a usar la silla de ruedas que los reyes habían adquirido para ella o probar alimento alguno de los que le eran llevados por las sirvientas.
—¡Hija por favor haz un esfuerzo!—Suplicó la reina sentada a su lado mientras trataba de convencerla de comer al menos un sorbo de sopa.
—¡Qué no!—Gritó Wanda furiosa, al tiempo que de un manotazo lanzaba al piso la cuchara—¡Ya te dije que no tengo hambre!
La reina, su madre, rompió a llorar.
Pocas eran las veces que la princesa Wanda había visto llorar a su madre, y en ninguna de ellas con tanto desconsuelo; sin embargo, aquello no la conmovió. Nada podía conmoverla cuando estaba postrada en aquella cama sin poder caminar, con la vida completamente arruinada.
De pronto alguien llamó a la puerta, y enseguida se escuchó la voz de Lady Hildrud.
—Adelante— Musitó la princesa Wanda
Enseguida la puerta se abrió, y entonces su prima entró en sus aposentos.
—Déjanos solas, madre
La reina Cleissy se puso de pie, y antes de retirarse Wanda escuchó como le imploraba a Lady Hildrud que tratara de convencerla de comer, a lo que Hildrud aseguró que haría lo que estuviera en sus manos.
Cuando finalmente su madre salió de sus aposentos, Hildrud sacó de entre sus ropas un par de hojas que la princesa Wanda reconoció como las muy prohibidas ruda y mandrágora
—¡Mira, te conseguí ruda y mandrágora!— Exclamó
La princesa Wanda al ver aquellas hojas rompió a llorar agobiada por los sentimientos de terror y desconsuelo.
Era su desesperación por conseguir aquellas plantas lo que había hecho que cayera en la trampa de Lita, plantas que no habría estado necesitada de conseguir de no ser porque se había entregado al duque Jaedite, pero que ahora necesitaba con más urgencia, pues si había algo mas horroroso que quedar embarazada de Jaedite era llegar estarlo sin saber quien era el progenitor.
Lady Hildrud se sentó en la cama, y la princesa Wanda no negó el abrazo que esta le dio en un esfuerzo por consolarla.
—Tranquila, prima. Te prometo que con esto no vas a quedar embarazada— Le susurró— Y si eso sucede no serás la primera ni la última dama de sociedad a la que le sucede. Escríbele a Andrew, cuéntale de tu accidente, él te ama y si le pides casarse seguro lo hará de inmediato, y en caso de que estuvieras embarazada, pues el duque Jaedite y el señor Andrew Hansford se parecen. Nadie tiene que saber de tu desliz.
Aquello por supuesto habría sido una gran idea, sin embargo, había un detalle que a la princesa Wanda la agobiaba. Si quedaba embarazada ese hijo podría ser de su primo Lord Aren, quién no era rubio como Andrew y Jaedite, sino pelirrojo.
—¡Abusaron de mi!— Confesó Wanda
Lady Hildrud rompió el abrazo que las unía, y la miró aterrada a los ojos.
—¿Me estas diciendo que cuando estuviste con Lord Jaedite el te obligo a…
—¡No!— Exclamó Wanda aterrada— ¡Fue otro hombre y ni siquiera se parece a Andrew y Jaedite!
Por un momento, Lady Hildrud guardó silencio. La sorpresa era visible en la expresión de su rostro, y entonces se atrevió a preguntar.
—¿Quién fue? ¿Cómo?
La princesa Wanda miró a su prima a los ojos. Hildrud era la persona en quien más confiaba hasta ahora, pero ¿Cómo decirle que Lord Aren había abusado de ella? ¡Aquello era demasiado vergonzoso!
—¡No lo sé pero no se parecía ni a Jaedite ni a Andrew!— Exclamó con voz entrecortada
Lady Hildrud entreabrió los labios, como si fuera a decir algo, sin embargo ninguna palabra salió de su boca.
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Las hora que Lita había pasado en la cocina junto a la chef y las ayudantes de cocina del castillo Imperial de Marte habían sido para ella un momento grato en el que por un momento se olvidó de su preocupación por Haruka
La chef al mando, por un momento la intimidó, pues aunque era bajita y menuda como la mayoría de las marcianas, tenía una voz ronca y una expresión severa, sin embargo, conforme fueron pasando las horas, Lita descubrió en ella a una mujer agradable, dispuesta a enseñarle todo sobre la cocina marciana, e incluso le habló de su interés porque le enseñara sobre gastronomía joviana y Uraní, a lo que Lita aceptó encantada aquel intercambio de conocimientos.
Llegada la hora de servir los alimentos, Lita, junto con dos de las sirvientas se dirigió al salón donde la familia imperial y sus invitados se reunían a tomar sus alimentos y servir los exquisitos platillos a la familia, pero entonces el Emperador se dirigió a ella haciéndole una inesperada invitación.
— Siéntese a compartir los alimentos con nosotros, señorita Lita.
Lita volteó a todos lados, como si no pudiera creer que el Emperador se dirigiera a ella.
—¿Yo, Tenno Heika?
—¿Acaso hay otra Lita que hable joviano en este salón?— Le cuestionó el Emperador, a lo que a ella se le escapó una sonrisa—¡Vamos, siéntese! Le permití estar en la cocina porque la princesa Ami como la eminencia médica que es lo autorizó y porque Andrew me habló de su interés por aprender a cocinar, pero es nuestra invitada y sería una grosería para Andrew Hansford no invitarla a sentarse en nuestra mesa durante su ausencia.
—Gracias— Susurró Lita
Que el Emperador la invitara a compartir la mesa a la hora de tomar sus alimentos era algo que le parecía de no creerse cuando su padre, el Rey de Júpiter, no sólo se lo prohiba, sino que además consentía que la Reina Cleissy la humillara obligándola a catar los alimentos.
Lita vio como las sirvientas dejaban sobre la mesa baja los muchos platillos en los que ella también había intervenido durante su preparación, y mientras los miraba pasar uno a uno, escuchó a la princesa de Mercurio hablar. No creía que se dirigiera a ella, pero al final de su pregunta escuchó un "señorita Lita" salir de sus labios.
Lita inmediatamente volteó a ver a la princesa Ami, desconcertada de que se dirigiera a ella cuando era imposible que tuvieran comunicación sin un intérprete de por medio. Supuso que como de costumbre la princesa Rei intervendría para interpretar lo que se quisieran decir la una a la otra, pero para sorpresa de Lita, lo que enseguida escuchó fue la suave voz de la princesa Ami hablando joviano.
—¿Cómo se ha sentido? ¿Disfruta sus prácticas en la cocina, señorita Lita?
Lita se quedó sorprendida, pues en ese momento en que la escuchó hablando joviano sus labios no se estaban moviendo, aunque había una cálida sonrisa en su rostro.
La princesa Rei rió por lo bajo como si aquello le causara gracia, al igual que lo hizo la Emperatriz.
—¿Ha entendido?— Le preguntó Rei en joviano
—Sí, princesa
La princesa de Mercurio se llevó las manos a un dije oval de zafiros que colgaba de una cadena alrededor de su cuello, y entonces dio una explicación.
— Es gracias a este dije que puedes entenderme—Explicó Ami—Tenía tiempo trabajando en él con la esperanza de que sirva para poder comunicarme con personas que hablen un idioma que yo no sé hablar
—¡Es fantástico, princesa!—Exclamó Lita maravillada—Suena como su verdadera voz
—Y bien. ¿Cómo te sientes? ¿Disfrutaste estar en la cocina?
—Me siento muy bien, y he disfrutado mucho estar en la cocina.
—¡Excelente! Si sigues así en una semana ya podrás entrenar con la princesa Rei—Respondió la princesa Ami
Durante el resto de aquellas dos horas compartiendo los alimentos, la charla giró en torno a aquel aparato tecnológico creación de Ami, y a hablar sobre los muchos intercambios comerciales entre el planeta del fuego y del hielo.
Finalmente, cuando llegó la hora de servir el postre, sobre la mesa se dejaron exquisitos mochis, además de un panqué de frutos rojos que Lita había preparado utilizando ingredientes de la reserva de productos importados de Júpiter.
Al ver el panqué sobre la mesa, Lita se percató de la cara de sorpresa en el rostro del Emperador. Después, la emperatriz tan sorprendida como su marido le preguntó a una de las sirvientas algo que Lita no entendió, salvo cuando pronunciaron su nombre.
Cómo era la costumbre marciana, uno a uno se fueron sirviendo de los postres dispuestos, y Lita sintió una punzada de nervios al pensar que sus postres tan elogiados por los paladares Jovianos no fueran del agrado de sus anfitriones, pero la primera en mostrar su aprobación fue la emperatriz, quién la miró agradecida y pronunció unas palabras en Joviano, quizá las pocas que sabía decir.
—Postre delicioso, señorita Lita.
—¿Le ha gustado, majestad?— Preguntó Lita emocionada.
La emperatriz intercambió un par de palabras con su hija, y poco después, la princesa Rei se dirigió a Lita.
—Dice mi madre que es delicioso—Dijo la princesa—Ella casi no suele comer postres, pero le encantan los frutos rojos y le ha encantado el panqué.
—Señorita Lita, no esperaba que siquiera supiera hervir agua—Le dijo el emperador —Andrew me dijo que usted quería aprender a cocinar, yo creí que desistiría pronto pero la chef me dijo que aprende rápido sobre la preparación de los alimentos de la gastronomía marciana, y al probar este postre no me queda duda de que tiene un gran talento.
—¡Ay, Emperador, muchas gracias!—Exclamó Lita sonrojada
—¿Cómo es que aprendió a cocinar?—Le preguntó Ami
Lita y Rei intercambiaron un par de miradas. De los presentes, sólo Rei sabía que era la hija fugitiva del Rey de Júpiter. El resto creían que era una amiga de Andrew a la que él había ayudado a huir de unos padres maltratadores.
—Mi madre me enseñó — Mintió — Y ha decir verdad adoro cocinar y preparar platillos que no sólo sacien el hambre, sino que den confort al paladar y al corazón.
Todos la miraron sorprendidos.
—Un trozo de algún postre nos puede hacer rememorar con alegría los mejores momentos de nuestra infancia, una sopa de cordero y cebada da confort en invierno…Bueno, estoy hablando de comida joviana porque es lo que más he comido en mi vida pero supongo que sus platillos locales pueden causar el mismo efecto
—Claro—Respondió el Emperador— Los Mochis de matcha me recuerdan a mi difunta madre. Solíamos comerlos después del entrenamiento.
Todos guardaron silencio un momento, hasta que el Emperador retomó la palabra.
—Andrew estará sorprendido cuando sepa lo que es capaz de crear en la cocina, señorita Lita—Dijo el Emperador—Supongo que él prefiere la comida joviana y es entendible, pero de nuestra gastronomía le encantan los mochis de taro, los dorayaki y el udon.
Lita se sonrojó ante el comentario del Emperador. Supuso que él no lo había hecho con intención de provocar alguna emoción en ella, pero de sólo escuchar el nombre de Andrew sintió su corazón alborotarse, y decidió que le pediría a la chef que le enseñara a cocinar aquellos postres
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Saber que Lord Neflyte se acostaba con sabrá cuál de todas sus sirvientas mientras Lita estaba desaparecida provocó que de nuevo el sentimiento de rechazo que Haruka siempre tuvo por aquel él volviera a salir a flote.
Bien habría querido golpearlo y bajar de la nave. Sin embargo, ella no tenía nada que hacer en Júpiter y tampoco podía lanzarse fuera de la nave cuando ésta ya iba volando por el espacio camino a Saturno que se encontraba a dieciséis horas de distancia de Júpiter.
Decidida a no verlo, decidió quedarse encerrada en los aposentos que le habían asignado. Ahí había desayunado y después había intentado leer un par de libros que se encontraban en una de las mesitas de noche, pero pronto se desesperó, pues estaba en idioma Terrano y su conocimiento de dicho idioma era muy básico.
Pasadas seis horas desde que había vuelto a despertar, alguien llamó a la puerta. Supuso que er la sirvienta llevándole la comida, pues Haruka le había dicho que no bajaría a comer, así que musitó un "adelante", pero cuando la puerta se abrió se encontró nada más y nada menos que con Lord Neflyte, quién a pesar de tener el cabello húmedo que delataba que no hace mucho acababa de ducharse tenía una mezcla de aroma a cítricos y violetas, lo que provocó que Haruka se sintiera furiosa, pues asoció el aroma de la flor a una dama.
—Buenas tardes, señora Haruka. ¿Se encuentra bien?
—No veo que pueda tener de buena la tarde cuando aún no sabemos nada de Lita— Soltó de mal humor—¿O a usted le parece buena?
—Lo sé — Respondió—Tambien a mí me preocupa lo que ella esté sufriendo pero juro por Gea que haré pagar a ese mal nacido de Lord Aren—, Añadió con rencor.
—¿Y luego qué?—Cuestionó Haruka
Lord Neflyte la miró desconcertado. Era evidente que no entendía su pregunta
—¿Luego qué?—Repitió él
—Pues sí—Dijo Haruka—¿Que hará cuando encontremos a Lita y haga pagar a Lord Aren?
—La tomaré por esposa—Respondio Lord Neflyte con seguridad
Alguien llamando a la puerta interrumpió la conversación. De nuevo Haruka musitó un "adelante", y en los aposentos entró una hermosa sirvienta que debía rondar los veinte años y despedía un embriagante aroma a violetas. ¡Se parecía tanto a Lita! Tenía ojos verdes y cabello ondulado color caoba como ella, aunque está joven lo tenía corto a la altura de la nuca, era bajita y no tan curvilínea como Lita.
—¡Lord Sweeney, alteza, buenas tardes!—Exclamó la joven haciendo una reverencia mientras dejaba la charola de plata con alimentos en una mesa de té dentro de los aposentos.
Haruka al oir hablar a la joven reconoció la voz que aquel amanecer escuchó nombrando con deleite y placer a Lord Neflyte. ¡Claro que era ella! Y no sólo era su voz y su aroma a violetas. También en la expresión de su rostro había cierta mezcla de incomodidad al estar ahí dentro.
—¿Necesita algo… algo más alteza?—Titubeó la joven sirvienta.
—¿Cómo te llamas?—Preguntó Haruka haciendo un esfuerzo por sonar amable
—Molly Baker—Respondió la joven con voz temblorosa.
—¿Por qué viniste tú y no tu madre a atender a la señora Haruka?— Preguntó Lord Neflyte con curiosidad.
—Ella se siente un poco mal mi Lord
—Pues creo que me agrada que me sirva Molly porque casi no hablo el idioma de Terra, se me da mejor el Joviano
—No hablo Joviano, alteza—Aclaró Molly
Haruka arqueó la ceja, mirándola curiosa. Ciertamente no vestía como una joviana, sino con las túnicas y los peplos tan usados en Terra y Venus
—¡Oh, perdón!—Exclamó Haruka—Creí que eras joviana
La joven sonrió nerviosa.
—Es que te pareces mucho a mi querida amiga Lita, o para ser más precisa, a la futura esposa de Lord Neflyte Sweeney. El mismo color de ojos, de cabello y hasta un poco en las facciones.
Haruka vio como el pecho de la joven subía y bajaba rápidamente. Notó también como los ojos se le pusieron vidriosos mientras que a su vez, Lord Neflyte palidecía y carraspeaba nervioso
—Molly, retírate por favor. Tengo que hablar cosas con la señora Haruka.
Molly asintió, y sin decir palabra alguna se dio media vuelta y salió de los aposentos. ¡Segura estaba Haruka de que la pobre ya había comenzado a derramar lágrimas antes de que la puerta se cerrara!
Cuando Haruka y Lord Neflyte se quedaron de nuevo a solas, notó un atisbo de furia en la mirada de él, pero ella se la sostuvo.
—¿Por qué trata de incomodar a la joven, señora Haruka?—Preguntó Lord Neflyte con evidente tono de molestia.
—¿Incomodarla yo?— preguntó Haruka fingiendo no ser consciente de sus actos—Sí solo le pregunté si era joviana y le comenté que se parece a su futura esposa. ¿Dónde está la ofensa en eso?
Haruka se le quedó mirando a Lord Neflyte esperando una respuesta, pero este, no pudiendo sostenerle la mirada se volteó a otro lado.
—El padre de Molly es un noble joviano pero él nunca la reconoció y ella no habla joviano ni está familiarizada con la cultura de Júpiter.
—¡Vaya! Es hija de un desobligado al igual que Lita—Añadió Haruka— Tan fácil que es la vida para los hombres. Las mujeres pueden ser víctimas de un ultraje y pasarán a ser consideradas como mujeres de poco valor aunque sean la víctima. En cambio ustedes los hombres pueden acostarse con una y otra antes de casarse o hasta estando comprometidos o casados y nadie se los recrimina.
Lord Neflyte inhaló y exhaló aire.
—No es mi culpa que esas sean las normas sociales en la mayoría de los planetas señora Haruka
—Obviamente usted no va a cambiar la manera de pensar de toda una sociedad pero sí es responsable de sus decisiones, por ejemplo de haber abandonado a Lita cuando más lo necesitaba. ¿Sabe que ella intentó suicidarse después de haber sido mancillada y abandonada por usted?
Lord Neflyte bufó fastidiado.
—Crei que ya habiamos dejado ese tema en el pasado.
—Pues a mi no se me olvida, Lord Neflyte— Respondió Haruka— Lita es una gran mujer que merece mucho más que lo que usted le puede brindar, pero si cuando la encontremos ella está dispuesta a darle otra oportunidad no me quedará más que respetar su decisión.
—¡Por favor, señora Haruka!...¿Algo mejor? ¿Por que un mejor partido que yo querría a una mujer que ya…
—¡No se atreva a insultar a Lita, Lord Neflyte!—Vociferó Haruka— Ella no pidió ser ultrajada, en cambio…
—¡Perdon, perdon!— La interrumpió Lord Neflyte. Parecía en verdad arrepentido de lo que había estado a punto de decir
—¡No me pida perdón porque yo no le perdono nada, Lord Netflyte!— Exclamó Haruka— Mejor vaya a revolcarse con su sirvienta mientras sigue pregonando amar a Lita
En el rostro de Neflyte, en el que hasta hace poco era evidente la molestia de pronto se vio reflejada la vergüenza
—¡Le juro que yo no…
—A mi no me jure nada— Lo interrumpió Haruka— Y por favor, sé que es su nave, pero le voy a agradecer mucho si me priva de su presencia. Incluso le pagaré por ello porque no deseo deberle favores.
Sin decir más, Lord Neflyte se dio media vuelta y se retiró dejando a Haruka sola rumiando con su rabia.
Sabía que aunque Lita no hubiera sido culpable del ultraje, la sociedad y sobre todo los hombres en casi todos los planetas, siempre la verían como una mujer poco digna para ser la esposa de alguien, lo cual por desgracia era muy triste y una injusticia cuando ellos podían saciar su lujuria sin que fueran juzgados por ellos.
De pronto, sus ojos se fijaron en las estatuillas de los dioses de Terra. No creía en deidades, tampoco en las veneradas en Urano, pero en silencio imploró a quien quiera que hubiera creado el universo que Lita estuviera bien, que lograra arrancarse a Lord Neflyte del corazón, y que en su camino encontrara a un hombre que la amara como se lo merecía.
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Si bien Lita sabía que Andrew le enviaría a una modista para que le confeccionara algunos kimonos de interior y exterior por mientras estuviera en Marte, lo que no esperaba era que Andrew le enviara a la más famosa de entre las modistas marcianas, quien no solamente confeccionaba los kimonos de las mujeres marcianas de las altas esferas sociales, sino también los que portaban la mismísima princesa y la emperatriz; y que además, esta se presentara con muestras de fina y carísimas sedas importada de Venus que Lita jamás imaginó portar en un vestido.
—¿No tiene algún tipo de tela más económica y modesta?— Preguntó Lita después de que la afamada modista le tomara las medidas.
—Yo sólo trabajo con telas de calidad, señorita—Exclamó la mujer— Ademas no tiene que preocuparse por el costo ya que su marido dejó pagado para que le confeccione diez kimonos.
Lita no pudo evitar sonreír al ver la confusión de la modista.
—El señor Hansford no es mi marido— Aclaró Lita— Él es sólo un buen amigo
Lita notó como la modista se avergonzaba ante tal confusión, y enseguida, la abochornada mujer se disculpó. Disculpa que Lita aceptó.
Tras insistir en que los kimonos ya estaban pagados Lita escogió telas en tonos verdes y rosas. Después, cuando la amable mujer se retiró y la dejo a solas en aquellos aposentos que tan amablemente le habían asignado en el castillo imperial, se sentó en el futón, y de entre las bolsas de su kimono sacó la cadena de oro con aquel dije de la unión partido a la mitad que Andrew le había regalado.
Suspiró al recordar el momento que compartieron juntos el día anterior en el templo de Ares y Pyra, el momento en que la cargó en brazos para llevarla al carruaje, al pensar en el momento en que le había regalado aquel dije partido a la mitad que no se le regalaba a cualquier mujer por todo lo que para los jovianos representaba y al recordar las palabras de la modista que creyó que eran marido y mujer.
—Si que la princesa Wanda es estúpida— susurró mientras miraba el dije—Yo no te habría traicionado con otro, Andrew
A su mente vino aquel sueño en el que el la besó, y perdida en aquella fantasía cerró los ojos mientras se llevaba el dije al pecho.
—¡Andrew!— Susurró
De pronto, dentro de la habitación comenzó a escuchar el melodioso sonido del arpa y la gaita, instrumentos que eran populares en la música típica de Júpiter… ¡Pero no estaba en Júpiter!
Desconcertada abrió los ojos,y se sorprendió al ver que los aposentos se habían iluminado de una luz verdosa que provenía del dije.
—¡Que gusto verla de nuevo, princesa!— Escuchó la voz de Andrew
Lita, con una mezcla de confusión y vergüenza se sentó rápidamente sobre el futón, y entonces, se asustó cuando frente a ella miró una versión translúcida y brillosa de Andrew ataviado con la típica indumentaria que usaban los varones jovianos de las altas esferas sociales.
—¿Quién es usted y que le hizo al señor Hansford?— Preguntó asustada
La imagen etérea de Andrew soltó una carcajada, y entonces ella se puso de pie poniendo distancia entre ambos.
—Soy yo, princesa— Le dijo— ¿No recuerda que le comenté que el dije serviría para comunicarnos?
Lita lo miró recriminante.
—¿Y tiene que aparecer como un fantasma en los aposentos donde me hospedo?— Le reclamó Lita— ¡Eso es de muy mala educación señor Hansford! ¿Qué tal si hubiera estado desnuda?
Andrew rió de nuevo, y Lita no supo si enojarse o suspirar de felicidad al volverlo a ver.
—Usted fue quien me llamó, princesa.
—¡No lo he nombrado antes de aparecerse aquí!— Exclamó— Ningún señor Hansford salió de mi boca. ¿Verdad Thorakar?—Le preguntó al dragón que estaba despertando después de una siesta.
—Quizá no pronunció mi apellido, pero le aseguro que pronunció mi nombre— Le dijo él
—¡Eso no…
Lita guardó silencio, recordando como minutos antes había suspirado pronunciando el nombre "Andrew". Por educación nunca lo había llamado por su nombre, sino como "Señor Hansford", sin embargo, mientras había estado fantaseando con besos que nunca le había dado lo hizo, y entonces sintió el calor en sus mejillas al suponer que había sido descubierta por Andrew.
¡Hola!
Ahora sí me tardé un poquito más de la cuenta en actualizar y eso fue porque se me atravesó "VUELO A TU CORAZÓN", pero de momento no haré más one shot así que ya no me retrasaré.
Cómo siempre, saben que les agradezco profundamente que me lean, en especial a mis amigas que siempre me dejan sus reviews: Hospitaller Knight, Maga del Mal y Jahayra
Magic Moon, sé que tú también lees por aquí y te lo agradezco mucho.
A mis lectores fantasmas, pues no sean tímidos y díganme que les pareció el capítulo. ¡Eso me haría feliz!
En fin, sin más que decir, nos vemos pronto por aquí.
¡Saludos!
