Hola a todos! Y estoy empezando a odiar fanfiction. No, no es broma, es verdad, ya van dos veces que me cierran la cuenta de sesión y no puedo publicar a mis anchas. Tal vez ya vaya siendo hora de emprender nuevos vuelos? Cambiar a algo más confiable. En serio, me lo voy a pensar. Mientras tanto, seguimos con la novela. Y sin más qué decir… COMENZAMOS!

..

Capítulo 35.

Encendiendo la mecha.

El grupo había tenido que tomar un dirigible para llegar a su destino. El gran globo era enorme, contaba con una sección de pasajeros y un restaurante, sin embargo, Xiao no estaba como para comer algo. Miraba por las grandes ventanas el cielo y las islas debajo de ella, sentía una opresión en el pecho, todavía más grande que cuando fueron al reino norte.

—Xiao —Amarillys se acercó a ella y le sonrió con cierta timidez—. ¿Todo bien?

—No lo creo —musitó con un suspiro—. Estoy a punto de poner un pie en la nación de donde viene mi padre, además de eso la familia real estuvo involucrada en los cercenamientos de chakra y por si fuera poco la posible cede del Higan-bana… ¿cómo crees que me siento?

—Seh, si lo pones así suena fatal —admitió Amarillys—. Pero te estaremos cubriendo las espaldas, ya verás que todo saldrá bien al final —la pelirroja le sonrió un poco, no era una gran sonrisa pero algo era algo—. Y… ¿cómo la llevas con lo de Iroh? —como si hubiese presionado un botón, la joven avatar se coloreó en un segundo y sus lentes se empañaron, volteando a ver a la castaña.

—¡¿Qué?! ¿Por qué? ¡No sé de qué me hablas! ¿Todo bien con Iroh? ¡Claro que sí! —se obligó a enfriarse y limpiar sus gafas para gracia de la princesa.

—Vale, sólo lo digo porque… no lo sé. Pensé que algo estaba pasando entre ustedes antes de la llegada de su prometida.

—No pasaba nada entre nosotros. Ni una chispa —respondió intentando sonar lo más natural posible—. Además, si en dado caso hubiese estado interesada en él, cosa que nunca pasó, nunca pasaría porque tiene prometida.

—Entonces… no te afecta.

—¡Claro que no! —se ríe, una risa un tanto fingida que Amarillys no se tragó.

—Vale… entonces, ¿tienes más fijación por Enlai? —un ligero sonrojo apareció en las mejillas de la joven, algo más discreto.

—Yo… no lo sé, ¿puede ser?

—¡Oh, cielos! —chilló emocionada pero Xiao cubrió su boca y le instó a estar en silencio.

—Por favor, Ama. No hagas eso, yo… no estoy segura de lo que siento y prefiero no tener cabeza para ello ahora.

—Está bien, te entiendo. Pero cuando todo esto termine será lindo verte feliz y tranquila en una cita —Xiao no sabía si eso podría pasar, la última cita que tuvo fue un fiasco aunque… quién sabe, quizás la próxima vez fuera mejor.

En la prisión subterránea el sonido de las cadenas y los gritos enloquecidos de la peor villana hasta ahora dejarían sordos a cualquiera, pero Zuko ya estaba acostumbrado.

—Sé que tienes que ver con esto, Azula. Todo lo que ha pasado te señala a ti, así que dime ahora, cuál es tu plan y te daré un final digno —dijo apretando la empuñadura de su espada pero la prisionera rio, los largos mechones blancos caían sobre su rostro apenas dejando visibles sus ojos.

—¡El tiempo pasa! ¡El legado pasa de mano en mano! ¡Pero un día este será arrebatado! ¡Y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo!

Zuko estuvo tentado en acabar con su sufrimiento y sus delirios pero decidió, una vez más, irse de allí. Cuando salió de la celda y dio unos pasos, escuchó la voz de su hermana.

—Cuidado de que no te apuñalen por la espalda —se detuvo, su voz fue clara y concisa. Apretó los labios y cerró los ojos.

—Volveré de nuevo, muy pronto —al irse escuchó las risas dementes de su hermana, la cual hace mucho tiempo perdió la esperanza de que se rectificara.

El enorme dirigible al fin llegó a su destino y Rei no dejaba de estar abrazada al brazo de Iroh.

—Vaya, este aeropuerto es inmenso —dijo Enlai admirando el sitio.

—Este sitio es solamente para naves de turismo —explicó Iroh intentando disimuladamente hacer algo de espacio entre él y Rei—. Tenemos una isla que es sólo para el equipo militar aéreo, es tres veces más grande que este lugar y los aviones son únicos en su especie.

—¿Sabes volar un avión? —preguntó Amarillys, Iroh iba a responder pero Rei se le adelantó.

—Iroh es un gran piloto e incluso tiene su propio avión. Fue condecorado cuando rescató a un dirigible de caer hace como dos años. ¡Fue una gran noticia!

—¿Tienes tu propio avión? —preguntó Xiao sorprendida cuando de repente un grupo de chicas apareció de la nada rodeándolos antes de bajar las escaleras.

—¡IROOOOOH!

—¡TE AMAMOS PRÍNCIPE!

—¡SOY TUYA! ¡TODA TUYA!

Pancartas, flores, incluso alguien tiró una prenda en su dirección, ¿quiénes eran esas locas? Rei miró a todas esas chicas con una mirada asesina y con unos pequeños aplausos sus guardaespaldas las apartaron hasta hacerlas una pelota.

—Esas tontas sólo pueden soñar —todos avanzaron rápido hasta una limosina que los esperaba.

—Espera, ¿tienes club de fans? —le preguntó Enlai a Iroh que sólo suspiró.

—No quiero hablar de ello.

—Qué sorpresa —musitó Xiao entre dientes molesta por saber que Iroh tenía más secretos. Iroh quiso decirle algo pero ella le ignoró y subieron al vehículo.

Sin darse cuenta, un grupo de personas bajó del dirigible, vestidos como civiles, los Cuervos llegaron a su nuevo destino.

—Muy bien, todos saben qué hacer —dijo Zidan vestido con su ropa de civil en su habitual traje—. Este quizás sea el último trabajo que tengamos que hacer para ese piojo así que no lo echen a perder.

—Esta no será tan fácil como las otras —dijo Hana que iba en un largo vestido de manga largo color negro—. Los reportes nos avisan que el lugar donde se encuentra el objetivo es muy difícil del alcanzar.

—¿Y eso desde cuándo ha sido un problema? —sonrió de lado cuando un frío viento pasó a un lado de ellos. Notó a su segunda al mano encogerse un poco y le colocó su abrigo sobre sus hombros, Hana al reaccionar lo vio adelantarse un poco—. Vamos, hay mucho que hacer y poco tiempo.

Hana se sonrojó y todos los demás miembros alzaron sus pulgares en aprobación de la relación.

—¡MUEVANSE DE UNA VEZ MEQUETREFES! —gritó Zidan furioso y todos se movieron rápidamente con su equipo y listos para cumplir con su misión.

La ciudad entera parecía estar de fiesta. Había adornos por doquier y puestos de todo tipo, además que el tráfico estaba a reventar lo que hacía que la limosina se moviera lento y Mu comenzaba a exasperarse por el reducido espacio ya que iba recostado en el centro.

—¿Qué celebran? —preguntó Enlai y Iroh respondió.

—Es la celebración por el final de la guerra de los 100 años. Se hace una gran fiesta celebrando la paz que ha reinado desde entonces gracias al avatar Aang.

—Se me había olvidado que era en esta época del año —mencionó Amarillys—. Es una celebración enorme donde la familia real toma parte —Iroh frunció el ceño y golpeó la ventanilla del conductor.

—Será mejor que aquí nos bajemos —todos le obedecieron un tanto confundidos y Rei también quería seguir al grupo pero Iroh se lo impidió—. Rei, iré al palacio por algo importante y es mejor que tú regreses a casa.

—Entiendo. Cuídate mucho. ¡Ustedes también! ¡Más tú hermanita Xiao! ¡Nos vemos! —se despidió con una gran sonrisa y el auto viró a otra dirección saliendo del atolladero.

—¿Vamos a ir caminando? —preguntó Xiao aunque a Mu le iba de maravilla.

—No está tan lejos y caminar me va a ayudar mucho ahora —dijo con ceño fruncido sabiendo que lo que se iba a venir con su familia no sería algo agradable.

—Mira Xiao —Enlai señaló a la joven un puesto de hamburguesas y hot dogs—. No sé ustedes pero el viaje me ha abierto el apetito —Xiao vio con grandes ojos a Iroh que rodó los ojos.

—Está bien, pero luego vamos directo al pala… —Enlai rápidamente tomó la mano de Xiao y corrieron juntos al puesto para ira del general que apretó el puño. Enlai incluso rodeó los hombros de Xiao que mostró un ligero sonrojo que intentó cubrir. Amarillys puso su mano encima.

—Lo siento Iroh, pero perdiste la oportunidad.

—Todavía la tengo, y no la voy a soltar por nada —gruñó a lo bajo sorprendiendo a la joven que le siguió curiosa por sus palabras pero al mismo tiempo emocionada por la novela que tenía frente a ella.

Borack caminó por el apenas iluminado pasillo de las antiguas celdas, celdas que nadie más conocía. Llegó hasta la celda del investigador que todavía le quedaba un cuarto de la vela que estaba a punto de extinguirse.

—¿Ya has terminado? —Haru levanto la mirada y siguió escribiendo.

—Ya casi… —cerró el libro y al fin lo lanzó de nuevo a las sombras que se la pasaron al maestro agua que sonrió complacido—. He terminado de descifrar todo lo que me han pedido. Ahora, ¿qué pasará?

Borack rio, tal parecía que él sabía lo que iba a venir.

—Como verás no traigo velas. Y los Kuroi que te han estado cuidando han esperado por esto por muchos años —Haru bajó un poco la mirada, sus gafas reflejaron la débil flama de su vela.

—Nunca tenían la intención de devolverme a mi familia.

—Nos fuiste útil, eso es todo. Tu esposa puede quedarse atrapada donde está para siempre y tu hijo puede seguir sirviéndonos como el peón que siempre ha sido. Nadie sabrá de ti. Esta prisión fue hecha personalmente por el mismo Azulón para torturar a sus prisioneros en secreto —comenzó a alejarse—. Al menos te quedará el consuelo de que los verás en la otra vida. Espero que no sufras demasiado, les encanta jugar con su alimento —lanzando una última carcajada es que se fue.

Haru se dio la vuelta e imperturbable observó a los Kuroi mostrando sus afilados colmillos y lenguas moradas. Se acercó entonces a los libreros y se adentró a estos, donde estaban apiladas las hojas de antiguos manuscritos y varios viejos papiros colocados unos sobre otros formando un círculo, entonces acercó uno de estos a la flama casi extinta y de este apareció un fuego distinto, una chispa blanca que fue creciendo y que asustó a los Kuroi y él sonrió.

—Es una suerte que consiguieran los antiguos pergaminos de la avatar Yangse como se los pedí. La tinta en esa época se caracterizaba por tener mucha pólvora.

Tiró el pergamino al montón que rápidamente se incendió y en corrió detrás de uno de los libreros. La explosión creó una luz blanca que lastimó y ahuyentó a los Kuroi. El librero también había caído, pero cuando el polvo se disipó, vio el gran agujero que lo llevaría a su libertad.

El gran palacio era un lugar magnífico. Lugar de increíbles batallas y cede de la paz que se instauró en la nación después de una guerra cruel y que parecía interminable hasta la llegada del avatar Aang. A las afueras del palacio, había una estatua del Señor del Fuego Zuko y del Avatar que parecían guardianes de la ciudad.

—Me pregunto si esas también se moverían —susurró Enlai a Xiao que recordó lo sucedido en Ba Sing Tse.

—Imposible. El espíritu de Aang sigue dentro de mí y el antiguo señor del fuego sigue con vida.

Llegaron a un gran patio y después entraron a un pasillo que llevaba al salón del trono. Guardias ya los estaban escoltando y Xiao no pudo evitar ponerse nerviosa.

—Tranquila, están bajo mi mando —dijo Iroh logrando calmarla. Las grandes puertas se abrieron y dentro se encontraron en el trono a una mujer de cabello oscuro y mirada penetrante que paralizó a los chicos en el acto. A todos menos a Iroh que se acercó e hizo una reverencia a esta.

—He vuelto.

—Bienvenido, Iroh —la mujer se levantó y caminó hasta él donde le tomó de los hombros y una tenue sonrisa apareció en sus labios pintados de carmín—. Es bueno tenerte en casa, hijo mío.

—Gracias, madre —la mujer se volvió a Xiao y al grupo y su sonrisa se borró.

—Y veo que has cumplido perfectamente tu misión —la joven avatar sintió una leve punzada. Recordando antes cuando Iroh la veía sólo como eso, una misión que debía cumplir. Amarillys susurró muy a lo bajo.

—Quien la tenga de suegra la va a sufrir —Mu y Karue asintieron.

—Bienvenida sea, joven Avatar. Te estábamos esperando —de repente vieron a varios soldados entrar, ni siquiera Iroh esperaba aquello y el grupo se puso en guardia rápidamente, listos ante cualquier ataque que pudiera venir, ¿espadas? ¿Armas de fuego? ¿Llamaradas? Ellos podían con todo eso y más cuando de repente cada uno de los soldados se hincó e hizo una reverencia.

—Todos levántense —escucharon una voz detrás del grupo que en verdad los asustó, Enlai y Amarillys se abrazaron y hasta Mu palideció siento Xiao quien lo abrazaría a él. Por la cicatriz en su ojo reconocieron al antiguo lord del fuego, Zuko—. Pido una disculpa. Mis soldados siguen haciéndome reverencia aunque ya dejé de ser el Señor del Fuego —el grupo se calmó, aunque Enlai y Xiao no tanto.

—Ni siquiera lo sentí —susurró a Xiao que tampoco había sentido su presencia hasta que habló.

—Abuelo —Zuko sonrió y se acercó a su nieto al que abrazó con fuerza.

—Me alegra verte de vuelta, Iroh. Casi un año lejos y has crecido, mucho debo decir —dijo notando en la mirada de su nieto que algo había cambiado dentro de sí y luego se volvió al grupo—. Para nosotros es un gran honor tener al avatar de nuevo entre nosotros. Por favor, pasemos al comedor real para celebrar.

—Abuelo, creo que lo mejor es que esto lo tratemos en privado —Zuko se sorprendió ante la seriedad de su nieto y él aceptó. Lo que tuvieran que decir nadie podía oírlo.

Pasaron a una habitación donde los sirvientes prepararon la mesa con los dulces y aperitivos del reino, y a cada uno se le dio una taza de café de la tetera que ardía en el centro de la mesa sobre una base. Frente a ellos estaba ahora la familia real, excepto por Iroh que se sentó a un lado de Xiao.

—Esto es un regalo del norte —explicó Zuko sirviendo él mismo la bebida caliente—. Sirve para calentar bebidas o sopas sin necesidad de usar uno su propia flama.

—Que interesante —dijo Xiao siendo educada pero al ver la bebida oscura sintió su estómago rechazarla de inmediato, pero no veía leche o azúcar alrededor. Con el aroma sabía lo amargo que estaría eso. Iroh al notar su leve descontento alzó la mano a uno de los sirvientes.

—Por favor, que sirvan crema y azúcar para mis amigos —su madre arqueó la ceja pero el sirviente obedeció y dejó las dos cosas para sus invitados que no dudaron un segundo en preparar sus bebidas. Ya con todo servido los sirvientes se fueron.

—¿En qué podemos ayudarte, joven Avatar? —preguntó la madre de Iroh y la joven respondió después de dejar su taza en la mesa. Xiao tenía el ceño levemente fruncido y respondió mirándole a los ojos.

—He venido aquí por varias cosas. Una de ellas es por el Higan-bana, quiero saber quiénes son y qué se proponen para poder detenerlos. Junto con ello he venido para pedir ayuda en busca de mi familia —sacó la fotografía que tenía de sus padres y la puso sobre la mesa—. Mi padre fue un investigador de su nación, se llama Haru, así que cualquier pista de su paradero me ayudará mucho.

La señora del fuego le dio un vistazo y rápido regresó su mirada a su café. Zuko observó con más detenimiento la fotografía y con ceño fruncido asintió.

—Me parece conocido. Te ayudaremos con mucho gusto en lo que sea que necesites. Y sobre el Higan-bana es una facción que ha ido creciendo en los últimos treinta años —con aire serio comenzó el relato—. Poco después de la guerra se alzaron facciones que estaban en contra del nuevo reino y la paz entre las naciones, fue una época difícil, incluso yo estuve a punto de crear otra guerra. Pero muchas de estas facciones rebeldes fueron capitaneadas por mi hermana, la princesa Azula. Habrán escuchado de ella en algún momento.

—Es conocida como la princesa demente —dijo Amarillys a su amiga—. Había quienes decían que su locura sobrepasaba fronteras.

—Por favor, un poco de respeto —instó la madre de Iroh pero Zuko respondió.

—Era una psicótica.

—¡Padre!

—Akemi, no se niega lo obvio, hija mía —su hija desvió la mirada un poco avergonzada—. En fin. Cada cierto tiempo mi hermana aparecía y desaparecía de nuestras vidas con un nuevo plan. Pero con el tiempo, su locura fue creciendo hasta llegar a hacer tratos con lo que no se debe.

—¿Tratos con qué? —preguntó Enlai y Zuko respondió.

—Me refiero a espíritus malignos —todos abrieron los ojos sorprendidos—. Esto se los estoy diciendo a ustedes porque nadie más lo sabe, pero la aparición de espíritus oscuros en nuestro plano se incrementó desde ese punto y Aang tenía las manos llenas con los problemas políticos y espirituales. Eso lo fue desgastando poco a poco —dijo recordando el tiempo que no veía a Aang, antes eran semanas y esas semanas se volvieron meses y sin saberlo incluso años, y cada vez que lo veía le parecía verlo más viejo y sus ojos siempre reflejaban una cansada resignación que jamás pensó ver en él—. Azula creó el Higan-bana, una facción que busca crear un nuevo orden entre las cuatro naciones dominando con mano de hierro la voluntad de cada persona. Actuamos rápido, más cuando nos enteramos que espíritus malignos comenzaron a crear problemas, algunos se volvieron monstruos, otros tomaban posesión de las personas, el equipo entero puso todo de sí para buscar a Azula y detenerla de una buena vez. Con el tiempo localizamos a mi hermana hubo una gran pelea mas al final logramos atraparla y encerrar a la mayoría de los espíritus malignos en el reino de los espíritus, en un lugar donde nadie ha podido salir jamás. Pensamos que con todo eso el problema se había solucionado, hubo paz por un largo tiempo hasta que nos dimos cuenta de nuestro error. El Higan-bana regresó en años posteriores con el fin de encontrarte a ti, Avatar.

—¿Y qué es lo que desean de mí?

—Lo único que sabemos es que ellos desean tu poder para controlar al mundo físico y al mundo espiritual. Ya que tú eres la llave entre ambos. Por eso cuando Aang murió, estuvimos buscándote por todas partes pero nunca te encontramos —Xiao se movió un poco incómoda en su lugar.

—Los espíritus me protegieron y me llevaron a un lugar seguro —declaró Xiao al entender ahora porque desde pequeña era tan susceptible a los espíritus y la razón detrás de su entrenamiento—. Crecí en una pequeña ciudad del reino tierra, pero había gente que me buscaba diciendo ser del Loto Blanco aunque dejaban ver sus verdaderas intenciones —Zuko frunció el ceño.

—Lastimosamente, el Higan-bana se expandió a lugares donde nunca pensamos que llegarían. Es triste ver que en el campo más verde halla flores venenosas que han echado raíces y florecido a expensas de los demás.

—Pero esas flores se pueden arrancar de raíz —dijo Amarillys entendiendo perfectamente a lo que se refería el antiguo lord—. Sólo debemos llegar al origen de todo.

—Y estamos dispuestos a ir a donde sea con tal de por fin librarnos de esos cretinos —dijo Enlai decidido y Xiao sonrió al sentir el apoyo de sus amigos. Iroh también sonrió detrás de su taza.

—Te ayudaremos en todo lo que esté en nuestras manos, joven avatar. Destruir al Higan-bana de una vez por todas es uno de mis propósitos antes de abandonar este mundo.

—Bien, porque vamos a necesitar la mayor ayuda posible si queremos desmantelarlos de una buena vez.

—También hay algo de lo que debemos hablar —dijo Iroh con aire serio mirando a su abuelo y madre.

—¿Qué cosa sería? —preguntó su madre y de repente Iroh se mostró molesto por su actitud pasiva. Iba a hablar cuando la puerta se abrió y una mujer anciana de piel ligeramente bronceada, peinada con una larga trenza que caía sobre su hombro y vestida con las mismas ropas de la familia real se asomó.

—Lamento la demora. Estaba en los jardines cuando recibí la noticia. ¡Oh! ¡Iroh! —Iroh se levantó y recibió de buena gana el abrazo de su abuela.

—Abuela, ¿estás bien? —la mujer le sonrió.

—Claro que lo estoy. Mírate nada más, has crecido, ahora te veo más guapo —miró al grupo de chicos y al ciervo flor—. Oh, cielos. No sabía que teníamos visitas.

—Madre, mejor siéntate —pidió Akemi ofreciendo su mano a su madre para que quedara entre ella y Zuko.

—Qué familia tan rara —dijo Enlai a lo bajo. Era bastante curioso ese cuadro familiar, la anciana era una dulce, la hija fría y seca, Iroh estaba en un punto medio pero el antiguo lord Zuko… ¿cómo podían definirlo?

—¡Oh, vaya! ¿Ese es Haru? —preguntó señalando la fotografía.

—Espere, ¿usted lo conoce? —preguntó Xiao sorprendida.

—Claro que sí. No sólo fue un gran investigador, sino que también fue el rival de mi hija en la academia, siendo este su amor imposible —con los ojos tan grandes como los platos de la mesa se volvieron al mismo tiempo a la señora del fuego que intentaba mostrar un porte digno, pero podía notársele un tic en el ojo.

—¿De verdad es él? —preguntó Zuko intentando recordarlo.

—Por supuesto que sí. Incluso tengo fotos, voy por el álbum.

—¡MADRE! —gritó Akemi abochornada. ¿Quién diría que una reunión tan seria dría un giro de 180 grados?

Escalaron hasta la cima del volcán y Zidan, usando una máscara de gas y un traje especial que lo cubría de pies a cabeza, vio el fondo del volcán y la lava ardiente moviéndose debajo.

—Con esta sí que se tomaron mayor esfuerzo —Hana, también portando el mismo atuendo, se acercó a él y divisó la cueva en el interior del volcán a la que tendrían que entrar, muy cerca de la lava.

—Es allí. Este lugar es famoso porque fue donde el antiguo avatar Roku falleció. Los gases en el volcán son tan tóxicos que pueden paralizar y asesinar poco a poco a quienes se acercan.

—Gracias por la lección de historia, pero dime, ¿qué tan difícil es llegar allí?

—Tenemos el equipo, sin embargo, con estas temperaturas deberemos darnos prisa.

—Sí, ya empiezo a sentirme como un pollo a las brasas.

Rodearon hasta bajar a su objetivo, usando ganchos y cuerdas recubiertas, bajaron con cautela y se adentraron a la cueva donde pudieron sentir el suelo bajo sus pies arder, literal, ya que con cada paso una pequeña flama salía del suelo.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —ella revisó el termómetro e hizo rápido sus cálculos.

—Con estos trajes menos de media hora, 20 minutos a lo mucho.

—Bien, estaremos fuera antes de que terminen esos 20 minutos —llegaron entonces a una gran puerta de roca rodeada de lava en cada esquina y hasta en su interior en líneas que serpenteaban en cada una. Había un cerrojo, pero estaba lleno de lava.

—Permítame señor… —ella revisó la puerta y se dio cuenta que había pequeñas clavijas que desviaban la lava de un lado a otro—. Es un acertijo. Piden resolverlo junto con la llave, aunque no necesitamos la última.

—¿Cuánto tiempo te tomará?

—Cinco minutos. Soy buena en esto.

—Je, ruda y con cerebro. Por eso eres mi segunda al mando —Hana sonrió.

—Si puedo resolver esto en menos de cinco minutos ¿puedo pedir algo?

—¿Quieres algo? Bien, hace tiempo que no me pides nada, ¿qué es?

—Una cena, usted y yo, en uno de los finos restaurantes de aquí.

—¿Una cena? —se burló un poco—. Pudiste haber pedido algo mejor, pero está bien. Pero te recuerdo que hace treinta segundos tu tiempo comenzó a correr.

—La abriré en tres minutos —declaró motivada por resolver el acertijo y deseosa de esa cita.

Un dedo arrugado señaló una fotografía de color sepia donde se veía a la actual señora del fuego Akemi como una niña de diez años y con un diploma en mano, pero mirando con rabia al niño de cabello rojo que estaba a su lado y que sonreía ampliamente mientras sostenía un diploma con el primer lugar.

—Esto fue cuando tenía ocho. Cuando se trataba de estudios siempre quedó en segundo lugar. Y eso la hacía rabiar —en otra foto se le veía a la misma niña morder el brazo del niño y él le estaba jalando con fuerza el cabello—. En esta foto ambos se graduaron con honores de la academia. Y en esta otra fue en su baile de graduación —Haru vestía un smoking, parecía nervioso al lado de Akemi que lucía como un dragón furioso.

—¿Usted es la ex de mi papá? —preguntó Xiao con cautela pero antes de que respondiera, la dulce abuela de Iroh respondió.

—Oh no. Nunca llegaron a nada. Haru aceptó ir con ella porque le dijo que no tenía con quien ir. Pero Akemi nunca se le declaró.

—Ya recuerdo bien —musitó Zuko haciendo memoria—. Y también cuando le envió ESA postal hace años.

—¿Postal? —preguntó Iroh confundido.

—Sí, donde decía que se había casado —respondió Zuko tomando un sorbo de café—. Cómo olvidar ese día, hubo fuego, rayos…

—Cenizas —completó su esposa.

—¡Ya está bien! —declaró Akemi y miró a Xiao con ceño fruncido—. Conozco a tu padre pero no he sabido nada de él desde hace años. Podría investigar pero no prometo nada —aquel tono cortante hizo enojar a Xiao, dudaba mucho que estuviese dispuesta a ayudarle. Se levantó de la mesa bastante irritada.

—Ya veo cómo funcionan las cosas en la nación del fuego. Así como el cercenado a maestros, ¿no es verdad?

Esta vez los tomó desprevenidos. La única ignorante era la abuela.

—¿Cercenado? ¿De qué habla?

—Este es un tema bastante delicado —declaró Zuko que dejó su taza—. Esto debemos hablarlo con calma.

—¿Calma? ¿En serio se cree que se puede hablar con calma? —preguntó conteniendo la rabia.

—Jovencita, no permitiré esta falta de modales por parte tuya seas o no la avatar —advirtió Akemi pero Xiao no se echó para atrás.

—No quiero que una mentirosa me diga qué o no hacer —la Señora del Fuego parecía dispuesta a decirle una o dos cosas pero Iroh se adelantó.

—Xiao —habló Iroh que dejó de lado su taza y asumió el porte de príncipe que le correspondía—. Déjamelo a mí —la joven iba a refutar pero algo en los ojos de Iroh le decía que debía confiar en él y ese fuego que sentía dentro fue apagándose poco a poco. Asintió a su amigo y mostrando respeto hizo una reverencia como disculpa.

—Siento mucho mi actitud. No debí molestarme de esa manera —Zuko alzó su mano.

—Nosotros tampococonservamos el tacto en la conversación —dijo mirando a su hija que bajó un poco la cabeza admitiendo su error—. Haremos todo lo posible para ayudarte, siendo tu padre un ciudadano de nuestra nación. Y sobre el otro asunto, eso deberemos hablarlo en privado —dijo mirando a su esposa que seguía ignorante de lo que estaban hablando.

—¿Qué tal si por mientras van a conocer un poco la ciudad? —sugirió Iroh con una leve sonrisa—. Los alcanzaré luego.

El grupo le miró un poco preocupado, pero con un gesto les tranquilizó y todos asintieron.

—Vale, nos hará bien despejarnos —declaró Enlai aunque susurró a su oído—. Si pasa como con el Norte, tú danos una señal —Iroh asintió levemente y el grupo salió de la salón acompañados de las miradas curiosas de los guardias, sólo Karue se quedó, volando sobre el hombro de Iroh que le agradeció el apoyo incondicional.

—Abuela Jin, tengo ganas de comer un dulce de calabaza. ¿Tienes de casualidad?

—Oh, cielos. No, ya no tenemos, pero tengo muchas calabazas y justo hoy iba a hacer algo —la abuela se levantó y le abrazó para despedirse. Ya a solas los tres, su madre volvía a tener esa expresión dura y seria en su rostro.

—¿Qué es lo que deseas discutir, hijo mío?

—Comencemos con lo de los cercenados. Y ya después les diré lo otro —declaró con voz dura sorprendiendo a su familia, pero no iba a dejar de lado todo lo que se había enterado en el Norte.

Al salir del Palacio todos se sorprendieron de ver a Rei esperándoles.

—¡Hola! Ya sabía yo que no iban a tardar demasiado.

—Hola, ammm, ¿qué haces aquí? —preguntó Xiao incómoda.

—Pues vengo a hacerles de guía. Después de todo, sería muy grosero de mi parte no mostrarles lo grandiosa que es mi ciudad. ¿Por dónde quieren comenzar?

El grupo se miró entre sí y decidieron que bien podían dejar a la chica a cargo.

Lo primero que hicieron fue visitar el museo, el sitio entero tenía cuadros, artefactos y hasta prendas o armaduras que fueron usadas en la antigüedad por la nación. Después pasaron por una zona comercial donde las mujeres bailaban en un espectáculo más que atrayente a los ojos de algunos, incluyendo a Enlai y Amarillys que terminaron atrapados entre los lazos de unas cuantas bailarinas para gracia de Xiao de verlos más que apenados. Luego pasearon por la zona probando comprando algunas brochetas, algunas bastantes picantes que hicieron al trío escupir fuego, y eso que dos de ellos no podían hacer fuego control. Ya por último estaban decidiendo dónde iban a ir.

—Los actores de la Isla Ember estarán dando una presentación y son muy divertidos —sugirió Rei.

—Oh, no… —musitó Amarillys con expresión lúgubre.

—¿Qué pasa? —preguntó Enlai—. ¿Acaso son malos?

—¿Malos? ¡Son malísimos! Cuando mis padres venían a visitar las islas Ember iban a ver una obra llamada El amor del emperador. Y cada vez era peor que la anterior.

—¡Oh, vamos! No son tan malos. O quizás sí, pero si uno lo ve desde el punto de vista cómico son muy buenos.

—Bueno… ¿por qué no? —preguntó Xiao animando a sus amigos—. Nada más para saber… ¿aceptan mascotas en el teatro? —preguntó señalando a Mu que desvió la cara, como si él intuyera lo mala que era.

La tensión podía cortarse con un cuchillo, en este caso, una espada de dos filos que podía cortar ambas partes. Pero Iroh no estaba dispuesto a ceder, no después de todo por lo que Xiao había pasado y muchos otros por culpa de ese monstruoso acto.

—Nunca pensé que mi familia se atreviera a caer tan bajo. Cercenar los controles es inhumano.

—Es lo único que nos quedó por hacer cuando el problema de los maestros sangre empeoró. No tuvimos opción —explicó Akemi a su hijo pero Iroh no estaba dispuesto a ceder.

—Es más humano condenarlos a muerte. Las consecuencias que acarrea aquel método son contraproducentes.

—Las consecuencias son inevitables, pero estas variaban de acuerdo al sujeto.

—¿Y eso es un consuelo? —replicó Iroh—. Así como esos criminales, sus manos están manchadas de sangre.

—¡No te atrevas a criticarnos, Iroh! —Akemi golpeó la mesa, habiendo heredado mucho del mal genio de sus antecesores—. ¡Lo hicimos por el bien de todos! ¡Incluyéndote! ¿Acaso no recuerdas lo que te hizo ese infeliz? ¡¿Lo que te hizo hacer?! Sólo porque sus poderes eran demasiado poderosos no le pudimos hacer lo mismo. No sabes cuánto… cuánto quise matarlo —por primera vez su madre parecía a punto del llanto, pero eso no lo conmovió, no cuando muchos habían pagado el precio.

—Yo ya lo hice —abrió su camisa y les mostró la cicatriz que le dejó el rayo, por primera vez Zuko hablo consternado.

—¿Cómo es que te hiciste eso?

—Kanryou nos acorraló en las montañas e hizo su acto de titiritero conmigo. Pero yo fui más fuerte y usé un rayo que me atravesó —las expresiones de horror de su familia lo hicieron dejar su dura fachada, pero siguió con esta tras acomodarse la camisa—. Tal parece que no estaban enterados de su fuga.

—¿En qué momento? ¡¿Cuándo sucedió?! —exclamó Zuko furioso.

—Hace unos meses, menos tiempo que han dejado que el Loto Blanco haga su voluntad junto con los traidores dentro. Lo que significa que debemos deshacernos de todos los miembros ocultos del Higan-bana de un solo movimiento. Pero antes, quiero que de ahora en adelante el cercenado a maestros sea eliminado por completo.

—No puedes imponer ello, Iroh. No te corresponde —declaró su madre regresando a su papel de regente a pesar de la preocupación que sentía por su hijo.

—Lo harán. Porque es lo correcto y ustedes me han enseñado a hacer lo correcto desde la cuna, los demás secretos que tengan me tienen sin cuidado, pero eso sí… no me quedaré de brazos cruzados si vuelven a cometer el mismo error que la maestra Katara —esta vez se dirigió a su abuelo—. Tú siempre lo supiste sobre lo ocurrido con la Luna Carmesí, ¿no es verdad? —Akemi se volvió a ver a su padre por primera vez sintiéndose fuera de lugar en la conversación. Zuko frunció el ceño.

—No tenía ni idea hasta mucho tiempo después cuando comenzamos esto. Nunca supe que ella acabó con esa tribu, pero ya era demasiado tarde para echarse para atrás. Le exigí a Katara que nunca volviese a hacer lo mismo o le diría a Aang su crimen. Y aunque los cercenados siguieron, Katara no volvió a hacer algo tan atroz como eso —un pesado silencio se instauró entre ellos y Akemi pareció horrorizada, bajando la mirada sin saber qué decir o qué pensar del crimen que confesaba su padre.

—¿Cómo pudiste guardarlo por tanto tiempo? —preguntó Iroh arrastrando las palabras.

—Por Aang —confesó Zuko—. Aang fue como mi hermano y de verdad pensé en decirle la verdad, pero él adoraba a su esposa más que nada. Cuando Aang cayó enfermo me hizo prometer procurar de su familia y no pude… no pude decirle la verdad en su lecho de muerte —muchas veces Iroh se lamentaba de haberle guardado el secreto, preguntándose si este lo odiaría por ello.

—Ya, pues déjame decirte una cosa desde este momento —gruñó Iroh intentando controlar su ira—. La madre de Xiao era parte de esa tribu, y ella lo sabe todo. Y para que lo sepas, ella es también una maestra sangre como su madre, una sanadora sangre. Gracias a ello me salvó la vida y ha salvado la vida de muchos los cuales han estado al borde de la muerte.

—¿Maestra sangre y sanadora? ¿Es eso posible? —preguntó Zuko sorprendido, la misma expresión que llegó a tener Iroh al principio.

—Sí, lo es. Por lo que habrá que hacer algunos cambios, los cuales pienso hacerme cargo antes de mi retiro.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Retiro de qué? —preguntó su madre perdiendo la compostura.

—Pienso renunciar a mi puesto como general y luego a mi derecho al trono real.

La expresión de su familia no tenía precio pero esa decisión la había tomado después de mucho reflexionar por el futuro de su nación y el suyo por encima de ello. Si quería seguir con su camino, debía dejar de lado el legado que una vez envenenó a todas las naciones.

—Iroh, no debes decir esas cosas a la ligera, no puedes dejar tu legado atrás —mientras Akemi hablaba, Zuko observaba a su nieto que permanecía impasible ante las palabras de su madre. Viendo en él la sombra de su tío cuando este mismo se negó a aceptar el trono—. ¡Lo que sea que estás pensando no deberías…!

—Akemi —su padre detuvo su diatriba alzando su mano y al bajarla miró a su nieto—. ¿Es esto lo que de verdad quieres? —como respuesta, Iroh se movió y se puso a un lado de su abuelo para después hincarse hasta tocar el suelo.

—Es lo que más deseo.

—¡Papá! ¡Di-Dile algo! —Zuko observó a su nieto y tras unos momentos Iroh sintió las manos de su abuelo sobre sus hombros y este le sonrió.

—Hace mucho tiempo aprendí que uno nunca se arrepiente del camino que elija siempre y cuando busque su felicidad. Mi tío lo hizo, yo lo hice al casarme con tu abuela, tu madre, y ahora tú. Sea cual sea el camino que elijas a futuro te estaremos apoyando y vamos a hacer lo correcto de ahora en adelante —Akemi parecía a punto de abandonarle el alma mientras que Iroh sintió que toda muralla se derrumbó y abrazó a su abuelo con fuerza. Y el momento hubiese perdurado de no ser por una explosión en el centro de la ciudad.

Salió tambaleándose de la alcantarilla de un oscuro callejón. Las cadenas que impedían su movimiento seguían en sus manos y piernas, pero ahora que había salido quitárselas sería pan comido aunque se sentía débil, había hecho un gran esfuerzo en escapar por ese túnel tras dejar muy mal a los Kuroi. La luz era tenue, pero a pesar de eso le dolieron un poco sus ojos.

—Hey, mira esto —al levantar la vista vio a un par de hombres que no parecían para nada amistosos—. ¿Qué tenemos aquí? —el más grande lo sujetó de las ropas, escuchando con facilidad como estas se rompieron tras años de desgaste y cayó de nuevo al suelo.

—Es sólo un pordiosero más, ¿pero qué hay con esas cadenas?

—Quizás estén dando una recompensa por él —Haru no podía dejar que se lo llevaran. Si Borack o algún otro dentro del Higan-bana lo encontraba todo sería en vano. Tomó algo de tierra y cuando el sujeto volvió a levantarlo la arrojó a sus ojos dejándolo ciego y usando su cuerpo lo empujó contra su compañero. Corrió hasta la salida pero de repente fue cegado por la luz del sol. Hacía tantos años que no salía de la oscuridad con una vela como único medio de luz. Trastabilló casi a ciegas chocando con alguien.

—¡Hey! ¿Qué rayos?... —pero antes de darse cuenta fue sujetado y de nuevo lanzado a otro callejón.

—¡Esta nos la vas a pagar caro! —dijo el más pequeño de los dos matones que iban a por él.

—Inténtenlo… —gruñó con voz áspera mostrando los dientes. No iba a dejarse de nuevo atrapar, no sin dar pelea cuando de repente se escuchó un sonido bastante peculiar que dejó a los sujetos paralizados. Ya que un arma estaba en la espalda de cada uno.

—No soy de los que se meten en este tipo de cosas, pero ustedes dos tienen una pinta de matones que no me gusta y ese delgaducho de allí se nota en clara desventaja —dijo Zidan con una sonrisa torcida y apretó los cañones a sus columnas—. Tienen a la de tres para irse corriendo con sus mamis antes de que decida hacerles un agujero en medio. A la de una, a la de dos, a la de… ¡BANG! —los dos sujetos gritaron y salieron corriendo del callejón, haciendo reír a Zidan—. Nunca falla. Oye tú… —se acercó a Haru—. Tú me empujaste hace unos momentos, ¿qué rayos estabas…? —al verlo bien dejó un poco de lado su actitud amenazante. Las cadenas en sus manos y piernas, además de su anémico estado le hicieron ver que no era una amenaza—. Tal parece que necesitas algo de ayuda. No sabía que por aquí había trata de esclavos, hay algunos que no aprenden.

Haru lo miró sin comprender a qué se refería, pero de repente comenzó a ver doble. En poco ya no pudo sostenerse y cayó al suelo sintiendo que la consciencia iba a abandonarlo más temprano de lo esperado.

—¿Qué quiere hacer con él? —escuchó la voz de una mujer que apareció detrás del hombre de las armas, pero esta parecía un eco lejano.

—Llevémoslo con nosotros. Si alguien trata con esclavos bien podemos sacarle información de quienes y dónde. Tal parece que tenemos un pequeño trabajo extra para expandir nuestro dominio —usando su capucha envolvió a Haru y lo puso sobre su hombro, Haru ni siquiera pudo moverse—. Mierda, es como cargar un tapete sin cadáver. Demasiado ligero.

En ese momento escucharon la explosión, no muy lejos de ellos.

—¿Igualitarios o rebeldes? —preguntó Hana sin sorprenderse.

—No lo sé ni me importa, no fuimos nosotros —salieron del callejón aprovechando el caos para no captar la atención de la gente—. ¿Entregaste el paquete?

—Entregado.

—Bien, espero que el infeliz haya pagado bien.

Siguieron corriendo pasando justamente enfrente del teatro, el cual seguía su función debido a que dentro, los actores hacían mucho más ruido.

—¡Pero yo te amo! ¡Te he adorado más que las coles de mi jardín! ¡Que el plato de col hervida de mi madre! ¡Y que la col que me acompaña en mi día a día!

—¡Pero si mi es tan fresco como la col mojada por el rocío de la mañana!

—¿Por qué siento que no han parado de hablar de coles desde que empezó esto? —preguntó Enlai harto de las coles y Rei miró el folleto.

—Creo que es por la empresa que patrocina la obra —le enseñó el folleto que mostraba a un hombre que le resultó vagamente familiar con una col.

—Es taaaan mala, me da vergüenza pensar que alguno de mis conocidos me vea aquí —dijo Amarillys deseando desaparecer de allí rápido.

—Oh, vamos chicos. No es tan mala. Es como Rei dijo, si lo ves desde el punto de vista cómico es bastante decente —en ese momento el actor principal señaló a la protagonista.

—¡No puedo creerlo! ¡Confiesa! ¡Me has estado engañando con mi mejor amigo!

—¡Es que no pude evitarlo! ¡Sus coles son más grandes que las tuyas! —Xiao no pudo aguantar la risa para desconcierto de sus amigos.

—¿Ven? Puede ser divertido —señaló Rei la cual a pesar de todo parecía menos divertida que Xiao.

Una sacudida con un fuerte sonido los puso alerta.

—¿Oh? ¿Acaso es mi padre que se ha despertado cuan dragón deseoso de sus coles hervidas? —dijo la actriz siguiendo con su papel cuando de repente una de las paredes fue destruida con una explosión.

La gente entró en pánico y comenzó a huir. Por suerte el daño se encontraba más en el escenario que en el público, pero eso no significó que no hubiese heridos, ya que algunas personas quedaron bajo los escombros.

—¡Abajo la Nación del Fuego! ¡Abajo el régimen de los maestros! —gritaron un grupo de Igualitarios que lanzaron una bomba al público pero Xiao usó su aire control para atrapar la bomba en el aire y rápidamente envolverla con roca y que esta saliera expulsada por el techo donde explotó un par de segundos después.

—No dejaremos que lastimen a inocentes y mucho menos interrumpir tan buena comedia —el director de escena se asomó entre los actores.

—En realidad es un drama a nombre de nuestro patrocinador.

—¿En serio? Les iría mejor en comedia —algunos de estos sacaron armas pero Xiao y Enlai levantaron un muro con lava que al contacto de las balas estas se derretían.

Amarillys se acercó a ayudar a un par de personas que quedaron entre los escombros y Rei se acercó al escenario del cual tomó un arco que llevaba el protagonista.

—Le compraré otro luego —tomó una flecha que tenía en su casquete y disparó cuando uno de los terroristas intentó escabullirse con una daga—. Denle un aumento al de vestuario —tomó el casquete con pocas flechas pero eso no le desanimó, al contrario—. Con estas son más que suficiente.

Con un grito, Xiao y Enlai lanzaron la pared haciendo huir al grupo y el grupo salió para luchar, dándose cuenta del caos que había afuera.

—¡Enlai, Amarillys! ¡Busquen a heridos y civiles! ¡Yo me ocupo de ellos! —una flecha pasó cerca de su rostro y vio que Rei le había dado a un sujeto con una bomba incendiaria que se prendió en llamas.

—¡Yo te cubro! —Xiao usó un puesto de jugos para apagar y solidificar al pobre diablo, le había salvado de quemaduras más graves, pero no se responsabilizaría si moscas se posaban sobre él.

—Vamos —avanzaron calle arriba donde podía divisarse un mayor grupo de Igualitarios que ondeaban una bandera negra con un punto rojo.

El festival se había convertido en un caos, pero el equipo Avatar estaba en ello. Cuando una familia estaba a punto de ser atacada por dos Igualitarios, Enlai abrió la tierra e hizo que cayeran para después recogerlos y ponerlos en un gran puño que fue contra otro grupo. Amarillys hacía también lo suyo, ayudando y luchando con esa agilidad que su maestra le enseñó, usando los puntos de presión a su favor y dejando a sus enemigos como muñecos de trapo a los que lanzaba o golpeaba hasta dejar inconscientes.

Del otro lado las cosas eran similares, pero más feroces. Xiao había entrado de lleno al campo de guerra. Usando su tierra control, se elevó en una gran ola junto con Rei que disparó un par de flechas y Xiao usó su fuego control antes de caer en un despliegue de llamas que acobardó a más de a uno.

—¡Allí está la avatar! ¡Acaben con ella! —grito uno y Xiao tuvo que anteponer un muro cuando una bomba explotó cerca de ella lanzándola al interior de una fuente. Xiao se levantó y saltó sobre la cabeza de una fuente para con una patada destrozarla, haciendo que el agua saliera en un gran chorro. Se quitó las gafas y el hielo apareció alrededor de sus ojos al hacerse su cabello hacia atrás.

—Aquí estoy… y me van a conocer.

Zidan y Hana vieron a unas calles una columna de hielo con un montón de sujetos atrapados en esta. Zidan ya sabía lo que eso significaba.

—Esa mocosa está aquí… —sacó una de sus armas más que dispuesto a darse la vuelta pero Hana lo sujetó y lo metió a un callejón cuando una cuadrilla de soldados de la nación del fuego se abrieron paso. Incluyendo un par de motociclistas en los cuales, en uno iba Iroh.

—Señor, creo que por el momento será mejor dar la retirada.

—¡¿Qué?! Pero esa mocosa… —una mirada de Hana le hizo ceder—. Me lleva el… —respiró profundo y masticó entre dientes—. Bien, sólo porque te debo una cena —Hana sonrió a sus palabras y aguardaron hasta que las cosas se calmaran.

Iroh aceleró en su motocicleta, llevaba unas gafas de protección y a Karue que iba bien resguardada en el cuello de su camisa. Dio una vuelta en esta y golpeó a dos Igualitarios con las ruedas traseras.

—¡Soldados! ¡Protejan a los civiles y detengan a todos los Igualitarios! ¡Despliéguense!

Todos obedecieron y Iroh al avanzar se daba cuenta de la magnitud del ataque. Las zonas este y oeste estaban a salvo, sin embargo, había algo en ese ataque que lo tenía preocupado… Al captar una serie de estalactitas de hielo elevarse a los lejos fue directamente donde se estaba efectuando aquella batalla.

Enlai y Amarillys había puesto a salvo a la mayor parte de las personas, pero había todavía a gente a quienes salvar.

—¡Enlai!

—¡Ya sé! ¡Espera un poco! —pisó el suelo con fuerza y elevó a distintos caminos donde en cada punta había uno o varios civiles. Usando sus manos hizo que estos se movieran a su dirección. Entre tanto, Amarillys subió sobre Mu y usó al ciervo flor como apoyo para lanzar patadas a quienes intentasen atacarlos. Al último, levantó a un niño usando sus piernas y lo puso sobre Mu que dio la vuelta y lanzó una poderosa coz contra una motocicleta donde iban dos Igualitarios que quedaron aplastados por su propio vehículo.

—Ya quisiera tener esa patada —elogió Amarillys al ciervo.

Escucharon un arma de fuego, pero grande fue su sorpresa de ver soldados y oficiales de la nación que se replegaban y se unían a la batalla usando escudos y equipo de asalto para proteger la zona donde Enlai ya tenía a los civiles a salvo mientras que otros ordenaban rápidamente a los atacantes que bajaran sus armas.

—Wow, se lo admiro a la nación del fuego, ellos en serio tienen una gran fuerza militar —admitió Amarillys.

—Olvídate de eso, ¡hay que ir donde Xiao! —dijo Enlai subiendo en Mu y Amarillys le dejó a un oficial el niño—. ¡Arre ciervo loco!

Mu en serio quería patearlo pero obedeció y se encaminó a donde el hielo se levantaba.

Había llegado un momento en que Rei se había quedado sin flechas pero usó su arco como una arma improvisada al casi estrangular a uno de ellos y después patearlo. Pero cuando uno de ellos le apuntó con su arma, Xiao congeló el brazo del tirador y creó una cúpula alrededor de ellas que se abrió como una flor, con pétalos que lanzó a diestra y siniestra contra quienes les atacaban y estos se destrozaban por el impacto a sus cuerpos.

—¡Wow! ¡Eres asombrosa! —chilló Rei apretando el arco entre sus manos.

—Sólo se necesita creatividad y un poco de fuerza —dio un paso al frente con sus manos extendidas hacia ella y al elevar las manos cada piedra del suelo se levantó en una ola que desestabilizó al resto. El sonido de una motocicleta llamó su atención y al girarse vieron a Iroh que se acercaba a ellas, al menos hasta que una especie de tanque destrozó algunos puestos y casi arrolla al príncipe que aceleró en el último segundo.

—¿Qué raros es esa cosa? —preguntó Rei. nunca había visto algo parecido, era un tanque enorme de metal oscuro con una cúpula redonda que parecía echa de una especie de cristal rojo.

—No tengo ni idea —respondió Xiao igual de sorprendido.

Aquel tanque giró en dirección a Iroh y una luz apareció en la cúpula de donde un rayo rojo se disparó. Iroh no pudo esquivarlo por completo y la motocicleta terminó destrozada por la rueda trasera mandándolo a volar y rodar en el suelo.

—¡IROH! —Rei tomó una de las flechas que usó, sacándola de un trozo de madera, apuntó y disparó, pero no le hizo ni un rasguño a la cúpula que apuntó en su dirección y disparó.

—¡REI! —Iroh gritó pero Xiao fue quien salvó a la joven al lanzarse sobre ella. Había sentido aquel rayo tan cerca que pronto se dio cuenta qué era en realidad.

—¿Fuego? No… ¿rayo control? —al ver con atención notó que dentro de la cúpula había una especia de roca o cristal conectada a una serie de cables. Sólo podía pensar en un loco científico capaz de crear algo así—. Takahira.

Iroh llegó hasta ellas y Xiao se levantó colocándose frente a ellos como un escudo.

—Llévatela a un lugar seguro.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo s, pero confía en mí.

—Tú sabes que siempre lo hago —dijo llevándose a Rei a un lugar seguro.

La avatar pisó con fuerza sintiendo que la piedra de obsidiana en ese armatoste, el mismo material que los muros de la escuela de Tierra y Metal control. No sería sencillo destrozar aquello, pero tampoco imposible y su objetivo no era el tanque en sí.

El tanque apuntó hacia ella y cuando Xiao iba a atacar, el tanque de repente se levantó y vio que la parte trasera estaba en una piscina de lava.

—¡Xiao! —gritó Enlai que iba con Amarillys y Mu, ella sonrió a ver a sus amigos sanos y salvos pero ya tendría tiempo de abrazarlos.

—¡Hay que romper esa cúpula!

—¡Entendido! —Amarillys tomó una varilla de acero y la lanzó contra la cúpula que apenas le hizo una diminuta grieta. El tanque aceleró intentando salir de la trampa de lava pero Xiao saltó con su aire control y cayó sobre la cúpula, y antes de que le lanzara otro rayo ella congeló la cúpula y ante el calor que hacía por la lava esta terminó destrozada cuando ella insertó su puño y arrancó la piedra de su lugar. Ante eso, el tanque dejó de funcionar y se hundió lento en la lava, pero antes de que hundiera por completo, ella abrió como pudo este, aunque grande fue su sorpresa de encontrar que no había nadie dentro, sólo una máquina y cables.

Saltó y Enlai elevó la lava haciendo que este terminase derretido en su mayoría. Amarillys se acercó a su amiga y le dio un gran abrazo. Los Igualitarios estaban siendo arrestados por los oficiales y soldados. Y la gente alrededor se acercó para celebrar a la Avatar.

—¡La avatar nos ha salvado!

—¡Tres hurras por la Avatar!

—¡Avatar! ¡Avatar! ¡Avatar! —comenzaron a vitorear algunos haciendo que Xiao, esta vez en lugar de sentirse abrumada, aceptó de buena gana las felicitaciones de las personas.

Y entre esto, no se percató de Zidan y Hana que estaban bastante cerca. Zidan en verdad estuvo tentado a disparar.

—¿Señor?

—Tranquila, mi batalla con ella será épica y lejos de metiches —se dio la vuelta cargando a Haru que alzó la mirada ante los gritos de la gente. Sus ojos enfocaron por un segundo entre la multitud a una chica de cabello rojo y piel morena que sonreía a la gente mientras se ponía unas gafas y… perdió el conocimiento nuevamente y alejándose con el dúo.

Colocó la piedra sobre la larga mesa de caoba roja, era más grande que su puño y de un color oscuro con un centro rojizo, Zuko la tomó entre sus manos y con ceño fruncido acarició su larga barba. Todos aguardaban con ansias sus palabras y él suspiró.

—Sí, he visto esta piedra anteriormente —se levantó y fui a uno de los libreros de la reducida habitación redonda, una habitación secreta como la que tenía el líder Sokha en su Palacio, y tomó un viejo libro—. Encontramos esto hace bastante tiempo en una de las guaridas del Higan-bana, cuando mi hermana lo operaba —puso sobre la mesa el libro y todos vieron la piedra que aparecía en el dibujo—. Se le conoce como Núcleo de dragón. Es una piedra que por sí sola no hace mucho, pero cuando se le inyecta un rayo este se concentra en su núcleo y dispara un rayo concentrado que es capaz de incrementar su poder.

Iroh tomó el libro que en realidad era más bien un diario con dibujos y bocetos de armas que podrían ser masivamente destructivas.

—Esto no es un diario cualquiera, son notas, quizás de algún científico o ingeniero.

—Me temo que el equipo de científicos que trabajaba primero con mi hermana fue predispuesto antes de que llegásemos. A mi hermana no le gustaba dejar cabos sueltos.

—¿Cómo que predispuestos? —preguntó Enlai y la Señora del Fuego respondió quemando una servilleta en su mano.

—¿Alguna pregunta? —Enlai alzó las manos.

—Ninguna señora —respondió rápido.

—¿Y qué hacía eso dentro de un tanque? —preguntó Amarillys y Iroh respondió por todos.

—Esto sólo fue una prueba. Se están preparando para algo más grande —Zuko asintió.

—Me temo que una nueva guerra se avecina.

—También está esto —Akemi dejó en la mesa una bandera, la misma que los Igualitarios habían usado—. Esto es una clara referencia al Higan-bana.

—Tal parece que ya no se quieren esconder —comentó Enlai—. Me pregunto qué sorpresas tienen preparadas —Xiao tomó la piedra de Núcleo y su expresión cambió a una molesta.

—Pues si es el caso, nosotros les sorprenderemos primero —se levantó de su lugar—. Vamos a encontrar dónde se esconde el Higan-bana y su arsenal para de una buena vez acabar con ellos —apretó tanto la piedra que una fisura se hizo en esta—. Ya no me esconderé más. ¿Me quieren? Pues me van a tener. Es hora de poner las cosas en su lugar de una vez por todas.

Todos esos temores al fin quedaron en el pasado. Aquellos que la habían acosado por años ahora sabrían a que se atendrían y no tendría compasión por ellos.

….

Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leerme, todavía. Así que dejen review, nada de tomatazos y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!