La guerra había terminado.

Un nuevo orden se estaba restableciendo tras la batalla de Hogwarts y a pesar de que Hermione no formó parte de ella activamente, se la consideró una heroína más de guerra por su amistad y ayuda a Harry Potter, el niño que sobrevivió dos veces.

A lo largo de los años Hermione Granger ayudó a su amigo junto con Ron Weasley a derrotar a Voldemort en varias ocasiones y ahora se celebraba la victoria en cada rincón del mundo mágico alabando a los héroes nacionales y nombradolos el Trío Dorado.

Tras la batalla de Hogwarts, los mortifagos que no murieron fueron capturados por los aurores y miembros de la Orden…

Sin excepción: Cada familia o persona que hubiese servido a Voldemort debía ser encarcelado hasta los juicios.

Lucius, Narcissa y Draco Malfoy formaban parte de los mortifagos o leales a Voldemort encarcelados.

Hermione intentó usar su renombre y fama para ayudar a Draco pero de nada le sirvió. Debían esperar a los juicios que se celebrarían en unos meses.

Las semanas pasaban y Hermione estaba cada día más desesperada. Solo de imaginar lo que Draco estuviese viviendo en esa celda de Azkaban se le encogía el estómago.

Lo peor de todo es que ella no quiso huir con él. El día de la batalla él se quedó a su lado sin pensar en las consecuencias para si mismo una vez que venciera la magia blanca.

Y las consecuencias habían llegado.

Los aurores lo separaron de los brazos de Hermione entre gritos y súplicas de ella mientras Draco se dejaba llevar en silencio mirándola como si fuese la última vez.

Harry prometió ayudarla. Testificaría a favor de Draco y su madre; Narcissa mintió con su muerte ante Voldemort y eso fue lo que hizo traer el efecto sorpresa y que Harry pudiese derrotarlo finalmente.

Y Draco salvó a Hermione de las garras de Bellatrix y no participó en la Batalla.

Así que aún había algo de esperanza para ellos.

La mañana del juicio contra Draco Malfoy, Hermione llevaba horas sin dormir. Se despertó a las 3 de la mañana y no pudo conciliar el sueño…es cierto que su historia había sido como un paréntesis en todo este horror; había sido por unos escasos días pero los sentimientos que tenia hacia él eran inmensos y no quería una vida sin Draco Malfoy en ella.

Esperó fuera de la sala del Wizengamot horas y horas. Se mordió las uñas hasta dejarlas en carne viva y le dolían los pies de las vueltas y vueltas que dió por ese oscuro pasillo del ministerio.

Cuando Harry salió de la sala ella supo que algo no iba bien.

—¿Qué…qué ha pasado?—preguntó nerviosa—.

—Herms…lo he intentando, pero solo han sido compasivos con Narcissa.—Harry dejó escapar un suspiro—Malfoy debe cumplir condena en Azkaban por intento de asesinato y por secuestro.

—¿Por secuestro?—preguntó confundida.

—Los miembros del Wizengamot no creen que te salvase…ellos piensan que te secuestró.

—¡Pero eso no es verdad!¡Tú lo sabes! —chilló Hermione nerviosa—¡Entraré ahí y lo contaré todo!

—Herms…

—¡No Harry! Él me salvó…él intentó esconderme y me dijo que huyese si todo salía mal…¡Él estaba protegiéndome! Por Merlín, amenazó con matar a su padre si volvía a mirarme si quiera...Harry, él me ama…—Hermione miró a su amigo con los ojos anegados en lágrimas.

—Lo siento. Yo he intentando salvarlo de veras, he contado que él se fue contigo para salvarte…pero no ha servido de nada. Piensan que está usando esa excusa para librarse de su condena.—dijo Harry con pesar— No quieren dejar cabos sueltos Hermione…no quieren volver a cometer los errores de la Primera Guerra Mágica.

—¿Por cuánto tiempo?—preguntó Hermione con un hilo de voz.

—Diez años—confesó Harry.

Hermione rompió a llorar y se abrazó a su amigo.

Diez eran muchos años para sobrevivir a la cordura en Azkaban.

La historia de amor que ni si quiera había comenzado acababa de morir esa mañana en los pasillos del ministerio.

Esa noche Hermione lloró durante horas abrazada a su almohada. Sólo podía rememorar el momento en que Draco la buscó bajo la lluvia y le dijo que estaba enamorado de ella…

Tenía que verlo. Necesitaba verlo una vez más para comprobar que todo había sido real y decirle que lo esperaría el tiempo que hiciese falta.

Así que a la mañana siguiente se levantó temprano y se dirigió al ministerio.

Ni si quiera Kingsley, el nuevo ministro de magia podía ayudarla.

Los juzgados por mortifagos o leales a Voldemort habían sido trasladados inmediatamente a celdas de máxima seguridad en Azkaban y no recibirían visitas en cinco años y Kingsley no quería causar ningún altercado con los miembros del Wizengamot al usar su nuevo poder.

El mundo de Hermione dejó de girar esa mañana.

No podría verle ni hablar con él en cinco años…

Si al menos pudiese escribirle y decirle que ella lo esperaría…


10 putos años. Esa había sido la condena que habían creído justa para un intento de asesinato y un secuestro.

Un supuesto secuestro en el que ni si quiera Potter el elegido y héroe nacional pudo desmentir.

Y ahora se veía de camino a Azkaban junto a otros mortifagos y su madre…su pobre madre que no había hecho más que seguir al psicópata de su padre por mantener la familia unida.

Ni si quiera el hecho de haber ayudado a Potter al mentir sobre su muerto había librado a su madre de Azkaban…Era solo por tres meses, después cumpliría parte de su condena con arresto domiciliario pero aún así, su madre entraría en ese agujero como si hubiese cometido algún crimen.

Pero había una cosa que le reconfortaba en toda esta puta pesadilla y era que Voldemort estaba muerto.

Si, el Señor Tenebroso estaba muerto y ya no podría hacerle daño a los hijos de muggles…sobre todo no podría hacerle daño a ella.

Draco no quería pensar en Hermione.

No quería porque le dolía en el alma, como si miles de crucios lo atravesarán cada dos segundos; Como si le arrancasen toda la piel con unas garras afiladas...

Ni si quiera habían empezado una historia cuando ya se le había escapado, como cuando la nieve se te derrite entre los dedos de las manos por el contraste del calor del cuerpo humano.

Sí. La historia de él y Hermione se había evaporado totalmente.

Él era un criminal, un prisionero de Azkaban y ella no iba a esperar por diez largos años…¿Para qué? Para reencontrarse con alguien con quien tuvo una historia de cuatro días? ¿Para reencontrarse con alguien que no será ni una pizca de lo que conoció?

Porque seamos coherentes, Azkaban no es un patio de juegos.

Azkaban es un agujero y todo aquel que entra se vuelve completamente loco. Que se lo digan a su tía Bellatrix…

Draco había escuchado miles de historias de Azkaban y aunque no podía ni imaginarse lo que le esperaba tenía una cosa clara: quién entraba en Azkaban no salía con alma.

Por eso recurrió a ese don que le venía de herencia por parte de los Black: La Oclumancia.

Porque seamos sinceros, lo único que quería era lanzarse un obliviate pero no era lo suficientemente valiente para hacerlo.

Las clases de Oclumancia con Snape y su tía Bellatrix para reforzar el don y prepararlo en el asesinato de Dumbledore, le servirían ahora para enviar a Hermione al lugar más apartado de su mente, para borrarla de su alma y arrancarla de su corazón…porque si no existía luz en su alma, no había nada que perder dentro de ese agujero al que le llevaban.